OPINION
Mayos de todos los tiempos
Imagen: Télam
Movilizaciones separadas de aliados de ayer. Moyano convoca con dificultades propias o causadas por la parentela. Cuarenta años del último 1º de mayo con Perón. Lo que vino después, qué fue de la vida del Estado benefactor. La clase trabajadora, hoy día. Algo sobre igualdad, impuestos y derechos sociales.
Por Mario Wainfeld
Los grandes embotellamientos urbanos del fin de semana largo no los produjeron los piquetes de movimientos sociales o gremiales. Fueron motivados por el recital de Violetta, que congregó a una muchedumbre de porteños y agrió la cotidianidad de otros muchos. Los medios audiovisuales dominantes apenas rozaron los embotellamientos pero no les dieron micrófono a los automovilistas perjudicados.
Amarretearon la palabra “caos” que tiene raíz en la dictadura y que les gusta tanto: la reservan para las protestas de los morochos. Tampoco “quisieron preguntar” sobre el cachet de la artista, afán que los atrapa cuando de recitales K se trata. Este cronista aclara que los espectáculos populares, masivos y gratuitos le parecen (en principio) bien ya que permiten un esparcimiento no siempre accesible para multitudes. También es lógico que los creadores cobren por su actuación, que les resta potenciales auditorios en otras convocatorias. Lo único que se cuestiona acá es la eterna doble vara con que se miden circunstancias similares.
Circula en un carril similar el conflicto entre el sindicato de camioneros y la empresa Techint. Hace tres años, apenas ayer, el secretario general de la CGT opositora, Hugo Moyano, hubiera gozado del privilegio de ser tapa de los diarios hegemónicos. La fotito de su cara hubiera ornado los semaforitos rojos y, acaso, hubiera merecido una caricatura con las manos ensangrentadas. Ahora, como los antagonistas forman parte del frente republicano anti kirchnerista, se reversiona una categoría maoísta: el conflicto es leído como una contradicción secundaria en el campo del pueblo. Por lo tanto, se lo oculta todo lo que se puede.
El hombre no ayuda. No es novedad: siempre fue un protagonista despectivo de la opinión pública. A menudo parece que disfruta hiriendo sensibilidades de sectores medios o ciudadanos en generales. Hugo no cambió, sí el contexto. Por lo pronto, tiene ambiciones políticas proselitistas a las que dispara un tiro en los pies a diario.
La familia no coopera, por ponerlo con ternura. Su hijo Pablo anuncia torrentes de sangre para ilustrar un conflicto gremial con la Municipalidad de Quilmes. Augura, más macabro que inteligente, “uno, dos, tres muertos”. Por ahí no dijo “seis, siete, ocho” para no provocar alegría y repeticiones en el programa homónimo. De cualquier modo su verba exaltada lo alejó hasta del papá, que no es precisamente melindroso ni parco en hipérboles.
El viraje de Hugo Moyano a la política arroja, hasta acá, un saldo desolador. Uno de sus enconos con el Gobierno fue la magra cantidad de lugares en la lista de diputados. Le iban quedando dos, su hijo Facundo y Omar Plaini. El canillita (no taaan parecido al inmortal personaje de Florencio Sánchez) le sigue reportando gremialmente mientras transita hacia el “espacio” del gobernador Daniel Scioli. Fue candidato con Francisco de Narváez pero se suma al conjunto que piensa que las listas no son un compromiso de pertenencia, sino un transfer al Congreso.
El 1º de mayo y sus estribaciones, de las que se hablará en el apartado siguiente, muestran divisiones en la variopinta coalición que participó en el paro general de abril.
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Cada cual con su Plaza: Ya durante la jornada de la huelga, Moyano y sus adláteres mostraron fastidio por el modo en que se repartía el capital simbólico. Estaban convencidos de que el éxito de la medida lo había garantizado el paro de transporte mientras los cortes o piquetes de la izquierda le restaban centralidad y mérito a la CGT. El problema no era sólo quién capitalizaba o cuánto: tenía que ver con que Moyano congregaba pero no conducía a sus aliados. Todos se detestan, los une el furor anti oficialista y poco más.
