9 de marzo de 2014

PANORAMA ECONÓMICO.

09.03.2014 
A pesar del compromiso asumido semanas atrás con la Secretaría de Comercio 
Denuncian que los laboratorios no respetan el acuerdo de precios 
Un relevamiento de Tiempo Argentino sobre medicamentos en venta demuestra que en ningún caso retrocedieron a los valores previos al aumento de enero. Además, las subas que se concretaron son muy superiores al 4% autorizado. 
Por: Ignacio Chausis y Mariano Beristain
Los principales laboratorios y empresas farmacéuticas del país no retrotrajeron los precios de los medicamentos al nivel que tenían el 31 de diciembre pasado, previo al fuerte incremento de los primeros días del mes de enero, incumpliendo de este modo con el compromiso asumido ante la Secretaría de Comercio, que además del retroceso en los valores sólo autorizaba subas promedio del 4 por ciento. Lejos de ello, un relevamiento efectuado por Tiempo Argentino sobre una decena de medicamentos de consumo masivo pone de relieve que en la mayoría de los casos los precios actuales se ubican apenas por debajo de los vigentes en enero, cuando la industria convalidó aumentos de hasta el 34% en algunos productos.

Sobran los ejemplos. Un ansiolítico reconocido como el Alplax (1 mg) se comercializaba en diciembre pasado a $ 75,15, registró un incremento del 34,37% durante la primera semana de enero,  y pasó a valer entonces $ 100,98. Firmado el acuerdo, desde el 1 de marzo debía volver a comercializarse a $ 75,15, o a lo sumo aumentar en torno del 4 por ciento. Nada de eso ocurrió. En las farmacias que recorrió Tiempo la semana pasada, todas ellas importantes cadenas del rubro, el precio se ubicaba en $ 94, es decir, un aumento superior al 25 por ciento.

Algo parecido sucedió con el Rivotril (0,5 mg, 30 unidades), ansiolítico que registró una suba de casi el 20% durante enero (de $ 65,39 a $ 77,88). A pesar del acuerdo, su precio se mantuvo imperturbable, en $ 78.  Vale aclarar que en todos los casos se trata del precio de venta al público sin ningún tipo de descuento por obra social o medicina prepaga.

Otro caso emblemático lo constituyen las aspirinas, tal vez uno de los productos más populares. Su precio de venta en diciembre era de $ 38 (Aspirina Prevent, 50 unidades), en enero aumentó casi un 20%, ubicándose en $ 45,50. A pesar del acuerdo firmado el 24 de febrero, el precio se ubica actualmente en $ 43,10, lo que equivale a un incremento superior al 13,4 por ciento.

Lo que al principio parece insignificante adquiere otra dimensión si se toma en cuenta que se trata de un producto de uso frecuente y de alta salida comercial.

"Nosotros evaluamos comparativamente que en diciembre y febrero los precios aumentaron un 30% promedio, los volvimos a calcular en marzo a ver si bajaban al valor del mes de diciembre, que era el compromiso asumido con la Secretaría de Comercio, y no lo hicieron", señaló a Tiempo Argentino Marcelo Peretta, secretario general del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos (Safyb).

De acuerdo a un relevamiento efectuado por el gremio, sólo un laboratorio nacional cumplió con la reducción de precios, mientras que otros bajaron su precio, pero por debajo de lo que debían hacerlo. Además, las bajas se registraron sólo en productos de poca utilidad terapéutica.

De acuerdo al relevamiento efectuado por Safyb, un medicamento como el Migral, utilizado para apaciguar el dolor de cabeza (20 comprimidos, Montpellier), registró un aumento del 23,5% entre diciembre y febrero (de $ 50,63 a $ 62,53). A pesar de las obligaciones asumidas, el precio se mantiene inalterable.

"Los laboratorios negociaron un promedio de aumento del 4% 'paquete', es decir, para todos los medicamentos que comercializan. Entonces, tratan de mantener el mismo precio en el que más se vende, los de consumo masivo, y reducir en las especialidades que menos se comercializan, es matemática, no digo que sea la única explicación, pero es un dato", indicó una fuente del sector privado que prefirió el anonimato. 

