Estimados
Amigos:
El
siguiente material lo escribí en México - donde estaba desterrado (1976-1988) -
durante los días de la guerra con Inglaterra en los diarios mexicanos EL
COMBATIENTE (Distrito Federal) y CAMBIO (Ciudad de Puebla). Más acá en el tiempo,
en el año 2002, fue parte del trabajo “Con
la memoria siempre fresca, construyamos nuestra Historia” (132 págs.)
de mi autoría, que editó el Sindicato de Empleados de Comercio de Daireaux y
distribuyó en las más de cuarenta filiales bonaerenses del Movimiento Mercantil
que integra.
Como en general el texto mantiene actualidad, en este nuevo aniversario
de los hechos de recuperación (1982) de nuestras Islas Malvinas que
desataron aquella guerra, frente a la
persistente actitud colonialista británica, respondida como corresponde por el
gobierno que encabeza nuestra compañera presidenta CRISTINA FERNÁNDEZ, es mi
intención difundirlo como aporte al debate que la sociedad toda nos debemos en
este tema.
Cuando escribí este trabajo, por lo mismo de vivir en el exilio, lo hice
teniendo escasa bibliografía de consulta a la mano. En tal razón, le pido a
quien crea que hay observaciones que realizar, me las haga llegar al siguiente
correo electrónico: prensaccesd5s@gmail.com
Muchas gracias.
Me despido con un cordial saludo, Negro
Coria. (Neuquén, 1º de abril de 2014)
Histórica y
jurídicamente
las Malvinas
son argentinas
([1])
Por ANTONIO ANGEL CORIA
Una
de las más audaces medidas adoptadas por el régimen de facto que gobierna en
Argentina, interpretada – no sin fundamentos – como una acción diversionista
con que los violadores de la voluntad popular pretenden echar un manto de
olvido sobre la responsabilidad, grave, que les corresponde en los
acontecimientos de índole económica, política y social derivados del golpe de
estado del 24 de marzo de 1976,
ha motivado entre otras cuestiones, la oportunidad de
hablar sobre un tema que si bien los argentinos conocemos “desde que iba a la
escuela primaria”, era un ilustre desconocido: las Malvinas y su pertenencia
a la integridad territorial de la República Argentina.
Más allá de la discusión en que estamos, no
sólo los exiliados argentinos, sino también los pensadores progresistas o
revolucionarios que en estos días ocupan importante espacio en la prensa
mexicana, sobre la inconveniencia o no de sumar adhesiones a la recuperación de
las Islas Malvinas - que, atención, no
es lo mismo que apoyar la gestión de la tiranía militar – de la que fueron
protagonistas los mismos que ayer estuvieron implicados en la burla de la
soberanía popular, frente a la prepotencia colonialista, la actitud es una
sola: sumar la voz de nuestro reclamo a las viejas aspiraciones del pueblo
argentino, en el sentido de ejercer
plenamente por parte de la
Nación , la soberanía total sobre las Islas Malvinas. Y
además, en el marco de esta lucha anticolonialista que ahora se da, sin olvidar
que las reivindicaciones sociales y económicas levantadas como consignas de la
movilización popular del 30 de marzo último – que en las calles de Mendoza, a
consecuencia de la represión, costó la vida a dos manifestantes – también
tienen vigencia.
Desde que estalló el conflicto entre los
gobiernos de Argentina e Inglaterra a raíz de la recuperación de las Malvinas,
Gran Bretaña ha reiterado insistentemente – como argumento para defender la
usurpación que desde hace 140 años mantenía sobre las Islas – que se trata de
una “violación” por parte de Argentina a “los principios de autodeterminación
de los pueblos” (declaraciones de Crispín Tickell*,
embajador de Inglaterra ante México).
Esta actitud, se corresponde con la contumaz
posición dilatoria asumida por Gran Bretaña desde que, por Resolución 1.514
(XV) emitida por las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1960, Inglaterra
trata de encontrar una “base jurídica” para eludir el cumplimiento del apartado
VI de dicha resolución, que define que “todo intento encaminado a quebrantar,
total o parcialmente, la unidad nacional y la integridad territorial de un país
es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones
Unidas”, como ocurre en el caso de las Islas Malvinas.
