la cacha: nuevos testimonios en el juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en el centro de detención platense
"No saber es la angustia más dolorosa"
Leticia Baibiene, hija de desaparecidos, declaró ante el TOCF 1 y destacó el valor de conocer la historia de sus padres.
Por: Pablo Roesler
Mientras haya un genocida o un asesino que podamos comprobar que cometió un delito, vamos a estar pidiendo justicia y, además, donde haya una necesidad, van a estar los compañeros pidiendo justicia. Y en sus banderas van a estar los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos." Con esa frase, el hijo de desaparecidos Ramón Baibiene culminó su declaración en el juicio que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en La Cacha. Apenas terminó de hablar, desde el público, una voz ahogada, casi un llanto, gritó: "presentes". Luego llegaron los aplausos.
Baibiene fue uno de los cinco integrantes de la querella unificada de hijos de desaparecidos que declararon el viernes último en la novena audiencia del debate en que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata juzga a 21 imputados por los crímenes cometidos en ese centro clandestino. La jornada, que se realizó en una sala colmada de público, culminó a puertas cerradas: al finalizar los testigos, los acusados respondieron con insultos los cánticos del público, y los jueces desalojaron la sala .
Ramón y su hermana Leticia Baibiene recordaron el secuestro de su madre, Elba Ramírez Avella, y el asesinato de su padre, Arturo Baibiene, cometidos en Berisso el 26 de abril de 1977. Verónica Bogliano y su hermana Laura relataron el secuestro de sus papás María Susana Leiva y Adrián Claudio Bogliano, cometidos el 12 de agosto de ese año en Villa Elisa. Y Camilo Cagni recordó cuando, el 22 de junio de 1977, una patota secuestró en su casa de La Plata a Nora Silvestri y Julio Cagni, sus padres. Los cinco remarcaron que en sus familias nunca les escondieron lo ocurrido con sus padres y que por ello esperan justicia desde su niñez.
"El día que secuestraron a mis viejos, mi mamá estaba haciendo empanadas para mi cumpleaños", recordó Verónica Bogliano, la abogada que lleva adelante la querella de HIJOS en el juicio y quien declaró en primer lugar ante los jueces Carlos Rozanski, Pablo Jantus y Pablo Vega. Contó que esa noche un grupo de tareas entró a su casa y, después de golpear a sus padres, la patota se dedicó a robar todo lo de valor. "Se llevaron los recuerdos. Tengo cuatro o cinco fotos de mi mamá y tres de mi papá, pero en ninguna estoy con ellos", contó.
Sus papás fueron secuestrados en agosto de 1977 y luego asesinados el 23 de septiembre del mismo año, en un enfrentamiento fraguado. Por 33 años estuvieron enterrados como NN en el cementerio municipal de La Plata, hasta que fueron identificados en 2010. Bogliano se quejó de que en el juicio sólo se juzgue el homicidio de su papá. "Mis padres fueron secuestrados, asesinados y enterrados juntos, no entiendo por qué mi mamá no es caso aquí", se lamentó también, más tarde, su hermana Laura.
Ramón y Leticia Baibiene se refirieron al secuestro de su mamá en Berisso. "Recuerdo el artículo del diario El Día que decía 'abatieron a dos subversivos en un enfrentamiento'. Fue difícil explicar que no había sido así, que a mi casa entraron 30 personas con armas largas y se enfrentaron a una mujer, a un nene de un año y medio y a una nena de tres años y medio", señaló Ramón. Por vecinos de Berisso, supo que a su padre, luego de herirlo y capturarlo cuando intentó huir, lo torturaron y lo mataron en su propia casa. Ramón contó que supo por la sobreviviente Patricia Rolli que su mamá había estado en La Cacha. "En el centro clandestinos ellas intercambiaron un arito y quedaron con el compromiso de que si alguna salía viva le iba a entregar ese arito a los familiares. Patricia cumplió ese pacto y con mi hermana sentimos que de algún modo mi mamá retornó en ese arito", relató.
Leticia tenía once años en 1985 cuando un periodista de la Televisión Española la entrevistó por la desaparición de sus padres. En ese reportaje, la niña pide justicia: "Habría que ponerlos en la cárcel", dice. Casi treinta años después, y por primera vez ante un tribunal, la mujer pudo hacer el mismo relato. "Mi familia fue diezmada por la dictadura. Tengo cuatro tíos, mi mamá y mi papá desaparecidos", comenzó Leticia Baibiene. "Cuando una sabe la verdad –aseguró–, por más terrible que sea, está ahí. Pero no saber es la angustia más dolorosa. El saber debería ser un derecho para todos nosotros".
