NUEVA DECLARACION DE LA SOBREVIVIENTE SILVIA LABAYRU EN EL JUICIO DE LA ESMA
La mujer como “botín de guerra”
La ex detenida habló de violencia sexual, relató el paso de Dagmar Hagelin por el centro clandestino y reveló tareas de inteligencia de los marinos entre funcionarios de la Embajada de Estados Unidos, en las que participó el abogado Gonzalo Torres de Tolosa.
Por Alejandra Dandan
Silvia Labayrú fue secuestrada en diciembre de 1976 y estuvo un año y medio en la ESMA.Imagen: Adrián Pérez
Uno de los abogados querellantes le preguntó a Silvia Labayrú si en la ESMA existía un trato diferencial entre varones y mujeres. “¿Trato diferencial? Por supuesto”, dijo ella. “Las mujeres éramos ‘botín de guerra’, nuestros cuerpos eran considerados de esa manera, es algo muy habitual cuando existe violencia sexual. El considerar a las mujeres como ‘botín de guerra’ es un clásico de todas las historias represivas, es casi parte de una cultura de la guerra, y ésta no fue una excepción. Hubo muchas variedades y formas. Sí, hubo un tratamiento diferencial entre secuestrados hombres y mujeres, evidentemente.”
Silvia Labayrú declaró desde la embajada argentina en España. Su testimonio se escuchó a través de una pantalla en la sala de Comodoro Py donde se sigue el juicio a los marinos. Ella estuvo un año y medio en la ESMA y su imagen es recordada por muchos sobrevivientes. Estaba embarazada y era “la secuestrada más joven”, como ella misma se nombra. Cuando cayó, en diciembre de 1976, no existía todavía la “pieza de las embarazadas” y los marinos la pusieron en una de las cuchas del tercer piso, con el resto de los detenidos.
Un día eso cambió. Uno de los guardias se acercó hasta el pañol de la ESMA y sacó de ahí una de las camas robadas en los operativos de secuestro. “La imagen era felinesca”, dijo Martín Gras hace unos meses, en su declaración más reciente. “En medio de todo eso apareció una cama de bronce tipo cama de la abuela, y ahí estaba una postal del embarazo en medio de Capucha.”
Silvia dio a luz a una niña “diezmesina” en la ESMA. No la trataron médicamente en todo el embarazo. En el parto la asistió el obstetra Jorge Magnacco y la ayudaron dos detenidas. Fue obligada a realizar trabajo esclavo y entre otras tareas la obligaron a presentarse como la hermana de Alfredo Astiz cuando se “infiltró” entre las Madres de Plaza de Mayo y el grupo de familiares que se reunía en la iglesia de la Santa Cruz, doce de los cuales fueron secuestrados y desaparecidos en la ESMA. Silvia, que ya declaró numerosas veces, respondió preguntas sobre temas pendientes. Mencionó a muchas víctimas que vio en el centro clandestino, entre ellos a Dagmar Hagelin. Lanzó por primera vez una denuncia sobre tareas de inteligencia del GT entre funcionarios de la Embajada de Estados Unidos y también habló del ser mujer en la ESMA como si fuese la primera vez.
“¿La pregunta es si eso era cotidiano? Sí, lo era. Tuve conocimiento de muchos casos, el uso del cuerpo de las mujeres como ‘botín de guerra’ fue bastante evidente y cotidiano. Tuvo diversos formatos, desde las violaciones más clásicas al ’chantaje sexual’. Hubo violaciones continuas en Capucha City a secuestradas sobre las colchonetas. Desde esos casos hasta distintas modalidades de abuso, de apropiación de los cuerpos de las secuestradas, de una más que de otra, porque hacían su selección personal.”
Dagmar
Uno de los tramos importantes de su testimonio fue sobre Dagmar Hagelin. Dagmar tenía 17 años cuando fue secuestrada. Era de nacionalidad sueca, su caso despertó las protestas de la comunidad internacional y pese a ser muy nombrada por los sobrevivientes, son pocos los testimonios directos que existen para situarla en ese lugar. El testimonio de Silvia no sólo es importante porque la vio en el CCD, dicen los fiscales, sino porque además mencionó una prueba directa sobre Alfredo Astiz y el momento del “traslado” de Dagmar.
“La vi en la ESMA y la conocí fuera de la ESMA unos meses antes de caer porque ella militaba en la zona oeste de la provincia (de Buenos Aires) junto con mi cuñada María Cristina Lennie”, explicó. La madre de Dagmar y su pareja eran jefes de la organización en la zona, dijo Silvia. Un día, María Cristina llegó con Dagmar a casa de Silvia porque estaba intentando esconderla y no tenía dónde dormir. “Cuando la llevaron herida a la ESMA, a nosotros nos tenían trabajando en unos cuartitos en el sótano, muy pequeños. Y en un momento en que se abrían las puertas de la enfermería, ella estaba sentada en la cama con un vendaje en la cabeza.”
