Por José Maggi
Rosario/12 reconstruyó en pleno barrio Azcuénaga, el trágico momento en el que David Moreyra fue golpeado hasta la muerte luego de ser acusado del arrebato de una cartera. La trama de silencio y las hipótesis detrás de la turba enardecida que cometió el crimen.
LOS DETALLES DE LA SALVAJE GOLPIZA QUE TERMINO CON LA VIDA DE DAVID MOREYRA.
Cómo se fue formando el grupo agresor
Los testimonios son escasos. En el barrio Azcuénaga se impone el silencio alrededor de los posibles responsables de la muerte del joven acusado de un robo. Desde el club le negaron a Rosario/12 que los agresores hayan salido de ahí.
Por José Maggi
Ayer a la tarde el barrio tenía el ritmo normal de un sábado a la tarde, con poca gente en la calle.Imagen: Andrés Macera
David Moreyra estuvo tirado más de una hora en el pavimento antes que llegara la policía, y muchos que pasaban le pegaban, lo pateaban, uno de un auto le pegó un portazo, otro lo pateó con unos botines con punteras, y hasta un flaco lo pasó con su moto por arriba. El relato escabroso, resulta ser sólo una parte de la tortura a la que fue sometido el chico de 18 años, que momentos antes, junto a un cómplice, le arrebató la cartera a una joven en la esquina de Marcos Paz y Liniers. Rosario/12 reconstruyó en pleno barrio Azcuénaga, ese trágico momento en el que el joven quedó a merced del desprecio y la violencia desenfrenada, para luego dejar de existir en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez.
Según la reconstrucción que pudo hacer este diario, todo comenzó alrededor de las 16.45 con el arrebato y la fuga de los dos jóvenes a bordo de un moto 125 centímetros cúbicos marca Guerrero color roja, en contramano por calle Liniers, en dirección a San Luis. Allí se produjo un encontronazo con un utilitario color clarito, al que algunos identifican como un Fiat Fiorino color blanca, para algunos un choque fortuito y para otros intencional para evitar la huída del dúo.
Luego del golpe sobrevino la huída. Mientras su compañero corrió por Marcos Paz en dirección a Teniente Agnetta, David lo hizo con rumbo hacia Larrea. La decisión resultó fatal: Aturdido por el choque y tal vez lesionado, se encontró de frente con dos grupos que vestían la camiseta de Rosario Central. Ese día, el club de Arroyito jugaba de local y el partido se disputaba a las 19. Muchos jóvenes del barrio se habían reunido a "hacer la previa" en el club Amistad y Unión, de Marcos Paz entre Liniers y Larrea, mientras un segundo grupo estaba sentado como habitualmente lo hace en la esquina de Larrea y Marcos Paz, disfrutando de una "birra" económica: "Dos por 21 pesos helada" como reza el cartel de un kiosko ubicado a metros de esa esquina.
Los gritos de la joven mujer que caminaba con su chiquita en los brazos y con solo un bolso pañalero colgado de su brazo, hizo reaccionar al grupo.
Desde el propio club se esforzaron ayer en negar que haya estado abierto y que desde allí haya salido el grupo agresor. Prefirieron mirar para la esquina al momento donde paran los pibes a "cervecear". Sin embargo varios vecinos confirmaron la hipótesis anterior. "Abren cuando hay partido porque venden bebida a los que llegan a 'hacer la previa', a vos te dicen que estaba cerrado, porque tienen miedo a que la familia del pibe muerto tome represalias", definió un conocedor de la vida del barrio.
En tanto los dueños del kiosko de Larrea entre Marcos Paz y Rioja, prefieron apuntar hacia el prontuario del chico asesinado, antes que repudiar el linchamiento: "Tenía más de veinte causas, pregunten pregunten, ahora dicen que era un santito y apareció con un arma en una foto del facebook" aseguraron a dúo, la comerciante junto a su esposo y una cliente ocasional que también se mostro más preocupada por la inseguridad del arrebato, que por la sensación que genera el asesinato colectivo y el ensañamiento sobre un pibe moribundo. Y el pacto de silencio que se firmó esa mimsa tarde para tapar el brutal crimen.
"Consiganme un país donde pueda salir a la calle en paz y me voy a vivir" alcanzo a decir la dueña del minimarket al tiempo que este cronsita dejaba su comercio, pensando si un lugar donde linchan a una persona no es más inseguro que uno donde te arrebatan al cartera.
Sin embargo ante la consulta de este diario el comisario Alberto Godoy, jefe de la seccional 14, negó de plano la existencia de prontuario alguno en la vida de Moreyra. "No tiene antecedentes" confirmó el jefe policial.
"La impunidad alienta la repetición del delito", dice Eduardo Galeano desde un posteo de un face colgado por una vecina que participa del grupo Indignados Barrio Azcuénaga, como si la misma frase no alcanzara al homicidio. Es que según aseguró un abogado penalista de Azcuénaga, en esa esquina ya habían golpeado hasta casi matarlo a otro ladrón. "Fue hace como dos años y no pasó nada. Nunca más se supo, pero fue muy parecido, los vecinos lo golpearon hasta que llegó la policia y se lo llevó medio muerto".
En rigor con solo googlear el tema, aparecen varios casos: uno ocurrido en julio de 2013 con dos jóvenes que escapaban de la policía en moto y chocaron, quedando a merced de la bronca de un grupo de vecinos.
