10 de mayo de 2014

LA PLATA-LA CACHA: AUDIENCIAS 23 y 24 DE MAYO - ANA MARIA CARACOCHE, EX DETENIDA DESAPARECIDA, DECLARO EN EL JUICIO SOBRE LA CACHA.


Gacetilla de prensa 
Juicio La Cacha: Audiencias del miércoles 23/4 y viernes 25/4/2014
Miércoles 23/4/14 
Testimonios 
Leonardo Dimas Núñez (teleconferencia desde Francia) 
Cuñado de Alberto Horacio Monaji. 

Alberto fue parte de la conducción de Montoneros Columna Sur. Ángela Cristina Núñez, hermana de Leonardo, estuvo casada con él y le contó que su marido fue secuestrado el 20 de abril de 1977, probablemente en una cita, aunque no se sabe dónde. Imágenes integradas
Alberto Horacio Monaji
Un año más tarde él mismo fue secuestrado y llevado al campo de concentración El Vesubio, en donde permaneció entre el 8 de mayo y el 23 de junio de 1978. 

Durante su secuestro, al finalizar la primera sesión de tortura, un hombre que parecía tener más responsabilidad que los otros lo reconoció como el cuñado de “El Pelado Pedro”, el apodo de Alberto. Se trataba de El Francés. Ese hombre le contó entonces cómo lo secuestraron, describió el operativo y el intento de suicidio que lograron evitar, además de otras características que indicaban claramente que había conocido a su cuñado. El Francés comentó con las otras personas que estaban allí torturándolo la caída de la columna sur de Montoneros en 1977. Se refirió al asesinato de Jorge Elio Martínez “El obispo” y su compañera Eva Gruszka “La Colorada Lewinger” en el operativo en el que participó. 

Pudo ver al Francés breves instantes, porque éste pidió que le quitaran la capucha para que mire su cara. 

Sobre su cuñado Alberto, tuvieron nuevos datos a partir de María Silvia Bucci, con quien se entrevistó muchos años después. Ella pudo decirles que estuvo en La Cacha. Otras personas liberadas también lo identificaron allí. 

Cuando le mostraron fotos para identificar a algunos de los represores, no pudo hacerlo. Expresó que esto se debe en parte, a que en las fotos exhibidas todos aparecen con el uniforme de la fuerza a la que pertenecían y con gorras, lo cual no era el estilo que tenían en el campo de concentración. 

María Silvia Bucci 
Era estudiante del Normal Nº 1 de Banfield, tenía 16 años y participaba de la Juventud Guevarista cuando fue secuestrada. 

El 27 de mayo de 1977, a la noche, estaban en la casa su papá, su mamá, ella y su hermano que era chiquitito. 

Sabía que durante el día habían secuestrado a dos personas conocidas, Rubén Enrique Gerenschtein, de 17 años, y Nina Judith Golberg, de 18.
Rubén Gerenschtein 
Nina Judith Golberg 
Esa noche, llamaron a la puerta hombres vestidos de civil que se identificaron como fuerzas de seguridad. 

Los represores revolvieron la casa, le pidieron que se cambie, la metieron en el baúl de un auto y en el recorrido secuestraron también a otro compañero, Edgardo Daniel Cerqueira, de 17 años. 

La trasladaron a un lugar que otros detenidos le dijeron que era La Cacha. Supo que sus tres compañeros se encontraban allí. La pusieron en el sótano, en ese lugar ya había varias personas. 

Días después, fue interrogada por Pituto, un hombre que parecía tener cierta autoridad en el lugar. El interrogatorio transcurrió en una especie de casa rodante, cerca del lugar en donde estaban los secuestrados. También participaban en el interrogatorio El Oso y El Francés. 

Recordó nombres de los guardias: Carlitos (el bueno), el Griego, Sérpico, Pablo, Daniel, Mostaza, Carlitos El Misionero, Gallego o “J”. 

Estuvo detenida en La Cacha entre el 27 de mayo de 1977 y el 8 de agosto de ese año, día en la que fue liberada. 

No la torturaron con picanas, pero la amenazaban con las posibilidades de ser asesinada y de violación. Le decían que en caso de salir libre no debía participar en nada. 

Durante su cautiverio estuvo esposada a la cama y encapuchada.

Algunas de las personas secuestradas que recordó fueron Samuel Leonardo Slutzky, Margarita Ofelia Ercole, Mónica Susana Tresaco, Raúl Guillermo Elizalde, Héctor Javier Quinterno, Alberto Horacio Monaji, Ricardo Antonio Herrera, Carlos Enrique Rolli, Patricia Nora Rolli, Julio César Cagni, Nora Liliana Silvestri, Laura Susana Cédola, José Manuel Monteagudo, Carlos Esteban Alaye, Stella Maris Bojorge, José Luis Cavalieri, Carlos Alberto Weber, Patricia María Pérez Catán, Jorge Enrique Pérez Catán, Guillermo Marcos García Cano, Rubén Oscar Scognamillo, Jorge Oscar Galmes, María Elvira Luis, José Luis Cavalieri.