Astiz les contó que participaron muchas personas en el operativo porque en realidad esperaban capturar a una de las dirigentes de Montoneros buscadas por el GT. Ellos sabían que ella tenía una cita en esa casa ese día. En la ESMA, Silvia dice que supo que aquella dirigente no acudió a la cita, sino que fue Dagmar, que era su secretaria. “Las dos tenían algún parecido. Dagmar también era rubia y cuando se acercó a la casa le dieron el alto y ella salió corriendo. Ahí Astiz le dio a la cabeza y un tiro la rozó. La capturaron, pero ella llegó a la ESMA consciente.”
Dagmar estuvo varios días en la enfermería. “Al poco tiempo se supo que era sueca y que su padre estaba haciendo reclamos internacionales y que era muy activo.” Acosta decía que se había armado un escándalo y aparentemente estaban en un dilema. Como consecuencia del disparo, Dagmar seguía consciente, pero perdía el equilibrio. El GT la llevó a una habitación. “Lo que escuché es que tenían la opción de liberarla o trasladarla, lo que todos sabemos lo que significa. Al cabo de un mes, un día nos dijeron que se la llevaron y no volvimos a saber nada más.” Durante todo ese tiempo jamás le hicieron otros tratamientos ni la llevaron a un hospital.
Derian
El dato político más significativo fue la denuncia sobre la infiltración del GT entre funcionarios de la Embajada de Estados Unidos. Silvia seguía hablando detrás de la pantalla. “Había extrañas actividades de infiltración”, dijo ella cuando le preguntaron por la relación entre Cancillería y el GT. “Una vez me obligaron a participar de modo muy extraño, porque nunca entendí mi función, en una especie de operación de infiltración que era para perseguir o investigar actividades supuestamente de la representación de Estados Unidos en Argentina. Y también de Patricia Derian, que era la secretaria de Derechos Humanos.”
Derian era una de las funcionarias norteamericanas que impulsaba la inspección al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
“En esos meses (Derian) hizo una visita a Argentina para investigar las violaciones de los derechos humanos. Y esto en el Grupo de Tareas levantaba ampollas y les parecía intolerable, y se hizo una acción de infiltración”, explicó. “Me obligaron a ir a la embajada argentina, había colas de personas que querían entrevistarse con ella. Ellos hacían relevamiento de la zona y de las personas en las colas. Habían concentrado la actividad en manos de civiles, entre ellos del ‘teniente Vaca’ (Gonzalo Torres de Tolosa), creo que era abogado y una mujer, que creo llamaban María Elena, de unos 30 años, muy bella y de un alto standing social, y organizaban cómo iban a ser las actividades de infiltración en torno de la embajada y en torno del embajador. Participaba en estas actividades el teniente Astiz.”
El rol de Vaca fue otro de sus aportes. La defensa viene diciendo que el único dato que existe para imputar al abogado y civil Gonzalo Torres de Tolosa es el libro de Scilingo, y como Scilingo es imputado no sirve. El testimonio de Silvia lo ubica en medio del GT como cualquier operativo: “Era una persona gruesa.
Corpulento pero bajo. El me entró a la ESMA a mí. Varias veces. Era alguien muy cercano a Acosta. Entraba y salía de la ESMA” y aclaró mas tarde: “Como si fuera miembro del GT”.
Fuente:Pagina12
13 11 2013
TESTIMONIOS
108. "Eran dueños de la vida y de la muerte. Ellos decidían quién vivía y quién moría"
Fueron las palabras de Graciela Daleo, militante ex detenida-desaparecida en la ESMA, quien amplió su testimonio. También declaró Jaime Nuguer, hermano de Hernán, detenido-desaparecido en el mismo centro clandestino de detención, tortura y exterminio.
El caso de Graciela Beatriz Daleo (388)
Militaba en la Juventud Peronista y la apodaban "Victoria". El 18 de octubre de 1977 a la mañana fue privada ilegalmente de su libertad en la estación de subterráneos Acoyte de la Línea A, en Caballito, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de individuos armados, vestidos de civil, pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3.2. Luego fue llevada a la ESMA, donde se le asignó el número 008 y permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. En febrero de 1979, con documentación falsa, obtuvo la libertad vigilada en Bolivia durante dos meses. Al regresar a la Argentina, el Grupo de Tareas le dio un pasaje aéreo comprado por la Armada, con destino a Venezuela, lugar al que Graciela viajó el 20 de abril de 1979, recuperando su libertad.
El testimonio de Graciela
En el marco de las reglas sugeridas por Casación, la sobreviviente amplió sus declaraciones anteriores.