Mientras los compañeros de ruta (desde Luis Barrionuevo hasta la izquierda clasista, pasando por la CTA de Pablo Micheli) clamaban por escalar con los paros, “el Negro” hacía sus cuentas. Le daban diferente.
Esas divergencias se traducirán en este mes.
La izquierda citó a la Plaza histórica el 1º de mayo. La CTA opositora irá por su lado el jueves 8. Y las huestes de Moyano-Barrionuevo tratarán de colmarla el 14 de mayo. La fragmentación estaba cantada.
A Moyano tampoco lo solaza la yunta con Barrionuevo, un impresentable que disfruta siéndolo. Allegados del jefe cegetista despotrican por lo bajo o en off the record: calculan que Luisito suma poco en la calle. Dicho de modo simbólico: participa en el asado, suele hablar como si se embriagara pero aporta poca carne.
El desafío es alto para Moyano porque los actos “cuentan las costillas”. Y debe precaverse de desbordes en las calles que ni sus protectores mediáticos podrían disimular plenamente. Hábil en el espacio público, el camionero sabe que para anticipar problemas hay que movilizar laburantes y militantes evadiendo que se sumen lúmpenes y barras. Se puede, desde ya, con mucha organización... pero con Luisito de copiloto no está asegurado. Habrá que ver.
El rumbo futuro se irá viendo. En el corto plazo Moyano esquivó otro paro general y tal vez la tregua del Mundial le permita patearlo para más allá de junio. Claro que la tribuna en la plaza entusiasma: a veces el orador se delira y se embreta solo. Habrá que ver.
Desde luego, la división del gremialismo opositor no obsta a que sus acciones afecten al oficialismo. Queda por dilucidarse el cuánto y el cómo.
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Aniversario y recorrido: Se cumplieron cuarenta años desde el último 1º de mayo con el presidente Juan Domingo Perón en la Casa Rosada. Ese acto dramatizó y anticipó el fracaso del tercer gobierno del líder justicialista, prenunciado trágicamente el 20 de junio de 1973 en Ezeiza.
La perspectiva histórica devela que faltaba poco más de un mes para que Perón se despidiera de su pueblo desde el histórico balcón. Se llevó en los oídos la más maravillosa música y dejó una de tantas frases imbatibles del discurso político. Murió el 1º de julio, dos meses después de apostrofar a los imberbes y de elogiar al movimiento obrero. Designó como heredero al pueblo y dejó como albaceas a la vicepresidenta
Isabel Perón y al ministro José López Rega.
Menos de un año después llegaría el Rodrigazo. Fue el sacudón local que tradujo el fin de los “treinta años gloriosos” transcurridos desde el ’45 en buena parte de Occidente y en la Argentina. Los procesos fueron simultáneos, lo que es muy significativo para quienes leen la historia en clave parroquial. Pero también fue notable el altísimo nivel comparativo que alcanzaron acá el Estado providencia, las conquistas sociales y la distribución del ingreso.
El contexto propicio se empiojaba pero fue necesaria la acción deliberada en sentido contrario para desbaratar tanto progreso. La dictadura y su represión tuvieron en la mira los logros esenciales del primer peronismo que se sostuvieron, con vicisitudes, hasta su tardío regreso sin proscripciones. El neoliberalismo de los gobiernos surgidos en 1989 y 1999 completó una faena perversa.
La recuperación y la reparación demoraron hasta el siglo XXI. El kirchnerismo emprendió el camino opuesto, generando millones de puestos de trabajo y recreando una institucionalidad diferente. De cualquier forma, la historia no admite regresos lineales ni repeticiones. La estructura actual de la clase trabajadora es muy diferente a la de antaño, aun con tanto terreno recuperado. Si se suman a los desocupados y a los informales, se tiene un primer trazo: 40 por ciento de los laburantes sin acceso a derechos esenciales.
