9 de marzo de 2014

MEGACAUSA ESMA: "SOY UN SOBREVIVIENTE O UN DESAPARECIDO APARECIDO"-AUDIENCIAS DÍAS 123,124 y 125.

8-3-2014
Un testimonio conmovedor en la megacausa ESMA
“Soy un sobreviviente, o un desaparecido reaparecido”

El físico Mario Villani estuvo detenido-desaparecido durante tres años y ocho meses y pasó por cinco centro clandestinos. Hasta 1985 tuvo controles telefónicos por parte de los militares. Desde 2003 vive en Miami y desde allí declaró esta semana en el juicio por la ESMA y relató cómo los marinos lo obligaron a vender su casa, para quedarse con la plata.
Por: Natalia Biazzini
Villani fue secuestrado por la Federal en 1977. Foto: Gentileza La Voz del Interior / P. Castillo. 
 Mario Villani fue un damnificado directo del robo de inmuebles por parte de los marinos durante la última dictadura. Como adelanto de la causa Chacras de Coria, que investiga el robo de propiedades de los desaparecidos, en el juicio por la megacausa ESMA, la fiscalía le pidió al ex detenido desaparecido que hablara sobre su caso: fue obligado a vender la casa que tenía en Ramos Mejía. “En una escribanía el comprador me dio un sobre con dinero efectivo. No recuerdo la cifra: pongamos como ejemplo 30 mil dólares, por decir. Cuando subimos al auto los represores sacaron 5 mil dólares y los repartieron entre ellos.

Me dijeron que en la ESMA dijera que la vendí a 25 mil dólares. Se ‘mejicaneaban’ entre ellos”. Villani nunca recuperó su casa.

El 18 de noviembre de 1977, Villani salió de su casa de Parque Patricios en su Fiat 600. Había recorrido tres cuadras y frenó en un semáforo en rojo. Ahí una patota de la Policía Federal lo rodeó y lo llevó secuestrado al centro clandestino El Olimpo. De ahí fue trasladado a cuatro centros donde pasó los siguientes tres años y ocho meses de su vida: Club Atlético, Banco, División Cuatrerismo de Quilmes y ESMA. Fue salvajemente torturado y vio compañeros morir.

Hasta 1985, Villani tuvo controles telefónicos de parte de los militares. Por todas las torturas recibidas en los centros clandestinos le quedaron secuelas físicas: está ciego del ojo derecho y tiene severos problemas cardíacos. En 2011, publicó el libro Desaparecido. Memorias de un cautiverio, con prólogo del jurista Eugenio Raúl Zaffaroni. El dato lo mencionó en el juicio y las primeras palabras que asoman en el texto marcan su descripción: “Soy un ex desaparecido, un sobreviviente, o si se quiere un desaparecido reaparecido”.

Como Villani declaró en el juicio anterior de ESMA, esta vez solo tuvo que responder precisiones que le pidieron los fiscales, querellas y defensores. Es lo que se llama “el traslado de la prueba”, para que no contase su historia otra vez y evitar ser revictimizado. En esta oportunidad lo hizo por videoconferencia desde el consulado argentino en Miami. En esa ciudad vive desde 2003.

Durante su declaración, Villani utilizó el concepto de “campo de concentración” para referirse a los centros clandestinos de detención. Quizás sea porque vio que muchos de sus compañeros eran “trasladados”, un eufemismo que utilizaban los marinos para la palabra asesinar, para hablar de los vuelos de la muerte. Villani elaboró un listado que alcanzó a 166 víctimas. Allí volcó los datos de esenciales: nombre, apellido, apodo, lugar donde lo vio y fecha aproximada. Este informe le sirvió a los familiares y a la Justicia para reconstruir historias y casos judiciales.

La fiscal ad hoc Mercedes Soiza Reilly le preguntó sobre la relación entre la Armada y el Ejército. “Aunque había campos controlados por la Policía Federal, como el Olimpo, todo estaba controlado por las Fuerzas Armadas”, dijo Villani.

También le preguntaron por su paso en la isla El Silencio, en el delta. En 1979, los marinos habían traslado a un grupo de prisioneros de la ESMA a ese lugar, que pertenecía al Arzobispado de Buenos Aires. Lo hicieron para burlar los controles de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que viajó ese año a la Argentina a fiscalizar denuncias a los derechos humanos. El año pasado la Justicia realizó la primera inspección ocular a la isla.

Le costó recordar fechas y nombres de las personas con las que había viajado en lancha. “Pasaron muchos años”, se excusó. El abogado defensor Guillermo Jesús Fanego se atrevió a preguntarle por sus “actividades deportivas y laborales durante su estadía” en la isla. El público en la audiencia saltó de las butacas. “No estaba de vacaciones, era un desaparecido”, gritó alguien. Villani no respondió.

Al igual que en todas las audiencias, el represor Ricardo Miguel Cavallo estaba presente en la audiencia, tomando notas en su notebook. Jamás mira a los testigos que están presentes en la sala. Esta vez, al ser por videoconferencia, se animó y levantó la cabeza. Se quedó por segundos mirando la pantalla. Lo hizo varias veces. Quizás recordaba el rostro de Villani, un poco más joven, de aquellos años en la ESMA.

Durante las casi dos horas de declaración, Villani dio nombres de secuestrados y torturadores. Habló de los represores: Orlando González Acuña alias Hormiga; Claudio Orlando Pittana alias Fafa; y Antonio Pernías alias Rata. Villani fue secuestrado a los 38 años. Era físico y en la ESMA lo utilizaron para hacer trabajo esclavo, reparar electrodomésticos. Una vez lo llamaron para reparar una picana. Al principio se negó, pero cambió de idea cuando los torturadores le aplicaron corriente directa a los secuestrados. Entonces la arregló bajándole la descarga.

En las declaraciones está prohibido leer. Los testigos tienen que apelar a su memoria, pero en algunos tribunales permiten consultar anotaciones. El TOF 5 no permite que los testigos miren papeles como tampoco deja que el público exhiba fotos con los rostros de sus víctimas.

Sobre la mesa del consulado, Villani tenía unas hojas con anotaciones. El TOF le advirtió que no podía leer. Mientras hablaba sobre los represores, el defensor oficial Fernando López Robbio se molestó porque los dedos de Villani tocaban las hojas. Y se lo hizo saber al tribunal. A sus 75 años, Villani testimonió muchas veces en Argentina y también en Francia, España, Italia sobre estos nombres de torturadores que le aplicaron picana sobre su cuerpo y su espíritu. Y ayer le hicieron sentir que hacía trampa. No fue justo.

Aunque la querella de la organización Justicia Ya protestó, el presidente del TOF, Daniel Obligado pidió que se aparten las hojas de la mesa.

-Usted dijo que los altos mandos visitaron la ESMA. ¿A qué fueron?- interpeló Fanego.
-No sé, parece que iban de visita. Pero pregúnteles a ellos, mejor.

“No ha sido fácil para mí esta declaración. Me significó un gran esfuerzo en mi mente. Es bueno porque se está avanzando hacia el lado de la Justicia”, finalizó Villani. El público lo aplaudió de pie.
Fuente:Infojus



17 02 2014 
TESTIMONIOS
123. "No bajaremos los brazos hasta saber la verdad"
Expresó Estela Gladys Fidalgo, hermana de Alcira Graciela, quien aún continúa desaparecida. En esta audiencia declaró también la familia Milesi-Pisarello, detenida en Uruguay, y Oscar Serrat, sobreviviente.

Los secuestros de Uruguay de la familia Milesi-Pisarello
Los miembros de la familia declararon en la etapa anterior de la Megacausa ESMA, por lo que sus testimonios fueron agregados a esta etapa.

El caso de María Laura Milesi Pisarello (695)
María Laura Milesi Pisarello fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la madrugada del día 17 de diciembre de 1977, cuando contaba con cuatro meses de edad, en una casa cercana a Montevideo en la zona este de la costa, en el balneario de Lagomar, República Oriental del Uruguay, por las fuerzas armadas uruguayas. En esa oportunidad, estaba acompañada por su madre, María del Huerto Milesi, las tres hijas de Rosario Quiroga (de 3, 4 y 5 años), la señora Susana Beatriz Mata de Barry y su pequeña hija, Alejandrina Barry.

Posteriormente, fue conducida a una residencia en la localidad de Carrasco, donde permaneció durante alrededor de dos días.

Aproximadamente luego de tres días de hallarse secuestrada, varios oficiales argentinos, entre quienes estaban el Teniente de Navío Raúl Scheller (alias “Mariano”), el Mayor del Ejército Juan Carlos Coronel (alias “Maco”), el Oficial de la Prefectura Naval Héctor Febres (alias “Selva” o “Daniel”) y el miembro del Servicio Penitenciario Carlos Generoso (alias “Fragote”) la trasladaron a la Escuela de Mecánica de la Armada con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley.

Permaneció clandestinamente detenida en la E.S.M.A., donde fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida.

Pocos días después, María Laura Pisarello Milesi fue entregada a sus abuelos maternos en la Provincia de Santa Fe.

En sus propias palabras
“Nací el 11 de agosto de 1977 en México, cuando tenía menos de un mes viajamos con mis padres a Uruguya y el 16 de diciembre de 1977, cuando tenía 4 meses, allanaron la casa donde encontraron a mis papás y nos detuvieron. No tengo recuerdo de lo ocurrido, lo que sé es por testimonios de quienes compartieron esa etapa. Fuimos trasladados a la ESMA donde permanecí hasta el 19 de diciembre de 1977, cuando me llevaron a Santa Fe. Una de las personas detenidas en la ESMA me llevó en brazos, Lidia Vieyra (caso nro. 241), y una vez que llegaron a Santa Fe esta persona se quedó en el auto y uno de los militares tocó la puerta de mis abuelos y me entregaron. Luego, antes de tener 2 años, viajé con mis padres de exilio a Venezuela y no tengo recuerdo de ninguno de esos hechos. Conforme fui creciendo me fueron explicando cosas que pasaron, según mis inquietudes, mientras fui creciendo me fui enterando de cómo fueron los hechos. Me contaron de dos o tres contactos, que mi madre pedía poder verme, entonces generaban citas en un lugar indicado y los trasladaban a los dos, compartían un momento en que me veían y regresaban a la ESMA”. Del secuestro en Uruguay le dijeron que había tres o cuatro nenas más. Los padres de María Laura son María del Huerto Milesi (caso nro. 423) y Rolando Ramón Pisarello (caso nro. 422).

El caso de María del Huerto Milesi (423)
María del Huerto Milesi, apodada “Chiqui”, fue privada ilegalmente de su libertad en la madrugada del día 17 de diciembre de 1977, en una casa cercana a Montevideo en la zona este de la costa, en el balneario de Lagomar, República Oriental del Uruguay, por las fuerzas armadas uruguayas. En esa oportunidad, estaba acompañada por su bebé de 4 meses de edad, las tres hijas de Rosario Quiroga (de 3, 4 y 5 años), la señora Barry y su pequeña hija.

Luego, fue conducida a una residencia en la localidad de Carrasco, donde permaneció durante alrededor de dos días.

