27/08/2014
Un pañuelo en Rawson: se lo entregaron a un hijo de desaparecidos
Mario Cugura lo recibió de manos de la presidenta de la entidad, Estela de Carlotto. El obsequio resulta excepcional. El capitalino aún busca a sus padres y a un hermano.
Emoción. Mario Cugura junto a Estela de Carlotto, cuando le obsequiaron el pañuelo.
Para mí es un orgullo que Abuelas me haya regalado un pañuelo. Es todo un símbolo de su lucha. Y de la lucha que todos los que perdimos a seres queridos estamos llevando adelante desde hace más de 35 años”, le dijo ayer emocionado a Jornada, Mario Cugura, hijo de un matrimonio secuestrado por la dictadura y que aún permanece desaparecido. Marito no sólo perdió a sus padres: también a un hermano que estaba por nacer cuando su madre fue secuestrada.
Desde hace tiempo, tanto él como su familia tienen un estrecho vínculo con Abuelas de Plaza de Mayo. Porque también buscan a sus seres queridos sin bajar los brazos: la hija de sus tíos Juan y Olga es la nieta recuperada número 93. Juan y José Cugura fueron secuestrados en 1977 junto a sus esposas Olga Casado y Elisa Cayul, respectivamente. Los restos de Juan y su mujer pudieron ser identificados tras ser hallados enterrados como NN en el cementerio de La Plata por el Equipo Médico Forense. Pero aún no fueron hallados José y Elisa. “Es una lucha que nunca va a terminar para nosotros. Si bien ya tenemos a mi tío Juan descansando en el cementerio de Rawson y a su hija recuperada, todavía nos falta un largo camino por recorrer”, expresó Marito.
La entrega del pañuelo fue algo muy particular. Es que Abuelas no entrega ese símbolo tan preciado. Sólo en casos excepcionales. Marito visitó un día como cualquier otro la sede de Abuelas y pudo conversar con su presidenta Estela de Carlotto. Supo que su mamá compartió cautiverio con Laura, la hija de Estela cuando ambas estaban embarazadas. Pero hubo otras historias que las unían: también vivieron muy cerca cuando ambas debieron pasar a la clandestinidad, en plena persecución de la dictadura militar.
“Estela tiene todo en la memoria. Estuvimos charlando y ese vínculo que hubo entre ambas mujeres cuando estaban en un centro clandestino de detención y ambas esperando a sus bebés, la conmueve mucho. Quizá por eso tuve la enorme dicha que me obsequien un pañuelo blanco que fue todo un emblema de su lucha”, dijo Mario Cugura. Seguramente, es el único chubutense que ha tenido ese privilegio. Una pequeña caricia para su alma ante tanto dolor por no saber qué fue de sus seres más queridos.
Desde hace tiempo, tanto él como su familia tienen un estrecho vínculo con Abuelas de Plaza de Mayo. Porque también buscan a sus seres queridos sin bajar los brazos: la hija de sus tíos Juan y Olga es la nieta recuperada número 93. Juan y José Cugura fueron secuestrados en 1977 junto a sus esposas Olga Casado y Elisa Cayul, respectivamente. Los restos de Juan y su mujer pudieron ser identificados tras ser hallados enterrados como NN en el cementerio de La Plata por el Equipo Médico Forense. Pero aún no fueron hallados José y Elisa. “Es una lucha que nunca va a terminar para nosotros. Si bien ya tenemos a mi tío Juan descansando en el cementerio de Rawson y a su hija recuperada, todavía nos falta un largo camino por recorrer”, expresó Marito.
La entrega del pañuelo fue algo muy particular. Es que Abuelas no entrega ese símbolo tan preciado. Sólo en casos excepcionales. Marito visitó un día como cualquier otro la sede de Abuelas y pudo conversar con su presidenta Estela de Carlotto. Supo que su mamá compartió cautiverio con Laura, la hija de Estela cuando ambas estaban embarazadas. Pero hubo otras historias que las unían: también vivieron muy cerca cuando ambas debieron pasar a la clandestinidad, en plena persecución de la dictadura militar.
“Estela tiene todo en la memoria. Estuvimos charlando y ese vínculo que hubo entre ambas mujeres cuando estaban en un centro clandestino de detención y ambas esperando a sus bebés, la conmueve mucho. Quizá por eso tuve la enorme dicha que me obsequien un pañuelo blanco que fue todo un emblema de su lucha”, dijo Mario Cugura. Seguramente, es el único chubutense que ha tenido ese privilegio. Una pequeña caricia para su alma ante tanto dolor por no saber qué fue de sus seres más queridos.
Fuente:DiarioJornada
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