OPINION
Los índices y la historia
La baja del desempleo, un avance que se sostiene. Trabajo informal, un piso que no se perfora. Vistazo sobre el empleo y la clase trabajadora, de Perón para acá. Primeras cifras del Progresar: virtudes y desafíos. Interés en Escandinavia sobre un gran filósofo nacional. Y varios asuntos más.
Por Mario Wainfeld
Imagen: Ana Dangelo
El índice de desempleo para fin del año pasado llegó al 6,4 por ciento, lo que subraya una tendencia sostenida desde el año 2003. Es uno de los logros esenciales del kirchnerismo que se mantuvo con fluctuaciones aun durante la crisis de 2008 y 2009. El compromiso gubernamental con la “cultura del trabajo” es una de sus características esenciales. La “herencia recibida” de las políticas neoliberales del peronismo menemista y la Alianza superaba el 20 por ciento de desocupación. La defensa de los niveles vigentes es un desafío para este año, en un contexto económico dificultoso, acaso el más arduo de la experiencia oficialista. Se produjo una reducción respecto del año anterior aunque es forzoso subrayar que no es derivación de la creación intensiva de puestos de trabajo formal sino de la merma del número de personas que buscan trabajo. Lo sustancial, se insiste, no es el record (relativo y relativizable) sino el mantenimiento de una firme tendencia. El trabajo formal creció en consonancia con la capacidad adquisitiva del salario y el poder de los sindicatos. Como contracara, subsiste un alto nivel de empleo informal estabilizado desde hace años en alrededor de un tercio de la clase trabajadora. Es una marca preocupante. El economista Fernando Porta señala que los niveles de empleo y de informalidad deben considerarse estructurales o sea muy resistentes a la baja. Lo hizo en un encuentro del sector de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) que lidera Hugo Yasky. El trabajo, que se compartió amablemente con Página/12, está pronto a editarse bajo el título “Competitividad, productividad y el rol del sindicalismo”. Porta deduce que son necesarias nuevas políticas industriales y aun la revisión de ciertos diagnósticos caros al kirchnerismo. Recuerda que la tasa de desempleo en los años ’70 fluctuaba entre el 2,5 y el tres por ciento mientras en los ’80 oscilaba entre el 4 y el 5 por ciento. Eran otros trances, claro: vale la pena una mirada retrospectiva.
- - -Los treinta gloriosos, versión criolla: El Estado benefactor instalado por el primer peronismo acunó una etapa única de distribución de riqueza y generación de trabajo. No fue un fenómeno asombroso en el planeta, aunque tuvo peculiaridades profundas. Como pasó en otras latitudes, surgió en la llamada posguerra y proyectó sus efectos hasta 1975 (tiempos del Rodrigazo) o el año siguiente, con la instauración de la dictadura cívico-militar. En otras latitudes se habla de los “treinta años gloriosos”. La Argentina también los tuvo. A su modo, signado por el paradigma plebeyo e inclusivo del peronismo, su posterior proscripción y por la inestabilidad institucional. En aquellas épocas, mayormente se conseguía trabajo y, promediando mucho, el que laburaba “paraba la olla”. No se habla de plena igualdad, por cierto, pero sí de una vivencia extendida: con el trabajo, “se podía vivir” en una sociedad menos desigual que la actual, similarmente igualitaria y más acogedora.
La dictadura arrasó con muchas instituciones del Estado benefactor, barrió conquistas laborales consecuencia de luchas prolongadas. Disciplinó por vía del terror aunque tuvo una cierta cautela para privatizar y promover despidos. Hablamos, claro, en términos comparativos no tanto con lo ocurrido antes, sino con lo que pasaría después. El cuidado con el desempleo seguramente abrevaba en una concepción propia de la “guerra fría”, todavía vigente: las masas sin trabajo podían ser caldo de cultivo para la izquierda o “la subversión”. Comparada con la etapa peronista y su “derrame” ulterior fue un retroceso cualitativo... si se la coteja con el neoconservadurismo de la etapa democrática fue menos brutal. Por si hace falta, se aclara que sí sentó las bases para esas políticas ulteriores y que la represión también fue instrumento disciplinador. El menemismo advino casi simultáneamente con la caída del Muro de Berlín y el cese de “la amenaza roja”. Formó parte de una ola privatizadora y despectiva de los derechos laborales. Llevó al paroxismo las tendencias internacionales: privatizó a mansalva, a bajo precio y sin conservar resortes básicos de la economía. La embestida contra los de derechos sociales (incluyendo el más básico, el de trabajar) llegó a fondo. Se demolió una construcción muy sólida, incomparable en la región. La hiperinflación y el fracaso de la experiencia alfonsinista allanaron el camino. El contorno internacional lo alentaba, la ferocidad del menemismo y su falta de escrúpulos hizo el resto. La Alianza ofreció maquillar al modelo neoliberal (ambición mediocre que delataba su sumisión ideológica): no pudo cumplir tan siquiera esa promesa.