Aproximadamente luego de tres días de hallarse secuestrada, varios oficiales argentinos, entre quienes estaban el Teniente de Navío Raúl Scheller (alias “Mariano”), el Mayor del Ejército Juan Carlos Coronel (alias “Maco”), el Oficial de la Prefectura Naval Héctor Febres (alias “Selva” o “Daniel”) y el miembro del Servicio Penitenciario Carlos Generoso (alias “Fragote”) la trasladaron a la E.S.M.A. con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley.

Permaneció clandestinamente detenida en la E.S.M.A., donde fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida, agravadas por la circunstancia de saber que su esposo estaba detenido en ese centro clandestino en similares condiciones.

Asimismo, fue obligada a realizar trabajos a favor de sus captores, sin recibir ninguna remuneración a cambio, mientras escuchaba los gritos de otros secuestrados que estaban siendo torturados e inclusive observaba a los torturadores notoriamente exaltados. Finalmente, fue liberada el 23 de marzo de 1979.

El secuestro
“El 15 de diciembre de 1977 sale Rosario Quiroga (caso nro. 421) y Pisarello Rolando Ramón Pisarello (caso nro. 422) de la casa de la mamá en Montevideo. En la (ruta) interbalnearia son secuestrados. Yo había quedado en casa con María Laura (Pisarello) y las tres nenas de Rosario de 3, 4 y 5 años: Elvira, Virginia y María Paula. Llega Susana Matos de Barry, con una niña de 2 años, Alejandrina. Yo no la conocía pero me comenta que había escuchado por radio que estaban pidiendo dadores de sangre para una persona con el nombre de su esposo y pensaba que era una trampa, así que no iba a concurrir al hospital y no había ido a su casa sino a la de Rosario. Rosario y Rolando no llegaron, a las 5 de la mañana nos iluminan la casa y nos piden que nos entreguemos porque van a disparar. Salgo y les digo que la casa estaba llena de niños, que íbamos a salir. Salgo, Susana no. Nos llevan a un lugar que no puedo precisar. El 15, cuando llego escucho que están Dri (Jaime Feliciano Dri, caso nro. 420), (Miguel Ángel) Estrella, Orazo, una chica Susana”, contó.

El viaje
“No vi nada porque tenía puesta una capucha, sí recuerdo la conversación. Me sacan la venda antes de llevarnos para decirnos que había personal de Argentina: ‘Mariano’, ‘Maco’, (Héctor) Febres y Gasparini, que era otro secuestrado. Cuando llega momento de subirnos a una camioneta escucho una conversación en la que le dicen a Gasparini y a otro oficial que tenían que irse por avión de línea porque no cabíamos. Nos fuimos Rosario, Dri, yo y otro más. Aterrizamos, según decían, cerca de Aeroparque”, relató. Más adelante, “entró el (Jorge) ‘Tigre’ Acosta y nos dice que estamos en la ESMA, en el sótano”.

El organigrama
“Pertenecía a Montoneros y a la Juventud Peronista. Decían que era la Columna Norte, me parece, unos nombres que no tenían nada que ver conmigo. Estaba colgado en la piecita 14, en la sala de interrogatorios”, describió Milesi.

“Los Pedros”
“Eran más que ‘Los Verdes’. Tenían llaves, trasladaban personas de un lugar a otro, a cuartos de interrogatorio. Uno se llamaba ‘Pedro Bolita’; otro ‘Morrón’, esos me bajaban de Capucha. Después a otro le decían ‘Bruja’, con marcas en la cara”, dijo.

Laura
“No supe dónde estuvo, algunas personas dicen que en el mismo nivel de Capucha, en Pecera, donde no tuve acceso, alguien me hablo que le hicieron un móvil. Nos secuestran el 16, el 17 vamos a la ESMA y el 19 la llevan a Laura a Santa Fe, ella pasó dos noches”, recordó.
Graselli

“Él sabía cuál era la situación y lo que hace es pedirle al Consulado de Venezuela, le redacta una carta en la que le pide una visa para alguien que iba en acción humanitaria, para una gira en Latinoamérica, no tengo noción de cómo fue ese trámite, sí me llevaron a hacer ese trámite desde la ESMA”, relató. “Viajamos en Aerolíneas Argentinas, con pasajes comprados por la Armada Argentina. Todo lo que dice la carta es falso”.

“Bicho” García (Manuel Eduardo García, caso nro. 475)
“Llevaba a su hijo a una guardería donde trabajaba, lo conocía, era de Santa Fe, tenía una capucha blanca, lo reconocí. Estaba parado, esperando que lo llevaran a algún lado”, contó.

Ana María Ponce (caso nro. 327)
“Era una chica bonita. Al tiempo, en el sótano, otra persona que no sé quién fue, que estaba en Pecera, comentó que la habían matado”, declaró.

Los represores
“Hormiga”: “Trabajaba en Inteligencia. Cuando me permitieron hacer un llamado él era el que me hizo llamar desde el teléfono del sótano. Me había prometido que me iba a dejar llamar”.

“Gustavos”: “Choferes, uno de los chicos jóvenes era Roque”.

“Gordo Tomás”: “No que tuvo contacto conmigo, hablaba por el sótano. Operativo parecía”.

El episodio del colectivo
“Viajaba para cambiar la visa mía y de mi hija, fui a Porto Alegre para tener visa de turista. Subieron, mi asiento era el 7, preguntan ellos dónde estaban los pasajeros, me preguntan por qué estaba sola con la nena, tenía solo mi apellido, me revisaron el bolso y me dijo el chofer que dos personas que venían de Montevideo se bajaron con ellos. El que paró el colectivo es el mismo que veo cuando me sacan la venda en Montevideo”, describió.

“Antes de venir para acá revisé papeles, encontré unas poesías que escribió mi papá dedicadas a mi hija, al final de las poesías decía que quería para su niña que su vida sea tan blanca, como es de blanca su cuna, blanca su alma. Pido justicia para ellos”, finalizó Milesi.

El caso de Rolando Pisarello (422)
Rolando Ramón Pisarello, apodado “Tito” y “Cabezón”, fue privado ilegalmente de su libertad por personal de las fuerzas armadas uruguayas vestido de civil, el día 15 de diciembre de 1977, a las 8:30 horas aproximadamente, junto a Rosario Evangelina Quiroga, en la ruta interbalnearia del balneario de Lagomar, República Oriental del Uruguay. En esa ocasión fue sometido a una fuerte golpiza.

Luego, fue conducido a una residencia en la localidad de Carrasco y, a los pocos días, lo llevaron a una habitación, donde había varios oficiales argentinos, a quienes luego pudo reconocer como el Teniente de Navío Raúl Scheller (alias “Mariano”), el Mayor del Ejército Juan Carlos Coronel (alias “Maco”) y el Oficial de la Prefectura Naval Héctor Febres (alias “Selva” o “Daniel”). Ese grupo, junto al miembro del Servicio Penitenciario Carlos Generoso (alias “Fragote”) lo trasladó a la E.S.M.A. el 20 o el 21 de diciembre con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley.

Permaneció clandestinamente detenido en la E.S.M.A., donde se lo atormentó mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida, agravadas por la circunstancia de saber que su esposa estaba detenida en ese centro clandestino en similares condiciones; desde su llegada a la ESMA se le asignó el número “047”.

Asimismo, fue obligado a realizar trabajos a favor de sus captores, sin recibir ninguna remuneración a cambio, mientras escuchaba los gritos de otros secuestrados que estaban siendo torturados e inclusive observaba a los torturadores notoriamente exaltados.

Finalmente, fue liberado entre el 23 y el 24 de marzo de 1979.

El secuestro
“Me detienen el 15 de diciembre de 1977 y creo que el 18 me llevan a la ESMA. Me hacen sacar capucha las Fuerzas Armadas uruguayas y otros de las Fuerzas Armadas argentinas me dicen que íbamos para Argentina, que algunos de los detenidos íbamos a ir para Argentina. El recorrido fue corto, no lejos del aeropuerto, nos subieron a avión pequeño, entraba poca gente, en ese vuelo estuvo Jaime Dri, mi señora, la bebé y algún personal. Salió de Carrasaco a Aeroparque, tenía pocas escaleras, no era un avión grande, después de ahí entramos a la ESMA. Me llevan a un cuartito en el sótano que le decían ‘4’. Ahí estuve solo yo, no sé mi señora qué trayecto hizo y dónde fue a parar la nena. Después me entere de que había ido donde estaban otros detenidos en la Pecera, que habían visto que le llevaron una mamadera. Nos dicen que la van a llevar con sus abuelos. Una de las detenidas, Lidia Vieyra, acompañó el contingente de tres miembros del centro clandestino y fueron en auto a Santa Teresa, la entregaron a mis suegros. A la nena le decíamos Pupi”, declaró.

Los traslados
“Me llamó mucho la atención en la ESMA la gran cantidad de gente en Capucha, un área en forma de ‘L’. Me colocan cerca de la escalera, había todos tabiques separados con goma espuma de metro aproximadamente y de un día para otro dicen: ‘Busquen ubicación, córranse’. Nos llamó la atención que en el Pañol con algunas guardias nos levantábamos las capuchas y veíamos gente, ropa, cosas en malas condiciones, mucha de esa ropa apareció en el Pañol, a donde fueron no necesitaban eso. Me llevó bastante tiempo entender ese mecanismo, me resultaba irracional que pudiera existir. Sí cuando se hacían traslados había alerta importante, mucha tensión en la situación, no se movían detenidos para ninguna parte, había cierto protocolo o pauta, que algo importante estaba ocurriendo”, contó.

Piezas de ajedrez
“En esos primeros días de lo que me acuerdo es de un chico al lado mío que me dice: ‘Levantate la capucha y asómate, la guardia no mira, estamos tranquilos’. Nos quedamos charlando, inventamos con migas de pan piezas de ajedrez, me dijo que era de la Federación Juvenil Comunista. Los razonamientos que hacia eran extraños. Me decía que esto iba a terminar porque (Jorge Rafael) Videla no es (Augusto) Pinochet, tenemos que evitar golpe pinochetistas, no lo entendía. Fue una charla corta”, relató. “Se fue en los primeros traslados, era menor que yo, 17 años”.

La enfermería
“No puedo dar precisiones, nunca estuve mucho en ese lugar. Allí estaba Oscar De Gregorio (caso nro. 395), el esposo de Rosario (Quiroga), una chica que traen de Montevideo. Por ese vínculo nos hacen bajar para la Navidad del 77 y compartimos una hora con De Gregorio, Rosario, mi señora y yo, y en un momento llegaron directivos del centro clandestino e hicieron un saludo de Navidad, medio raro a De Gregorio. Me refiero a las personas que eran influyentes y tomaban decisiones ahí adentro. Me acuerdo de Jorge Acosta, en ese momento, con uniforme, estaban en el Casino brindando por la Navidad y bajó con alguien más a saludar puntualmente a De Gregorio. El lugar tenía algo contranatural, él estaba en reposo, acostado, pero no había instrumental de enfermería, no era un lugar equipado para servicio de Enfermería”, contó. “A De Gregorio lo detienen en el puerto de Colonia”, agregó.

