6 de septiembre de 2014

16 AÑOS DE LA REVISTA VEINTITRES CON LOS DD.HH.

Viernes 05 de Septiembre de 2014 
Por jorge repiso
Los 16 años de la Revista Veintitrés 
16 años de Veintitrés con los derechos humanos. 
Esta revista nació con los represores en la calle gracias a los indultos, y los organismos manteniendo vivo el reclamo de justicia y memoria. Haciendo periodismo, acompañó el cambio de mentalidad de la sociedad. 
De la tragedia a la esperanza y de la ilusión a la desilusión: estados de ánimo que embargaron a los argentinos en muy corto tiempo, desde el golpe de Estado de 1976 hasta la sanción de las leyes del perdón en plena democracia. El clamor por justicia para con las 30.000 víctimas de la dictadura fue atendido en 1985, cuando por impulso del entonces presidente Raúl Alfonsín se llevó a cabo el juzgamiento histórico de las juntas militares responsables de la barbarie. Luego hubo levantamientos y asonadas cuarteleras a finales de esa década y poco después, dos leyes fueron votadas y sancionadas en favor de militares de diferentes jerarquías y responsabilidades en la cadena de mando. Cuando Carlos Menem asumió la primera magistratura, firmó los indultos deseados por aquellos que se encontraban detenidos y procesados. La desesperanza cundió en gran parte de la población, y los organismos de derechos humanos, en su afán por la memoria y la justicia, mantuvieron viva esa llama.

También en la prensa hubo claroscuros. Los medios predominantes, beneficiados muchos de ellos por la pauta oficial, miraron hacia otro lado. Pero otros sostuvieron su línea crítica y no olvidaron. Veintitrés es un ejemplo. Desde su aparición, mantuvo una línea rectora en la cuestión haciendo periodismo, publicando lo que otros no. A mediados de 1998, la revista salió a la calle, en plena fiesta menemista. La amnesia general era sacudida de vez en cuando con algún informe pero parecía que aquellas leyes serían inamovibles en el tiempo.

Represores que torturaron, mataron, desaparecieron personas y hasta se apoderaron de niños nacidos en cautiverio transitaban las mismas calles y gozaban de los mismos derechos que el resto. Oficiales de las Fuerzas Armadas, de seguridad y policiales gozaban de una tranquila jubilación, como si nada hubieran hecho. También civiles, mujeres y hombres, que participaron de aberraciones en aquellos años oscuros. Ese aire impune comenzó a quebrarse el 25 de mayo de 2003, cuando Néstor Kirchner asumía la presidencia. Sus mensajes dejaban entrever cuál sería la política a tomar: “No vine a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada… no habrá cambio confiable si permitimos la impunidad. Rechazamos de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad que algunos pretenden”. De lo dicho al hecho hubo un lapso muy corto. El 2 de septiembre se promulgó la ley 25.779 que declaraba nulas las leyes 23.492 y 23.521 de Punto Final y Obediencia Debida, respectivamente. Kirchner volvía a dar una señal de los tiempos por venir. El 24 de marzo de 2004, en ocasión de otro aniversario del golpe, acudió al Colegio Militar de la Nación y en un acto sin precedentes, ordenó al jefe del Ejército, Roberto Bendini, descolgar los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, ex directores de ese colegio. Los pedidos de elevación a juicio de diferentes causas, entre ellas ESMA, Tercer Cuerpo, Masacre de Margarita Belén, Batallón 601 y Plan Cóndor, entre tantas, tomaron impulso para concretarse en los tribunales. El espaldarazo final provino de la Corte Suprema de Justicia, que en junio de 2005 declaró la inconstitucionalidad de las “leyes del perdón”.

Desde su lanzamiento, Veintitrés prestó oídos y dedicó su espacio a los organismos y sus protagonistas. Además, denunció y documentó la actuación de medios gráficos que difundían las “bondades” de los gobiernos de facto al tiempo que la propaganda oficial llenaba sus páginas. También estuvo presente en los tiempos iniciales de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS), agrupación que procura la reconstrucción individual y colectiva de sus historias y la restitución de sus hermanos apropiados.