"Me llamo Graciela Daleo, me secuestran, me van a matar. Avisen a mi papá", esas fueron las palabras de la testigo en el momento de ser capturada en la estación Acoyte. "Me introdujeron en un pequeño cuarto, donde me sacaron la capucha y parte de la ropa. Recuerdo que me dejaron la camisa. Me sacaron la pollera, las medias, los zapatos, aparte de la ropa interior. Me ataron a un camastro, un elástico que tenía encima un poco de espuma de goma. Me ataron con unas sogas las piernas y los brazos abiertos y ahí unas personas entraron. Me dijeron que estaba en sus manos, que si yo no quería hablar me iban a aplicar picana eléctrica. En realidad, sus palabras fueron: ´Te vamos a dar máquina y acá vas a hablar, vas a contar todo, quiénes son tus compañeros, qué hacés´. Me iban a interrogar sobre mi actividad política, fundamentalmente. Entonces, como yo dije que no tenía nada que decir, empezaron a aplicarme descargas eléctricas, empezó por las rodillas y el pecho, insistiendo mucho en la entrepierna, en la vagina, en los pechos", contó en la audiencia.
Memoria
Como Graciela fue sometida al trabajo esclavo, tuvo los ojos destapados, lo que le permitió registrar algunos datos que otros ex detenidos-desaparecidos no pudieron. En función de esto, durante la audiencia de hoy se le preguntó acerca de algunas víctimas de la ESMA. En particular, la testigo relató que en el cuarto destinado a las mujeres embarazadas, vio o supo que estuvieron a: Susana Pegoraro, Cristina Alfonsín, Susana Siver, Liliana Pereyra, Patricia Rosenfeld Marcuzzo, Dora Greco y Patricia Roisinblit.
Robo de bienes
"En el tercer piso del Casino, en el Pañol, se acumulaban los bienes de todo tipo: muebles, ropa, camas, palito de rollo de papel higiénico. Recuero como curiosidad casi tonta que había desde el Pañol hacia el sector central del tercer piso unos esquíes. Después fue vaciado", relató Graciela sobre el delito de robo de bienes de los detenidos-desaparecidos en la ESMA. También se refirió al robo de propiedades: "vi la existencia de un laboratorio de falsificación de documentos, sellos y otros materiales utilizados para fraguar la venta de bienes".
Sobrevivir
"Entender por qué fuimos liberados y estamos vivos es una construcción que hicimos los sobrevivientes muchos años después", sostuvo Daleo. Una de las explicaciones es la intención de los genocidas de diseminar el horror en la población, a través de lo que los sobrevivientes puedan contar. "Nos liberaron porque eran dueños de la vida y de la muerte. Ellos decidían quién vivía y quién moría", agregó.
El caso de Hernán Gerardo Nuguer (871)
Tenía 26 años de edad, estudiaba y militaba en el Partido Comunista. El 21 de octubre de 1977 a la mañana, fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por un grupo de individuos armados vestidos de civil, quienes se movilizaban en dos automóviles, en la puerta de su domicilio, en Av. La Plata 165, de la Ciudad de Buenos Aires. Luego fue subido a un Ford Falcon y llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.
El testimonio de Jaime Norberto Nuguer, hermano de Hernán
"Mi hermano fue capturado en la puerta de su domicilio el 21 de octubre de 1977. Esa mañana, temprano, a las 8:30, salía de su casa con su madre. Iba a llevarla a su trabajo e ir a la Facultad. Mi hermano había sufrido un accidente de trabajo, se le había lesionado la médula y se le produjo una paraplejia. Se recuperó con energía, poco tiempo después podía andar con muletas, ya por 1977 tenía un automóvil ortopédico color amarillo, e iba a la Facultad en ese auto", relató el testigo. Luego contó que su hermano fue interceptado por un grupo de alrededor de ocho personas armadas. Se lo llevaron y le dijeron a la madre que irían al Departamento de Policía.
La búsqueda
"Hicimos multitudes de trámites y gestiones judiciales. Me parece importante algo: pocos días después, menos una semana después del secuestro de mi hermano, un primo de mi padre, quien tenía alguna vinculación con los marinos, nos visitó y nos dijo que había recibido información de que mi hermano Hernán estaba en la ESMA. Yo decidí ir a la ESMA. Decidí ir solo, porque me pareció riesgoso. Entonces, alguien me espero cerca. Recuero bastante claramente: era la tardecita, anochecer de los primeros días de noviembre del ´77. Creo que toqué timbre o alguien preguntó a qué había llegado. Expliqué que tenía un hermano que había sido detenido, que me habían dicho que estaba allí, que quería saber si era así", contó Jaime. Luego agregó que lo atendió un jefe de la guardia, quien le dijo que "acá se forma se forma gente, no hay detenidos".