Supo que María Elena Isabel Corvalán estuvo secuestrada allí y que fue llevada para dar a luz; decían que había tenido una niña a la que llamó Lucía. También se comentaba que Graciela Irene Quesada estaba embarazada.

Rubén Enrique Gerenschtein y Nina Judith Golberg permanecieron un tiempo en el mismo lugar con ella, pero después fueron llevados a un lugar, no muy lejano, que se llamaba La Casa Azul o Cachavacha Superstar, con otro grupo de secuestrados, entre ellos Rodolfo Jorge Axat y Ana Inés Della Croce.

Durante los interrogatorios a la que era sometida le preguntaban sobre el Centro de Estudiantes del colegio. Tenían todos los legajos escolares, no sólo de las personas que secuestraron sino de todos los alumnos. De algunos tenían hasta el plano de la casa. Los responsables de la Escuela en ese momento eran el director Luis Héctor Bucci (no tiene parentesco con él) y el subdirector interventor Simón Orlic.

En una oportunidad la llevaron en un auto a la zona de su escuela, de día, para que reconozca a alguien. Luego regresaron y transcurrió mucho tiempo hasta que la liberaron. 

La comida era de un lugar cercano. Para ir al baño debía llamar a un guardia y quedarse con la puerta abierta. Se escuchaban gritos de tortura.

El día que quedó en libertad fue llevada hasta su casa en auto con los ojos vendados.

Posteriormente mantuvo contacto con familiares de otros detenidos. Con la mamá buscaron nonbres en la guía telefónica de La Plata, para ver si existía la posibilidad de encontrar a gente conocida de quienes estaban en La Cacha. 

El 5º año lo rindió libre, no podía volver a ese colegio. Se fue a estudiar a Villa Regina, en Río Negro. 

Declaró también en el año 1984, en la Conadep y en el año 2009, en el Juicio por la Verdad y en la Embajada de España por el caso Scilingo. 

Reconoció una de las fotos que se le exhibieron: en el folio 106 a Raúl Ricardo Spinoza, alias "J" o "Gallego". Cree recordar que fue la misma persona que reconoció en el año 2009. 

José Luis Barla 
Estuvo secuestrado en La Cacha durante 1977. 

Era militante del PST y militante sindical vinculado a la Coordinadora Interfabril; trabajaba en OFA, Organización Fabril Argentina, de Villa Elisa. 

Un fin de semana de marzo de 1977, al mediodía, fue secuestrado y llevado en un jeep abierto hasta el BIM 3. Allí lo obligaron a desnudarse y lo interrogaron bajo tortura con picana eléctrica. Permaneció en este lugar menos de un día. 

Luego, ese mismo año, en la madrugada del 5 de agosto de 1977, varios hombres fuertemente armados, algunos con cascos y la cara tiznada, irrumpieron en su casa. Rompieron una sábana y lo vendaron y lo metieron esposado en el baúl de un auto. Por lo menos había tres autos. Pararon varias veces en la zona de Villa Elisa, cree que para secuestrar a otras personas. El auto hizo un trayecto con curvas, cambió de dirección y luego hizo un camino recto a mucha velocidad. El logró destrabar una esposa y abrir el baúl intentando escapar. Lo apresaron nuevamente y lo colocaron en el piso de atrás del auto. En un desvío del camino el auto pareció no transitar por camino liso, sino de ripio o conchilla. 

Tiempo después supo que en el trayecto habían secuestrado también a Julián Roberto Duarte. 

Al llegar a La Cacha le preguntaron sus datos personales, como si completaran un formulario. Lo pusieron en un sitio en donde permanecían otros secuestrados tirados en el piso. 

En un momento fue llevado a una construcción aledaña, que llamaban La Casita o La Piecita; allí fue interrogado sobre su militancia, detalles de la fábrica, sus compañeros. Se vivía bajo un régimen de tipo cuartelario, por las mañanas algunas mujeres limpiaban y luego servían el desayuno. La comida era llevada en ollas grandes, del tipo que se emplea en el rancho militar. 

Los mismos guardias les decían que ese lugar se llamaba La Cacha o La Cachavacha y que existía otro lugar llamado Cachavacha Superstar, en donde eran llevados –según ellos- los jerarcas de la guerrilla; según decían estaba allí Norma Arrostito.

Se percibía que el lugar estaba ubicado en una zona de campo, el tren pasaba diariamente. 

Se escuchaban gritos por la noche, cuando llegaban nuevas personas secuestradas, y desde La Casita, por las torturas. 

Dentro del edificio en donde ellos estaban detenidos había una habitación que parecía ser la de reunión de guardias; allí permanentemente se escuchaba música. Existían por lo menos dos grupos, uno de guardias –que eran los que permanecían con los secuestrados- y la “patota”, los que llevaban gente secuestrada y participaban en los interrogatorios y torturas. 