Sobre la base de “reserva de soberanía”
efectuada por la
República Argentina ante la Organización de las
Naciones Unidas, desde que en 1946 se hizo cargo del gobierno el general Juan
Domingo Perón y de la citada resolución 1.514 (XVI), es el mismo organismo
internacional el, que por Resolución 2.065 del 18 de noviembre de 1965, habla
claramente de “la existencia de una disputa entre los gobiernos de
Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña acerca de la soberanía de
dichas islas...”
La introducción por parte de la O.N .U. de los términos
“disputa” y “soberanía” en el lenguaje de las negociaciones, si bien disgusta a
Inglaterra, ubican el problema sobre la base jurídica que, por “omisión”, daban
fundamento a la “argumentación” dilatoria del gobierno británico.
Situados sobre esta incuestionable “base
jurídica”, convengamos entonces, para hablar con propiedad, en que, el de las
Malvinas, no es tanto una cuestión de autodeterminación sino que es una cuestión
de apropiación por la fuerza de su territorio a cargo del Reino Unido de
Gran Bretaña. Para ejemplificar, tengamos que, donde hay que hablar de
autodeterminación de un pueblo, es en el caso de Irlanda del Norte, donde el
gobierno de su “graciosa majestad” británica, es responsable de un genocidio
cualitativamente semejante al que practican los regímenes totalitarios en
América Latina y el Caribe, para aplastar la decisión independentista de los
irlandeses.
Como se ve, la falacia es la que ha servido
al gobierno de Margaret Tatcher para argumentar a favor de la agresión armada a
nuestro país, a nuestro pueblo, tras la recuperación de las Islas Malvinas.
Hoy, como hace 176 años, Gran Bretaña marcha al ataque de nuestro territorio y
así como ayer no se abandonaron las posiciones, hoy no se debe renunciar a la
recuperación de lo que histórica y jurídicamente nos corresponde. Pero eso sí,
que quede claro: para afianzar esta decisión, el pueblo debe manifestarse
libremente ya que la soberanía nacional, se defiende con el ejercicio pleno
de la soberanía popular.
II – Inventario de unas
“malas” relaciones
Respecto
a la insistente argumentación distorsionadora esgrimida por Inglaterra y reproducida
en México por su embajador el señor Crispín Tickell, en su intención de
invalidar la pertenencia de las Islas Malvinas a la integridad territorial de la República Argentina ,
vamos a referirnos a varios puntos que el señor embajador tocó en su nota
aparecida en la página dos de “Uno más Uno”, el día 16 de abril último.
Antes, cabe recordar que en sus relaciones
de típico y claro corte imperialista Inglaterra, frente a nuestro pueblo y los
pueblos libres del Mundo solidarios con nuestra causa, hizo de la mentira su
base de la diplomacia... ¡aunque nunca le surtió efecto a la rubia Albión!
En 1806 y 1807, años en que respectivamente
y con el argumento que “quería” darnos la “independencia”, Gran Bretaña
intentó, con catastróficos resultados para sus tropas agresoras, la invasión de
todo el país. La intención que escondía tan “generoso” gesto, era
transformarnos – ante el inminente estallido independentista – de colonia
española... en colonia inglesa.
Igualmente aconteció a mediados del siglo pasado,
cuando con el pretexto de ·”proteger” la “libertad” de sus agentes nativos
(libertad que pedía para entregar el país a la corona británica) nuestra nación
volvió a ser agredida por Inglaterra. Nuevamente y tras varios años de guerra,
el fracaso del amo imperial fue rotundo. Entonces, la intención era impedir que
el gobierno de Don Juan Manuel de Rosas aplicara la Ley General de
Aduanas, que por su neto corte proteccionista buscaba promover el desarrollo
interno de Argentina, con el marcado “disgusto” inglés.
Ante el fracaso militar, los agresores no
ceden y en la búsqueda del desprestigio de quien “dio importantes pasos hacia
la reconstrucción de la unidad nacional desgarrada por la guerra”, como
reconoció Domingo Faustino Sarmiento, Gran Bretaña inventó a Rosas “un muerto
por penique”, que el agente británico José Rivera Indarte se encargó de
descubrir, al precio indicado por cuenta de la banca Samuel Lafone y acuerdo
del Foreign Office. Como se ve, otra mentira de la diplomacia imperialista.
Lo mismo hicieron amos y cipayos, cuando en
1865 Inglaterra organiza y subvenciona, valiéndose del general “argentino”
Bartolomé Mitre, la que se llamó “guerra de la triple alianza”. El objetivo en
esta ocasión fue destruir la experiencia de desarrollo independiente que
impulsaba en Paraguay el gran patriota nacionalista Francisco Solano López.