También recordó que hubo subas autorizadas durante el mes de diciembre.
En tanto, Luis Antún, director ejecutivo del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Buenos Aires indicó que los medicamentos están bajando de precio, y se mostró "disconforme" con esa reducción. "Los farmacéuticos la estamos sufriendo", dijo.

Sin embargo, los incrementos de precios desde la devaluación registrada en enero alcanzaron a todo tipo de patologías y, según informes de algunas asociaciones de consumidores, fueron del 15 al 50% en 5000 de los 20 mil productos que elaboran los laboratorios más grandes.

Fuentes oficiales señalaron a Tiempo Argentino que no se pueden aplicar sanciones porque no es un acuerdo firmado como sucede en el caso del programa Precios Cuidados. En Economía aseguran que ante la demanda de los farmacéuticos la Secretaría de Comercio, que comanda Augusto Costa, habló con los laboratorios y efectivamente están entregando mercadería con los nuevos precios, pero lentamente. "Esta semana tiene que estar normalizado", indicó una fuente del Palacio de Hacienda.

El negocio farmacéutico registró un desarrollo importante durante las últimas décadas, y hoy registra una facturación de mercado –salida del laboratorio antes de impuestos– cuyo volumen llega a 35 mil millones de pesos. Según diversas estimaciones, alrededor del 95% de la rentabilidad queda en manos de los laboratorios, los grandes jugadores del negocio, mientras que el restante 5% se distribuye entre droguerías y las más de 12 mil farmacias de todo el país. En ese contexto, un dato no menor es la falta de generalización de la 'Ley de Genéricos', que permitiría reducir costos a los consumidores (ver nota en página 4).

"Hay que avanzar sobre estas empresas, que en alguna medida son oligopólicas y ostentan ganancias siderales porque la rentabilidad de un medicamento está en el orden del 1000% o más. Si tomás medicamentos con la patente vencida, valen muy barato: hacer un paracetamol, un ibuprofeno o aspirina sale centavos, es más caro fabricar la cajita", agregó Peretta.

Según explicó el dirigente, la ecuación económica cambia si se trata de medicamentos oncológicos o bajo patente, que encierran un mayor costo para el consumidor, ya que hay una investigación y desarrollo detrás. 

"¿Qué investigación o desarrollo hay hoy en día detrás de una aspirina, un paracetamol o la amoxicilina, un antibiótico centenario? La cuestión es ajustar la ganancia a un tiempo razonable que es el que está viviendo nuestro país", concluyó el sindicalista. «
Las bases del compromiso
Tras varios días con idas y vueltas y en el marco del esquema de administración de precios, el equipo económico que conduce Axel Kicillof y los principales laboratorios firmaron el pasado 24 de febrero un convenio a partir del cual los empresarios se comprometían a retrotraer los precios de los medicamentos al 31 de diciembre pasado, aplicando un aumento del 4% en promedio sobre esa base.

El acuerdo, anunciado en el microcine del Palacio de Hacienda, dispuso que su entrada en vigencia comenzara el 1 de marzo en 12 mil farmacias de todo el país  y sobre un universo de entre 18 mil y 20 mil medicamentos.

Por el lado de los privados, el convenio fue ratificado por los presidentes de las tres cámaras del sector: Isaías Drajer, de CILFA (que representa a siete grandes laboratorios nacionales); Andrés Graziosi, de CAEME (que agrupa a las empresas multinacionales); y Hugo Caivano, de Cooperala (la cámara de las pequeñas y medianas empresas y las cooperativas).
Claves del problema
Aumentos desmedidos: entre diciembre de 2013 y enero de este año los precios de los medicamentos registraron subas promedio del 30 por ciento.
Acuerdo con el gobierno: el 24 de febrero pasado la Secretaría de Comercio suscribió un acuerdo con los principales laboratorios y farmacias.
Suba promedio del 4%: por el mismo, todos los laboratorios (nacionales y multinacionales) se comprometían a retroceder los precios al 31 de diciembre. Y sólo se autorizaba una suba promedio del 4 por ciento.
Incumplimiento privado: los laboratorios desoyeron lo establecido por la Secretaría de Comercio y convalidaron aumentos de los medicamentos muy por encima del compromiso asumido.
La cifra
25
es el porcentaje de suba del precio del Alplax, un ansiolítico cuyo valor pasó de $ 75,15 en diciembre a $ 94 en la actualidad.
Los precios que no bajan



09.03.2014 
laboratorios y farmacias 
Encuentros que buscan analizar la estructura de costos
El acuerdo en torno al precio de los medicamentos también abrió una serie de mesas de trabajo con los laboratorios, las farmacias, el PAMI y otras entidades públicas vinculadas al sector.