Camilo Cagni fue el último miembro de H.I.J.O.S. en declarar. "Me han cortado la posibilidad de tener una infancia plena", señaló, luego de recordar que sus papás militaban en la Juventud Guevarista cuando el 22 de junio de 1977 los secuestraron en su domicilio de La Plata.
A través de sobrevivientes del centro, Camilo supo que sus padres fueron vistos en La Cacha: "Una sobreviviente me dijo que mis viejos querían que yo supiera que estaban bien, que estaban juntos y que me querían mucho", detalló Camilo.
tensión en la sala
P.R.
Héctor Raúl "El Oso" Acuña incorporó su humanidad de casi dos metros de alto con la velocidad de un rayo. Fueron necesarios cuatro guardias del Servicio Penitenciario para frenarlo y contenerlo en el corralito donde se sientan los imputados y evitar que pasara de los gestos y los insultos, a zambullirse entre el público de la sala, donde sobrevivientes y militantes cantaban: "Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar." Como respuesta, el tribunal mandó desalojar la sala.
El incidente ocurrió en la audiencia del viernes pasado, al finalizar los testimonios de HIJOS de desaparecidos. El clima fue espeso toda la jornada, pero explotó cuando el público –fue una audiencia a sala llena– comenzó a cantar, aplaudir y festejar los testimonios de los jóvenes que relataban sus historias por primera vez en un debate.
Primero, reaccionó el imputado, Acuña, y luego se sumó Miguel Etchecolatz, que insultó al tribunal. Los roces habían comenzado en la primera audiencia, cuando Acuña levantó el dedo medio de una mano en dirección al público apenas subió al corralito destinado a los acusados. Más tarde, se sumaron los defensores, que primero pidieron que no se aplaudan los testimonios –el imputado Jaime Smart, que ejerce su propia defensa, incluso dijo que era incitación a la violencia–, y luego, directamente, hacer el debate sin público con el argumento de que también se transmite por internet.
A sala cerrada, el Tribunal recordó que los juicios por crímenes de lesa humanidad son debates especiales donde se considera normal que brote, en forma de aplausos o cánticos, la angustia contenida por el largo tiempo de impunidad, aunque advirtieron que serán reprimidos los insultos o faltas de respeto. La audiencia de mañana comenzará a las 11, con público.
Fuente:TiempoArgentino
| La Cacha: Agradecieron a la familia Bettini por recuperar cuerpo de un desaparecido platense |
| Jueves, 27 de Febrero de 2014 |
Julia Bearzi, hija de Luis Bearzi, asesinado por policías bonaerenses en 1976, durante la dictadura cívico militar en Tolosa, agradeció a la familia del actual embajador en España, Carlos Betini por ayudarlos a recuperar el cuerpo de su padre y "poder velarlo, enterrarlo y darle cristiana sepultura"."Gracias a los esfuerzos de la familia Bettini mis abuelos paternos pudieron recuperar el cuerpo de mi padre, pudieron saber de este hecho, y pudieron velarlo, enterrarlo y darle cristiana sepultura", dijo Julia al prestar declaración testimonial en una nueva audiencia del juicio que se le sigue a 21 acusados por delitos de lesa humanidad ocurridos en La Plata. Relató que su padre fue asesinado en noviembre de 1976 "en la vía pública cuando iba a tener un encuentro con otro compañero, Marcelo Bettini, en lo que se conocía en la jerga como una ´cita cantada´". Mi papá había sido enterrado como NN. Este asesinato sale publicado como un enfrentamiento. El mismo certificado de defunción lo piden las fuerzas que lo mataron, y ahí se certifica la defunción por perdida de masa encefálica por un disparo de arma de fuego", graficó. Sin embargo, aclaró que con la ayuda de la familia Bettini "lo pudimos velar y enterrar y pudimos evitar que engrose la lista de desaparecidos". Agregó que en el caso de su madre, Graciela Quesada, "es diferente: tenemos registro que desaparece en marzo de 1977, meses después del asesinato de mi papá. Mucho después tuvimos la certeza de que ella estuvo en la Cacha, por testimonio de sobrevivientes. Eso ya entrada la democracia, lo supimos", acotó. Reveló que tuvo algunos contactos