12 de octubre de 2013

UN MAL QUE DURO CIEN AÑOS.

UN MAL QUE DURO CIEN AÑOS
Por Elena Llorente
Murió en Roma a los cien años Erich Priebke, el criminal de guerra nazi arrestado en Bariloche y extraditado a Italia. Allí fue condenado a perpetua por la masacre de las Fosas Ardeatinas, donde encabezó el asesinato de 335 civiles. El gobierno argentino anticipó que no aceptará el ingreso de su cuerpo.

A LOS CIEN AÑOS, MURIO EN ITALIA ERICH PRIEBKE, CRIMINAL DE GUERRA ARRESTADO EN ARGENTINA EN 1995
Desde Bariloche a Roma y de ahí al infierno
El capitán Erich Priebke, extraditado en 1996, falleció ayer en su casa de Roma, donde estaba bajo arresto domiciliario, cumpliendo una condena a cadena perpetua que le fue impuesta por la Corte Militar de Apelaciones en 1998.
Por Elena Llorente
Desde Roma
Priebke fue descubierto en 1994 por un periodista estadounidense que lo entrevistó de sorpresa en una calle de Bariloche.
Había cumplido cien años el 29 de julio el asesino de las Fosas Ardeatinas, la matanza de 335 civiles por los SS nazis en 1944, y había logrado evitar pasar sus últimos días en una cárcel italiana. El capitán Erich Priebke había sido arrestado en Bariloche en 1995 y extraditado a Italia para ser juzgado a partir de 1996. Falleció ayer en su casa de Roma, donde estaba bajo arresto domiciliario, cumpliendo una condena a cadena perpetua que le fue impuesta por la Corte Militar de Apelaciones en 1998. En julio se había sentido mal y fue internado en un hospital, para luego volver al departamento donde vivía –facilitado en 2009 por sus amigos nazifascistas de Roma– y de allí no salió nunca más.

Anticipándose a la posibilidad de que sus familiares residentes en Argentina pidan traer los restos de Priebke para que sean enterrado en este país, la Cancillería comunicó en su centa oficial de Twitter que no permitirá su ingreso.

En una entrevista “testamento” que dejó a su abogado para que fuera revelada sólo luego de su muerte, el oficial nazi no se arrepiente de su pasado, al contrario. “He elegido ser yo mismo”, responde a una pregunta sobre si sigue siendo nazi. “La fidelidad al propio pasado es algo que tiene que ver con nuestras convicciones. Se trata de mi modo de ver el mundo, mis ideales. El nacionalsocialismo ha desaparecido con la derrota y hoy, de todas maneras, no tendría ninguna posibilidad de volver a revivir”, dijo. Y más adelante, refiriéndose a los campos de concentración, indicó que “nunca se encontraron cámaras de gas en los campos de concentración, salvo una de ellas construida por los norteamerianos en el campo de Dachau (Alemania). Pero sí había inmensas cocinas que funcionaban para los internados e incluso un prostíbulo para sus exigencias”.

Según Priebke, “no hay testimonios confiables a nivel judicial o histórico sobre las cámaras de gas”. Y agrega como para terminar de poner en duda el tema: “Sé por experiencia personal de mi prisión y la de mis colegas cómo hacían los vencedores para sacarles confesiones en los campos de concentración a los prisioneros”. Y agrega: “He conocido personalmente los lager. La última vez estuve en Mauthausen, en mayo de 1944, para interrogar al hijo de Badoglio (jefe del gobierno italiano en 1943-44), Mario, por orden de Himmler. Di vueltas por el campo durante dos días. Había inmensas cocinas, pero no cámaras de gas. 

Lamentablemente mucha gente ha muerto en los campos de concentración, pero no por una voluntad asesina. La guerra, las condiciones de vida muy duras, el hambre, la falta de curas adecuadas, estaban a la orden del día, no sólo en los campos sino en toda Alemania, sobre todo a causa de los bombardeos indiscriminados”.