El objetivo de las reuniones es analizar la estructura de costos y asegurar las condiciones de sustentabilidad de la industria farmacéutica como parte de la cadena de producción y distribución de los medicamentos.


Además, los estudios técnicos que tienen a la secretaría de Comercio a la cabeza también apuntan a "estudiar medidas y circunstancias que afectan a cada uno de los sectores". Fuentes que participaron de esos encuentros dijeron que la idea es que "las farmacias continúen con un negocio rentable".

A la hora de anunciar esta medida, el ministro Axel Kicillof había dicho que la determinación del gobierno se corresponde con que "los remedios tienen un peso importante en el consumo familiar al ser un sector muy sensible para las familias argentinas". 


09.03.2014
Sin remedios económicos para las familias 
Connivencia de industria, médicos y obras sociales frena el despegue de genéricos 
Pese a que la ley se sancionó en 2002, los laboratorios lograron limitarla. Se paga hasta un 85% más por la marca. 
Por: M. B. e I. C
Comprar en una farmacia un medicamento de marca puede resultar entre un 20% y un 85% más caro que adquirir la misma droga de un genérico o un similar de un laboratorio menos conocido. Pero en el caso de las vacunas esta diferencia se amplía hasta diez veces. Este margen de precios podría quedar en el bolsillo del consumidor. Sin embargo, en la Argentina la connivencia entre los grandes laboratorios y algunos médicos le puso un límite al crecimiento del mercado de los genéricos.

Las obras sociales también juegan un rol fundamental porque mantienen acuerdos con la industria y empujan a sus médicos a recetar medicamentos de los laboratorios con los que arreglaron. Por consiguiente esa diferencia entre lo que cuesta un remedio de marca y un genérico o similar se la apropia la industria farmacéutica y, en mucha menor medida, los visitadores que realizan un trabajo incisivo para persuadir al médico con el fin de que prescriba la receta con el nombre comercial.

Claudio Capuano, coordinador de la cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, explicó la razón de los altos precios de los medicamentos comerciales: "La materia prima proviene en su mayor parte de India o China y tiene costos muy bajos. La amoxicilina cuesta cuatro veces más que el genérico y la diferencia de precio está en que pagás la marca."

La brecha entre unos y otros remedios, que tienen la misma droga, la sufren los pacientes o consumidores en su bolsillo.

Por ejemplo, el Ventolín (por su nombre comercial), un aerosol que utilizan los asmáticos para salir de las crisis leves, cuesta en las farmacias $ 68,50 mientras que un genérico con la misma droga, (también en puff) vale en la farmacia del Dr Ahorro $ 32, lo que representa menos de la mitad. Otro caso similar es el de la Buscapina Compositum (20 unidades) que se paga en la farmacia $ 41,95 mientras que su genérico vale casi la tercera parte, $ 15. El mismo fenómeno se repite con el Rivotril (0,5mg), un ansiolítico cuya droga es el clonazepam: la caja de 30 unidades se compra en las farmacias a $ 78 pero si el médico psiquiatra recetara una variante génerica el paciente sólo debería pagar $ 20, casi la cuarta parte del precio.

