12 de junio de 2014

LA PLATA-LA CACHA: ES LA SEGUNDA VEZ QUE ETCHECOLATZ HABLA EN ESTE JUICIO.

11-6-2014
La Cacha
Es la segunda vez que Etchecolatz habla en este juicio
“No íbamos a permitir la intromisión de insectos foráneos”

Lo dijo el represor Miguel Etchecolatz en una nueva audiencia en el juicio por La Cacha, en La Plata. Se refirió a "los que llegaban desde Cuba, no sólo personas, también ideas. El ex comisario intentó desligarse del asesinato de Marcelo Bettini, un militante de Montoneros.
Por: Laureano Barrera
Fotos:Sebastian Losada
El ex comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz volvió a dar la nota en el juicio por los crímenes de La Cacha. Sobre el final de la audiencia, volvió a pedir la palabra –como lo había hecho antes en éste y otros juicios- para ensayar un alegato lleno de apreciaciones políticas e ideológicas en el que se adjudicó el papel de víctima de la historia reciente: el objeto de la venganza jurídica de quienes fueron derrotados bajo la ley de las armas en aquél “estado de guerra”. “En todas las guerras de la historia ocurrieron excesos –dijo el anciano-, pero fueron la excepción y no la regla. Se señala como norma lo que es la excepción, y de ahí la arbitrariedad de estos juicios”, se quejó. Y aseguró que durante esa “guerra”, la justicia militar condenó a “más de trescientos transgresores, pero eso no tiene prensa”.

Etchecolatz, visiblemente recuperado del pico de presión que hace dos semanas lo hizo caer pesadamente al piso del estrado, se acercó al banquillo y apoyó sobre la pequeña tarima su vaso de agua. Con la voz carrasposa y el tono sereno, habló al micrófono para despegarse del asesinato de Marcelo Bettini –hermano del actual embajador argentino en España- y el fusilamiento de Luis Bearzi. “Quiero aclarar esta situación del homicidio de Bettini que se me endilga, y de Luis Bearzi. Haré una breve exposición sobre el accionar de las organizaciones armadas en esa época. La pastilla de cianuro era una de esas actitudes voluntariamente aceptadas”. Ninguno de los jueces lo interrumpió, a pesar de una historización que se remontó al derrocamiento de Juan Perón en 1955 para explicar el surgimiento de las primeras “organizaciones subversivas”.

Después enumeró “sólo cinco” manuales de procedimiento Montonero. “Todo revolucionario tiene un arma muy grande para defenderse en la tortura. No tiene que dar información. Nunca es un sacrificio hacerlo por el pueblo”, citó.

El 9 de noviembre de 1976, una patota de la policía Bonaerense lo emboscó en el barrio de Tolosa junto a su compañero Luis Bearzi, que quiso escapar y fue acribillado de tres tiros en el cráneo. Bettini tomó la pastilla de cianuro antes de ser detenido. La Cámara Federal de La Plata lo calificó como un homicidio y lo encuadró como delito de Lesa Humanidad, porque había actuado “coaccionado” para evitar la tortura y la muerte. El policía que dirigió ese operativo fue el jefe del servicio de calle de la Unidad Regional de La Plata, julio César Garachico, uno de los imputados del juicio. En ese momento, admitió hoy Etchecolatz, era director de Investigaciones de la policía bonaerense. “La tesis del homicidio de la Cámara Federal es muy interesante”, dijo con ironía.

La versión de Etchecolatz es que fue un enfrentamiento casual con una patrulla policial que los confundió con delincuentes comunes. “Si sabían que eran terroristas, habría ido más de un vehículo, y se los habría identificado con más vehemencia”, se defendió. “Se dijo que fue un fusilamiento. Se uso una ametralladora Uzi de 1200 balas por minuto. Si no se tiene apoyo firme, oscila. Por eso tres balas eran inevitables" dijo para negar un fusilamiento, demostrando ser un versado en armas largas. Pidió la autopsia sobre el cadáver, el peritaje del vehículo y de las armas.