Y repitieron la historia de mentiras con
Hipólito Yrigoyen, en cuyo ataque por parte del imperialismo británico se
unieron la oligarquía vacuna y militares vendepatria, para derrocarle mediante
golpe de estado el 6 de septiembre de 1930, porque Don Hipólito se negó
sistemáticamente a abandonar las masas que lo apoyaban y a transformar la
nación en una vil factoría inglesa.
Por unos años, tras la caída de Yrigoyen, el
imperialismo británico apoyado gozosamente por los terratenientes y sus
defensores intelectuales y militares convirtió a nuestra patria en “la perla
más preciada” en la corona imperial. Con el advenimiento de las masas al poder
tras el triunfo del peronismo en 1946, para el imperialismo y sus socios
nativos, en Argentina “¡se acabó el dulce de leche!”.
Las radicales reformas introducidas por el
gobierno de Juan Domingo Perón, se hicieron sobre la base de la afectación de
los intereses británicos y de los capitalistas agro exportadores, tan
estrechamente ligados a aquellos. Sin entrar en el análisis de las
contradicciones que esta política peronista produjo (porque hoy el tema es
otro) sí deben reseñarse algunas de las más importantes medidas que se tomaron,
en la intención de facilitar elementos para la comprensión del antecedente
histórico del actual fervor antibritánico, en su sentido antimperialista, que
por extensión hoy se ha transformado antiyanqui.
Control del comercio exterior,
nacionalización de la banca, las comunicaciones y el transporte (especialmente
el ferroviario, compuesto por cuarenta mil kilómetros de vía instalaciones,
material rodante y de tracción, además de unas veinticinco mil propiedades que
figuraban como bienes indirectos entre los cuales existían doscientos mil
kilómetros cuadrados de valiosa tierra de cultivo, etc.); impulso de la marina
mercante (que en tiempos del peronismo llegó a ocupar el quinto lugar en
importancia mundial); nacionalización de los frigoríficos, etcétera, etcétera y
como ya fue dicho, reclamo de la soberanía sobre las Malvinas ante las Naciones
Unidas, provocan el ocaso y derrota del predominio inglés en Argentina. Sólo,
que a consecuencia del golpe de estado del 16 de septiembre de 1955 que produce
la caída de Perón y la restauración oligárquica, comienza el predominio
imperialista yanqui, que habilidosamente supo usufructuar las acciones del
enfrentamiento mantenido por Inglaterra durante los nueve años de gobierno
peronista.
Lo demás de 1955 en adelante, por reciente,
es historia conocida. Pero como ocurre con el análisis de la situación interna
actual de Argentina y de las perspectivas que tiene el movimiento popular en su
“marcha irreversible por la libertad y la democracia”, bien puede ser tema de
otra nota.
III – Indiscutible
derecho de la Argentina
Pasemos
ahora a echar luz sobre los datos obscuros y las imprecisiones del embajador
Tickell, lanzados mañosamente por medio de su ya mencionada nota en “Uno más
Uno”. Dice el vocero del gobierno británico: “...las islas Falkland (Malvinas,
aclaro yo) fueron descubiertas y ocupadas por primera vez por los británicos a
fines del siglo XVII...”, lo cual es un dato muy vago (el que brinda el señor
embajador) destinado a dar consistencia, otra vez, a las falacias de la
diplomacia inglesa para agredir a nuestro pueblo.
Las Islas Malvinas (y no Falkland, como dice
el señor Crispín Tickell) fueron descubiertas cuando promediaba el siglo XVII
por los holandeses Verhagen y Sebald, de Wert Ert, quienes las bautizaron como
islas Sebaldinas y “desde entonces fueron incorporadas a los mapas”. Como se
ve, esto también es contrario a lo dicho por el señor embajador, quien afirmó
que “... el nombre de las islas Falkland precede en mucho al de Malvinas...” En
todo caso y para acercarnos a la verdad histórica, podría aceptarse que antes
de Malvinas, nuestras islas pudieron haberse llamado Sebaldinas.