La Ley 25.649, que apuntaba a impulsar la producción y consumo de genéricos y similares y reducir, por ende, el costo de los medicamentos en la canasta familiar de la salud, nació muerta. La norma fue ideada por el entonces ministro de Salud, Ginés González García, quien en diciembre de 2007 fue acreditado como embajador argentino en Chile, y ahora mantiene buenos vínculos con el diputado del Frente Renovador Sergio Massa a través de los históricos nexos del sanitarista con Eduardo Duhalde. El proyecto denominado Ley de Especialidades Medicinales y conocido bajo el nombre de ley de genéricos, se sancionó el 28 de agosto de 2002 pero sufrió un golpe certero que desvirtuó la idea original y casi la sepultó. La norma indica en el primer párrafo del artículo 2 que "toda receta o prescripción médica deberá efectuarse en forma obligatoria expresando el nombre genérico…". Sin embargo, acto seguido, en su segundo párrafo puntualiza que "la receta podrá indicar además del nombre genérico el nombre o marca comercial, pero en dicho supuesto el profesional farmacéutico, a pedido del consumidor, tendrá la obligación de sustituir la misma por una especialidad medicinal de menor precio". ¿Se imagina usted al paciente discutiendo la receta con el médico? La ley de genéricos nació herida de muerte porque abrió las puertas a la relación económica enfermiza entre visitadores de laboratorios, médicos, obras sociales y prepagas. Nadie comenta a viva voz quien fue el responsable de lavar la ley, aunque algunos, en estricto off de record, le atribuyen la picardía al propio Ginés. Pese a ello, la normativa tuvo una corta primavera.

Según Marcelo Peretta, secretario General del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFyB), la prescripción "de medicamentos por su nombre genérico funcionó bien hasta 2005" y en los años sucesivos se licuó a un ritmo acelerado. El negocio de los genéricos alcanzó el 40% del mercado a principios de 2006 pero los últimos datos de 2013 de la cámara de los genéricos lo sitúan en el mejor de los casos entre el 9 y el 10%, aunque Peretta cree que apenas araña el 2% de la facturación total del negocio farmacéutico. En este sentido, parece haber uniformidad de criterios entre los dos números porque la comercialización puede alcanzar el 9% del mercado en unidades y el 2% en facturación, pues,  justamente, los precios resultan mucho más económicos que los comerciales.

En cualquier caso, el crecimiento del genérico en Argentina sabe a poco si se lo compara con otros casos del mundo. En México  las cifras de auditoría del mercado farmacéutico indican que a fines de 2012 el negocio de los genéricos representaba el 17,4% en la facturación pero medido en unidades superaba el 55% del total. En los países desarrollados la tendencia al uso de los genéricos también es creciente. En el Reino Unido, su venta en unidades trepa al 78%, en Estados Unidos al 68%, en Francia al 63% mientras que en España y Canadá se encuentra en el 54% y 67%, respectivamente.

Una notable diferencia con la Argentina que refleja las dificultades que tiene el mercado local para asimilar una normativa que ya se encuentra vigente desde hace casi 12 años.

"Es exactamente como dicen, la ley no se cumple. Las recetas salen con nombres comerciales y en el mejor de los casos con sugerencias de marcas", admitió Nicolás Santander, presidente de la Cámara Argentina de Productores de Medicamentos Genéricos.

Santander señaló que "la farmacia se ve obligada a expender los medicamentos que indica la receta porque las obras sociales así lo aceptan". Peretta, por su parte, remarcó que "la obra social presiona para que sus médicos prescriban cierta cantidad de medicamentos porque "si están incluidos en lo que a la industria le interesa reciben un 10% de reintegro económico".

Sin embargo, los visitadores no sólo operan sobre las obras sociales sino que también establecen nexos muy fuertes con los médicos de las prepagas y los particulares. En este sentido, Peretta sostuvo que "desde 2005, el mercado volvió a estar dominado por premios, lobbies, y el imperio del negocio".

En tanto, el secretario adjunto de la Asociación de Farmacias Mutuales y Sindicales, Carlos Nemesio, dejó a entrever la posibilidad de que haya "propinas negras, como viajes a Miami" a modo de mecanismo de seducción. Se trata de un negocio poco transparente, turbio, con mucho poder de los laboratorios y escaso control por parte del Estado, que prácticamente ha delegado este rol en manos de un mercado concentrado. 
 
Una red pública demorada
El debate sobre los medicamentos genéricos también pone sobre el tapete un tema tan o más importante que este. La Argentina tiene en todo el país una red nacional de 39 laboratorios públicos que están en condiciones de proveer una buena porción de los remedios que consume la población. La cadena está funcionando al mínimo de sus posibilidades pues aún no se reglamentó la normativa que la regula.