“Los Pedros”
“Eran jefes de ‘Los Verdes’, les daban órdenes, les decían qué tenían que hacer. Me acuerdo de ‘Pedro Bolita’, de ‘Morrón’. Otros 4 más o menos rotaban con distintos grupos de ‘Verdes’. Caían una ronda revisando qué hacían ‘Los Verdes’, custodia, responsables de esa situación”, declaró.

Mujeres embarazadas
“Supe que estaban y charlando con algunos detenidos sabía que, por ejemplo, Lidia Vieyra, había asistido un parto. A alguna la vi, como silueta cuando la llevaban al baño. Pero no tuve oportunidad de hablar con ellas. Por Lidia Vieyra supe que hubo partos, me supo decir que una mamá le ató un hilito en la oreja a su bebé para que su familia lo identificara.

Los represores
“Hormiga”: “Lo asocio a alguien cercano a El Dorado, un oficial de Inteligencia, decíamos eso con mi esposa, pero no necesariamente era tal. Tenía inclinación hacia la fotografía en sus actividades”.

Manuel Eduardo García
“El Bicho García. Mi mamá en Santa Fe tenía una guardería y el hijo del ‘Bicho’ se llamaba Francisco Solano e iba a la guardería de mi mamá y lo conocía muy bien. Me enteré, alguno de los oficiales me preguntó si lo conocía. Él estaba casado con chica melliza, la hermana, la cuñada se sintió perseguida y le pidió que la ayudara a salir del país haciéndose pasar por mujer, en la frontera con Uruguay los detienen y los llevan ala ESMA. Los vi de lejos unos pocos días y después nunca más”, narró Pisarello. “Vi a la persona que sería ella con una capucha, no puedo dar precisión, tengo la certeza que sí. Era Benazzi (María Catalina, caso nro. 469). En Santa Fe no están, la familia de ellos tiene la certeza que nunca volvieron”.

Armando Croatto
“Era un dirigente del Peronismo, diputado, había gran interés en capturarlo. El grupo de tareas se dedicaba a perseguir a gente de un listado especial. De esa lista negra uno era Croatto”, describió.

Tarnopolsky
“Me acuerdo que en algún momento los militares lo mencionaban porque les daba enojo y bronca, era un conscripto, que a la vez saco información para afuera de lo que estaban haciendo. Eso me enteré adentro. Estando afuera me entere de que desaparecieron a toda la familia”, relató.

El caso de Alcira Graciela Fidalgo (405)
Alcira Graciela Fidalgo, que había sido esposa del dirigente Montonero Tucho Valenzuela y apodaban “Biónica”, fue privada de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 4 de diciembre de 1977, aproximadamente al mediodía, en la puerta del cine “San Nicolás”, ubicado en la calle Lavalle de la Ciudad de Buenos Aires, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3/2.
Posteriormente, fue conducida a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció clandestinamente prisionera sometida a condiciones inhumanas de vida, fue interrogada por Jorge Eduardo Acosta y fue torturada.

Habría sido “trasladada” a principios de 1978. Actualmente, está desaparecida.

Estela Gladys Fidalgo, hermana de Alcira, también declaró en la etapa anterior de la Megacausa.
“Mi hermana había cumplido 27. Yo me enteré después de su secuestro y mi mamá se entera en diciembre del 77, la fecha aproximada, por relatos, es el 4 de diciembre, el día 5 en el departamento de María se presentan dos hombres preguntando por ella, por Alcira pero la señora que estaba en la recepción se asustó. El periodista que ve el secuestro se lo comunica a mi madre, la conocía porque, aparte de colaborar con producción literaria y concursos, iba a los periódicos porque le interesaba presentar firmas por pedidos de hábeas corpus, porque ella trabajaba en un estudio jurídico que intervenía en defensa de los derechos humanos y de los detenidos”, relató.

Artesanías desde la ESMA
“A partir de cartas que escriben compañeras que estuvieron en la ESMA, estuvo en Capuchita, y compartieron con ella momentos, traje en la declaración anterior, dos piezas de cerámica con lo que tenían en ESMA. Mi hermana hacia como una terapia, no se sabia de laborterapia, pero lo encontraron como faceta importante. De las cartas le refieren haber compartido Capuchita, de tener una visión de una persona con entereza, coraje, de acompañar, a pesar de ser menuda. Le decían ‘La Biónica’ como mujer por su condición de coraje y de enfrentar situaciones sin bajar los brazos. Mi madre recibe las cartas en las que se percibía que Alcira iba a salir de esa situación de apremio ilegales y falta de derechos. Traje otra pieza anterior de mi hermana, para comparar. (Exhibe todas las piezas) Es un collar que se hacía como un obsequio para las fiestas con dentífrico, polvo de ladrillo, con esas cosas hacían. Es la imagen de una bailarina, una artista, ella bailaba danza clásica. Esta se fue descabezando, es una maternidad, una mujer con un cántaro. Acá iba acompañado de una cartita dedicada a mis padres, que decía ‘En mis tardes de ocio me dedico a la artesanía’. Piezas hechas en dos momentos de ESMA que le hicieron llegar. Mi mamá me contó, quién se las hace llegar, entiendo que por la carta que es Lila Pastoriza”.

“No bajaremos los brazos hasta saber la verdad, lo que decimos los familiares desde Jujuy y en la patria sobre el destino de los que amamos y seguimos amando, la memoria, de mis hijos, mis nietos, cada una de las cosas que su tía abuela, cuñada, concuñada, no olviden y no olvide nadie. Que no se repita”, finalizó Fidalgo.

El caso de Jorge Oscar Serrat (401)
Oscar Jorge Serrat fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 10 de noviembre de 1977, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3/2. La víctima trabajaba como periodista en la agencia “Associated Press” y figuraba como garante del alquiler de una casa en una isla en el Tigre a favor de Pablo Giussani, quien era amigo de Rodolfo Walsh.
Luego fue trasladado a la E.S.M.A., donde se lo mantuvo clandestinamente en cautiverio y fue atormentado mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida mientras era sometido a reiterados y exhaustivos interrogatorios. Finalmente, fue liberado.

Serrat también declaró en el juicio anterior, por este motivo su testimonio se agregó a esta parte de la Megacausa y se le pidieron ciertas aclaraciones.

El secuestro
“Me secuestran a las 6.30 de la mañana del 10 de noviembre de 1977 en la esquina de casa, en Cabildo e Iberá, barrio de Nuñez. Trabajaba en un noticioso, me detuvieron personas que me dijeron que eran de la Policía Federal Argentina. Estaban de civil y no exhibieron documentación ni orden”, describió.

El viaje
“Fue en automóvil, habremos tardado 15, 20 minutos, sentía ruido del tránsito. Uno de ellos se comunicaba con un intercomunicador. Cuando llegue continúe esposado, con los ojos vendados, descendí por escaleras a otro lugar, como una especie de camarote, había mucho ruido, estaban construyendo otros compartimientos, de carpintería, escuche otras voces”, relató.

Pablo Lusani
En su declaración anterior se mencionó como garante de un Pablo Lusani. “No me exhibieron documentos, pero había firmado garantías, es cierto, también mencionaron datos míos, confundiéndome con mi padre. Lo encontraron en un allanamiento en el Tigre que realizaba Prefectura; que era de Walsh que se la había alquilado a Pablo Lusani”, dijo.

Los interrogatorios
“Eran bruscos el primero que me interrogó dice que si no respondía me iba para arriba, eran oficiales. En un intervalo vino una persona de mayor jerarquía y me habló en otro tono, tenía un rango superior, dijo que lo hacían por el bien del país”, contó. “Escuché ruidos de avión y tren”.

La liberación
“Me dejaron a unas tres cuadras de mi domicilio, en un lugar oscuro de Cabildo hacia el oeste. Dijeron que no mirara y se fueron, me fui a la casa de mi cuñado”, declaró.

El llamado
“Durante el cautiverio me dijeron que podía hablar por teléfono, hablé con la casa de mi cuñado. Me llevaron a un lugar donde había teléfono, nada más”, narró.

El juicio se reanuda el miércoles 19 a las 9:30.


18 02 2014 
TESTIMONIOS
124. "La muerte no es una opción, la opción es la expectativa de un llamado, una aparición"
Dijo Sebastián Rosenfeld, quien nació en la ESMA durante el cautiverio de su madre Patricia Marcuzzo, en su testimonio. También declaró la tía de Rosenfeld y hermana de Patricia; Yamila Zavala Rodríguez, hija de Miguel Domingo, Olga Cañueto y sobrina de Julia Elena Zavala Rodríguez, desaparecidos; Néstor Correa, esposo de Laura Dabas, sobreviviente; Juan Héctor Marsicovetere, sobreviviente, y María Adela Pastor, sobreviviente y esposa de Jorge Cafatti, desaparecido.

El caso de Miguel Domingo Zavala Rodríguez (166)
Miguel Domingo Zavala Rodríguez, ex diputado nacional peronista y miembro de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) apodado “el Colorado”, fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 22 de diciembre de 1976, por integrantes del G.T. 3.3/2, comandados por el teniente Pernías.
Posteriormente, fue llevado a la Escuela de Mecánica de la Armada.
Como resultado del enfrentamiento sostenido con sus captores, se produjo el deceso de la víctima, en cuyo certificado de defunción -expedido el 28 de diciembre de 1976- figura como causa de muerte, heridas múltiples de bala.

El caso de Olga Irma Cañueto (819)
Olga Irma Cañueto de Zavala Rodríguez, quien militaba en la Juventud Peronista y era profesora de Ciencias de la Educación, fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley por integrantes del Grupo de Tareas 3.3/2 comandados por el teniente Pernías, el 22 de diciembre de 1976, mientras hacía compras junto a sus dos hijas -Yamila y Gimena, de dos y cuatro años de edad respectivamente- en Corrientes y Lambaré, de esta Ciudad de Buenos Aires. En el marco de ese mismo operativo fue asesinado, mediante disparos de arma de fuego, su marido, Miguel
Ángel Zavala Rodríguez (caso nro. 166).

Posteriormente, la damnificada fue conducida a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde se la mantuvo clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. Al día de la fecha, permanece desaparecida.

El caso de Julia Elena Zavala Rodríguez (474)
Julia Elena Zabala Rodríguez, hermana de Miguel Ángel Zabala Rodríguez (caso nro. 166) apodada “Tita”, fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 21 de noviembre de 1978, en su domicilio de la calle Aráoz 2438, piso 4, departamento nro. 43 de la Ciudad de Buenos Aires por varios individuos vestidos de civil y armados. Luego, fue conducida al centro clandestino de detención denominado “El Olimpo”.

A fines del mes de diciembre de 1978, fue llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció clandestinamente detenida bajo condiciones inhumanas de vida. Julia Elena Zabala Rodríguez aún permanece desaparecida.

