28 de Septiembre de 2014
Entrevista a uno de los sobrevivientes del centro clandestino de detención que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada
"Grasselli no cumplió con su deber de entregar los archivos a la justicia"Raúl Cubas estuvo detenido en la ESMA y recibió la ayuda del cura para tramitar su visa y exiliarse en Venezuela. Desde allí, cuenta sus encuentros con el sacerdote, recién ahora investigado por sus vínculos con la dictadura.

Exilio - Cubas y su pareja, Rosario Quiroga, compartieron el triste paso por las mazmorras de la ESMA.
Ambos formaban parte de un grupo de secuestrados que realizaban trabajos forzados en el centro clandestino de la Armada e iban a ser liberados. El religioso les tramitó las visas para que pudieran radicarse en Venezuela, una gestión que luego repetiría para otros.
Esos encuentros con detenidos-desaparecidos, durante los últimos meses de 1978, marcaron el comienzo de la relación de Grasselli con el Grupo de Tareas de la ESMA que seguiría al año siguiente con la venta de la isla del Tigre El Silencio para instalar allí un centro clandestino de detención que les permitió evitar la inspección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Cubas todavía vive en Venezuela con su pareja y recuerda a Grasselli como un personaje ambiguo. "Pensaba que era un tipo que ayudaba a la gente, hasta que comprobé que no cumplió con su deber de entregar los archivos a la justicia apenas comenzado el proceso democrático. Hace ya tiempo que pienso que en su carácter de capellán castrense no desconocía lo que sucedía y eso lo hace partícipe", sostuvo el sobreviviente en diálogo con Tiempo Argentino y agregó: "Ojalá la justicia encuentre la verdad y determine o no su responsabilidad; que la justicia a lo que no accedimos los que estábamos en el infierno de la ESMA sea la que hoy, con todas las garantías, dictamine o no su responsabilidad en los hechos que se le imputan."
El contacto de los secuestrados con Grasselli se dio a través de la madre de Rosario Quiroga. La mujer había conocido al cura en 1977, cuando estaba buscando a su nuera, Helena Harriague, secuestrada junto a su pequeño hijo Sabino. A través de una amiga de la Acción Católica dio con el entonces secretario de Tortolo y le pidió información. Grasselli la orientó hacia los orfelinatos de La Plata y allí encontró al niño al poco tiempo. Luego, Grasselli gestionaría también la salida del país de otro de sus hijos para exiliarse en Venezuela.
"En diciembre de 1977 la desaparecieron a Rosario en Uruguay con sus tres hijas que tenían 5, 4 y 3 años. De nuevo mi suegra recurrió a Grasselli, quien le dice: 'De tu hija hay muy malas perspectivas.' Prácticamente le dice que está condenada a muerte", recordó Cubas.
–¿Cuándo vio a Grasselli por primera vez?
–Al final del '78 empieza el proceso progresivo de liberación de algunos de nosotros. Me presionaban para que me quedara en la Argentina pero los convencí. Quedarme implicaba hacer trabajo esclavo para ellos. La primera opción era Puerto Rico, donde vivían unos amigos de mi padre. Un día los marinos me sacaron de la ESMA y me llevaron a hablar con Grasselli. Le dije que era el compañero de Rosario, le planteé la situación y que necesitaba la visa de Estados Unidos. Me dijo que lo iba a intentar. A la semana nos volvimos a ver en la casa de mis padres. Ahí se hizo la reunión con mi papá, mi mamá, y mi hermana menor. Él estaba acompañado por una mujer que presentó como su secretaria y que era familiar de un desaparecido. Me dijo que en la Embajada de Estados Unidos le preguntaron en qué cárcel estaba y cuando le dijo la ESMA le contestaron que no podían darle una visa si estaba detenido ilegalmente. Entonces cambiamos de plan.
–¿Cuál era la situación de Rosario?
–Jorge 'Tigre' Acosta le dijo que también iba a ser liberada. Ahí le blanqueamos que éramos pareja y le pedimos a Grasselli que gestionara la visa para ella, las tres niñas y mi suegra.
–¿Se produjo un tercer encuentro?
–Sí, cuando consiguió la visa. Me acompañó a la reunión el teniente de navío Juan Carlos Rolón, el responsable de la 'Pecera' (uno de los lugares de la ESMA donde se realizaba trabajo esclavo). Me sacan a un bar en Olivos sobre la Avenida Libertador. Nos citó ahí porque era cerca de donde vivía Tortolo (entonces Vicario Castrense). Lo presenté a Grasselli con Rolón. Él le mostró los pasaportes y que había conseguido las visas, para mí de trabajo y el resto eran de turista.
–¿Qué recuerda de ese encuentro?
–Hablaron de mi caso. Si era fácil la vida en Venezuela. Si podíamos permanecer allá con esas visas. Y quedaron en seguir viéndose porque iban a seguir liberando gente y había otros compañeros que iban a tramitar con Grasselli la visa a Venezuela, como Graciela Daleo, Andrés Castillo, también Rolando Pisarello y su esposa, María del Huerto, secuestrados en Uruguay junto a Rosario, y Nilda 'Munu' Actis.
–¿Esa fue la última reunión?
–No, lo vimos una vez más en la casa de una prima de Rosario. Nos despidió y me dio una carta que presenté en el Juicio a las Juntas donde le escribe a Alfonso Naldi (ver aparte).
–¿Cuál cree que era el rol de Grasselli para poder obtener esas visas?