La declamación siguió con fragmentos de testimonios, algunas inconexas, citas a generales golpistas y entrevistas de autocríticas postreras de montoneros exiliados. Unos minutos después, en un desborde de pasión, se despachó:

- Peligraba nuestra identidad cristiana. No íbamos a permitir la intromisión de insectos foráneos. En esa lucha, unos iban hacia la libertad y otros hacia la muerte. Esa es la verdad.
- ¿A qué se refiere con insectos foráneos?- preguntó Rozanski.
- Los que llegaban desde Cuba, de afuera. No solo personas, también ideas.

Dos fuentes judiciales que participan del proceso y –para no adelantar opinión- prefirieron el anonimato, coincidieron en que las intervenciones recurrentes de Etchecolatz, bajo esa clave de presunto “estado de guerra” que no existió –el poder de fuego del Estado volcado a la represión clandestina de las organizaciones armadas-, solo aporta hacia una confesión de parte de los delitos por los que llega al banquillo. “Negó conocer leyes para castigar a la llamada ‘subversión’, cuando claramente estaba el código penal vigente y la ley llamada ‘antisubversiva’, que es la número 20.840”, explicó una de ellas.

Cómo toda respuesta, Etchecolatz evocó una declaración judicial de Mario Firmenich –jefe montonero- ante el juez Pons en los ’80, y glosó una discusión parlamentaria de 1974 en el que un diputado de apellido Perette pedía la desaparición virtual del Estado de Derecho para enfrentar a las organizaciones revolucionarias: “Hay que perseguirlos hasta su guarida y matarlos como ratas, porque eso es lo que son. Ratas que no quieren la grandeza de nuestro país”, terminaba el lesgislador.

Minutos después, cuando la sala se desalojaba, desde el público llegó un grito:
- ¡Viva Montoneros!

Los acusados también se iban. El “Oso” Acuña se frenó sobre sus pasos. Miró hacia el fondo: había fuego en sus ojos. Un fuego añejo.
- ¡Viva el partido Nacionalista!

Hizo una pausa:
- ¡Ratas!

La reconstrucción
La irrupción del anciano ex comisario fue el cierre de una audiencia accidentada. A primera hora Clara Petrakos, hija de una pareja desaparecida y hermana de una beba -ya mujer- secuestrada del cautiverio de su madre en el Pozo de Banfield, no fue autorizada a exponer la investigación sobre las maternidades clandestinas. Después de crecer con abuelos que fueron padres y una hermana ausente, Clara necesitó unir los pedazos dispersos de ese horror, leyendo testimonios y acudiendo a juicios de apropiación, para adivinar el destino improbable de bebes como su hermana, Victoria, nacidos entre sombras que no escampan hasta hoy. Fue el origen de esa indagación paciente -juicios por la Verdad, fallos judiciales-, lo que impidió su declaración d hoy. El defensor oficial, Martín Adrogué, se opuso porque las sentencias que citaba como fuentes eran sentencias que no estaban firmes, como la del juicio por el Plan Sistemático de Robo de Bebés. El tribunal pidió cinco minutos para deliberar y al regreso, concedió por unanimidad la razón al defensor de los imputados.

- Quiero que entienda que no desvalorizamos en absoluto su investigación- dijo el presidente Carlos Rozanski, y avisó que el informe será incorporado como prueba.
- No lo comprendo, pero usted es el juez- dijo Clara. Y se retiró del estrado visiblemente molesta.

Después expuso María de Monserrat Olivera, que trabaja en un equipo de investigación que desde 1979 investiga el efecto traumático de los abusos sexuales en los centros clandestinos. “Se los cosificaba para usar a los prisioneros como esclavos”, dijo la psicóloga. “La conducta del violador no estaba originada en una patología mental ni conductas aisladas. Era una modalidad utilizada por la jerarquía de la dictadura en todo el país”, agregó.“los secuestrados vivían en un presente continuo, un pasado negado y un futuro imposible”.

Más tarde, Alfredo Tarruela, secuestrado junto a su compañera Alicia Esther Martelotti en el café de capital "Las Cibeles", torturados y liberados, dijo: “nos liberaron en los últimos días de diciembre de 1977, no me acuerdo el día porque no sé ni dónde pasé las navidades. Quedé perdido en el tiempo. Gracias a venir acá reconstruyo un pasado que es muy difícil, que sólo comenté con tanto detalle con ustedes, y eso me deja bien”. Alicia falleció hace poquitos días.