Le preguntaban mucho sobre la fábrica y los militantes. Buscaban a un delegado del turno noche, Girotti, que era montonero y a un compañero “Coco Gómez” que también estuvo en La Cacha, a un vecino, Julián Duarte y a un bombero voluntario, Bongiorno. 

El lugar tenía una planta alta, un pasillo con elásticos de cama de metal, separados por tabiques. A la izquierda una pared y a la derecha había mucha gente detenida sobre el piso. A él lo llevaron hasta el fondo. Frente a él colocaron a Julián Duarte (Lián). A la derecha había otra cama con una persona que despedía olor a quemado por las sesiones de picana. A su izquierda había una joven, La Ratona, Stella Bojorge. Con ella compartía cigarrillos y hablaban mucho. Se enteró que ella había sufrido lesiones por la picana, sobre todo en los genitales, y además precisó que un encargado, El Oso Acuña, la había colgado en el sótano y la golpeaba con las manos, que parecía que hubiera sido con zapatos.

Junto con La Ratona, había una chica muy joven, que se hacía conocer por Graciela, con el tiempo supieron que era Mónica Dimarco. 

En la planta baja solía haber sesiones de guitarra. En ese lugar había mucho movimiento de gente. Se escuchaba la voz de una detenida muy angustiada, llamada Marina. Ese espacio fue utilizado para mujeres embarazadas, por lo que él fue trasladado a la planta alta con capucha y esposas, pasando por una escalera corta y ancha, y por una puerta. Estaba dividida esa planta por un alambre tejido. Había muchos detenidos. 

Entre las personas secuestradas mencionó a Coco Gómez, compañero de trabajo, torturado; Juan Carlos Bongiorno; Stella Maris Bojorge; María Elvira Luis; José Luis Cavalieri; Norma Beatriz Martínez; Adrián Claudio Bogliano.

Supo que una embarazada estuvo cerca de él en los primeros días; fue sacada del lugar y luego regresó; comentaban que le habían realizado una cesárea. 

En la planta alta y planta baja los que estaban en condiciones de cautiverio estaban atados, engrillados y tabicados. 

En el sótano y subsuelo, deambulaban, hacían limpieza, servían comida. Había una morena corpulenta entre ellos. 

Además de los compañeros nombrados había un varón al que decían Chaira, muy torturado y otro en iguales condiciones, Jesús Dur, esposo de Paula. 

En la habitación donde posiblemente se cocinaba, había música y se pasaba mucho a Rafaela Carrá. 

En la planta alta y frente a él, había dos camas juntas, Anahí Luis, que estaba con su pareja “Chango” (José Luis Cabandié) y otra joven de 21 ó 22 años: “Paula”, que era Norma Martínez; también estaba Julián Duarte, un estudiante de Agronomía que había llegado desde Mar del Plata en avión y un conscripto que decía llamarse Antonio, lo habían mandado con una carta como mensajero y lo detuvieron en el trayecto. 

Cuando estuvo en la planta alta hubo dos sucesos importantes: el primero es que lo llevaron para interrogar, debiendo salir al exterior, cruzar, y llegar a un lugar reducido (la piecita). El segundo es que le dijeron que iba a salir de La Cacha para identificar a una persona. Lo hicieron higienizar en un baño con sanitarios muy antiguos: lavatorio, bañera, botiquín. Después lo hicieron subir a un auto, en el que iban otras tres personas: el conductor, su acompañante del asiento trasero, ambos robustos, de piel morena; y en el asiento del acompañante del chofer, una persona de piel blanca, delgado, atlético, y con muy buen vocabulario. Dedujo que se trataba de El Francés por la forma de hablar.

Al regreso, volvieron a La Cacha y él a la planta alta nuevamente. 

Entre los guardias y torturadores recordó a El Oso, Swat, Palito, Pajarito, Carlitos El Perejil, El Francés. La patota la integraban entre otros “El Oso” y “El Francés” (Gustavo Cacivio) De la casita provenían muchos gritos de tortura. 

En los primeros días de septiembre le sacaron las esposas, le ataron las manos con una correa y lo llevaron en auto hasta Los Hornos; allí lo tiraron en una zanja. Pensó que lo iban a matar, le dijeron que contara hasta doscientos y que después se desatara. Caminó, preguntó a alguien en dónde estaba, continuó caminando hasta la casa de un amigo en donde permaneció varios días. 

Luego se comunicó con su familia y los padres fueron a buscarlo. Se reincorporó en su trabajo, pero lo dejó poco tiempo después por razones de seguridad. 

En el año 2009, en una declaración anterior se le mostraron fotos. Por el tiempo transcurrido y las condiciones de cautiverio (tabique) no pudo identificar a ningún represor. 

