29 de Agosto de 2014
Emilio Grasselli, ex secretario de la vicaría castrense, se presentó en una de las causas por los delitos en campo de mayo
Un cura declaró por fichas de desaparecidosLlevaba registros de víctimas de la dictadura. Pero deslindó en un superior fallecido las averiguaciones que hacía.

N/D y S/D - Son los códigos que solía colocar Grasselli (foto) en sus 2500 fichas de desaparecidos. "No detenido" y "sin noticias", significan - Foto: Gentileza Gustavo Molfino
Durante la última dictadura cívico-militar, los familiares de los desaparecidos hacían cola en la capilla Stella Maris, junto al Comando en Jefe de la Armada, en Retiro, para ver a Emilio Grasselli, entonces secretario de la vicaría castrense. Grasselli tenía acceso a una exclusiva red de relaciones. Era un símbolo del aceitado vínculo que mantenía parte de la Iglesia con el terrorismo de Estado. Eso llevaba a los familiares a acudir, desesperados, a la parroquia buscando un dato que alimentase la esperanza de encontrar vivo a su ser querido. El sacerdote los recibía escoltado por uniformados, anotaba los requerimientos en una ficha y volvía a citar a los solicitantes para comunicarles la información recabada. En algunas de sus alrededor de 2500 fichas, figuraban los nombres de obreros navales y ceramistas cuya desaparición, entre 1976 y 1977, es investigada en el undécimo juicio de la megacausa Campo de Mayo, conocido como "El juicio de los obreros". Por este motivo, quien fuera secretario de monseñor Adolfo Tortolo declaró ayer como testigo ante la justicia federal de San Martín. Se trata de uno de los pocos referentes del Vicariato Castrense vivo. Como tal, guarda muchos secretos. Ayer, Grasselli alegó que no realizaba las averiguaciones de modo directo que le requerían los familiares. Negó también haberle dicho alguna vez a un familiar que dejara de buscar a su pariente. La querella no descarta acusarlo por "falso testimonio".
"En una de las fichas apareció Salvador Miguel Scarpato, un militante de la JTP que está desparecido y estaba relacionado a los obreros ceramistas. A raíz de eso, el juzgado citó al cura como testigo para que explique cómo trabajó esas fichas y qué significaban las anotaciones que hacía en ellas", explicó Pablo Llonto, abogado querellante, a Tiempo Argentino.
Interpelado por el tribunal, Grasselli aseguró que se dedicó a atender a los familiares de desaparecidos –entre 20 y 30 casos por día– por orden del vicario Tórtolo y que confeccionó "cerca de 2500 fichas", ordenadas alfabéticamente. Allí escribía el nombre del desaparecido, su DNI, fecha y lugar de desaparición, además de la fecha en que había realizado la entrevista. "Abajo ponía las respuestas de las autoridades militares", relató. Al costado de los nombres solía escribir dos códigos: N/D y S/N. Consultado sobre su significado, respondió: "no detenido" y "sin noticias".
El sacerdote también aseguró que sabía que las privaciones ilegales las realizaban las Fuerzas Armadas y que él no hacía las averiguaciones directas de los familiares sino que pasaba cada caso a Tórtolo y era el vicario general castrense quien personalmente hacía la gestión ante el Ministerio del Interior y los tres jefes militares. Era el propio monseñor, según dijo Grasselli, quien le daba las respuestas que luego él trasladaba a los familiares. La estrategia de adjudicarle la responsabilidad a Tórtolo no es azarosa. El ex titular de la Conferencia Episcopal en la dictadura, que justificó las torturas, murió impune en 1986.
"Ante la pregunta de si alguna vez informó a los familiares que dejaran de buscar, en referencia a la muerte del ser querido, Grasselli dijo que 'jamás' informó eso. Como hay varios testimonios en diversos juicios que dicen lo contrario, lo denunciaremos por falso testimonio", afirmó Llonto. "Sabe mucho; tiene que contarlo."