"Nuestra aspiración sigue siendo saber cuál fue el destino de los desaparecidos", concluyó.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 14 de noviembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Militaba en la Juventud Peronista y la apodaban "Victoria". El 18 de octubre de 1977 a la mañana fue privada ilegalmente de su libertad en la estación de subterráneos Acoyte de la Línea A, en Caballito, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de individuos armados, vestidos de civil, pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3.2. Luego fue llevada a la ESMA, donde se le asignó el número 008 y permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. En febrero de 1979, con documentación falsa, obtuvo la libertad vigilada en Bolivia durante dos meses. Al regresar a la Argentina, el Grupo de Tareas le dio un pasaje aéreo comprado por la Armada, con destino a Venezuela, lugar al que Graciela viajó el 20 de abril de 1979, recuperando su libertad.
El testimonio de Graciela
En el marco de las reglas sugeridas por Casación, la sobreviviente amplió sus declaraciones anteriores.
"Me llamo Graciela Daleo, me secuestran, me van a matar. Avisen a mi papá", esas fueron las palabras de la testigo en el momento de ser capturada en la estación Acoyte. "Me introdujeron en un pequeño cuarto, donde me sacaron la capucha y parte de la ropa. Recuerdo que me dejaron la camisa. Me sacaron la pollera, las medias, los zapatos, aparte de la ropa interior. Me ataron a un camastro, un elástico que tenía encima un poco de espuma de goma. Me ataron con unas sogas las piernas y los brazos abiertos y ahí unas personas entraron. Me dijeron que estaba en sus manos, que si yo no quería hablar me iban a aplicar picana eléctrica. En realidad, sus palabras fueron: ´Te vamos a dar máquina y acá vas a hablar, vas a contar todo, quiénes son tus compañeros, qué hacés´. Me iban a interrogar sobre mi actividad política, fundamentalmente. Entonces, como yo dije que no tenía nada que decir, empezaron a aplicarme descargas eléctricas, empezó por las rodillas y el pecho, insistiendo mucho en la entrepierna, en la vagina, en los pechos", contó en la audiencia.
Memoria
Como Graciela fue sometida al trabajo esclavo, tuvo los ojos destapados, lo que le permitió registrar algunos datos que otros ex detenidos-desaparecidos no pudieron. En función de esto, durante la audiencia de hoy se le preguntó acerca de algunas víctimas de la ESMA. En particular, la testigo relató que en el cuarto destinado a las mujeres embarazadas, vio o supo que estuvieron a: Susana Pegoraro, Cristina Alfonsín, Susana Siver, Liliana Pereyra, Patricia Rosenfeld Marcuzzo, Dora Greco y Patricia Roisinblit.
Robo de bienes
"En el tercer piso del Casino, en el Pañol, se acumulaban los bienes de todo tipo: muebles, ropa, camas, palito de rollo de papel higiénico. Recuero como curiosidad casi tonta que había desde el Pañol hacia el sector central del tercer piso unos esquíes. Después fue vaciado", relató Graciela sobre el delito de robo de bienes de los detenidos-desaparecidos en la ESMA. También se refirió al robo de propiedades: "vi la existencia de un laboratorio de falsificación de documentos, sellos y otros materiales utilizados para fraguar la venta de bienes".
Sobrevivir
"Entender por qué fuimos liberados y estamos vivos es una construcción que hicimos los sobrevivientes muchos años después", sostuvo Daleo. Una de las explicaciones es la intención de los genocidas de diseminar el horror en la población, a través de lo que los sobrevivientes puedan contar. "Nos liberaron porque eran dueños de la vida y de la muerte. Ellos decidían quién vivía y quién moría", agregó.
El caso de Hernán Gerardo Nuguer (871)
Tenía 26 años de edad, estudiaba y militaba en el Partido Comunista. El 21 de octubre de 1977 a la mañana, fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por un grupo de individuos armados vestidos de civil, quienes se movilizaban en dos automóviles, en la puerta de su domicilio, en Av. La Plata 165, de la Ciudad de Buenos Aires. Luego fue subido a un Ford Falcon y llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.
El testimonio de Jaime Norberto Nuguer, hermano de Hernán
"Mi hermano fue capturado en la puerta de su domicilio el 21 de octubre de 1977. Esa mañana, temprano, a las 8:30, salía de su casa con su madre. Iba a llevarla a su trabajo e ir a la Facultad. Mi hermano había sufrido un accidente de trabajo, se le había lesionado la médula y se le produjo una paraplejia. Se recuperó con energía, poco tiempo después podía andar con muletas, ya por 1977 tenía un automóvil ortopédico color amarillo, e iba a la Facultad en ese auto", relató el testigo. Luego contó que su hermano fue interceptado por un grupo de alrededor de ocho personas armadas. Se lo llevaron y le dijeron a la madre que irían al Departamento de Policía.
