“Cuba puede tener relaciones, basadas en el respeto mutuo, con todos los países del mundo, pero sometimiento, ¡ninguno!, y ante nadie”, aseveró.
Publicado el 9/27/13 • en Contrainjerencia
El General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, afirmó este viernes en el Palacio de las Convenciones que la Isla no cederá ante ninguna presión externa y tampoco se someterá nunca ante nadie, en la primera sesión en plenario del VIII Congreso de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR).
“Cuba puede tener relaciones, basadas en el respeto mutuo, con todos los países del mundo, pero sometimiento, ¡ninguno!, y ante nadie”, aseveró.
Su sentencia sobrevino en medio de un intercambio espontáneo con los 460 delegados procedentes del todas las provincias, que aprovechó para precisar, en nombre de la dirección del país, la urgencia de dinamizar el funcionamiento y reajustar los métodos de trabajo de los CDR, acorde a las circunstancias sociales y políticas actuales.
Esto, después de recibir, también en nombre del líder de la Generación del Centenario Fidel Castro, un cuadro alusivo al lugar de nacimiento en Pinar del Río de su madre, Lina Ruz, entregado por Carlos Rafael Miranda, coordinador nacional de los CDR, y cuya autor es Daussel Valdés.
El también primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, afirmó que no hay fuerza capaz de destruir la capacidad y unión del pueblo cubano, y, por esa razón, se seguiría consultando la opinión de todos para perfeccionar la Revolución, como se hizo en el proceso de aprobación de los Lineamientos de la Política Económica y Social.
Junto a él presidieron el foro Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del PCC y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros; y la miembro del Buró Político del PCC y primera secretaria en La Habana, Mercedes López Acea, entre otros integrantes de la dirigencia política y gubernamental nacionales.
Raúl precisó que “el enemigo no dejará de trabajar, no va a cambiar”, pero la organización sí debería modificar sus estrategias para hacer frente a la subversión interna y externa que intenta flagelar a la nación.
“Hay que cambiar los métodos de lucha, el combate no”, acotó, y, en otro momento, exclamó que “a Cuba hay que respetarla”, frase que originó una de las varias ovaciones de los cederistas.
Además, destacó, anécdotas mediante, el desempeño de los CDR en la victoria cubana contra la invasión de mercenarios por Playa Girón, en abril de 1961, y la labor de las milicias revolucionarias durante el año previo a los sucesos en el sur de la provincia de Matanzas.
Fue ese instante cuando recordó que Fidel adiestró a un grupo de 12 milicianos de Pinar del Río, nombrado Los Malagones a propósito de uno de los apellidos del jefe (Leandro Rodríguez Malagón), cuyo combate contra los bandidos en el extremo occidental de Cuba originó la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias.
“Y ese es el ejército más poderoso que tenemos, el que está formado por ustedes (los integrantes de los CDR)”, puntualizó.
“Lo que hicieron en Libia y quieren hacer ahora en Siria, es lo que siempre han querido en Cuba desde el mismo triunfo de la Revolución, pero este pueblo no lo permitirá”, aseguró Raúl, que anunció su presencia en otro momento del Congreso y fue despedido del Palacio de las Convenciones con vítores y consignas de los congresistas.
El Congreso comenzó la víspera y sesionó en tres comisiones hasta la mañana de este viernes, cuando, además de un segundo momento en horario vespertino para el debate en plenario, se presentará, votará y aprobará la candidatura a miembros de la Dirección Nacional de los CDR.
La lucha contra las ilegalidades y las indisciplinas sociales, ha estado en el vórtice de las intervenciones de un Congreso que concluye el sábado y cuenta con la asistencia de delegaciones de España, Venezuela, Chile, Vietnam, Sudáfrica y otras hasta sumar diez países.
CUBADEBATE
Envío:Amarelle
Gil Ramón González González es licenciado en Cultura Física, máster en Ciencias Sociales, doctor en Ciencias Pedagógicas. En sus más de 30 años de carrera universitaria ha ocupado diferentes responsabilidades, entre ellas, las de asesor y director de Extensión Universitaria del Ministerio de Educación Superior, rector de la Universidad de Pinar del Río y de la Universidad Agraria de La Habana.
Actualmente, es viceministro de Educación Superior de la República de Cuba. Presidió, por 12 años, la Organización Deportiva Universitaria Centroamericana y del Caribe (Oducc) y, por ocho años, el Comité Ejecutivo de la Federación Internacional del Deporte Universitaria (FISU). Fundó la Unión Latinoamericana de Extensión Universitaria (ULEU) y presidió el Comité Organizador de su VII Congreso en el año 2003.
