26 de junio de 2014

ROSARIO - DIFUSIÓN.

Día de la Juventud Militante 
Frente Darío Santillán 
FESTIVAL CULTURAL 15:00 en Plaza Pringles 
Hoy de 15:00 a 19:00 
Plaza Pringles Rosario Córdoba y Paraguay, Rosario 


El 26 de junio de 2002 más de cinco mil personas pertenecientes a organizaciones piqueteras de la zona sur del Gran Buenos Aires se dirigían a cortar el Puente Pueyrredón, principal acceso entre las ciudades de Avellaneda y Buenos Aires, cuando fueron cruelmente reprimidas por un operativo combinado de cuatro fuerzas de seguridad. 

Dos muertos, más de treinta heridos de bala, cerca de doscientos detenidos y miles de personas huyendo atemorizadas ante el despliegue de una violencia arbitraria y desproporcionada dieron lugar a lo que en muy poco tiempo se recordará como la masacre de Avellaneda: el asesinato a sangre fría de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. 

La tarde de aquel 26 de junio, allá por el año 2002, se expresó quizá como nunca antes el choque de dos formas absolutamente opuestas de ver y enfrentar la vida. En el Puente Pueyrredón, en la ex estación Avellaneda (hoy "Darío y Maxi"), se encontraron cara a cara quienes ese día -como tantos otros- salieron a la calle a exigir lo que le corresponde a los hombres y mujeres dignas, que no es más que lo que les han quitado. Del otro lado, salieron también a la calle aquellos a los que un uniforme y una placa los invitan a custodiar los privilegios de los mismos de siempre, aun a costa de hundir en sangre los sollozos jóvenes de quienes podrían ser sus hijos. Esos dos mundos, aquel 26, chocaron primero en el Puente Pueyrredón cuando hieren a Maxi; y quedaron estampados para la posteridad en la Estación Avellaneda, donde asesinaron por la espalda a Darío cuando éste se disponía a asistir a Maxi, gravemente herido. 

El choque entre esos dos universos es lo que conocemos como la Masacre de Avellaneda, de la cual este 26 se cumplen doce años. 

Pero esta fecha también nos convoca a abrazar, a atesorar profundamente aquellos valores que ni las balas de la Policía Bonaerense podrán acallar. El humanismo de Darío que en medio de las corridas, del repliegue de los miles de compañeros que se encontraban en el puente, se frenó en la estación para asistir a un compañero herido. Y todas las actitudes previas que dan sobradas muestras del coraje y compromiso militante de Darío y Maxi, de esa pibada que entiende que la organización junto a sus pares es el único reaseguro de un futuro de plenitud y dignidad. 

Ese universo de valores y compromiso militante que muchos creyeron haber herido de muerte aquel 26, es el mismo que impulsó a nuestros compañeros Jere, Mono y Patóm a encontrarle otra vuelta a la violencia que quieren implantar en nuestros territorios, a salir al encuentro de esos pibes a los que nadie les ofreció nunca nada, más que un arma, una identidad de atropello y la casi seguridad de figurar fugazmente en alguna crónica policial. La misma violencia que nos convidan cuando pretenden abordar el problema estructural del narcotráfico y su relación con la juventud a través de la Gendarmería. Esos fueron los universos en pugna aquel 26. Esos siguen y seguirán siendo los universos en pugna en lo sucesivo. 

Por eso, este y todos los 26, en el Día de la Juventud Militante, retomamos sus ejemplos, multiplicamos sus luchas!

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