10 de mayo de 2014

CÓRDOBA-MEGACAUSA LA PERLA: LA HISTORIA DE LA FAMILIA FERREYRA-TESTIMONIOS DÍAS 142 y 143

LA HISTORIA DE LA FAMILIA FERREYRA RELATADA EN LA MEGACAUSA LA PERLA
Baleados frente a sus padres
Por Marta Platía

“No son bestias. Quitémosles ese peso a las bestias. Son miserables”, dijo Pablo Ferreyra al declarar sobre los acusados.Imagen: Télam
Pablo y Santiago Ferreyra y Cilene Peralta declararon por el secuestro y desaparición de Diego Ferreyra y Silvia Peralta, quienes fueron vistos en el centro clandestino La Perla. Contaron también la persecución sufrida por las familias de ambos.


El testigo se paró ante el tribunal, juró por la memoria de sus padres y de sus hermanos desaparecidos y precisó después de mirar a cada uno de los represores encabezados por Luciano Benjamín Menéndez: “No, no son bestias. Quitémosles ese peso a las bestias. Son miserables. Los miserables que supusieron que haciendo desaparecer a los jóvenes hacían desaparecer las ideas, y que haciendo desaparecer a los bebés hacían desaparecer el futuro. Pero fallaron, fracasaron. Ahora estamos acá, en democracia, con justicia, y quiero que sepan que las atrocidades que hicieron, los chicos que se robaron, los jóvenes que mataron, hoy florecen en nosotros”. Pablo Alejandro Ferreyra Beltrán declaró en el megajuicio que juzga a los imputados por los crímenes de lesa humanidad cometidos en los campos de concentración y exterminio de La Perla y La Ribera. El hombre de 57 años dio testimonio por el secuestro, tortura, asesinato y desaparición de su hermano Diego y de su cuñada Silvia “Pohebe” Peralta –militantes del PRT y estudiantes de Arquitectura y Derecho, respectivamente–, secuestrados y baleados ante la desesperación y el espanto de sus propios padres, el mediodía del lunes 24 de mayo de 1976.

“Ahora nosotros les damos a ellos la capacidad de que reciban justicia, que si son culpables vayan presos, y que si no lo son, salgan en libertad”, siguió Pablo, uno de los nueve hijos que tuvieron Delia Beltrán (quien fue directora del Colegio Nacional Manuel Belgrano, el de “La noche de los lápices” cordobesa) y el arquitecto Alejandro Enrique Ferreyra.

“Mis viejos no pudieron llegar con vida para contar lo que vieron... Pero aquí estamos nosotros, que seremos su memoria”, se presentó el testigo. A sus espaldas, la sala estaba repleta de amigos y miembros de su familia. Por el crimen de Diego y Silvia Peralta también declararon Santiago Ferreyra y Cilene Peralta, hermana de Silvia, a quien todos llamaban –y llaman– “Pohebe”.

Más que secuestro,una cacería
Pablo y Santiago contaron –cada uno a su tiempo– que ese 24 de mayo del ’76 sus padres pasaron a buscar a Diego y a Pohebe por lo que entonces era la Avenida del Panal (la actual costanera Ramón Mestre, que bordea el río Primero, al noroeste de la ciudad de Córdoba). La pareja vivía desde hacía pocos días en una casa que les habían prestado junto a su beba Juana, de once meses.

Pohebe había sobrevivido al secuestro y a las torturas a las que la habían sometido en la D2 de Mendoza en febrero, y apenas se estaba reponiendo. A su turno, Santiago describió, aún aterrado, que “la habían picaneado, vejado, violado, golpeado durante cuarenta días... Yo jamás había visto heridas de ese tipo: tenía rayas negras del grosor de mi dedo –dijo mostrando una de sus anchas manos a los jueces–, las tenía en la barriga, en los hombros, en el pecho... Eran como de piel necrosada. Manchas oscuras, casi negras... La enterraban hasta el cuello y la dejaban la noche entera enterrada”. Pohebe había sido liberada, según aportó su hermana Cilene Peralta, “porque le pidieron plata” a su padre.

Tal era el estado de fragilidad de la pareja cuando, el mediodía del 24 de mayo, los padres de Diego pasaron a buscarlos en un Rastrojero para almorzar en la casona familiar, donde los esperaba el resto de la prole.

Pablo retomó el relato: “Mis hermanos se suben a la camioneta y ni bien comienzan a andar, ven un auto amarillo, un Taunus, según mi padre, un Falcon, según mi madre, que les llama la atención por la cantidad de gente que iba adentro. De pronto, el auto da una vuelta en U y los tipos comienzan a acelerar y a dispararle al Rastrojero de mi viejo. Diego (que iba sentado adelante, al lado de su padre) le grita: ‘Viejo pará que nos van a matar a todos’. Mi padre para y Diego se tira del auto y comienza a correr. Se estaba entregando para salvar a su familia. Ahí ven que se baja esta gente, se apoyan contra el auto, encañonan e insultan a mis padres, y le empiezan a disparar a mi hermano, que corría en zigzag, hasta que cae herido... Van hasta él y lo obligan a levantarse. El, como pudo, obedeció. A todo esto, uno abre la puerta de atrás de la camioneta y la saca de los pelos a Pohebe y grita: ‘¡Acá está la mendocina!’, porque la habían tenido detenida allá. Ella tenía a Juana. Mi vieja pelea con los tipos y tironea a la beba para que no se la lleven. Los tipos se la dejan, pero se llevan a Pohebe a los empujones atrás del Rastrojero y la golpean... La tiran cerca de mi hermano que, herido y todo, la alcanzó a cubrir con su cuerpo tratando de protegerla... Los secuestradores encañonaron a mis padres y les ordenaron que arrancaran. Y que, si no se iban del país en 24 horas, nos iban a matar a matar a todos, que éramos muchos”.

