16 de octubre de 2013

OPINIÓN.

16.10.2013
la desmemoria de macri 
Sí existen 
El hijo que no está es una persona robada. Secuestrada. Silenciada. Sola. Un crimen que debe ser juzgado. Y terminado. Porque sucede hoy.




Por: Guido L. Croxatto
En democracia lo que más importa, lo que vertebra, son los debates. Esto significa, la capacidad de reconocer lo que dicen los demás. No cuando nos gusta, sino sobre todo cuando no es así. El ingeniero Macri acaba de decir que un hijo de desaparecidos sostiene "un relato que no existe". Que el alcance de su palabra no existe. Decir que un hijo recuperado, que lo que esa persona que nació desgarrada de los brazos de su familia en la ESMA –donde sus padres fueron torturados y asesinados sin piedad por una sociedad que no "vio nada"– expresa, decir que esa voz por fin libre, por fin liberada, que se alza frente a nuestra conciencia callada "no existe", expresa algo que "no existe", es grave. Porque eso no es diferir. No es pluralismo. Eso no es democracia. Decir que lo que dice el otro (hijo de desaparecidos) "no existe", es desaparecer la palabra que ya una vez fue anulada, apropiada, desaparecida. Negada. Rota. No sólo no reconocer que el otro, todo otro, tiene su verdad, sino negarle hasta eso: su propia existencia. Ese es el discurso del Proceso. El discurso que desapareció (a los que "no existen") a los padres de Cabandié. 

"Bergman que representa una coherencia, y después a uno que defiende un relato que no existe y que vuelve sobre temas del pasado." Macri sostiene que la voz de un hijo de esta sociedad "no existe". "No existe" lo que dice uno que hasta hace poco no podía alzar su voz, tener una palabra; se puede diferir, se puede discutir, pero no negar, no decir que "no existe", que su existencia, su recuperación, su rostro es "relato". 

Pero hay que contestarle gravemente que es al revés: antes de ser recuperado, antes de saber quién era, Juan Cabandié no existía. Eso era antes. Pero no ahora. Ahora sí existe. Sabe quién es. Alza su voz. Para quienes quieren oírlo. Y también para quienes, como Macri, no lo quieren oír. Lo hubieran preferido distinto. 
Con otro nombre. Sin su voz real. La Memoria no es un relato. Es una política. Muchos dieron su vida y esperan de nosotros la misma dignidad que tuvieron ellos y que hoy la política no tiene. Relato era en todo caso el jamás cuestionado relato del "ni está ni no está, está desaparecido". Relato es el no existen. Son una ficción. Son un invento. O no son tantos. O algo habrán hecho. Pero sí. Sí existen. Relato era el Obelisco de pan dulce que la sociedad argentina consumía en silencio en el Proceso. Los goles del mundial. Eso es relato. Alfonsín dijo con valor en la Sociedad Rural "aplaudían muertos de miedo cuando aquí venían los dictadores" y ahora me silban. A Cabandié le sucede hoy lo mismo. A los apropiadores nadie los silba en la calle. Pero su palabra, su voz, es relato.

Alguna vez habrá que volver a cuestionar el lenguaje de la democracia. Sobre las tramas que se difunden para la constitución del olvido. Cómo se construyen las palabras reconciliación. Herida. Futuro. Pero no se puede pedir reconciliación tapando los crímenes del "pasado". Una cosa es pedir reconciliación, otra cosa es pedir impunidad. La reconciliación viene con la justicia o después del perdón. Pero no se puede perdonar a quien no quiere ser perdonado. A quien reivindica el horror; detrás de los pactos de silencio, a quien justifica los más aberrantes crímenes. A quien calla. A quienes aún roban hijos. Eso no es reconciliación. Eso es olvido e impunidad. Que la verdad no se sepa. Que el crimen no se juzgue. Así no avanza –así no avanzará nunca– una democracia.