con su mama, cuando recibieron un llamado en la casa de sus abuelos para el cumpleaños de su hermano. "Casualmente vivíamos con mis abuelos, en su casa en 55 entre 7 y 8, de La Plata frente de la SIDE, en el destacamento de inteligencia del Ejercito. Mi mama salió un dia, se acercó a mi abuela, le preguntó donde estas, y mi mamá le dijo que estaba bien", afirmó. "Después hay otro llamado, dice que le van a dar la salida del país, al tiempo de eso, una persona se presenta en la casa de mis abuelos y se lleva la documentación que mi abuela había preparado a los efectos del pedido", añadió. En otro tramo de su testimonio, Bearzi dijo que su madre le avisó "que iba a venir el 30 de noviembre de 1977, ella se presenta en mi casa con dos tenientes, que se presentaron con el nombre de Aguirre y Ocampo, y en esa oportunidad ella e está un rato en mi casa". "En un momento, mi abuelo constata que ella estaba embarazada y que podría tener un embarazo de siete meses, mi abuelo era un reconocido ginecólogo", acotó y destacó que después de noviembre de 1977 no tuvieron más contacto con su mamá. Graciela Quesada estudiaba antropología, era militante de base en Montoneros, fue secuestrada el 17 de marzo de 1977 y estuvo detenida en la Brigada de Investigaciones de La Plata y luego en La Cacha. Su pareja, Luis Eduardo Bearzi había sido asesinado poco antes en una emboscada junto a Marcelo Gabriel Bettini, el 8 de noviembre de 1976, en el barrio platense de Tolosa, hecho por el que están procesados los represores Miguel Etchecolatz y Julio César Garachico, entre otros. En la audiencia de hoy, también prestó testimonio por teleconferencia la hermana de Graciela Quesada quien reconoció unas cartas escaneadas que tenían los abogados defensores y que eran cartas dirigidas por su hermana a sus padres y a ella. También pidió ampliar su declaración el ex ministro de Gobierno bonaerense durante la dictadura cívico militar, James Smart quien expuso sobre actuación como abogado defensor del ex policía, Samuel Miara, apropiador de los mellizos Regiardo-Tolosa. |
)En una nueva audiencia del juicio que se le sigue en La Plata a 21 acusados de delitos de lesa humanidad durante la úlima dictadura cívico-militar, una testigo declaró que cuando secuestraron a sus padres "se llevaron todo, hasta las canillas, no dejaron nada, ni siquiera las fotos de la familia".
Se trata de Verónica Bogliano, hija de María Susana Leiva y Adrián Bogliano, secuestrados el 12 de agosto de 1977 de su casa de la localidad platense de Villa Elisa por un grupo de tareas, después torturados y asesinados, y sus restos restituidos en 2010.
"Entraron de noche a casa y después de golpear a mi madre y mi padre, la patota se dedicó a robar todo lo de valor, pero también se llevaron las canillas de la casa, la fotos y chucherías", dijo la testigo a los jueces del Tribunal Oral Federal Uno de La Plata, que juzga los delitos cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha.
Bogliano contó que después del secuestro de sus padres "las mismas personas que se los llevaron nos entregaron a mi hermana y a mi a mi abuela, Delia Cendagorta de Bogliano, en su casa de City Bell".
"En ese momento le dijeron a la abuela que no se preocupara por mis padres porque estaban bien, aunque los vecinos que me contaron los vieron muy golpeados cuando los sacaba de las casa", relató la testigo.
Agregó que "el `están bien` fue una respuesta recurrente y perversa que siempre se le dio a la familia cuando hicieron gestiones en todos lados para encontarlos".
Bogliano manifestó que su madre, cuando estaba secuestrada, "fue dada de baja en el trabajo por ausencia".
María Susana Leiva tenía 32 años cuando la secuestraron el 12 de agosto de 1977, en su casa, junto a dos compañeros y su pareja, Adrián Claudio Bogliano, de 28 años.
Fuente:Telam
Se trata de Verónica Bogliano, hija de María Susana Leiva y Adrián Bogliano, secuestrados el 12 de agosto de 1977 de su casa de la localidad platense de Villa Elisa por un grupo de tareas, después torturados y asesinados, y sus restos restituidos en 2010.