De todos modos registros de lo ocurrido no le fatarán al fiscal Florentino Malaponte: en la ochava norte de Marcos Paz y Liniers, puntualmente en la casa que tiene el número 990 sobre esta última calle, la propiedad tiene dos cámaras de seguridad que si bien vigilan celosamente esa vereda, pudieron haber captado distintos movimientos. Pero sin dudas el testimonio de los habitantes de esta vivienda puede resultar más que útil ya que la fotografía que circula en los medios de prensa y las redes sociales, donde aparece Moreyra tirado al costado de la moto, parece haber sido tomada por el ángulo y la dirección, desde esa propiedad.
Pero mucho más interesantes podrían ser las imágenes captadas por otra cámara de seguridad ubicada sobre el 929 de Liniers. Sobre la terraza en el frente de una propiedad enrejada, se puede ver una pequeña cámara que mira en dirección a la esquina donde tuvieron lugar los brutales maltratos a Moreyra.
Entre las reacciones de esa violenta jornada, un vecino recordó a un hombre de unos 50 años, que pasó en un Palio gris con su esposa y dos hijos adolescentes. "¿Qué pasó?" preguntó. "Un chico que robó y esta lastimado, pero vivo" le contestaron. "¿Y no podemos hacer algo para que deje de respirar?", pregunto antes de retirarse.
Otro caso en la zona oeste
El nuevo caso de "linchamiento" ocurrió la madrugada de ayer en Sánchez de Loria y Mendoza. Fuentes policiales indicaron que en ese lugar dos delincuentes en moto sorprendieron a un hombre y a una mujer.
De acuerdo a la versión oficial, los ladrones le arrebataron la cartera a la mujer y cuando intentaban escapar a toda velocidad el que iba como acompañante cayó al piso. Eso fue aprovechado por un grupo de personas que rodeó al ladrón y le propinó una importante golpiza y lo retuvo hasta la llegada de la policía.
Según las fuentes, el joven, identificado como Marcelo P., tuvo que ser derivado en una ambulancia del Sies al Hospital Clemente Alvarez con politraumatismos. Permanecía internado en observación. El caso es investigado por la subcomisaría 22ª
Este fue el cuarto caso de un ataque tipo linchamiento de delincuentes que ocurre en siete días. El primero, y más grave de los hechos, ocurrió el sábado pasado en Marcos Paz y Liniers donde murió David Moreyra.
El miércoles siguente, en Lavalle y Rioja, dos ladrones que huían tras perpetrar un atraco chocaron contra un taxi y eso fue aprovechado por un grupo de vecinos que capturó a uno de los hampones y lo sometió a una golpiza. El último hecho se registró el jueves a la noche en Reconquista al 1900, con otro ladrón agredido por vecinos.
Ensayo de autodefensas
Milton, uno de los cuatro integrantes del grupo, le explicó a Rosario3.com que "al no tener trabajo, empezaron a cobrar. Están en la zona de Mendoza a Pellegrini y de Teniente Agneta a Solís. Con el dinero recaudado hicieron garitas, compraron balizas azules para el auto y las motos, y le ponen nafta a los vehículos. "Y llevamos una moneda a casa también, nos sirvió como un trabajito", señalaba Milton. Al grupo, una especie de autodefensa, lo conforman jóvenes de 21, 25 y 31 años y un hombre de 48. ¿Armas? "Te digo la verdad. Como está el tema tenés que andar con algo", respondió Milton. El grupo fue al Concejo Municipal a contar su experiencia. "Queremos encuadrarnos, blanquearnos", repite Milton.
Para el defensor general Gabriel Ganón la aceptación social de estas "autodefensas es preocupante porque en los países como Colombia y México terminaron siendo nefastas".
El funcionario provincial respondió de manera afirmativa cuando Rosario/12 le consultó acerca de si el Estado se sentía interpelado por una situación como la vivida en barrio Azcuénaga, las expresiones temerarias y mediavales de quienes se autotitulan como vecinos indignados de la zona que amenazar con "cortar las manos" de otros que intenten robos o agresiones, y los hechos que sucedieron luego, con la lluvia de "borcegueadas" sobre el rostro de otra persona que había robado.
"La interpelación es al Estado en su conjunto, no al área de Niñez y circunscribo este hecho a un marco de violencia social que nos aflige a todos, ya que todos podemos ser víctimas y no vivimos en la paz social que desearíamos. El delito aumentó en toda Latinoamérica y las diferencias económicas, las socioculturales hacen que cada vez exista más violencia, aunque somos conscientes que un sistema de protección de niñez y adolescencia se construye con una estructura conformado por organismos públicos nacionales, provinciales y municipales. Ahora, cuando asistimos a un escenario como el que estamos viviendo no alcanza con lo que se hace", dice el funcionario. Y agrega que "mueren niños y adolescentes todo el tiempo, o se los agrede y maltrata de diversas formas, como encerrándolos en bunkers de venta de drogas. Son situaciones que parecen naturalizarse en la cotidianeidad de la ciudad. No es un escándalo que se mate a chicos en distintas circunstancias. Estamos pagando las consecuencias políticas de la década de los '90 que generó las brechas sociales que hoy se trabaja para revertir.
-¿No hubo un cierto corrimiento del Estado en el trabajo territorial en los dos o tres últimos años?