"Veintitrés es un ejemplo, una forma de hacer periodismo con la mira en la memoria, la verdad y la justicia" 

En materia de derechos humanos y juicio y castigo a los culpables se hizo mucho, pero queda aún por hacer. Por eso se hace hincapié en la memoria. Madres de Plaza de Mayo dicta cursos, se dedica a la ayuda social, posee una universidad, una radio y en su sede, una biblioteca y el archivo. El Circuito de la Memoria consiste en 36 lugares que en su mayoría fueron identificados como ex centros clandestinos de detención y convertidos en espacios de cultura y museos en Capital y siete provincias argentinas. Uno de ellos es el Olimpo, que hasta hace diez años perteneció a una repartición de la Policía Federal en el barrio de Floresta. Gracias a un decreto, el predio se recuperó en 2005 y hoy funciona como un taller, hay visitas guiadas y actividades para chicos de la escuela primaria. Existen otros sitios de memoria: el “Club Atlético” en Capital Federal, la Mansión Seré de Morón, la ex Dirección de Inteligencia de la Policía Bonaerense en La Plata y la Escuela de Mecánica de la Armada. Durante el gobierno militar, por la ESMA pasaron unas 5.000 personas secuestradas por orden del almirante Emilio Massera. En su interior se repartían dependencias para torturar a los secuestrados y otras desde donde los detenidos eran trasladados hacia sus destinos de muerte y desaparición. El edificio tenía, además, una sala de partos y un depósito donde se acumulaban los objetos robados de las viviendas. En 2007, la ESMA le fue quitada a la Marina y pasó a ser el “Espacio para la memoria y para la promoción y defensa de los Derechos Humanos”. A lo largo de una serie de edificios se reparten el Espacio Cultural Nuestros Hijos, el Espacio Cultural de las Madres de Plaza de Mayo –donde se dan charlas, proyecciones y talleres–, la Casa de la Militancia de la Agrupación H.I.J.O.S., el Centro Cultural Haroldo Conti para promover la cultura y los derechos humanos, y el Archivo Nacional de la Memoria. Otra forma de individualizar lugares de detención ilegal es la señalización en todos los rincones del país. Desde la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación aseguran que hasta fin de año planean completar 85 dependencias identificadas.

La derogación del Código de Justicia Militar, sancionada en 2008, obliga a los miembros de la Fuerzas Armadas a someterse a la Justicia ordinaria. Un informe de la Procuraduría asegura que desde el año 2003 fueron judicializados 10.500 casos, llevando a 1.135 la cantidad de procesados. De estos, 660 están próximos al juicio oral y público. Actualmente, unos 927 condenados se encuentran detenidos, alojándose más del 60 por ciento en cárceles comunes y el resto bajo el régimen domiciliario. El número de condenados por delitos de lesa humanidad creció exponencialmente desde 2008, cuando había 90. Al año siguiente fueron 100. En 2010 totalizaban 199, para ir creciendo a 267en 2011 y 378 en 2012. El 2013 fue cuando más represores se condenaron: 160 sobre un total de 519 acumulados. 30 mujeres están incluidas en la lista.

“Aunque sabíamos y era conocida la lucha de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, cuando se tiene oportunidad de leer con detenimiento cada uno de los testimonios, te llega a calar muy adentro. A mí me cambió la perspectiva de la justicia”, declaró el juez español Baltasar Garzón a esta revista, y resaltó la lucha que se dio en la Argentina. “En relación con la Justicia, en las causas de los delitos de lesa humanidad no hay otro país que se le compare, y para mí es inexplicable”.

Desde sus comienzos, Abuelas de Plaza de Mayo se propuso seguir los rastros de por lo menos 500 niños víctimas del Plan Sistemático de Robo de Bebés e impulsó las causas correspondientes. En agosto pasado anunció la identificación de Guido Ignacio Montoya Carlotto, nieto de la presidenta de la institución, Estela de Carlotto, y recientemente festejó la aparición del nieto número 115. “Nunca imaginaron (los represores) que las Abuelas iban a llegar donde llegaron, ni que iba a existir el ADN. Además, estaban convencidos de que lo que hacían era un acto de amor”, declaró Victoria Montenegro a Veintitrés en 2011, cuando se cumplían 35 años del golpe. Había sido apropiada por el verdugo de sus padres, pero conoció su verdad siendo adulta y con una familia armada. “Ellos ganaron porque jamás pensaron que íbamos a aparecer –continuó–. Estamos acá para decir que no hubo una guerra, que fue un genocidio y que nuestros papás no están. Ellos me robaron mi historia, mi vida, todo lo que tuvo que ser y no será”.

María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani fue fundadora de Abuelas. Su hija y yerno fueron asesinados en la ciudad de La Plata y desde entonces no se conoce el paradero de su nieta, Clara Anahí, nombre que le dio a su fundación. Fue tapa de Veintitrés cuando se sospechaba que la niña le había sido entregada a Ernestina Herrera de Noble, la dueña de Clarín. En diciembre de 2007, la revista publicó la agenda privada del comisario Miguel Etchecolatz, desde donde surgieron nombres conocidos y afines al accionar del terrorismo de Estado. Tres años más tarde, publicó todos los nombres de los agentes de inteligencia que colaboraron en el célebre Batallón 601. Una forma de hacer periodismo con la mira en la memoria, la verdad y la justicia.
Fuente:Infonews

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