"Entraron de noche a casa y después de golpear a mi madre y mi padre, la patota se dedicó a robar todo lo de valor, pero también se llevaron las canillas de la casa, la fotos y chucherías", dijo la testigo a los jueces del Tribunal Oral Federal Uno de La Plata, que juzga los delitos cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha.
Bogliano contó que después del secuestro de sus padres "las mismas personas que se los llevaron nos entregaron a mi hermana y a mi a mi abuela, Delia Cendagorta de Bogliano, en su casa de City Bell".
"En ese momento le dijeron a la abuela que no se preocupara por mis padres porque estaban bien, aunque los vecinos que me contaron los vieron muy golpeados cuando los sacaba de las casa", relató la testigo.
Agregó que "el `están bien` fue una respuesta recurrente y perversa que siempre se le dio a la familia cuando hicieron gestiones en todos lados para encontarlos".
Bogliano manifestó que su madre, cuando estaba secuestrada, "fue dada de baja en el trabajo por ausencia".
María Susana Leiva tenía 32 años cuando la secuestraron el 12 de agosto de 1977, en su casa, junto a dos compañeros y su pareja, Adrián Claudio Bogliano, de 28 años.
Fuente:Telam
La Cacha
Hija de desaparecidos relató que en el secuestro de sus padres se robaron todo
Se trata de Verónica Bogliano, hija de María Susana Leiva y Adrián Bogliano, secuestrados el 12 de agosto de 1977 de su casa de la localidad platense de Villa Elisa por un grupo de tareas, quien declaró En una nueva audiencia del juicio que se les sigue en La Plata a 21 acusados de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico-militar.
28 Feb
Laura y Verónica Bogliano, y sus padres María Susana y Adrián Claudio
Verónica Bogliano declaró que cuando secuestraron a sus padres "se llevaron todo, hasta las canillas, no dejaron nada, ni siquiera las fotos de la familia".
"Entraron de noche a casa y después de golpear a mi madre y mi padre, la patota se dedicó a robar todo lo de valor, pero también se llevaron las canillas de la casa, la fotos y chucherías", dijo la testigo a los jueces del Tribunal Oral Federal Uno de La Plata, que juzga los delitos cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha.
Bogliano contó que después del secuestro de sus padres "las mismas personas que se los llevaron nos entregaron a mi hermana y a mí a mi abuela, Delia Cendagorta de Bogliano, en su casa de City Bell".
"En ese momento le dijeron a la abuela que no se preocupara por mis padres porque estaban bien, aunque los vecinos que me contaron los vieron muy golpeados cuando los sacaba de las casa", relató la testigo.
Agregó que "él `están bien` fue una respuesta recurrente y perversa que siempre se le dio a la familia cuando hicieron gestiones en todos lados para encontrarlos".
Bogliano manifestó que su madre, cuando estaba secuestrada, "fue dada de baja en el trabajo por ausencia".
María Susana Leiva tenía 32 años cuando la secuestraron el 12 de agosto de 1977, en su casa, junto a dos compañeros y su pareja, Adrián Claudio Bogliano, de 28 años. Sus restos fueron restituidos en 2010.
Fuente:Agepeba
Verónica Bogliano declaró que cuando secuestraron a sus padres "se llevaron todo, hasta las canillas, no dejaron nada, ni siquiera las fotos de la familia".
"Entraron de noche a casa y después de golpear a mi madre y mi padre, la patota se dedicó a robar todo lo de valor, pero también se llevaron las canillas de la casa, la fotos y chucherías", dijo la testigo a los jueces del Tribunal Oral Federal Uno de La Plata, que juzga los delitos cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha.
Bogliano contó que después del secuestro de sus padres "las mismas personas que se los llevaron nos entregaron a mi hermana y a mí a mi abuela, Delia Cendagorta de Bogliano, en su casa de City Bell".
"En ese momento le dijeron a la abuela que no se preocupara por mis padres porque estaban bien, aunque los vecinos que me contaron los vieron muy golpeados cuando los sacaba de las casa", relató la testigo.
Agregó que "él `están bien` fue una respuesta recurrente y perversa que siempre se le dio a la familia cuando hicieron gestiones en todos lados para encontrarlos".
Bogliano manifestó que su madre, cuando estaba secuestrada, "fue dada de baja en el trabajo por ausencia".
María Susana Leiva tenía 32 años cuando la secuestraron el 12 de agosto de 1977, en su casa, junto a dos compañeros y su pareja, Adrián Claudio Bogliano, de 28 años. Sus restos fueron restituidos en 2010.