-No, por el contrario. Ahora la intervención es más fuerte, porque sigilosa y silenciosamente las bandas fueron dominando algunos territorios, por lo que hubo que profundizar políticas públicas como con el plan de intervención integral en barrios. A partir del Gabinete Social y con la acción de varios ministerios se instrumentan políticas muy fuertes junto a los tres municipios más grandes. Es muy preocupante que la sociedad intente hacer justicia por mano propia, que no es justicia y esto sucede porque los ciudadanos llegan a descreer de las instituciones. Creo que cuando la gente confíe en el nuevo sistema penal, en las posibilidades que crean los Centros de Asistencia judicial al ayudar y acompañar a las víctimas, con sus respectivas acciones de mediación, los ciudadanos se darían cuenta de que muchísimos temas se podrían solucionar sin violencia.
De todas formas los últimos episodios muestran el grado de descomposición del tejido social y la ya existente construcción simbólica acerca de que como no hay garantías para la seguridad, hay que dar escarmientos. En algún momento pueden querer quemarse brujas o bien habilitarse hogueras para quienes han delinquido; también para quienes son sospechosos o portadores de rostros y apellidos que generen temor o desconfianza, aunque se trate de niños y adolescentes. ¿No debería haber una intervención especial, casi como en la emergencia de ese gabinete social al que usted hacía referencia?- se le preguntó.
-Es para analizarlo. Puede ser.
Otras miradas
El centro de día que cogestionan el programa municipal La Casa y la Asociación CHICOS -y que ya recibió a varias generaciones de niños, varones y mujeres, en situación de calle- forma parte del Foro de Infancias del que participa también Aldeas Infantiles SOS de Rosario. Marcela Lapenna es quien señala que una de las consignas que se levantan desde ese Foro de Infancias es que "el cuidado de todos los niños y niñas es responsabilidad de todos". Lapenna explicó a este diario que esa consigna fue forjada "desde lo que nos ha encontrado y estructurado, desde lo más humano, que es defender el derecho a la vida, dando un resguardo especial a los más jóvenes". Pero la reflexión se abre para explicar que en los espacios en los que antes podían encontrarse "propuestas intergeneracionales tendientes hacia la solidaridad aparece hoy una hostilidad que manifiesta la imposibilidad de respetar el contrato social" y plantea que los hechos de los últimos tiempos "nos hacen pensar sobre la transformación de los modos de agruparnos, cómo determinadas escenas se nutren del estallido del lazo social: del sufrimiento de todos los actores. Una joven mamá no merece ser robada, un joven no merece ser muerto a golpes".
Lapenna agrega: "El delito provoca sentimientos de venganza, para evitar el linchamiento las sociedades hemos confiado en cierta legalidad delegando en el Estado la aplicación de la venganza. Cuando esa delegación aparece como ineficaz, aparece el retorno a la horda. El Estado, mediante el andamiaje de la justicia, ejecuta la venganza pública. El Estado mediante las políticas públicas ejerce el cuidado de quienes están privados de cuidados parentales, ofreciendo medidas de protección integral. La comunidad, la sociedad civil, los vecinos, nosotros siempre estamos más cerca, siempre podemos actuar antes. ¿Qué es lo que convocan estas escenas que permiten que alguien decida parar a golpear a un semejante hasta matarlo? Las formas de vivir y de morir de niños, niñas y adolescentes en nuestra ciudad nos obligan a pensar justamente en la construcción de la idea de semejante, de pares, evidentemente estos chicos están siendo desalojados del territorio de los derechos y están cada vez más cerca de la intemperie: de la mano de una mamá a la que le roban o tirado entre patadas de los vecinos".
Tanto la trabajadora social Paula Orsolini como la directora en Rosario de Aldeas Infantiles SOS, Melina Arrieta, entiende que como integrantes del Consejo Municipal de Promoción y Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes "debemos aportar herramientas para la reflexión como medio para preguntarnos y cuestionar nuestras miradas pero sobre todo para exigir políticas públicas serias e inclusivas".
Para Orsolini la muerte de David Moreyra debe "interpelarnos como sociedad acerca de la situación socio política que atravesamos y la lectura que creemos necesaria es la que históricamente no hemos podido hacer: comprender que los jóvenes como David se encuentran en una situación de desigualdad profunda e histórica. Para poder pensarnos como sociedad urge que seamos capaces de hacer un profundo análisis que contemple factores históricos, políticos, económicos, sociales, jurídicos, culturales, biográficos, reconociendo las construcciones estigmatizantes que socialmente se construyen, y refuerzan cotidianamente, acerca de los jóvenes que viven en contextos de pobreza". Esta trabajadora social que es una de las personas que representa en el Consejo municipal a los colegios profesionales de Abogados, de Trabajo Social y de Enfermería insiste en que "no se puede quedar atrapados en lecturas coyunturales acerca de un joven que comete un delito, porque antes de que esto suceda -asegura-, el Estado debió responsabilizarse por acompañar a una familia, por acercar recursos, es decir, por garantizar derechos. Esto no implica des-responsabilizar a un joven, sino que es hacernos cargo de que ese joven no ha tenido la posibilidad de que sus derechos sean efectivamente protegidos. Por otra parte para ella apareció con claridad que se trata "de una posición social de clases en la que con rapidez se pide 'castigo para los pobres' ('ellos')" y el Estado en función de este pedido responde con políticas disciplinarias, con mayor presencia del poder punitivo que cristalizan y sustentan esta demanda de un importante sector de la sociedad". Finalmente señala que la forma de pensar señalada es la que sustenta el pedido de bajar la edad de imputabilidad para los adolescentes.