–Es una de las cosas que nunca se investigó y desearía que algún juez pidiera a la Embajada de Venezuela que desclasifique los trámites que se hacían en aquella época. No sé si fue Grasselli o si mandaba un emisario pero alguna gestión política tuvo que haber hecho porque nosotros ni siquiera fuimos a la embajada.
–¿Él conocía la situación en la que estaban en la ESMA?
–Sí, aunque en la justicia dijo que no recordaba haberme visto ni saber mi situación. Él se reunió conmigo mientras estaba desaparecido en la ESMA. Me sacaban y él sabía perfectamente mi situación y la de Rosario, a quien dio por muerta y después la vio pidiéndole la visa. Recuerdo además que le entregué una lista con unas 25 personas que estábamos secuestradas en la ESMA. Le dije que la pusiera en su archivo y que, si tenía posibilidad, se lo hiciera llegar a Patricia Derian, la secretaria de derechos Humanos de James Carter. Él asentía. Cuando nos despedimos le dije que no se olvidara del archivo cuando volviera la democracia y me contestó: "Sí, sí, cuando vea los primeros dedos en 'v' levantados en la calle me borro de esto y los archivos van a estar ahí."
–¿Habló en alguna oportunidad sobre la información que reunía y cómo la conseguía?
–Me comentó que tenía un archivo en el que anotaba la gente que atendía, inclusive le pregunté por mis hermanos. Me dijo: "No sé nada pero a tu concuñado Jorge Félix Pérez en algún momento lo ubiqué en Campo de Mayo, después se me perdió." Ahí le pregunté cómo hacía para tener esa información. Me dijo: "Yo tengo mis contactos. Aparte hay mucho militar que se confiesan conmigo y me piden apoyo espiritual." Como diciendo 'favor con favor se paga'.
–¿Qué piensa de ese doble rol?
–En los campos de concentración nazi también había gente que ayudaba y participaba del genocidio. Me llama la atención que hayan tenido que pasar tantos años para que lo investigue la justicia. Creo que es bien importante porque un fichero de 2500 personas contiene mucha información y la preocupación fundamental de los familiares de desaparecidos es tratar de saber qué pasó con ellos.
De la pastilla de cianuro a la entrevista a menotti
Raúl Cubas militaba en Montoneros. El 20 de octubre de 1976, apenas unos días antes de cumplir 25 años, fue secuestrado en la localidad de Tablada por diez hombres de civil que pertenecían al Grupo de Tareas de la ESMA. Sin embargo, había tomado la decisión de no caer con vida. "En un momento de distracción de quienes me capturaban ingerí una pastilla de cianuro, como manera de preservar a mis compañeros y familiares", relató ante la justicia. Moribundo, fue trasladado a la ESMA, donde recobró el conocimiento. En la enfermería lo atendieron para luego poder torturarlo.
Rosario Quiroga fue secuestrada en Uruguay el 15 de diciembre de 1977 junto a sus tres hijas menores de cinco años, luego entregadas a su familia. Su pareja, Oscar De Gregorio, miembro de la conducción nacional de Montoneros también fue secuestrado, llevado a la ESMA y luego asesinado.
Cubas y Quiroga se conocieron durante su cautiverio en el centro clandestino de detención de la Armada, donde debieron realizar trabajo esclavo en el sector Pecera para sobrevivir.
Cubas fue forzado a realizar tareas de prensa. Debió hacer un seguimiento de las denuncias contra la dictadura en medios europeos y escribir en la revista del Ministerio de Relaciones Exteriores que dependía de la Armada.
Como parte de esas tareas de prensa debió cubrir una conferencia de prensa del técnico de la Selección Argentina de Fútbol, César Luis Menotti, meses antes del comienzo del Mundial. Fue con el marino Julio Carlos Rolón. Ambos ingresaron con credenciales falsas de prensa confeccionadas en la ESMA.
"Después de la conferencia de prensa hicieron una cena y le digo a Rolón que lo iba a entrevistar solo a Menotti. Le pregunté sobre fútbol. Pero fue una situación surrealista: yo estaba desaparecido, obligado a oficiar de periodista y era muy futbolero, hincha de River, quería que Alonso estuviera en la Selección. Pensé qué pasaría si le hablo a Menotti y le digo en qué condición estoy, qué pasaría, pero no lo hice, pensé que era peor el remedio que la enfermedad", relató durante el segundo juicio de la ESMA.
La foto de ese momento saldría publicada días después, el 3 de mayo de 1978, en la sección deportiva del diario La Nación. Cubas, un desaparecido de la ESMA, junto a Rolón, uno de sus captores.
La carta al sacerdote venezolano
Cuando declaró en el Juicio a las Juntas militares de 1985, Raúl Cubas aportó a la Cámara federal porteña una carta con la firma de monseñor Grasselli. La carta, dirigida al cura venezolano Alfonso Naldi, procuraba conseguirles ayuda en el exilio de Raúl y de su pareja, Rosario Quiroga. La carta está fechada el 16 de enero de 1979, apenas tres días antes de que Cubas viajara a Venezuela.
"Muy querido Padre Alfonso, dos personas a quienes he tratado de ayudar dentro de mis posibilidades (...) viajan a Caracas y tienen el propósito de radicarse en Venezuela para comenzar una nueva vida. Les conseguí visa por 45 días", escribió Grasselli y le aseguró: "De hoy en más la suerte de ellos está en tus manos. Por favor no los abandone."
Fuente:TiempoArgentino
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