Cuando ya no quedaban testigos, y el presidente del Tribunal anunciaba la inspección ocular a La Cacha para el viernes próximo, el defensor oficial Martín Adrogué se acercó al jurado y, en voz baja, pidió que a su pupilo se le volviera a conceder la palabra. El Tribunal aceptó al instante. Etchecolatz, visiblemente recuperado del pico de presión que hace dos semanas lo hizo caer pesadamente al piso del estrado, se acercó al banquillo de los acusados y apoyó sobre una pequeña tarima su vaso de agua. Al hombre condenado por incontables crímenes contra la humanidad le quedó ese rictus, acaso de los años turbulentos en los que libró su “guerra”: lleva siempre consigo su propia botella.
Fuente:infojus






11.06.2014
También dijo que luchó "contra la intromisión de insectos foráneos"
Etchecolatz: "Teníamos la obligación de reprimir porque el Estado es el poseedor de la violencia"

Cruzados. Etcjecolatz con el cura Von Wernich. Ambos se reivindican como cruzados contra insectos, es decir
El comisario Miguel Etchecolatz, jefe de los grupos de tareas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en las épocas más feroces de la última dictadura, dijo hoy que "el Estado tiene la obligación de reprimir, como última instancia, una vez agotadas las medidas de persuasión, por eso es el poseedor del monopolio de la violencia", en un intento de justificar la represión ejercida por la última dictadura, que tuvo como saldo decenas de miles de desaparecidos y asesinados, encarcelados y expatriados. Lo hizo como imputado en el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino conocido como "La Cacha" (por la bruja Cachavacha, el personaje de Manuel García Ferré que tiene la potestad de hacer desaparecer a las personas) que tramita el TOF nº 1 de La Plata.

"Señores jueces, se vivió en un estado de guerra y por ello el Estado se presentó como única fuente del derecho al uso de la fuerza y en todas las guerras de la historia ocurrieron excesos, pero son la excepción y no la regla", dijo el ex jefe de la Dirección de Investigaciones de la PBA en épocas en que el jefe de "La Bonaerense" era el general Ramón Camps, alías "Chicho".

Ante los jueces que habrán de juzgarlo, Etchecoltatz se quejó "de la arbitrariedad de estos juicios" y aseguró que durante la dictadura él y sus subordinados no lucharon "para matar gente, sino para desterrar la subversión, esa ideología que los argentinos católicos no querían, con la intromisión de insectos foráneos".

"Quienes defendimos la Patria parecemos asesinos seriales de adolescentes jóvenes progresistas", rezongó.
Curiosamente, durante la dictadura anterior, la "Revolución Argentina" que entre 1966 y 1973 encabezaron sucesivamente los generales Onganía, Levingston y Lanusse, Etchecolatz tenía fama de policía "profesionalista" (la misma reputación que tenía Videla).

Hasta el punto de que al escribir en 1969 un artículo sobre "la Bonaerense" titulado "La secta del gatillo alegre" en el periódico de la CGT de los argentinos, el perspicaz Rodolfo Walsh escribió que “El comisario Miguel Etchecolatz es un hombre sensato, buen observador. Cuando se hizo cargo de la primera de Avellaneda, su mayor preocupación consistió en evaluar el personal con que contaba. Del resultado final de esas cavilaciones dio cuenta La Nación el 23 de marzo de este año: ‘un curso de alfabetización para su personal fue iniciado en la comisaría primera de esta ciudad...”.

Después del 24 de marzo de 1976 todo cambió, y con interrogadores "ideológicos" como Beto Cozzani, los tormentos de toda clase, las violaciones sístemáticas de las prisioneras, y los asesinatos aleves incluso de los prisioneros que habían cooperado con los represores a cambio de promesas de conservar la vida, caracterizaron la represión protagonizada por los subordinados de Camps y Etchecolatz, como el juicio de

La Cacha demuestra día a día.
Acaso la conversión de Camps hubiera comenzado antes del golpe cívico-militar, ya que era íntimo de uno de los ideólogos de la Triple A (y director del semanario "El Caudillo"), el italiano Felipe Romeo, quien sería el editor de sus panfletos.