Esta forma de pensar es el anclaje perfecto para intervenciones y prácticas que, entre otras cuestiones, por ejemplo, reclaman bajar la edad de imputabilidad y agrega que "el enorme poder que los medios de comunicación ejercen sobre la opinión pública favorece la cristalización de miradas e imaginarios que une jóvenes pobres-violencia-delincuencia-peligrosidad".
"A David lo asesinaron brutalmente bajo la consigna de muestra de poder 'nosotros' vs. 'ellos' y gran parte de la sociedad festeja su muerte. A la familia de David le quieren quitar hasta el derecho de pedir justicia.
Una vez más a las familias pobres les quieren silenciar sus derechos, su palabra y su recamo de justicia. El recorrido de las intervenciones del Estado para controlar y corregir a los jóvenes pobres refleja las aciagas consecuencias de estas acciones / posiciones. El Estado es gran ausente o presente con políticas sociales excluyentes que no hacen más que reforzar lo que gran parte de la sociedad hoy está diciendo sobre David".
Melina Arrieta de la ong Internacional Aldeas Infantiles -que tiene dos espacios de cuidados diarios para niños de 0 a 6 años en la zona oeste rosarina y un hogar comunitario en la Vía Honda-, plantea la necesidad de incorporar una perspectiva de derechos en el diseño e implementación de políticas públicas universales e integrales, algo que implica -así lo explicó-, "que consideremos a los destinatarios de ellas no como beneficiarios de la compasión estatal, sino como titulares de derechos que tienen el poder de exigir del Estado ciertos comportamientos". Además señala que las políticas públicas con enfoque de derechos "constituyen acciones y estrategias para promover y hacer efectivos los derechos, basadas en obligaciones que los Estados contrajeron en normas de tratados de derechos humanos. Implican, a su vez, la definición participativa de los principales problemas y necesidades por parte de la población". Por lo tanto, sostuvo que "urge una revisión de la construcción de los lazos sociales que nos estamos dando, comprendiendo que los mayores afectados sociales son los jóvenes en situación de pobreza" y también "urge que entendamos el profundo significado de violencia que entraña el padecimiento de la pobreza cotidiana".
Fuente:Pagina12
Linchamiento en barrio Azcuénaga
El odio nos despertó siendo asesinos
27/03/2014
Por Silvina Tamous
Se llamaba David Moreira y con sólo 18 años fue condenado el sábado pasado a muerte por un grupo de vecinos y ocasionales transeúntes. Fue en un juicio sumarísimo que duró pocos segundos donde decidieron que debía morir. Lo condenaron por el robo de una cartera, lo tiraron al piso y lo mataron pegándole patadas en la cabeza. Perdió masa encefálica y agonizó tres días. ¿Quién merece esa muerte que nos horroriza cuando la vemos en los países musulmanes y nos parece correcta cuando los asesinos son gente de clase media que se justifican asegurando que están hartos de los robos? La foto de Moreira tirado en la calle medio muerto se exhibe como trofeo de guerra en las redes sociales y todo hace pensar que no será el único linchado por enérgicos vecinos que utilizan a un pibe desarmado como el chivo expiatorio de su odio y de su ira. “Matamos a uno de ellos”, sostienen. Se refieren a los otros, a los que no son ciudadanos, los que amenazan carteras, teniendo en claro que es más importante la cartera que la vida. Nadie estaba en peligro cuando Moreira fue linchado, podrían haberlo entregado a la Policía. Pero era necesario asesinarlo, mostrarle al resto de la sociedad el poder de “nosotros” sobre “ellos”. Los asesinos no eran sólo los vecinos del barrio. También estaban los automovilistas que dejaban mal estacionados sus vehículos para sumar una patada más, un golpe más y acelerar la muerte que tardó tres días.
No es la primera vez que ocurre. Hace dos años en la misma esquina, Marcos Paz y Liniers, lincharon a un ladrón sin conseguir su muerte. Y hace un año, en el macro centro, en un negocio de insumos de computación, se vivió una escena parecida a la que terminó con la vida de Moreira. Un joven ladrón reducido, a disposición de los vecinos y cuanto transeúnte se le ocurriera acercarse a golpearlo, sin que nadie pudiera poner un poco de cordura. Una vecina contaba horrorizada que se bajaban de los autos con cadenas para pegarle. “Y bueno, a mi abuela le robaron”. “Un negro de estos te caga la vida de una familia” y siguen los argumentos.
Claro que los ladrones tienen una estética. Son morochos, tienen gorrita y van en moto. Y eso fue motivo de un cuasi linchamiento de dos trabajadores hace dos semanas. Los jóvenes morochos no murieron, pero fueron desfigurados por los confundidos justicieros que este caso sí están identificados.
Pero ¿qué le pasa a una ciudad jaqueda por el narcotráfico y la violencia, que descarga su ira y su odio contra un pibe de 18 años desarmado? No todos participaron del crimen en forma material, pero sí a la hora de justificar a los homicidas. Fuenteovejuna lo hizo, como sostiene la obra teatral de Lope de Vega. Así se podían escuchar los mensajes radiales, los de las redes sociales, y los cometarios de los sitios web, vistiendo a los asesinos de justicieros.
Sin embargo, nada tiene que ver con la justicia. Y en este caso se muestra como nunca que cuando determinados sectores sociales claman justicia, en realidad piden venganza.