–¿En qué momento está la isla en términos de educación?
–Creo que estamos en un momento refundacional, creativo, a veces queremos ser más democráticos, más libres en el quehacer creativo del profesor en su área, pero estamos en permanente contradicción con la actividad diaria del profesor en términos académicos. Eso es como una maquinaria.
–¿Cómo se refleja eso en la vida universitaria?
–Yo puedo decir que eso se refleja en la democratización de los planes de estudio, una columna central del sistema educativo. Quienes no somos muy democráticos somos los que llevamos a efecto después esos planes. Ya lo dije, la actividad actual es una maquinaria que conspira contra la planificación pausada. Un aspecto que es muy importante en la etapa actual de la educación en Cuba es la participación de los estudiantes. Eso es central. En cada fase de la elaboración de los planes de estudio participan representantes de la Federación de Estudiantes Universitarios. Hemos aprendido que se nutren de los planes y que los estudiantes se sienten partícipes conscientes, activos, de la universidad.
–¿Por qué?
–Porque puede ser que en un territorio, un ingeniero agrónomo necesite conocer más sobre papas, mientras que en otro territorio otro ingeniero requiera conocer más sobre plátanos, y en otro más sobre lo forestal. El contenido lo pone cada profesor. Ahora bien, ¿sabemos el trabajo que cuesta eso, que el profesor entienda esa forma creativa? Ese es el 70%, porque tiene un 30% que puede disponer para hacer un currículum propio. Con ese 30% se trata de garantizar que ellos gradúen ingenieros agrónomos con una cierta especialización. Y se gradúan con el mismo título de agrónomo, pero en ese 30% va incluida la especialidad que no está en otras áreas de la economía. Esa es una clave. Dentro de una misma carrera tratamos de que se formen en distintas áreas especializadas, así diversificamos la formación. Nuestros principales laboratorios son las fábricas, las industrias. Ustedes saben que nuestros laboratorios eran del campo socialista, y que, cuando se derrumbó, nos quedamos sin nada, porque las plantas venían con sus propios laboratorios. En algunas áreas, como las telecomunicaciones o la energía, hemos logrado hacer acuerdos con otros países para suplir lo perdido del campo socialista. Es cierto que si el estudiante cuenta con laboratorios puede perfeccionar sus habilidades antes de ir a la producción, pero bueno, tenemos que vivir con la realidad, y defenderla, porque la práctica es el criterio de la verdad. Yo sé que esa tarea, que para nosotros es muy complicada, para una Universidad nueva como la de Avellaneda, en cambio, eso se facilita un poco más, porque ustedes pueden ir creando y experimentando muchas cosas de éstas sin tener el peso de la tradición y la inflexibilidad de estructuras tradicionales.
–¿Cómo se puede definir un cambio en educación superior en Cuba?
–La educación superior ha crecido en Cuba, y se puede medir su calidad por la eficacia y la eficiencia. Esa es una de las novedades de las universidades en Cuba. Durante los últimos años hemos adoptado un conjunto de medidas. Creció mucho la matrícula, sobre todo a partir de la primera década del siglo XXI. Tenemos unos 600 mil estudiantes universitarios sobre una población de 12 millones 100 mil habitantes. En este momento, acumulamos un millón 300 mil graduados universitarios y hay unos 600 mil en las aulas. Cuando sumamos, es más o menos un 18%. Y eso, como se puede ver en cualquier mapa de estudios universitarios de América latina y el mundo, es una matrícula alta. Unos 300 mil son de las áreas de ciencias sociales y humanas, que antes habían estado limitados, tuvieron la oportunidad y fue estratégico. No olvidemos que hemos graduado 142 mil estudiantes extranjeros, sin contar medicina, que es otro tanto.
–¿Cómo lo lograron?
–Lo conseguimos a partir de crear centros universitarios a escala municipal, en los 269 municipios del país, así ascendió la matrícula y la inmensa mayoría se ha graduado. Es un currículum más flexible, el estudiante universitario nuestro tiene un tiempo de cinco años para graduarse, salvo algunas carreras. Nosotros no tenemos recursos infinitos, al contrario, tenemos recursos muy limitados, no podemos darnos ciertos lujos.
–¿Es una forma de universalizar la Universidad?
