16 de abril de 2014

ENTREVISTA CON ANDREA SCHELLEMBERG.


Andrea Schellemberg: "Los hechos ocurridos en Santa Lucía no fueron hechos aislados, ocurrieron en casi toda Latinoamérica"

Juan Pablo Russo
15/04/2014
En Santa Lucía (2012), documental estrenado en el 27 Festival de Cine de Mar del Plata, Andrea Schellemberg tratará de esclarecer los hechos ocurridos durante la última dictadura argentina en ese pueblo tucumano, ocupado por los militares entre 1975 y 1983, a través de los ojos de Lucía Aguilar, una joven profesora de historia que busca respuestas para entender el pasado familiar.

La película sigue la investigación de Lucía Aguilar, una profesora de Santa Lucía, que intenta esclarecer los hechos ocurridos durante la dictadura militar. ¿Cómo llegás a eso?
Sabía que Santa Lucía, como otros pueblos de Tucumán, había sido ocupado militarmente durante el Operativo Independencia. A Lucía Aguilar la conocí durante el período de investigación, la entrevisté varias veces. Su historia personal y la de sus padres me parecieron una metáfora de lo que fue el Terrorismo de Estado. Su madre no puede hablar de dolor por la desaparición de su hermano y los hechos ocurridos en la década del 70. Ella, una profesora de historia, hija de un ex obrero del ingenio azucarero, que intenta explicarles a sus alumnos lo que pasó durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón y la dictadura militar. Su vida y la de su familia está marcada desde la dictadura de Juan Carlos Onganía hasta la llegada de la persecución genocida hacia la sociedad civil. Sin Lucía hubiera sido muy difícil contar esta historia, por eso le propuse que ella fuese la protagonista de esta historia.

¿Y por qué decidís llevar esta historia al cine?
El género documental es la herramienta que conozco y me sirve a mí misma para pensar los hechos del pasado que tiene aún influencia en el presente. Este documental está atravesado por lo no dicho, no solamente por su gente que no quiere hablar y llevar sus casos a la justicia por temor o por no poder atravesar discursivamente los hechos vividos, sino también porque poco se sabe de las vidas de los obreros desaparecidos, los obreros de la zafra y de los del surcos que, por ser pobres, eran considerados peligrosísimos para el régimen. A este sector, además de cargar con la pregunta interna, ¿me creerán?, le cuesta más ser escuchados y resistir los distintos pasos de la microfísica del poder judicial. Creo que en algún modo, la lucha contra la impunidad está atravesada por la lucha de clase y los que menos recursos simbólicos tienen, se quedan más solos, en lo no dicho. Eso por un lado, por el otro los responsables que están siendo procesados, enjuiciados y condenados por sus crímenes aún no dicen dónde pusieron los cuerpos de sus víctimas y así se arma otro engranaje de la mecánica de lo no dicho; donde el pasado se convierte en una pesadilla que aún está despierta.

¿Vos te incorporás con la investigación ya avanzada o también formas parte de esta desde el inicio?
Los hechos siempre estuvieron ahí, entre los pobladores de Santa Lucía. En la década del 90 realice una investigación periodística para un documental de la TV alemana sobre los militares que se opusieron a la última dictadura militar, tomé contacto con el CEMIDA, ellos me dijeron que Jorge Mittelbach había desmantelado una sala de tortura en un ex ingenio de Santa Lucía. Eso le costó su ascenso durante el gobierno de Raúl Alfonsín, cuyo jefe del estado mayor del Ejército era Héctor Ríos Ereñú que se encontraba como jefe del grupo de tareas en Santa Lucía. Años después el testimonio del ex militar me llevó a Santa Lucía y allí continuó la investigación en el pueblo y en los distintos archivos militares donde están los documentos que se ven en Santa Lucía.

Hay en lo población todavía un cierto temor a hablar de lo que allí sucedió. ¿Cómo se fueron dando las cosas para lograr la confianza necesaria de que de una vez por todas rompieran el silencio?

Con algunos pobladores contamos con la confianza por el hecho de ir con Lucía o de parte de Martha, la madre de Lucía, que por su labor social le tienen mucho respeto en el pueblo. Muchos nos dieron su testimonio sin animarse a grabar o pedían una entrevista de espalda. Otros dieron sus testimonios cuando ya estaba el montaje casi cerrado, es el caso del tío de Lucía y el de Cisneros que hace unos días se animó a contarle a los fiscales sus días de detención en el ex ingenio. Fue un proceso de escuchar, escuchar sin cámara, y reconocer el dolor del otro

¿Ves que un punto el documental le sirvió a la población para hacer cierta catarsis?
Si, el documental es de ellos. Ahora organizan proyecciones en el comedor comunitario, se arman debates, los docentes lo proyectan en las escuelas de la zona. Hay una intervención muy puntual de la justicia que se dio durante el rodaje y eso se produjo gracias al proceso histórico que estamos viviendo, donde los responsables son sometidos a juicios, condenas. Es otro vértice de la historia que ubica en otro lugar a los sobrevivientes y familiares de las víctimas.

¿Notaste un cambio en los habitantes de Santa Lucía después de haber hablado del tema?
Si lo noté. Sobre todo cuando después de ver la película se preguntan “¿Todo esto nos pasó?”, se sorprenden mientras lo afirman. Se suma que la causa de los desaparecidos de Santa Lucía fue creciendo porque los pobladores, luego de la visita de los fiscales se animaron a dar testimonio.