La declaración de Rubén Gustavo Jaquenod, prevista para esta audiencia, fue suspendida por razones de salud.

Viernes 25/4/14 
Con relación al testigo de identidad reservada, el Tribunal resolvió que su testimonio se hará sin público, sin imputados y las partes van a saber nombre y apellido.

Los abogados defensores Adrogué y Losinno se opusieron a los reconocimientos fotográficos. 

El Tribunal resolvió que se realizase el procedimiento con el libro de fotos.

La abogada querellante Verónica Bogliano planteó que las defensas vienen exponiendo sistemáticamente las mismas cuestiones delante de l@s testigos, y solicitó que estas situaciones no se vuelvan a producir. 

El Tribunal expresó que el planteo es correcto. 


Testimonios 
Julián Roberto Duarte 
Lo secuestraron el 4/8/77; en la casa estaban la madre, dos hermanas, el hermano y la cuñada. Tenía 22 años y militaba políticamente en la Juventud Comunista. Le envolvieron la cabeza con una sábana y lo llevaron en el asiento trasero de un auto. En el baúl estaba José Barla. De esto se enteró después. 

Después supo que estuvo en la Cacha. Cuando los estaban llevando José logró abrir el baúl y saltó del auto. Lo recapturaron. 

Cuando llegaron lo llevaron a una sesión de picana. Le nombraron a Coco Gómez, él era del PC, no lo vio pero estaba allí. Estuvo 4 ó 5 días, lo llevaron a una segunda sesión de tortura y después al piso superior. El lugar de tortura estaba afuera del edificio.

Su apodo era Lián. Detrás de un biombo estaba Stella Maris Bojorge, él no la veía; Norma Martínez (Paula) y su pareja Jesús; Cavalieri y su pareja María Elvira Luis. 

Bongiorno era el jefe de bomberos de Villa Elisa, era del PC. Carlos Chierino era conocido del hermano, sabe que estuvo pero no lo vio. Había una chica Eva que hacía la limpieza. 

Represores que recuerda: el Oso, Palito, Amarilla. Vio a uno que no pudo reconocer por las fotos pero que un día le hizo afeitar la barba. Tarzán, Abadón por el ángel exterminador. Cuando venía el Oso decían que era de la patota y que era muy jodido. 

Martínez se fue sobre los guardias para hacerse matar, le pegaron dos tiros.

Los captores hablaban de la Cacha superstar como el lugar donde estaba la gente más importante. 

El 28/4 les dijeron que se prepararan José y él porque el PEN había decidido que eran rescatables, pero que si hubiera sido por ellos los mataban. Al lado suyo había una señora a la que le pedían disculpas.

Lo liberaron en Los Hornos.

Retomó los estudios y lo llamaban al colegio, cuando iba al teléfono le pasaban música. A Betty Quintana la llamaban como si fuera él para hablar del tema de teatro vocacional. Enfrente de la casa vivía una chica a la que le dijeron que él quería salir con ella. Se sentía perseguido. 


Avisaron que Juan Carlos Guarino y María Adela de Guarino no están en condiciones de declarar. 


- Fernando Reyes 
Participaba del centro de estudiantes de una escuela de Banfield. 

Fue secuestrado entre el 3 y el 9/8/77. Golpearon la puerta diciendo que eran policía y ejército. Entraron a su dormitorio, encapuchados, armados y uniformados. El tenía 17 años. Le dijeron que se vistiera, lo esposaron, encapucharon y lo llevaron en el baúl de un auto. 

El vivía en Lomas de Zamora, anduvieron entre 1 y 2 horas. Lo bajaron y llevaron a una especie de habitación, le pidieron el DNI, él pidió un abogado y le pegaron. 

Después supo que estaba en la Cacha, también mencionaron algo del regimiento 7. 

Allí estaban también Rubén Gerenschtein, Mónica Tresaco, Silvia Bucci, Judith Golberg. 

Le sacaron todas las pertenencias y lo llevaron a otro lugar, un sótano y lo esposaron. Otro detenido le preguntó de dónde era, la edad, y dijo “otro perejil más, yo hace 15 años que estoy acá”. Cree que era un represor.

Lo trasladaron, subió unos escalones más y lo metieron en un cuartito. Frente a la cuevita había un matrimonio. 

Marcela Tintela, cree que falleció, tendría 20 años. Era amiga de Judith, trabajaba en una casa de música en Adrogué. Edgardo Sequeira y Silvia Bucci le dijeron “decí todo lo que sabés porque los guardias ya lo saben”. 

Lo llevaron a un lugar afuera. Había 2 personas: uno de 50 años o más, rubio y otro más. Dijeron que había dos formas: el reconocimiento de todo ó la picana, que reconociera la militancia en la Juventud Guevarista. Les dijo que no iba a reconocer algo que no era real. Le preguntaron si había leído El combatiente, si conocía a Rubén Gerenschtein que era del ERP. 