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El peor mapa: Desde, redondeemos, el ’45 hasta entrados los ’70 la Argentina fue un país de primera en normativa laboral, grado de sindicalización y relativa equidad. Con pleno empleo y un abanico salarial no tan amplio. El mapa social se reconfiguró en los ‘90. El imaginario del sindicalismo dominante, digamos cegetista, quedó “clavado” en los mejores años: sin propuestas para la desocupación, casi sin mirada para los laburantes sin conchabo. La CTA, nacida precisamente en la era menemista, desde el vamos incluyó a los desocupados y a los movimientos sociales en su concepción y en su armado. Esa es una de sus fortalezas genéticas, una de sus limitaciones es ser básicamente un agrupamiento de gremios estatales con poca inserción en los de actividad privada. La Marcha Federal, organizada en 1994 por Víctor De Gennaro, confluyó en la Plaza de Mayo y puso en escena una nueva conformación de la clase trabajadora, mucho menos homogénea que aquella que vivó a Perón el 17 de octubre. El kirchnerismo recibió un país devastado, con millones de desocupados, hogares destruidos, ciudades y pueblos productivos vaciados. A once años vista, el panorama mejoró marcadamente, aunque los indicadores se amesetaron.
Nuevo, para la experiencia nacional, es el esquema sociolaboral, inéditamente amplio el abanico de ingresos y perspectivas. La desigualdad dentro de la clase trabajadora no reproduce etapas previas, aunque se ha mitigado mucho la desocupación. Las circunstancias y el designio gubernamental incentivaron o reavivaron la capacidad de lucha de la clase trabajadora.
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Cambios y adaptaciones: Las paritarias que están comenzando aspiran a mantener la capacidad adquisitiva de los ingresos, mientras el Gobierno trata de sofrenar la inflación. Los instrumentos de estos años no han bastado para alterar la proporción del trabajo “en negro” que es, básicamente, incumplimiento patronal de las reglas. Los gobiernos elegidos desde 2003 han tenido rumbos y objetivos sostenidos aunque han sabido variar sus instrumentos. En la presidencia de Néstor Kirchner primó la clásica concepción laborista del peronismo o, aun, el neodesarrollismo de los partidos nacional-populares. La clave, casi única, era reparar las injusticias, poner en funcionamiento el aparato productivo, restaurar las principales leyes e instituciones laborales y sindicales. Hubo pocas estatizaciones, en altas dosis forzadas por el abandono o la barbarie de los concesionarios: el Correo y la empresa Aysa, las más conspicuas. Durante los mandatos de la presidenta Cristina Kirchner se acentuaron el intervencionismo y el estatismo. Se reestatizó el sistema jubilatorio y años después se renacionalizó YPF. El oficialismo asumió que el trabajo podía no bastar para obtener una entrada digna o, por ponerlo de otra forma, la existencia de pobreza por ingresos. La Asignación Universal por Hijo (AUH) capitalizó una propuesta que se rechazaba al principio, en virtud de una lectura ya anacrónica de los alcances del potencial del trabajo.
