10-12-2014
Nieto 116
Conferencia de prensa en la sede de la Casa de las Abuelas
"Soy el nieto 116 y no quería que te enteraras por el diario"
Por: Pablo Waisberg
Nieto 116
Conferencia de prensa en la sede de la Casa de las Abuelas
"Soy el nieto 116 y no quería que te enteraras por el diario"
Por: Pablo Waisberg
El hijo de Ana Rubel y Hugo Castro, que nació en la ESMA en 1977, llamó a sus amigos y les anticipó lo que hoy contaría Estela Carlotto en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. "Es un milagro que bebés que fueron torturados hayan sobrevivido”, dijo Carlotto, acompañada por el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda.
Fotos Mariano Armagno
-No, estoy tomando examen.
-Bueno ¿viste el nieto 116?
-¿Qué? ¿De qué hablás?
-El nieto 116, que Abuelas anunció su recuperación. Ese, el nieto 116, soy yo. No quería que te enteraras por los medios.
Eso le contó el hijo de Ana Rubel y Hugo Castro, que el jueves pasado recuperó su identidad, a cada uno de sus amigos. Fue en las últimas veinticuatro horas. Al que relató el diálogo lo llamó ayer por la tarde. El impacto fue grande porque nadie sabía que no era hijo biológico de quienes lo habían criado. Tampoco lo sabía él y, hasta ayer a la noche, tenía pensado participar de la conferencia de prensa que se hizo este mediodía pero hoy cambió de opinión. La mentira había sobrevivido varios años pero se quebró hace dos meses cuando alguien del grupo familiar del médico que lo crio le contó parte de la verdad. El resto la contó el médico del hospital Pedro Elizalde que lo inscribió como hijo propio y lo crio.
“Es un chico claro, limpio, dispuesto, generoso”, dijo este mediodía la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, al describirlo. A unos metros de Estela, sentados de unas de las sillas del salón, estaba una pareja de amigos del nieto 116, que aún prefiere seguir en el anonimato. Estaban abrazados, ella recostada sobre su hombro; él, se acariciaba la barbilla y tenía los ojos iluminados, como asintiendo. Habían ido para hacerle compañía y allí se enteraron que su amigo no iría. El impacto había sido fuerte.
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El nieto 116, uno de los cuatro que este año recuperaron su identidad, se enteró que no era hijo de quienes lo habían criado unos días después de que se difundió la recuperación de Ignacio Guido Carlotto Montoya. “Él nunca había dudado de su identidad ni sospechado que podía ser hijo de desaparecidos. Esa información, que le ocultaron durante 37 años, permitió la semana pasada encontrarse con su verdad y su familia”, dijo Carlotto. Era parte de un texto de dos carillas, que leyó acompañada por el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, varios nietos recuperados, su hijo Remo Carlotto y su hija Claudia, titular de la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad (CONADI).
Con esa información fue a hablar con el médico que lo crio. Allí escuchó los detalles que luego contó en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo: que dos personas entraron con un bebé prematuro en brazos y, como nadie lo reclamaba, se lo quedó y lo inscribió como hijo propio. Eso bastó para que el 16 de octubre comenzara la búsqueda de la familia biológica de quien luego se convirtió en el nieto 116.
"Es un milagro que estos bebés que fueron torturados hayan sobrevivido con la integridad de ser herederos de su mamá y papá", afirmó Estela. El hijo de Ana y Hugo nació en la ESMA. Su papá fue secuestrado el 15 de enero de 1977 en la calle. Su mamá, unos días después pero en su casa. Ambos eran militantes de las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) y fueron detenidos por el Ejército. Ella tenía un embarazo de dos meses y, cinco meses después, fue llevada a la ESMA para que su hijo naciera en esa maternidad clandestina.
A partir de los testimonios de sobrevivientes de la ESMA, como Sara Solarz de Osatinsky y Alicia Miliase, se supo que en la enfermería del sótano, Ana dio a luz a su hijo que nació sietemesino y con un peso de menos de dos kilos. Según una denuncia del año 1984, la familia Castro buscó a Hugo, a su mujer y al niño nacido en cautiverio desde un primer momento, ya que sabían que estaba esperando un hijo con su nueva pareja, a quien aún no conocían.