Los secuestros
“Las víctimas en esta causa son mi padre Miguel Domingo Zavala Rodríguez, alias ‘El Colorado’; mi madre Olga Cañueta y mi tia Julia, que es hermana de mi papá. El día en que matan a mi padre y desaparecen a mi mamá fue el 22 de diciembre de 1976 en Lambaré y Corrientes. Yo estaba próxima a cumplir 4 años, mi hermana 2 años y medio. Íbamos con mi hermana y mi mamá a hacer compras. En la calle venía de frente mi papá Miguel, vienen autos, cruzan. En ese episodio asesinan a mi padre. Mi hermana y yo quedamos ahí. Se llevan  a mi mamá de los pelos. Nosotros quedamos ahí con Jimena. Eso fue a la tardecita. El 26 de diciembre salieron grandes titulares sobre el episodio en La Razón, Clarín y La Nación: que había caído el delincuente subversivo exdiputado nacional Miguel Zavala Rodríguez. Eso también lo pude corroborar. Uno va construyendo su historia a medida va creciendo. Fui a la hemeroteca a buscar los diarios de este momento. Toda la información de ese momento es de los diarios que mencioné. El terrorismo de Estado fraguaba los enfrentamientos. Con respecto a Julita, mi tía, desapareció en noviembre del 78, era la hermana de Miguel. Le tenía una gran admiración. Ella pasó por El Olimpo, fue llevada después a la ESMA. Respecto a mi mamá tengo entendido que fue llevada a la ESMA. El recuerdo que tengo es que las personas que agarran a mi mamá de los pelos estaban de civil y con armas”, contó Yamila Zavala Rodríguez.

El Instituto Riglos
“Cuando se llevaron a mi mamá, no sé cuánto tiempo pasó que nos fueron a buscar, alrededor de las 2 de la madrugada, por testimonios de vecinos. Nos llevaron a una comisaría y de ahí al Instituto Riglos en la localidad de Moreno. En este instituto no tengo recuerdo hasta el 11 de marzo de 1977. Hasta el 11 de marzo no tengo registros. Mi tío, Jorge Zavala, ya fallecido, era conocido de un abogado, Florencio Varela. En silencio se encontró con mi tío Jorge y en ese café con un papelito escribió Riglos y así fue la forma en que pudieron encontrarnos. Incluso hay una nota que hizo Florencio Varela en la revista Justicia Militar, estaba en la causa Plan Sistemático también. Manifiesta que no había un plan sistemático de robo de menores, dice que tiene una anécdota. Éramos mi hermana y yo. Habla de un varón, se confunde o hace que se confunde. Plantea que fue partícipe de esa información que está en el legajo de minoridad. Lo que plantea es que fue muy natural la entrega. La esposa de mi tío dijo que había sido de esta forma. El testimonio de esta revista también la tengo. Con el tema legajos, cuando declaré en otro juicio por mi mamá quería ver qué documentación había y pude pedir lo relacionado con nosotros de la asistente social, que ahora falleció. Pero esos legajos están. En ese legajo la asistente social dijo que mi madre se había fugado, que estábamos abandonadas”, relató.

La militancia
“Con respecto a la militancia de mis viejos, muchos compañeros sobrevivientes me cuentan sobre él. Mi papá había estado preso en Devoto en el 69. Se hace mediática la situación para que no puedan matarlo. Mi papá fue abogado de la CGT de los Trabajadores. Después estuvo en la lista de las elecciones del 73 de Diputados. No entró en el primer momento pero cuando renunciaron ocho diputados, mi papá asume la banca de la Provincia de Buenos Aires. Estaba Armando Croatto (caso nro. 470) también entre esos diputados que asumen. Juran por la compañera Evita y los caídos por la liberación nacional. Estuvo en la cámara hasta septiembre de 1974, cuando renuncia a la banca de diputado, hace una renuncia muy fuerte dirigida al Ejecutivo y al Parlamento, por todo lo que estaba pasando: asesinatos, desapariciones, secuestros. Cuando asumieron fueron por las listas del FREJULI pero hicieron bloque aparte de la Juventud Peronista. Mi papa fue uno de los fundadores del Partido Peronista Auténtico junto con (Norberto) Habberger, Lizaso, Pablo Long. Partido que se había consolidado con elecciones de distintos distritos. Después fue proscripto en diciembre de 1975”, relató.

El cuerpo de Miguel
“El cuerpo de mi papá Miguel, por gestiones de mi tío, y por gestiones de mi tío Eduardo también, que hablaron con el I Cuerpo o no sé quién, lo entregaron con la condición de que no hiciéramos ningún velorio. No intervino ninguna autoridad judicial en la entrega y tampoco con lo nuestro, era la Justicia Militar. Como nos encontraron hay un pedido de tutela de mi abuela Maruca. Dice que estamos a disposición, que estábamos bajo el I Cuerpo del Ejército y a disposición de la Justicia Militar”, contó.

Las casas
De la casa en la que vivían “se llevaron todo, todo lo que había. Estábamos ahí hacía unos meses. A Julita también cuando fueron en el 78 se llevaron todo del interior de la casa. Por algún testimonio de sobreviviente en la ESMA había revistas que tal vez tendría mi padre en su momento”.

La búsqueda
“Con respecto a mi mamá nunca hubo respuesta a dónde estaba. Hicieron muchos reclamos en el Ministerio del Interior, con (Albano) Harguindeguy, a la mujer de Videla, cualquier tipo de acción para tener una respuesta. Muchos hábeas corpus todos detallados en los legajos de la CONADEP. Mi abuelo fue a ver a Graselli. Hacía gesto de yo no sé nada, no sé nada y no puedo hacer nada”, describió.

Olga
“Mi mamá fue hija única. Estudió en Mar del Plata Ciencias de la Educación. Se recibió a los 22 años. El último año dio 12 materias. Pedí los analíticos. Mi vieja había dado estas 12 materias en un año como me había dicho mi abuelo. Una alumna de mi mama me dijo: ‘Tu mamá, cuando la tuve de profesora, me cambió la cabeza’. Mi mamá militaba en la Juventud Peronista”, narró.

Y después
“Fuimos a vivir un toque a lo de mi abuela paterna. Después me criaron mis abuelos maternos, Olga y Félix Cañueto, que tenían más de 60 y 70 años. Fue un desafío importante. Mis abuelos me criaron de manera muy linda pese a todo el contexto. Nosotros pudimos estudiar, hacer nuestra familia. Dentro del marco de haber estado en ese momento, de decir: ‘No puedo creer que eso me pasó’, algo positivo es que uno fue partícipe”, dijo.

“Hoy estoy contenta de dar acá testimonio”
“Cuando lo convocan a ser testigo es una mezcla de sensaciones. Podemos dar testimonio, que nos escuchen. Muchos años de silencio, yo como víctima y mi hermana Jimena también. Era un tema muy doloroso entonces, no se hablaba. Hoy estoy contenta de dar acá testimonio. Estoy contenta que hoy el 24 marzo sea feriado inamovible y que mis hijos de 3, 6, y 11 puedan hablar de este tema en el colegio. Es un momento muy importante para todos ustedes y la humanidad. Ahora es el desafío de ustedes”, finalizó.

El caso de Laura Inés Dabas de Correa (380)
Laura Inés Dabas de Correa fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 30 de septiembre de 1977 a las 02:00 horas, en su domicilio ubicado en la calle Segurola 1546 de la Ciudad de Buenos Aires, por un grupo de individuos fuertemente armados vestidos de civil que se identificaron como pertenecientes a las Fuerzas Conjuntas, quienes le ataron las manos, la introdujeron en un Ford Falcon de color amarillo y le vendaron los ojos. Posiblemente fue llevada al CCD “El Atlético”.

Al día siguiente fue conducida a la E.S.M.A., donde permaneció clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. Durante su cautiverio, se la identificó mediante el número “489” que le fue asignado al ingresar a esa dependencia naval y fue sometida a reiterados interrogatorios. Asimismo, sufrió heridas en los tobillos causadas por los grilletes que le habían colocado sus captores.

Finalmente, la víctima -militante de Política Obrera- fue liberada el día 11 de octubre de 1977 en horas de la noche junto con Juan José (apodado “el Gallego”) y Susana Graciela Granica.
Con posterioridad, la contactaron telefónicamente en nombre del capitán Pazo, alias “León”, y concertaron una reunión donde dos personas -una que se identificó como “Mayor” y el otro como “psicólogo”- le entregaron su documento y efectos personales. Luego viajó hacia Brasil junto a su esposo.

La declaración de su compañero Néstor Correa
“Estoy acá como testigo para denunciar, en primer lugar, el secuestro, la tortura de mi esposa, ella falleció en el 87, y de los otros compañeros sometidos a la barbarie en ESMA. Cuando mi compañera, madre de mis hijos, fue secuestrada, yo estaba detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en la cárcel de Rawson. Yo me entero de este secuestro el 11 septiembre del 77, por mi madre. Pero casi concomitantemente con el momento en que es liberada. Y luego con detalles cuando me viene a visitar. Los detalles más brutales y escabrosos solo me los va a poder contar un año después. Fue secuestrada el 21 septiembre de 1977 en el domicilio donde vivíamos junto con mis dos hijos Máximo Javier, Diego Andrés, de 3 y 4 años, y una chica de nacionalidad paraguaya. Las características del secuestro de esta patota son los siguientes: gente vestida de civil, autos Falcon, se declaran miembros de las Fuerzas Conjuntas, con armas largas, y ellos invadan el departamento entre la 1 y las 2 de la mañana. Revisan todo el departamento, se llevaron papeles personales, documentación. Mis hijos se aferran al pijama de mi señora, Laura logra que se queden con la empleada. La encapuchan, secuestran, ponen en un Falcon. Son varios, vestidos de civil y la trasladan a un lugar cercano donde va a permanecer bajo tortura durante 24 horas. Otro lugar es la ESMA. Ella va a sufrir picana eléctrica. Le van a preguntar por nombres de compañeros. Militaba en el movimiento de derechos humanos Familiares de Detenidos por Razones Políticas y junto conmigo éramos integrantes de Política Obrera (PO). Yo estaba preso por mi actividad, y ella por su actividad. La extorsionan recordándole que yo estoy bajo mano de represores en Rawson. Ella declaró en la CONADEP. Sin duda constató la presencia en ese primer lugar de detención de Fernando Sánchez, compañero y amigo y de algún otro compañero. Luego en la ESMA, un año después me va a relatar que sufrió abuso sexual, pudo constatar la presencia Rolando Sánchez, una chica Granica (Susana Graciela Granica, caso nro. 378) esposa de un detenido a disposición Poder Ejecutivo Nacional, un muchacho, ‘El gallego’, dos compañeros de PO. Ella es liberada en los primeros días de octubre, estuvo secuestrada 12 o 13 días. Es liberada en un coche, siempre vendada, a una cuadra del domicilio de mi madre. En el mismo coche iba Granica y Cuello, el gallego. En ESMA, ella es engrillada, esposada, vendada. Ahí es curada por una persona a su vez engrillada en condición de embarazada. Laura contó que la gente que había participado en el secuestro era luego la que participaba en interrogatorios en la ESMA. Le dieron un número por el cual iba a ser llamada y creo que un número de candado. Estaba encapuchada, engrillada y se levantaba la venda solo para comer. Constata la presencia del compañero cuando es traslada al baño. Ella me cuenta que ahí logra hablar con Fernando y ‘José’ Mondragón, que está desaparecido. Ella estuvo en Capucha y en algún momento en Capuchita, arriba”, relató.

‘El gallego’ Cuello
“Su nombre de pila era Juan José, si no me equivoco. Granica y ‘El gallego’ militaban en PO. Los dos fueron liberados”, agregó.