Las movidas del primer gobierno de Cristina fructificaron velozmente y abonaron el camino de la reelección. Las subsiguientes son de cosecha más trabajosa. El ejemplo de YPF es cabal. El acuerdo celebrado con Repsol –esperan con buena lógica en el Gobierno– incentivará la llegada de inversiones extranjeras productivas. En corto, mejorará la ecuación financiera nacional. El rinde cabal llegará en el mediano plazo, ni el más optimista imagina que sea este año o el próximo. De cualquier manera, la actividad energética dinamiza la economía de las provincias petroleras y genera actividad. La atención oficial no se constriñe a la búsqueda de capitales, objetivo al que apuntan las tratativas con el Club de París. También se vuelca en programas sociales complejos, como el Pro.Cre.Ar y el Progresar. La Presidenta anunció los primeros números de este plan, que combina política de ingresos con condicionalidades educativas y de formación profesional. El conjunto elegido es vulnerable: jóvenes de sectores populares de 18 a 24 años. Su tasa de desempleo triplica la media nacional.
La suma de los potenciales beneficiarios es ardua: la primera estimación del Gobierno ascendió a un millón medio. Hasta ahora hay más de 504.000 inscriptos de los cuales más de 185.000 recibirán en marzo los primeros pagos por haber cumplido todos los requisitos. Sin información oficial disponible, todo indica que muchos ya estaban tutelados por políticas educativas o laborales menos amplias: el programa Fines o el Jóvenes. Dentro del universo de pibas y pibes a tutelar seguramente queda pendiente el que exigirá mayor esfuerzo de convocatoria: quienes estaban menos incluidos de antemano. Menudo reto para las provincias, las municipalidades, las reparticiones nacionales, la militancia territorial, las parroquias, las organizaciones sociales. La formación es un afán encomiable pero no bastará para asegurar la entrada al empleo formal. Incluir y ayudar “en la diaria” es un primer paso. Pero un laburante “empleable” no crea, por sí, un nuevo puesto de trabajo. Menos en términos masivos, que dependen del funcionamiento económico general.
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Un filósofo ahí: El decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo le escribe, alborozado, a su rebelde discípulo: el politólogo sueco que hace su tesis de posgrado sobre Argentina. “Déjeme de embromar con ese gobierno y con esa presidenta que tanto alaba. Y acabe con sus diatribas contra la burguesía nacional. Me he enterado de que lo que usted llama el establishment está preparando un documento (re)fundacional y se lo ha confiado a un gran filósofo. Acá se conoce tan poco... nada encuentro sobre ese sabio que indicará el camino del futuro. Cuénteme algo sobre él. Y pronto”. El politólogo elige contestar alentando el entusiasmo de su jefe y sponsor. “Tiene razón, profesor. Santiago Kovadloff es un gran sabio, heredero de las mejores tradiciones de Occidente. La sociedad argentina está en vilo aguardando su escrito. Las grandes empresas lo esperan con ansiedad. No será una retahíla de lugares comunes mediáticos ni una repetida sarta de lugares comunes opositores. Marcará un cambio de época. Un solo temor aqueja a los empresarios: que el gran humanista les pida, siguiendo las enseñanzas del papa Francisco, que moderen su codicia y afán de lucro. Si lo hiciera, se verían obligados a observar esas enseñanzas. Tales el prestigio y la imparcialidad del Maestro”.
El politólogo ríe con ganas, remite copia oculta a la pelirroja progre, cada día más cristinista. La ha perdido de vista porque ella anda controlando Precios Cuidados en una perenne recorrida de góndolas. Esa militancia, a la que acaso no sean ajenos jóvenes militantes de La Cámpora, aviva los celos de nuestro amigo. El mensaje funciona: el celular suena pronto, una carcajada cantarina y prometedora resuena del otro lado de la línea.
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Los unos y los otros: Las carencias conceptuales y discursivas de la oposición real, la fáctica, conforman el cuadro de situación. Críticos del oficialismo, no todos intratables, cuestionan a quienes lo siguen bancando pese a que se atraviesa una etapa complicada y a que muchos de los instrumentos del kirchnerismo han perdido eficacia. ¿Por qué confiar en que el Gobierno puede repechar esa cuesta? La respuesta está dada, en parte, por lo relatado antes: porque el kirchnerismo no ha sido lineal en su trayectoria, ha sabido adecuarse a los cambios (deseados o no) de la década manteniendo sus banderas. Y también, en una actividad competitiva como es la política democrática, porque su oferta sigue siendo mucho más interesante y afín a los intereses populares que las de sus alternativas posibles. El primer Juan Domingo Perón, el presidente y líder de aquellos tiempos felices e irrepetibles, bromeaba apenas cuando decía: “No es que nosotros hayamos sido tan buenos, es que los otros eran peores”. En un mundo en el que las derechas avanzan con visiones estrechas y hasta salvajes, la frase del General no suena tanto a modesta como a lúcidamente irónica.