A él le habían pedido la casa de los padres para hacer una reunión, Mónica le dijo que se pusiera un nombre de guerra, él le dijo que le ponga Juan. Un guardia lo llamó Juan dándole a entender que sabía todo. 

Una de las personas que lo interrogó dijo que lo iban a liberar, lo hicieron bañar y a la noche lo subieron a un auto y lo llevaron de nuevo a la casa. El padre le dijo a la persona que lo llevó (el rubio) que se iban a ir del país, a España y él le respondió que no era necesario, que estaba limpio. 

Compañeros que vio: los del centro de estudiantes ya nombrados y un conscripto flaquito y narigón. 

Represores: los Carlitos que eran la guardia blanda, el Francés y el Oso la más dura. Había un silencio absoluto cuando estaban. 

Le mostraron el cuaderno de fotos y reconoció a Emilio Herrero Anzorena (Destacamento 101) como “el rubio” 

Claudia Elena Billorou 
Era la compañera de Dardo Marcelo Cristino Benavidez, “La Negra”.
Dardo Benavidez, “La Negra” 
Su compañero ingresó en 1966 al Liceo militar. En 1969 comenzaron a militar con los amigos del liceo: Mario Luis Noriega, José María Donda (padre de Victoria), Roberto Lamonet, Claudio Logares (padre de Paula), el negro Yacobone, el único que murió de muerte natural, Joaquín Areta (primo de Noriega). 

En 1971 Noriega y Lamonet pidieron la baja en el último año. Los levantaron a las 12 de la noche, los interrogaron durante toda la noche y luego les tomaron juramento. 

En 1975 llegó una citación del Departamento de Reserva Naval a todo ese grupo, les decían que se presentaran para ser dados de baja. Consultaron al padre de Mario Noriega que era capitán de navío. El se comunicó con un marino, Reminiego, hizo gestiones; le dijo que no se presenten y que cambien de domicilio. Eran seguidos por un miembro de la familia Disandro y por Néstor Beroch, ambos CNU, se la pasaban en la cafetería de Bellas Artes con Tony de Jesús. El era seguido por un hombre que conducía un Peugeot 404 color ladrillo. 

En 1975 murió Mario Noriega en un enfrentamiento. 

En 1976 Claudio Logares y su mujer se fueron a Uruguay. Fueron secuestrados en 1978 y fue apropiada su hija Paula. 

Cayó Lamonet y su esposa Sonia Rossi se tiró por una ventana. 

Decidieron irse de La Plata. En el 75 estaba embarazada, consiguió un trabajo en el Juzgado federal Nº1 en la secretaría de Jáuregui quien tenía un abrecartas con la cruz esvástica. 

Horacio Seillant fue secuestrado y estuvo en el Olimpo.

El 18/6/76 fue la última vez que vio a su compañero. Se fue a Córdoba. En 1977 sus padres viajaron a Córdoba para avisarle que habían secuestrado a Dardo. Jáuregui le dijo que estaba bien y que todos los meses le pagaban una cuota a la mujer de un marino para que lo mantengan con vida. 

Patricia Pérez Catán conocía a su marido y lo vio en la Cacha entre mayo y junio /77. 

Claudio Fortunato le contó que estuvo en la Cacha encadenado porque intentó suicidarse varias veces, que le pegaban mucho, especialmente el Oso y el francés. Lo llevaron a la Esma y se encontró con un compañero, Horacio de la Torre. El negrito Ricardo Herrera declaró haberlo visto muy torturado. 

Compañeros de militancia en la Cacha: Carlos Alberto Weber, Rodolfo Axat, Susana Quintero. 

El padre tuvo un infarto del que no se recuperó. 

Nunca más pudo volver a armar una familia. Tenían muchos proyectos con los compañeros del Liceo como comprar un velero. Vivían escondidos por pensar diferente. 

Su hija Luciana tiene un registro en la memoria que le provoca angustia, ataques de pánico. 

Esperó 40 años para dar este testimonio, es su derecho, el que no tuvieron los compañeros que hoy buscan como desaparecidos.

Que éstos (los imputados) gocen del derecho que ellos no tuvieron.

Carlos Ernesto Otahal
El 16/8/77 estaba durmiendo en la casa en Ranelagh, cuando un grupo de encapuchados entraron, le preguntaron el nombre y lo llevaron esposado, encapuchado en el baúl de un auto. Anduvieron más o menos ½ hora. Llegaron a un lugar, lo desnudaron y lo ataron. 

Había una chica que llevaron por un pibe que había puesto una bomba en un monumento a Sarmiento y murió. 

Lo picanearon. Regresaron algunos y lo torturaron más, le preguntaron por Zamora a quien él no conocía. 

Lo pasaron a otro edificio: escalera, pasillo, sótano y allí estuvo entre 1 semana y 10 días. Vio a una persona colgada de un caño apoyando sólo la punta de los pies. 