Fernando Sánchez
“Le decíamos ‘El cura’. Por su bondad. En primer lugar es detenido conmigo. Después es liberado. Nosotros caemos presos antes del golpe del 76, cuando ya la represión y barbarie se habían desatado. Tanto Fernando como yo éramos delegados sindicales de una fábrica metalúrgica. Caemos por nuestra actividad política. Él va a ser liberado, es nuevamente secuestrado sin duda en 1977, días antes del secuestro de Laura. Él nunca apareció. A Fernando lo secuestran creo que en un bar junto con Máximo Mondragón”, contó.

La liberación
“Una vez que la liberan la llaman por teléfono, la citan en un bar al que concurre con mi madre. Hay un intento de captación, de busca de colaboradores. En el primer encuentro le devuelven extremadamente ordenadas, separadas con clips en carpetitas, papeles, cartas. En la segunda oportunidad dicen que van a ir al domicilio de mi madre. A partir de allí no hay más contacto. Uno se presenta como psicólogo y otro como abogado. Me suena David uno de los nombres. Laura militaba en Familiares, no solo cuando yo estaba detenido, después del secuestro sigue militando, sigue participando en organismos de derechos humanos, sigue militando en PO. Yo voy a salir en libertad vigilada en noviembre del 78, pero no me dan el pasaporte, no me dejan salir. Entonces comienzan a secuestrar a la gente que le daban libertad vigilada y me voy escapándome por la frontera en Brasil, durante casi 6 años”, narró.

Infiltración
“En el organismo de familiares, se había infiltrado un joven con buena cara, que luego es a todas luces (Alfredo) Astiz, que se hacía pasar por el primo de unas persona desaparecida. Se sospecha que articula a la denuncia muchos integrantes”, declaró.

Un triunfo
“Considero mi presencia en este juicio un triunfo de los que siguieron luchando. Es un homenaje a todos los luchadores sociales. Se trató de un genocidio”, finalizó.

El caso de Patricia Elizabeth Marcuzzo Ferremi (389)
Patricia Elizabeth Marcuzzo Ferremi, apodada “Paty”, fue privada ilegalmente de su libertad el día 19 de octubre de 1977, en la Ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, junto con su compañero Walter Claudio Rosenfeld -quien era conocido como “Jorge”-. Se encontraba cursando el tercer o cuarto mes de gestación de su embarazo.

Fue llevada primero a la Base de Buzos Tácticos de Mar del Plata y luego, a mediados de noviembre de 1977, fue conducida junto con Liliana Pereyra a la E.S.M.A. Allí se la mantuvo clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida, agravadas por el estado de gravidez de la víctima.

El 15 de abril de 1978, Marcuzzo dio a luz a un bebé a quien llamó Sebastián, oportunidad en la que fue asistida por Beatriz Elisa Tokar. El parto habría sido practicado por el Dr. Jorge Luis Magnacco. Marcuzzo permaneció junto con su hijo varios días y luego se los llevaron el mismo día, primero al bebé y al rato ella fue “trasladada”.

El niño fue entregado por cuatro hombres a su abuela materna el 23 de abril en Mar del Plata en un moisés muy arreglado, sin documentos y junto con una carta de la víctima en la que solicitaba que se lo inscribiera a su nombre, y manifestaba que “había viajado al exterior y volvía para tener el bebé, y volvía a viajar”. Patricia Elizabeth Marcuzzo Ferremi aún permanece desaparecida.

La declaración de Sandra Roxana Marcuzzo
“Sebastián es mi sobrino, es hijo de mi hermana Patricia. Mi hermana fue desaparecida en el 77, en octubre del 77 fue secuestrada de la ciudad de Mar del Plata con su pareja Walter Rosenfeld. La madre de Walter nos contó que fueron a su casa y se encontraron con la cena preparada. Ella estaba embarazada en ese momento. Tenía 21. La familia se enteró de la desaparición dado que hubo un allanamiento en mi casa buscando documentos. Ahí empezamos a sospechar que algo había ocurrido con ellos ya que hacía unos días que no venían a visitarnos. Después de transcurridos unos días vinieron a ver qué había ocurrido del trabajo de Walter porque hace días no iba. Transcurrieron los meses, siempre esperando información, que pase algo. Sabíamos que ellos militaban en Montoneros. Tenían ideas políticas muy claras. Compañeros de ellos y conocidos habían sido muertos en diferente ocasiones. A los 2 días de la desaparición, más o menos, allanan la casa”, relató Marcuzzo.

Sebastián
“Sebastian, en abril, más o menos el 20 y tanto, nació el 15, a la tardecita, un auto estaciona entre mi casa y la de al lado. De un Peugeot 504 bajan dos jóvenes con un moisés en la mano. Me preguntan si es la casa mi apellido, preguntan por mi mamá, dije que se estaba duchando. Ponen el moisés y dicen ‘Eso es de Patricia’. Se estaban por ir y dije esperaran, que mi mamá seguro iba a querer hablar con ellos. Viene mamá, le hacen referencia a que ese es el bebé de Patricia, que iban a dejarlo. Venía con leche en polvo y ropita. Y una carta con la letra de mi hermana, datos del papá, que lo cuidáramos mucho, nos pidió que lo anotáramos. Mi mamá les dice que no se vaya, que quiere mandar dinero a mi hermana, ellos dicen que no, que no les dé nada porque no la van a volver a ver a ella. Eran jóvenes entre 20 y 30 años. Los 4 que estaban ahí, estaban vestidos de civil. La carta tenía la letra y la firma conocida de mi hermana: Paty con florcitas y maripositas arriba de la ‘i’. Sebastián pudo recuperar su identidad cuando empezamos a tener contacto con Aída, la madre de Walter, que era militante de Abuelas de Plaza de Mayo, las Abuelas le hacen un análisis ADN así que un juez indica que haga el documento con el apellido del papá”, contó.

“Muchos abogados no querían tener nada que ver. No había manera de probar que sea hijo de ellos. Sebastián estuvo muchos años sin papeles. Nos decían que no podíamos anotar a nadie a nombre de otra persona y en aquellos años para considerar a una persona desaparecida había que esperar 9 años. La libreta sanitaria que hizo una doctora, uno siempre encuentra en el camino alguien que de buena voluntad, tratamos de darle la vida normal de cualquier chico. Tomamos contacto con la familia paterna recién cuando tenía 4 años. Cuando Sebas tenía 4 años mi madre va a una reunión en una iglesia donde iban familiares. Ahí empezamos a tener relación con la familia paterna. Era todo miedo. Y esperando a que ellos volvieran. Siempre que suene el teléfono o la puerta, siempre la esperanza de que haya noticia de dónde están”, narró.

Patricia
“Con la aparición de la democracia y esto que se conocieron con la otra abuela, la otra abuela sí fue mucho más activa en Abuelas y Madres (de Plaza de Mayo). Ahí supimos que mi hermana había tenido el bebé en la ESMA, mucha gente la vio, dio testimonio de haberla visto ahí. Sara Osatinsky (caso nro. 282) la fue a ver a mi mamá y le llevó un pañuelo que había guardado de mi hermana con una canción de Serrat y una canción parto. Ahí le da noticia de haber visto mi hermana ahí y haber asistido al parto. Ni bien la detienen en Mar del Plata fueron a Buzos Tácticos y más o menos 2 meses después fue a la ESMA “, agregó Marcuzzo.

El allanamiento
“Vinieron como 4 personas. Tocaron el timbre al anochecer. Entran en la casa con armas largas. Nos apuntan y nos dicen: ‘Policía Federal. Venimos a buscar documentos que están en tal lugar’, que era como un roperito y era una carpeta marrón. Fueron al lugar, no estaban. Mi mamá, dado que sospechó que algo pasaba, la había sacado. Esos documentos tenían que ver con su militancia, temas sociales, temas de injusticias. Eran militares vestidos de Policía Federal, con armas y uniformes y muy violentos. Los que entregaron a Sebastián no sé quiénes eran. Aparte eran más jóvenes”, dijo.

La búsqueda
“Mi mamá se ocupó mucho de la familia, presentando hábeas corpus y mi abuelo que nació en Estados Unidos y tenía nacionalidad italiana se presentó en las Embajadas de Estados Unidos e e Italia. Mi tía, la hermana de mi mamá, por vivir acá era la que permanentemente presentaba peticiones para que la justicia dijera algo al respecto. Pero nada”, narró.

El caso de Sebastián Rosenfeld Marcuzzo (449)
Nació en cautiverio aproximadamente el 15 de abril de 1978, mientras su madre Patricia Elizabeth Marcuzzo se hallaba clandestinamente detenida en la E.S.M.A.

El parto fue practicado por el Dr. Jorge Luis Magnacco y la madre fue asistida por Beatriz Elisa Tokar. Marcuzzo llamó a su hijo Sebastián.

A partir de su nacimiento, Sebastián Rosenfeld Marcuzzo fue alojado junto a su madre en las instalaciones de la E.S.M.A., donde fue atormentado mediante la imposición de las condiciones inhumanas de vida imperantes en el lugar y descriptas en el presente dictamen, agravadas por su condición de recién nacido, por el estado de indefensión y desamparo en que quedó sumido cuando fue separado de su madre, ajeno a la protección y cuidados de su familia a quienes no se le dio información alguna acerca del nacimiento y el paradero del niño.

Madre e hijo permanecieron juntos unos días y luego se los llevaron el mismo día, primero al bebé y al rato a ella. En esa oportunidad la madre de la víctima escribió una carta dirigida a los abuelos, en la que solicitaba que se inscribiera a su hijo a su nombre y manifestaba que “había viajado al exterior y volvía para tener el bebé, y volvía a viajar”.

Sebastián fue entregado por cuatro hombres a su abuela materna el 23 de abril en Mar del Plata en un moisés muy arreglado, sin documentos y junto con la carta de su madre a su abuela.

“Mis padres se conocieron en la universidad de Mar del Plata. Eran militantes de la Juventud Universitaria Peronista. Para el año 77 ya vivían juntos. El padre de mi padre vivía en Miramar. La madre de mi madre en Mar del Plata. Tengo una colección de cartas enviadas de mi madre a su cuñada donde le iba relatando los acontecimientos de esos años de su vida. A principio de 1977 estaban buscando tener un hijo. Pierde el primer embarazo. Para septiembre del 77 estaba embarazada de mí. Para octubre de 1977 estaban en Mar del Plata. El Día de la Madre fueron a pasar el día a la casa de mi abuela materna, allí le comunican a mi abuela y telefónicamente a la mama de mi papá que estaba embarazada. Ambas abuelas no se conocían. Ambos usaban seudónimos. En las cartas mi madre firmaba como Cristina. En la casa de mi abuela materna conocían a mi padre como Emilio. Un par de días después hubo un allanamiento en la casa de mi abuela materna, buscando material, papeles. Ahí fue que empezaron a sospechar que algo había pasado. Se presentaron en la comisaría, empezaron a buscar dónde podían estar. Un día de 1978 estaba la mayor de mis tías en la casa de mi abuela materna, baja gente de un auto conmigo en un moisés y me entrega a mi abuela materna. Había una carta escrita de puño y letra de mi madre en la que explicaba que estaba bien y que se iba a reunir más tarde, una carta bajo coacción. No volvió. A partir de esto, en la casa de mi madre no se perdió esperanza, lo cotidiano era la expectativa del regreso”, relató.