Grasselli lloró tres veces e indicó que él colaboró con familias perseguidas. Liliana Giovannelli, pareja del obrero ceramista desaparecido Juan Carlos Panizza e impulsora de la pesquisa en el "juicio de los obreros", sostuvo ante Tiempo: "Parecía una carmelita descalza o un cura tercermundista. Me indignó. En un momento pedí que le preguntaran por qué no había denunciado nada y me respondió que a él no le correspondía, que para eso estaban los familiares. Hasta me quiso explicar qué es un desaparecido. Es un perverso. Quería pasar como alguien que ayudó cuando todos sabemos que fue cómplice."
A Grasselli se lo sindica como el vendedor de una isla del Tigre, llamada El Silencio, al grupo de tareas de la ESMA, que la habría comprado con los documentos de uno de los detenidos desaparecidos. A ese sitio fueron trasladados en 1979 prisioneros cuando se produjo una inspección de la CIDH en ese centro de detención clandestino de la Armada. Al sacerdote también se lo acusó de tramitar las visas de salida de aquellos secuestrados, que la Marina dejaba en libertad de forma clandestina. "Por eso nos da mucha indignación su testimonio", señaló la mujer de Panizza.
No es la primera vez que Grasselli se sienta en un tribunal como testigo. Por eso, sus fichas están en poder de la Cámara Federal de La Plata. El ex secretario de la Vicaría Castrense jamás fue procesado.
Fuente:TiempoArgentino
EL SACERDOTE EMILIO TEODORO GRASSELLI DECLARO EN UNA CAUSA POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD
El cura de las fichas de desaparecidos
Fue citado como testigo por la jueza Alicia Vence por los secuestros de los trabajadores navales y ceramistas de la Zona Norte. Habló de cómo armó su fichero, pero no aportó datos y lo denunciarán por falso testimonio.
Por Alejandra Dandan
Emilio Teodoro Grasselli fue secretario del vicariato castrense durante la dictadura.Imagen: Gustavo Molfino
Llegó temprano, con la cabeza cubierta con un gorro de paño. Se tapó el cuello de cura con una bufanda. Y tenía una campera. A las 9.15 de la mañana, todavía faltaban cuarenta y cinco minutos para la declaración.
El sacerdote Emilio Teodoro Grasselli, aún obispo castrense, ejerció la función de secretario del vicariato castrense durante la dictadura. Ayer tenía cita como testigo en el Juzgado Federal de San Martín de Alicia Vence para declarar por los secuestros de los trabajadores navales y ceramistas de la Zona Norte. Grasselli tenía registrados en aquella época varios nombres en fichas que, durante años, rellenó con datos de desaparecidos. Para sorpresa de las querellas, el cura se presentó. Habló durante tres horas. Dio algunas claves de lectura de las fichas, pero no recordó nombres y no aportó datos. Los querellantes están convencidos de que, además, “mintió”. El análisis de sus fichas con unos 2500 casos está impulsando presentaciones en otras causas.
“Para nosotros resultó un testigo reticente”, dice Pablo Llonto, abogado querellante de las causas de San Martín. “Habló durante tres horas, pero evidentemente hay cosas que sabe y no cuenta. Vamos a hacer una presentación por falso testimonio.”
Llonto se refiere en especial a una respuesta. Entre otros, le preguntaron por Arnaldo Hugo Rivas, un obrero naval de Astilleros Astarsa, desaparecido el 4 de mayo de 1976. Uno de sus familiares vio a Grasselli en aquel momento y el cura le respondió que no lo busquen más, sugiriendo que lo habían matado. Ayer preguntaron por eso. Las querellas querían conocer datos sobre los canales de información. Porque además dio respuestas semejantes a otros familiares. Pero Grasselli dijo que no dio ese tipo de respuestas: “En este tema hay testimonios de sobra de familiares que dicen que Grasselli se los dijo –explica Llonto–. Les dijo que no los busquen más, en una clara señal de que la persona estaba muerta. Esta es la parte que consideramos grave de su testimonio, porque es un hecho contundente que está volcado en decenas de testimonios”.
Grasselli fue convocado en la causa Campo de Mayo por las investigaciones específicas de los trabajadores navales y ceramistas. Hay varios de ellos en las fichas.