–Esa municipalización, para nosotros ha sido una universalización del conocimiento, más que la universalización de la universidad. En un país como el nuestro, que cuenta con 67 universidades, que dentro de un año deberíamos estar en 69, esa masificación constituyó un logro muy importante, que permitió atender a personas que no podían asistir a la Universidad, y ahora tienen al menos un mínimo de posibilidad para hacerlo. El acceso creció mucho y nos propusimos que tuviera una calidad equivalente a la que se alcanzaba en las sedes centrales de la Universidad. O sea, que el estudiante de cada municipio se sienta que es un estudiante de la misma Universidad Nacional con sede en La Habana. Por ejemplo, los exámenes se confeccionan en la universidad y se exige la misma calidad de la nacional. Tratamos de que no haya contradicción entre lo que se aprende en una sede central en La Habana y lo que se enseña en un municipio alejado de la capital.
–¿Cómo resultó ese cambio de estructura?
–Eso no fue fácil en todos los casos. Por ejemplo, la carrera de Veterinaria no la pudimos universalizar debido a los costos, ya que para esa disciplina se requiere de muchos laboratorios. Fue más fácil en el campo de las ciencias humanas y sociales. Allí los métodos de enseñanza a distancia los aplicamos y resultan muy efectivos. De esa manera, se incorporó la carrera de Historia, otra que llamamos Estudios Socioculturales, para formar promotores culturales e investigadores de la propia cultura. También se incorporaron las carreras de Tecnología, de Sociología, de Comunicación Social. Nos dimos cuenta, en el último tiempo, de que nos hacían mucha falta profesionales en estas ramas. Por ejemplo, contabilidad en el área económica, ciencias de la información en la biotecnología.
–¿Cuáles eran las condiciones básicas en esa municipalización?
–Nos dimos cuenta de que garantizando la bibliografía, las computadoras y el acceso a la información, se podía estudiar, eso sí, con un mínimo de presentismo no menor al 30% en el aula. En nuestro sistema es muy difícil trabajar el conocimiento sin el mecanismo del presentismo. Porque, más allá del conocimiento, de transmitir la información, están los otros valores, los criterios, la cultura de la vida. Eso no lo transmite ningún libro. En nuestra opinión, eso lo logra el intercambio más afectivo. Hoy estamos ante una línea de renovación de eso, pero bueno, se produjo una cierta saturación y hemos encontrado que son problemas que también existen en otros países.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo, con el uso de la lengua materna, la ortografía, por el descuido que puede significar el uso de las nuevas tecnologías, por el caso de los acentos (que muchos dicen que no los ponen “porque la computadora me los da sola”), o el uso del lenguaje desde los mensajes de los celulares. Todo eso ha ido cambiando el uso de nuestro lenguaje que, como se sabe, es un factor clave en la identidad de nuestros pueblos. Este fenómeno ha penetrado en toda la vida universitaria. No hay que olvidar que se trata del sector social que más consume nuevas tecnologías. Desde una nota, desde un examen, desde redactar un informe, en todo están presentes las nuevas simbologías, los nuevos códigos de comunicación. En eso hicimos una ofensiva y mantenemos un rigor, al punto que un estudiante puede desaprobar la carrera si no escribe bien el idioma. Desde 2009 nos percatamos de que teníamos que atender ese aspecto. Tuvimos otro problema, el examen de ingreso para acceder a la universidad. Nuestra Constitución dice que todo ciudadano tiene el derecho al estudio y el Estado, la obligación de garantizarlo, pero siempre y cuando la persona tenga las aptitudes para cumplir ciertos estudios. Ahí nos llamamos a la reflexión y dijimos que no estábamos teniendo muchas fallas en los primeros años de estudio. Es que no era obligatorio aprobar el examen de ingreso. Muchos muchachos iban a las carreras sin un grado de vocación profesional, se anotaban en muchas carreras sin una orientación clara, sin motivación y demás.
–¿Qué hicieron frente a eso?