Juana, quien ahora es una bella mujer de 38 años y lleva el cabello largo y oscuro como su mamá, está presente y llora de bronca y dolor ante el relato. La imagen es desoladora, como conmovedores sus manotazos para secarse las mejillas y seguir, con la dignidad apretada en las mandíbulas, las casi cinco horas en que se contó la terrible historia del comienzo de su vida.

“Mis viejos vieron todo –retomó Santiago Alejandro Ferreyra–. A Diego ensangrentado en la espalda, rengueando por la herida; mi madre peleó por Juanita y, así como estaban, tuvieron que irse de ahí, dejándolos tirados en la calle y con esos tipos... Llegaron como pudieron a nuestra casa, donde todos estábamos esperando. Fue espantoso: mi viejo entró al patio y se prendió de la corneta llamando a sus hijos en esta cosa desesperada. Mi madre entró y gritó: ‘¡Agarraron a Diego, mataron a Diego!’. Y mi padre seguía prendido a la corneta... ¡Nunca vamos a poder olvidar eso!”

Pablo, que entonces tenía 18 años, contó: “Mi madre juntó a todos, empezó a repartir bolsos y dijo: ‘Llénenlos con lo que puedan. Un solo juguete por cada uno y vámonos de acá’. Así dejamos la casa de toda una vida. En ese momento estábamos Marta, de 16; Paco de 14; Pilar de 10 y Mercedes de 8. Fuimos al campo, a lo de una tía. Desde ahí viajamos a Buenos Aires y después a México”.

–¿Y qué le contaron sus padres sobre cómo eran y cómo estaban vestidos estos que venían en el Taunus? –preguntó el abogado Claudio Orosz.
–Recordaban a un hombre canoso, de piel rosa, con barba... Fue mi madre quien me dijo que reconoció a (el represor Pedro) Vergez como el que disparaba... Ella contaba, y hacía la mímica cuando lo relataba, que este hombre apoyado en el auto disparaba, recogía el brazo; disparaba y volvía a recoger el brazo... Mi mamá contaba eso. Ella lo reconoció.

Como quien había ido de cacería, el represor que “disparaba y recogía el brazo” se tomaba su tiempo para hacer puntería sobre el muchacho de 23 años que corría, acorralado por la patota, intentando salvar la vida o –en todo caso– entregarla a cambio de que no mataran a sus padres, su mujer y su hijita.
Ante esto, el imputado Vergez, alias “Vargas”, a sabiendas de que una cámara lo tomaba, pareció esforzarse en lanzar miradas torvas sobre el declarante, y escribía (o hacía como que tomaba notas) en un cuaderno. “Fermín de los Santos, un ex médico sobreviviente del campo de exterminio de La Perla, contó que Vergez y Acosta se jactaban de haber matado a mi hermano”, acusó Pablo Ferreyra.

Su hermano Santiago agregó que en el exilio mexicano, “por 1980 o 1981”, lograron comprar el diario La Nación: “Allí había una nota de hipismo donde vimos la foto de Vergez”. Ante la pregunta del juez de cómo sabían que era el mismo del operativo en que balearon a su hermano, el testigo aseguró: “Mi madre lo reconoció. Y eso que no era una nota sobre militares, era de hipismo”.

Tras el secuestro y las amenazas de muerte a la familia de las víctimas, los torturadores llevaron a Diego y a Pohebe a La Perla. Allí fueron vistos por otras dos sobrevivientes, Cecilia Suzzara y Victoria Roca.

Cilene Peralta, la hermana de Silvia Pohebe, una mujer con un dolor tan antiguo que parecía impreso en cada línea de su rostro, relató conmocionada: “¡Mi hermana vio cómo baleaban a Diego! Dicen que gritaba terriblemente en el auto, y se aferraba a Juanita... Que luchó para que no le sacaran la nena... Pienso que debe haber sido terrible para ella este segundo secuestro porque ya sabía todo lo que le pasaría... No había alcanzado a reponerse de las torturas anteriores, de las vejaciones... Así que cuando Cecilia Suzzara nos contó que una chica entró gritando como loca (a La Perla), yo me pregunto: ¿y cómo no iba a ser así, si ella ya había pasado por todo eso?”.

Juanita y la diáspora familiar
Como Juanita no tenía papeles, la familia Ferreyra no la podía sacar del país. Pablo la dejó en casa de una hermana de su mamá Delia: María Magdalena Beltrán Paz, que la crió como a una hija propia.

Los Ferreyra ya tenían a su hijo mayor, Alejandro Enrique, preso en Rawson desde fines de 1973; a Delia, viviendo en La Rioja; y al propio Santiago, viviendo en la clandestinidad luego de que lo involucraran en el copamiento de la Fábrica Militar de Villa María. Con la desaparición de Diego y Pohebe, y la amenaza de los represores de matar a toda la familia si no se iban el país, el 2 de junio abordaron un avión de Aeroperú rumbo al exilio. Desde Ezeiza, Delia Beltrán, que había sido despedida de su cargo como directora del Manuel Belgrano “por la peligrosidad de sus ideas”, le escribió a su madre: “Yo los he criado con amor extremo a la justicia, con desprendimiento extremo de lo material, con amor a los desposeídos. El Negro (su esposo) les ha dado ejemplo de lucha, de trabajo y de desprendimiento extremo hacia las cosas de este mundo. Todo eso, unido a una extrema vocación política (también heredada desde los abuelos y bisabuelos gobernadores) más un momento histórico determinado, es lo que ha determinado la situación (...). No lamento las cosas perdidas, criamos a nuestros hijos en el respeto a los seres humanos, para mantener la dignidad sin perder la vergüenza”.