Una de las personas de las que tampoco dio datos, pero que da cuenta de cómo operaba, es Salvador Miguel Scarpato. La madre de Scarpato vio a Grasselli acompañada por una amiga. Grasselli las recibió con un conscripto. Pidió los datos, el conscripto buscó en un listado y le dijo algo al oído a Grasselli. Luego, el cura le dijo a la madre que su hijo no estaba detenido, pero “seguramente ella sabía dónde andaría” y sugirió que se había ido del país perseguido por sus compañeros. Años más tarde, la hermana de Scarpato encontró a aquella amiga de su madre y declaró estos datos en la causa que aún está en instrucción. Ayer, Grasselli dijo no recordar nada de esto. Al comienzo negó haber tenido ayudantes. Después admitió que “a veces” los tenía. Y más tarde dijo que había conscriptos “acomodados”, algunos de los cuales lo ayudaban.
“No me cabe duda de que asistimos a una testimonial del paradigma de la complicidad de la Iglesia con la dictadura”, dijo Ernesto Lombardi, otro de los abogados querellantes. “Se le preguntó si había pensado en denunciar lo que escuchaba cuando llegó la democracia o en dictadura, pero dijo que nunca se le había ocurrido. No se acuerda de ningún nombre, en absoluto.”
“Fue desagradable”, dijo a la salida Liliana Giovannelli, querellante y esposa de uno de los desaparecidos. “Creo que sabía mucho más de lo que dijo. Habló de haber sacado un montón de gente cuando en realidad es mentira, porque no podía dar un solo nombre de las supuestas personas que ayudó. Justificó cada cosa y le echó la responsabilidad de todo a (el vicario general castrense Adolfo Servando) Tortolo, que está muerto.”
Grasselli era en 1976 capellán del Ejército y como secretario de Tortolo recibía a familiares que hacían larguísimas colas en la capilla Stella Maris, pegada al Edificio Libertad. Desde ese cuartel general construyó un fichero en el que reunió unos 2500 nombres.
Grasselli es investigado en varias causas. Una por el caso de Ana Libertad Baratti (la última nieta identificada), en el juzgado de Julián Ercolini, impulsada por el TOF 6 luego del juicio por el robo de bebés.
También es investigado en la causa ESMA. Pero por el fichero, de momento, fue citado como testigo. En ese rol declaró ya dos veces: en el Juicio a las Juntas y en el Juicio por la Verdad de La Plata en 1999. Igual que ayer, en ninguna ocasión aportó los datos que se esperaban. Y también había señalado a Tortolo como el responsable de obtener la información que luego él transmitió a cientos de familiares.
Sobre las fichas dijo que tenían dos lados. Adelante, el nombre del desaparecido. Y atrás escribía los datos del familiar que lo consultó. “Yo recibía entre 20 y 30 casos por día. Al principio comencé haciendo una lista, pero dado el incremento de las solicitudes, para facilitar cada caso en vez de una lista comencé haciendo una ficha; llegaron más o menos a la cantidad de 2500. Abajo ponía el resultado de las respuestas recibidas de las autoridades militares y también el día en que los familiares venían a buscar los resultados, que a veces eran reiterados.” También describió los significados de dos siglas: N/D que sería “No Detenido” y dijo que escribía luego de recibir información “oficial”. Y S/N “Sin Noticias”.
Para quienes conocen las causas, el “No Detenido” suena parecido al tipo de respuesta que volcaban los juzgados en los hábeas corpus, luego de recibir la información “oficial” de las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

Fuente:Pagina12
29-8-2014
Para la querella no dijo lo que sabía
Declaró el obispo dueño de 2500 fichas con datos de desaparecidos
Para la querella no dijo lo que sabía
Declaró el obispo dueño de 2500 fichas con datos de desaparecidos
Se trata de Emilio Teodoro Graselli que en 1976 era capellán del Ejército y secretario del vicario general castrense Adolfo Servando Tortolo. La parte acusadora pidió que se lo procese por falso testimonio
Kitsch
El obispo castrense Emilio Teodoro Grasselli declaró ayer durante tres horas en el Tribunal Oral Federal de San Martín de Alicia Vence por los secuestros de los trabajadores navales y ceramistas de la Zona Norte. En su testimonio dio algunos detalles de las fichas que durante la dictadura rellenó con datos de desaparecidos.