La diversidad de ingresos acrecienta la desigualdad interior de la clase trabajadora. Sobre ese esquema novedoso y arduo deben pensarse las acciones públicas del futuro. Un debate complejo del que poco se habla ya en plena campaña electoral.
Un abanico de políticas sociales inimaginables en los años dorados es parte de la solución, que no toda. La Asignación Universal por Hijo (AUH) es la piedra basal. Clama en la coyuntura por un aumento que subsane su pérdida de valor adquisitivo a manos de la inflación de los últimos meses. Y en lo institucional por la instauración de un mecanismo de ajuste automático y pautado, que de-saliente acciones discrecionales y asegure previsibilidad.
El programa Progresar, cuya implementación encuentra dificultades previsibles desde el vamos y no por ello menos severas, es otro derecho incorporado que va en el mejor sentido.
En estos mismos días, el sindicato de los aceiteros firmó su convenio colectivo. Es la crema de la clase, dada la prosperidad del sector empresario y la representatividad de sus dirigentes. Según informan éstos, el salario mínimo supera los diez mil pesos lo que al unísono es meritorio y revelador de la severa diferencia que existe en el abanico salarial.
Ante tanta desigualdad, los trabajadores con ingresos elevados deben tener el deber de ser solidarios con sus más desfavorecidos hermanos de clase. No sólo hablando de ellos, sino también tributando. Por eso, cree el cronista, es injusto reclamar la abolición del “impuesto al trabajo”, mal apodo del Impuesto a las Ganancias.
Esta enunciación general no convalida el demasiado bajo mínimo no imponible actual ni la sensatez de la descangayada escala respectiva. Ni tampoco implica negar la necesidad de una reforma impositiva progresiva que, todo lo indica, ya no formará parte de la agenda del Gobierno actual.
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Más marchas, más Plazas, más cuestiones: Una movilización de trabajadores de la economía popular agitó las calles porteñas. Se dieron cita entre otros colectivos campesinos, empresas recuperadas, cooperativas, cartoneros. Son nuevas modalidades de trabajo y organización. Emergieron como estrategias de supervivencia desde el año 2000, encontraron cobijo y respaldo estatal en la etapa actual pero sin alcanzar los niveles de otros compañeros. La movida sumó a agrupaciones kirchneristas y opositoras, lo que da cuenta de la vastedad del movimiento social y de un buen grado de autonomía relativa.
La militancia kirchnerista se juntó en un plenario de tono convalidatorio aunque, aseguran los asistentes, con alto nivel de participación y debate.
El oficialismo prepara uno de sus actos habituales en los 25 de Mayo, combinando movilización política y recital de artistas populares. La capacidad de convocatoria del kirchnerismo sigue siendo alta, muy distante a la de sus rivales políticos.
La disputa por el espacio público es consustancial al sistema democrático, muy particularmente en la Argentina. De cualquier manera, como lo probaron los hechos del ’74, expresa una parte de la sociedad.
Claro que ese sector es minoritario, casi por definición. Las mayorías populares se expresan cabalmente en la elección de las autoridades que es un puntal que se sostiene desde 1983. Una continuidad jamás vivida.
Las preferencias políticas generales con vistas a las presidenciales, intuye este cronista, no han variado tanto desde octubre del año pasado. Se han reordenado, eso sí, con el surgimiento de candidaturas presidenciales en el FpV y la conformación del Frente Amplio Unen. Su devenir sigue abierto, sujeto a la destreza de los protagonistas y a los desempeños del Gobierno, que en democracias instaladas suelen ser decisivos para que el pueblo elija a sus sucesores.