–Ahí decidimos una cosa que nos pareció muy arriesgada, pero estratégica, que fue la obligación de aprobar. Pero entonces nos trajo un conflicto social con los familiares, porque detrás de cada muchacho que va a la universidad llegan todos los familiares, que se han transformado en los primeros defensores de la universidad, sobre todo los abuelos. Claro, porque la gente en Cuba quiere que su hijo o hija sean universitarios, pero casi siempre la carrera la elige el padre o la madre, ¿no? Antes no había problema, pero ahora deben aprobar un examen. Imaginemos, a cada rato hay que atender a familiares que vienen a reclamar porque su hijo no puede ingresar por culpa del examen. Nadie puede imaginarse los conflictos con que nos hemos encontrado en estos años de nuevo régimen de ingreso. Los padres reclaman por sus hijos, pero el hijo en la reunión le dice “pero papá, yo no quiero estudiar eso, yo quiero estudiar otra cosa”. Las familias ejercen una presión social muy grande sobre el muchacho. Lo importante de este examen es que está hecho para triunfar. Es decir, debe demostrar el conocimiento que lo hará triunfar. Llevamos unos cuatro años evaluados en el aula con este procedimiento, y los porcentajes en el número de bajas han disminuido de manera significativa, hasta más de un 60%. Nos encontramos con que los estudiantes no querían estudiar Agronomía y ya recuperamos la matrícula en esa carrera. Son tres asignaturas y tienen dos oportunidades. Una es español, nuestra lengua materna; otra es matemática, y también historia.
–¿Qué razones hay para definir estas tres asignaturas?
–Porque nosotros tenemos que defender, antes que nada, a la patria. Y si no conocemos nuestra historia no la podemos defender. Y si nos acostumbramos a hacer análisis ahistóricos en cualquier carrera cometeríamos muchos errores. La historia es la base de la formación de los valores patrios, de la identidad.
–¿Tienen algunas prioridades estratégicas?
–En Cuba tenemos una planeación estratégica desde el ministerio, pero no negamos que las universidades tengan las suyas, lo único que pedimos es que se cumplan los objetivos. Por ejemplo, para nosotros es una prioridad formar doctores en medicina. Nuestra segunda prioridad es la especialización profesional del estudiante. Nos dedicamos a que la universidad forme un profesional más competitivo, y comprometido con la revolución. Eso es un propósito estratégico. Para nosotros esto es sustantivo en el sistema universitario cubano. Y le damos mucha importancia al trabajo práctico en el período de la formación profesional. Lo llamamos disciplina integradora. Desde el primer año va integrando lo que debe saber un ingeniero agrónomo, luego en el segundo y en el tercero, y así lo vamos graduando y vamos formando esa educación integradora. Así formamos a nuestros profesionales y eso los hace demandables a nivel nacional e internacional. Tenemos miles de profesionales cubanos trabajando en asistencia técnica en el exterior. No solo médicos, también ingenieros, pedagogos. Les damos conciencia de ser útiles a la sociedad. Por eso los integramos desde temprano a la sociedad.
–Van dos, ¿cuál sería la tercera prioridad?
–La tercera prioridad en la carrera universitaria es lo que llamamos el impacto socioeconómico. Esto significa aquello que se deja hacia fuera. Y también vale para los que formamos como directivos y líderes de los distintos organismos del Estado. Ahora, con la nueva economía en marcha en el país, incorporamos a los cuentapropistas. En Cuba ha crecido mucho el cuentapropismo, y los incorporamos también porque tienen derecho a la formación. Igualmente, en la innovación tecnológica, que para nosotros es muy importante. Hay temas que siguen pendientes en nuestro país, como la producción y soberanía alimentaria. Eso es estratégico, porque además tiene un contenido medioambiental. Otra asignatura pendiente es la vivienda, con un alto déficit en construcción, mantenimiento y reparación. ¿Qué magnitud deben tener las industrias nacionales para eso? Bueno, Nosotros queremos aprovechar lo local, la construcción de materiales en los municipios, con asistencia de la Universidad. Eso lo estamos comenzando a hacer en unos 30 municipios. Es allí donde la Universidad es clave.
–¿Y cuál es la última prioridad?
–La cuarta prioridad de la Universidad es la gestión. Esta se debe basar en eficiencia, eficacia y racionalidad. Si tenemos pocos recursos debemos ser más racionales en su uso, planificación y producción; informatizar los procesos universitarios, algo que nos falta mucho todavía, y formar líderes, cuadros.
–¿Cómo desarrollan a los nuevos comunicadores con las dificultades que tienen en infraestructura tecnológica?
–Hoy tenemos Comunicación Social en todas las universidades, pero hasta hace muy poco sólo la teníamos en tres. Sólo se graduaban unos 120 comunicadores o comunicadoras en toda Cuba. Eso también se universalizó. No así el periodismo, que eso va más lento. Periodismo es más complicado. En este nuevo proceso en Cuba, se establecieron órganos de prensa escrita, de radios y televisoras municipales en todas las provincias, entonces los periodistas tienen que ir ahí.