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“Fue un deseo expreso del nuevo nieto cumplir con este rito de la conferencia de presan para dar a conocer la restitución de su identidad, ya que para él es sumamente importante que se difunda que hasta no saber que no era hijo de quienes lo criaron, nunca sospechó que podía ser uno de los casi 400 nietos que estamos buscando”, leyó Estela. Fue el final del comunicado leído.
Estela le pasó el micrófono a Fresneda. “Es el resultado de una trabajo articulado. Son tiempos para celebrar y lo celebramos con la recuperación de un pedacito de identidad. Este año recuperamos cuatro nietos”, dijo Fresneda y pidió disculpas porque la conferencia de prensa comenzó con demora. La demora era su responsabilidad. Se había demorado con algunas gestiones que surgieron a partir de las declaraciones del represor Ernesto Guillermo "Nabo" Barreiro. “Acaba de dar tres lugares de enterramientos clandestinos y contó que incineraron cuerpos en hornos. Es cierto lo que decían los organismos de derechos humanos de que Luciano Benjamín Menendez tenía su propio Auschwitz en Córdoba”, afirmó.
“Los derechos humanos no son un curro, son una realidad que todos los días modifican la calidad de vida de la gente", enfatizó Fresneda en respuesta al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quien había asegurado que en un eventual gobierno macrista "todos esos curros se acabaron".
También le respondió Carlotto: "Acá hubo una dictadura feroz". Y dijo que la descalificación de Macri era una forma de “ensuciar la memoria”. Insistió: "No podemos aplaudir a los candidatos que pregonan esas cosas. Estamos todos los días abriendo caminos y veo que lo que nos mueve es el amor por nuestros hijos".
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10-12-2014
Nieto restituido
En el Día Internacional de los Derechos Humanos
“Es un día de reencuentro conmigo mismo, mi historia y mi ciudad”
Nieto restituido
En el Día Internacional de los Derechos Humanos
“Es un día de reencuentro conmigo mismo, mi historia y mi ciudad”
Lo dijo hoy a Infojus Noticias Andrés La Blunda Fontana, hijo de desaparecidos y nieto restituido. Hoy la Universidad de Mar del Plata le volvió a entregar el título de Contador Público y Administrador. Esta vez, con el nombre que le dieron sus padres biológicos.
Fotos: Marcelo Nuñez
La pequeña aula magna de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), que lleva el nombre de la estudiante asesinada Silvia Filler, apenas alcanzó para albergar a todos los presentes. Andrés La Blunda Fontana fue recibido con un fuerte abrazo por Leda Barreiro de Muñoz, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo en la ciudad balnearia. Más atrás lo esperaban ex compañeros y profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, algunos militantes de la Corriente de Liberación e Integración Nacional (Kolina) y su hermano de crianza, Martín Cabral.
Andrés obtuvo su título de Contador Público y Administrador en 2002, pero el diploma estaba a nombre de Mauro Gabriel Cabral. Así se llamó desde abril de 1977 hasta diciembre de 2012, cuando el Estado le otorgó el DNI con su verdadera identidad. Como si se tratara de una sonrisa del destino, hoy en el Día Internacional de los Derechos Humanos, la UNMdP reparó parte de esa herida del pasado y le otorgó un nuevo título que lleva el nombre que le dieron sus padres biológicos.
“Esto es la legalidad que acompaña la verdad. Antes hubo una legalidad que acompañó la mentira, entonces hubo que borrar esa mentira y, a la verdad darle una legalidad que se traduce en un nuevo documento y a partir de allí cambiar todo”, dijo Andrés a Infojus Noticias luego del acto académico.
Por miedo a equivocarse, Mónica Biasone prefirió leer sus propias palabras. La decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales destacó la importancia de que la Universidad reparé las injusticias del pasado. “Hoy Andrés nos hace parte de su historia y nos indica un camino: no es posible la lucha por los derechos humanos sin identidad”, dijo.

Toda la verdad en una noche
Andrés nació el 25 de enero de 1977 y vivió con sus padres sólo tres meses. El 20 de abril de ese año, Pedro La Blunda y Mabel Lucía Fontana, militantes en la Columna Norte de la organización Montoneros, fueron secuestrados por una patota del Ejército en la localidad bonaerense de San Fernando.
Los militares dejaron al bebé con un matrimonio que vivía en el departamento de enfrente.
Lo primero que hicieron Raúl Cabral y Cristina Benavide fue ir a la comisaría más cercana para denunciar lo ocurrido, pero recibieron la respuesta menos esperada. El comisario les dijo que lo mejor que podían hacer era quedarse con el bebé para evitarle un destino que podía ser trágico.