Allí estaba María Navajas Jáuregui.

Escuchó cantar a Pablo. Vio a Abadón y a Pablo de espaldas. Era un lugar muy oscuro. 

A los días lo subieron a la planta alta, allí estaban el vasco Barrenese de Veterinaria que era de Brandsen o Magdalena; el cabezón que era de Mar del Plata; un conscripto de Tandil (Masocchi); Liliana Beatriz Méndez de Cédola; Andrés Roberto Duró, alias Jesús, de la Juventud Guevarista que estaba herido; un matrimonio grande (Delgadillo y San Emeterio) ella era enfermera y avisó a la familia que una secuestrada había parido. También había una persona de Barracas y otra que los guardias le traían una pastilla. Había un grupo grande de la JP.

Estuvo unos treinta días en la planta alta. Veinte días antes de dejarlo en libertad le preguntaban por qué le interesaba la política, qué pensaba de Videla. Después de la encuesta escuchó al Vasco que le dijo al Cabezón: “Yo no voy a salir vivo de acá porque vi al Oso y al Amarillo”. 

Otros guardias: Palito (porque se parecía a Palito Ortega), Negrito, Sabino eran penitenciario., el Potro que era de la Marina, el Zorro que les permitía levantar la capucha, Carlitos el cordobés.

La única vez que se bañó fue un día antes de salir en libertad. Estuvo 15 días sin ir de cuerpo. Cuando se estaba afeitando entró el Potro a orinar, le preguntó y le dijo que lo iban a largar porque era un perejil. 

Lo liberaron el 23/9/77. El 22/9 hubo una docena de traslados entre ellos el Vasco. Mucho ruido, portazos, corridas. Al otro día Palito le dice: ayer no te pudimos soltar. Lo tiraron en el piso de un auto con otra persona y uno los pisaba. Después de un viaje corto bajaron al otro (un bombero del PC). Les pidió que lo dejen en Ranelagh porque no tenía plata, le contestaron que ya estaban allí, que no se meta más en política y que no denuncie. Lo bajaron, cuando preguntó, estaba en Gonnet. 

A los diez días de su secuestro fueron a la casa de sus padres en horas de la noche, gente uniformada con camiones del ejército. Revisaron todo, encontraron 2000 dólares, se fueron diciendo que ellos no eran ladrones. 

Le mostraron una carpeta de fotos pero no reconoció a nadie. 

Se acercaron dos penitenciarios a Etchecolatz, discutieron y se fueron.

A los pocos minutos el presidente del Tribunal, Dr. Rozansky, paró la audiencia y le manifestó al abogado defensor

Adrogué que había una orden médica de trasladar a Etchecolatz porque estaba con un pico de presión y él se negaba a irse. Solicitó al abogado que se haga cargo. Adrogué se acercó con dos penitenciarios, Etchecolatz no quiso abandonar la sala y se empezó a pegar, hasta se dio un cachetazo.

Lo llevaron a pesar de su renuencia. 
Por l@s 30.000 compañer@s desaparecid@s! 

Juicio y cárcel efectiva a todos los genocidas!

Restitución de tod@s l@s niñ@s apropiad@s! 

Basta de impunidad! 

Julio López y Silvia Suppo Presentes! 

No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. 

UNIÓN POR LOS DERECHOS HUMANOS LA PLATA
Ex-detenid@s desaparecid@s, Familiares y Compañer@s Matrícula nº 39453 D.P.P.J. 

Asociacion Ex Presos Politicos Cordoba sitio web: https://sites.google.com/site/expresospoliticoscordoba/home 

Envío:
Asociacion Ex Presos Politicos Cordoba
sitio web: https://sites.google.com/site/expresospoliticoscordoba/home




ANA MARIA CARACOCHE, EX DETENIDA DESAPARECIDA, DECLARO EN EL JUICIO SOBRE LA CACHA
Sobrevivir y buscar a dos hijos
Fue secuestrada en abril de 1977 y llevada al centro clandestino platense. Ante el tribunal, mencionó a una veintena de desaparecidos que vio durante su cautiverio. Sus dos hijos fueron apropiados y con ayuda de las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron su identidad. Ana María Caracoche se exilió en Brasil, donde aún vive con sus dos hijos argentinos y otros dos allí nacidos.
Por Ailín Bullentini 
"Todos le decía La Cacha por la casa de la Bruja Cachavacha, que tenía el poder de desaparecer a la gente”, respondió Ana María Caracoche ante la pregunta de la querella sobre si sabía el porqué del nombre de ese centro clandestino de detención platense, donde estuvo secuestrada, lo que fue la razón de su exilio y de su comparecencia ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata en la mañana de ayer.