Fuente:MiradasalSur
“Cuba puede tener relaciones, basadas en el respeto mutuo, con todos los países del mundo, pero sometimiento, ¡ninguno!, y ante nadie”, aseveró.
Su sentencia sobrevino en medio de un intercambio espontáneo con los 460 delegados procedentes del todas las provincias, que aprovechó para precisar, en nombre de la dirección del país, la urgencia de dinamizar el funcionamiento y reajustar los métodos de trabajo de los CDR, acorde a las circunstancias sociales y políticas actuales.
Esto, después de recibir, también en nombre del líder de la Generación del Centenario Fidel Castro, un cuadro alusivo al lugar de nacimiento en Pinar del Río de su madre, Lina Ruz, entregado por Carlos Rafael Miranda, coordinador nacional de los CDR, y cuya autor es Daussel Valdés.
El también primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, afirmó que no hay fuerza capaz de destruir la capacidad y unión del pueblo cubano, y, por esa razón, se seguiría consultando la opinión de todos para perfeccionar la Revolución, como se hizo en el proceso de aprobación de los Lineamientos de la Política Económica y Social.
Junto a él presidieron el foro Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del PCC y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros; y la miembro del Buró Político del PCC y primera secretaria en La Habana, Mercedes López Acea, entre otros integrantes de la dirigencia política y gubernamental nacionales.
Raúl precisó que “el enemigo no dejará de trabajar, no va a cambiar”, pero la organización sí debería modificar sus estrategias para hacer frente a la subversión interna y externa que intenta flagelar a la nación.
“Hay que cambiar los métodos de lucha, el combate no”, acotó, y, en otro momento, exclamó que “a Cuba hay que respetarla”, frase que originó una de las varias ovaciones de los cederistas.
Además, destacó, anécdotas mediante, el desempeño de los CDR en la victoria cubana contra la invasión de mercenarios por Playa Girón, en abril de 1961, y la labor de las milicias revolucionarias durante el año previo a los sucesos en el sur de la provincia de Matanzas.
Fue ese instante cuando recordó que Fidel adiestró a un grupo de 12 milicianos de Pinar del Río, nombrado Los Malagones a propósito de uno de los apellidos del jefe (Leandro Rodríguez Malagón), cuyo combate contra los bandidos en el extremo occidental de Cuba originó la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias.
“Y ese es el ejército más poderoso que tenemos, el que está formado por ustedes (los integrantes de los CDR)”, puntualizó.
“Lo que hicieron en Libia y quieren hacer ahora en Siria, es lo que siempre han querido en Cuba desde el mismo triunfo de la Revolución, pero este pueblo no lo permitirá”, aseguró Raúl, que anunció su presencia en otro momento del Congreso y fue despedido del Palacio de las Convenciones con vítores y consignas de los congresistas.
El Congreso comenzó la víspera y sesionó en tres comisiones hasta la mañana de este viernes, cuando, además de un segundo momento en horario vespertino para el debate en plenario, se presentará, votará y aprobará la candidatura a miembros de la Dirección Nacional de los CDR.
La lucha contra las ilegalidades y las indisciplinas sociales, ha estado en el vórtice de las intervenciones de un Congreso que concluye el sábado y cuenta con la asistencia de delegaciones de España, Venezuela, Chile, Vietnam, Sudáfrica y otras hasta sumar diez países.
CUBADEBATE
Envío:Amarelle
La universidad cubana en tiempos de refundación
Año 6. Edición número 280. Domingo 29 de Septiembre de 2013
Por Modesto Emilio Guerrero. Sur en América latina
contacto@miradasalsur.com
Año 6. Edición número 280. Domingo 29 de Septiembre de 2013
Por Modesto Emilio Guerrero. Sur en América latina
contacto@miradasalsur.com
(Gentileza prensa UNDAV).
Entrevista. Gil Ramón González González. Viceministro de Educación de Cuba. Es una de principales autoridades académicas de la isla y forjador del nuevo rol de las universidades en la juventud cubana de este siglo. Sobre la base de varios convenios con la Universidad Nacional de Avellaneda, compartió con docentes y alumnos y cruzó con Miradas al Sur reflexiones sobre la educación como palanca de la readaptación en la isla luego de la implosión de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín.
Actualmente, es viceministro de Educación Superior de la República de Cuba. Presidió, por 12 años, la Organización Deportiva Universitaria Centroamericana y del Caribe (Oducc) y, por ocho años, el Comité Ejecutivo de la Federación Internacional del Deporte Universitaria (FISU). Fundó la Unión Latinoamericana de Extensión Universitaria (ULEU) y presidió el Comité Organizador de su VII Congreso en el año 2003.