La búsqueda
"Hicimos multitudes de trámites y gestiones judiciales. Me parece importante algo: pocos días después, menos una semana después del secuestro de mi hermano, un primo de mi padre, quien tenía alguna vinculación con los marinos, nos visitó y nos dijo que había recibido información de que mi hermano Hernán estaba en la ESMA. Yo decidí ir a la ESMA. Decidí ir solo, porque me pareció riesgoso. Entonces, alguien me espero cerca. Recuero bastante claramente: era la tardecita, anochecer de los primeros días de noviembre del ´77. Creo que toqué timbre o alguien preguntó a qué había llegado. Expliqué que tenía un hermano que había sido detenido, que me habían dicho que estaba allí, que quería saber si era así", contó Jaime. Luego agregó que lo atendió un jefe de la guardia, quien le dijo que "acá se forma se forma gente, no hay detenidos".
"Nuestra aspiración sigue siendo saber cuál fue el destino de los desaparecidos", concluyó.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 14 de noviembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
18 11 2013
TESTIMONIOS
110. "Los cuerpos de las mujeres eran considerados como botín de guerra"
Lo denunció Silvia Labayrú, sobreviviente de la ESMA. También declararon Hugo César Marcelo Ramón, hijo de Hugo, ex detenido-desaparecido; y Leonardo Fermín Martínez, otro sobreviviente.
El caso de Silvia Labayrú (170)
Tenía 20 años de edad. El 29 de diciembre a la tarde fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, mientras caminaba por la calle Azcuénaga, casi esquina Juncal, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El operativo fue realizado por varios integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 vestidos de civil, quienes la interceptaron, la golpearon y la introdujeron en un automóvil. En ese momento, Silvia estaba embarazada de cinco meses.
La víctima fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Entre otras formas de tortura, le exhibieron el cadáver de su cuñada, María Cristina Lennie (caso 283). La hija de Silvia, Vera (caso 171), nació en cautiverio. El parto estuvo a cargo del Dr. Magnacco. En la ESMA, Silvia fue sometida al trabajo esclavo y fue liberada el 16 de junio de 1978. Después de una semana, viajó con su hija a Madrid, España, con pasajes suministrados por sus captores.
El testimonio de Silvia (videoconferencia)
La sobreviviente amplió su declaración en el marco de las reglas de abreviación sugeridas por Casación para agilizar los tiempos de los juicios y para evitar la revictimización.
Lo primero que le preguntaron a Silvia estuvo referido a su secuestro y, particularmente, a una de las personas que pudo identificar como captor: “Panceta”. Ante esto, dijo: “Fue una de las personas que participó en mi secuestro. El nombre que yo conocía en ese momento era `Panceta´, después oí que esa persona se llama Linch Jones (imputado en este juicio)”. Además, sostuvo que “lo vi varias veces en la ESMA, en el Sótano”.
Otra de las preguntas se refirió a “Pedro Morón”: “lo conocí mucho. Era jefe de guardia. Luego supe que se llamaba Víctor”. Silvia también identificó a otro de los represores: “Pedro Bolita” (Carlos Galián, imputado). Sobre él dijo que estaba vinculado al trato con las detenidas-desaparecidas embarazadas y sus bebés nacidos en cautiverio. Después le preguntaron por otras víctimas, para ampliar información sobre los secuestros en la ESMA, y por otros imputados.
“Nuestros cuerpos eran considerados como botín de guerra”
Cuando le preguntaron a Silvia acerca de si los tratos en la ESMA eran diferentes entre las mujeres y los hombres, ella dijo que los cuerpos de las mujeres eran “considerados como botín de guerra. Algo muy habitual era la violencia sexual. Es un clásico de todas las historias de la guerra y en este caso no fue una excepción. Hubo un tratamiento diferencial entre hombres y mujeres”, ratificó. Luego sostuvo que supo de muchos casos de violencia sexual: “desde las violaciones clásicas al chantaje sexual. Me relataron casos de violaciones a secuestradas tiradas en colchonetas. Por el testimonio de Santiago Lennie (caso 204), quien estuvo durante un mes y medio en una cucheta, supe que al lado suyo había una chica a la cual violaban sistemáticamente los guardias. Era algo continuado. Hasta había distintas modalidades de abuso, de apropiación del cuerpo de las secuestradas. Muchas secuestradas y sobrevivientes fueron y fuimos víctimas de esas prácticas de chantaje sexual dentro de la ESMA”.
Denuncia de violencia sexual
Silvia, al igual que otros sobrevivientes, declaró haber sido llevada a una Quinta en Del Viso: “me llevaron varias veces. La primera vez que me llevaron fue la primera vez que vi a mi hija Vera después de que me fue quitada en la ESMA a los 10 días (de nacer). Una vez (Juan) Alemann intentó violarme en la Quinta con mi hija en brazos. En esa Quinta ocurrían cosas y se usaba para distintas actividades. A veces iba Massera”.
