10-12-2014
Lesa Humanidad
A partir de las 13 en Virrey Cevallos al 592
Abuelas dará detalles sobre la restitución del nieto 116
Lesa Humanidad
A partir de las 13 en Virrey Cevallos al 592
Abuelas dará detalles sobre la restitución del nieto 116
Se trata del hijo apropiado a Ana Rubel y Hugo Alberto Castro, ambos desaparecidos en enero de 1977 en su casa del barrio de Villa Crespo. El chico nació a los siete meses de gestación en las mazmorras de la ESMA. Hoy se conocerán detalles de su historia.
El verano de 1977, para Ana Rubel sería un infierno. Con 27 años y un embarazo de dos meses, la estudiante de Ciencias Económicas, fue secuestrada de su casa de Villa Crespo. Con ella estaba su compañero, Hugo Alberto Castro. Los dos eran militantes de las Fuerzas Armadas de Liberación.
De ellos se sabe que pasó por un centro clandestino de detención del Ejército, pero que fueron trasladados a la ESMA no mucho después. Los testimonios de sobrevivientes del mayor campo de concentración de la Marina cuentan que estuvieron con Ana y que en esas mazmorras, en junio de 1977, parió un chico sietemesino. Un minuto estuvo ese bebé sobre el pecho de su madre hasta que se lo arrancaron para siempre. Un minuto alcanzó para sembrar la duda que tardó 38 años en florecer. Hoy a partir de las 13, la titular de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto dará una conferencia de prensa en que compartirá los por menores de una nueva historia de verdad y justicia.
De Ana y de Hugo no se supo nada más. Sus nombres engrosas las listas de desaparecidos durante la última dictadura cívico militar. Hasta la semana pasada, sus apellidos también formaban parte de otra lista: la de nietos apropiados. Desde el jueves 4 de diciembre, Castro Rubel es el apellido de un hombre de 38 años que gracias a la incansable lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo recuperó su identidad, su pasado, su historia.
En agosto, este hombre se enteró que sus padres de crianza no eran sus padres biológicos. Ese pequeño rayo de luz abrió la semilla sembrada en la oscuridad de la ESMA. No tardó mucho en decidir presentarse en Abuelas. Solo un par de horas después llegó a la casa de Virrey Cevallos, para contar sus dudas. A cambio se llevó un turno para sacarse sangre y la contención necesaria para encarar un camino difícil pero necesario.
Los análisis confirmaron que la duda era certeza. “Hoy es una persona hermosa, que brilla, sana física y psíquicamente. Está tomando esto con una calidez y una calma muy buenas”, contó Claudia Carlotto, directora de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadi).
“Se ha logrado determinar la real identidad del nieto 116 en marco causa 188/2000”, respondieron desde el juzgado federal N°1 de María Romilda Servini de Cubría a Infojus Noticias. “El niño nació en junio de 1977 en la Escuela de Mecánica de la Armada, y el parto habría sido atendido por Jorge Luis Magnacco”, agregaron.
Para que el esperado cotejo de ADN fuera posible, el trabajo de Conadi arrancó en el 2000, cuando todavía no había pistas sobre el destino de ese bebé apropiado. Se necesitaba la sangre de sus abuelos para completar el Banco Nacional de Datos Genéticos. Pero estaban muertos. En agosto de 2005, el juzgado de Servini de Cubría ordenó exhumar a Regina Horowicz y León Rubel, pero la Asociación Israelita de Resistencia, Chaco, respondió que la sepultura de los cementerios judíos es sagrada. Después lo reconsideraron: el Superior Rabinato de la República Argentina le comunicó que como el caso era tan sensible permitían la extracción de ADN sin que manipularan los cadáveres. El 7 de junio de 2006, se hizo la toma de muestras comparativas y se completó el Banco.
Apenas se confirmó se verdadera identidad, el nieto restituido habló con sus tíos por teléfono y conoció personalmente a Alicia Milia, una de las compañera de cautiverio de su madre que la acompañó en el parto y ayudó a que esa criatura de siete meses llegara al mundo en los sótanos de la Escuela de Mecánica de la Armada. A partir de las 13 las Abuelas compartirán más detalles de esta historia en conferencia de prensa desde la sede de la Asociación en Virrey Cevallos al 592.
De ellos se sabe que pasó por un centro clandestino de detención del Ejército, pero que fueron trasladados a la ESMA no mucho después. Los testimonios de sobrevivientes del mayor campo de concentración de la Marina cuentan que estuvieron con Ana y que en esas mazmorras, en junio de 1977, parió un chico sietemesino. Un minuto estuvo ese bebé sobre el pecho de su madre hasta que se lo arrancaron para siempre. Un minuto alcanzó para sembrar la duda que tardó 38 años en florecer. Hoy a partir de las 13, la titular de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto dará una conferencia de prensa en que compartirá los por menores de una nueva historia de verdad y justicia.
De Ana y de Hugo no se supo nada más. Sus nombres engrosas las listas de desaparecidos durante la última dictadura cívico militar. Hasta la semana pasada, sus apellidos también formaban parte de otra lista: la de nietos apropiados. Desde el jueves 4 de diciembre, Castro Rubel es el apellido de un hombre de 38 años que gracias a la incansable lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo recuperó su identidad, su pasado, su historia.