Tinelli, el regreso
Por Mario Wainfeld
Marcelo Tinelli regresó a la tevé y, en lo que a esta columna concierne, le dedicó su tiempo a “atender” al Gobierno. Recorrió, sarcástico, presuntos diálogos con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. Se victimizó en su tono habitual de muchacho langa, tan de moda en los medios y en nuevas estrellas de la dirigencia política.
Se dirigía a una audiencia de millones de personas, deslizó algunas menciones sólo comprensibles para un puñado de iniciados (unos “pocos” miles, pongamos), como la referida a un logo que le habrían rechazado. Algo así como un mensaje cifrado. Bromeó sobre supuestos permisos o vetos para hacer imitaciones. Un tono opositor no partidista recorrió su mensaje, matizado con guiños al gobernador Daniel Scioli.
El Grupo Clarín propagó esos comentarios cual si hubieran sido pronunciados por otro “cuervo” ilustre: el papa Francisco. El rating endiosa, qué tanto.
Para el oficialismo será un grano el tono zumbón de Tinelli. Necio sería replicarlo en la tele, donde el hombre juega de local. Lo mejor es dejarlo correr sin entrar en payadas ni en polémicas que siempre se inclinan contra “la política”. El cualunquismo tiene su rating y su gravitación. Tinelli lo expresa como pocos, sobre todo porque maneja registros variados, no siempre se encasilla y casi nunca se enoja.
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De cualquier modo, conviene no creer a pie juntillas los mitos urbanos que agigantan exagerar el potencial del conductor-animador. Ni fue el causante de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa ni de la derrota del kirchnerismo a manos de Francisco de Narváez en 2009. Esos fenómenos derivan de una multiplicidad de variables, cifrarlos sólo en un programa de tevé es un reduccionismo tan tentador como errado. Un simplismo trivial y seductor, como suelen ser los mensajes de la tele.
El gobierno de la Alianza fue un desastre que construyó su propia salida. Y el resultado de las elecciones de 2013 (año sabático para Tinelli), tan similar al de 2009, incita a pensar que los hechos históricos son multicausados y no lineales consecuencias de un programa de tevé.
ShowMatch puede mortificar o visibilizar a gobiernos o protagonistas. Si pudiera ganar elecciones y consagrar presidentes, ya lo estaría haciendo en favor del propio Tinelli. La ambición de los empresarios poderosos no tiene límites. Si sueñan De Narváez y el jefe de Gobierno, Mauricio Macri (que sólo aprovecharon la fortuna que hicieron sus familiares), qué no querría para sí Tinelli, que “la hizo solo”.
El Gobierno se buscó solo el entuerto. Se equivocó al intentar asociar a Tinelli en el Fútbol para Todos. Es imposible un acuerdo leal con quien tiene una cuota relevante de poder, nula responsabilidad social, un ethos individualista e intereses personales irrenunciables.
Todo contrato con vedettes de ese porte es disfuncional para los intereses públicos, desigual desde el vamos y sujeto a los caprichos y negocios del “socio”.
El error no forzado se pagará en cuotas. Con todo, no deben exagerarse los cálculos anticipados sobre los costos ni caer en lecturas apocalípticas sobre el poder de las cámaras. Por todo lo dicho y porque el empresario-conductor-dirigente de fútbol no se somete a dogmas ni tiene convicciones permanentes: su conveniencia es móvil, cual pluma al viento.
Fuente:Pagina12
panorama político
Humanizar a Juan Domingo Perón
Después de 40 años, el revisionismo también debe animarse al histórico desencuentro entre el General y Montoneros en la Plaza.