Fuente:Agepeba
28.02.2014
lo señalaron por la firma de certificados de defunción
Renunció el docente acusado de vínculos con la dictadura militar
El vicedecano de la Facultad de Medicina de La Plata, Enrique Pérez Albizú, dejó su cargo luego de ser señalado en el marco de un juicio.
Por: Pablo Roesler
El vicedecano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) renunció a su cargo luego de que la Madre de Plaza de Mayo, Adelina Dematti de Alaye, lo acusara en el juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha, de firmar junto a otros 20 médicos certificados de defunción que la dictadura usaba para hacer pasar asesinatos como caídos en enfrentamientos.
La renuncia del vicedecano, el cirujano platense Enrique Pérez Albizú, fue confirmada por el decano de la Facultad de Medicina, Jorge Martínez. La denuncia que motivó el apartamiento fue formulada por Alaye el viernes pasado ante el Tribunal Oral en lo Criminal Nº1, que juzga a 21 militares, policías y civiles por delitos de lesa humanidad.
Según la documentación presentada por la Madre en el debate oral, Pérez Albizú está acusado de haber firmado tres certificados de defunción de personas anotados en la morgue policial de La Plata como NN, muertos por "destrucción de masa encefálica por herida de proyectil arma de fuego".
Alaye explicó que esos asesinatos forman parte de "falsos enfrentamientos", figura con que la dictadura escondía los fusilamientos de detenidos desaparecidos y develó que 21 médicos firmaron 227 defunciones de NN entre 1976 y 1978. Y destacó que cuando el muerto era perseguido político no se realizaba autopsia y, además, se registraba la "intervención del área 113 del Ejército" y se los catalogaba "de puño y letra de los médicos, como 'SUB' (en alusión a subversivo)", destacó la mujer.
Esa revelación derivó en una iniciativa de diversos organismos de Derechos Humanos, facultades de La Plata, sectores gremiales y estudiantiles, quienes exigieron a la UNLP separar a Pérez Albizú de su cargo, ya que su presunta complicidad con la dictadura contradice el Estatuto que rige la casa de estudios platense desde 2008. La norma ya en su preámbulo reafirma su compromiso con los valores democráticos y republicanos, y establece que "no podrán incorporarse y/o permanecer" en la institución, personas involucradas en los crímenes del genocidio.
La Federación Universitaria de La Plata (FULP), a través de una carta enviada al rector de la UNLP, Fernando Tauber, también pidió una reunión del Consejo Superior para tratar el pedido de remoción del cirujano y tomó el edificio de la presidencia. Al conocerse la renuncia levantaron la medida.
En tanto, el rectorado de la UNLP convocó a una sesión extraordinaria del Consejo Superior para el 11 de marzo, para tratar la situación del vicedecano, quien también integra la cátedra de Anatomía de esa facultad, junto a otras irregularidades en esa unidad académica.
Fuente:TiempoArgentino
Envío:Agnddhh
Renunció Pérez Albizu al vicedecanato de Medicina
Lo confirmó a Diagonales el decano Jorge Martínez, luego de que el médico fuera denunciado por haber firmado certificados de defunción de víctimas del terrorismo de Estado. La posición de la FULP tras la dimisión.
27.02.2014
Lo confirmó a Diagonales el decano Jorge Martínez, luego de que el médico fuera denunciado por haber firmado certificados de defunción de víctimas del terrorismo de Estado. La posición de la FULP tras la dimisión.
27.02.2014

El vicedecano renunciante de Medicina, Enrique Pérez Albizu (Foto: Archivo Diagonales)
El vicedecano de Medicina, Enrique Pérez Albizu, renunció a su cargo después de haber sido denunciado por haber firmado supuestos certificados de defunción de víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar, los cuales después habrían servido para fraguar enfrentamientos. La dimisión fue confirmada a Diagonales por el decano Jorge Martínez.
La denuncia que motivó la renuncia fue formulada, en el marco del juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha, por la Madre de Plaza de Mayo platense, Adelina de Alaye, quien tras una prolongada y profunda investigación personal, accedió a la documentación en la que aparece la firma del profesional.
La renuncia, que habría sido presentada el miércoles a la noche, fue confirmada a este medio este jueves por el decano Martínez, quien se excusó en sus "ocupaciones" para no abundar en las motivaciones de la dimisión de su colega.