Los Peralta también habían sido cercados y perseguidos: Cilene describió la diáspora dolorosa, sistemática a la que fueron empujados: “Mi familia ya había sufrido el secuestro y asesinato de mi único hermano varón, Esteban Peralta, de 19 años, en junio de 1975. Lo fusilaron junto a Estela Santucho en el Comando Radioeléctrico... A mi padre le quitaron la matrícula de abogado; a mi mamá, que era odontóloga y docente, la despidieron de su trabajo sin causa alguna. A mi marido, que era médico, también lo despidieron...

Secuestraron a mi hermana en Mendoza, después acá... No había cómo garantizar la seguridad de Juana... Se dispersó la familia. La vida ya no nos pertenecía. Podía pasar cualquier cosa. Con mi marido decidimos ir a vivir a Formosa; a vivir de otra manera. Nos costó aprender a convivir con el miedo. Recuerdo que mi mamá se sentaba con la foto de los hijos, con los pañuelos blancos, y que estaba con otras Madres en la peatonal (de Córdoba), y que pasaba gente y les gritaban: ‘Pero a ésa yo la vi en Brasil, están viviendo en Brasil’. Y las Madres lo único que tenían era eso: mostrar la foto de los hijos que les habían secuestrado, desaparecido”. Cilene recordó: “Mi mamá iba a las mesas donde mis hermanos todavía aparecían empadronados cuando llegó la democracia, con la esperanza de verlos llegar. Este es el gran daño con los desaparecidos: no estaban ni vivos, ni muertos”.

Vergez dispara de nuevo
Durante su declaración, Cilene Peralta no permitió que los imputados permanecieran en la sala: “No, que entreguen la lista de los que mataron y adónde los enterraron –argumentó–. Esa es la única manera de pacificar. Ellos pueden entrar y salir mientras nosotros dejamos acá los momentos más terribles de nuestras vidas... Por eso pedí que se queden afuera (en realidad en la sala contigua, con una pantalla de TV de circuito cerrado). Siento que ellos se burlan de nosotros”.

Lo que Cilene no sabía entonces era lo que sucedió mientras declaraba Pablo Ferreyra –el primer testigo– y fue denunciado ante los jueces por el querellante Claudio Orosz. Mientras atestiguaba Pablo, su hermano Francisco “Paco” Ferreyra estaba sentado en la sala con sus familiares y levantó una foto de Diego. Vergez se dio vuelta en su banquillo de acusado, pasó su brazo sobre el respaldar del asiento y, apuntándole a la foto del desaparecido con una de sus manos, hizo varias veces el gesto de gatillar. El hermano de la víctima le sostuvo la mirada y mantuvo la foto en alto, hasta que el represor se volteó. El tribunal hizo lugar al planteo de Orosz y pidió el registro fílmico para analizar la cuestión.

Lo sucedido no sorprende: Vergez ha exhibido desde el inicio de este juicio un comportamiento burdo y despectivo. Este diario supo además que también tuvo y tiene serios problemas con sus cómplices en el penal de Bouwer, donde están detenidos. De hecho, en enero, “cansados de sus groserías, sus sonoros flatos a propósito y demás barbaridades, como bajarse los pantalones todo el tiempo, lo esperaron, lo emboscaron y le dieron una paliza tremenda. Tanto, que los guardias lo tuvieron que rescatar y cambiar de pabellón”, aseguró un empleado penitenciario que pidió el resguardo de su identidad. La versión fue corroborada por la denuncia que el propio Vergez dejó asentada en los tribunales luego del ataque. Cercado por las pruebas de sus delitos y hasta por su propia caterva, el torturador dejó en claro su vocación de victimario, que no se arrepiente de nada y hasta volvió a “disparar”.



La expulsión y la matanza
Delia Beltrán de Ferreyra, además de ser la madre de 9 hijos, era la directora del Colegio Nacional Manuel Belgrano y profesora de Ciencias Sociales y Geografía. Fue expulsada antes del golpe de 1976. La acusaban de tener “ideas peligrosas”. Su puesto fue ocupado por Tránsito Rigatusso. Fue este hombre quien entregó una lista con nombres de alumnos a Luciano Benjamín Menéndez. De esa lista de 19 nombres, asesinaron a 11. En su testimonio, Pablo Ferreyra los nombró uno por uno: Silvina Parodi (la hija de la Abuela de Plaza de Mayo, Sonia Torres), Graciela Vitale, Daniel Bacchetti, Pablo Schmucler, Claudio Román, Gustavo Torres, Walter Magallanes, Raúl Castellano, Fernando Avila, Jorge Nadra y Oscar Liñeira. Con el retorno de la democracia, Delia Beltrán de Ferreyra fue reincorporada como vicedirectora y terminó su carrera como directora de esa institución.



Objetivo: provocar

LA ESTRATEGIA DE LOS IMPUTADOS
Usurpar cánticos y títulos, además de registrarse como “periodistas” de un día para el otro, parece ser la estrategia que han pergeñado los familiares de los represores acusados por crímenes de lesa humanidad en este juicio.