“Yo crecí consciente del significado de la palabra desaparecidos. Mis padres estaban desaparecidos. Curiosamente, no estaba al tanto de la palabra huérfano. La muerte no es una opción, la opción es la expectativa de un llamado, una aparición. Transcurrido el tiempo, mi abuela paterna logra dar conmigo a través de Abuelas de Plaza de Mayo. Logro conocer a mi abuela paterna y familia. Mi abuela materna temía que la separaran de mí, un conflicto entre suegras que reclamaban para sí lo único que le quedaba de sus hijos. La falta de idea de la muerte de mis padres generó que muchas personas se aprovecharan de mi abuela materna: venían a ofrecer información a cambio de dinero. Reencontrarme con mi familia paterna me reencontró con muchas historias. Graciela Daleo (caso nro. 388) había estado con mi madre en la ESMA.

Al momento del traslado de mi madre, mi madre le dio un pañuelo bordado que Graciela fue generosa en hacerme llegar. Las circunstancias de mi entrega siguen siendo una incógnita, el paradero de mi madre y el destino de ella también. Me sigue llamando la atención lo excepcional de haberme entregado a mi abuela materna. Ir de la ESMA a Mar del Plata con un bebé es quilombo. Es una parte de mi historia que alguien tiene y sigue siendo parte de lo que se me robó”, narró.

El secuestro
“Inicialmente estuvieron en la Base Naval de Mar del Plata, donde estuvieron detenidos un tiempo juntos. A mi madre después la trasladan a la ESMA, mi padre fue visto también por varias personas en La Cacha. Daleo, Osatinsky lo dijeron", describió.

La recuperación de la identidad
“La inscripción fue compleja, no estaba el padre, así que me anotaron como Sebastián Marcuzzo. Al tomar contacto con mi abuela paterna se hicieron estudios de ADN para determinar la filiación. Mi abuela paterna inicia el proceso para ponerme el apellido de mi padre. La elección del nombre de pila viene de las ideas románticas de mis padres. Mi nombre es Sebastián, era una de las instrucciones de cuidado que venían en lacarta de mi madre”, describió.

“Una última reflexión muy breve sobre lo excepcional de la devolución, cómo eso debería estar un poco más presente, en la memoria de los acusados. Un bebé que devolvieron a Mar del Plata, a 400 km de donde tenían secuestrada a la madre. Robaron un pedazo de mi historia que es casi tangible, una pieza de historia que tienen en su poder, que deliberadamente eligen no devolver. Me parece que es parte del crimen”, finalizó.

La declaración de Juan Héctor Marsicovetere
“A Víctor Cetrángolo (caso nro. 471) lo conozco desde la infancia, nos criamos juntos, infancia y adolecencia como hermanos. Aproximadamente a finales del 72 comenzamos una militancia política en la Juventud Peronista con otros amigos del barrio: Fatala, Marcelo, Pablo Pardo, Jorge, Roberto, ‘Peti’, Patricia Vasiali, éramos un grupo de jóvenes militantes en el barrio donde después se fueron agregando personas. Era en Parque San Cristóbal. En el año 75, a finales, abandono mi militancia activa y continúo colaborando con gente de prensa que me llegaba por Alicia Piernini y Augusto Jauretche, militante ya pasado a la clandestinidad. Al único que siempre me interesó seguir viendo es a ‘Tito’, Sergio Cetrángolo.

Para esa época ya me había dedicado a trabajar, había nacido mi primer hijo, quería armar mi familia, trabajar y continuar mi vida. Un día ‘Tito’ apareció en mi negocio. Creo que él ya estaba desenganchado de la militancia, mediados del 77, creo convencerlo. Él se viene a trabajar conmigo. Estaba de la mañana a la noche conmigo, quería que aprendiera el oficio de carnicero. Pasado un tiempo, supongo que a principios del 78 o marzo del 78, ‘Tito’ con Alicia, la esposa, tenían un departamento que les había regalado la mamá de Alicia, le aconsejo que venda el departamento y se compre una carnicería propia y es lo que hacen. Como él recién empezaba yo estaba permanentemente encima de su negocio”, contó.

El secuestro de Víctor Cetrángolo
“El 2 de octubre del 78, aproximadamente a las 7 de la tarde voy para la carnicería de él y me encuentro con la sorpresa de que estaba cerrada. Voy al bar de la esquina, me dicen que habían venido unos hombres con armas, un gran despliegue y se lo habían llevado. Me fui lo más rápido posible a la casa donde él vivía para avisarle lo que había pasado. Paro una o dos veces en el camino intentando llamar a una vecina de Alicia y no me puede comunicar. Cuando estoy llegando, unas 3 o 4 cuadras antes, veo una caravana de Falcon con mucha gente adentro que iba muy despacito mirando la altura de la calle. Lo que hice fue alejarme y seguir buscando un teléfono para comunicarme y me fue imposible. Ese día volví a mi casa, al otro día me llama Alicia y me cuenta que habían estado, que la habían interrogado, golpeado y le habían exigido que volviera a la carnicería. Supongo que era para que la carnicería siguiera abierta. Alicia y yo vamos cuando llegamos íbamos a abrir el candado y se nos vienen encima 6, 7 personas, nos separan y nos empiezan a interrogar. Nos dicen que continuemos juntos, que ‘Tito’ iba a estar bien. El 27 de octubre voy a mi negocio y cuando llego mis empleados me dicen que había venido un tal Cacho preguntando por mí porque habíamos quedado comer un asado. Deduje que venían a buscarme para interrogarme. Me dirigí a la a la comisaría de la zona me anuncio con el oficial de guardia, digo que quería ver al comisario, que ya sabía para qué era. Me dicen que está muy ocupado y que no iba a poder recibirme. Deduje que era una zona liberada. Me fui a mi negocio y cuando llego me dicen que había vuelto la misma gente, que los habían golpeado preguntando por mí y que iban a volver. Yo siempre pensando que no tenía nada que ver”, relató.

El secuestro
“Firmo unos cuantos papeles en blanco al pie y cheques por si me llevaban detenido y que mi mujer pudiera seguir el negocio. Llegan 4 personas, me identifican y me llevan al fondo. Me preguntan por ‘Tito’. Le dije que se lo habían llevado hacía 20 días. Me preguntan por otra persona dije que no sabía nada, me llevan del negocio esposado. Tengo una imagen de una de las personas que dirigía el operativo, es un tipo al que llamaban ‘Julián’. Habremos hechos 3 o 4 cuadras, me bajan del auto, me pasan al baúl, hacemos un recorrido de 20 minutos hasta que llegamos a un lugar, se abre el portón e ingresa el auto. Me bajan, me sacan del baúl y me conducen por unas escaleras hacia abajo. Alcanzo a ver el símbolo de la Marina por debajo de la capucha: el ancla, cada dos o tres cerámicos. Me llevan a habitación muy chiquita y había solo una mesa y una silla. Me vienen a interrogar dos personas, uno que hacía de malo, otro que me decía que me iban a matar, que sabía dónde estaba ‘El francés’. Estuve varias horas hasta que viene el que hacía de bueno con una hoja de papel y birome, me hace sentar en la silla mirando hacia la pared y me dice que me ponga a escribir todo lo que sabía sobre ‘Tito’, de dónde lo conocía, qué sabía de su detención, de ‘El francés’ y de alguien más que me acordara. En un momento viene la misma persona a retirar el papel y se va. Al otro día, papel y birome para escribir. Me dice que al lado de la habitación estaba Alicia (Alicia Graciela Pes, caso nro. 629) la mujer de ‘Tito’ haciendo lo mismo. Al otro día me trasladan a otro lugar, en el mismo nivel y me aplican picana, me torturaban con la picana hasta haciendo mis necesidades encima. Durante 3 días. Yo no tenía otras respuestas que esas. Me trasladan a otro lugar subiendo muchas escaleras, en el piso había un colchón y una manta. No sé cuánto transcurre. Escucho voces, gritos de gente que calculo estaban torturando. Arriba escucho gente que habla. Bastante gente. Diálogos como ‘¿De dónde sos, cómo te llamás, dónde militas?’. Veo un ventiluz, me trepo, veo Avenida Libertador, ESMA. Comienzo identificar voces. El comentario es que si estabas más de 5 o 6 días, ya eras un preso viejo. Identifico la voz de Víctor Aníbal Fatala (caso nro. 477), tartamudo, de la infancia, voz inconfundible. Ahí me levanto capucha y lo alcanzo a ver a Fatala y a Gabriel Deudesbes (caso nro. 497), hermano de ‘El francés’, al padre lo vi muy mal (caso nro. 498), golpeado, sangrado. Unos días después, traen a una persona al lado de mi cucha. Cuando abrió la boca me di cuenta de que era ‘Tito’. Mantenemos diálogo permanente. Él me cuenta que se lo habían llevado. Le dije que ahí estaba en la ESMA, me dijo que a él lo habían trasladado para interrogarlo, que lo había pedido prestado la ESMA para interrogarlo”, narró.

“Cuando me sueltan la primera vez, mi esposa me cuenta que cuando me llevan ella va a ver a un amigo común que teníamos, un exoficial de la marina mercante. Él le dice que no haga nada, ninguna denuncia, que él se iba a ocupar de averiguar. Algo debe haber hecho, no recuerdo exactamente cuándo me sueltan la primera vez me dicen que a quién conocía yo afuera, que había mucha gente que pedía y preguntaba por mí. Después fui a ver a esta muchacho, me dijo que había tenido reuniones con gente de la Marina y habia pedido por mi vida”, describió.

La liberación
“Un día viene alguien a buscarme y me dice que me voy a ir en libertad. Le pido despedirme de mi amigo, nos dimos un abrazo interminable, nos dejaron levantar la capucha. Él estaba convencido de que iba a quedar en libertad. Me dijo que le diga a Alicia que lo espere y que por cuide a los hijos. Me bajan encapuchado de nuevo y me llevan sala muy grande donde había una persona sentada escritorio. Me dejan levantar capucha. Esta persona me pide disculpas, que me habían investigado, que no tenía nada que ver. Cuando me bajan del auto me sacan la capucha y me dicen que no me dé vuelta. Me quedo quieto esperando que sonaran los tiros pero escucho que el auto se va, ahí reacciono y me tomo un taxi y me fui para mi casa. En ese momento yo estaba muy mal, muy asustado y coincidió que un grupo de amigos míos jugaba un campeonato en San Luis así que aprovecho y me voy. No tengo muy claro cómo me reencuentro con Alicia, pero sí lo que hago es ir a la casa de ‘El francés’ durante 2 o 3 días para ver si iba a su casa y avisarle que lo estaban buscando. No consigo ver a nadie. Desestimo la idea seguir yendo”, dijo.