Por: Hernán Brienza
Para aquellos que aman la historia reciente de nuestro país, esta semana se produjo uno de esos hechos que siempre alimentan la revisión constante de nuestro pasado. En Página 12, Horacio Verbitsky realizó una lúcida nota sobre los acontecimientos que habían ocurrido hace exactamente 40 años, el Primero de Mayo de 1974, en la Plaza de Mayo, cuando el conductor del Movimiento Justicialista, Juan Domingo Perón, y la Organización Montoneros, sellaron su desencuentro final, rubricado, sobre todo, por la muerte del líder apenas dos meses después. Mucha agua y mucha sangre corrió bajo el puente de las operaciones políticas sobre ese episodio. Desde las operaciones políticas de la derecha peronista que, amparada en el latiguillo "Perón echó a los Montoneros de la Plaza", realizaron cualquier tipo de tropelías políticas, morales y discursivas, sin olvidar tampoco el autocomplaciente "Perón no nos echó, nosotros decidimos irnos", se han tejido todo tipo de mitos respecto de ese "desencuentro" trágico y final.
La nota de Verbitsky, entonces, es una buena noticia porque ampara a muchos que desde hace más de una década hemos venido intentando revisitar los tópicos y lugares comunes de esa historia. Hasta ahora, los grandes lineamientos de lectura habían sido dos: la visión del Perón infalible, que combate a los "zurdos" y hace tronar el escarmiento contra los infiltrados y, por consiguiente, condena a Montoneros al Hades de la historia, o la visión de los "muchachitos heroicos" que ante la "traición" desembozada de su líder, decidieron enfrentarlo desde el lugar de la "pureza revolucionaria".
"Nadie estuvo a la altura de la responsabilidad histórica ni de sus propios antecedentes y todos contribuyeron a la tragedia –escribe el autor de Ezeiza y Robo para la Corona, entre tantos libros–. Ya viejo y enfermo, Perón no pudo controlar las fuerzas que había desatado en los años previos y en vez de apaciguar el conflicto lo incentivó. Tal vez por la cristalización ideologista de su pensamiento, en parte por su largo alejamiento del país, no supo calibrar el efecto de su brusco giro sobre una fuerza donde los más grandes no pasaban de los treinta años y se atragantaban con textos incomprensibles. Desde España estimuló aún sus operaciones más discutibles, pero cuando esa lucha culminó con su retorno triunfal la enfrentó con acritud. Quienes entonces formábamos parte de Montoneros podemos reivindicar el heroísmo y las convicciones en el empeño contra la dictadura y por una sociedad menos despiadada con los débiles, pero no defender la contestación precipitada que dimos al cambio de discurso y práctica de Perón. Esa respuesta fue al mismo tiempo prepotente e ingenua (…) Ante la insultante respuesta presidencial los militantes dieron media vuelta y emprendieron la retirada, mientras sus desorientados responsables trataban de contenerlos. Nada revela mejor la falta de conducción, la ausencia de análisis sobre las consecuencias de los propios actos. Los dirigentes de ese sector ni siquiera fueron capaces de prever que a Perón le quedaban sólo dos meses de vida y que aunque más no fuera por eso era aconsejable la prudencia. Por muchos que fueran (y eran muchísimos) sólo representaban al activismo, que demasiado a menudo se confunde con el pueblo."
Es más que interesante el análisis de Verbitsky, claro está, y sobre todo porque permite volver a administrar las piezas del tablero. Hace unos años, relaté en este mismo diario el encuentro secreto que en el invierno europeo de 1973 –verano porteño–, Perón mantuvo con la cúpula de Montoneros. En ese cónclave, el viejo líder le ofreció a la "juventud guerrera" el Ministerio de Bienestar Social para continuar el trabajo iniciado por Eva Perón en la Fundación que había llevado su nombre durante la primera experiencia peronista. En su esquema de poder, Perón había analizado varias cuestiones: 1) Debía comprometer a la juventud en el proceso democrático, 2) El espacio de las políticas sociales podía ser acorde al ímpetu "revolucionario" de la muchachada, y 3) Era necesario formar a la juventud en el manejo de la cosa pública para afrontar la inevitable renovación de cuadros y el trasvasamiento generacional que, según él creía, se avecinaba.