No obstante, en una nota publicada esta mañana por el diario local El Día en su edición impresa, el mismo Martínez aparece citado informando de la renuncia y de su aceptación: “Creyó que era lo debido en estas circunstancias, y le fue aceptada”.
El caso de Pérez Albizu se enmarca en una denuncia más amplia contra 21 profesionales. La madre de Plaza de Mayo lo acusa de haber firmado tres certificados de defunción de personas anotados en la morgue policial de La Plata como "NN", muertos por "destrucción de masa encefálica por herida de proyectil arma de fuego".
Hay tres certificados que, según el testimonio, llevan la firma del actual vicedecano de Medicina como médico examinador de los cadáveres. La Madre explicó que esos asesinatos forman parte de "falsos enfrentamientos", figura con que la dictadura escondía los fusilamientos de detenidos desaparecidos.
Consultado por Diagonales, Pérez Albizu había dicho que durante la dictadura, mientras mantuvo relación laboral con fuerzas de seguridad, solo prestaba "funciones asistenciales".
Envío:Agnddhh
UNLP: por el conflicto en Medicina citan a Consejo Superior
La reunión será el 11 de marzo y fue convocada por el presidente Fernando Tauber. Es una respuesta al pedido de la FULP por la denuncia contra el vicedecano, y por la negativa del decano de esa facultad a firmar los títulos.
27.02.2014
La reunión será el 11 de marzo y fue convocada por el presidente Fernando Tauber. Es una respuesta al pedido de la FULP por la denuncia contra el vicedecano, y por la negativa del decano de esa facultad a firmar los títulos.
27.02.2014

El presidente de la UNLP, Fernando Tauber, convocó al Consejo Superior para el 11 de marzo (Foto: archivo Diagonales - MA)
La decisión, según un comunicado difundido por la UNLP, fue comunicada a la Presidenta de la FULP en las primeras horas de la tarde del miércoles, y responde a un pedido de esa Federación, la cual decidió tomar el Rectorado para sostener ese reclamo. Esa medida se levantaría este mediodía, después de una asamblea estudiantil.
“De esta manera, las autoridades de la UNLP han dado respuesta al reclamo realizado por la Federación Universitaria de La Plata”, dice el texto de la alta casa de estudios.
En concreto, la Federación que nuclea a los estudiantes de la UNLP solicitó a las autoridades de la casa de estudios el debate en el seno de Consejo Superior de la situación del vicedecano de la facultad de Ciencias Médicas, quien fue recientemente vinculado con la última dictadura militar en el marco de las audiencias del juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha.
En ese sentido, la UNLP informó que este jueves Wse realizó un pedido urgente de informes al Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, que preside el juez Carlos Rozanski, como así también al fiscal de la causa”.
Se indicó también que, de contar con elementos probatorios suficientes avalados por la justicia, la UNLP se ajustará estrictamente a lo que manda su propio Estatuto respecto a que “no podrán incorporarse y/o permanecer en la Universidad, en cualquier desempeño, aquellas personas involucradas en violaciones a los derechos humanos y/o terrorismo de estado”.
Los títulos. Los estudiantes de la FULP solicitaron además que se incorpore a la discusión el análisis del conflicto suscitado en la facultad de Medicina a partir de la negativa del decano Jorge Martínez de firmar los diplomas de un grupo de flamantes egresados que, a pesar de haber completado y aprobado todas las materias para recibirse, aún no han podido acceder a su título.
Cabe recordar en este sentido que el presidente de la UNLP, Fernando Tauber, firmó en la jornada de ayer una resolución intimando al decano y al vicedecano para que rubriquen los títulos.
Según un informe producido por la Dirección de Títulos y Certificaciones de la UNLP, las autoridades de la Facultad de Medicina retienen en su poder y se niegan a firmar los diplomas de cinco egresados. La documentación se encuentra en la sede de la unidad académica de calle 60 desde el 13 de diciembre, a la espera de la rúbrica del decano.
Frente a este escenario, el presidente Tauber firmó la resolución en la que “se intima a los señores Decano y Vicedecano de la Facultad de Ciencias Médicas, para que en el plazo de 48 horas corridas sean suscriptos los diplomas de los egresados”. Ese plazo comenzó a correr desde la mañana de hoy.
