Lesa humanidad: 317 testigos declararon en el juicio oral por crímenes cometidos en la ESMA
En el proceso, ante el Tribunal Oral Federal N° 5, se juzgan 789 hechos ocurridos en ese centro clandestino. Entre los 65 acusados se encuentran Alfredo Astiz y Jorge “El Tigre” Acosta. Está previsto que expongan su testimonio cerca de 850 personas
En el proceso, ante el Tribunal Oral Federal N° 5, se juzgan 789 hechos ocurridos en ese centro clandestino. Entre los 65 acusados se encuentran Alfredo Astiz y Jorge “El Tigre” Acosta. Está previsto que expongan su testimonio cerca de 850 personas
Ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 5 de la Capital, y hasta la audiencia del pasado jueves, declararon 317 testigos en el juicio oral por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura el la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Está previsto que en total declaren alrededor de 850 testigos.
Los jueces Daniel Obligado, Adriana Palliotti y Leopoldo Bruglia tienen previsto seguir este lunes con el debate, que se inició en marzo de 2013 y en el que se investigan 789 hechos acaecidos en el centro clandestino de detención que funcionó en la ex ESMA.
En el proceso se unificaron diferentes tramos de la megacausa ESMA, identificados con los números de causa 1282, 1349, 1415, 1492, 1510, 1545, 1668, 1689 y 1714, en los que se investigan el período del año 1976 en adelante y la investigación denominada “Vuelos de la muerte”.
Entre los 65 acusados se encuentran Alfredo Astiz y Jorge “El Tigre” Acosta. A continuación, el listado completo:
1) Jorge Eduardo Acosta
2) Jorge Carlos Rádice
3) Adolfo Miguel Donda
4) Carlos Octavio Capdevila
5) Ricardo Jorge Lynch Jones
6) Juan Alemann
7) Antonio Pernías
8) Rogelio José Martínez Pizarro
9) Ricardo Miguel Cavallo
10) Alfredo I. Astiz
11) Enrique De Saint Georges
12) Manuel Jacinto García Tallada
13) Raúl Jorge González
14) Eduardo Aroldo Otero
15) Mario Pablo Palet
16) Julio Antonio Torti
17) Pedro Santamaría
18) Antonio Vañek
19) Víctor Francisco Cardo
20) Juan Antonio Azic
21) Juan Carlos Fotea
22) Ernesto F. Weber
23) Carlos Orlando Generoso
24) Claudio Orlando Pittana
25) Carlos Galián
26) Orlando González
27) Jorge Manuel Díaz Smith
28) Rubén Ricardo Ormello
29) Gonzalo Torres de Tolosa
30) Paulino Oscar Altamira
31) Juan de Dios Daer
32) Daniel Néstor Cuomo
33) Daniel Humberto Baucero
34) Héctor Francisco Polchi
35) Antonio Rosario Pereyra
36) Francisco Lucio Rioja
37) Jorge Luis Magnacco
38) Víctor Roberto Olivera
39) Eugenio Vilardo
40) Hugo Enrique Damario
41) Raúl Scheller
42) Alberto E. González
43) Juan Carlos Rolón
44) Pablo E. García Velasco
45) Néstor O. Savio
46) Oscar R. Lanzon
47) Randolfo Agusti Scacchi
48) Juan Arturo Alomar
49) Julio César Binotti
50) Rodolfo Cionchi
51) Carlos Eduardo Daviou
52) Miguel Angel García Velasco
53) Guillermo Pazos
54) Miguel Angel Alberto Rodríguez
55) Hugo Sifredi
56) Emir Sisul Hess
57) Carlos Guillermo Suárez Mason
58) Francisco Di Paola
59) Luis Ambrosio Navarro
60) Rubén Oscar Franco
61) Alejandro Domingo D´Agostino
62) Mario Daniel Arru
63) Miguel Enrique Clementes
64) Roque Angel Martello
65) Julio Alberto Poch
2) Jorge Carlos Rádice
3) Adolfo Miguel Donda
4) Carlos Octavio Capdevila
5) Ricardo Jorge Lynch Jones
6) Juan Alemann
7) Antonio Pernías
8) Rogelio José Martínez Pizarro
9) Ricardo Miguel Cavallo
10) Alfredo I. Astiz
11) Enrique De Saint Georges
12) Manuel Jacinto García Tallada
13) Raúl Jorge González
14) Eduardo Aroldo Otero
15) Mario Pablo Palet
16) Julio Antonio Torti
17) Pedro Santamaría
18) Antonio Vañek
19) Víctor Francisco Cardo
20) Juan Antonio Azic
21) Juan Carlos Fotea
22) Ernesto F. Weber
23) Carlos Orlando Generoso
24) Claudio Orlando Pittana
25) Carlos Galián
26) Orlando González
27) Jorge Manuel Díaz Smith
28) Rubén Ricardo Ormello
29) Gonzalo Torres de Tolosa
30) Paulino Oscar Altamira
31) Juan de Dios Daer
32) Daniel Néstor Cuomo
33) Daniel Humberto Baucero
34) Héctor Francisco Polchi
35) Antonio Rosario Pereyra
36) Francisco Lucio Rioja
37) Jorge Luis Magnacco
38) Víctor Roberto Olivera
39) Eugenio Vilardo
40) Hugo Enrique Damario
41) Raúl Scheller
42) Alberto E. González
43) Juan Carlos Rolón
44) Pablo E. García Velasco
45) Néstor O. Savio
46) Oscar R. Lanzon
47) Randolfo Agusti Scacchi
48) Juan Arturo Alomar
49) Julio César Binotti
50) Rodolfo Cionchi
51) Carlos Eduardo Daviou
52) Miguel Angel García Velasco
53) Guillermo Pazos
54) Miguel Angel Alberto Rodríguez
55) Hugo Sifredi
56) Emir Sisul Hess
57) Carlos Guillermo Suárez Mason
58) Francisco Di Paola
59) Luis Ambrosio Navarro
60) Rubén Oscar Franco
61) Alejandro Domingo D´Agostino
62) Mario Daniel Arru
63) Miguel Enrique Clementes
64) Roque Angel Martello
65) Julio Alberto Poch
Fuente:CIJ.gov.ar
06 03 2014
TESTIMONIOS
128. "Me empecé a sentir libre cuando se instaló el concepto de memoria"
Así lo expresó Eduardo Giardino, sobreviviente, quien declaró hoy. Además, dieron testimonio los ex detenidos-desaparecidos Sara María Fernanda Ríos y Mario César Villani; Susana Greco, hermana de Dora Cristina, desaparecida; y María Isabel Greco, nacida en la ESMA.
Los casos de Sara Fernanda María Ríos (703) y Eduardo Giardino (522)
A él lo apodaban "Tano" y militaba en la JUP. Ambos fueron privados ilegalmente de la libertad a fines de 1978, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2., quienes los llevaron a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Sara fue liberada unos días después y Eduardo a principios del año 1980.
El testimonio de Sara María Fernanda Ríos
"El 30 de noviembre de 1978, estaba en la casa de mi mamá, yo vivía con ´El Tano´. Me fui a Cabildo a hablar por teléfono, porque mi madre no tenía teléfono y El Tano había quedado que iba a cenar a la casa de mi mamá", relató la testigo, tras jurar que diría la verdad.
El secuestro
"Mi madre me pidió que después fuera a hablar con ella para decirle el resultado de ese llamado. Mi mamá vivía en Ciudad de La Paz al 700, doblando por Lacroze, ahí nomás. Había una persona tocando el timbre, me extrañó porque no había nadie alrededor. Cuando pasé al lado me esposa, me encapucha y me tira al lado de un auto, haciendo ruido a toda velocidad, me meten adentro del auto, me dicen que es un procedimiento por drogas. Decían eso para que uno no pensara que el motivo era otro. Me rodean dos personas y me llevan a un lugar cercano. Ahí me llevan a una habitación en un subsuelo, donde había una mesa, una silla y una cama. Veo el ancla en la frazada. Ese día me di cuenta: pensé que estaba en la ESMA, después lo confirmé. Después de eso, escuchaba gente gritando. A mí me habían dejado ahí, en esa habitación. Me llevan a mí, me sientan un banco alto, con muchos reflectores que me enfocaban. Me empezaron a preguntar por El Tano y por otros compañeros. Me golpearon, luego me llevaron a la habitación. Cada dos segundos me sacaban la capucha, me miraban y salían. Iban y venían varios personajes, no sabía quiénes eran en ese momento. Así estuve uno o dos días. Uno pierde noción del tiempo ahí adentro, no ve la luz del día. Uno o dos días después fui llevada esposada a Capucha, no sé si en el segundo o tercer piso", agregó Sara.
Trabajo esclavo y tortura psicológica
"En enero de 1979, tampoco recuerdo, pero pienso que fue a finales, se me propone… yo era dactilógrafa, se me propone ir a trabajar a la Pecera", sostuvo la sobreviviente, quien se refirió a la tortura psicológica, además de la física: "Si bien la tortura no fue la que uno esperaba que sea, conmigo no hubo picana, sí tortura psicológica preguntando por compañeros, incluso por compañeros que estaban ahí adentro. Ellos venían a Pecera a contar sus hazañas", narró.
Sara contó que quienes estaban en cautiverio en Pecera intentaban inventar tareas para que otros compañeros detenidos-desaparecidos en la ESMA fueran llevados a ese sector, donde las condiciones del cautiverio eran relativamente mejores: "Tratábamos de que los bajaran para que no sintieran tanto los dolores del encierro. Luego de estar en Pecera un tiempito, entre el 15 y el 20 de febrero, a mí me liberan.
Me llevan, me hacen llamar a mi casa para decir que estuvieran mis hermanos para hablar con ellos y con mi madre, decirles todo el trabajo que habían hecho conmigo, que me habían reeducado para vivir en esta sociedad. Yo accedí. Hablé con mi madre y me dejaron. El Tano seguía adentro".