El horror sistemático
“Es la última vez que voy a declarar en un juicio así. Quiero agradecer a las personas que me ayudaron a sobrevivir dentro y fuera de la ESMA”, dijo Silvia antes de concluir su declaración testimonial. “Voy a poner el acento en el carácter sistemático con el cual se desarrollaron los hechos en la ESMA, la forma sistemática en la que se exterminó a los grupos armados, familiares, intelectuales, escritores. Hubo una absoluta sistematización en el exterminio, en la forma en la que se apropiaron los bienes. El intento y la materialización de la apropiación de bienes fue extraordinariamente eficaz. La apropiación de hijos y la sistematización del uso de los cuerpos de las mujeres como botín de guerra dentro de la ESMA, fue altamente eficaz. Espero y confío en que se haga justicia y que con el tiempo podamos acceder a la verdad acerca del destino de las personas que fueron asesinadas, y el destino de los más de 400 niños que fueron apropiados y de quienes aún no conocemos su paradero”.
El caso de Hugo Chaer (354)
Tenía 44 años de edad. El 11 de agosto de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. El operativo fue realizado por personal del SIN (Servicio de Inteligencia Naval). Hugo fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Recuperó su libertad a fines de septiembre de 1977 y murió en 1987.
El testimonio de Hugo César Marcelo Ramón, hijo de Hugo
“Mi padre era abogado laboralista, defendía a sindicatos. El 11 de agosto de 1977 salía de la UTA, lo llevaba otra persona, una abogada que también trabajaba en el sindicato. Lo acercaba con el auto, iba al Ministerio de Trabajo, donde tenía una audiencia. La abogada se llama Sánchez. A las pocas cuadras de salir, hay un operativo con varios autos que cortaron el tránsito. Las personas se identificaron como policías. Estaban armados y preguntaron si mi padre era el Dr. Chaer. Cuando dijo que sí, lo subieron a un vehículo a los empujones y lo tiraron al piso. Fue el momento en que lo secuestraron. Después, nosotros, mi familia, nos enteramos porque esta persona que lo acompañaba nos hizo saber lo ocurrido, llamó a un pariente avisando lo que había sucedido”, contó el testigo.
“Mi padre estuvo secuestrado hasta el 26 de septiembre de ese mismo año. Apareció en horas de la madrugada, después de la medianoche, por la zona de los bosques de Palermo. Lo dejaron ahí. Le dijeron: `Contá hasta 1.000 para darte vuelta´. Buscó un taxi para poder regresar”, sostuvo el hijo de Hugo.
La ESMA
“Estuvo en la ESMA; lo pudo saber porque, si bien tenía una venda en los ojos, en una oportunidad pudo ver un cartel con una publicidad de Gilette, que identificó que estaba ahí, en Avenida Libertador, en zona de la ESMA.
Abogado peronista
“Mi padre era peronista. Como abogado de sindicatos, estaba absolutamente relacionado con la actividad política. Era reconocido no sólo como abogado laboralista, sino como abogado peronista”.
“Me parece que lo único que puedo decir es que cuando mi padre apareció el 26 de septiembre estaba muy deteriorado físicamente, my delgado, avejentado. La imagen era de un anciano, una persona muy mayor, creo que es lo único que me había quedado por señalar”, dijo el testigo para finalizar su declaración.
El caso de Leonardo Fermín Martínez (369)
Tenía 24 años de edad y lo apodaban “Bichi”. El 18 de septiembre de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, alrededor de las 16:00 horas, en la Estación de Béccar. El operativo estuvo a cargo de integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes lo encapucharon, lo tiraron en un auto y lo golpearon. Luego fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida.
Leonardo militaba en el Movimiento Nacional Villero Peronista. Fue liberado a mediados de julio de 1980.
El testimonio de Leonardo
“El domingo 18 se septiembre voy con otra persona a la Estación Béccar. Es un cadete de la ESMA conocida, al cual acompaño. Un grupo de personas se me viene encima y empiezan a decir que son policías antidrogas. Empiezan a golpearme, me ponen contra una pared. Yo empiezo a decir que soy fulano, que me están secuestrando, avisen a mi familia. Trato de tirarme hacia la vía, me vuelve a agarrar una persona robusta a la que le dicen el colorado Norberto. Me ponen una capucha en la cabeza, me tiran dentro de un auto, se suben arriba mío, me dicen `vos sos Bichi, del Movimiento Villero, sabemos quién sos vos´”.
La ESMA
“Me suben al auto, me van golpeando, haciendo preguntas sobre mi actividad política. Yo trato, dentro de lo que puedo, de tantear a dónde me llevaban. Deduzco que era la ESMA por el recorrido breve que se hizo. Entra a la Escuela. Piden entrar. Selenio, selenio. Vamos a la parte donde Capucha. Para en el estacionamiento, me sacan la capucha, veo que es la ESMA. Apenas bajo entran a sacarme la ropa. Van bajando una escalera, al cuarto de interrogatorios y me empiezan a atar a un camastro. Entra (Héctos) Febres y me interroga”, contó el sobrevivientes de la ESMA. Después, narró que ingresaron a la sala detenidos-desaparecidos a quienes conocía de antes, para que los represores lograran “ablandarlo” para hablar. Luego se fueron y regresó Febres con Pernías. “Estaba con una sábana blanca, desnudo, todo lastimado, me estaban lastimando los brazos y las piernas, me estaba chorreando sangre. Me dan picana en la parte íntima y en las que tenía lastimadas”.