–¿En qué momento está la isla en términos de educación?
–Creo que estamos en un momento refundacional, creativo, a veces queremos ser más democráticos, más libres en el quehacer creativo del profesor en su área, pero estamos en permanente contradicción con la actividad diaria del profesor en términos académicos. Eso es como una maquinaria.
–¿Cómo se refleja eso en la vida universitaria?
–Yo puedo decir que eso se refleja en la democratización de los planes de estudio, una columna central del sistema educativo. Quienes no somos muy democráticos somos los que llevamos a efecto después esos planes. Ya lo dije, la actividad actual es una maquinaria que conspira contra la planificación pausada. Un aspecto que es muy importante en la etapa actual de la educación en Cuba es la participación de los estudiantes. Eso es central. En cada fase de la elaboración de los planes de estudio participan representantes de la Federación de Estudiantes Universitarios. Hemos aprendido que se nutren de los planes y que los estudiantes se sienten partícipes conscientes, activos, de la universidad.
–¿Por qué?
–Porque puede ser que en un territorio, un ingeniero agrónomo necesite conocer más sobre papas, mientras que en otro territorio otro ingeniero requiera conocer más sobre plátanos, y en otro más sobre lo forestal. El contenido lo pone cada profesor. Ahora bien, ¿sabemos el trabajo que cuesta eso, que el profesor entienda esa forma creativa? Ese es el 70%, porque tiene un 30% que puede disponer para hacer un currículum propio. Con ese 30% se trata de garantizar que ellos gradúen ingenieros agrónomos con una cierta especialización. Y se gradúan con el mismo título de agrónomo, pero en ese 30% va incluida la especialidad que no está en otras áreas de la economía. Esa es una clave. Dentro de una misma carrera tratamos de que se formen en distintas áreas especializadas, así diversificamos la formación. Nuestros principales laboratorios son las fábricas, las industrias. Ustedes saben que nuestros laboratorios eran del campo socialista, y que, cuando se derrumbó, nos quedamos sin nada, porque las plantas venían con sus propios laboratorios. En algunas áreas, como las telecomunicaciones o la energía, hemos logrado hacer acuerdos con otros países para suplir lo perdido del campo socialista. Es cierto que si el estudiante cuenta con laboratorios puede perfeccionar sus habilidades antes de ir a la producción, pero bueno, tenemos que vivir con la realidad, y defenderla, porque la práctica es el criterio de la verdad. Yo sé que esa tarea, que para nosotros es muy complicada, para una Universidad nueva como la de Avellaneda, en cambio, eso se facilita un poco más, porque ustedes pueden ir creando y experimentando muchas cosas de éstas sin tener el peso de la tradición y la inflexibilidad de estructuras tradicionales.
–¿Cómo se puede definir un cambio en educación superior en Cuba?
–La educación superior ha crecido en Cuba, y se puede medir su calidad por la eficacia y la eficiencia. Esa es una de las novedades de las universidades en Cuba. Durante los últimos años hemos adoptado un conjunto de medidas. Creció mucho la matrícula, sobre todo a partir de la primera década del siglo XXI. Tenemos unos 600 mil estudiantes universitarios sobre una población de 12 millones 100 mil habitantes. En este momento, acumulamos un millón 300 mil graduados universitarios y hay unos 600 mil en las aulas. Cuando sumamos, es más o menos un 18%. Y eso, como se puede ver en cualquier mapa de estudios universitarios de América latina y el mundo, es una matrícula alta. Unos 300 mil son de las áreas de ciencias sociales y humanas, que antes habían estado limitados, tuvieron la oportunidad y fue estratégico. No olvidemos que hemos graduado 142 mil estudiantes extranjeros, sin contar medicina, que es otro tanto.
–¿Cómo lo lograron?
–Lo conseguimos a partir de crear centros universitarios a escala municipal, en los 269 municipios del país, así ascendió la matrícula y la inmensa mayoría se ha graduado. Es un currículum más flexible, el estudiante universitario nuestro tiene un tiempo de cinco años para graduarse, salvo algunas carreras. Nosotros no tenemos recursos infinitos, al contrario, tenemos recursos muy limitados, no podemos darnos ciertos lujos.
–¿Es una forma de universalizar la Universidad?