El martes, un grupo de “hijos y nietos” de los imputados se autoetiquetó como “familiares de presos políticos de la Argentina”, pasando por encima el hecho histórico que fueron sus padres y abuelos quienes asesinaron a los verdaderos presos políticos que hubo en el país. Reclamaron “derechos y juicios justos” cuando sus progenitores no dieron derecho alguno de defensa a las víctimas que secuestraron y desaparecieron.

Además reiteraron su pedido de “prisión domiciliaria para los mayores de 70”.

El otro frente se abrió con la acreditación como “periodista” de la esposa de Ernesto “el Nabo” Barreiro, el ex carapintada acusado de cientos de delitos cometidos en La Perla y en el Campo de la Ribera. Ana Maggi de Barreiro, quien firma “Ana Barreiro”, hasta reparte una tarjeta en la que dice ser “periodista”, y saca fotos a los abogados querellantes y a quienes declaran. Una de las sobrevivientes de La Perla denunció sentirse “expuesta por el tribunal, al dejar que esta mujer, esposa de uno de los torturadores, esté haciéndose pasar por periodista, lo que intimida y lastima la integridad de los que vienen a declarar o a acompañar a los testigos”. Para esta semana se espera que el tribunal resuelva el planteo del querellante Miguel Ceballos sobre la acreditación concedida a la mujer de Barreiro. Ceballos reveló que “la radio AM 1300 Identidad, de Buenos Aires (de tendencia ultranacionalista y que dependería de la Armada), fue declarada clandestina por el Comfer”. Por su parte, los periodistas que cubren el juicio presentaron una nota de queja y rechazo a la decisión de los jueces, ya que consideran que “es perjudicial para el resguardo de los testigos” y consideran que por su calidad de cónyuge de un imputado está descalificada para cumplir el rol de periodista en este juicio; además de remarcar su pertenencia al grupo de Cecilia Pando, que reivindica los crímenes del terrorismo de Estado.
Fuente:Pagina12
Envío:Agnddhh            



Día 142: 06/05
15:35 Cuarto intermedio hasta mañana a las 10:00

15:03 Testigo 278. Declara Roque Arnaldo Romero

"Después del Cordobazo recuperamos el gremio (SMATA) con la lista marron, una lista antidictatorial, antiburocrática y antiimperialista".
En esa oportunidad, el testigo, miembro de la comisión directiva de SMATA, fue secuestrado. Era el 9 de octubre de 1974. Y ese mismo día se libró una orden de captura para que se encontrara a todos los dirigentes de Luz y Fuerza y de SMATA.


14:50 Las consecuencias en la familia
Durante mucho tiempo fue difícil decir nuestro apellido, el estigma llegó a tda la familia y durante algún tiempo eso significó una ruptura de la familia. Era tal el miedo que durante mucho tiempo se evitó el contacto".
Con el advenimiento de la democracia aparecieron muchas verdades que habían permanecido ocultas. Supimos que a mi tio lo ingresaron en el centro Clandestino y lo mataron al poco tiempo.


14:48 La sonrisa de René

14:45 Testigo 277: Declara Gonzalo Salamanca

Cuando le preguntan qué es lo que recuerda sobre los hechos de los que resultó víctima su tío, responde:
"Se que desapareció el 24 de marzo de 1976. Mi padre, Rubén Salamanca, se lo comentó mi madre. Después de ese episodio él también fue llevado y mi domicilio fue allanado".


14;27 La muerte de Perón
"Ese día Salamanca hizo uno de los discursos más impotantes a mi criterio. Porque anticipaba muchas de las cosas que vinieron después"


13:59 Militancia política y gremial
Salamanca era Secretario General del Gremio SMATA y además es el fundador del Partido Comunista Revolucionario.


13:44 Testigo y víctima

13:37 Declaración de un amigo y compañero


13:27 Testigo 276: Declara Gernardo Luna

12:38: Terminó el testimonio de Ma. del Carmen

12:37 Menéndez

12:28 La desaparición

Ruben Salamanca fue secuestrado a los veinte días del golpe en Campo de La Ribera, golpeado y torturado, le preguntaban por su hermano: "Lo tienen ustedes, hijos de puta!"

"Mi marido siguió buscando cuando lo soltaron. A partir de eso empezó a morir, entró en una depresión muy grande. No podía aceptar que su René estuviera muerto, y es que la desaparición es la tortura másgrande que puede existir, la impotencia y desesperación alcanza a toda la familia. Yo tuve que salir entera de esto porque mi marido se destrozó". Las palabras de María del Carmen Busleiman conmueven a la audiencia.

Guarda algunas palabras para su familia: "Mi sobrino, José María es una persona muy cariñosa, para nada resentido. A pesar de toda la mierda, a pesar de que lo han herido muchísimo"... "Mi cuñada Choli fue muy valiente. René tuvo al lado ua mujer que lo amaba, lo acompañó y lo siguió".

12:00 Zurdos
"Cuando supimos que René se estaba postulando para ser Secretario del Gremio, nos explicamos un poco más esa visita que habíamos tenido. Nuestra familia estaba orientada ideológicamente al Partido Socialista, habíamos seguido la revolución en Cuba, y por eso estabamos marcados como zurdos".

11:58 Testigo 275: Declara María del Carmen Busleiman.
"Estos dos hermanos quedaron huérfanos muy pequeños, y a partir de ahí tuvieron una vida complicada. Mi marido era el mayor, y lo cuidaba a René como el padre. René era una persona muy alegre con mucha alegría de vivir".