¿Y el Holocausto?, ¿qué fue según Priebke? “Nada más que manipulaciones de las conciencias visto que las nuevas generaciones, comenzando desde la escuela, han sido sometidas a un lavado de cerebro y obsesionadas con historias macabras para limitar la libertad de juicio”, particularmente divulgadas por el cine y la televisión, concluyó.

Descubierto en 1994 por un periodista estadounidense que lo entrevistó de sorpresa en una calle de Bariloche y denunció mundialmente que Priebke era uno de los protagonistas de la masacre romana, el capitán de las SS insistió en aquel reportaje en que no había matado a nadie y que, además, había cumplido órdenes. “En esa época, órdenes eran órdenes”, dijo al periodista estadounidense.

En las Fosas Ardeatinas, poco antes de que los alemanes que habían ocupado Roma empezaran a retirarse hacia el norte por la avanzada de los Aliados, fueron asesinados 335 civiles con un tiro en la nuca. Algunos de ellos estaban presos. Otros eran judíos que esperaban ser llevados a campos de concentración. Pero también cayó gente común, que caminaba por las calles, y hasta algunos muchachos de 14 y 15 años. Las órdenes nazis eran matar a 10 civiles por cada uno de los 33 militares que habían muerto el día anterior en un atentado que la Resistencia había hecho en Via Rasella, una calle de Roma. Pero en vez de matar 333 ellos mataron 335, lo que sirvió muchos años después como pretexto, dado que era un soldado y cumplía órdenes, para que la Justicia lo pudiera incriminar, entre otras cosas, porque no había cumplido las órdenes.

Al concluir la guerra y ayudado, se dice, por el Vaticano, Priebke logró escapar a la Argentina. Estuvo primero en Buenos Aires y luego en Bariloche, donde llegó a ser una figura conocida, sobre todo en la numerosa comunidad alemana. En 1995 fue extraditado a Italia y acusado de haber organizado y participado de la matanza de las Ardeatinas. En Argentina había sido defendido hasta su extradición por el penalista Pedro Bianchi, abogado defensor, también, de otros personajes nefastos como Emilio Massera y Leopoldo Galtieri. En Roma lo fue por varios abogados –ninguno le venía bien– y terminó en manos de uno famosísimo, Carlo Taormina, que de todas maneras no pudo evitar la condena.

Priebke no tendrá ningún funeral en Roma y sería llevado a la Argentina para ser enterrado en Bariloche, junto a su esposa Alicia, fallecida hace algunos años, dijo su abogado italiano Paolo Giachini. Cuando cumplió cien años, en julio, se organizaron manifestaciones en su contra frente a la casa donde vivía. Los manifestantes habían desplegado banderas de Israel, estrellas de David y cartelones alusivos. Uno de ellos decía: “El puede festejar sus cien años, sus víctimas no”. Ese día además fueron leídos los nombres de las 335 víctimas de las Fosas Ardeatinas bajo sus ventanas.

Priebke murió el día en que el papa Francisco recibía en el Vaticano a exponentes de la comunidad judía de Roma. “Ahora sus víctimas lo están esperando en el cielo, con la esperanza de que haya justicia divina”, comentó Riccardo Pacifici, presidente de la comunidad judía de Roma.

PRIEBKE LLEGO A ARGENTINA EN 1948 CON PASAPORTE FALSO
Un nazi casi vecino ilustre
El criminal de las SS nazi residió sin ser molestado en la Patagonia, donde pasó casi la mitad de su vida, gracias a que se mimetizó en una sociedad que lo protegió y que incluso lo elevó al status de ciudadano caracterizado.
Por Gustavo Veiga
La residencia de Priebke en Roma.Imagen: AFP
Erich Priebke huyó de Alemania por la ruta de las ratas, igual que otros nazis connotados como él. Desembarcó en el puerto de Buenos Aires el 14 de noviembre de 1948 con pasaporte falso y gracias a la cobertura del Vaticano. Igual que Adolf Eichmann, alias Ricardo Klement, cambió de nombre. Se hizo llamar Otto Pape, oriundo de Letonia. Igual que Eichmann, también, vivió en Vicente López, al norte del conurbano, apenas pisó suelo argentino. Pero a diferencia de su colega, con quien compartió la flor y nata de las SS, el criminal de guerra que después se aquerenció en Bariloche vivió hasta los cien años. Aquél murió en la horca de la prisión de Randeh, cerca de Tel Aviv, el 31 de mayo de 1962. Tenía 56 años. 