La Ley Nacional 26.688 que declara de interés nacional a la investigación y producción pública de medicamentos y de materias primas para la producción, principalmente, de vacunas, aún no ha entrado en vigencia porque el Ministerio de Salud, a cargo de Juan Luis Manzur, no se terminó de redactar el proyecto de reglamentación.

Claudio Capuano, coordinador de la cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, asegura que "si los 39 laboratorios trabajan a través de una red articulada, podés generar precios testigo para toda la industria, pues estás en condiciones de fabricar medicamentos de altísima calidad a bajo costo".

Un solo caso alcanza para entender las diferencias que marca Capuano. En la Patagonia es muy común la hidatidosis, una enfermedad parasitaria grave que puede causar la muerte. Uno de los laboratorios de la red pública está en condiciones de producir el medicamento para todos los afectados por $ 50 mil mientras que comprarlo a un laboratorio privado le cuesta al Estado $ 200 mil, cuatro veces más.
Fuente:TiempoArgentino



MANIOBRAS EN EL MERCADO MARGINAL PARA “MARCAR” UNA COTIZACION QUE LA DEMANDA NO SOSTIENE
Y un día el dólar blue se desinfló
El miércoles, el dólar ilegal bajó a 10,55. Jueves y viernes repuntó, pero sólo por maniobras de las “cuevas” para resucitarlo. Cómo opera hoy el mercado marginal, tras las normas del Central que les quitaron protagonismo a los bancos.
Por Raúl Dellatorre
Imagen: Corbis
Se cumplieron, este viernes, seis semanas desde la puesta en marcha de un nuevo régimen de regulación del mercado cambiario. La principal herramienta de presión que manejaron los capitales especulativos para desestabilizar política y económicamente el sistema, el dólar marginal, pasó el miércoles por su momento de mayor debilidad o desinfle. En los dos días posteriores repuntó, pero en una evidente maniobra de las “cuevas” por sacar alguna ventaja del calendario (primera semana del mes, con cobro de salarios, y regreso masivo de las vacaciones). Sin embargo, no se evidenció una reacción en cuanto a movimiento de divisas en esa plaza ilegal. Desde la última semana de enero para acá, el funcionamiento del mercado marginal sigue parámetros muy diferentes a los vigentes hasta el fin de la última corrida contra las reservas. La cotización del blue, en consecuencia, ha mantenido una tendencia declinante sólo alterada por algunos episodios en los que los especuladores intentaron “marcar” precios elevados, aunque no se registraran compras ni ventas a esos valores. La autoridad monetaria logró poner en juego varias herramientas al mismo tiempo en el mercado, obteniendo un buen resultado hasta el momento en materia de estabilidad monetaria y cambiaria, aunque falta ver en perspectiva con qué costos en relación con el nivel de actividad económica.

La “batalla del dólar” sigue vigente. Algunos medios “especializados” –para muchos, un eufemismo para referirse a la presión mediática de los grupos financieros– siguen hablando de “atraso cambiario” pese a la devaluación de los últimos meses, con una corrección cambiaria de más del 60 por ciento entre enero de 2013 y enero de 2014. Por otro lado, la cotización del blue sigue usándose como estandarte, pese a la casi inexistente presencia de operaciones significativas. Las maniobras de fuga de divisas o entradas por afuera del sistema oficial tienen como vía la compraventa de títulos públicos (el llamado “contado con liqui”) o acciones (llamado dólar Bolsa), de forma más segura y con cotización diaria pública (los valores de las últimas tres semanas se ubicaron entre 10,05 y 10,60 pesos por dólar). De tal forma, con una referencia de mercado mucho más certera, el dólar blue tiende a convertirse en simplemente una sombra de los valores del “contado con liqui” o el dólar Bolsa. Salvo cuando, en forma ficticia, las “cuevas” salen a “marcar” precios.

Desde que el Banco Central implantó nuevas reglas en el mercado cambiario, el 24 de enero (devaluación y congelamiento del valor del dólar en los ocho pesos, reapertura de la venta de dólares a particulares aunque con límites) hubo, al menos, dos momentos en los que se vio claramente expuesta esta conducta de las mesas de dinero o “cuevas” marginales de salir a “marcar precio”. ¿Qué significa ese término? Hacer público un valor para el dólar marginal deliberadamente alto, aunque no se realice ninguna operación, o sólo alguna muy esporádica, a esa cotización.