El mago "Fafá"
Sara respondió preguntas sobre la persona que la secuestró: "Lo veía algunas veces cuando venía de algún procedimiento, tenía perfil bajo. Había algunos que se jactaban de muchas cosas, él no. Le decían ´mago Fafá´, por la capacidad que tenía de hacer desaparecer gente. Sé que se llamaba (Claudio) Pittana, de la Policía Federal".
"Mi único objetivo es que se haga justicia", dijo Sara para concluir su declaración testimonial.
El testimonio de Eduardo Giardino
El sobreviviente contó que fue secuestrado en Av. Rivadavia y Nazca, "mirando hacia San Pedrito, vereda mano derecha, cruzando Rivadavia, a quince metros". Relató que un grupo de personas vestidas de civil se abalaron sobre él y una le dio un culatazo con un arma larga: "Me ponen capucha y me esposan en la espalda. Me suben a un Falcon. De golpe me bajan, no recuero bien, pero me bajan del coche, bajo una escalera y me llevan a un cuarto". Ahí fue cuando empezaron los interrogatorios en la ESMA: "De golpe me traen a Cacho, que era un compañero que estaba totalmente destruido. Nunca me voy a olvidar esa expresión con la ropa en… esposado y engrillado, todavía con los pantalones bajos y esposado en la espalda".
Capuchita
"Después de haber estado dos días ahí me llevan a Capuchita. Había que subir una escalera, ahí nos depositan en un colchón. Recuerdo que tenía plástico. Nos bajaron dos veces a lo que me enteré que era ´Cuatro´, abajo. Siempre encapuchado, ya engrillado a esa altura. Fundamentalmente, me interrogaban Manuel y Mariano", relató.
Reconocimiento
"Yo había hecho el servicio militar el año anterior y reconocí la cama. Les dije que había enterado que estaba en la Marina y eso los volvió locos", contó Eduardo, quien narró su cautiverio en la ESMA, en los sectores de Capuchita y luego Pecera, donde fue sometido al trabajo esclavo. En 1980 fue liberado: "lo primero que hago es llamar a Fernanda para que viniera y ahí comprendí que no terminaba todo. Uno siente cierto pudor porque está vivo; sobrevivir no es fácil. Nos piden que llamemos, como una especie de control telefónico. Recuerdo que todo el mundo no sabía qué hacer con nosotros, porque no sabíamos qué hacer con nosotros mismos. Con Fernanda, lo único que entendíamos era que la única manera de seguir era juntos y embarcamos a toda la familia en ese casamiento".
La libertad
A Eduardo le preguntaron acerca de cuándo empezó a sentirse libre y dijo que no fue con la llegada de la democracia, ni el Juicio a las Juntas Militares, sino que "me empecé a sentir libre cuando se instaló el concepto de memoria, cuando la ESMA dejó de ser un fantasma para pasar a ser un espacio al que podamos ir y cuando empezaron a estar las primeras sentencias".
"Lo único que me anima es que se haga justicia por todos los compañeros que no están y que se haga justicia con su debida memoria", sostuvo para terminar.
El caso de Mario César Villani (530)
Físico nuclear, apodado "Tito", fue privado ilegalmente de su libertad el 18 de noviembre de 1977, a los 38 años de edad. Sus captores lo llevaron a los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio "El Atlético", "El Banco", "El Olimpo" (circuito represivo ABO) y "Pozo Malvinas". El 26 de marzo fue trasladado desde El Olimpo a la ESMA. En agosto de 1981 comenzó a tener una "libertad controlada": podía salir de la ESMA, pero debía regresar a la noche. A mediados de 1983 dejaron de exigirle el regreso.
El testimonio de Mario
El sobreviviente amplió su declaración por videoconferencia desde Miami, Estados Unidos. Entre otros temas, le preguntaron acerca del traslado de detenidos-desaparecidos de un centro clandestino a otro.
Además, se refirió al delito de robo de bienes y sobre las secuelas de las torturas: "Tengo secuelas varias. He tenido serios problemas cardíacos", contó, entre otras consecuencias.
Una lista
Mario respondió acerca de los datos que aportó al Poder Judicial acerca de detenidos-desaparecidos y de represores. El juez Daniel Obligado le preguntó cómo la confeccionó y dijo: "Con los nombres de guerra que recordaba, los apodos, e incluso algunos nombres. Cuando empecé a dar testimonio empecé a encontrarme con familiares y ellos me mostraban fotos y a partir de ahí seguía recolectando datos que incorporaba a una base de datos".
"Esto no ha sido fácil para mí, ha sido difícil, porque han transcurrido muchos años. La justicia es lo más importante", sostuvo para concluir.
Los casos de Dora Cristina Greco (441) y María Isabel Prigione Greco (442)
Dora, apodada "Chochi", y su hija, de dos años y medio de edad, Silvia Susana Roncoroni Valli de Borri y su hija, fueron privadas ilegalmente de la libertad el 26 de febrero de 1978 a la medianoche, en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires. Las niñas fueron entregadas al Tribunal de Menores de Mar del Plata y luego a sus familiares.
Ante la inminencia del parto, Dora fue trasladada desde Mar del Plata hacia la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. En febrero de 1978 nació María Isabel Prigione Greco, en el cuarto donde eran alojadas las detenidas-desaparecidas embarazadas. El parto fue atendido por Jorge Luis Magnacco. La niña fue entregada a sus abuelos el 30 de marzo de 1978 a las 23:30 horas, por dos hombres vestidos de civil. Dora fue "trasladada" y sigue desaparecida.
El testimonio de Susana Matilde Greco, hermana de Dora
"Soy hermana de Dora Cristina Greco, nacida en 1947", comenzó. "Cristina es odontóloga, está desaparecida, fue compañera de militancia de Armando Prigione, también desaparecido". Susana contó que antes de María Isabel, Dora y Armando tuvieron otra hija, María Victoria, quien nació el 24 de marzo de 1976". "Cristina y Armando conformaron una familia y ambos permanecen desaparecidos".
"Cristina desaparece por primera vez el 1º de octubre de 1976. Una llamada telefónica anónima dice que fue secuestrada en un departamento de Capital Federal, en la calle Viamonte al 1600. Mi padre era médico por elección y político por convicción, un tipo honesto en la profesión en la función pública. Intenta hacer la denuncia de la desaparición de Cristina, pero no es tomada", contó Susana.
"En diciembre de 1977 suena el timbre y al abrir la puerta estaba Cristina. La habían liberado, porque decían que querían capturar a su compañero, Armando Prigione. Dijo que la habían traído en auto y le dijeron que se bajara. Dijo que su primer pensamiento fue que la mataban. Cuando pudo, contó acerca del cautiverio, los grilletes, la cabeza cubierta, los guardias. Llegó en un estado físico y anímico lamentable. Estaba delgada, se le marcaban las clavículas, estaba encorvada hacia adelante y tenía un temblor continuo en su cuerpo. Llegó con miedo, terror, tenía miedo a la oscuridad, reaccionaba ante los ruidos intensos. Tuvo una crisis tremenda. Ella sólo quería reencontrarse con María Victoria", relató la testigo.
Dora Cristina se fue con su hija y su compañero. Tiempo después le envió una carta a su familia para avisar que estaba embarazada otra vez. A fines de febrero de 1978 ocurre el segundo secuestro. La familia fue convocada por el Juzgado de Menores Nº 2 de Mar del Plata para retirar a María Victoria y Sofía Roncoroni. En el Juzgado les dijeron que las niñas habían sido encontradas en la vía pública. Luego supieron la verdad.
La vida
"El 30 de marzo de 1978 suena el timbre de casa y, al atender pensando que era un paciente, aparecen hombres de civil con un moisés en la mano. Lo dejaron en la casa. Cuando mi papá pregunto si era la hija de Greco le dijeron que si no la quería recibir no lo hiciera. Un pariente pediatra comprobó que la nena estaba sana y que tenía pocos días de vida. Tenía alrededor de la muñeca una pulsera con el nombre María bordado", contó Susana, y agregó que le explicaron a María Victoria la aparición de su hermana sin su mamá. La familia llevó a la beba al Juzgado de Menores de La Plata, donde determinaron el 21 de marzo de 1978 como la fecha de nacimiento de María Isabel González "sin filiación, lo que fue un duro golpe de dolor y humillación para nosotros. Debimos aceptarlo como tal". Después de varios trámites lograron la tenencia de la niña y se agregó el apellido Greco, hasta ser el único.
"Las chicas deciden reconstruir la historia de sus padres, no sólo con datos familiares, sino que se entrevistan con amigos de ellos, compañeros de militancia y también con hijos. Así ellas conocen la militancia, compromiso social e integridad de sus padres". Cristina y Armando militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista, PCML.
Susana se refirió a su hermana: "nos amábamos mucho, mucho, nos queríamos, nos respetábamos. Sé que ella supo que iba a cuidar bien a sus hijas". Los apodos familiares eran Petisa y Regordeta.
"Estoy acá 38 años después de la primera desaparición de mi hermana, buscando justicia, brindando testimonio de la forma más ordenada y concisa posible, para que los responsables sean juzgados y digan dónde están mi hermana, Armando y los nietos apropiados, por la memoria, la verdad y la justicia por los desaparecidos", dijo la testigo para concluir y pidió leer una carta que escribió Cristina el 2 de julio de 1977, tras haberse reencontrado con su hija y su compañero, antes de su segunda desaparición forzada.
El testimonio de María Isabel Prigione Greco
"Juro decir la verdad por la memoria de mis padres y los 30.000 compañeros desaparecidos", dijo la testigo al comenzar y luego pidió que durante su declaración se exhiba la foto de su mamá y papá: "aunque no tuve la oportunidad de compartir o preguntárselos, estoy segura de que mis viejos fueron los padres más felices del mundo".