Los números sobre la mesa
Por Mario Wainfeld
La Paritaria Nacional Docente (PND) pasó a cuarto intermedio, las negociaciones se retomarán en los próximos días. Las cinco representaciones gremiales rechazaron la oferta del Gobierno. Si ésta no mejora, habrá un laudo oficial y un escenario de conflicto que impactará en la vida cotidiana de millones de argentinos de a pie.
Como es sabido, la PND no determina los sueldos de los maestros que son fijados en las 24 jurisdicciones provinciales. Su función es demarcar un piso, que sirve de base a las convenciones colectivas en los distritos.
La representación oficial fue especialmente nutrida, estuvieron el jefe de Gabinete y los ministros de Economía, Educación y Trabajo. Desde el Gobierno explican que esas intervenciones dan cuenta de la importancia que le atribuyen a las tratativas.
La oferta no satisfizo a los gremios ni por el porcentaje total de 22 por ciento (inferior al del año pasado) ni por su fragmentación en cuotas. También cuestionan que el salario básico testigo queda por debajo del Salario Mínimo Vital y Móvil.
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El Estado nacional, es sabido, no es el empleador de los maestros desde que se practicó la feroz descentralización educativa. Sí paga los haberes de docentes y no docentes de las Universidades públicas que tienen sus propias negociaciones.
El aspecto más interesante del encuentro es una oferta realizada por el Gobierno. Se trata de dos pagos de mil pesos cada una, por cuenta de la Nación, en concepto de (y sujeto a) presentismo.
Los gremialistas valoran el gesto (que tiene un impacto fiscal de 2000 millones de pesos) pero cuestionan el monto y la imputación. Se oponen a que se ate el pago al presentismo, controlado por las autoridades provinciales. Concuerdan en que debe debatirse el ausentismo docente pero argumentan que no es ese el modo ni el ámbito. Lo que sugirieron, en la informalidad de la mesa, es que el aporte nacional se exprese como un aumento del Fondo de Incentivo Docente. Y que la suma, que significa un alivio para las cuentas provinciales, sea sensiblemente mayor.
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Todas las provincias tienen sus cuitas y son muy desiguales entre sí. Pero Buenos Aires es el núcleo de las preocupaciones de las dos partes que se acodan a la mesa. Los sindicalistas señalan que los sueldos de “la provincia” son los más bajos de la Zona Centro. Los superan Córdoba, Santa Fe y (más recientemente) la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La cuestión es peliaguda para el oficialismo porque son territorios gobernados por partidos opositores.
Los cuestionamientos al gobernador Daniel Scioli son un factor común si se charla informalmente con las dos partes, pero el modo de gestionarlos los diferencia mucho.
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La PND no es una experiencia única en la región pero sí bastante inusual. Fue un reclamo histórico de los docentes, que se plasmó durante el mandato del presidente Néstor Kirchner. Es una paritaria inusual, porque funge básicamente de “caso testigo” y concierne al sector público. El hecho de suceder a principio de año la convierte en referencia para las negociaciones de los privados, de las que difiere mucho. Una floja praxis hace que comience casi al mismo tiempo que las clases, lo que cataliza el nerviosismo y dificulta discurrir las diferencias.
Las cuatro primeras paritarias terminaron con un acuerdo, en los comienzos el Gobierno impulsó “para arriba” los montos. En las dos últimas no hubo consenso por lo que el Gobierno “laudó” (fijó unilateralmente), solución legal e insatisfactoria. Su reiteración, un escenario bastante factible, resintiría la solidez de una institución que ambas partes quieren y deben preservar.
Las distancias en las cifras fueron grandes. Hubo moderación y ahorro de adjetivos en el tono de la conversación y las declaraciones periodísticas ulteriores. La intención oficial de invertir una suma importante y el afán de todos de sostener una institución digna (y difícil) de defender son factores comunes. El horizonte es complicado pero, mientras la mesa está tendida, todo es posible.