Priebke lo sobrevivió tanto tiempo como el que residió sin ser molestado en nuestra Patagonia. Resultó más afortunado gracias a que se mimetizó en una sociedad que lo protegió y que incluso lo elevó al status de ciudadano caracterizado.

Los medios virtuales de Bariloche, donde pasó casi la mitad de su vida, desarrollaron ayer la noticia de su muerte de manera dispar. Bariloche 2000 y el Mensajero digital le dieron el mayor despliegue a la información. Otros ni siquiera hicieron mención a su prolongada estadía en la ciudad. Como si asociarlo con la localidad turística más célebre de la Argentina en el exterior fuera un recuerdo incómodo. Priebke había llegado hasta allí después de arribar a Buenos Aires en el buque San Giorgio. Se alojó en un hotel de Retiro, siguió hacia Vicente López y terminó en la que hoy es la localidad más poblada de Río Negro.

Muy distinta era la bucólica Bariloche de los años ’50 que empezó a conocer el nazi de mirada altiva y figura erguida. Y todavía más cuando en la década del ’30, los pioneros alemanes festejaban el 30 de enero, la fecha en que Hitler llegó al poder. O celebraban la anexión de Austria. Priebke, por entonces, desfilaba a paso marcial en una Europa que empezaba a incendiarse.

Al país entró con el oficio de mayordomo y en el sur consiguió su primer empleo como maître del hotel Catedral. Le había tendido una mano su amigo Cornelio Delay, un tirolés que tenía a su cargo una concesión de Parques Nacionales.

Los hitlerianos recién llegados gozaban por entonces de privilegios oficiales extendidos. Uno de ellos era conchabarlos de modo más o menos seguro. La cadena de complicidades nazis hacía lo demás. Y la sociedad donde se establecían, en particular la comunidad alemana, completaba la faena de camuflaje. En Bariloche, los inmigrantes de este origen se instalaron alrededor de la Plaza Belgrano, donde pudieron ir comprando terrenos en cómodas cuotas y sin interés.

Por supuesto, hubo excepciones entre tantos simpatizantes de Hitler. En la Patagonia y en el resto del país. Lothaer Hermann, un alemán de origen judío, ex detenido en el campo de concentración de Dachau y que descubrió a Eichmann en Vicente López, fue perseguido por sus denuncias. Hasta lo confundieron adrede con Josep Mengele. Estuvo preso y lo torturaron en 1961, durante el gobierno de Arturo Frondizi. Su revelación contradecía la versión oficial del operativo montado por el Mossad para secuestrar al nazi en Argentina. La historia fue investigada por la periodista alemana Gaby Weber, una especialista en el tema.
Priebke trabajó en la gastronomía y el turismo barilochense durante años. Pasó por el tradicional hotel Bella Vista, situado a pocas cuadras del Centro Cívico, el corazón administrativo de la ciudad. En el riguroso documental Pacto de silencio (2005), del cineasta Carlos Echeverría, la dueña del establecimiento lo recuerda como un hombre obsesionado por la pulcritud y limpieza del personal. En su rol de maître –cuenta– les revisaba las uñas a los empleados. Joaquín Saavedra, uno de sus ex subordinados, relata en la película cómo el criminal de guerra le contó, sin inhibición ni arrepentimiento, los fusilamientos de la Masacre de las Fosas Ardeatinas.