La violencia trepa en la ciudad, y determinó que se cometieran casi un homicidio por día en lo va del año. Pero qué tenemos que ver “nosotros” en esa violencia. Una clase media asustada que condena la delincuencia y el narcotráfico sólo si es marginal. Porque los líderes de las bandas narcos no vivían en la periferia, hacía años que se habían mudado a los edificios de alta gama que miran al río sin que nadie se percatara. Molesta el traficante pequeño, pero el dinero del narcotráfico no parece molestar a nadie. Se exhibe a la banda de Los Monos en los medios y se los condena mediáticamente no por los crímenes que cometen, sino porque un grupo de “carreros desdentados” —como sostenían en un portal local— llegaron a tener bienes que no se merecían sólo por su origen. Se muestra el porcelanato como un objeto de lujo, viviendas de clase media como mansiones , y se les atribuye hasta palomas mensajeras. De hecho, Delfín Zacarías, a quién atraparon cocinando 300 kilos de cocaína no generó tanto revuelo, pese a que tenía autos de alta gama y una cantidad indefinida de propiedades. Pero el hombre pertenecía a la enorme clase media.
Ese pibe, David Moreira, corría ciertos riesgos desde que nació. Era morocho y pobre. Y no importa si intentó o no robar una cartera. Esos pibes saben que están condenados a muerte y si la vida es tan efímera, que importa entonces. Si no hay futuro, si nunca van a pertenecer al “nosotros”, esa finitud determina que se encuentre en las bandas narcos un lugar de contención.
Lo cierto es que el odio nos despertó una mañana siendo asesinos. Y como dice una vieja canción, “veo morir a una paloma y me duele el cazador”. Pienso en los cazadores. ¿Pudieron dormir todos los hombres que descargaron su ira a patadas sobre un pibe desarmado? Si lo lograron, es porque “nosotros” no somos mejores que “ellos”.
La ciudad solidaria y dolida, que con la explosión del edificio de la calle Salta mostró su mejor cara, hoy sale a matar en “defensa propia”.
Fuente: Infojus Noticias
Fuente:RedaccionRosario
Un muchacho de 21 años, que supuestamente participó en el asalto a una pareja en la zona oeste de Rosario, terminó internado en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez tras recibir una feroz paliza por parte de un grupo de vecinos que evitó que se fugara.
El nuevo caso de "linchamiento" ocurrió la madrugada de ayer en Sánchez de Loria y Mendoza. Fuentes policiales indicaron que en ese lugar dos delincuentes en moto sorprendieron a un hombre y a una mujer.
De acuerdo a la versión oficial, los ladrones le arrebataron la cartera a la mujer y cuando intentaban escapar a toda velocidad el que iba como acompañante cayó al piso. Eso fue aprovechado por un grupo de personas que rodeó al ladrón y le propinó una importante golpiza y lo retuvo hasta la llegada de la policía.
Según las fuentes, el joven, identificado como Marcelo P., tuvo que ser derivado en una ambulancia del Sies al Hospital Clemente Alvarez con politraumatismos. Permanecía internado en observación. El caso es investigado por la subcomisaría 22ª
Este fue el cuarto caso de un ataque tipo linchamiento de delincuentes que ocurre en siete días. El primero, y más grave de los hechos, ocurrió el sábado pasado en Marcos Paz y Liniers donde murió David Moreyra.
El miércoles siguente, en Lavalle y Rioja, dos ladrones que huían tras perpetrar un atraco chocaron contra un taxi y eso fue aprovechado por un grupo de vecinos que capturó a uno de los hampones y lo sometió a una golpiza. El último hecho se registró el jueves a la noche en Reconquista al 1900, con otro ladrón agredido por vecinos.
Ensayo de autodefensas
Los vecinos del barrio Azcuénaga, donde golpearon hasta morir a David Moreyra, cobijan desde hace unos meses a un "grupo de seguridad comunitaria" que les cobra a los vecinos por protección. La "patrulla comunitaria" reconoce que está "todas las noches desde las 20. Lo que hacemos es acompañar a la gente, cuando se bajan del colectivo los esperamos en la parada y los acompañamos hasta la casa. También cuando cierran un negocio o cuando esperan en la cochera para guardar el auto. Hacemos presencia, en alerta, con las luces prendidas, con el teléfono en la mano para llamar al Comando si hace falta", contaba entonces uno de ellos al cronista de Canal 5 mientras varias vecinas refrendaban la iniciativa por la cual pagaban entre 20 y 30 pesos semanales para solventar los gastos.
Milton, uno de los cuatro integrantes del grupo, le explicó a Rosario3.com que "al no tener trabajo, empezaron a cobrar. Están en la zona de Mendoza a Pellegrini y de Teniente Agneta a Solís. Con el dinero recaudado hicieron garitas, compraron balizas azules para el auto y las motos, y le ponen nafta a los vehículos. "Y llevamos una moneda a casa también, nos sirvió como un trabajito", señalaba Milton. Al grupo, una especie de autodefensa, lo conforman jóvenes de 21, 25 y 31 años y un hombre de 48. ¿Armas? "Te digo la verdad. Como está el tema tenés que andar con algo", respondió Milton. El grupo fue al Concejo Municipal a contar su experiencia. "Queremos encuadrarnos, blanquearnos", repite Milton.
Para el defensor general Gabriel Ganón la aceptación social de estas "autodefensas es preocupante porque en los países como Colombia y México terminaron siendo nefastas".