Para el abogado querellante, Pablo Llonto adelantó que harán una presentación contra el cura por falso testimonio, es que, según dijo: evidentemente hay cosas que sabe y no cuenta”. La respuesta que no conformó a los querellantes tenía que ver con el caso de Arnaldo Hugo Rivas, un obrero naval de Astilleros Astarsa, desaparecido el 4 de mayo de 1976. Según consigna Página 12 uno de los familiares de Rivas, se entrevistó con Grasselli en aquel momento y el cura le respondió que no lo busquen más, sugiriendo que lo habían matado. En la audiencia se le preguntó por esto y Grasselli dijo que no dio esa respuestas.
En la misma línea que Llonto se expresó Liliana Giovannelli, esposa de uno de los desaparecidos y querellante en la causa: “Fue desagradable, creo que sabía mucho más de lo que dijo. Habló de haber sacado un montón de gente cuando en realidad es mentira, porque no podía dar un solo nombre de las supuestas personas que ayudó. Justificó cada cosa y le echó la responsabilidad de todo al (vicario general castrense Adolfo Servando) Tortolo, que está muerto”.
Grasselli, en 1976, era capellán del Ejército y secretario de Tortolo. Por esa función recibía a los familiares de los detenidos desaparecidos en la capilla Stella Maris, pegada al Edificio Libertad. Ahí construyó el fichero en el que llegó a juntar unos 2500 nombres.
El obispo está investigado en otras como la que busca desentrañar lo ocurrido dentro de la ESMA. En esta causa, declaró en calidad de testigo, al igual que en el Juicio a las Juntas y en el Juicio por la Verdad de La Plata en 1999. Igual que ayer, en ninguna ocasión aportó los datos que se esperaban. Y también había señalado a Tortolo como el responsable de obtener la información que luego él transmitió a cientos de familiares.
Fuente:Infojus
Para el abogado querellante, Pablo Llonto adelantó que harán una presentación contra el cura por falso testimonio, es que, según dijo: evidentemente hay cosas que sabe y no cuenta”. La respuesta que no conformó a los querellantes tenía que ver con el caso de Arnaldo Hugo Rivas, un obrero naval de Astilleros Astarsa, desaparecido el 4 de mayo de 1976. Según consigna Página 12 uno de los familiares de Rivas, se entrevistó con Grasselli en aquel momento y el cura le respondió que no lo busquen más, sugiriendo que lo habían matado. En la audiencia se le preguntó por esto y Grasselli dijo que no dio esa respuestas.
En la misma línea que Llonto se expresó Liliana Giovannelli, esposa de uno de los desaparecidos y querellante en la causa: “Fue desagradable, creo que sabía mucho más de lo que dijo. Habló de haber sacado un montón de gente cuando en realidad es mentira, porque no podía dar un solo nombre de las supuestas personas que ayudó. Justificó cada cosa y le echó la responsabilidad de todo al (vicario general castrense Adolfo Servando) Tortolo, que está muerto”.
Grasselli, en 1976, era capellán del Ejército y secretario de Tortolo. Por esa función recibía a los familiares de los detenidos desaparecidos en la capilla Stella Maris, pegada al Edificio Libertad. Ahí construyó el fichero en el que llegó a juntar unos 2500 nombres.
El obispo está investigado en otras como la que busca desentrañar lo ocurrido dentro de la ESMA. En esta causa, declaró en calidad de testigo, al igual que en el Juicio a las Juntas y en el Juicio por la Verdad de La Plata en 1999. Igual que ayer, en ninguna ocasión aportó los datos que se esperaban. Y también había señalado a Tortolo como el responsable de obtener la información que luego él transmitió a cientos de familiares.
Fuente:Infojus


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