Fuente:Pagina12
ante un nuevo aniversario del primer triunfo de perón
El debate necesario para consolidar el modelo
Los postulados históricos del peronismo y la necesidad de abrir el debate para una reforma constitucional
Por: Marcelo Duhalde
Mañana se cumplen 68 años del primer triunfo electoral del peronismo, logrado el 24 de febrero de 1946. Como muchas veces lo hizo a lo largo del tiempo, el peronismo no fue en esas elecciones con su nombre y apellido, sino conformando un frente electoral en el que mantenía como siempre la conducción política.
Posteriormente, el Movimiento Peronista creó como una herramienta el Partido Justicialista, que es sólo un elemento para ordenarse frente a las elecciones. Está demostrado, desde hace muchos años, que el PJ es una sumatoria de partidos provinciales en los que cada uno tiene sus propios intereses y los caudillos locales marcan la línea a su conveniencia y especulan oportunistamente, alejados de la concepción transformadora del peronismo hasta que desde la conducción nacional los llaman a sosiego.
El General Perón tenía claro, y así lo manifestó innumerables veces, que lo verdaderamente importante y central era el Movimiento Peronista, que al decir de Cooke representaba en sí mismo todas las contradicciones de la sociedad.
Nunca nadie, ni su fundador, pudieron dar patente de quién era o no peronista. Ni aun cuando el propio Perón en 1974 expulsó a los ocho diputados nacionales por haber renunciado a sus bancas, manifestando el desacuerdo con las reformas legislativas represivas que planteaba el ejecutivo, pudo decirles que no eran peronistas.
Sabemos que lo importante no es quién se dice peronista, ni quién utiliza su simbología, sino quién hace realmente peronismo, lo que entiende el pueblo argentino por peronismo, que no es más que trabajar bajo el legado de Perón y de Evita en la construcción de una sociedad más justa bajo las tres banderas históricas, mediante el crecimiento de la industria nacional, la transferencia del ingreso del sector agroexportador a la industria, la participación del Estado en la economía, la ampliación del mercado interno y la expansión del empleo, para lograr la tan ansiada felicidad del pueblo.
Esto es lo que nos legó Néstor Kirchner y es lo que lleva adelante la Compañera Cristina en su accionar desde 2007, poniendo, además, énfasis en la creación de políticas en defensa de los Derechos Humanos, en la lucha por la igualdad de género, contra la trata de personas, el matrimonio igualitario, entre otros aspectos medulares en la agenda del progreso social.
Hoy vemos como inventos mediáticos, de origen en la derecha extrema neoliberal, utilizan los postulados peronistas para anunciar políticas drásticamente contrarias a los intereses populares.
Debemos desenmascararlos frente a los que, por el peso de la prepotencia mediática, pudieron verse confundidos y contenidos, ante algunos reclamos a los que tienen derecho. Lo que no advirtieron es que estos candidatos sólo mostraron su piel de cordero, para luego, si llegaran al poder, hacer todo lo contrario como ya ha pasado en años anteriores.
Este es un momento de intensa confrontación con los poderes establecidos en nuestro país, con las corporaciones, como bien lo señaló Néstor Kirchner. Al poder económico, al poder de los medios de comunicación del monopolio, se le suman sectores del Poder Judicial y de la Iglesia, sin dejar de recordar que hay intereses extranjeros activos que tratan de desestabilizar los gobiernos populares de la región. A todos ellos debemos oponerle con toda la fuerza el poder del pueblo, como se expresó en las últimas elecciones convirtiendo nuevamente al Frente Para la Victoria en la primera minoría nacional, a gran distancia del resto de las otras opciones.
Frente a esos ataques, como los últimos ataques del poder financiero, hoy más que nunca, debemos defender en la calle el modelo de transformación nacional que comenzó el 25 de mayo de 2003.
Para esto, convoco a iniciar un debate sobre la necesidad de una reforma constitucional que, lejos de pretender modificar los periodos presidenciales, haga frente al cambio normativo indispensable para garantizar los logros obtenidos en este proceso político y deje de ser, en muchos casos, un freno frente a los avances producidos durante los gobiernos kirchneristas. Provocar un debate amplio y transversal para que se manifiesten los ciudadanos sobre la necesidad de incorporar al Texto Constitucional determinadas leyes y decretos que hacen las bases de la transformación de nuestro país en estos diez años.