“Gracias por poder decir lo que me viene a la memoria hoy. Ellos tienen una oportunidad que no tuvimos nosotros de tener un juicio”, dijo al finalizar.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 20 de noviembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma
Tenía 20 años de edad. El 29 de diciembre a la tarde fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, mientras caminaba por la calle Azcuénaga, casi esquina Juncal, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El operativo fue realizado por varios integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 vestidos de civil, quienes la interceptaron, la golpearon y la introdujeron en un automóvil. En ese momento, Silvia estaba embarazada de cinco meses.
La víctima fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Entre otras formas de tortura, le exhibieron el cadáver de su cuñada, María Cristina Lennie (caso 283). La hija de Silvia, Vera (caso 171), nació en cautiverio. El parto estuvo a cargo del Dr. Magnacco. En la ESMA, Silvia fue sometida al trabajo esclavo y fue liberada el 16 de junio de 1978. Después de una semana, viajó con su hija a Madrid, España, con pasajes suministrados por sus captores.
El testimonio de Silvia (videoconferencia)
La sobreviviente amplió su declaración en el marco de las reglas de abreviación sugeridas por Casación para agilizar los tiempos de los juicios y para evitar la revictimización.
Lo primero que le preguntaron a Silvia estuvo referido a su secuestro y, particularmente, a una de las personas que pudo identificar como captor: “Panceta”. Ante esto, dijo: “Fue una de las personas que participó en mi secuestro. El nombre que yo conocía en ese momento era `Panceta´, después oí que esa persona se llama Linch Jones (imputado en este juicio)”. Además, sostuvo que “lo vi varias veces en la ESMA, en el Sótano”.
Otra de las preguntas se refirió a “Pedro Morón”: “lo conocí mucho. Era jefe de guardia. Luego supe que se llamaba Víctor”. Silvia también identificó a otro de los represores: “Pedro Bolita” (Carlos Galián, imputado). Sobre él dijo que estaba vinculado al trato con las detenidas-desaparecidas embarazadas y sus bebés nacidos en cautiverio. Después le preguntaron por otras víctimas, para ampliar información sobre los secuestros en la ESMA, y por otros imputados.
“Nuestros cuerpos eran considerados como botín de guerra”
Cuando le preguntaron a Silvia acerca de si los tratos en la ESMA eran diferentes entre las mujeres y los hombres, ella dijo que los cuerpos de las mujeres eran “considerados como botín de guerra. Algo muy habitual era la violencia sexual. Es un clásico de todas las historias de la guerra y en este caso no fue una excepción. Hubo un tratamiento diferencial entre hombres y mujeres”, ratificó. Luego sostuvo que supo de muchos casos de violencia sexual: “desde las violaciones clásicas al chantaje sexual. Me relataron casos de violaciones a secuestradas tiradas en colchonetas. Por el testimonio de Santiago Lennie (caso 204), quien estuvo durante un mes y medio en una cucheta, supe que al lado suyo había una chica a la cual violaban sistemáticamente los guardias. Era algo continuado. Hasta había distintas modalidades de abuso, de apropiación del cuerpo de las secuestradas. Muchas secuestradas y sobrevivientes fueron y fuimos víctimas de esas prácticas de chantaje sexual dentro de la ESMA”.
Denuncia de violencia sexual
Silvia, al igual que otros sobrevivientes, declaró haber sido llevada a una Quinta en Del Viso: “me llevaron varias veces. La primera vez que me llevaron fue la primera vez que vi a mi hija Vera después de que me fue quitada en la ESMA a los 10 días (de nacer). Una vez (Juan) Alemann intentó violarme en la Quinta con mi hija en brazos. En esa Quinta ocurrían cosas y se usaba para distintas actividades. A veces iba Massera”.
El horror sistemático
“Es la última vez que voy a declarar en un juicio así. Quiero agradecer a las personas que me ayudaron a sobrevivir dentro y fuera de la ESMA”, dijo Silvia antes de concluir su declaración testimonial. “Voy a poner el acento en el carácter sistemático con el cual se desarrollaron los hechos en la ESMA, la forma sistemática en la que se exterminó a los grupos armados, familiares, intelectuales, escritores. Hubo una absoluta sistematización en el exterminio, en la forma en la que se apropiaron los bienes. El intento y la materialización de la apropiación de bienes fue extraordinariamente eficaz. La apropiación de hijos y la sistematización del uso de los cuerpos de las mujeres como botín de guerra dentro de la ESMA, fue altamente eficaz. Espero y confío en que se haga justicia y que con el tiempo podamos acceder a la verdad acerca del destino de las personas que fueron asesinadas, y el destino de los más de 400 niños que fueron apropiados y de quienes aún no conocemos su paradero”.