Uno de esos momentos fue inmediatamente después de la devaluación del 24 de enero. El lunes 27, el mercado abrió con todas las expectativas puestas en ver si la venta de divisas a particulares efectivamente iba a funcionar. Como se debía realizar el trámite de pedir autorización previa a la AFIP, ese lunes se concretaron muy pocas operaciones, pero se solicitaron y autorizaron muchas. El marginal, que el jueves 23 había alcanzado un pico de 13 pesos, ni viernes ni lunes operó. La cotización se retrotrajo a 12 pesos, esperando la evolución de los acontecimientos. Con el correr de los días, se empezó a percibir que el mecanismo de ventas a particulares iba a seguir una evolución normal y, además, el Banco Central parecía en condiciones de sostener el valor de la divisa en 8. Desapareció la demanda en el marginal y, sin embargo, los “operadores” que informan regularmente la cotización, divulgaron en los días siguientes una “recuperación” del dólar marginal a 12,50 el martes 28, a 12,90 el miércoles 29 y una supuesta “estabilidad” en torno de los 12,60 en las jornadas siguientes. “Marcaron” el precio por arriba de lo que indicaba la falta de demanda, para mantener la “expectativa” en el dólar marginal que empezaba a desaparecer del interés de los ahorristas.

En los días posteriores se produjo el cierre de varias “cuevas” por voluntad propia, ante la escasez de operaciones. Las cotizaciones entre el 6 y el 10 de febrero estuvieron signadas por una baja persistente en la cotización: de 12,55 (día 5) a 11,65 pesos (día 10). El día 12 se dio el último pico de suba: el marginal saltó a 12,10 pesos, como reflejo del alza en el dólar Bolsa y el “liqui”, a su vez reflejo de la baja en el precio de los títulos argentinos en el exterior. Con la recuperación de estos últimos en los días posteriores, se revirtió la tendencia y otra vez el blue entró en un tobogán descendente, manteniendo un nivel de operaciones extremadamente marginal. Hasta el último miércoles, primer día de operaciones tras los feriados de Carnaval, cuando el valor del blue llegó a su nivel más bajo tras la devaluación del 24 de enero: 10,55 pesos.

Los dos días posteriores volvieron a ser escenario de un nuevo ejercicio de las “cuevas” de salir a “marcar precio”: el jueves subió a 11 pesos y el viernes, a 11,05. El argumento fue que se esperaba la “reaparición de la demanda” con el regreso de potenciales compradores de sus vacaciones, y eventualmente el vuelco hacia el marginal de los ahorristas con excedentes que no pudieran ser satisfechos por el límite de ventas de divisas en el mercado oficial. Sin embargo, nada indica que haya existido tal reactivación de la plaza marginal. La única explicación lógica es que la baja en el “liqui” y el dólar Bolsa (10,07 y 10,24 pesos el viernes) venían arrastrando hacia abajo al blue evidenciado su debilidad y poca significación en este momento. Al salir a “marcar” un precio en ascenso, las “cuevas” están haciendo un ejercicio para resucitarlo.

¿Qué es lo que cambió con la devaluación del 24 de enero? ¿Por qué perdió poder de fuego el dólar blue? En principio, la autoridad monetaria acertó en la estrategia de lanzar medidas en simultáneo que le quitaran presión al mercado marginal y equilibraran la oferta y demanda en el mercado oficial. Con un nivel de dólar más alto, se dispuso la apertura parcial del mercado de divisas al público y, al mismo tiempo, se restringió la autorización de tenencias de activos en divisas a los bancos al 30 por ciento de su responsabilidad patrimonial y paulatinamente se fueron subiendo las tasas de interés en pesos. Las entidades financieras, en promedio, excedían largamente el 50 por ciento, y había incluso un banco en el que sus activos dolarizados llegaban al 450 por ciento de su responsabilidad patrimonial, a través de títulos de compra de dólares a futuro. En esas proporciones, está claro que no se trataba de “coberturas” de necesidades futuras de dólares, sino que claramente se apostaba a una megadevaluación. Es a lo que estaba jugando, se sospecha, y no sólo desde la óptica oficial, buena parte del sistema bancario mediante operaciones declaradas o no.
La desaparición de este frente de presión sobre el dólar explica en gran medida que se desinflara el marginal, lo cual no se hubiera dado, sin embargo, de no mediar la concurrencia de los demás instrumentos que operaron a partir del 24 de enero. Fue así que la principal arma de presión contra el mercado oficial, y de desestabilización financiera y política, el dólar blue, quedó reducido, de momento, a moverse a la sombra de las paridades que se resuelven en las cotizaciones de bonos y acciones. Un dólar blue reducido a ser, también, apenas una sombra de lo que fue.