¿Ves en la película un aporte al resguardo de la memoria colectiva?
Si, es un aporte a la memoria individual que luego se hace colectiva, es ese el sentido que le encuentro a este trabajo y los cambios que se producen en torno al registro de la historia. Sobre todo porque los hechos ocurridos en Santa Lucía no fueron hechos aislados, ocurrieron en casi toda Latinoamérica.
15.04.2014 
documental 
La represión en Tucumán, según una profesora de historia
Andrea Schellemberg es la directora del documental "Santa Lucía", que este jueves se estrena comercialmente y que trae a la memoria la ocupación de un pueblo tucumano por el Ejército durante el tristemente conocido Operativo Independencia, en el interregno entre los finales del gobierno de Isabel Perón y el comienzo de la dictadura.

Trailer de "Santa Lucía".
El terrorismo de Estado en Tucumán fue tema de otros documentales, como “Santa Lucía, arqueología de la violencia”, de Diego Arroz, y, más lejano en el tiempo, “El rigor del destino”, de Gerardo Vallejo.

Lucía Aguilar, protagonista de este filme, es una profesora de historia hija de exobreros del ingenio del pueblo y la búsqueda de su tío desaparecido le permitió averiguar qué ocurrió con la mayoría de los desaparecidos de Santa Lucía, quienes eran cañeros, jornaleros y exempleados de fábrica.

“Eso tiene mucho peso para mí. Creo que si no hubiese conocido a Lucía hubiera sido muy difícil contar esta historia, dirigir este documental", cuenta Schellemberg en diálogo con Télam.

La realizadora es autora de los mediometrajes “Cuatro días en Berlín”, sobre la caída del Muro, e “Infancia en la Argentina”; el corto “El ángel de los pobres”, acerca de Eva Perón y realizado para la TV alemana, y “La prueba genética”, previo a “Santa Lucía”, que se exhibió en los festivales de Mar del Plata y La Habana, y se proyectó en Roma, París, Montevideo.
-¿Cómo nació la idea del filme? 
-En 1992, mientras hacía la producción de un filme para la televisión alemana, tomé contacto con los militares retirados que integraban el Cemida (Centro de Militares para la Democracia Argentina), hombres profundamente antigolpistas que manifestaron su pensamiento durante la dictadura. Ellos me dijeron que conocían a un coronel que había sido segundo jefe de un grupo de tareas durante 1976 en el monte tucumano y que se había negado a torturar y asesinar en el Operativo Independencia.

-¿Y cómo llegaste a ese pueblo? 
-Después de este primer paso conocí a Jorge Mittelbach a quien entrevisté para ese documental. Y en 2009 su relato me llevó a Santa Lucía, un lugar que se formó alrededor una única fuente de trabajo y cuya identidad está atravesada por el cierre del ingenio durante la dictadura militar de Juan Carlos Onganía y luego por la ocupación militar durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón hasta la llegada de la democracia. Al año siguiente estábamos rodando.

-¿Cómo afectaron los sucesos que tuvieron que ver con la represión en la forma de vida de los tucumanos no urbanos? 
-La diferencia es que allí los grupos de tareas actuaban a plena luz del día, frente a los ojos de todos. Por ejemplo, a las 12 del mediodía se producía un fusilamiento cuando los chicos salían de la escuela. Fue un lugar ocupado militarmente, que funcionaba con el sistema de toque de queda, por ejemplo, si alguien debía ir al hospital de San Miguel por una cuestión de salud, antes debía tener el permiso de la base militar para trasladarse.

-¿Qué es lo que se propuso al elegir este tema? 
-La dificultad de la puesta en palabras de hechos muy dolorosos. Eso es un paso muy importante, porque lentamente comienza a desactivarse un mecanismo de silencios que tiene dos caras: por un lado el que guardan las víctimas y sus familiares del Terrorismo de Estado y, por otro, el silencio de los procesados y condenados por delitos de lesa humanidad, que aún no dijeron dónde están los cuerpos de sus víctimas. 

-¿Cuál es la meta? 
-A medida que todos los relatos puedan confluir en un proceso judicial estaremos más cerca de que el horror vivido durante la década del 70 pertenezca al pasado.

-¿Cómo fue el rodaje en el lugar? 
-El rodaje es parte de un proceso, una construcción, a medida que nos fuimos quedando en el pueblo la gente fue confiando y contando sus vivencias, a veces sin que preguntásemos. Algunos pobladores tenían una necesidad muy grande de decir lo no dicho. Un relato que aún parece estar vivo. Otros, en cambio, guardan silencio porque aún subsiste el miedo.

-¿En qué medida la naturaleza del lugar influye en la vida de sus habitantes y en consecuencia en la estética buscada?
-El relato, las imágenes cuidadas responden al ritmo interno con los que se relacionan los pobladores. Existe una construcción de su subjetividad aferrada en torno a la fuente de trabajo; luego la fábrica de azúcar cierra y frente a la protesta gremial responden con matanzas. Luego la adhesión a la militancia del PRT, la ocupación militar y más matanza. Entonces la belleza del lugar está atravesada por la sombra oscura de la historia social. Así vive Lucía, que nació cuando el pueblo estaba ocupado por los soldados del Operativo Independencia.
Fuente:Telam

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