Pero correspondió a marinos de Saint Maló
(Francia) como anota el investigador Norberto Zingoni en su trabajo “Las Islas
Malvinas y la soberanía argentina” respaldado por el Movimiento Continental “Unidad
Latinoamericana”, los que, conducidos por el famoso explorador
Bougainville, fueron los verdaderos “descubridores” y primeros pobladores de
las Malvinas. “Alrededor de 1764 fundaron Port Louis y se instalaron con
agricultores, artesanos, mujeres y animales”.
Frente a lo que los españoles consideraron
una intromisión en lo “que formaba parte de su dilatado imperio” (téngase
presente el Tratado de Tordesillas, firmado en el año de 1494 entre España y
Portugal) prontamente protestaron ante el gobierno francés”, quien tras haber
convenido con España una indemnización por los “gastos de colonización”, ordenó
la evacuación del territorio invadido. Ocurrió, en 1764.
En 1765, en franco y típico acto de
piratería de Gran Bretaña, marinos contratados por este imperio al mando del
capitán Byron, se posesionaron de una pequeña bahía que bautizaron con el
nombre de Puerto Egmont (siempre en territorio malvinense) y en el que fundaron
un fuerte. Por el reclamo y acción españoles, los usurpadores abandonaron las
Malvinas en 1774 – y no en 1772, como “sugiere” en “Uno más Uno” el señor
Tickell – hasta que el 3 de enero de 1833, con la concupiscencia de Estados
Unidos (igual como pretenden hacerlo hoy) se apoderan mediante acciones de
violencia de las Islas Malvinas, que ahora, el pasado 2 de abril, han sido
recuperadas para la integridad territorial argentina. Y a este respecto,
insistimos, más allá de las intenciones diversionistas que le quiere imprimir
la tiranía a este asunto para “lavar” su pasado inmediato, la que se tiene
ahora en Malvinas, es una posición que no debe abandonarse.
Nuestro indiscutible derecho a la soberanía
sobre las Islas Malvinas, lo es exactamente igual al que le corresponde a los
puertorriqueños sobre su país; a los cubanos sobre Guantánamo; a los panameños
sobre el Canal. La agresión armada del gobierno de Gran Bretaña al pueblo
argentino y la hipócrita propuesta de “gobierno compartido” sobre las Islas Malvinas
realizada por Ronald Reagan, como si la soberanía fuera una cuestión
compartible, muestra que el imperialismo y sus objetivos neo coloniales, no
tiene frontera.
Ante esto, los militantes de las fuerzas
nacionales y revolucionarias de América Latina y el Caribe, debemos llevar
adelante una acción mancomunada, que a la vez que impida la agresión que se
pretende ejecutar en Centroamérica, en el Caribe y ahora, a raíz de la
recuperación territorial de las Islas Malvinas también en Argentina, concluya
en el logro de la manifestación libre y soberana de nuestros pueblos, como
principio básico en la toma de decisiones sobre el destino de América Latina,
que nosotros queremos para los latinoamericanos. Es decir, que además de
cumplir con la defensa de la integridad y unidad latinoamericana, no olvidemos
que sin el ejercicio irrestricto de la soberanía popular, la defensa de la
soberanía nacional es una utopía, por lo que es una necesidad impostergable
el cese de las dictaduras y los gobiernos entreguistas que en América Latina y
el Caribe, fungen como sirvientes de las oligarquías nativas y el imperialismo.
ANTONIO ANGEL CORIA, Abril 30 de 1982, Distrito Federal, República Mexicana
ANTONIO ANGEL CORIA, Abril 30 de 1982, Distrito Federal, República Mexicana
[1] Publicado
en México, D. F., en tres partes
(30.IV.82 y 5 y 6 de mayo/82) por el diario “COMBATIENTE”, órgano
oficial del Partido Popular Socialista y simultáneamente, en el Diario CAMBIO de la Ciudad de Puebla. Había
sido entregada en el Diario UNO MÁS UNO como respuesta a declaraciones
de Crispín Tickell, embajador inglés en la República Mexicana , pero nunca le dio cabida. Por
esos días, en el citado matutino del D.F.
mucha cabida tuvieron notas de periodistas argentinos, también
exiliados, que manifestaban su cerrada oposición a la ocupación militar que originó
la presente.
* En 1990, este mismo
diplomático, fue designado por el gobierno inglés para reiniciar con el
gobierno de Carlos Saúl Menem, las negociaciones rotas por la guerra, sobre el
tema de la soberanía argentina en las Islas Malvinas.
Envío:Antonio"Negro"Coria
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