En esa reunión, los máximos dirigentes de Montoneros le contestaron negativamente a la propuesta de Perón y quizás, hoy es fácil decirlo, cometieron uno de sus principales errores políticos. Ellos le dijeron al viejo general que no querían comprometerse con un Estado capitalista sino que querían transformarlo, revolucionarlo, socializarlo. Perón comenzó a enterarse de qué iba la cosa y unas semanas más tarde, decidió darle el ministerio a un personaje menor como José López Rega, que desde ese lugar comenzó a construir un poder que se acrecentó día a día.
Sin dudas, esa reunión es el primer antecedente del desencuentro entre Perón y Montoneros y, seguramente, ese no rotundo volvería a sonar una y otra vez en la cabeza del conductor del Movimiento. Ezeiza, claramente, fue el segundo capítulo de ese drama. Mucho se ha dicho sobre la masacre de ese 20 de junio de 1973. Pero nadie ha dicho que la principal víctima de operación política fue el propio Perón. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que, después de estar 18 años ausente de su patria, un líder político puede regalar la apoteótica imagen de ser recibido por tres millones de personas para llevar adelante una jugarreta interna? Es impensable, excepto que el fanatismo nuble la razón de quien se anima a sugerir esa hipótesis.
El tercer punto en cuestión es el asesinato de José Ignacio Rucci. Atribuido a una facción no peronista de Montoneros para marcarle la cancha a su propia conducción, ese crimen –tal como lo califiqué en una nota del diario Crítica de 2008– es una de las aberraciones más grandes de la historia política de aquellos años. "Cortarle las piernas" a Perón, como el propio líder lo describió, fue apuntar también contra el célebre Pacto Social que estaba dando buenos resultados hacia ese cuarto trimestre de ese convulsionado año 1973.
Al primero de mayo de 1974, Perón y Montoneros llegan con las relaciones fracturadas. Desde la plaza, los militantes de la "orga" insultan a Estela Martínez, al "Brujo" José López Rega, al propio Perón lo tratan de cornudo, cuestionan el Pacto Social y la formación del Gabinete de ministros. Perón, enojado, estalla y los acusa de "estúpidos" e "imberbes". Las palabras de Perón son de una precisión quirúrgica. No los trata de traidores e infiltrados –aunque utiliza unos párrafos después esos términos– sino de inexpertos, de ser poco inteligentes. Y, quizás hoy, sea pertinente decir que es posible que Perón tuviera razón en esa categorización. No parece haber sido el razonado análisis de la correlación de fuerzas lo que llevó a los líderes de Montoneros al enfrentamiento con el General sino la desatada soberbia de la inexperiencia política.
Prueba de que Perón no rompió con Montoneros ni los echó de Plaza de Mayo es el relato, contado por el propio Oscar Alende, de lo que sucedió cuando el presidente volvió del balcón. El bisonte se le acerca y le reprocha: "Pero, General, ¿qué pasó con la juventud? Se le fue la mano." Perón lo mira y le responde: "Bueno, de vez en cuando hay que darles un tirón de orejas a los jóvenes, pero no es nada." Y lo mira a López Rega y le dice: "Ojo con tocar a los muchachos. No quiero que ocurra absolutamente nada y usted es el responsable." De inmediato, cita a Carlos "El Chango" Funes y le ordena que organice una reunión con la cúpula de Montoneros. Me consta, por entrevistas personales, que esa reunión estaba pactada para el 1 de julio. Como se sabe, esa reunión no pudo realizarse por la muerte del mismo General.
Una acertada mirada sobre los sucesos de 1974 nos debe ayudar, también, a mirar el presente. Los errores cometidos por la izquierda peronista –el sectarismo, el encapsulamiento, el alejamiento del sentido común de las mayorías– tienen que alumbrar hoy cualquier tipo de lecturas sobre el presente. Y, además, permite hacer una crítica a la izquierda peronista y mirar con una mayor comprensión del "Perón que regresa" sin ser atacado ni acusado de fascista por muchos de quienes vivieron esa época.