La recuperación de Aerolíneas Argentinas, de YPF, de los aportes jubilatorios, la Ley de medios audiovisuales, la Asignación Universal por hijo, los programas Procrear y Progresar, el matrimonio igualitario, las normativas para delitos de trata y violencia de género, los presupuestos educativos y científicos, las causas por delitos de lesa humanidad, la adecuación automática de los haberes jubilatorios, las modificaciones en salud, el calendario de vacunaciones, las paritarias, las reparaciones en la historia argentina, y muchos otros grandes avances que no pueden quedar expuestos a posibles mayorías circunstanciales en los cuerpos legislativos, que pretendan desandar el camino que tanto nos costó, que tanto esfuerzo demandó en su recorrido hacia una Argentina para todos. La consolidación de estos avances estructurales se logra, dándole rango constitucional que garantice la perdurabilidad en el tiempo a normas, leyes y decretos básicos de esta nueva Argentina.
No es un objetivo fácil, pero es posible alcanzarlo y seguro que renovará las ganas, la voluntad y el compromiso militante de peronistas y no peronistas que ven en este modelo nacional, popular, igualitario, participativo, e inclusivo, la expresión de muchos que luchamos desde distintos lugares del campo del pueblo y que no estamos dispuestos a que se intente hacer marcha atrás en nada de lo obtenido hasta el momento.
Con la experiencia del debate nacional, popular y democrático que precedió a la presentación del proyecto de la ley de medios audiovisuales, debemos impulsar esta discusión en la calle entre todos los sectores a lo largo y ancho de nuestro país. Las organizaciones políticas, sociales y sindicales, las agrupaciones barriales, los militantes independientes, todos debemos intentar esta construcción colectiva para proteger la transformación nacional y social hecha y la que hace falta aún realizar.
Este debate nacional que propongo dará como resultado la reflexión y la movilización en la defensa del proyecto que encabeza nuestra presidenta Cristina Kirchner y a partir de ahí deberemos definir las formas de avanzar hacia ese objetivo, por medio de un referéndum popular que solicite el llamado a la reforma constitucional u otras alternativas legales que existen, como a través de los pactos y acuerdos internacionales, o los que se pueden crear al efecto.
Además, estoy convencido que las próximas elecciones de 2015 se renovará la confianza de la mayoría de los habitantes de nuestro país y volverá a ejercer el gobierno quien represente fielmente el proyecto nacional y popular kirchnerista, iniciado en 2003. Para lograr esto debemos seguir trabajando como hasta ahora bajo la conducción de Cristina, con la firmeza y el convencimiento que nos demostró Néstor con su esfuerzo permanente.
Invito a participar en este debate, que nos llevará a encontrarnos construyendo y profundizando el futuro de nuestra patria.
* Director del Instituto de Formación Política Ortega Peña y Duhalde
Fuente:TiempoArgentina
La mística de una nueva época
Año 7. Edición número 301. Domingo 23 de Febrero de 2014
Por Jorge Giles
jgiles@miradasalsur.com
Año 7. Edición número 301. Domingo 23 de Febrero de 2014
Por Jorge Giles
jgiles@miradasalsur.com
(TELAM)
Opinión
La información dice que, al mismo tiempo que suceden aquellas noticias, miles de pibes se quedarán sin vacantes escolares en la ciudad de Buenos Aires; que la violencia de las bandas narcos sigue azotando a Rosario; que los opositores argentinos en su gran mayoría salieron a apoyar a los opositores destituyentes venezolanos que hoy incendian Venezuela; y que continúan remarcando precios a su antojo algunos poderosos grupos económicos generando un clima de psicosis gondolera.
Entre estos carriles tan distintos se dispara la vida en el año que comienza a andar.
Queda claro que a la oposición mediática no hay pororó que les caiga bien. Se empeñan en cada tranco de la realidad a dinamitar la construcción colectiva de un proyecto de país que le permite al pueblo argentino en su conjunto vivir cada vez mejor.
Veamos sino.