PROFESIONALES Y FUNCIONARIOS HABLAN DE COMO EL ASESINATO DE DAVID MOREYRA INTERPELA AL ESTADO Y LA SOCIEDAD EN MULTIPLE ASPECTOS
Escenas que se nutren del estallido del lazo social
Ni la joven madre merecía ser asaltada ni David merecía la muerte si es que cometió el delito. "Todos podemos ser víctimas y no vivimos en la paz social que desearíamos", dicen los funcionarios que piensan en las consecuencias de la desintegración social que viene desde la década del 90.
Por Alicia Simeoni
David Moreyra yace en el piso luego de la brutal golpiza que sufrió en barrió Azcuénaga.
¿Qué hay de atractivo, de convocante o placentero en la escabrosa escena del proceso por el que se asesina a una persona? ¿Qué hace que alguien detenga su marcha y se sume al grupo? ¿Qué opera con tanta fuerza para que alguien participe de ese asesinato de manera activa, o se quede a un costado observando la escena dantesca? Seguro que mucho, que podrían escribirse o hablarse tantísimas cosas y, todavía, quedarían aspectos sin considerar. Por eso la aproximación a pensar el asesinato de David Moreyra en barrio Azcuénaga, no de manera neutral, pero sí conteniendo la intervención de los distintos protagonistas, viene de la mano de tres integrantes del Consejo Municipal de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Ellas son la psicóloga Marcela Lapenna, coordinadora del centro de día que gestionan de manera conjunta el programa municipal La Casa y la Asociación Civil CHICOS que funciona en Mendoza 1247, la trabajadora social Paula Orsolini, quien participa en representación de los colegios profesionales de Abogados, de Trabajo Social y de Enfermería y Melina Arrieta, directora del Programa de Fortalecimiento Familiar y Desarrollo Comunitario de Aldeas Infantiles SOS de Argentina, una ONg. Con sede en más de cien países. También lo hace el subsecretario para la Niñez del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, Cristian Allende.
El funcionario provincial respondió de manera afirmativa cuando Rosario/12 le consultó acerca de si el Estado se sentía interpelado por una situación como la vivida en barrio Azcuénaga, las expresiones temerarias y mediavales de quienes se autotitulan como vecinos indignados de la zona que amenazar con "cortar las manos" de otros que intenten robos o agresiones, y los hechos que sucedieron luego, con la lluvia de "borcegueadas" sobre el rostro de otra persona que había robado.
"La interpelación es al Estado en su conjunto, no al área de Niñez y circunscribo este hecho a un marco de violencia social que nos aflige a todos, ya que todos podemos ser víctimas y no vivimos en la paz social que desearíamos. El delito aumentó en toda Latinoamérica y las diferencias económicas, las socioculturales hacen que cada vez exista más violencia, aunque somos conscientes que un sistema de protección de niñez y adolescencia se construye con una estructura conformado por organismos públicos nacionales, provinciales y municipales. Ahora, cuando asistimos a un escenario como el que estamos viviendo no alcanza con lo que se hace", dice el funcionario. Y agrega que "mueren niños y adolescentes todo el tiempo, o se los agrede y maltrata de diversas formas, como encerrándolos en bunkers de venta de drogas. Son situaciones que parecen naturalizarse en la cotidianeidad de la ciudad. No es un escándalo que se mate a chicos en distintas circunstancias. Estamos pagando las consecuencias políticas de la década de los '90 que generó las brechas sociales que hoy se trabaja para revertir.
-¿No hubo un cierto corrimiento del Estado en el trabajo territorial en los dos o tres últimos años?
-No, por el contrario. Ahora la intervención es más fuerte, porque sigilosa y silenciosamente las bandas fueron dominando algunos territorios, por lo que hubo que profundizar políticas públicas como con el plan de intervención integral en barrios. A partir del Gabinete Social y con la acción de varios ministerios se instrumentan políticas muy fuertes junto a los tres municipios más grandes. Es muy preocupante que la sociedad intente hacer justicia por mano propia, que no es justicia y esto sucede porque los ciudadanos llegan a descreer de las instituciones. Creo que cuando la gente confíe en el nuevo sistema penal, en las posibilidades que crean los Centros de Asistencia judicial al ayudar y acompañar a las víctimas, con sus respectivas acciones de mediación, los ciudadanos se darían cuenta de que muchísimos temas se podrían solucionar sin violencia.
De todas formas los últimos episodios muestran el grado de descomposición del tejido social y la ya existente construcción simbólica acerca de que como no hay garantías para la seguridad, hay que dar escarmientos. En algún momento pueden querer quemarse brujas o bien habilitarse hogueras para quienes han delinquido; también para quienes son sospechosos o portadores de rostros y apellidos que generen temor o desconfianza, aunque se trate de niños y adolescentes. ¿No debería haber una intervención especial, casi como en la emergencia de ese gabinete social al que usted hacía referencia?- se le preguntó.
-Es para analizarlo. Puede ser.
Otras miradas
El centro de día que cogestionan el programa municipal La Casa y la Asociación CHICOS -y que ya recibió a varias generaciones de niños, varones y mujeres, en situación de calle- forma parte del Foro de Infancias del que participa también Aldeas Infantiles SOS de Rosario. Marcela Lapenna es quien señala que una de las consignas que se levantan desde ese Foro de Infancias es que "el cuidado de todos los niños y niñas es responsabilidad de todos". Lapenna explicó a este diario que esa consigna fue forjada "desde lo que nos ha encontrado y estructurado, desde lo más humano, que es defender el derecho a la vida, dando un resguardo especial a los más jóvenes". Pero la reflexión se abre para explicar que en los espacios en los que antes podían encontrarse "propuestas intergeneracionales tendientes hacia la solidaridad aparece hoy una hostilidad que manifiesta la imposibilidad de respetar el contrato social" y plantea que los hechos de los últimos tiempos "nos hacen pensar sobre la transformación de los modos de agruparnos, cómo determinadas escenas se nutren del estallido del lazo social: del sufrimiento de todos los actores. Una joven mamá no merece ser robada, un joven no merece ser muerto a golpes".