El segundo secuestro
“Un día, yendo a la casa de mis padres, en la esquina me encuentro con Lucas Orfano. Para esa época los hijos de Lucas estaban desaparecidos. Me dijo que se había enterado lo que había pasado, me pide que le cuente, yo le conté. A los 2 o 3 días de ese encuentro que tuve con él yo tenía que ir al banco al doblar por Canning paran dos autos, me tiran al piso, me suben a un Renault 12, me tiran en el piso y se comunican para decir que ya me tenían. Me roban todo el dinero, me queman con cigarrillos, me encapuchan. El mismo tiempo de recorrido que la primera vez aproximadamente. Me preguntan con quién me había encontrado y qué le había dicho. No entiendo por qué pero me vuelven a dejar en libertad”, declaró.

Marcelo Pablo Pardo (caso nro. 779)
“Marcelo Pablo Pardo hoy es un desaparecido. Se lo llevan engañando al padre. La familia de Marcelo tenía una casa de muebles de oficinas. Lo fueron a buscar al negocio. Convencieron al padre para que lo hiciera venir a Marcelo, que si se entregaba iba a zafar. Cuando Marcelo llega al negocio se lo llevan y no aparece más. Eso pudo haber sido 1976, finales del 76, principios del 77. Me enteré por la familia, yo era íntimo amigo de los hermanos de Marcelo”, contó.

“Gracias a Dios, esto está ocurriendo. Y si bien no tenemos manera de recuperar físicamente a nuestros seres queridos, esto nos deja un poco más tranquilos con nuestra conciencia y esperemos que esta reparación no nos deje olvidar nunca de esto”, finalizó.

El caso de María Adela Pastor de Caffatti (701)
María Adela Pastor de Caffatti, apodada “Malena”, fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por individuos pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3/2, el día 17 de septiembre de 1978 en la localidad de Villa Ballester, Provincia de Buenos Aires.
Posteriormente, María Adela Pastor de Caffatti fue conducida a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció clandestinamente detenida bajo condiciones inhumanas de vida. Además, allí fue interrogada mediante la aplicación de descargas de corriente eléctrica, entre otros, por Jorge Perren, Raúl Scheller, Héctor Febres, Juan Carlos Rolón, Ricardo Cavallo y Jorge Eduardo Acosta.
María Adela Pastor fue liberada el día 29 de septiembre de 1977.

El contenido de su declaración en la etapa anterior de la Megacausa ya fue incorporada.

“El lunes 18 de septiembre de 1978, aproximadamente a las 13 horas, en la vía pública me secuestran. Había ido de visita a la casa de una compañera que tenía a su marido detenido. Fuimos a llevar al jardín a su hijo. Cuando volvimos nos encontramos con un amigo y a las 2 cuadras nos interceptaron unos autos, y salió gente con armas largas y cortas. Me introducen en uno. Un chofer me acuesta en el asiento trasero. Se sienta al lado mío otro nombre. A Jorge ‘el turco’ Cafatti (caso nro. 468) lo secuestran en las inmediaciones, casi en la puerta del domicilio del padre. La familia había visto un auto apostado”, relató.

Un médico en las torturas
“Deduzco que era médico porque lo llaman por las descargas eléctricas, estaba vestido de civil. Lo llaman para que haga un control del tema cardíaco. Ese hombre hacía control de taquicardia, contribuía con la almohada, y una sonrisa”, describió.

La numeración
“Me dieron a mí el 200 y pico. Yo pasé a ser ‘Beatriz 200 y algo’. Algunos datos se consignaron en una especie de tarjeta. Después estuve desde el 18 hasta el 29. Un miércoles se escuchó que llamaban por número a varias, 5, 7 personas, tabicadas y con capucha y cadena. Esa gnete no volvió, este grupo se fue”, declaró.

“De alguna manera celebro estar acá sentada, porque me parece que es mi país es que está en el camino de la memoria”, finalizó.

Hay cuarto intermedio hasta mañana jueves 20 a las 14:00.


20 02 2014 
TESTIMONIOS
125. "No quiero vivir en el cómodo país del olvido"
Fueron las palabras de Lidia Cristina Vieyra, sobreviviente de la ESMA. 
El caso de Lidia Cristina Vieyra (241)
Lidia Cristina Vieyra, apodada “la China”, fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 11 de marzo de 1977, alrededor de las 12:00 horas, cuando salía del restaurante “Pipo”, ubicado en la calle Montevideo entre Corrientes y Sarmiento, de Capital Federal, por un grupo de hombres vestidos de civil y armados que la introdujeron por la fuerza en un automóvil Ford Falcon. El operativo estuvo a cargo de Julio César Coronel y también participaron, entre otros, Pedro Salvia y Roberto González.

Posteriormente, fue llevada a la ESMA, donde permaneció detenida-desaparecida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. En el centro clandestino se le asignó el número “900”, mediante el cual fue identificada durante su cautiverio. Asimismo, fue interrogada y torturada con descargas de corriente eléctrica y golpes por Pernías y Pablo García Velasco, entre otros.
Durante su cautiverio, Lidia Cristina Vieyra fue obligada a realizar tareas no remuneradas a favor de sus captores. Finalmente, el 25 de julio de 1978, fue liberada y autorizada a viajar al Reino Unido de Gran Brataña.

Desde Santa Fe
Vieyra actualmente vive en Santa Fe, por eso se realizó una videoconferencia desde el Tribunal Oral Federal de Santa Fe. Ella había cumplido 20 años dos días antes de su secuestro. Dado que se incorporó su declaración del juicio anterior de la megacausa, Vieyra fue consultada por algunos aspectos en particular.

Alicia Graciana Eguren de Cooke (caso 208)
“La vi en Capucha. Cuando me detienen el 11 de marzo llego al mediodía a la ESMA. Después de las sesiones de tortura me suben a Capucha, no recuerdo si esa noche o el día siguiente, nos hacen formar una fila, encapuchados y con grilletes, 100 o 150 personas había, al lado mío una persona me dice: ‘Yo soy Alicia Eguren de Cooke, ¿vos quién sos?’ y después no la vi más. Yo estaba encapuchada, no la pude ver, ella seguramente estaba encapuchada o tabicada con los anteojos que nos ponían, ella me lo dice para saber quiénes éramos los que estábamos ahí”, relató Vieyra.

Elsa Rabinovich de Levenson (caso 225)
“Al principio de mi cautiverio estaba en la primera cucheta, al lado estaba ‘Lola’ Levenson, atada a la bala de un cañón, yo tenía 20, ella 65 o más. Ella deliraba, estaba en condiciones horribles para una persona de su edad. Estuvo un tiempo y luego fue trasladada. Ella habrá estado desde mis primeros días y en 15 días la habrán trasladado, a fines de marzo”, contó.

El caso de la escribana
“El caso de Beatriz Di Leo (Beatriz Esther Di Leo, caso 226) lo relato con la esperanza de que la persona quien la manda a matar sea imputada en algún momento. Para mayo la traen a la cucheta de al lado, aproximadamente de 40 años. Cuando llega dice: ‘Esto está lleno de terroristas, ¿qué hago yo acá?’. A los días hablamos, tenía dos niños, y estaba recientemente separada. La habían secuestrado con Casaretto (Antonio Alejandro Casaretto, caso 223), que era su secretario. La bajan para interrogarla, vuelve muy golpeada y me dice: ‘Ya sé por qué estoy acá, me quieren sacar mi casa’. Telmo González, seguramente amigo de (Jorge) Acosta o sus secuaces la había secuestrado para sacarle la casa. González era el padre de su hija de 6 años. A Casaretto lo vi varias veces, había bajado mucho de peso, estaba con esposas y grilletes. Era motivo de broma de los guardias. Beatriz desteje uno de los pulóveres del pañol, donde se ponía la ropa de los trasladados, desarmó un pulover y me tejió un pulover para mí. Yo le decía que no firmara la escritura. Un día vuelve muy golpeada de abajo y me dice: ‘Tuve que firmar’. Y a los días la trasladan. Sería hacer justicia imputar a González. Creo que a Casaretto lo trasladan con Di Leo. Abajo estaba su marido. Cuando me dice que ya sabía por qué estaba ahí es porque había visto a su marido”, narró Vieyra.

Guillermo Raúl Rodríguez y Guillermina Santamaría (casos  108 y 109)
“No supe su identidad de la compañera de ‘Betopo’ (Guillermo Raúl Rodríguez). En el traslado le di mi pulover porque pensábamos que nos íbamos al sur. Fue un traslado posterior al de Beatriz. ‘Betopo’ supe que estuvo pero no lo vi”, contó.

Ignacio Pedro Ojea Quintana (caso 228) 
“Lo llamaban ‘Nancho’. Teníamos una vinculación previa, militaba en el GEC (Grupo Especial de Combate) en Montoneros, creo que lo secuestraron en enero de 1977. Cuando llego lo veo, hacía dos meses que lo tenían. En algún momento vivió con mi hermana”, dijo.

Las estructuras
“En esa época trataban de secuestrar a todos los de la estructura, por ende el día que lo secuestran a ‘Nancho’ secuestra a más gente”, describió.

Los Aisemberg
Vieyra declaró sobre los hermanos Luis Daniel (caso 248) y Ariel (caso 247) Aisemberg: “Luis, el mayor de 23, era el novio de mi hermana. Ariel tenía 17, era un niño. El 20 de marzo, en una cita marcada, a Luis lo secuestran en la puerta de la casa de sus padres y a Ariel en Rivadavia y Medrano y son conducidos a la ESMA. Estuvieron un tiempo y a los 15 días, aproximadamente, los trasladan. A Luis le decían ‘Roni’, a Ariel ‘Tano’. Los torturaron a los dos, lo sé por Luis, hablamos en la ESMA. Luis estaba en cuarto año de Medicina, excelente estudiante, de Montoneros, área de Sanidad. Ariel estaba en la escuela, militante de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios)”.

“Los ‘operativos rotativos’ de la Marina duraban tres meses, durante el mismo tramo de tiempo, los grupos estaban conformados con las mismas personas, como yo creo que a mí, en marzo, me secuestra ‘Maco’, (Juan Carlos) Coronel; ‘Federico’ González, calculo que si ‘Maco’ estaba en el secuestro de ellos también debería haber estado los mismo que en el mío. Cuando estuve en El Dorado aprecié que las células operativas eran siempre las mismas por un tiempo”, contó.

Rolando Hugo Jeckel (caso 255)
Jeckel estuvo secuestrado con su novia. Vieyra recordó que “ella era muy bonita y frente a ella estaba ‘Germán’ (Jeckel) y al lado Tito, los dos eran buzos tácticos de Montoneros. Sé que ‘Germán’ estaba en Capucha, cerca de Luis y Ariel y que su novia estaba enfrente y que trataban de hablarse cuando había una guardia más laxa. Hablamos entre abril y más allá de mediados del 77. En esa época pasaba mucha gente por la ESMA. En general estaban durante 15 días. Sacando algunos casos en que eso no se daba los traslados eran cada 15 días”.

La familia Lennie
“Yo no los vi, pero sé que los padres y su hermana estuvieron secuestrados en la ESMA y recuerdo que Cristina, cuando se supo que había una cita y que la iban a secuestrar, lo supe por (Silvia) Labayrú (caso 171), llega muerta a la ESMA. Creo que la hermana, Sandra, y sus padres son liberados”.

“Pajarito”
Sobre él Vieyra contó que estaba “al fondo de Capucha. Estuvo mucho tiempo. Creo que tenía trillizos chiquitos. Fue trasladado”.