La pareja inició los trámites de adopción y en 1983 se mudaron a Mar del Plata. Andrés hizo la primaria en el colegio Sagrada Familia y llegó a jugar fútbol infantil en el club Aldosivi. Luego de terminar la secundaria en la Escuela de Educación Medía Nº 8, ingresó a la facultad.
“Hoy es un día de reencuentro conmigo mismo, mi historia y mi ciudad. Hace doce años que no vivo acá y pude recuperar mi nombre hace algunos años. Soy egresado de esta Universidad, una institución pública y gratuita que me llena de orgullo y me dio la posibilidad de graduarme”, dijo Andrés cuando le tocó la palabra.
La mayoría de los que asistieron al acto conocieron a Andrés cuando se llamaba Mauro. Un viejo compañero de estudio se mentalizó para no meter la pata, pero en un momento se descuidó y cometió el error: en medio de una charla lo llamó “Mauro”.
En una misma noche de 1998, Andrés supo toda la verdad de su vida. Su prima Carolina le dijo que era adoptado y que sus verdaderos padres habían sido secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura cívico militar. Desde ese día comenzó un lento y doloroso camino de reconstrucción que lo llevó a relacionarse con su familia biológica para llegar a su verdadera identidad.
En 2008, Andrés decidió dar el paso final: comenzó a tramitar la anulación de su adopción. Allí hubo trabas que sortear. El expediente iniciado en 1977 por la jueza Ofelia Hejt había “desaparecido”. La funcionaria que un año antes había intervenido en la adopción de Marcela y Felipe Noble Herrera había ignorado el dato de que Andrés tenía su partida de nacimiento y su DNI. Tampoco investigó cuando el matrimonio le dijo que los verdaderos padres del bebé habían sido detenidos por las Fuerzas Armadas.
Frente a los amigos, los viejos profesores y periodistas que llevaron el aula magna, Andrés explicó: “Lo primero que quiere hacer uno es recuperar su identidad, su historia. Pero una vez saldado eso, uno espera la legalidad que llega con el nuevo documento que otorga una nueva identidad. Es poner las cosas en su lugar y como deberían haber sido. Que mi título universitario lleve mi nombre me permite reapropiarme de lo que es mío”
El caso de Andrés es el primero en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Una ordenanza de excepción votada por el Consejo Superior pudo dejar de lado la normativa -aún vigente- de la última dictadura que impide modificar y entregar un título profesional original por segunda vez. En ese sentido, el rector Francisco Morea aseguró que “la historia de Andrés obliga a las autoridades a mirar la legislación interna de la Universidad para echar luz sobre aquellas normativas creadas en las etapas más oscuras”
El 21 de diciembre de 2012, Andrés recibió su nuevo DNI y el nombre que habían elegido sus padres biológicos se transformó en su nombre legal. “Era una deuda conmigo mismo. A partir de que tuve mi nuevo nombre empecé a hacer todos los cambios. Yo cambió nombre y número de documento así que tuve que cambiar todo y entre esas cosas estaba el título universitario”.

-¿Cómo fue empezar la reconstrucción de esa identidad?
-Fue muy duro. Yo me enteré en 1998, en un contexto político y social muy distinto. Había un desconocimiento y una indiferencia sobre lo que había pasado muy profunda. El dolor más grande era la indiferencia, sentirte solo, salvo por la presencia de las Abuelas de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos.
-¿Cómo afectó a tu familia adoptiva el cambio de identidad?
-Mi hermano de crianza está hoy acá. Es quien respetó mis decisiones y búsquedas. Hubo un cortocircuito muy grande cuando decidí cambiarme la identidad y yo también decidí correrme de ese lugar, de hecho hace doce años que no vivo en Mar del Plata. Necesité tomar distancias con todo lo que era mi círculo íntimo en ese momento. Estoy desembarcando de vuelta en mi ciudad con mi verdadero nombre. Necesitaba que el tiempo fuera suturando algunas heridas y reconstituyendo todo de nuevo. No sé si está bien o está mal lo que hice pero es como me salió y todo eso fue acompañado de mucho dolor. Yo pude resolverlo saliéndome de todo lo que era mi vida en ese momento y reconstruyendo mi verdadera historia que en un momento le puse un nombre, que era mi nombre: Andrés La Blunda Fontana.
Fuente:Infojus
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