Nacer en la ESMA
"Mi mamá me trae al mundo, me da a luz en un centro clandestino, rodeada de médicos torturadores". María Isabel sostuvo que fue Magnacco quien participó en el parto en cautiverio. El imputado no presencia el juicio en la sala, pero ella recordó que "hasta el año pasado se lo veía libre en Barrio Norte, hoy está en prisión", en referencia a la revocación del beneficio del arresto domiciliario, perdido al ser denunciado por la Agrupación H.I.J.O.S. violando las condiciones del régimen.
"Después de que me da a luz, no sabemos qué pasa con mi mamá. Sara Osatinsky contó que el que me retiró de la ESMA fue ´Pedro Bolita´ (Carlos Galián) y que otro de los que sabían lo que pasaba con los bebés era Héctor Febres", contó María Isabel, quien agregó: "a 36 años, no sé qué día nací, nadie me puede dar esta cuenta. Yo hace 36 36 años cumplo años en mi no cumpleaños. Trato de que pase desapercibido, porque para mí cada 21 de marzo significa revivir el cautiverio con mi mamá".
"Pido Juicio y Castigo a todos los genocidas por todos los compañeros", sostuvo para concluir.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 7 de marzo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
A él lo apodaban "Tano" y militaba en la JUP. Ambos fueron privados ilegalmente de la libertad a fines de 1978, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2., quienes los llevaron a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Sara fue liberada unos días después y Eduardo a principios del año 1980.
El testimonio de Sara María Fernanda Ríos
"El 30 de noviembre de 1978, estaba en la casa de mi mamá, yo vivía con ´El Tano´. Me fui a Cabildo a hablar por teléfono, porque mi madre no tenía teléfono y El Tano había quedado que iba a cenar a la casa de mi mamá", relató la testigo, tras jurar que diría la verdad.
El secuestro
"Mi madre me pidió que después fuera a hablar con ella para decirle el resultado de ese llamado. Mi mamá vivía en Ciudad de La Paz al 700, doblando por Lacroze, ahí nomás. Había una persona tocando el timbre, me extrañó porque no había nadie alrededor. Cuando pasé al lado me esposa, me encapucha y me tira al lado de un auto, haciendo ruido a toda velocidad, me meten adentro del auto, me dicen que es un procedimiento por drogas. Decían eso para que uno no pensara que el motivo era otro. Me rodean dos personas y me llevan a un lugar cercano. Ahí me llevan a una habitación en un subsuelo, donde había una mesa, una silla y una cama. Veo el ancla en la frazada. Ese día me di cuenta: pensé que estaba en la ESMA, después lo confirmé. Después de eso, escuchaba gente gritando. A mí me habían dejado ahí, en esa habitación. Me llevan a mí, me sientan un banco alto, con muchos reflectores que me enfocaban. Me empezaron a preguntar por El Tano y por otros compañeros. Me golpearon, luego me llevaron a la habitación. Cada dos segundos me sacaban la capucha, me miraban y salían. Iban y venían varios personajes, no sabía quiénes eran en ese momento. Así estuve uno o dos días. Uno pierde noción del tiempo ahí adentro, no ve la luz del día. Uno o dos días después fui llevada esposada a Capucha, no sé si en el segundo o tercer piso", agregó Sara.
Trabajo esclavo y tortura psicológica
"En enero de 1979, tampoco recuerdo, pero pienso que fue a finales, se me propone… yo era dactilógrafa, se me propone ir a trabajar a la Pecera", sostuvo la sobreviviente, quien se refirió a la tortura psicológica, además de la física: "Si bien la tortura no fue la que uno esperaba que sea, conmigo no hubo picana, sí tortura psicológica preguntando por compañeros, incluso por compañeros que estaban ahí adentro. Ellos venían a Pecera a contar sus hazañas", narró.
Sara contó que quienes estaban en cautiverio en Pecera intentaban inventar tareas para que otros compañeros detenidos-desaparecidos en la ESMA fueran llevados a ese sector, donde las condiciones del cautiverio eran relativamente mejores: "Tratábamos de que los bajaran para que no sintieran tanto los dolores del encierro. Luego de estar en Pecera un tiempito, entre el 15 y el 20 de febrero, a mí me liberan.
Me llevan, me hacen llamar a mi casa para decir que estuvieran mis hermanos para hablar con ellos y con mi madre, decirles todo el trabajo que habían hecho conmigo, que me habían reeducado para vivir en esta sociedad. Yo accedí. Hablé con mi madre y me dejaron. El Tano seguía adentro".
El mago "Fafá"
Sara respondió preguntas sobre la persona que la secuestró: "Lo veía algunas veces cuando venía de algún procedimiento, tenía perfil bajo. Había algunos que se jactaban de muchas cosas, él no. Le decían ´mago Fafá´, por la capacidad que tenía de hacer desaparecer gente. Sé que se llamaba (Claudio) Pittana, de la Policía Federal".
"Mi único objetivo es que se haga justicia", dijo Sara para concluir su declaración testimonial.
El testimonio de Eduardo Giardino
El sobreviviente contó que fue secuestrado en Av. Rivadavia y Nazca, "mirando hacia San Pedrito, vereda mano derecha, cruzando Rivadavia, a quince metros". Relató que un grupo de personas vestidas de civil se abalaron sobre él y una le dio un culatazo con un arma larga: "Me ponen capucha y me esposan en la espalda. Me suben a un Falcon. De golpe me bajan, no recuero bien, pero me bajan del coche, bajo una escalera y me llevan a un cuarto". Ahí fue cuando empezaron los interrogatorios en la ESMA: "De golpe me traen a Cacho, que era un compañero que estaba totalmente destruido. Nunca me voy a olvidar esa expresión con la ropa en… esposado y engrillado, todavía con los pantalones bajos y esposado en la espalda".
Capuchita
"Después de haber estado dos días ahí me llevan a Capuchita. Había que subir una escalera, ahí nos depositan en un colchón. Recuerdo que tenía plástico. Nos bajaron dos veces a lo que me enteré que era ´Cuatro´, abajo. Siempre encapuchado, ya engrillado a esa altura. Fundamentalmente, me interrogaban Manuel y Mariano", relató.
Reconocimiento
"Yo había hecho el servicio militar el año anterior y reconocí la cama. Les dije que había enterado que estaba en la Marina y eso los volvió locos", contó Eduardo, quien narró su cautiverio en la ESMA, en los sectores de Capuchita y luego Pecera, donde fue sometido al trabajo esclavo. En 1980 fue liberado: "lo primero que hago es llamar a Fernanda para que viniera y ahí comprendí que no terminaba todo. Uno siente cierto pudor porque está vivo; sobrevivir no es fácil. Nos piden que llamemos, como una especie de control telefónico. Recuerdo que todo el mundo no sabía qué hacer con nosotros, porque no sabíamos qué hacer con nosotros mismos. Con Fernanda, lo único que entendíamos era que la única manera de seguir era juntos y embarcamos a toda la familia en ese casamiento".
La libertad
A Eduardo le preguntaron acerca de cuándo empezó a sentirse libre y dijo que no fue con la llegada de la democracia, ni el Juicio a las Juntas Militares, sino que "me empecé a sentir libre cuando se instaló el concepto de memoria, cuando la ESMA dejó de ser un fantasma para pasar a ser un espacio al que podamos ir y cuando empezaron a estar las primeras sentencias".
"Lo único que me anima es que se haga justicia por todos los compañeros que no están y que se haga justicia con su debida memoria", sostuvo para terminar.
El caso de Mario César Villani (530)
Físico nuclear, apodado "Tito", fue privado ilegalmente de su libertad el 18 de noviembre de 1977, a los 38 años de edad. Sus captores lo llevaron a los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio "El Atlético", "El Banco", "El Olimpo" (circuito represivo ABO) y "Pozo Malvinas". El 26 de marzo fue trasladado desde El Olimpo a la ESMA. En agosto de 1981 comenzó a tener una "libertad controlada": podía salir de la ESMA, pero debía regresar a la noche. A mediados de 1983 dejaron de exigirle el regreso.
El testimonio de Mario
El sobreviviente amplió su declaración por videoconferencia desde Miami, Estados Unidos. Entre otros temas, le preguntaron acerca del traslado de detenidos-desaparecidos de un centro clandestino a otro.
Además, se refirió al delito de robo de bienes y sobre las secuelas de las torturas: "Tengo secuelas varias. He tenido serios problemas cardíacos", contó, entre otras consecuencias.
Una lista
Mario respondió acerca de los datos que aportó al Poder Judicial acerca de detenidos-desaparecidos y de represores. El juez Daniel Obligado le preguntó cómo la confeccionó y dijo: "Con los nombres de guerra que recordaba, los apodos, e incluso algunos nombres. Cuando empecé a dar testimonio empecé a encontrarme con familiares y ellos me mostraban fotos y a partir de ahí seguía recolectando datos que incorporaba a una base de datos".
"Esto no ha sido fácil para mí, ha sido difícil, porque han transcurrido muchos años. La justicia es lo más importante", sostuvo para concluir.
Los casos de Dora Cristina Greco (441) y María Isabel Prigione Greco (442)
Dora, apodada "Chochi", y su hija, de dos años y medio de edad, Silvia Susana Roncoroni Valli de Borri y su hija, fueron privadas ilegalmente de la libertad el 26 de febrero de 1978 a la medianoche, en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires. Las niñas fueron entregadas al Tribunal de Menores de Mar del Plata y luego a sus familiares.