Versátil, el responsable del hecho cometido el 24 de marzo de 1944 –una sombría coincidencia con la fecha del último golpe de Estado en Argentina– también había atendido una fiambrería llamada Viena. Formaba parte de una comunidad nostálgica del nazismo. En Bariloche, y hasta bien entrada la década del ’90, se festejaba el natalicio de Hitler cada 20 de abril.

El alemán, que ya había dejado sepultada en el pasado su adulterada identidad letona, blanqueó su situación legal y comenzó a usar su verdadero apellido. Apenas modificó su nombre de pila germano, Erich, por el de Erico. Nombre de un impopular rey de Pomerania que dominó Dinamarca, Noruega y Suecia en el siglo XIV.

Se sumó a la comunidad educativa del Instituto Primo Capraro, un colegio de la colectividad alemana que homenajeó el 4 de octubre pasado a su fundador, un inmigrante de origen italiano, fallecido un día como ése de 1932. El instituto se encuentra a cuatro cuadras del lago Nahuel Huapi. En su página web todavía se ve en distintas fotografías al imperturbable Priebke, sentado y cruzado de piernas junto a diferentes promociones escolares. Lo singular de esas imágenes es que su rostro aparece marcado con manchas blancas que, como muescas, parecen querer ocultar su presencia junto a los desprevenidos alumnos.

Echeverría comienza su documental con el seguimiento a un Fiat Duna que se dirige hacia una capilla barilochense. Baja de su auto, lo espera a Priebke en la puerta del templo y un puñado de feligreses lo increpa: “¿Para qué fuiste al colegio alemán?”, se escucha que le pregunta en voz alta una mujer. La película atrapa durante las casi dos horas siguientes. El nazi ocupó la presidencia del colegio, participó de las fiestas de egresados y se transformó en un personaje muy activo dentro de la institución. Compartió agasajos con autoridades provinciales y municipales como un referente de las fuerzas vivas de la ciudad. Todavía se recuerda uno por la envergadura del personaje con quien compartió la mesa: fue cuando le tomaron una fotografía sonriendo junto al gobernador Carlos Soria, asesinado por su esposa Susana Freydoz, el 1º de enero de 2012.

El Gobierno no permitirá el ingreso del cuerpo
La mortaja de Erich Priebke, el centenario nazi de las SS condenado por crímenes de guerra en Italia, se transformó en una incómoda carga simbólica. Adelantándose a un presunto pedido de los familiares del oficial hitleriano para conseguir el regreso de sus restos al país, la Cancillería informó a través de su cuenta oficial en Twitter su negativa debido a que “los argentinos no aceptan este tipo de afrentas a la dignidad humana”.

La información se difundió por la tarde por medio de las redes sociales. Allí, la Cancillería informaba que el ministro Héctor Timerman “ha dado orden de no aceptar ningún trámite que permita el ingreso del cuerpo del criminal nazi Erich Priebke a nuestro país”. El texto dinfundido por la agencia oficial Télam agregaba información adicional sobre su muerte: “Priebke, capitán de las SS y autor de crímenes de guerra en Italia durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), murió hoy a los 100 años en la ciudad de Roma, donde se encontraba bajo arresto domiciliario desde que fue extraditado desde Argentina en el año 1995”.

Jorge Priebke, su hijo de 68 años, vive en Bariloche en la misma casa que su padre cumplió prisión domiciliaria cuando fue detenido en 1995. El diario Río Negro pretendió entrevistarlo ayer sobre la muerte, pero recibió una negativa como respuesta.

El diario informó que “intentó hablar con él en la puerta de la construcción de 24 de Septiembre, pero prefirió guardar silencio, según explicó su esposa a un periodista en el portón de la cabaña, que está en los fondos del edificio principal de la propiedad, que es un centro de salud de la Cooperativa de Electricidad Bariloche. La mujer dijo que no estaba dispuesto a hablar”. La nuera de Priebke, citada por el diario, explicó que Jorge “está muy triste con la noticia y no quiere recibir a nadie”. Una de las razones que dio es que Priebke hijo había sufrido un infarto hace poco tiempo.
Fuente:Pagina12

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