En agosto, este hombre se enteró que sus padres de crianza no eran sus padres biológicos. Ese pequeño rayo de luz abrió la semilla sembrada en la oscuridad de la ESMA. No tardó mucho en decidir presentarse en Abuelas. Solo un par de horas después llegó a la casa de Virrey Cevallos, para contar sus dudas. A cambio se llevó un turno para sacarse sangre y la contención necesaria para encarar un camino difícil pero necesario.
Los análisis confirmaron que la duda era certeza. “Hoy es una persona hermosa, que brilla, sana física y psíquicamente. Está tomando esto con una calidez y una calma muy buenas”, contó Claudia Carlotto, directora de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadi).
“Se ha logrado determinar la real identidad del nieto 116 en marco causa 188/2000”, respondieron desde el juzgado federal N°1 de María Romilda Servini de Cubría a Infojus Noticias. “El niño nació en junio de 1977 en la Escuela de Mecánica de la Armada, y el parto habría sido atendido por Jorge Luis Magnacco”, agregaron.
Para que el esperado cotejo de ADN fuera posible, el trabajo de Conadi arrancó en el 2000, cuando todavía no había pistas sobre el destino de ese bebé apropiado. Se necesitaba la sangre de sus abuelos para completar el Banco Nacional de Datos Genéticos. Pero estaban muertos. En agosto de 2005, el juzgado de Servini de Cubría ordenó exhumar a Regina Horowicz y León Rubel, pero la Asociación Israelita de Resistencia, Chaco, respondió que la sepultura de los cementerios judíos es sagrada. Después lo reconsideraron: el Superior Rabinato de la República Argentina le comunicó que como el caso era tan sensible permitían la extracción de ADN sin que manipularan los cadáveres. El 7 de junio de 2006, se hizo la toma de muestras comparativas y se completó el Banco.
Apenas se confirmó se verdadera identidad, el nieto restituido habló con sus tíos por teléfono y conoció personalmente a Alicia Milia, una de las compañera de cautiverio de su madre que la acompañó en el parto y ayudó a que esa criatura de siete meses llegara al mundo en los sótanos de la Escuela de Mecánica de la Armada. A partir de las 13 las Abuelas compartirán más detalles de esta historia en conferencia de prensa desde la sede de la Asociación en Virrey Cevallos al 592.
10-12-2014
Identidad
Nació en 1977 y vivió con sus padres biológicos sólo tres meses
Es nieto restituido y contador: hoy le dan el título con su nombre real
Andrés La Blunda Fontana ganó otra batalla contra el olvido y la impunidad. La primera fue en 1984, cuando fue recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo. La segunda será hoy, cuando la Universidad de Mar del Plata le vuelva a entregar el título de Contador Público con el nombre que le eligieron sus padres, que están desaparecidos.
El 21 de diciembre de 2012, cuando le entregaron el nuevo DNI, Andrés La Blunda Fontana recuperó su verdadero nombre. Desde que sus padres fueron desaparecidos por el terrorismo de Estado en 1977, había sido Mauro Gabriel Cabral. Con ese nombre vivió hasta los 35 años. En 1984 fue recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo y se convirtió en el nieto número 18. Hoy, la Universidad de Mar del Plata le volverá a entregar el título de Contador Público que obtuvo en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, pero esta vez el diploma tendrá escrito el nombre que le dieron sus padres biológicos.
Andrés nació el 25 de enero de 1977 y vivió con sus padres sólo tres meses. El 20 de abril, Pedro La Blunda y Mabel Lucía Fontana, militantes en la Columna Norte de la organización Montoneros, fueron secuestrados por una patota del Ejército que entró al edificio de departamentos ubicado en Constitución 1274 de la localidad San Fernando. Continúan desaparecidos.
Por pedido de Mabel, los militares dejaron al bebé con un matrimonio que vivía en el departamento de enfrente y que se mantenía ajeno a lo que estaba ocurriendo en el país en esos tiempos. Lo primero que hizo el matrimonio Cabral-Benavide, fue ir a la comisaría más cercana para denunciar lo ocurrido, pero recibieron la respuesta menos esperada. El comisario les dijo que lo mejor que podían hacer era quedarse con el bebé para evitarle un destino que podía ser trágico.
La pareja inició los trámites de adopción y cayó en el juzgado de la jueza Ofelia Hejt, quien se ocupó de la primera etapa del trámite. La funcionaria que un año antes había intervenido en la adopción de Marcela y Felipe Noble Herrera, ignoró el dato de que Andrés tenía su partida de nacimiento y su DNI. Tampoco investigó cuando el matrimonio le dijo que los verdaderos padres del bebé habían sido detenidos por las Fuerzas Armadas.
En 1983, la Justicia resolvió definitivamente la adopción y Andrés ya vivía en Mar del Plata con sus padres y sus hermanos de crianza, Martín y Melisa Cabral. Con la llegada de la democracia, la búsqueda de la familia biológica de Andrés se intensificó. Los hermanos de Pedro La Blunda buscaron a su sobrino desde el comienzo.