–Esa municipalización, para nosotros ha sido una universalización del conocimiento, más que la universalización de la universidad. En un país como el nuestro, que cuenta con 67 universidades, que dentro de un año deberíamos estar en 69, esa masificación constituyó un logro muy importante, que permitió atender a personas que no podían asistir a la Universidad, y ahora tienen al menos un mínimo de posibilidad para hacerlo. El acceso creció mucho y nos propusimos que tuviera una calidad equivalente a la que se alcanzaba en las sedes centrales de la Universidad. O sea, que el estudiante de cada municipio se sienta que es un estudiante de la misma Universidad Nacional con sede en La Habana. Por ejemplo, los exámenes se confeccionan en la universidad y se exige la misma calidad de la nacional. Tratamos de que no haya contradicción entre lo que se aprende en una sede central en La Habana y lo que se enseña en un municipio alejado de la capital.
–¿Cómo resultó ese cambio de estructura?
–Eso no fue fácil en todos los casos. Por ejemplo, la carrera de Veterinaria no la pudimos universalizar debido a los costos, ya que para esa disciplina se requiere de muchos laboratorios. Fue más fácil en el campo de las ciencias humanas y sociales. Allí los métodos de enseñanza a distancia los aplicamos y resultan muy efectivos. De esa manera, se incorporó la carrera de Historia, otra que llamamos Estudios Socioculturales, para formar promotores culturales e investigadores de la propia cultura. También se incorporaron las carreras de Tecnología, de Sociología, de Comunicación Social. Nos dimos cuenta, en el último tiempo, de que nos hacían mucha falta profesionales en estas ramas. Por ejemplo, contabilidad en el área económica, ciencias de la información en la biotecnología.
–¿Cuáles eran las condiciones básicas en esa municipalización?
–Nos dimos cuenta de que garantizando la bibliografía, las computadoras y el acceso a la información, se podía estudiar, eso sí, con un mínimo de presentismo no menor al 30% en el aula. En nuestro sistema es muy difícil trabajar el conocimiento sin el mecanismo del presentismo. Porque, más allá del conocimiento, de transmitir la información, están los otros valores, los criterios, la cultura de la vida. Eso no lo transmite ningún libro. En nuestra opinión, eso lo logra el intercambio más afectivo. Hoy estamos ante una línea de renovación de eso, pero bueno, se produjo una cierta saturación y hemos encontrado que son problemas que también existen en otros países.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo, con el uso de la lengua materna, la ortografía, por el descuido que puede significar el uso de las nuevas tecnologías, por el caso de los acentos (que muchos dicen que no los ponen “porque la computadora me los da sola”), o el uso del lenguaje desde los mensajes de los celulares. Todo eso ha ido cambiando el uso de nuestro lenguaje que, como se sabe, es un factor clave en la identidad de nuestros pueblos. Este fenómeno ha penetrado en toda la vida universitaria. No hay que olvidar que se trata del sector social que más consume nuevas tecnologías. Desde una nota, desde un examen, desde redactar un informe, en todo están presentes las nuevas simbologías, los nuevos códigos de comunicación. En eso hicimos una ofensiva y mantenemos un rigor, al punto que un estudiante puede desaprobar la carrera si no escribe bien el idioma. Desde 2009 nos percatamos de que teníamos que atender ese aspecto. Tuvimos otro problema, el examen de ingreso para acceder a la universidad. Nuestra Constitución dice que todo ciudadano tiene el derecho al estudio y el Estado, la obligación de garantizarlo, pero siempre y cuando la persona tenga las aptitudes para cumplir ciertos estudios. Ahí nos llamamos a la reflexión y dijimos que no estábamos teniendo muchas fallas en los primeros años de estudio. Es que no era obligatorio aprobar el examen de ingreso. Muchos muchachos iban a las carreras sin un grado de vocación profesional, se anotaban en muchas carreras sin una orientación clara, sin motivación y demás.
–¿Qué hicieron frente a eso?