11:52 Burocracia Sindical  versus sindicalismo combativo

El Dr. Orosz pregunta sobre la relación entre el SMATA Nacional y SMATA Córdoba. "No estaban en buenos términos, desde Buenos Aires querían intervenir en Córdoba". Aparentemente, les molestaban las acciones de la conducción de Salamanca, orientadas a mejorar la condición de vida de los trabajadores.


11:48 La extensión del daño.
"Yo dejé los estudios, me fui con un pintor que me dio trabajo para pintar obras. A los 18 fui a una tornería, que era amigo de mi papá, él me sugirió que hiciera el curso de tornero. Me recibí pero por mi apellido no conseguí nunca trabajo. Los patrones investigaban mi apellido. Así también fue despedido mi primo... Mi mamá hacía pastelitos para sobrevivir. El partido la ayudaba."


11:40 24 de Marzo. El secuestro
"Faltaban todas las fotos de nosotros. Pero la puerta no estaba forzada".
Nadie les dijo nada acerca del paradero. La esposa de Salamanca emprendió su búsqueda y así sufrió una detención en el III Cuerpo. Sólo supieron de su paso por La Perla gracias al testimonio de los sobrevivientes.


11:32 "Mi papá es abogado"

"Sos algo de René Salamanca?"
"No, soy sobrino lejano. Mi papá se llama Ruben y es abogado". René observaba la escena. Tenía un documento falso y eso le permitió evadir el secuestro. Pero el oficial insistió.
"Vamos a tener que llevarnos al muchacho". Así, José María con escasos 16 años supo lo que era la tortura.
"A mi no me hicieron nada, pero torturaron a Luna delante mío. Hay que estar en ese momento...." reflexiona el testigo llevado por la memoria.


11:30 Valores de un gremialista

11:26 Testigo 274: Declara José María Salamanca

- Lo acusaban de algo?
- No, Dra. No se de qué lo acusaban, no se porqué lo buscaban tanto, simplemente por luchar por la clase obrera tanta persecusión.


 11:00 Nueva Jornada Histórica en el Megajuicio
Además se espera el testimonio de Gerardo Luna y Roque Armando Romero, compañeros del gremio.



Día 143: 07/05
14;51 Cuarto intermedio hasta el martes a las 10:00

14:20 Terminó el testimonio de Susana Strauss

-"Usted dice que fue golpeada, pero cuando declaró en aquel momento no dijo lo mismo".
- "Yo le voy a explicar algo, mi marido y mis hijas se enteraron hace pocos días que yo fui golpeada. Me costó decirlo hasta ahora, con la ayuda de las psicólogas de acompañamiento a los testigos. No puedo explicar porqué, pero tiene que ver con todo lo que yo ví, picanas, cosas tan terribles que lo mío me parecía poco. Durante treinta y pico de años puse ladrillo sobre ladrillo porque quería olvidar todo lo que había pasado".
Dedicó su testimonio a los desaparecidos y fusilados, por la Patria Grande.

14:00 Los mates y el teléfono
"Me hicieron firmar algo que decía Decreto de Libertad. Entonces yo le pedí que me dejara llamar por teléfono a mi familia, porque estaba sola y sin un mango. La celadora no quería, y yo se lo pedí a cambio de unos mates. Finalmente mi marido pudo viajar a buscarme, y esa es la parte linda".

13:47 El Gordo y Lardone
Luego volvió a nombrarlo durante su testimonio.
"Cómo lo debés tener loco a tu marido con esos ojos, me dijo uno de ellos, y me agarró de la mano y me llevaba. Yo sentí que iba directo a una violación hasta que alguien lo paró en seco y dijo -Lleve la señora a su lugar". El que quiso abusar de mí era gordo y tenía la voz aflautada. Cuando estuve en libertad volví a escuchar esa voz. Y era él mismo, que estaba junto a Lardone, mi vecino".

13:30 Me llevaron por "PP"

- Y eso qué es?
- Por Pelotuda!- Cuenta la testigo antes de disculparse por el término.
Tiempo atrás, ella había denunciado la falta de un empleado de la construcción, Pilar Eudoro Lopez, hoy desaparecido, quien se venía ausentando inexplicablemente de su trabajo. Ella se preocupó e hizo notar la falta ante las autoridades, que la terminaron secuestrando.
"En el secuestro me preguntaron tres veces mi nombre, no creían que pudiera ser yo, no se qué estaban buscando. De ser una simple ama de casa ellos me hicieron pasar por todo esto".


13:20 El secuestro

Después de dejar a las nenas con una vecina, la llevaron al Destacamento 141, y a la noche la cargaron en un camión envuelta en una frazada que un soldado le había recomendado que llevara de su casa. "No se puede imaginar en ese momento todo lo que me pasó por la cabeza. me despedí de toda mi familia porque pensaba que me iban a matar". Finalmente, la llevaron a La Ribera.
A pesar de la crudeza de lo vivido su testimonio oscila entre el dolor y las risas, porque ella sabe como alivianar el trauma condimentándolo con retazos de pura humanidad.

13:15 Testigo 281: Declara Susana Strauss
"Yo soy una persona muy alegre, así que en la celda no paraba de cantar. Era mi forma de conectarme con los que estaban afuera", relata.


13:10 Terminó el testimonio de Nicolás Ernesto Correa 
"Yo tuve miedo de hablar mucho tiempo, de preguntar. Perdí la confianza en la gente y peleo todos los días para recuperarla. El amor me cuesta todos los días... Creo que este juicio es muy importante para esto. Agradezco poder estar acá. Al principio dudé en testimoniar, si no recordaba tanto los hechos, pero hoy siento que es importante que la gente escuche lo que a mi me pasó, porque le pasó a muchos, porque no puede suceder nunca más.