El caso de Hugo Chaer (354)
Tenía 44 años de edad. El 11 de agosto de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. El operativo fue realizado por personal del SIN (Servicio de Inteligencia Naval). Hugo fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Recuperó su libertad a fines de septiembre de 1977 y murió en 1987.
El testimonio de Hugo César Marcelo Ramón, hijo de Hugo
“Mi padre era abogado laboralista, defendía a sindicatos. El 11 de agosto de 1977 salía de la UTA, lo llevaba otra persona, una abogada que también trabajaba en el sindicato. Lo acercaba con el auto, iba al Ministerio de Trabajo, donde tenía una audiencia. La abogada se llama Sánchez. A las pocas cuadras de salir, hay un operativo con varios autos que cortaron el tránsito. Las personas se identificaron como policías. Estaban armados y preguntaron si mi padre era el Dr. Chaer. Cuando dijo que sí, lo subieron a un vehículo a los empujones y lo tiraron al piso. Fue el momento en que lo secuestraron. Después, nosotros, mi familia, nos enteramos porque esta persona que lo acompañaba nos hizo saber lo ocurrido, llamó a un pariente avisando lo que había sucedido”, contó el testigo.
“Mi padre estuvo secuestrado hasta el 26 de septiembre de ese mismo año. Apareció en horas de la madrugada, después de la medianoche, por la zona de los bosques de Palermo. Lo dejaron ahí. Le dijeron: `Contá hasta 1.000 para darte vuelta´. Buscó un taxi para poder regresar”, sostuvo el hijo de Hugo.
La ESMA
“Estuvo en la ESMA; lo pudo saber porque, si bien tenía una venda en los ojos, en una oportunidad pudo ver un cartel con una publicidad de Gilette, que identificó que estaba ahí, en Avenida Libertador, en zona de la ESMA.
Abogado peronista
“Mi padre era peronista. Como abogado de sindicatos, estaba absolutamente relacionado con la actividad política. Era reconocido no sólo como abogado laboralista, sino como abogado peronista”.
“Me parece que lo único que puedo decir es que cuando mi padre apareció el 26 de septiembre estaba muy deteriorado físicamente, my delgado, avejentado. La imagen era de un anciano, una persona muy mayor, creo que es lo único que me había quedado por señalar”, dijo el testigo para finalizar su declaración.
El caso de Leonardo Fermín Martínez (369)
Tenía 24 años de edad y lo apodaban “Bichi”. El 18 de septiembre de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, alrededor de las 16:00 horas, en la Estación de Béccar. El operativo estuvo a cargo de integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes lo encapucharon, lo tiraron en un auto y lo golpearon. Luego fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida.
Leonardo militaba en el Movimiento Nacional Villero Peronista. Fue liberado a mediados de julio de 1980.
El testimonio de Leonardo
“El domingo 18 se septiembre voy con otra persona a la Estación Béccar. Es un cadete de la ESMA conocida, al cual acompaño. Un grupo de personas se me viene encima y empiezan a decir que son policías antidrogas. Empiezan a golpearme, me ponen contra una pared. Yo empiezo a decir que soy fulano, que me están secuestrando, avisen a mi familia. Trato de tirarme hacia la vía, me vuelve a agarrar una persona robusta a la que le dicen el colorado Norberto. Me ponen una capucha en la cabeza, me tiran dentro de un auto, se suben arriba mío, me dicen `vos sos Bichi, del Movimiento Villero, sabemos quién sos vos´”.
La ESMA
“Me suben al auto, me van golpeando, haciendo preguntas sobre mi actividad política. Yo trato, dentro de lo que puedo, de tantear a dónde me llevaban. Deduzco que era la ESMA por el recorrido breve que se hizo. Entra a la Escuela. Piden entrar. Selenio, selenio. Vamos a la parte donde Capucha. Para en el estacionamiento, me sacan la capucha, veo que es la ESMA. Apenas bajo entran a sacarme la ropa. Van bajando una escalera, al cuarto de interrogatorios y me empiezan a atar a un camastro. Entra (Héctos) Febres y me interroga”, contó el sobrevivientes de la ESMA. Después, narró que ingresaron a la sala detenidos-desaparecidos a quienes conocía de antes, para que los represores lograran “ablandarlo” para hablar. Luego se fueron y regresó Febres con Pernías. “Estaba con una sábana blanca, desnudo, todo lastimado, me estaban lastimando los brazos y las piernas, me estaba chorreando sangre. Me dan picana en la parte íntima y en las que tenía lastimadas”.
“Gracias por poder decir lo que me viene a la memoria hoy. Ellos tienen una oportunidad que no tuvimos nosotros de tener un juicio”, dijo al finalizar.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 20 de noviembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma

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