Andrés es uno de los nietos recuperados que no fue víctima del plan sistemático de apropiación de menores, pero gran parte de su vida se sostuvo en la mentira: sus padres adoptivos no le dijeron que era adoptado y tuvo que esperar hasta 1999 para saber toda la verdad.
En febrero de 1984, Andrés fue encontrado por las Abuelas de Plaza de Mayo filial Mar del Plata. Tenía 7 años y su nombre era Mauro Gabriel Cabral. El primer contacto con su familia biológica fue otra mentira. La familia adoptiva impuso una condición para el encuentro: con la excusa de evitarle remover el dolor de lo ocurrido, su tío Carlos La Blunda y algunas de sus primas, tuvieron que ser “parientes lejanos” que estaban exiliados en Europa.
“La familia que me adoptó no es una familia apropiadora, pero mi caso igual roza la apropiación desde el hecho de que en mi historia no hubo verdad, hubo mentira. Ese es el punto en el que yo me pregunto hasta dónde hubo una adopción de buena fe cuando lo que hubo toda mi vida fue una mentira. En las charlas con los chicos en los colegios, lo que pregunto es si la mentira puede convivir con el amor. Lo único que puede convivir con el amor es la verdad”, aseguró Andrés al diario Página/12 en diciembre de 2012.
En 1999, una prima no aguantó más y le contó toda la verdad, sin trampas. Andrés continuó con su vida en Mar del Plata, estudió en la Facultad de Ciencias Económicas y se recibió de Contador Público con su nombre adoptivo. Se fue a vivir a Buenos Aires y desde hace más de dos años es secretario general de la Corriente de Liberación e Integración Nacional (Kolina).
En diciembre de 2012, cuando volvió a llamarse Andrés inició un expediente para que su título universitario llevara el nombre que le dieron sus padres. Dos años después suma otra verdad y demuele una mentira de su vida.
Fuente:Infojus
Por pedido de Mabel, los militares dejaron al bebé con un matrimonio que vivía en el departamento de enfrente y que se mantenía ajeno a lo que estaba ocurriendo en el país en esos tiempos. Lo primero que hizo el matrimonio Cabral-Benavide, fue ir a la comisaría más cercana para denunciar lo ocurrido, pero recibieron la respuesta menos esperada. El comisario les dijo que lo mejor que podían hacer era quedarse con el bebé para evitarle un destino que podía ser trágico.
La pareja inició los trámites de adopción y cayó en el juzgado de la jueza Ofelia Hejt, quien se ocupó de la primera etapa del trámite. La funcionaria que un año antes había intervenido en la adopción de Marcela y Felipe Noble Herrera, ignoró el dato de que Andrés tenía su partida de nacimiento y su DNI. Tampoco investigó cuando el matrimonio le dijo que los verdaderos padres del bebé habían sido detenidos por las Fuerzas Armadas.
En 1983, la Justicia resolvió definitivamente la adopción y Andrés ya vivía en Mar del Plata con sus padres y sus hermanos de crianza, Martín y Melisa Cabral. Con la llegada de la democracia, la búsqueda de la familia biológica de Andrés se intensificó. Los hermanos de Pedro La Blunda buscaron a su sobrino desde el comienzo.
Andrés es uno de los nietos recuperados que no fue víctima del plan sistemático de apropiación de menores, pero gran parte de su vida se sostuvo en la mentira: sus padres adoptivos no le dijeron que era adoptado y tuvo que esperar hasta 1999 para saber toda la verdad.
En febrero de 1984, Andrés fue encontrado por las Abuelas de Plaza de Mayo filial Mar del Plata. Tenía 7 años y su nombre era Mauro Gabriel Cabral. El primer contacto con su familia biológica fue otra mentira. La familia adoptiva impuso una condición para el encuentro: con la excusa de evitarle remover el dolor de lo ocurrido, su tío Carlos La Blunda y algunas de sus primas, tuvieron que ser “parientes lejanos” que estaban exiliados en Europa.
“La familia que me adoptó no es una familia apropiadora, pero mi caso igual roza la apropiación desde el hecho de que en mi historia no hubo verdad, hubo mentira. Ese es el punto en el que yo me pregunto hasta dónde hubo una adopción de buena fe cuando lo que hubo toda mi vida fue una mentira. En las charlas con los chicos en los colegios, lo que pregunto es si la mentira puede convivir con el amor. Lo único que puede convivir con el amor es la verdad”, aseguró Andrés al diario Página/12 en diciembre de 2012.
En 1999, una prima no aguantó más y le contó toda la verdad, sin trampas. Andrés continuó con su vida en Mar del Plata, estudió en la Facultad de Ciencias Económicas y se recibió de Contador Público con su nombre adoptivo. Se fue a vivir a Buenos Aires y desde hace más de dos años es secretario general de la Corriente de Liberación e Integración Nacional (Kolina).
En diciembre de 2012, cuando volvió a llamarse Andrés inició un expediente para que su título universitario llevara el nombre que le dieron sus padres. Dos años después suma otra verdad y demuele una mentira de su vida.
Fuente:Infojus


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