Brevemente, ayudada siempre por las consultas de los letrados, esta mujer que lleva en su acento la marca de casi cuatro décadas de exilio carioca –tiene poco más de 60 años– dio detalles de su secuestro y del de sus dos hijos –dos de los más de cien nietos restituidos– y mencionó a un represor apodado El Francés como uno de sus interrogadores.

Caracoche nació en Mercedes, donde creció, estudió y conoció la militancia y el trabajo barrial desde la estructura de la Juventud Peronista. Compartía una casa en Berisso con un matrimonio “compañero”, Roberto Americe y su esposa, cuando el 17 de abril de 1977 “fuerzas conjuntas” se la llevaron.

“Escuchamos los golpes en la puerta y los gritos de ‘abran’. Cuando Roberto se fijó por la ventana quiénes eran, desde afuera lo arrancaron de la casa.

‘No se preocupe, señora, somos del Ejército’, me dijeron, y me llevaron”, relató la mujer ante los jueces Carlos Rozanski, Pablo Vega y Pablo Jantus. Su marido, Oscar Gatica, “también fue perseguido, también era militante” y, para entonces, estaba clandestino. El hombre, que integraba la organización Montoneros, meses antes había sido secuestrado en Bahía Blanca y había sido liberado.

A Ana María le pegaron en las piernas y en la cara, le ataron las manos y la subieron al mismo auto en el que se llevaron a Roberto Americe. “Me quebraron un brazo y me metieron dentro de un baúl”, relató y reconoció que además de ellos dos, en el trayecto también secuestraron a Alberto Diesler.

Los tres fueron depositados en La Cacha.

Los chicos 
Para cuando las fuerzas de seguridad argentinas iniciaron la época de cacería, Ana María y Oscar tenían dos hijos, Felipe y María Eugenia.

“Mi hija de un año y medio había sido secuestrada con otra familia”, apuntó la mujer ayer. Un mes antes de su llegada a La Cacha, Ana María había dejado a su beba al cuidado de una familia vecina, los Abdala, mientras ella llevaba a su hijo menor, de cuatro meses, al doctor. Cuando regresó de la consulta, la nena ya no estaba.

Ella se aferró al bebé, a quien tuvo a su lado hasta que la secuestraron. Tras su liberación, retomó la búsqueda de ambos niños. Durante años, se contactó con una vecina de la casa que compartió algunos días con el matrimonio Americe: “Me juró que a Felipe lo habían pasado a buscar sus abuelos, lo cual sabíamos que no era cierto. Muchos años después, reveló que entregó al bebé a una religiosa, que ésta lo dio a una médica y ésta a otra persona”. 

Desaparecida por un mes 
–¿Qué te hicieron cuando llegaron a La Cacha? –la tuteó la querella.
Algunos acusados prestaban atención, otros se distraían con el aire.

El ex jefe de Inteligencia de la policía bonaerense, ya condenado a prisión perpetua por varios otros crímenes de lesa humanidad, Miguel Etchecolatz, revisaba papeles judiciales, los leía, los firmaba.

Un enorme rosario y una cruz de bronce pendían de su cuello

–Nos llevaron a un lugar parecido a un sótano, luego a la sala de torturas y después nos pusieron en otra dependencia –respondió Ana María.

–¿Y qué querían saber? –insistió la acusación.

–Querían saber mi apodo y dónde estaba Oscar. A Ana maría la interrogaron con “choques eléctricos” que le aplicaron en “el brazo quebrado y en las piernas”. “Cuando me llevaron al baño, me descubrí en el espejo los ojos negros. No sé cuándo me pegaron en la cara”, detalló. A pesar del paso de los años, la sobreviviente nombró a una veintena de hombres y mujeres con quienes compartió secuestro en aquel centro clandestino.

“Tengo una lista, ¿quiere que le lea?”, le consultó a Rozanski.

Entonces leyó, prolija, la lista que apuntó en una hoja que desdobló para la ocasión: Alberto Monaghi, Félix Picardi, Cristina Marroco Susana Quinteros, Antonio Betini, Patricia Pérez Catan, Rodolfo y Ana Axat, Esteban Cuenca, mencionó entre otros. A los “dos o tres días” de haber llegado a La Cacha, Ana María fue trasladada “a una comisaría de Banfield” (el centro clandestino Pozo de Banfield) junto a Marroco, quien estaba embarazada (perdió el bebé, luego).

Allí permanecieron una semana y las regresaron a La Cacha. “Todo el tiempo teníamos que estar con capucha, aunque durante los días en los que estuvimos en el sótano, nos la sacábamos mientras no hubiera guardias, y charlábamos entre nosotros”, recordó.

La torturaron algunas veces más. En una de esas, aseguró reconocer “la figura de El Francés, así lo llamaban los compañeros, que me interrogó. Vestido de social, no de militar, alto, con entradas en el cabello”, lo describió. Hace poco más de dos meses, un testigo aseguró que El Francés es Gustavo Adolfo Cacivio, quien ya purga una condena por violaciones a los derechos humanos.