Ante la inminencia del parto, Dora fue trasladada desde Mar del Plata hacia la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. En febrero de 1978 nació María Isabel Prigione Greco, en el cuarto donde eran alojadas las detenidas-desaparecidas embarazadas. El parto fue atendido por Jorge Luis Magnacco. La niña fue entregada a sus abuelos el 30 de marzo de 1978 a las 23:30 horas, por dos hombres vestidos de civil. Dora fue "trasladada" y sigue desaparecida.
El testimonio de Susana Matilde Greco, hermana de Dora
"Soy hermana de Dora Cristina Greco, nacida en 1947", comenzó. "Cristina es odontóloga, está desaparecida, fue compañera de militancia de Armando Prigione, también desaparecido". Susana contó que antes de María Isabel, Dora y Armando tuvieron otra hija, María Victoria, quien nació el 24 de marzo de 1976". "Cristina y Armando conformaron una familia y ambos permanecen desaparecidos".
"Cristina desaparece por primera vez el 1º de octubre de 1976. Una llamada telefónica anónima dice que fue secuestrada en un departamento de Capital Federal, en la calle Viamonte al 1600. Mi padre era médico por elección y político por convicción, un tipo honesto en la profesión en la función pública. Intenta hacer la denuncia de la desaparición de Cristina, pero no es tomada", contó Susana.
"En diciembre de 1977 suena el timbre y al abrir la puerta estaba Cristina. La habían liberado, porque decían que querían capturar a su compañero, Armando Prigione. Dijo que la habían traído en auto y le dijeron que se bajara. Dijo que su primer pensamiento fue que la mataban. Cuando pudo, contó acerca del cautiverio, los grilletes, la cabeza cubierta, los guardias. Llegó en un estado físico y anímico lamentable. Estaba delgada, se le marcaban las clavículas, estaba encorvada hacia adelante y tenía un temblor continuo en su cuerpo. Llegó con miedo, terror, tenía miedo a la oscuridad, reaccionaba ante los ruidos intensos. Tuvo una crisis tremenda. Ella sólo quería reencontrarse con María Victoria", relató la testigo.
Dora Cristina se fue con su hija y su compañero. Tiempo después le envió una carta a su familia para avisar que estaba embarazada otra vez. A fines de febrero de 1978 ocurre el segundo secuestro. La familia fue convocada por el Juzgado de Menores Nº 2 de Mar del Plata para retirar a María Victoria y Sofía Roncoroni. En el Juzgado les dijeron que las niñas habían sido encontradas en la vía pública. Luego supieron la verdad.
La vida
"El 30 de marzo de 1978 suena el timbre de casa y, al atender pensando que era un paciente, aparecen hombres de civil con un moisés en la mano. Lo dejaron en la casa. Cuando mi papá pregunto si era la hija de Greco le dijeron que si no la quería recibir no lo hiciera. Un pariente pediatra comprobó que la nena estaba sana y que tenía pocos días de vida. Tenía alrededor de la muñeca una pulsera con el nombre María bordado", contó Susana, y agregó que le explicaron a María Victoria la aparición de su hermana sin su mamá. La familia llevó a la beba al Juzgado de Menores de La Plata, donde determinaron el 21 de marzo de 1978 como la fecha de nacimiento de María Isabel González "sin filiación, lo que fue un duro golpe de dolor y humillación para nosotros. Debimos aceptarlo como tal". Después de varios trámites lograron la tenencia de la niña y se agregó el apellido Greco, hasta ser el único.
"Las chicas deciden reconstruir la historia de sus padres, no sólo con datos familiares, sino que se entrevistan con amigos de ellos, compañeros de militancia y también con hijos. Así ellas conocen la militancia, compromiso social e integridad de sus padres". Cristina y Armando militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista, PCML.
Susana se refirió a su hermana: "nos amábamos mucho, mucho, nos queríamos, nos respetábamos. Sé que ella supo que iba a cuidar bien a sus hijas". Los apodos familiares eran Petisa y Regordeta.
"Estoy acá 38 años después de la primera desaparición de mi hermana, buscando justicia, brindando testimonio de la forma más ordenada y concisa posible, para que los responsables sean juzgados y digan dónde están mi hermana, Armando y los nietos apropiados, por la memoria, la verdad y la justicia por los desaparecidos", dijo la testigo para concluir y pidió leer una carta que escribió Cristina el 2 de julio de 1977, tras haberse reencontrado con su hija y su compañero, antes de su segunda desaparición forzada.
El testimonio de María Isabel Prigione Greco
"Juro decir la verdad por la memoria de mis padres y los 30.000 compañeros desaparecidos", dijo la testigo al comenzar y luego pidió que durante su declaración se exhiba la foto de su mamá y papá: "aunque no tuve la oportunidad de compartir o preguntárselos, estoy segura de que mis viejos fueron los padres más felices del mundo".
Nacer en la ESMA
"Mi mamá me trae al mundo, me da a luz en un centro clandestino, rodeada de médicos torturadores". María Isabel sostuvo que fue Magnacco quien participó en el parto en cautiverio. El imputado no presencia el juicio en la sala, pero ella recordó que "hasta el año pasado se lo veía libre en Barrio Norte, hoy está en prisión", en referencia a la revocación del beneficio del arresto domiciliario, perdido al ser denunciado por la Agrupación H.I.J.O.S. violando las condiciones del régimen.
"Después de que me da a luz, no sabemos qué pasa con mi mamá. Sara Osatinsky contó que el que me retiró de la ESMA fue ´Pedro Bolita´ (Carlos Galián) y que otro de los que sabían lo que pasaba con los bebés era Héctor Febres", contó María Isabel, quien agregó: "a 36 años, no sé qué día nací, nadie me puede dar esta cuenta. Yo hace 36 36 años cumplo años en mi no cumpleaños. Trato de que pase desapercibido, porque para mí cada 21 de marzo significa revivir el cautiverio con mi mamá".
"Pido Juicio y Castigo a todos los genocidas por todos los compañeros", sostuvo para concluir.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 7 de marzo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
13 03 2014
TESTIMONIOS
129. "Espero que, señor fiscal, Tribunal y querellas, sepan dar valor como prueba al caso de abuso sexual en condiciones inhumanas"
Fue el pedido de Roberto Barreiro, sobreviviente de la ESMA, en referencia a su compañera, María Rosa Paredes, quien también estuvo en cuativerio en ese centro clandestino. Además, hoy declararon Carlos Figueredo, ex detenido-desaparecido, y Arturo Gasparini, secuestrado por el Grupo de Tareas de la ESMA con su hermano Emiliano cuando eran niños.
El caso de Carlos Figueredo Ríos (200)
El 14 de enero de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en su lugar de trabajo. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, armados, quienes la encapucharon, esposaron y subieron a un auto, en el que fue llevado a la ESMA.
El 18 de marzo de 1977 fue liberado desde "El Atlético", centro clandestino al que había sido llevado.
El testimonio de Carlos
El sobreviviente de la ESMA contó que en los interrogatorios le preguntaron por su hermano, "como mi hermano estaba preso desde hacía cinco años en Uruguay, yo estaba muy indignado porque me estaban preguntando por una persona ya detenida". Sobre su hermano, Carlos dijo que "había pertenecido a los tupamaros fue condenado a 30 años de prisión".
"Después me dejaron en libertad, salí como refugiado hacia Suecia", contó el testigo. "Yo tenía 21 años, me tengo que trasladar en el tiempo, no puedo verlo como de 57: para poder declarar tengo que tener 21", sostuvo cuando le preguntaron por la vez que volvió a la ESMA para reconocer el lugar: "faltaba el ascensor, hoy es un lugar vacío".
Salir de la ESMA y El Atlético
"El día del traslado (al Atlético) vinieron a buscarme, me llevaron al baño, me dieron ropa y me dijeron que me iba en libertad. Me bajaron por el ascensor, me ubicaron en el Sótano. Ahí me dejaron esperando. La idea era que me iban a dejar en libertad. En el momento que me sacan siento el calor del sol y pienso: ´me van a soltar porque es de día´.
Carlos narró ese día, con los recuerdos que pudo rescatar: "el viaje terminó en un bosque, calculo que era cerca del Autódromo. Me quitaron las esposas y la capucha. Yo sentí que los autos arrancaron, me paré. Estaba Beatriz Mordasini sentada en la misma posición que yo. Le digo: ´Beti, vamos´. Me dice: ´No, no. Tengo que contar hasta 100´. Empezamos a caminar, estábamos sucios, flacos, no nos paraba nadie. Recuerdo que tratamos de orientarnos hacia Liniers. Vimos una heladería, compramos un helado, seguimos comiendo helado y caminando".
"El lunes próximo se cumplirán 37 años desde que me liberaron. Yo amo este país. Desde hace años, estoy tratando de recuperar mi documentación y siempre me dicen lo mismo. Quiero saber dónde están mis documentos, por qué no aparezco en ningún lado. Poder venir a declarar y contar lo que pasó es que se haga justicia también para mí. Que se me devuelva mi documento, porque no existo más en este país. Yo tengo número de DNI, quiero saber dónde está mi documento (92.186.069)".
Los casos de María Rosa Paredes (526) y Roberto Barreiro (525)
Los dos tenían 23 años de edad y militaban en la Juventud Peronista cuando fueron privados ilegalmente de la libertad el 12 de marzo de 1979. Ambos fueron llevados a la ESMA y liberados en marzo de 1980.
El testimonio de María Rosa
La sobreviviente, a quien le asignaron el número 301 durante su cautiverio en la ESMA, contó que pudo ver a Alfredo Astiz "en uno de los interrogatorios. Después de ese primer día de interrogatorio hubo dos más. En uno de ellos, me llevó a una habitación. Él a cara descubierta, yo también. Me hizo escribir, me dijo que tenía que contar qué actividades políticas había hecho, si había manejado un arma o puesto alguna bomba. Estaba frente a él".