La oposición política mediática pedía actualizar el valor del cambio; y el Gobierno lo actualizó. Pedían políticas de inclusión para los jóvenes que ni estudian ni trabajan; y el Gobierno creó el Plan Progresar. Pedían reformular los índices que publica el Indec; y el Gobierno creó el más moderno y completo registro de precios al consumidor en la historia del Estado. Pedían que haya más inversiones externas; y nuestra YPF trae a la petrolera Petronas a invertir en la Argentina. Pedían que haya acuerdo con el Club de París por la deuda contraída por anteriores gobiernos; y en ese camino estamos.
Pero nada les viene bien.
Para hablar y despotricar contra el Gobierno y la Presidenta, para decir que “todo está mal”, para intentar una y otra vez bajar la moral y la esperanza a un pueblo que avanza en medio de un mundo cada vez más caótico, para apuntar contra la juventud y en particular contra la militancia que se identifica con el proyecto nacional, popular y democrático, para eso sí son mandados a hacer, desde la derecha a la falsa izquierda y viceversa.
En los años ’60 y ’70 del siglo pasado, la militancia política entregaba la vida, acertada o equivocadamente, por sus convicciones. Casi puramente por sus convicciones. Muchos guardaban el eco de los días peronistas del primer y segundo gobierno de Perón. Miraban el futuro desde ese pasado glorioso de nuestro pueblo. Y después leían al Che y a Fidel y a la Resistencia peronista y a Mao y a Lenin y a Ho Chi Minh, al Cordobazo y al Mayo Francés. Pero si observaban el espacio inmediato que los circundaba, todo sabía a esa amarga desolación causada por las distintas dictaduras que sucedieron a la “revolución libertadora” de Aramburu y Rojas.
Esa actitud de vida sólo se entendía y entiende por eso que algunos llamaban y aún llaman, mística. Y no pocas veces esa mística revolucionaria suplía y/o disimulaba la propia debilidad y orfandad política.
A diferencia de aquella, la mística de ahora, la de esta época, la de este siglo, está llena de realidades efectivas y se templa confrontando contra los intereses poderosos que quieren retrotraernos al siglo pasado.
Hoy no hay más lugar para la desolación. Ser parte de un continente que en este tramo de la historia está gobernado mayoritariamente por movimientos populares es una maravilla a la que están convocadas sólo algunas generaciones privilegiadas; como la generación presente.
Es cierto que las partes blandas de la democracia suelen huir de la confrontación cuando se llega a un punto de calentamiento y hervor transformador. Es lo que está ocurriendo ahora. Para comprobarlo alcanza con ver algún programa de los llamados “políticos” (como si hubiera programas que no lo son) y en donde pareciera que todos los gatos, de izquierda a derecha y viceversa, vuelven a ser pardos en la oscuridad que destellan sus afirmaciones. Paciencia. Es parte constitutiva del pensamiento democrático saber respetar y entender las diferencias y las flojeras. Lo importante es tener y compartir con el prójimo la convicción de que estamos en medio de una balacera destituyente en el campo de las ideas económicas, políticas, culturales y sociales. Todo lo que viene ocurriendo en el mundo, en la región y en la Argentina se entiende en el marco de esa confrontación de proyectos antagónicos para la construcción de perfiles de país.
Si perdemos de vista esta cuestión central, se pierde la brújula que permite saber dónde queda el norte y dónde el sur.
Lo dijimos otras veces: la cobertura mediática de la tan meneada inflación y la tan usada inseguridad es parte de una operación política de la derecha; del mismo modo que lo es el ocultamiento de la situación real de la economía popular.
Por eso, quien acierte en representar la continuidad y la profundización del proyecto de país que lidera Cristina, expresará seguramente en el próximo período presidencial la voluntad de un pueblo de vivir en paz, en democracia y con justicia social.
Pero quien quiera volver a tercerizar el gobierno en las corporaciones económicas mediáticas, tendrá que saber que diciembre del 2001 no le quedará atrás del calendario sino adelante.
Es esto lo que hoy se pone en juego en la región.
A defender la democracia en Venezuela y en toda América latina es la consigna de esta hora.
Y defender la democracia en esta hora es defender la vida.
Fuente:MiradasalSur



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