La libertad 
“Un día llegó un guardia y me dijo que me iban a sacar. Yo pensé: ‘Listo, me sacan y me matan’. Me metieron en un auto con un chico que se llamaba Gastón. Nos llevaron por unas calles de tierra.

Primero lo bajaron a él. Luego a mí. ‘Caminá para adelante’, me dijeron, y eso hice”, recordó. Estaba cerca de Los Hornos, donde había vivido algún tiempo con Oscar y sus hijos, de donde se habían llevado a María Eugenia. Pidió ayuda a vecinos. Se contactó con su familia, con quienes vivió un tiempo.

En 1980 se mudó a Brasil, donde tiempo después se reencontró con su compañero y aún viven, con sus dos hijos argentinos y otros dos allí nacidos. Allí, también, se contactó con varios sobrevivientes exiliados, muchos que habían pasado por La Cacha.

La búsqueda y el encuentro
“Eramos los únicos padre y madre vivos con dos hijos desaparecidos”, destacó Ana María. Desde Brasil, se contactaron con las Abuelas de Plaza de Mayo con quienes emprendieron la búsqueda de María Eugenia y Felipe. En marzo de 1984, Oscar Gatica volvió a la Argentina para radicar la denuncia ante la Conadep y aportar su esfuerzo a Abuelas. En junio se sumó ella.

Luego de la entrevista con aquella vecina de la familia Americe, el organismo defensor de los derechos humanos localizó a la persona que tenía al varón. La restitución, sin resistencias, se concretó en septiembre de aquel año. La recuperación de María Eugenia fue más compleja.

“Entre todas las fotos que llegaban a diario a Abuelas, un día encontré una que me dijo que era ella”, recordó la mujer acerca de su hija, que hoy tiene casi 40 años. La niña, de entonces casi diez años, tenía otro nombre, otra fecha de nacimiento. Sin embargo, Abuelas llevó el caso a la Justicia, que ordenó un estudio de histocompatibilidad con sus dos hermanos –los niños que el matrimonio tuvo en Brasil– y los padres: “Los resultados salieron altísimos”, apuntó Ana María, y el juez Antonio Borras ordenó su restitución.

Pero el apropiador, el policía Rodolfo Silva, se opuso e intentó secuestrarla una segunda vez. “Las Abuelas fueron a hablar con el presidente (Ricardo Alfonsín) y la foto de la nena llegó a la televisión.” La restitución se completó en noviembre. Silva y su esposa fueron condenados a dos meses de prisión. 
Fuente: Pagina12 
Envío:Agnddhh


08.05.2014
testimonio de ana maría caracoche en el juicio por los crímenes en la cacha
"Somos los únicos padres vivos de niños desaparecidos" 
Durante ocho años, Ana María Caracoche buscó a sus hijos. A María Eugenia, su hija mayor, la había secuestrado en 1977 una patota de la Bonaerense que irrumpió en la casa de un matrimonio amigo con los que la había dejado. 

Felipe, su segundo hijo, fue dado en adopción poco después, cuando ella fue secuestrada en Berisso. "Nosotros somos los únicos padre y madre vivos de niños desaparecidos", recordó la sobreviviente ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata en el juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de La Cacha.

Caracoche fue la primera testigo de la vigésima segunda audiencia del debate en el que se juzga a 21 policías, militares, penitenciarios y civiles por los secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones cometidos en ese campo de exterminio que funcionó durante la dictadura cívico-militar en las afueras de La Plata.

La testigo recordó que su hija María Eugenia tenía poco más de un año cuando fue secuestrada el 16 de marzo de 1977. Ese día, una patota de la policía de Ramón Camps irrumpió en la casa de la familia Sabino Abdala, en el barrio platense de Los Hornos, donde la había dejado mientras hacía trámites.

Su padre, Oscar Gatica, vivía en la clandestinidad luego de haber permanecido secuestrado en 1976. Tras ese episodio, Caracoche se refugió en la casa de un amigo, Roberto Amerise, en Berisso, donde fue secuestrada un mes después. Estaba con su hijo, Felipe, que fue dado en adopción.

Para ese momento, la nena ya había sido anotada como propia por el comisario en actividad Rodolfo Silva. Pero la mujer debió esperar siete y ocho años para saber dónde estaban sus hijos.

Caracoche contó que fue detenida en La Cacha donde la torturaron. "Me decían que los chicos estaban con sus abuelos, en Mercedes, de donde somos oriundos", recordó. Allí permaneció hasta el 26 de mayo. La búsqueda comenzó tras su liberación. Primero en la Argentina, luego desde Brasil, donde se exilió.

Allí conoció a las Abuelas de Plaza de Mayo gracias a quienes pudo reencontrarse con sus hijos. Primero logró recuperar a su hijo y un año después, encontró a su hija.
Fuente:TiempoArgentino
Envío:Agnddhh

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