Luego contó que Héctor Febres "era el encargado de nuestro caso (el suyo y el de su marido). Una vez nos citó en una habitación y nos dijo que tratáramos de decir toda la verdad, de nombrar a todos, que no nos iba a pasar nada. Él era como el lado bueno. Astiz me trataba de otra forma".
Delitos sexuales
María Rosa denunció que "en Capuchita se me acercó un guardia. Estaba vestida de pollera y camisa, no tenía pantalones. Empezó a manosearme, a levantarme la pollera. Le dije en voz alta, para que sintieran todos al lado mío, que si me quería hacer algo, ´si sos tan piola sácame la capucha, así te veo la cara´. Se tiró para atrás y se fue. Logré ver algo, que era bastante joven también, como de 25 años, delgado, morocho". María Rosa agregó que cuando salió, con libertad vigilada, "en tres oportunidades Febres me hizo acompañarlo para tener relaciones sexuales". Las amenazas eran con matar a su compañero, quien seguía en la ESMA, o a sus hijas.
"Quiero agradecer a toda la gente que me apoyó incondicionalmente después de mi secuestro, especialmente a mi suegra, que fue la que más hizo, a compañeros, amigos, Adolfo Pérez Esquivel, a una Madre de Plaza de Mayo, Carmen Coto, al señor Robert Cox, quien publicó en su diario, a mis hijos, que siempre me apoyaron, a mis amigos, conocidos y todos. Les agradezco el apoyo que me han brindado, tanto así a los profesionales que me han ayudado a salir, a mi esposo, quien ya no es mi esposo. Decidí declarad para que todos estos genocidas puedan tener su juicio", sostuvo María Rosa para concluir.
El testimonio de Roberto
Durante su cautiverio en la ESMA recibió el número 300. Su madre, Marcelina Artola, "se quedó a cargo de mis hijas, Paula y Eliana, de 2 y 1 año, respectivamente. Se encargó de recorrer cuanto organismo público había disponible en ese momento". Roberto confirmó que su compañera fue víctima de delitos sexuales dentro de la ESMA y que él fue llevado a la "Isla del Silencio".
Para finalizar, Roberto dijo que "el Estado propicia que exista la justicia y la reparación" y agradeció a quienes sostuvieron su búsqueda, especialmente a María Rosa, "que hace muy poco me enteré que fue abusada por un oficial de la ESMA en muchas oportunidades. Con su silencio colaboró para protegerme a mí y a toda mi familia. Quiero destacar su valentía como mujer y espero que, señor fiscal, Tribunal y querellas, sepan dar valor como prueba al caso de abuso sexual en condiciones inhumanas".
El caso de Arturo Benigno Gasparini (189)
Al momento de los hechos juzgados tenía unos seis meses años de edad. El 11 de enero de 1977 fue secuestrado con su hermano, Emiliano Miguel (caso 188) en la casa familia, en Sánchez de Bustamante 731, 9ºA, de la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes irrumpieron con armas, matando a Azucena Buono (caso 186) y Mónica Jáuregui (caso 187), madre de los niños.
Arturo y Emiliano fueron llevados a la Casa Cuna (Hospital Pedro de Elizalde), donde fueron ingresados sin declarar sus nombres, y permanecieron bajo control militar durante alrededor de dos meses. Finalmente, fueron entregados a su abuela, Norma Campana.
El testimonio de Arturo
El testigo contó que lo primero que supo sobre su historia fue por su padre, quien "nos contó cómo había muerto nuestra mamá, que él fue secuestrado y que nos exiliamos. Lo aprendí de mi papá de chiquito. Cuando ya llegué a los 28 años fui a Casa Cuna y ahí pude encontrar la carpeta de nuestro secuestro".
Luego, Arturo relató que "yo sufrí, no sé, como una enfermedad o infección. Tenía una parte infectada de mi cuerpo, nunca supe si fue el maltrato o el hecho de perder a mi mamá. Estuvimos diez días en ese lugar. Se me desmembró la familia: mi madre estaba muerta, mi padre secuestrado, mis tíos, de parte de mi mamá, deciden exiliarse en Curacao. Ahí nos quedamos dos años y algo más, hasta que mi papá fuera liberado. No sabíamos si estaba muerto. Cuando él llegó a Curacao nos quedamos un tiempo ahí y después nos fuimos a Europa, llegamos a España, pero mi padre se decidió por Suiza. Empezamos a tener una vida entre comillas normal. No tengo recuerdos de antes de Suiza".
El cuerpo de Mónica
"Hubo una investigación, por un antropólogo. Fuimos y él descubrió el cuerpo de mi madre. No tengo los detalles de la investigación, de cómo pude saber que era el cuerpo de mi mamá. Fuimos al cementerio de Chacarita. Ahí hay una fosa común y ahí fue dejado el cuerpo de mi mamá. Nosotros fuimos con el antropólogo, nos explicó. Fue casi 10 años atrás", dijo el testigo.
"Es todo un camino para mí volver a la Argentina. Vivo de nuevo acá desde hace casi 10 años y es todo un camino volver a rehacer. Con mi mujer y mi hija tengo una chacra en El Bolsón. Volví a enraizar en ese país donde me siento parte. Es un camino de reconstrucción con la familia que se había separado, nos fuimos reconstruyendo. Es un trabajo de reconstrucción de los vínculos, los familiares, la historia. Me gusta, estoy contento de que se pueda hacer, que hoy estén dadas las circunstancias y agradezco a todos los que trabajaron para que se sepa lo que pasó", concluyó.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 17 de marzo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
El 14 de enero de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en su lugar de trabajo. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, armados, quienes la encapucharon, esposaron y subieron a un auto, en el que fue llevado a la ESMA.
El 18 de marzo de 1977 fue liberado desde "El Atlético", centro clandestino al que había sido llevado.
El testimonio de Carlos
El sobreviviente de la ESMA contó que en los interrogatorios le preguntaron por su hermano, "como mi hermano estaba preso desde hacía cinco años en Uruguay, yo estaba muy indignado porque me estaban preguntando por una persona ya detenida". Sobre su hermano, Carlos dijo que "había pertenecido a los tupamaros fue condenado a 30 años de prisión".
"Después me dejaron en libertad, salí como refugiado hacia Suecia", contó el testigo. "Yo tenía 21 años, me tengo que trasladar en el tiempo, no puedo verlo como de 57: para poder declarar tengo que tener 21", sostuvo cuando le preguntaron por la vez que volvió a la ESMA para reconocer el lugar: "faltaba el ascensor, hoy es un lugar vacío".
Salir de la ESMA y El Atlético
"El día del traslado (al Atlético) vinieron a buscarme, me llevaron al baño, me dieron ropa y me dijeron que me iba en libertad. Me bajaron por el ascensor, me ubicaron en el Sótano. Ahí me dejaron esperando. La idea era que me iban a dejar en libertad. En el momento que me sacan siento el calor del sol y pienso: ´me van a soltar porque es de día´.
Carlos narró ese día, con los recuerdos que pudo rescatar: "el viaje terminó en un bosque, calculo que era cerca del Autódromo. Me quitaron las esposas y la capucha. Yo sentí que los autos arrancaron, me paré. Estaba Beatriz Mordasini sentada en la misma posición que yo. Le digo: ´Beti, vamos´. Me dice: ´No, no. Tengo que contar hasta 100´. Empezamos a caminar, estábamos sucios, flacos, no nos paraba nadie. Recuerdo que tratamos de orientarnos hacia Liniers. Vimos una heladería, compramos un helado, seguimos comiendo helado y caminando".
"El lunes próximo se cumplirán 37 años desde que me liberaron. Yo amo este país. Desde hace años, estoy tratando de recuperar mi documentación y siempre me dicen lo mismo. Quiero saber dónde están mis documentos, por qué no aparezco en ningún lado. Poder venir a declarar y contar lo que pasó es que se haga justicia también para mí. Que se me devuelva mi documento, porque no existo más en este país. Yo tengo número de DNI, quiero saber dónde está mi documento (92.186.069)".
Los casos de María Rosa Paredes (526) y Roberto Barreiro (525)
Los dos tenían 23 años de edad y militaban en la Juventud Peronista cuando fueron privados ilegalmente de la libertad el 12 de marzo de 1979. Ambos fueron llevados a la ESMA y liberados en marzo de 1980.
El testimonio de María Rosa
La sobreviviente, a quien le asignaron el número 301 durante su cautiverio en la ESMA, contó que pudo ver a Alfredo Astiz "en uno de los interrogatorios. Después de ese primer día de interrogatorio hubo dos más. En uno de ellos, me llevó a una habitación. Él a cara descubierta, yo también. Me hizo escribir, me dijo que tenía que contar qué actividades políticas había hecho, si había manejado un arma o puesto alguna bomba. Estaba frente a él".
Luego contó que Héctor Febres "era el encargado de nuestro caso (el suyo y el de su marido). Una vez nos citó en una habitación y nos dijo que tratáramos de decir toda la verdad, de nombrar a todos, que no nos iba a pasar nada. Él era como el lado bueno. Astiz me trataba de otra forma".
Delitos sexuales
María Rosa denunció que "en Capuchita se me acercó un guardia. Estaba vestida de pollera y camisa, no tenía pantalones. Empezó a manosearme, a levantarme la pollera. Le dije en voz alta, para que sintieran todos al lado mío, que si me quería hacer algo, ´si sos tan piola sácame la capucha, así te veo la cara´. Se tiró para atrás y se fue. Logré ver algo, que era bastante joven también, como de 25 años, delgado, morocho". María Rosa agregó que cuando salió, con libertad vigilada, "en tres oportunidades Febres me hizo acompañarlo para tener relaciones sexuales". Las amenazas eran con matar a su compañero, quien seguía en la ESMA, o a sus hijas.