OPINION
Fondo de reservas
Por Alfredo Zaiat


Los países de América latina han tenido que enfrentar tensiones de diferente intensidad en el frente externo durante el año pasado y a comienzos de éste. La corrida adquirió más fuerza en diciembre pasado, cuando la Reserva Federal (banca central estadounidense) anunció que reduciría el programa mensual de compra de bonos, operaciones que han inundado de dólares al mercado financiero global. El reflujo de capitales fue disparado también porque analistas de bancas de inversión estimaron una desaceleración de China y una mejora de las economías de Estados Unidos y Europa. En el corto plazo no era relevante que esos pronósticos se cumpliesen, sino el convencimiento de esos financistas sobre lo que iba a pasar. Situación que derivó en fuga de las denominadas plazas emergentes. Los países latinoamericanos pudieron manejar ese cimbronazo con más o menos holgura según el volumen de reservas acumuladas en sus respectivas bancas centrales, y el grado de tolerancia socioeconómica a una devaluación de la moneda doméstica. Casi todos están administrando ese shock externo, aunque el caso argentino tiene particularidades por historias traumáticas y por deficiencias en la gestión de la coyuntura, que lo ha hecho más rabioso.

Las tensiones en el frente externo quedaron expuestas con la fuerte desaceleración del ritmo de acumulación de reservas en los países de América latina. Las monedas se depreciaron y el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos aumentó de 1,8 por ciento del PIB en 2012 a poco más del 2,0 por ciento el año pasado, según la Cepal. Por ejemplo Brasil, la potencia regional, registró un flujo cambiario negativo de 12.261 millones de dólares en 2013, el peor balance desde 2002, de acuerdo con su banca central. Ese resultado fue acentuado por el déficit de la cuenta financiera, que incluye la inversión extranjera y la participación en mercados de capitales, con un saldo negativo de 23.396 millones de dólares. La otra potencia, México, tuvo un déficit en la cuenta corriente de 22.333 millones de dólares, equivalente a 1,8 por ciento del Producto, informó el Banco de México.

Cada país intervino en sus respectivos mercados con herramientas propias, enfrentando en forma individual una reversión del flujo de capitales externos, algunos con menos costos que otros. Este tipo de respuesta no es un síntoma de fortaleza, sino de vulnerabilidad. La construcción de una estructura financiera regional para amortiguar el impacto negativo de shocks externos es un tema pendiente de la integración regional. La intensidad de este proceso en el nuevo siglo ha tenido origen en la afinidad política y amistad entre presidentes. Período donde se ha establecido la base para nuevas instituciones políticas (Unasur y Celac), incorporado a Venezuela como socio pleno al Mercosur, y creado un ambiente de cooperación respetando las particularidades y diferencias de cada miembro. El actual ciclo político en la región tiene el rasgo esencial de la profundización de la identidad integracionista. Pero ese avance es decididamente insuficiente en términos económicos y financieros. La integración se consolidaría más allá del momento histórico de simpatía ideológica entre presidentes si progresara en la construcción de una estructura financiera regional necesaria para eludir la perturbadora globalización de las finanzas. Flujos de capitales especulativos están en condiciones de desmoronar el inmenso esfuerzo político de integración durante más de una década.

América latina no tiene que inventar nada ni enemistarse con las instituciones financieras internacionales dominantes. Existen experiencias en otras regiones que sirven como antecedentes: 22 países de la liga árabe están reunidos en una institución de estabilización financiera (Fondo Monetario Arabe), y la más relevante Iniciativa Chiang Mai, establecida en el 2000 –ampliada en 2010–, consistente en una red de swaps bilaterales integrada por diez países del Asean más China, Japón y Corea del Sur. En América latina funciona el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), creado en 1989, conformado por Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela. Un reciente documento de la Cepal propone la ampliación con Argentina, Brasil, Chile, México y Paraguay.