–Ahí decidimos una cosa que nos pareció muy arriesgada, pero estratégica, que fue la obligación de aprobar. Pero entonces nos trajo un conflicto social con los familiares, porque detrás de cada muchacho que va a la universidad llegan todos los familiares, que se han transformado en los primeros defensores de la universidad, sobre todo los abuelos. Claro, porque la gente en Cuba quiere que su hijo o hija sean universitarios, pero casi siempre la carrera la elige el padre o la madre, ¿no? Antes no había problema, pero ahora deben aprobar un examen. Imaginemos, a cada rato hay que atender a familiares que vienen a reclamar porque su hijo no puede ingresar por culpa del examen. Nadie puede imaginarse los conflictos con que nos hemos encontrado en estos años de nuevo régimen de ingreso. Los padres reclaman por sus hijos, pero el hijo en la reunión le dice “pero papá, yo no quiero estudiar eso, yo quiero estudiar otra cosa”. Las familias ejercen una presión social muy grande sobre el muchacho. Lo importante de este examen es que está hecho para triunfar. Es decir, debe demostrar el conocimiento que lo hará triunfar. Llevamos unos cuatro años evaluados en el aula con este procedimiento, y los porcentajes en el número de bajas han disminuido de manera significativa, hasta más de un 60%. Nos encontramos con que los estudiantes no querían estudiar Agronomía y ya recuperamos la matrícula en esa carrera. Son tres asignaturas y tienen dos oportunidades. Una es español, nuestra lengua materna; otra es matemática, y también historia.
–¿Qué razones hay para definir estas tres asignaturas?
–Porque nosotros tenemos que defender, antes que nada, a la patria. Y si no conocemos nuestra historia no la podemos defender. Y si nos acostumbramos a hacer análisis ahistóricos en cualquier carrera cometeríamos muchos errores. La historia es la base de la formación de los valores patrios, de la identidad.
–¿Tienen algunas prioridades estratégicas?
–En Cuba tenemos una planeación estratégica desde el ministerio, pero no negamos que las universidades tengan las suyas, lo único que pedimos es que se cumplan los objetivos. Por ejemplo, para nosotros es una prioridad formar doctores en medicina. Nuestra segunda prioridad es la especialización profesional del estudiante. Nos dedicamos a que la universidad forme un profesional más competitivo, y comprometido con la revolución. Eso es un propósito estratégico. Para nosotros esto es sustantivo en el sistema universitario cubano. Y le damos mucha importancia al trabajo práctico en el período de la formación profesional. Lo llamamos disciplina integradora. Desde el primer año va integrando lo que debe saber un ingeniero agrónomo, luego en el segundo y en el tercero, y así lo vamos graduando y vamos formando esa educación integradora. Así formamos a nuestros profesionales y eso los hace demandables a nivel nacional e internacional. Tenemos miles de profesionales cubanos trabajando en asistencia técnica en el exterior. No solo médicos, también ingenieros, pedagogos. Les damos conciencia de ser útiles a la sociedad. Por eso los integramos desde temprano a la sociedad.
–Van dos, ¿cuál sería la tercera prioridad?
–La tercera prioridad en la carrera universitaria es lo que llamamos el impacto socioeconómico. Esto significa aquello que se deja hacia fuera. Y también vale para los que formamos como directivos y líderes de los distintos organismos del Estado. Ahora, con la nueva economía en marcha en el país, incorporamos a los cuentapropistas. En Cuba ha crecido mucho el cuentapropismo, y los incorporamos también porque tienen derecho a la formación. Igualmente, en la innovación tecnológica, que para nosotros es muy importante. Hay temas que siguen pendientes en nuestro país, como la producción y soberanía alimentaria. Eso es estratégico, porque además tiene un contenido medioambiental. Otra asignatura pendiente es la vivienda, con un alto déficit en construcción, mantenimiento y reparación. ¿Qué magnitud deben tener las industrias nacionales para eso? Bueno, Nosotros queremos aprovechar lo local, la construcción de materiales en los municipios, con asistencia de la Universidad. Eso lo estamos comenzando a hacer en unos 30 municipios. Es allí donde la Universidad es clave.
–¿Y cuál es la última prioridad?
–La cuarta prioridad de la Universidad es la gestión. Esta se debe basar en eficiencia, eficacia y racionalidad. Si tenemos pocos recursos debemos ser más racionales en su uso, planificación y producción; informatizar los procesos universitarios, algo que nos falta mucho todavía, y formar líderes, cuadros.
–¿Cómo desarrollan a los nuevos comunicadores con las dificultades que tienen en infraestructura tecnológica?
–Hoy tenemos Comunicación Social en todas las universidades, pero hasta hace muy poco sólo la teníamos en tres. Sólo se graduaban unos 120 comunicadores o comunicadoras en toda Cuba. Eso también se universalizó. No así el periodismo, que eso va más lento. Periodismo es más complicado. En este nuevo proceso en Cuba, se establecieron órganos de prensa escrita, de radios y televisoras municipales en todas las provincias, entonces los periodistas tienen que ir ahí.
Fuente:MiradasalSur



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