"Quiero agradecer a toda la gente que me apoyó incondicionalmente después de mi secuestro, especialmente a mi suegra, que fue la que más hizo, a compañeros, amigos, Adolfo Pérez Esquivel, a una Madre de Plaza de Mayo, Carmen Coto, al señor Robert Cox, quien publicó en su diario, a mis hijos, que siempre me apoyaron, a mis amigos, conocidos y todos. Les agradezco el apoyo que me han brindado, tanto así a los profesionales que me han ayudado a salir, a mi esposo, quien ya no es mi esposo. Decidí declarad para que todos estos genocidas puedan tener su juicio", sostuvo María Rosa para concluir.
El testimonio de Roberto
Durante su cautiverio en la ESMA recibió el número 300. Su madre, Marcelina Artola, "se quedó a cargo de mis hijas, Paula y Eliana, de 2 y 1 año, respectivamente. Se encargó de recorrer cuanto organismo público había disponible en ese momento". Roberto confirmó que su compañera fue víctima de delitos sexuales dentro de la ESMA y que él fue llevado a la "Isla del Silencio".
Para finalizar, Roberto dijo que "el Estado propicia que exista la justicia y la reparación" y agradeció a quienes sostuvieron su búsqueda, especialmente a María Rosa, "que hace muy poco me enteré que fue abusada por un oficial de la ESMA en muchas oportunidades. Con su silencio colaboró para protegerme a mí y a toda mi familia. Quiero destacar su valentía como mujer y espero que, señor fiscal, Tribunal y querellas, sepan dar valor como prueba al caso de abuso sexual en condiciones inhumanas".
El caso de Arturo Benigno Gasparini (189)
Al momento de los hechos juzgados tenía unos seis meses años de edad. El 11 de enero de 1977 fue secuestrado con su hermano, Emiliano Miguel (caso 188) en la casa familia, en Sánchez de Bustamante 731, 9ºA, de la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes irrumpieron con armas, matando a Azucena Buono (caso 186) y Mónica Jáuregui (caso 187), madre de los niños.
Arturo y Emiliano fueron llevados a la Casa Cuna (Hospital Pedro de Elizalde), donde fueron ingresados sin declarar sus nombres, y permanecieron bajo control militar durante alrededor de dos meses. Finalmente, fueron entregados a su abuela, Norma Campana.
El testimonio de Arturo
El testigo contó que lo primero que supo sobre su historia fue por su padre, quien "nos contó cómo había muerto nuestra mamá, que él fue secuestrado y que nos exiliamos. Lo aprendí de mi papá de chiquito. Cuando ya llegué a los 28 años fui a Casa Cuna y ahí pude encontrar la carpeta de nuestro secuestro".
Luego, Arturo relató que "yo sufrí, no sé, como una enfermedad o infección. Tenía una parte infectada de mi cuerpo, nunca supe si fue el maltrato o el hecho de perder a mi mamá. Estuvimos diez días en ese lugar. Se me desmembró la familia: mi madre estaba muerta, mi padre secuestrado, mis tíos, de parte de mi mamá, deciden exiliarse en Curacao. Ahí nos quedamos dos años y algo más, hasta que mi papá fuera liberado. No sabíamos si estaba muerto. Cuando él llegó a Curacao nos quedamos un tiempo ahí y después nos fuimos a Europa, llegamos a España, pero mi padre se decidió por Suiza. Empezamos a tener una vida entre comillas normal. No tengo recuerdos de antes de Suiza".
El cuerpo de Mónica
"Hubo una investigación, por un antropólogo. Fuimos y él descubrió el cuerpo de mi madre. No tengo los detalles de la investigación, de cómo pude saber que era el cuerpo de mi mamá. Fuimos al cementerio de Chacarita. Ahí hay una fosa común y ahí fue dejado el cuerpo de mi mamá. Nosotros fuimos con el antropólogo, nos explicó. Fue casi 10 años atrás", dijo el testigo.
"Es todo un camino para mí volver a la Argentina. Vivo de nuevo acá desde hace casi 10 años y es todo un camino volver a rehacer. Con mi mujer y mi hija tengo una chacra en El Bolsón. Volví a enraizar en ese país donde me siento parte. Es un camino de reconstrucción con la familia que se había separado, nos fuimos reconstruyendo. Es un trabajo de reconstrucción de los vínculos, los familiares, la historia. Me gusta, estoy contento de que se pueda hacer, que hoy estén dadas las circunstancias y agradezco a todos los que trabajaron para que se sepa lo que pasó", concluyó.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 17 de marzo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
17 03 2014
TESTIMONIOS
130. "Los quiero, cuídense"
Esas fueron las últimas palabras que Enrique Ardeti pudo decirles a sus hijos, mientras estaba secuestrado en la ESMA. Así lo contó su compañera, Consuelo Orellano. Además, declararon Rubén Gómez, sobreviviente de la ESMA, y Ricardo Hazán, familiar de víctimas.
Los casos de Josefina Villaflor (537), José Luis Hazán (538), María Celeste Hazán Villaflor (539) y Raimundo Aníbal Villaflor (540): el "Grupo Villaflor"
Raimundo, apodado "Negro", uno de los fundadores de las FAP, y José, "Pepe", eran militantes del Peronismo de Base. El 3 de agosto de 1979 a la noche José fue privado ilegalmente de su libertad, con su compañera, Josefina Villaflor, y su hija María Celeste, de dos años y medio de edad. La familia fue secuestrada en la casa, en la Provincia de Buenos Aires, por un grupo de personas armadas, vestidas de civil, quienes dijeron pertenecer a las Fuerzas de Seguridad y que, en realidad, integraban el Grupo de Tareas de la ESMA.
Posteriormente, las víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida.
A la mañana, Raimundo fue capturado con su compañera, María Elsa Martínez. Los dos fueron llevados a la ESMA. Celeste fue entregada a sus abuelos ese mismo día, por Claudio "Fafá" Pittana o Enrique Yon, según consta en la elevación a juicio realizada por el Dr. Taiano.
Entre el 18 y el 22 de enero de 1980 Josefina y María Elsa, su cuñada, fueron llevadas por Ricardo Miguel Cavallo de visita a la casa de los padres de Josefina. Esto se repitió el 1º de febrero de ese mismo año.
Josefina, María Elsa, José y Raimundo formaban integraron el denominado "Grupo Villaflor", el cual habría sido "trasladado" en marzo de 1980.
El testimonio de Ricardo Hazán, hermano de José
El testigo amplió su declaración, en el marco de las reglas de Casación para abreviar los debates por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
"Me enteré dos días después del secuestro. Lo secuestraron un viernes. En ese momento mi hermano trabajaba con mi papá. Llegaron a la casa el viernes a la noche y ahí lo secuestraron, estaba mi sobrina", contó el testigo.
"A los tres días de que secuestraron a mi hermano fue secuestrado Pablo Lepiscopo (caso 542), amigo de mi hermano de la secundaria, del Colegio Nacional Buenos Aires. Mi mamá y la de Pablo se comunicaron", agregó. José tenía 24 años de edad cuando fue llevado a la ESMA.
Uñas pintadas
Thelma Jara de Cabezas (caso 535) fue quien le contó a Ricardo que en la ESMA vio a su sobrina, María Celeste: "cuando llegué a la ESMA la vi a tu sobrina, Celeste. Lloraba mucho y yo le pinté las uñas", le dijo. "A mi sobrina la entregan en casa de los abuelos maternos. Celeste tenía las uñas pintadas", contó el testigo.
El caso de Enrique Néstor Ardeti (544)
Enrique era mecánico de electrodomésticos y miembro de alto nivel de las Fuerzas Armadas Peronistas, FAP. Lo apodaban "Ramón". El 6 de agosto de 1976 alrededor de las 16:00 horas fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Fue secuestrado en el taller en el que trabajaba, en Florencio Varela, Provincia de Bueno Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes lo llevaron a la ESMA.
Al día siguiente de la captura fue llevado a La Plata, donde le permitieron verse con su esposa dentro de un automóvil. Enrique estaba totalmente mojado, le faltaban dientes, tenía la casa y los ojos hinchados. La víctima le dijo a su compañera, Consuelo Eufemia Orellano de Ardeti, que se fuera a la casa de su madre con sus hijos. También le contó que lo estaban torturando con picana. Consuelo le preguntó a dónde lo llevarían y él le dijo que se lo llevaban para matarlo.
En la noche del 29 de octubre de 1979 Enrique la llamó por teléfono y le dijo que se quedara tranquila, que estaba bien, que estaría ausente sólo por un tiempo, mientras otro hombre le decía a Consuelo que dejara de hacer preguntas e ir al CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). Enrique pudo comunicarse en varias ocasiones con la casa de la cuñada de Consuelo, Edith Esther Rojas, y una con la de su hermano, en Santa Fe. Una de las llamadas fue para Navidad y otra para Año Nuevo.
El 26 de enero de 1980 Ardeti fue llevado por Ricardo Miguel Cavallo a su casa en un Ford Falcon verde. Estaba muy delgado y pesaba aproximadamente 50 kilos. El robo de sus bienes está siendo investigado en la causa Nº 1376/04, por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 12, Secretaría Nº 23, a cargo del Dr. Sergio Torres.
Enrique formaba parte del "Grupo Villaflor" y sigue desaparecido.
El testimonio de Consuelo Eufemia Orellano de Ardeti, compañera de Enrique
La testigo recordó que la declaración de hoy es la cuarta que realizó.
"El primer llamado que recibí fue el 24 de octubre de 1979, el día del cumpleaños de mi esposo. En los llamados siempre intervenía otra persona en la conversación. No había una secuencia ordenada de llamados: podría ser la una de la mañana, Noche Buena o Año Nuevo", contó la testigo.