Lapenna agrega: "El delito provoca sentimientos de venganza, para evitar el linchamiento las sociedades hemos confiado en cierta legalidad delegando en el Estado la aplicación de la venganza. Cuando esa delegación aparece como ineficaz, aparece el retorno a la horda. El Estado, mediante el andamiaje de la justicia, ejecuta la venganza pública. El Estado mediante las políticas públicas ejerce el cuidado de quienes están privados de cuidados parentales, ofreciendo medidas de protección integral. La comunidad, la sociedad civil, los vecinos, nosotros siempre estamos más cerca, siempre podemos actuar antes. ¿Qué es lo que convocan estas escenas que permiten que alguien decida parar a golpear a un semejante hasta matarlo? Las formas de vivir y de morir de niños, niñas y adolescentes en nuestra ciudad nos obligan a pensar justamente en la construcción de la idea de semejante, de pares, evidentemente estos chicos están siendo desalojados del territorio de los derechos y están cada vez más cerca de la intemperie: de la mano de una mamá a la que le roban o tirado entre patadas de los vecinos".
Tanto la trabajadora social Paula Orsolini como la directora en Rosario de Aldeas Infantiles SOS, Melina Arrieta, entiende que como integrantes del Consejo Municipal de Promoción y Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes "debemos aportar herramientas para la reflexión como medio para preguntarnos y cuestionar nuestras miradas pero sobre todo para exigir políticas públicas serias e inclusivas".
Para Orsolini la muerte de David Moreyra debe "interpelarnos como sociedad acerca de la situación socio política que atravesamos y la lectura que creemos necesaria es la que históricamente no hemos podido hacer: comprender que los jóvenes como David se encuentran en una situación de desigualdad profunda e histórica. Para poder pensarnos como sociedad urge que seamos capaces de hacer un profundo análisis que contemple factores históricos, políticos, económicos, sociales, jurídicos, culturales, biográficos, reconociendo las construcciones estigmatizantes que socialmente se construyen, y refuerzan cotidianamente, acerca de los jóvenes que viven en contextos de pobreza". Esta trabajadora social que es una de las personas que representa en el Consejo municipal a los colegios profesionales de Abogados, de Trabajo Social y de Enfermería insiste en que "no se puede quedar atrapados en lecturas coyunturales acerca de un joven que comete un delito, porque antes de que esto suceda -asegura-, el Estado debió responsabilizarse por acompañar a una familia, por acercar recursos, es decir, por garantizar derechos. Esto no implica des-responsabilizar a un joven, sino que es hacernos cargo de que ese joven no ha tenido la posibilidad de que sus derechos sean efectivamente protegidos. Por otra parte para ella apareció con claridad que se trata "de una posición social de clases en la que con rapidez se pide 'castigo para los pobres' ('ellos')" y el Estado en función de este pedido responde con políticas disciplinarias, con mayor presencia del poder punitivo que cristalizan y sustentan esta demanda de un importante sector de la sociedad". Finalmente señala que la forma de pensar señalada es la que sustenta el pedido de bajar la edad de imputabilidad para los adolescentes.
Esta forma de pensar es el anclaje perfecto para intervenciones y prácticas que, entre otras cuestiones, por ejemplo, reclaman bajar la edad de imputabilidad y agrega que "el enorme poder que los medios de comunicación ejercen sobre la opinión pública favorece la cristalización de miradas e imaginarios que une jóvenes pobres-violencia-delincuencia-peligrosidad".
"A David lo asesinaron brutalmente bajo la consigna de muestra de poder 'nosotros' vs. 'ellos' y gran parte de la sociedad festeja su muerte. A la familia de David le quieren quitar hasta el derecho de pedir justicia.
Una vez más a las familias pobres les quieren silenciar sus derechos, su palabra y su recamo de justicia. El recorrido de las intervenciones del Estado para controlar y corregir a los jóvenes pobres refleja las aciagas consecuencias de estas acciones / posiciones. El Estado es gran ausente o presente con políticas sociales excluyentes que no hacen más que reforzar lo que gran parte de la sociedad hoy está diciendo sobre David".
Melina Arrieta de la ong Internacional Aldeas Infantiles -que tiene dos espacios de cuidados diarios para niños de 0 a 6 años en la zona oeste rosarina y un hogar comunitario en la Vía Honda-, plantea la necesidad de incorporar una perspectiva de derechos en el diseño e implementación de políticas públicas universales e integrales, algo que implica -así lo explicó-, "que consideremos a los destinatarios de ellas no como beneficiarios de la compasión estatal, sino como titulares de derechos que tienen el poder de exigir del Estado ciertos comportamientos". Además señala que las políticas públicas con enfoque de derechos "constituyen acciones y estrategias para promover y hacer efectivos los derechos, basadas en obligaciones que los Estados contrajeron en normas de tratados de derechos humanos. Implican, a su vez, la definición participativa de los principales problemas y necesidades por parte de la población". Por lo tanto, sostuvo que "urge una revisión de la construcción de los lazos sociales que nos estamos dando, comprendiendo que los mayores afectados sociales son los jóvenes en situación de pobreza" y también "urge que entendamos el profundo significado de violencia que entraña el padecimiento de la pobreza cotidiana".