Los dos secuestros de Dora Cristina Greco (caso 441)
“Durante el primer secuestro ella ya estaba y estaba con una capucha blanca, los demás teníamos negra. Un ‘Pedro’ me dijo que no había que hablarle ni nada porque la capucha blanca significaba que iba a ser liberada entonces mejor que no supiera nada. En febrero de 1978 la veo y me dice que era ella la que había tenido la capucha blanca, estaba embarazada, la habían vuelto a secuestrar y tuvo una nena en la ESMA. En esa época el partero era Magnacco. Sucedió en el cuarto de las embarazadas”, narró.

El archivo de la ESMA
“Había un sector de Prensa, una especie de biblioteca, por ahí a todo se le decía archivo. Todos los diarios se llevaban ahí y se armaba el boletín para la campaña política de (Emilio Eduardo) Massera. Había un archivo de diarios anteriores. Varios compañeros pergeñan algunos trabajos para compañeros para que no sean trasladados: cortar partes de diarios exteriores, nacionales, se supone que se le hacía una síntesis a (Jorge Eduardo) Acosta para que esté informado. Eso empieza en el sótano, es el inicio de Pecera”, describió.

Daniel Marcelo Schapira (caso 256)
“Daniel era cordobés y (Antonio) Pernías probó los dardos somníferos con él para ver si servían como arma paralizante. Y después lo trasladaron. Militaba en Montoneros”, contó.

Los secuestros de Uruguay
“Fueron secuestrados los niños, los hijos de Rosario Quiroga (caso 421), no los vi, y Laura (caso 695), hija de María del Huerto Milesi (caso 423) y Rolando Pisarello (caso 422). Laura tenía 8 meses, para diciembre de 1977, yo estaba en Pecera y una compañera me dice que había que llevar a la nena a Santa Fe, donde estaban los abuelos, como yo era la más chica y tenía este parentesco con Massera que hacía que me quedara ahí me dicen que había que llevarla a la nena. La nena iba con unas cartas en el pañal. Iba (Héctor) Febres y otro represor, es un viaje que recuerdo con mucha tensión, con la nena en brazos, paramos en Rosario, no me dejaron bajar. En Santa Fe tampoco pude bajar, traté de registrar la cara de la persona a la que fue entregada para contarle a los padres. No me bajé del coche ni en la ida ni en la vuelta, tampoco fui al baño. Cuando entramos en 2004 yo entro con Laura, con Néstor Kirchner y a la salida ella se descompone y me dice: ‘Sacame de nuevo de acá’”, relató.

Rodolfo Jorge Fernández Pondal (caso 341)
“El señor Fernández Pondal, era periodista, estaba en Capucha”, dijo.

Ana María Ponce (caso 327)
“Le decían ‘Loli’. La vi muy poco, dos o tres veces. Tenía un hijo chiquito. Venía de otra Fuerza. Sabía que la iban a matar. Estuvo bastantes días en la ESMA”, contó.

Pablo Míguez (caso 275)
Vieyra narró que lo vio “más adelante de marzo de 1977 y luego, lo veo una sola vez, estaba parado en el portón de salida, me llamó la atención que era un niño, 13, 14 años. Creemos que podría ser Pablo Míguez. Yo no lo vi en Capucha, tal vez estaba en Capuchita”.

Los simulacros de fusilamiento
“Pernías y todos los demás estaban entrenando para esto, era como violarte, o darte picana, o hacerte un submarino seco. No lo puedo corroborar con otros sobrevivientes, pero supongo que era una práctica usual”, declaró.

Los secuestros
“Siempre hubo mucha gente secuestrada, quizás en el 78 ya había poco menos, pero el ´77 fue un año brutal en cuanto a secuestros. Yo recuerdo que en el sótano a mucha gente que se la habían llevado de una villa, después estuvo el grupo de familiares de Santa Cruz, yo no hablé, pero estaban al final de Capucha, eran muchos. Había días que las puertas no paraban de abrirse de la cantidad de gente que traían”, narró.

Los traslados
“A principio del ´77, de mi cautiverio, marzo, por traslado entendíamos que era ir a una cárcel al sur hasta que un día, a un compañero lo llevan a un traslado y, apaenrtemente, le habían dado la inyección supuesta para evitar enfermedades -después nos enteramos que era pentotal-, y ‘Pedro Bolita’ lo saca y le dice: ‘Te salvaste pibe, te tengo que llevar de vuelta’. Este compañero nos relata esto y que estaban todos desnudos. Después hay un suboficial, ‘Micky’, un guardia de 16 ó 17, que sube y se arrodilla y me dice qué le hacían a la gente abajo con las inyecciones. Había instancias que nos daban idea de que algo sucedía. Cuando me llevan a El Dorado con las fichas, varios martes se veían los camiones de Ejército de culata con las lonas verdes levantadas, vacías. Y los martes había una reunión a puertas cerradas en la oficina de (Francis) Whamond, se juntaban todos y seguramente dirimirían quiénes se iban o no. Los miércoles había más seguridad y estabas esperando el golpe del borceguí. Si te golpeaban te tenías que parar y formar. Eran entre 20, 22 personas, todos los miércoles. La sensación era horrible, por un lado de ver a tu compañero que se va y el alivio de saber que no te llevaron. Y después ver en el Pañol la ropa de los trasladados. Un domingo me bajan a El Dorado y me meto en la oficina de Whamond, tenían un libro, el número empezaba con 4 mil, estaba aterrada de que alguien entrara, y al final de los nombres le ponían una L o una T, de Liberado o Trasladado”, contó.

Ricardo Luis Cagnoni (caso 674)
“Le decíamos ´colimba´ o ´Ricardo´. Supe después el apellido, nos juntábamos en lo de mis padres, con José Salgado, su mujer, ellos estaban esperando una beba. Salgado, Ricardo y yo éramos de Montoneros. A los días de estar ahí, yo estaba en el sótano y lo veo a él en otro cuartito y me dice que lo habían secuestrado en una estación de tren, a él lo habían traído de otro lado, algún lugar cerca del puerto. Lo trasladan después y no lo volví a ver. Tendría 22, 23”, dijo Vieyra.

Roberto Gustavo Santi (caso 288)
“Fue secuestrado junto con su mamá y los ponen en un ‘camarote’ frente a las cuchetas. Los vi varias veces, estaban frente a mi cucheta. Recuerdo a su madre como alguien con mucha fuerza, estuvieron bastante días y un día se los llevan”, relató.

Juan Pegoraro (caso 321) y Susana Beatriz Pegoraro (caso 320)
“Supe de él y su hija que estuvieron pero no recuerdo haberlos visto. Se sabía, ella creo que estaba embarazada”, declaró.

Héctor Manuel Hidalgo Solá (caso nro. 329)
“Estando en la ESMA, en la cucheta 1, un día me levanto los anteojos y veo un señor que estaba trajeado, parado. Era raro, a la gente no la secuestraba con traje. Se corrió el rumor que era el embajador en Venezuela”, describió.

Los represores
“Hormiga”: “Suboficial, lo ubico en la parte de la contaduría, logística, en la zona de ‘Los Jorges’, sus oficinas”.

“Pedro Bolita”: “Lo recuerdo perfectamente, como si lo estuviera viendo. Mediana estatura, gordito, signos muy norteños, cara redonda, piel trigueña, en los traslados siempre estaba él, tuve la oportunidad de reconocerlo en un legajo en 2010, de apellido (Carlos) Galián y siempre estaba con Febres cuando se llevaban a los niños”.

“Pedro Morrón”: “Víctor Cardo. Lo vinculo con mi llegada porque el que me sube es él, lo tengo también muy claro en mi memoria. Tenía mellizos. Fornido pero no muy alto. Se encargaba de los detenidos, de las comidas, de la ducha, de subirnos, de bajarnos”.

Eugenio Bautista Vilardo: “Trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Esos dos meses que me llevan estaban Vilardo y (Roberto) Pérez Froio. Estaban en el sector de Prensa y tenían conocimiento de ESMA, hablaban con Whamond y (Alejandro) Spinelli que estaban ahí. Relaciones Exteriores era un brazo externo de la ESMA. Junto con el ‘Gato’, González, Norberto, estaban en Prensa de Relaciones Exteriores. También estaba Graciela García. Todos en cancillería sabían que la ESMA tenía detenidos en el Ministerio”.

Hugo Enrique Damario: “Alias ‘Jirafa’. Al principio estaba en el grupo de operativos permanente, que también pertenecían a Inteligencia”.

Jorge Luis Magnacco: “Magnacco era el jefe de mi papá, lo conocí antes en el ´75, lo vi después. Cuando lo veo en la ESMA lo reconozco inmediatamente”.

Adolfo Scilingo: “Estuve en España por su causa. Yo no lo vi. Intenté explicar que nadie que haya estado en el tercer piso del Casino de Oficiales podía ignorar que había gente detenida. Alguien que dijo que arreglaba un ascensor, como dijo él, es imposible que no haya visto a 150 personas tiradas en el piso, con olor a orina y lleno de ratas. Sé que marta Álvarez lo vio porque la puerta del ascensor que dice estaba arreglando estaba frente a su cuarto y ella habló con él”.

Alberto Eduardo González: “Alias ‘El Gato’ era un operativo permanente, en Inteligencia. Cuando se fuga un compañero, (Horacio Domingo) Maggio (caso 224), como yo estaba en la ESMA con Maggio, me interrogó en el despacho de Pérez Froio en el Ministerio, pero lo conocía casi desde el inicio de mi secuestro”.

Los abusos sexuales
“Ya en el momento de mi detención, en el coche, soy abusada por Coronel. Había mucho acoso sexual y las violaciones por parte de los marinos donde no intervenía decisión ni voluntad de nuestra parte, ellos eran nuestros dueños, era un uso habitual, en relación con las detenidas”, relató.

María Hilda Pérez de Donda (caso 250)
“Al momento de las contracciones estábamos a dos o tres cuchetas. No borraré nunca la imagen de ella orinando en un balde con las manos atadas con un embarazo de seis meses. Ella estaba engrillada –todavía recuerdo el ruido de los grilletes-, esposada. Cuando empieza con contracciones empieza a pedir ayuda, me acerco, me dirijo al cuartito y ahí lo veo a Magnacco, a mi me sacaron los grilletes y asistí el parto. Ella también estaba sin grilletes, cuando estaba pariendo arriba de la mesa. Cuando Magnacco se retira el bebé queda con nosotras dos”, contó.

Al final de su declaración, Vieyra contó que la llamaron el 23 de septiembre para declarar el 26: “¿Ustedes suponen que en 3 días me puedo sumergir en este infierno, hurgar en mi memoria, en los olores, en cada hecho del que sé que me van a preguntar? Pido por favor que pongamos humanidad ante las situaciones, ante los hechos, que el juicio siga pero que nos tengan en cuenta como seres humanos. Pido que nos humanicemos porque estamos hablando de una ‘población fantasmal’, porque son gente desaparecida y yo quiero que ellos estén. No quiero vivir en el cómodo país del olvido”.

Próxima audiencia
El juicio pasó a cuarto intermedio hasta el jueves 27 de febrero a las 9.30 horas.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma

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