En “Hacia una cobertura regional más amplia de un fondo de reservas”, Daniel Titelman, Cecilia Vera, Pablo Carvallo, Esteban Pérez Caldentey, de la División de Financiamiento del Desarrollo de la Comisión Económica para América y el Caribe (Cepal), proponen fortalecer el FLAR expandiendo su tamaño y cobertura al incluir una mayor cantidad de países de la región como aporte a la estabilidad financiera.

Los fondos regionales refuerzan la provisión de financiamiento contracíclico para enfrentar los efectos de shocks externos y atenúan la posibilidad de un contagio financiero. Este sería el principal objetivo expuesto en el documento. Esto significa que sería un fondo disuasivo, para intervenir en dificultades puntuales de la Balanza de Pagos, y de ese modo evitar un eventual efecto contagio.

Los expertos de la Cepal detallan que en un escenario donde los aportes de capital de los países nuevos siguieran la lógica que rige actualmente al FLAR, éste ampliado sumaría un monto de casi 9000 millones de dólares, equivalente al 1,4 por ciento del stock total de reservas internacionales de esos doce países.

Estiman que con un fondo de ese tamaño, y sin ningún grado de apalancamiento, se alcanzaría a cubrir de manera simultánea las potenciales demandas del grupo completo de países pequeños junto con la mitad de las necesidades de los países medianos por un total de 7800 millones de dólares. Si el fondo apalancara su capital mediante endeudamiento de mediano y largo plazo, se generarían recursos prestables por un total de casi 13.300 millones de dólares. “Con ese volumen de recursos, el Fondo podría cubrir de manera simultánea más del 85 por ciento de las potenciales necesidades del grupo completo de países miembros con la excepción de los dos más grandes del grupo (Brasil y México), las cuales fueron estimadas en 15.300 millones de dólares”, indican, para señalar que ese monto “proporcionaría a los países miembros un adecuado nivel de cobertura de sus necesidades de liquidez”.

En las varias cumbres presidenciales de la región que se desarrollan, se presenta la oportunidad de abandonar la indiferencia de construir o de consolidar instituciones económicas-financieras ya existentes, con el objetivo de prevenir eventuales problemas en la Balanza de Pagos, ya sea por caída de los términos de intercambio, pérdida de reservas, fuga de capitales o shock externos. Esa morosidad no tiene que ver con la demanda de recursos, porque la ampliación del FLAR exige aportes bajos, con el beneficio de ofrecer un potencial defensivo importante. En el documento se estima que la Argentina y Chile deberían sumar lo mismo que los miembros medianos del fondo –Colombia, Perú y Venezuela–, unos 656,3 millones de dólares cada uno, el doble del aporte de los países pequeños. Mientras que para Brasil y México supone que cada uno debería acercar unos 1969 millones de dólares. “El costo de participación para estos países no resulta elevado en términos de su acervo total de reservas internacionales ni tampoco en comparación con la cuota de aporte que hacen al Fondo Monetario Internacional”, destacan los investigadores de la Cepal.

La región conoce de crisis financieras con su impacto negativo en sus economías: tequila (19941995), crisis asiática-rusa-brasileña (1997-1999), debacle de la convertibilidad (2001-2002) y estallido de la burbuja de las subprime (2008-2009). Suficientes descalabros que deberían motivar a jerarquizar el Fondo Latinoamericano de Reservas. Si Brasil aspira a jugar un liderazgo positivo en la región debe abandonar la resistencia a todo tipo de propuesta de formación de una arquitectura financiera regional. La iniciativa de un FLAR ampliado jugaría un rol protagónico en la cooperación regional, con el beneficio derivado de una mayor estabilidad financiera porque atendería necesidades de liquidez por crisis de Balanza de Pagos. Sería un mecanismo de seguro compartido de los países latinoamericanos, una trinchera defensiva frente al perturbador mundo de las finanzas globales y a la persistente fuga de capitales de los grupos de poder local.
Fuente:Pagina12

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