"Mi forma de combatir todo esto fue con mi persona, dando lo mejor como ser humano. Quisiera pedir por los restos de mi papá. Quiero saber qué paso. Que digan qué hicieron. Ya está, hay que poder perdonar, pedir perdon y saber pasar a otra cosa.... Mi papá peleaba por un mundo mejor, creo que con la intención es suficiente.... La verdad se impone por sí sola".


12:58 Desaparecer
"Tengo un recuerdo de profunda tristeza. La vida siguió, yo tuve amigos desde jardín y todavía los tengo. Nadie casi nunca me preguntaba qué pasaba con mi papá. Crecí en silencio y mi familia también. No quería preguntar ni sabía a quién. Lo que supe de mi papá lo oía sin querer, como que estaba en Europa. Y lo que yo pensaba es 'pueda ser que vuelva, y me diga acá estoy'. Cuando escuché que los habían tirado al mar, pensé: mi papá puede nadar, estará tratando de volver.... También escuché que había sido torturado, asesinado. Y eso me lo quise olvidar".

Nicolás es valiente y deja fluir el testimonio de su dolor para que le sirva a otros.
"De pronto empecé a sentir que había algo que me tiraba para atrás, una presión en la nuca... Estuve muy deprimido, sentía que no podía con esta vida, hasta que se me cruzó por la cabeza que 'quería desaparecer'.... Y ahi empecé a llorar como nunca lo había hecho, y empecé a entender mi vida, entender mi dolor".


12:50 Dejar de preguntar.
"Yo me acuerdo de esa escena, recordar la altura de la mesa que me pasaba, y yo miraba el umbral de la puerta con mucha expectativa. Le preguntaba a mi mamá donde estaba mi papá, al principio nos contaba que estaba de viaje. Yo le preguntaba 'cuándo vuelve' y recuerdo la sensación de que su respuesta... no había respuesta. ... Eso hizo que no nos preguntáramos más, que ya no bajara la escalera volando cuando escuchaba la puerta". En este punto del testimonio Nicolás no puede evitar las lágrimas.
"Durante mucho tiempo vivimos con una especie de fantasma. No teníamos papá, no teníamos respuesta. Nadie quería hablar, nadie preguntaba. Teníamos un dolor enorme y no sabíamos ni por qué".

12:41 Testigo 280: Nicolás Ernesto Correa

"Vivíamos en una casita en la ciudad de Villa Allende..., un día 24 de mayo mi mamá estaba viendo televisión con mi papá y sintieron en ambas puertas ruidos. Se metieron personas que se llevaron a mi papá, le apuntaron a mi mamá. Nos fuimos a lo de mis abuelos ...  Este pequeño fragmento me ha llevado muchos años de reconstruirlo".
Aparecen recuerdos borrosos, mezclados, de una infancia recuperada en conversaciones familiares: "Con el tiempo fuimos hablando, mi mamá nos iba contando cosas. Mi hermana era muy chiquita y se acuerda que cuando se despertó al día siguiente tenia puesto un pulover que le regaló una tía... y que sintió que estaba todo mal. Eso lo sentimos todos, pero eramos tan chiquitos que no sabíamos qué pasaba".

12:32 "Nos lastimaron a todos"
"Quiero dejar en claro que las consecuencias en las familias serán y seguirán siendo elementos de tortura emocional. No sólo aplicaron la tortura contra las víctimas. Nos lastimaron a todos.
Terminó con aplausos un testimonio impecable, de una mujer entera y valiente.


12:09 Seguir buscando.
"Mi sobrina no tenía ni idea de que se trataba de alguien que tuviera que ver con nuestra historia. Conversando trivialidades, su apellido, su ciudad de origen, dieron con el dato de que él y sus hermanos habían sido alumnos particulares de matemáticas de mi esposo. Y que él una vez como soldado conscripto, siendo chofer que llevaba provisiones, vio a Gustavo en el patio de La Perla. Dijo que estaba parado en una fila de personas, entero, y muy flaquito".
Leonor luque explica que haber accedido a estos datos después de 38 años tiene una importancia crucial en la reparación del daño a la familia. "Cuando él dice que lo vio, uno siente que puede ubicar al desaparecido en un espacio físico. Es reparador."
El Dr. Orosz solicitó que se cite al testigo, de quien preservamos su nombre y apellido hasta tanto pueda declarar ante la justicia.
Sobre Gustavo no existían testimonios de sobrevivientes hasta este año. Nadie había podido reconstruir su recorrido después de la noche del secuestro hasta el 20 de marzo de 2014. La historia de los Correa es una muestra de que la búsqueda no termina, y que aún hoy a 38 años, es fundamental conocer el destino de los 30.000.

12.02 Reconstruyendo la memoria

La familia de Gustavo realizó todo tipo de gestiones para dar con el paradero de Gustavo. Su padre era periodista en "Los Principios" y pudo gestionar una entrevista con el entonces Jefe del III Cuerpo. Hacia el final de la entrevista, le dijo a Menéndez que su hijo estaba desaparecido, que le diera alguna información: "Mi suegro contó a la familia que mientras iba saliendo del despacho, temió ser un desaparecido más, por el enojo que demostró Menéndez".