"En enero llamaron, yo no estaba. Llamó mi esposo. Dijeron que el 26 de enero mi marido iba a venir a mi casa, que yo no le avisara a nadie, que los únicos que podíamos estar éramos mis hijos y yo, que no podía haber gente cerca de mi casa. El 26 de enero vienen y se quedan dos horas. Estaban todos los vecinos", recordó Consuelo. "Me dijeron que me dejaban en libertad porque yo era la esposa, no compañera. Me dijeron: ´su marido va a llamar todas las semanas, los miércoles", agregó. "No me digas nada, no tengo tiempo. Los quiero, cuídense", le dijo a uno de sus hijos en marzo de 1980.
Tener el poder
Consuelo contó que "cuando viene Cavallo a mi casa me dice que prepare un poder ante un escribano. Yo jamás había hecho uno. Por el diario sacamos el nombre de uno de La Plata, nunca supe cómo se llamaba. Fui, pero no tenía dinero para pagarle. Tenía que tener el poder para una fecha. Como no le pude pagar, no me lo dio. Cuando vinieron a mi casa a buscar el poder se enojaron mucho, porque no lo tenía. Luego volvieron. A uno de ellos después lo vi en La Plata, saliendo de la escuela de las calles 14 y 51, esperando el micro para ir a mi casa. El micro 273 para casi frente a mí, pero sobre el cordón, y baja un joven con un bolsito, dando un saltito, y cruza así, adelante. Yo lo miro y lo reconozco: él que quien vino a casa a buscar el poder. Lo voy a buscar, ya había doblado, así que lo pierdo. Corro, doblo y no estaba. Veo la oficina de la Federal. Entro, había un policía atrás del mostrador. Le dije: ´recién entró un amigo, quiero hablar con él´. Me dicen: ´el suboficial Pittana´. Sale este hombre, me llevaba una cabeza, y me miraba para abajo. Le dije todo lo que se me venía a la boca, que él era uno de los que tenía a mi marido. Él me seguía mirando".
La testigo declaró que el poder "era para que mi esposo vendiera el negocio y el auto", y agregó que "cuando fueron a mi casa se robaron todo. Había un magiclick: hasta eso se robaron".
"Espero que se haga justicia. Hay que hacer, más que decir", sostuvo Consuelo para concluir su cuarta declaración testimonial.
Los casos de Rubén Luis Gómez (706) y Estela Beatriz Trofimuk (707)
El 28 de diciembre de 1978 fueron secuestrados y llevados a la ESMA, a las 24 años de edad. Tras el cautiverio, ambos fueron liberados.
El testimonio de Rubén Luis Gómez
"El 28 de diciembre de 1978 yo tenía que encontrarme con Eduardo Giardino (caso 522). Somos amigos de la secundaria. Iba a la búsqueda de él porque hacía unos días que había perdido contacto. Eso fue en la esquina de Dorrego y Corrientes, mi sorpresa fue inmensa. Aparece un grupo de personas atrás, a los gritos y dicen que yo tenía algo que ver con la venta de drogas. Me metieron adentro de un auto, en el piso. Me pegaban con la intención de asustarme. Me llevaron durante 45 minutos, aproximadamente, hasta un lugar donde se detiene el vehículo. Entra, se detiene de nuevo adentro. Luego me bajan del auto. Ahí me sacaron mis pertenencias y me llevan a una habitación chiquita. Al ratito viene alguien y me dice: ´Sabemos quién sos, a qué te dedicás, andá contando todo lo que sabés", relató el testigo, militante de JUP.
Rubén y Estela pudieron verse dentro de la ESMA, porque le anunciaron a él que ella sería liberada.
Violencia
Rubén recordó que los guardias le pegaban cada vez que iba al baño y que, una vez que Estela fue liberada, recibió más. Incluso, dijo que lo llevaron a Capuchita, donde "uno de ellos me pega más que de costumbre, me tira en el piso y me empieza a contar una historia siniestra de una relación sexual que habría tenido con Estela, con lujo de detalles. Yo pensaba que él pretendía que me enojara y lo insultara. Sin embargo, pude calmarme y soportar la situación".
Después de la ESMA
"Después de que salgo, después del 31 de enero, Estela me cuenta algunas cosas, estábamos los dos muy mal. Estuve un año durmiendo con las manos así y los pies también, unidos. Cuando me di cuenta de esta situación, abrí las manos todo lo que pude, y mis pies se volvían a unir".
"Siento que saldé una deuda importante en mi vida por haber venido acá, me siento obligado por las personas que no están vivas, me siento acompañado por mi gente, querido por los jóvenes que hoy están volviendo a creer en la política. Es un momento de mucha emoción, que quedará en la historia de mi vida", sostuvo Rubén al finalizar su declaración.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 19 de marzo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma
Mendocino asegura haber estado "desaparecido" en la Esma, pero nunca declaró ante la Justicia
Dolz dijo haber permanecido en la ESMA entre el 15 de noviembre y el 24 de noviembre de 1976, y que solo cree reconocer a uno de los represores que vio por televisión en el primero de los juicios, ya que se trataría de uno de los dos sujetos que allanó su casa en el partido bonaerense de Vicente López, según la agencia Noticias Argentinas.
Al tomar contacto con quienes también fueron víctimas del grupo de tareas de la ESMA, Dolz relató los hechos y circunstancias que rodearon su detención, y dijo no haberse presentado antes porque se consideraba "un rehén", con un paso fugaz por el campo de concentración.
Ante el tenor de la conversación, el grupo de exdetenidos se interesó y se sorprendieron por la presencia del hombre que transitó 38 años de su vida sin presentarse ante los tribunales ni ante la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) a dar cuenta del hecho del cual había sido víctima.
Con una nitidez casi fotográfica, Dolz dijo que había ingresado al sótano de la ESMA donde fue sometido a golpes y tortura y que luego fue llevado al sector conocido como "Capucha".
También dijo, haber oído los gritos de un "gordo cordobés" que era torturado y probablemente no haya sobrevivido y esté desaparecido.
La descripción coincide con el período en el cual habría estado en la ESMA un ingeniero oriundo de la provincia mediterránea, militante de Montoneros.
"Yo creo que me salvó un pariente abogado radical que tenía contactos. Habían venido a buscar a un concuñado mio y a su esposa, hermana de mi mujer y como no estaban me llevaron a mí", explicó.
En ese sentido, aclaró que en Mendoza declaró en la causa por el secuestro de su hermana desaparecida, Margarita Rosa Dolz, pero que no mencionó su paso por la ESMA.
Dolz se presentó el viernes siguiente en los tribunales federales de Comodoro Py 2002 a presenciar una audiencia del juicio de la ESMA.
Con posterioridad, lo hizo ante el juzgado federal número 12 a cargo del juez Sergio Torres, donde prestó declaración testimonial durante dos horas y media, en las que brindó "detalles que permiten especular con que a fines del 76 los militares no sabían del todo qué iban a hacer con la ESMA", según explicó a Noticias Argentinas.
En ese sentido, explicó que del grupo de militares que lo secuestro "uno de ellos ocultó su arma ante la presencia de uno de sus sobrinos, no forzaron un mueble que estaba cerrado con llaves, y cuando llamó mi cuñada por teléfono no interceptaron la llamada ante la negativa de mi mujer a que lo hagan".
"Cuando salimos en libertad era otra la historia, en la declaración hablé de distintas etapas de la ESMA con distintos objetivos", concluyó.
Fuente:MDzonline
Raimundo, apodado "Negro", uno de los fundadores de las FAP, y José, "Pepe", eran militantes del Peronismo de Base. El 3 de agosto de 1979 a la noche José fue privado ilegalmente de su libertad, con su compañera, Josefina Villaflor, y su hija María Celeste, de dos años y medio de edad. La familia fue secuestrada en la casa, en la Provincia de Buenos Aires, por un grupo de personas armadas, vestidas de civil, quienes dijeron pertenecer a las Fuerzas de Seguridad y que, en realidad, integraban el Grupo de Tareas de la ESMA.
Posteriormente, las víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida.
A la mañana, Raimundo fue capturado con su compañera, María Elsa Martínez. Los dos fueron llevados a la ESMA. Celeste fue entregada a sus abuelos ese mismo día, por Claudio "Fafá" Pittana o Enrique Yon, según consta en la elevación a juicio realizada por el Dr. Taiano.
Entre el 18 y el 22 de enero de 1980 Josefina y María Elsa, su cuñada, fueron llevadas por Ricardo Miguel Cavallo de visita a la casa de los padres de Josefina. Esto se repitió el 1º de febrero de ese mismo año.
Josefina, María Elsa, José y Raimundo formaban integraron el denominado "Grupo Villaflor", el cual habría sido "trasladado" en marzo de 1980.
El testimonio de Ricardo Hazán, hermano de José
El testigo amplió su declaración, en el marco de las reglas de Casación para abreviar los debates por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
"Me enteré dos días después del secuestro. Lo secuestraron un viernes. En ese momento mi hermano trabajaba con mi papá. Llegaron a la casa el viernes a la noche y ahí lo secuestraron, estaba mi sobrina", contó el testigo.
"A los tres días de que secuestraron a mi hermano fue secuestrado Pablo Lepiscopo (caso 542), amigo de mi hermano de la secundaria, del Colegio Nacional Buenos Aires. Mi mamá y la de Pablo se comunicaron", agregó. José tenía 24 años de edad cuando fue llevado a la ESMA.
Uñas pintadas
Thelma Jara de Cabezas (caso 535) fue quien le contó a Ricardo que en la ESMA vio a su sobrina, María Celeste: "cuando llegué a la ESMA la vi a tu sobrina, Celeste. Lloraba mucho y yo le pinté las uñas", le dijo. "A mi sobrina la entregan en casa de los abuelos maternos. Celeste tenía las uñas pintadas", contó el testigo.