Fuente:Pagina12
Linchamiento en barrio Azcuénaga
El odio nos despertó siendo asesinos
27/03/2014
Por Silvina Tamous
Se llamaba David Moreira y con sólo 18 años fue condenado el sábado pasado a muerte por un grupo de vecinos y ocasionales transeúntes. Fue en un juicio sumarísimo que duró pocos segundos donde decidieron que debía morir. Lo condenaron por el robo de una cartera, lo tiraron al piso y lo mataron pegándole patadas en la cabeza. Perdió masa encefálica y agonizó tres días. ¿Quién merece esa muerte que nos horroriza cuando la vemos en los países musulmanes y nos parece correcta cuando los asesinos son gente de clase media que se justifican asegurando que están hartos de los robos? La foto de Moreira tirado en la calle medio muerto se exhibe como trofeo de guerra en las redes sociales y todo hace pensar que no será el único linchado por enérgicos vecinos que utilizan a un pibe desarmado como el chivo expiatorio de su odio y de su ira. “Matamos a uno de ellos”, sostienen. Se refieren a los otros, a los que no son ciudadanos, los que amenazan carteras, teniendo en claro que es más importante la cartera que la vida. Nadie estaba en peligro cuando Moreira fue linchado, podrían haberlo entregado a la Policía. Pero era necesario asesinarlo, mostrarle al resto de la sociedad el poder de “nosotros” sobre “ellos”. Los asesinos no eran sólo los vecinos del barrio. También estaban los automovilistas que dejaban mal estacionados sus vehículos para sumar una patada más, un golpe más y acelerar la muerte que tardó tres días.
No es la primera vez que ocurre. Hace dos años en la misma esquina, Marcos Paz y Liniers, lincharon a un ladrón sin conseguir su muerte. Y hace un año, en el macro centro, en un negocio de insumos de computación, se vivió una escena parecida a la que terminó con la vida de Moreira. Un joven ladrón reducido, a disposición de los vecinos y cuanto transeúnte se le ocurriera acercarse a golpearlo, sin que nadie pudiera poner un poco de cordura. Una vecina contaba horrorizada que se bajaban de los autos con cadenas para pegarle. “Y bueno, a mi abuela le robaron”. “Un negro de estos te caga la vida de una familia” y siguen los argumentos.
Claro que los ladrones tienen una estética. Son morochos, tienen gorrita y van en moto. Y eso fue motivo de un cuasi linchamiento de dos trabajadores hace dos semanas. Los jóvenes morochos no murieron, pero fueron desfigurados por los confundidos justicieros que este caso sí están identificados.
Pero ¿qué le pasa a una ciudad jaqueda por el narcotráfico y la violencia, que descarga su ira y su odio contra un pibe de 18 años desarmado? No todos participaron del crimen en forma material, pero sí a la hora de justificar a los homicidas. Fuenteovejuna lo hizo, como sostiene la obra teatral de Lope de Vega. Así se podían escuchar los mensajes radiales, los de las redes sociales, y los cometarios de los sitios web, vistiendo a los asesinos de justicieros.
Sin embargo, nada tiene que ver con la justicia. Y en este caso se muestra como nunca que cuando determinados sectores sociales claman justicia, en realidad piden venganza.
La violencia trepa en la ciudad, y determinó que se cometieran casi un homicidio por día en lo va del año. Pero qué tenemos que ver “nosotros” en esa violencia. Una clase media asustada que condena la delincuencia y el narcotráfico sólo si es marginal. Porque los líderes de las bandas narcos no vivían en la periferia, hacía años que se habían mudado a los edificios de alta gama que miran al río sin que nadie se percatara. Molesta el traficante pequeño, pero el dinero del narcotráfico no parece molestar a nadie. Se exhibe a la banda de Los Monos en los medios y se los condena mediáticamente no por los crímenes que cometen, sino porque un grupo de “carreros desdentados” —como sostenían en un portal local— llegaron a tener bienes que no se merecían sólo por su origen. Se muestra el porcelanato como un objeto de lujo, viviendas de clase media como mansiones , y se les atribuye hasta palomas mensajeras. De hecho, Delfín Zacarías, a quién atraparon cocinando 300 kilos de cocaína no generó tanto revuelo, pese a que tenía autos de alta gama y una cantidad indefinida de propiedades. Pero el hombre pertenecía a la enorme clase media.
Ese pibe, David Moreira, corría ciertos riesgos desde que nació. Era morocho y pobre. Y no importa si intentó o no robar una cartera. Esos pibes saben que están condenados a muerte y si la vida es tan efímera, que importa entonces. Si no hay futuro, si nunca van a pertenecer al “nosotros”, esa finitud determina que se encuentre en las bandas narcos un lugar de contención.
Lo cierto es que el odio nos despertó una mañana siendo asesinos. Y como dice una vieja canción, “veo morir a una paloma y me duele el cazador”. Pienso en los cazadores. ¿Pudieron dormir todos los hombres que descargaron su ira a patadas sobre un pibe desarmado? Si lo lograron, es porque “nosotros” no somos mejores que “ellos”.
La ciudad solidaria y dolida, que con la explosión del edificio de la calle Salta mostró su mejor cara, hoy sale a matar en “defensa propia”.
Fuente: Infojus Noticias
Fuente:RedaccionRosario




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