El texto, agrega además que, en caso de no firmar, ambas autoridades “serán responsables excluyentes por las consecuencias que dicha mora ocasione, como así también de los daños y perjuicios que pudiere ocasionar”.
Fuente:Diagonales
Envío:Agnddhh
27.02.2014
octava jornada en el juicio por crímenes de lesa humanidad en la cacha
"A mis hijos les quitaron la posibilidad de crecer con sus abuelos"
María Bearzi relató el asesinato de su padre y la desaparición de su madre. Un imputado pidió "no lavar la cabeza" de los jóvenes presentes.
Por: Pablo Roesler
María Julia primero recordó que a su papá, Luis Bearzi, lo mataron a finales de 1976 en La Plata junto a su compañero Gabriel Bettini. Luego rememoró que en marzo del '77 secuestraron a su mamá, Graciela Quesada, a quien en cautiverio le permitieron enviar tres cartas y la dejaron ver a sus hijos dos veces. El día en que se produjo el último encuentro, María Julia cumplía dos años. Y ese día su abuelo advirtió que Graciela estaba embarazada. La testigo contó todo de corrido ayer en el juicio en que el Tribunal en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata juzga a 21 imputados por los crímenes cometidos en el centro clandestino La Cacha, en el que sus padres son parte de las más de 130 víctimas.
Jueces, abogados y público escucharon el relato en silencio. "A mí y a mi hermano nos privaron de la posibilidad de crecer con nuestros padres; a mis hijos de crecer con sus abuelos; y al hijo que mi mamá seguramente tuvo en cautiverio, de conocer su verdadera identidad", dijo María Julia, al resumir el dolor que dejó el terrorismo de Estado.
"Mi papá estaba terminando la carrera de medicina y trabajaba en el Hospital de Berisso. Mi mamá estudiaba antropología. Los dos militaban, primero en la JP (NdR: Juventud Peronista) y luego en Montoneros. Hacían trabajo territorial. Estaban convencidos, y trataban de convencer a la gente, que había un camino a través de la política de salir de la exclusión social", recordó Bearzi.
La mujer contó que su padre fue asesinado en una emboscada policial el 9 de noviembre de 1976. "Fue a una cita con su compañero y amigo Gabriel Bettini", contó. Y remarcó que en los medios gráficos de entonces esos asesinatos eran presentados como "un enfrentamiento". También recordó que Jorge Devoto, el cuñado desaparecido del actual embajador en España, Carlos Bettini, ayudó a recuperar los cuerpos. "Mi papá estaba enterrado como NN en el cementerio de La Plata", explicó. Y completó: "Lo pudimos sepultar y evitar que engrose la lista de desaparecidos."
María Julia tenía poco más de un año cuando su mamá fue secuestrada el 17 de marzo de 1977. Supo por sobrevivientes que estuvo en la Brigada de Policía y luego en La Cacha. Y recordó que mientras estaba cautiva pudieron verla dos veces.
El primer encuentro fue en la vereda de la casa de sus abuelos paternos, donde creció, ubicada frente al Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE). Según explicó, quienes la custodiaban permitieron que Quesada tomara contacto con ellos. El segundo encuentro fue el 15 de noviembre del '77: "Era el día de mi cumpleaños. Ella se presentó en casa con dos tenientes que estaban de civil. Y mi abuelo, que era un ginecólogo reconocido en la ciudad, se dio cuenta que estaba embarazada de unos siete meses", detalló. Ese día, la mujer les dijo que sus captores la sacarían del país, pero nunca volvieron a verla.
Antes habían recordado esos episodios su tía, Ana Araceli Quesada, y su abuela, la Madre de Plaza de Mayo Carlotta Ayub, ambas por videoconferencia desde España, donde se exiliaron en esa época. Y la hermana de la desaparecida presentó tres cartas que Graciela envió mientras estaba en cautiverio.
Sobre el final de la jornada el ex ministro de Gobierno bonaerense de la dictadura, Jaime Lamont Smart, imputado en la causa pidió que los estudiantes de Periodismo no escucharan las audiencias para evitar que "les laven la cabeza".
Fuente:TiempoArgentino
Envío:Agnddhh
La Cacha: “Nos privaron de crecer con nuestros padres”
La hija de Luis Bearzi volvió a contar cómo mataron a su padre y el calvario de su madre desaparecida. Polémica declaración del acusado Jaime Smart.