El caso de Enrique Néstor Ardeti (544)
Enrique era mecánico de electrodomésticos y miembro de alto nivel de las Fuerzas Armadas Peronistas, FAP. Lo apodaban "Ramón". El 6 de agosto de 1976 alrededor de las 16:00 horas fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Fue secuestrado en el taller en el que trabajaba, en Florencio Varela, Provincia de Bueno Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes lo llevaron a la ESMA.
Al día siguiente de la captura fue llevado a La Plata, donde le permitieron verse con su esposa dentro de un automóvil. Enrique estaba totalmente mojado, le faltaban dientes, tenía la casa y los ojos hinchados. La víctima le dijo a su compañera, Consuelo Eufemia Orellano de Ardeti, que se fuera a la casa de su madre con sus hijos. También le contó que lo estaban torturando con picana. Consuelo le preguntó a dónde lo llevarían y él le dijo que se lo llevaban para matarlo.
En la noche del 29 de octubre de 1979 Enrique la llamó por teléfono y le dijo que se quedara tranquila, que estaba bien, que estaría ausente sólo por un tiempo, mientras otro hombre le decía a Consuelo que dejara de hacer preguntas e ir al CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). Enrique pudo comunicarse en varias ocasiones con la casa de la cuñada de Consuelo, Edith Esther Rojas, y una con la de su hermano, en Santa Fe. Una de las llamadas fue para Navidad y otra para Año Nuevo.
El 26 de enero de 1980 Ardeti fue llevado por Ricardo Miguel Cavallo a su casa en un Ford Falcon verde. Estaba muy delgado y pesaba aproximadamente 50 kilos. El robo de sus bienes está siendo investigado en la causa Nº 1376/04, por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 12, Secretaría Nº 23, a cargo del Dr. Sergio Torres.
Enrique formaba parte del "Grupo Villaflor" y sigue desaparecido.
El testimonio de Consuelo Eufemia Orellano de Ardeti, compañera de Enrique
La testigo recordó que la declaración de hoy es la cuarta que realizó.
"El primer llamado que recibí fue el 24 de octubre de 1979, el día del cumpleaños de mi esposo. En los llamados siempre intervenía otra persona en la conversación. No había una secuencia ordenada de llamados: podría ser la una de la mañana, Noche Buena o Año Nuevo", contó la testigo.
"En enero llamaron, yo no estaba. Llamó mi esposo. Dijeron que el 26 de enero mi marido iba a venir a mi casa, que yo no le avisara a nadie, que los únicos que podíamos estar éramos mis hijos y yo, que no podía haber gente cerca de mi casa. El 26 de enero vienen y se quedan dos horas. Estaban todos los vecinos", recordó Consuelo. "Me dijeron que me dejaban en libertad porque yo era la esposa, no compañera. Me dijeron: ´su marido va a llamar todas las semanas, los miércoles", agregó. "No me digas nada, no tengo tiempo. Los quiero, cuídense", le dijo a uno de sus hijos en marzo de 1980.
Tener el poder
Consuelo contó que "cuando viene Cavallo a mi casa me dice que prepare un poder ante un escribano. Yo jamás había hecho uno. Por el diario sacamos el nombre de uno de La Plata, nunca supe cómo se llamaba. Fui, pero no tenía dinero para pagarle. Tenía que tener el poder para una fecha. Como no le pude pagar, no me lo dio. Cuando vinieron a mi casa a buscar el poder se enojaron mucho, porque no lo tenía. Luego volvieron. A uno de ellos después lo vi en La Plata, saliendo de la escuela de las calles 14 y 51, esperando el micro para ir a mi casa. El micro 273 para casi frente a mí, pero sobre el cordón, y baja un joven con un bolsito, dando un saltito, y cruza así, adelante. Yo lo miro y lo reconozco: él que quien vino a casa a buscar el poder. Lo voy a buscar, ya había doblado, así que lo pierdo. Corro, doblo y no estaba. Veo la oficina de la Federal. Entro, había un policía atrás del mostrador. Le dije: ´recién entró un amigo, quiero hablar con él´. Me dicen: ´el suboficial Pittana´. Sale este hombre, me llevaba una cabeza, y me miraba para abajo. Le dije todo lo que se me venía a la boca, que él era uno de los que tenía a mi marido. Él me seguía mirando".
La testigo declaró que el poder "era para que mi esposo vendiera el negocio y el auto", y agregó que "cuando fueron a mi casa se robaron todo. Había un magiclick: hasta eso se robaron".
"Espero que se haga justicia. Hay que hacer, más que decir", sostuvo Consuelo para concluir su cuarta declaración testimonial.
Los casos de Rubén Luis Gómez (706) y Estela Beatriz Trofimuk (707)
El 28 de diciembre de 1978 fueron secuestrados y llevados a la ESMA, a las 24 años de edad. Tras el cautiverio, ambos fueron liberados.
El testimonio de Rubén Luis Gómez
"El 28 de diciembre de 1978 yo tenía que encontrarme con Eduardo Giardino (caso 522). Somos amigos de la secundaria. Iba a la búsqueda de él porque hacía unos días que había perdido contacto. Eso fue en la esquina de Dorrego y Corrientes, mi sorpresa fue inmensa. Aparece un grupo de personas atrás, a los gritos y dicen que yo tenía algo que ver con la venta de drogas. Me metieron adentro de un auto, en el piso. Me pegaban con la intención de asustarme. Me llevaron durante 45 minutos, aproximadamente, hasta un lugar donde se detiene el vehículo. Entra, se detiene de nuevo adentro. Luego me bajan del auto. Ahí me sacaron mis pertenencias y me llevan a una habitación chiquita. Al ratito viene alguien y me dice: ´Sabemos quién sos, a qué te dedicás, andá contando todo lo que sabés", relató el testigo, militante de JUP.
Rubén y Estela pudieron verse dentro de la ESMA, porque le anunciaron a él que ella sería liberada.
Violencia
Rubén recordó que los guardias le pegaban cada vez que iba al baño y que, una vez que Estela fue liberada, recibió más. Incluso, dijo que lo llevaron a Capuchita, donde "uno de ellos me pega más que de costumbre, me tira en el piso y me empieza a contar una historia siniestra de una relación sexual que habría tenido con Estela, con lujo de detalles. Yo pensaba que él pretendía que me enojara y lo insultara. Sin embargo, pude calmarme y soportar la situación".
Después de la ESMA
"Después de que salgo, después del 31 de enero, Estela me cuenta algunas cosas, estábamos los dos muy mal. Estuve un año durmiendo con las manos así y los pies también, unidos. Cuando me di cuenta de esta situación, abrí las manos todo lo que pude, y mis pies se volvían a unir".
"Siento que saldé una deuda importante en mi vida por haber venido acá, me siento obligado por las personas que no están vivas, me siento acompañado por mi gente, querido por los jóvenes que hoy están volviendo a creer en la política. Es un momento de mucha emoción, que quedará en la historia de mi vida", sostuvo Rubén al finalizar su declaración.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 19 de marzo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma
Mendocino asegura haber estado "desaparecido" en la Esma, pero nunca declaró ante la Justicia

Dolz dijo haber permanecido en la ESMA entre el 15 de noviembre y el 24 de noviembre de 1976, y que solo cree reconocer a uno de los represores que vio por televisión en el primero de los juicios, ya que se trataría de uno de los dos sujetos que allanó su casa en el partido bonaerense de Vicente López, según la agencia Noticias Argentinas.
Al tomar contacto con quienes también fueron víctimas del grupo de tareas de la ESMA, Dolz relató los hechos y circunstancias que rodearon su detención, y dijo no haberse presentado antes porque se consideraba "un rehén", con un paso fugaz por el campo de concentración.
Ante el tenor de la conversación, el grupo de exdetenidos se interesó y se sorprendieron por la presencia del hombre que transitó 38 años de su vida sin presentarse ante los tribunales ni ante la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) a dar cuenta del hecho del cual había sido víctima.
Con una nitidez casi fotográfica, Dolz dijo que había ingresado al sótano de la ESMA donde fue sometido a golpes y tortura y que luego fue llevado al sector conocido como "Capucha".
También dijo, haber oído los gritos de un "gordo cordobés" que era torturado y probablemente no haya sobrevivido y esté desaparecido.
La descripción coincide con el período en el cual habría estado en la ESMA un ingeniero oriundo de la provincia mediterránea, militante de Montoneros.
"Yo creo que me salvó un pariente abogado radical que tenía contactos. Habían venido a buscar a un concuñado mio y a su esposa, hermana de mi mujer y como no estaban me llevaron a mí", explicó.
En ese sentido, aclaró que en Mendoza declaró en la causa por el secuestro de su hermana desaparecida, Margarita Rosa Dolz, pero que no mencionó su paso por la ESMA.
Dolz se presentó el viernes siguiente en los tribunales federales de Comodoro Py 2002 a presenciar una audiencia del juicio de la ESMA.
Con posterioridad, lo hizo ante el juzgado federal número 12 a cargo del juez Sergio Torres, donde prestó declaración testimonial durante dos horas y media, en las que brindó "detalles que permiten especular con que a fines del 76 los militares no sabían del todo qué iban a hacer con la ESMA", según explicó a Noticias Argentinas.
En ese sentido, explicó que del grupo de militares que lo secuestro "uno de ellos ocultó su arma ante la presencia de uno de sus sobrinos, no forzaron un mueble que estaba cerrado con llaves, y cuando llamó mi cuñada por teléfono no interceptaron la llamada ante la negativa de mi mujer a que lo hagan".
"Cuando salimos en libertad era otra la historia, en la declaración hablé de distintas etapas de la ESMA con distintos objetivos", concluyó.
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