Por último, me gustaría proponer un juego imposible y digno de un "imberbe" como quien escribe: ¿Qué pensarían hoy los sectores no peronistas del kirchnerismo si, supongamos, una facción de un sindicato que corre por izquierda al gobierno asesinara a la mano derecha de Cristina Fernández de Kirchner? ¿Qué pasaría si en una manifestación esos mismos sectores, con gorritas verdes, imaginemos, se dedican a insultar la memoria de Néstor Kirchner e insultan permanentemente a la presidenta disputándole la conducción del actual momento histórico? La extrapolación no tiene sentido, claro. Y no es más que un juego perverso.
Pero sirve para comprender un poco más el lugar de Perón en aquellos turbulentos años. Un Perón que tenía cerca de 80 años. Pensemos también en esa dimensión humana para juzgarlo. Ochenta años. Cualquiera que tiene un padre o un abuelo de esa edad sabe lo que eso significa. Imaginen a su padre o a su abuelo, con todas las falencias, deficiencias físicas, volitivas, emocionales, psicológicas y mentales, en el lugar de Perón. Una mirada humana sobre los protagonistas de la historia, también nos humaniza a nosotros como observadores. Y nos hace más "sabios" y más "prudentes", digo, por utilizar las palabras de Perón en aquel discurso del 1 de mayo de 1974.
Fuente:TiempoArgentino
Cristina, Germán y la vieja SIAM
Año 7. Edición número 311. Domingo 04 de Mayo de 2014
Por Jorge Giles
argentina@miradasalsur.com
Año 7. Edición número 311. Domingo 04 de Mayo de 2014
Por Jorge Giles
argentina@miradasalsur.com
(TELAM).
Opinión.
“Me parezco al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa”.
Quizás llegó la hora de llevar colgada al cuello la foto de una heladera SIAM para mostrar al mundo cómo es el país que estamos construyendo.
Cristina, la presidenta de los argentinos, viene de inaugurar la reapertura de la histórica fábrica de estas heladeras que fueron una marca en el orillo de la nación que fuimos y la que seremos definitivamente, si así nos proponemos.
No es un dato menor. Así como decimos que nosotros somos aquellos que pudimos transformar nuestros viejos dolores y ausencias en un proyecto de vida esperanzador, diremos también que la Argentina convierte el frío que nos tiran desde afuera y desde adentro, en abrigos, en viviendas, calefacción y hornos para calentar el pan de cada día y dar cobijo a cada vez más compatriotas. Y con el frio que resta, hacemos heladeras tan fuertes y eternas como la blanca SIAM que heredamos de la abuela.
Que los necios y cobardes sigan batiendo los tambores de la guerra; este pueblo que somos seguirá cantando y cuidando sus victorias.
Hablando de estas mismas cosas, el 18 de mayo de 1990 Germán Abdala brindó una charla en la sede de ATE en la ciudad de Posadas, provincia de Misiones, que hoy es útil y necesario volver a repasarla.
Corrían años de traición y neoliberalismo. El menemismo promocionaba la modernidad como sustrato y fundamento del olvido. Aquí pasaba lo que hoy está pasando en Europa. Empezábamos a ser reconocidos como “el mejor alumno del FMI”. La desmemoria era funcional al papel que el capitalismo salvaje le tenía reservado a la Argentina. Hablar de Estado de bienestar, entonces, era como evocar la época de los dinosaurios. Lo moderno era hablar de “tecnología de punta” para ocultar los niveles de desnutrición infantil y los ferrocarriles y los puertos y las fábricas que cerraban.
Y la voz de Germán era un faro para muchos de nosotros. En un momento de aquel discurso, dijo Germán, con esa picardía y talento de muchacho peronista que lo distinguía:
“¿Qué es la tecnología adecuada? Es lo que significó el peronismo en los años 45… A este hecho de que “los males de este país los tiene el peronismo” yo digo que sí, los tiene el peronismo, ¿saben por qué?