Muchos confunden (adrede) estas dos cosas. (Reconciliación con justicia, olvido con transición, impunidad con "futuro".) Por eso la memoria incomoda. Porque cada hijo que aparece incomoda. Trastoca. Evidencia. Nos abre los ojos. Nos hace ver. Los hijos muestran sus manos para decir: hay una responsabilidad que es colectiva (Jaspers). El robo de hijos que aún no recuperaron su identidad es un crimen presente. No es una herida del pasado que hay que dejar atrás para insertar a las empresas en el mundo. ¿Por qué insertar a las empresas en el mundo es incompatible con una política digna de Derechos Humanos? Es exactamente lo que decía Videla: la persecución y la tortura para insertar a la Argentina "en el mundo", en la racionalidad del mercado libre. Los empresarios me pedían 10 mil muertos más, recordó Videla. Para eso precisamente había que hacer desaparecer. Había que robar hijos. Matar. Los hijos que no están no son una herida que se reabre. Porque esa herida nunca estuvo cerrada, como dijo Gelman al ganar el Cervantes. Las madres no olvidan que les asesinaron, torturaron y les robaron a sus hijos. Los hijos no olvidan que les torturaron y asesinaron a sus papás. Quieren saber la verdad. Quieren justicia. Quieren llorar los cuerpos. Como dijo lúcidamente Martín Fresneda, "queremos reencontrarnos con estos huesos, abrazarlos". Cada madre quiere abrazar a su hijo hasta el día de hoy robado. Porque sus hijos aun no recuperados, aunque Macri no lo sepa, sí existen. Y es un deber de la democracia recuperarlos. A cada uno.

El hijo que no está es una persona robada. Secuestrada. Silenciada. Sola. Un crimen que debe ser juzgado. Y terminado. Porque sucede hoy. Hoy violenta nuestro derecho y nuestra democracia (y nuestra conciencia) que haya hijos robados de desaparecidos asesinados en manos de apropiadores cómplices que callan la verdad. Y la niegan. (Mientras hablan curiosamente en nombre de la "verdad histórica completa", mantienen a los hijos en la sombra mientras hablan de conocer "toda la verdad", de saber "la verdad" y vivir sin fanatismos). Con los hijos robados hay una parte de la verdad que todavía no se sabe. Que no se dice. Por esa parte de la verdad que aún no se sabe, habla Cabandié. Por eso que no se sabe. Que todavía no existe. Pero puede y debe llegar a existir. Por Guido, el nieto de Estela, que aún hoy sigue sin estar. Estando. Para muchos el nieto de Estela es el pasado. Un relato que no existe. Para Estela es el futuro. El sentido de la democracia.

Una palabra más sobre los jóvenes y la libertad de prensa. Este gobierno fue con la memoria al rescate de la otredad. Al rescate del otro (ley de salud mental, ley de matrimonio igualitario, Ley de Medios). Hizo del otro olvidado, un otro con derechos. Algunos dicen que nosotros somos brillantes pero intransigentes. Otros dicen que somos jóvenes "soberbios". Este es el precio de sostener lo que pensamos. De asumir que la palabra no es un medio. Es un fin. Existe. No es relato. Es libertad de expresión. Cuando esa libertad es ejercida, se acusa a los jóvenes de "soberbia". Mejor para muchos es cuando los jóvenes callan. Pero la democracia no puede elegir mirar siempre para otro lado. Nuestra política ha dejado de defender causas. Ha dejado de ser grande. En ese horizonte de mediocridad cómplice, la voz de los hijos siempre será un destello de luz de grandeza. Una liberación momentánea de la ignominia, la complicidad y el silencio. 

También se equivocan. Pero la posibilidad de equivocarse la tiene sólo quien es libre. Y eso es lo que verdaderamente importa: su libertad.

Goethe dijo una vez "pensar es fácil, actuar es difícil, actuar según se piensa es aun más difícil". Ese aun más dificil es el corazón de la nueva política. Ese aun más dificil es la dignidad. Es la política en serio. La que no copia. La que no roba ideas. La que sabe ser. La que no olvida. La que asume un lugar. Una convicción. La que sabe que nada empieza de cero. Nuevos serán los jóvenes capaces de defender una causa (nuevos no serán aquellos que los copian mientras los silencian y callan su nombre, y después dicen que los jóvenes son "soberbios" y no debaten; los que no quieren son otros que hablan en nombre de la democracia y la República, pero rehúsan debatir, por miedo). Necesitamos una política que vuelva a defender causas. Ideas. 

Ideales. Valor. No intereses, sino causas. Este gobierno sí tuvo su causa. Esa causa son los Derechos Humanos. Esa causa es su luz primera. Su insignia. Su ideal. Su diferencia. Y su valor. Cabandié no habla solo, habla y tiene el deber de hablar por todos los que todavía no pueden hacerlo. No miente. En la Argentina parecen ser pocos los que comprenden a fondo la dimensión moral de esa tarea política. La inmensidad del porvenir es el albor que es cada hijo. Si por la boca de un hijo se ve un rasgo de la voz del apropiador, como dice Pagni, eso es en todo caso una medida del trabajo pendiente de la memoria. Del camino que aun le resta transitar a la democracia.
Fuente:TiempoArgentino            

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