11:53 "Si le hubieran hecho un juicio civilizado como éste, mis hijos hoy tendrían padre"

"Mis hijos estaban acostados, estábamos mirando televisión y por la ventana entró un grupo de personas que llevaban borceguíes". En cuestión de segundos, Gustavo estaba en manos de la patota y a Leonor le apuntaba un hombre canoso, de mirada serena, tranquilo. "Con cada golpe sobre el cuerpo de mi esposo, y aún hoy, al recordarlo, sigo sintiendo un golpe en la boca de mi estómago". Allanaron toda la casa, incluso la habitación de los niños, y antes de irse llevando a Gustavo en una frazada, la amenazaron de muerte si abría la boca. Era la madrugada del 24 de mayo de 1976.


11:44 Testigo 279: Declara Leonor Mercedes Luque


11:00 Tres testigos para la jornada de hoy.
 Declaran Leonor Luque, Nicolás Correa y Susana Strauss, por el hecho del que resultó víctima Gustavo Correa, desaparecido en Villa Allende.

Actualmente jubilado, fue compañero de la Fábrica Renault, en la Planta Santa Isabel.
En Agosto de 1974 la seccional Córdoba fue intervenida.

"A partir de entonces nuestro gremio comenzó a tener actividad en el edificio de Luz y Fuerza, cedido por Agustín Tosco. Y allí también fueron a buscarnos, ametrallaron el edificio con toda la gente que estaba dentro".

Ruben Salamanca, el padre del testigo, apareció 8 días después de su secuestro, sucio, barbudo y no dijo mucho. "Al tiempo le contó a mi madre que lo habían interrogado preguntando por René, y que creía haber estado en La Ribera. Después mi padre entró en una etapa depresiva. Llegó a tener problemas con el alcohol. Hubo mucho silencio. Yo era niño y el consejo era no hablar, no decir quién era yo.

Su sobrino recuerda que por su participación gremial su tío era buscado, por lo que tuvo que pasar a la clandestinidad. "Un día vino a visitarnos vestido de ejecutivo, disfrazado de traje, con portafolios y peluca.

Sólo lo reconocimos por su sonrisa, tenía una sonrisa muy grande, muy característica.
Gonzalo Salamanca es sobrino de René Salamanca, tiene 43 años, es abogado y funcionario de la Justicia Provincial.

El testigo recuerda la jornada del 1 de julio de 1974, durante el fallecimiento de Perón y la movilización de los trabajadores.

"Habría que preguntarse si es que estaban tan en contra de las reivindicaciones que se buscaban, o si les molestaba que Salamanca fuera un dirigente que había asumido un compromiso claro contra los golpes". El testigo menciona tres cartas en las que Salamanca reafirmó su postura, la denuncia de los sectores golpistas, y trae una reproducción de las mismas. En esa "Carta a los compañeros mecánicos", Salamanca afirmó:

"Nuestra postura es antigolpista, porque el golpe va a barrer con todas nuestras reivindicaciones y logros".
El testigo fue víctima de la última dictadura cívico militar. Estuvo secuestrado y fue preso político en la Cárcel de UP1: "Fue necesario que nos pegaran, golpearan y torturaran, violando todos los derechos de la constitución. Por eso humildemente pido, porque han sido miles los que llevamos esta pesada mochila encima, los que pasamos por cientos de campos de exterminio y tormentos, por donde también debe haber pasado mi querido amigo René por sus firmes convicciones, por no haber renunciado nunca a las reivindicaciones de los trabajadores, que yo comparto. Pido, para que en algún momento el país se saque un poco esta verguenza, que se abran los archivos de la dictadura, que se juzgue hasta el último de los represores".

"Quisiera pedirle al tribunal que le quite el apodo con el que figura en el expediente, porque "Chancho" es como lo llamaban sus enemigos. Vengo a rescatar la valentía de alguien que fue un defensor de la patria y de sus instituciones y su gran compromiso, cuando fijó su posición antigolpista".

El testigo era compañero en el gremio de René Salamanca: "He conocido mucho a toda su familia, he llegado a convivir con sus hijos. Desde el 24 de marzo de 1976 lo estamos buscando. Cuando los chicos eran chicos hicimos algunas gestiones con su fallecida esposa, y en algún momento en una repartición oficial nos admitieron, que estaba detenido"

Cuarto intermedio de 10 minutos.

"Había mucha confusión, algunos querían ayudarnos, no sabíamos a quién creerle. Alguien dijo que no lo buscáramos más, que a René lo había matado directamente Menéndez, y es que su vida no tenía precio.  Mi admiración por mi cuñado fue creciendo a lo largo del tiempo".

"Con el secuestro de René empezó la peregrinación, el dolor, la tortura moral".

En enero de 1972 Ma del Carmen y Bernardo se mudaron a una casa con patio. Una tarde en que Ruben no estaba, un hombre pasó preguntando por él. A su mujer le pareció extraño y pudo darle aviso. Esa misma noche, su casa fue allanada. Después se enteraron que también habían estado preguntando por ellos en el departamento anterior.

Es abogada y docente jubilada de la Facultad de Derecho. Es la cuñada de René Rufino Salamanca, casada con su hermano Ruben Bernardo Salamanca.

René Salamanca cumplió un ciclo como sindicato del gremio y luego fue reelecto para el período 74-76. Sin embargo en el medio surigió la orden de captura dictada por Lacabanne.

Preguntado por la Dra. Lyllan Luque, el testigo cuenta el daño que la desaparición de su papá produjo:

La noche del 24 de marzo, con la llegada del golpe, una patota se llevó por la fuerza a René Salamanca de su casa en Barrio Maipú. Su familia lo supo al día siguiente, cuando lograron entrar con un cerrajero y
encontraron todo revuelto en el hogar.