Porque inventó la heladera, la SIAM, porque cuando se empezó a hacer y vender más la SIAM, que era un cajón, un armatoste, a querosén al principio, cuadrada, fea, pero los trabajadores que tuvimos acceso a esa heladera empezamos a comprender que la manteca duraba más tiempo, que la leche se conservaba más, que había que llenarla, que podríamos comer otro tipo de cosas, entonces ahí vienen los problemas, entonces ahí nosotros decimos no queremos la tecnología computarizada que nos dice en qué momento tiene el frío justo o para qué queremos el horno microondas, lo que queremos es tener una cocina que funcione con gas y que pueda hacer todas las cosas, que funcione, no lo de punta, lo lujoso, lo suntuoso, sino lo adecuado. Entonces lo que discutíamos con ellos era esto, lamentablemente ni ellos entendieron, ni nosotros pudimos implementar lo nuestro.”
El fragmento que siguió es ilustrativo del país de dónde venimos.
Búsquenlo y después me cuentan.
Una semana atrás, 20 mil militantes del movimiento nacional, popular y democrático se reunieron para debatir la marcha de las cosas cotidianas y el estado de salud del proyecto de país que lidera y conduce Cristina Fernández de Kirchner.
Si a la recuperación de YPF, de los ferrocarriles y de la heladera SIAM le sumamos este hecho político, permítannos afirmar que de este país ya no se vuelve fácilmente.
Es como para escribir un poema renacentista de nuevo cuño que podríamos titular: “20 mil almas y ningún choripán”.
Se discutió y debatió sobre Trabajo y producción; Educación, ciencia y tecnología; Gestión, desarrollo local y federalismo; Urbanización y vivienda; Comunicación y batalla cultural; Pensamiento nacional; Recursos estratégicos y recuperación del Estado; Política económica; Justicia, Seguridad y Derechos Humanos; Patria Grande y política internacional y Políticas de inclusión social.
20 mil militantes y no hablaron de candidaturas. Hablaron de proyecto de país. Hablaron de futuro.
“¡No te puedo creer!” diría el escéptico que no fue.
Habrá que difundir y replicar este hecho en cada rincón donde haya patria. Y donde no la haya, mucho más, para contagiar.
Pongamos en valor histórico este plenario de la militancia. Y hagámoslo desde la acidez de un supuesto contrafáctico: ¿qué hubiese pasado si en lugar de 20 mil hubiesen llegado hasta La Matanza ese día sólo 2 mil militantes?
¿Y qué hubiésemos dicho si el debate se hubiese teñido por la discordia, la crispación, la crítica interna feroz, las internas de grupos, la lucha sin cuartel entre candidatos?
¿O qué hubiésemos pensado si para evitar esto último se optaba por no hablar, no debatir, no brindar un mensaje como el que brindó Carlos Zannini sino apenas leer un documento presuntamente “consensuado”, como lo hace la oposición cuando se rejunta en un teatro o en una calle cualquiera?
Esa militancia kirchnerista es lo único nuevo que existe, dijo Zannini.
¿Y saben por qué? Porque es la única que expresa con la idea y con la acción la unidad latente y viviente en las bases de la sociedad.
La militancia nacional y popular estuvo fragmentada cuando la sociedad lo estuvo.
Este acople con la realidad estructural de la Argentina es lo que hace crecer a esa militancia. Y al revés: el desacople opositor con la realidad real lo torna gris, pesimista, fragmentado, desesperanzado y presa fácil de la agenda de los poderosos financieros y mediáticos.
En el 2015 el proyecto nacional revalidará sus mejores títulos. No es una expresión de deseos. Solamente.
Es lo que demuestra la piel de la sociedad.
El pueblo y su militancia están. El Estado está. La historia está. El amor está. El proyecto político está. El liderazgo está.
Eso sí: hagámonos cargo de tanta alegría.
Fuente:MiradasalSur



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