26.02.2014
La hija de Luis Bearzi volvió a contar cómo mataron a su padre y el calvario de su madre desaparecida. Polémica declaración del acusado Jaime Smart.
26.02.2014

María Julia Bearzi llevó su historia ante los jueces (Foto: Matías Adhemar)
noticiasplatenses@gmail.com
@martinenlared
“A mí y a mi hermano nos privaron de crecer con nuestros padres. A mi hijo de crecer con sus abuelos y al hijo que mi mamá tuvo en cautiverio lo siguen privando de su verdadera identidad” sostuvo María Julia Bearzi quien revivió el homicidio de su padre Luis Bearzi y el secuestro y desaparición de su madre Graciela Quesada en el marco del juicio oral a 21 acusados por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha, que funcionó en la localidad platense de Lisandro Olmos, durante la última dictadura cívico militar. La testigo ya había narrado la historia en el marco del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en varios centros clandestinos de detención que conformaron el “Circuito Camps”.
María Julia tenía poco más de un año cuando su mamá, Graciela Quesada, fue secuestrada. Recordó que mientras estaba en cautiverio pudieron verla en dos oportunidades, en una de las cuales su abuelo advirtió que estaba embarazada.
“A mí y a mi hermano nos privaron de crecer con nuestros padres. A mi hijo de crecer con sus abuelos y al hijo que mi mamá tuvo en cautiverio, que debe haber nacido en enero de 1978, lo siguen privando de su verdadera identidad”, dijo Bearzi. Su madre estudiaba antropología, era militante de base en Montoneros, fue secuestrada el 17 de marzo de 1977 y estuvo detenida en La Cacha previo paso por la Brigada de Investigaciones.
Su papá, Luis Eduardo Bearzi había sido asesinado poco antes en una emboscada junto a Marcelo Gabriel Bettini, el 8 de noviembre de 1976, cuando concurrían a una cita cantada en Tolosa. “El certificado de defunción de papá decía ‘NN’ y luego fue rectificado, pero como causal de muerte figura ‘pérdida de masa encefálica producto de un disparo de arma de fuego’”.
La testigo recordó que los medios gráficos de entonces publicaron las emboscadas de Bettini y Bearzi como “un enfrentamiento”.
| La mujer recordó ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 1 de La Plata que ella y su familia tuvieron contacto con su madre mientras estaba detenida-desaparecida y que pudieron verla “dos o tres veces”. “Yo recuerdo dos encuentros”, contó la mujer. Y abundó: “Nosotros (con sus abuelos) vivíamos en 55 entre 6 y 7, frente a una dependencia de la SIE (Servicio de Inteligencia del Ejército) y un día que estábamos en la calle vimos que ella estaba en un auto estacionado en la puerta de ese lugar. Le permitieron bajar y saludarnos y compartir un momento con nosotros”. Bearzi contó que en junio de 1977, para el cumpleaños de su hermano, su madre llamó por teléfono y que en noviembre del mismo año, para la fecha de su cumpleaños, avisó que iba a ir a verlos. | g | g | La próxima audiencia será el próximo viernes 28 de febrero a las 10. Para esa jornada se espera la declaración de Verónica y Laura Bogliano, Ramón y Leticia Baiviene, Inés Seoane y Camilo Cagni. | g |
“Vino con dos personas de civil que se presentaron como el teniente Aguirre y el teniente Ocampo. Fue una situación muy terrible para mis abuelos”, recordó. Y contó que “mi abuelo, que era un gran ginecólogo, se dio cuenta de que estaba embarazada de unos siete meses”.
En ese encuentro la prisionera de la dictadura les dijo que estaban planeando sacarla del país.
“Todas estas cosas yo me las acuerdo porque mis abuelos paternos siempre me las contaron y luego pude leer las cartas, son difíciles de leer, son cartas visadas, las escribió con alguien.
Por su parte Carlotta Ayub recordó que cuando buscaba información de su hija fueron a la SIE donde le dijeron “no la busque más” y no pudo recordar con precisión la persona que le dio esa recomendación temeraria, pero mencionó: “Un tal Perea, no recuerdo bien”. Su hija Ana, en cambio no pudo recordar ningún apellido en ese sentido. En el banquillo de los acusados está sentado Luis Orlando Perea quien, según la información del expediente, sería la persona que recibió a la señora Ayub de Quesada.
Fuente:Diagonales
Envío:Agnddhh








No hay comentarios:
Publicar un comentario