Y es sabido que Beto Cozzani también integró la Triple A.
Fuente:Telam



12.06.2014
el represor amplió su declaración en el juicio que se le sigue en la plata 
La Cacha: Etchecolatz volvió a defender el terrorismo de Estado 
El genocida intentó despegarse del asesinato de los militantes Bettini y Bearzi. Dijo que la dictadura luchó contra "insectos foráneos".
El represor Miguel Etchecolatz volvió a reivindicar desde el banquillo de los acusados al terrorismo de Estado desplegado durante la última dictadura cívico-militar, al ampliar su declaración indagatoria en el juicio oral que se le sigue en La Plata por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino La Cacha.

En su intervención, el genocida intentó desacreditar la acusación en su contra por el asesinato de los militantes Marcelo Bettini y Luis Bearzi, a la vez que justificó la represión para luchar contra los "insectos foráneos".

El ex director de Investigaciones de la Bonaerense en la dictadura y mano derecha del entonces jefe de la Policía, Ramón Camps, se dirigió al Tribunal Oral Federal Nº 1, integrado por los magistrados Carlos Rozanski, Pablo Jantus y Pablo Vega, y les dijo: "Señores jueces, se vivió en un estado de guerra y por ello el Estado se presentó como única fuente del derecho al uso de la fuerza y en todas las guerras de la historia ocurrieron excesos, pero son la excepción y no la regla."

El represor de 84 años, quien cumple la pena de prisión perpetua, aseguró que en la dictadura los uniformados no lucharon "para matar gente, sino para desterrar la subversión, esa ideología que los argentinos católicos no querían, con la intromisión de insectos foráneos". Para el represor, "en esa lucha unos iban hacia la libertad y otros hacia la muerte".

Como lo hiciera en ocasiones anteriores, Etchecolatz también cuestionó la legitimidad del debate en el que está acusado y se quejó "de la arbitrariedad de estos juicios". Sin embargo, esta vez sí aceptó preguntas del titular del Tribunal, Rozanski, quien le pidió que dijera a quién se refería al hablar de "insectos foráneos".

La respuesta fue igual de brutal: "Por ejemplo, lo que provenía de Cuba, no sólo como personas, sino como ideas", contestó el represor. Manifestó además que "el Estado tiene la obligación de reprimir como última instancia, una vez agotadas las medidas de persuasión, por eso es el poseedor del monopolio de la violencia".

En otras intervenciones, también cargó contra las organizaciones armadas que actuaban en los '70, al asegurar que "tomaban pastillas de cianuro antes de caer en manos del enemigo", como lo hacían los jerarcas nazis.

"Quienes defendimos la patria parecemos asesinos seriales de adolescentes jóvenes progresistas", se quejó. En el inicio de su declaración, el represor comenzó a hablar del caso de Bettini y Bearzi, emboscados el 9 de noviembre de 1976 en el barrio platense de Tolosa cuando concurrían a un encuentro político.

"Voy a intentar echar luz a este enmarañado problema que es el homicidio de Marcelo Bettini", señaló Etchecolatz. El ex comisario intentó con su relato despegarse de esta muerte y que, en cambio, sea tomada como un suicidio por la ingesta de cianuro.

La querella plantea que el caso se trató de un homicidio ya que fue provocado al estar el militante cercado por sus captores. Un caso similar, el de María Cristina Lennie, analizado en el segundo juicio oral por delitos de la ESMA, fue tomado como homicidio por el Tribunal Oral Federal 5. Sobre Bearzi, Etchecolatz negó que se tratara de un fusilamiento y habló de "un enfrentamiento con disparos de ambos frentes".

Sostuvo que los efectivos que concurrieron desconocían que se trataba de "terroristas".

Incluso, confesó: "De lo contrario, hubieran acudidos más móviles, y hubieran sido capturados con vida para obtener información."
Fuente:TiempoArgentino

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