En Cruz del Eje, la familia estaba de visita en la casa de un compañero de su padre, Gerardo Luna. La noche de .. la policía detiene a Luna y realiza un allanamiento en su casa. Allí estaba toda la familia Salamanca, y la policía encontró los libros de estudio de José María, que tenían su nombre y apellido.

Con relato sencillo, pausado, José María describe la personalidad de su padre. "Mi mamá le decía, ahora que era Secretario General, podían ahorrar para comprarse la casa. Él dijo que no, que el sueldo le iba a servir para vivir con tranquilidad, pero que no quería que los obreros pensaran que él se enriquecía a costa de ellos".

Es el hijo de René Salamanca, Secretario General del Gremio SMATA. Narra los detalles los atentados que padeció su padre, con explosivos en el estacionamiento del edificio del sindicato, y en la casa de la abuela.

La sala de audiencias está poblada con fotos del Dirigente Sindical René Salamanca, en las escalinatas de tribunales un grupo de militantes del Partido Comunista Revolucionario y la Corriente Clasista Combativa acompaña con megáfonos y banderas. Es que hoy se ventilará en el juicio uno de los hechos más significativos de la persecución de la represión contra la clase obrera. Declaran su hijos José María, su sobrino Gonzalo Salamanca y su cuñada María del Carmen Busleiman.




Cuando uno de los defensores intenta demostrar una supueta contradicción entre su testimonio de 1984 y el de hoy, la testigo responde, con lagrimas en los ojos y firmeza en la voz.

Susana Strauss pasó por El Buen Pastor, y por UP1 después de La Ribera. Después fue llevada a Buenos Aires en un traslado de terror, a un Centro Clandestino de la policía de Coordinación Federal. Finalmente obtuvo la libertad.

Al comenzar su testimonio Susana dijo que reconocía a uno de los imputados, a Lardone, por haber sido vecino en su barrio.

Durante su cautiverio, a Susana la acusaron de ser comunista, la agredieron por su condición de judía, la señalaron por haber asistido al velorio de Tosco. Pero cuando ella preguntó porqué estaba presa, alguien le respondió, por PP.

A Susana la secuestraron de su domicilio frente a sus dos nenas que estaban mirando la tele y tomando la merienda. Cada vez que recuerda lo que sus hijas debieron sufrir, su voz se quiebra, con impotencia.

La testigo fue víctima de secuestro y estuvo privada de su libertad desde el 26 de agosto de 1976 hasta septiembre de 1977. Tiene unos hermosos ojos claros tan expresivos como el resto de sus gestos. Ella no se queda quieta y su relato tiene cientos de recursos que atrapan la atención y la simpatía de todos.

Las últimas palabras de Nicolás se las dedicó a su sensación en este juicio:

En la mesa de Nicolás hay fotos de sus padres, de la sonrisa de Gustavo, de él mismo y de su hermana cuando eran niños. Eso lo llena de fuerzas para contar su historia.

El tiempo fue pasando, y a medida que crecía cada vez que alguien golpeaba la puerta bajaba la escalera volando para ver si quien volvía era su padre.

Es el hijo mayor de Gustavo y Eleonor. Tenía 2 años el día del secuestro de su padre.

"El silencio se instaló como la niebla en la sociedad. Mis hijos al principio preguntaban y yo les explicaba que el papá no estaba porque no podía volver, no porque no quisiera. Al tiempo dejaron de preguntar y aunque esto es una aberración, para mi fue un alivio. Pensar: qué suerte que hoy no preguntaron. Es raro que a un niño que no tiene padre nadie le pregunte nada y con ellos sucedió. Agradezco que ese silencio se rompa.

Porque las víctimas pueden haber estado desaparecidos, pero el país los está haciendo aparecer.

El 20 de marzo de este año, por medio de un negocio inmobiliario, una familiar directo de la testigo accedió por casualidad a información nueva sobre Gustavo.

La testigo resalta el trabajo del Archivo Provincial de la Memoria ya que gracias al trabajo de recopilación de los archivos pudo tomar contacto con una denuncia que hizo sólo cuatro días después del secuestro. "Para mí como esposa es importante recuperar esto, porque en ese momento yo describí la ropa que llevaba puesta Gustavo. Eso es algo que con el paso del tiempo yo había olvidado, y es importante para reconstruir la memoria".

Leonor cuenta que tenían una militancia activa en la difusión del partido. Además, Gustavo trabajaba en el Frigorífico Mediterráneo. Tenían muchos amigos y compañeros militantes, algunos de ellos incluso permanecieron escondidos en su casa por estar siendo perseguidos.

"Conocí a Gustavo en 1971. Nació y vivió en Villa Allende, se educó en escuela pública y el secundario en León XIII donde tomo contacto con realidades que hicieron de el una persona muy proactiva con relación a las personas que estaban en condicion de precariedad social. Tuvo en claro que le dolía la injusticia, la discriminación. Un militante nato. Muy alegre, con mucho sentido del humor y muy estudioso, muy interesante. Tenía muchos intereses, le gustaba la la música, el arte, criaba palomas mensajeras. Cuando lo conocí tenía 20 años y ya había hecho muchas cosas interesantes en su vida. Estaba dispuesto a participar para crear un mundo mas justo a corto, mediano y largo plazo". Son las palabras de su esposa, Leonor, con quien tuvo dos hijos, María y Nicolás; y con quien compartió militancia en el PRT.

Fuente:DiariodelJuicio                                                                               

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