10 de febrero de 2015

ARGENTINA REVELA ARCHIVOS SECRETOS SOBRE LA DESAPARICIÓN DE DAGMAR HAGELIN.

EFE, 09/02 20:13 CET
Dagmar Hagelin tenía 17 años cuando el 27 de enero de 1977 fue secuestrada en las afueras de la capital argentina por un “grupo de tareas” de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la principal cárcel clandestina del régimen militar. EFE/ArchivoDagmar Hagelin tenía 17 años cuando el 27 de enero de 1977 fue secuestrada en las afueras de la capital argentina por un “grupo de tareas” de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la principal cárcel clandestina del régimen militar. EFE/Archivo
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Buenos Aires, 9 feb (EFE).- El Gobierno de Argentina ha hecho públicos documentos secretos relacionados con la desaparición de la joven sueca Dagmar Hagelin, uno de los casos de desaparecidos a manos de la última dictadura argentina (1976-1983) que alcanzó mayor repercusión internacional, informaron hoy fuentes oficiales.

Los expedientes desclasificados, ahora accesibles desde el sitio http://desclasificacion.cancilleria.gob.ar, incluyen informes, notas, cartas, telegramas, resúmenes y reseñas, en las que intervienen los presidentes, los cancilleres, jueces y el propio comandante en Jefe de la Armada en 1983.

Dagmar Hagelin tenía 17 años cuando, el 27 de enero de 1977, fue secuestrada en las afueras de la capital argentina por militares de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la principal cárcel clandestina del régimen militar.

En los archivos se detalla un resumen de comunicaciones con las acciones emprendidas por el Gobierno de Suecia y por Ragnar Hagelin, padre de la víctima, para salvar la vida de su hija.

Al día siguiente del secuestro, el 28 de enero 1977, Ragnar Hagelin realizó una denuncia por desaparición en la Embajada de Suecia en Buenos Aires.

A partir de entonces, la embajada sueca inició una comunicación con el entonces embajador argentino en Estocolmo, Boatti Ossorio, solicitando el trato urgente del caso.

El 3 de mayo de 1977, el entonces primer ministro sueco Thorbjörn Fälldin envió un telegrama a quien era presidente de facto argentino, Jorge Rafael Videla, instándole a mantener la investigación para hallar a Dagmar Hagelin.

“En reiteradas comunicaciones, la junta militar alegó desconocimiento del caso y desestimó los testimonios de quienes presenciaron el secuestro”, señaló la Cancillería argentina.

Las autoridades suecas consideraron “inaceptables” estas respuestas y señalaron la vinculación directa de la Armada argentina, específicamente del exteniente Alfredo Astiz, en el secuestro y desaparición de la joven.

En la etapa de investigación del caso, se dio por probado que Astiz, apodado “El ángel de la muerte”, comandó el operativo que culminó con el secuestro de Hagelin, a quien previamente hirió con un disparo de arma de fuego.

Según Jorge Camarasa, autor del libro “El verdugo”, que salió a la venta en 2009 y reconstruyó la historia de la joven sueca, Hagelin fue secuestrada por error por los agentes de la dictadura, que la confundieron con María Antonia Berger, una militante del grupo guerrillero Montoneros.

En la década de los años 80, Camarasa colaboró en la investigación sobre el caso que llevó adelante el padre de la joven, que también determinó que fue Astiz quien hirió a la joven de un disparo en el cuello cuando esta intentaba huir de la casa de Norma Burgos, considerada afín a los Montoneros.

El juicio por este y otros casos de secuestros, crímenes y desapariciones en la ESMA se inició en 2013 y este año entrará en su etapa final.
Fuente:euronews 






LA CANCILLERIA DESCLASIFICO LOS EXPEDIENTES SOBRE LA DESAPARICION DE LA JOVEN SUECA
Tras el rastro de Dagmar Hagelin
Las carpetas desclasificadas contienen la documentación –informes, cartas, telegramas– que se cruzaron los gobiernos de la Argentina y Suecia durante la dictadura por el caso Dagmar Hagelin.
Por Ailín Bullentini

La joven sueca Dagmar Hagelin, desaparecida en 1977, uno de los casos de mayor repercusión internacional.
Ragnar Hagelin buscó mucho a su hija, Dagmar, quien de-sapareció en la Argentina en enero de 1977. Solo, primero. Luego, a través de las instituciones diplomáticas de su país de origen, Suecia. Así consta en dos expedientes que fueron recientemente desclasificados por la Cancillería argentina y que contienen informes, notas, cartas, telegramas, resúmenes y reseñas en los que altos funcionarios suecos –ministerios de Relaciones Exteriores e incluso el presidente de aquel país entonces reclamaban a la Argentina por información sobre el paradero de la joven y las autoridades de facto argentinas y los jueces que intervinieron en la investigación sobre lo ocurrido negaron los hechos.

“El gobierno argentino sabe quiénes son los responsables de la detención de Dagmar Hagelin y de su posterior destino. Sin embargo, prefiere hacer caso omiso del asunto y negar que lo conoce. Esto es indigno e inaceptable.” La sentencia pertenece a quien fue el primer ministro sueco Thorbjorn Falldin; fue emitida en diciembre de 1979. Llegó vía correo epistolar a quien era dirigida, el entonces presidente de facto argentino Jorge Rafael Videla.

Para entonces, Suecia se había hartado de las evasivas de la dictadura militar nacional ante sus consultas y pedidos insistentes por el esclarecimiento del hecho.

La “suequita” cayó en manos del grupo de tareas 3.3.2. de la Armada el mediodía del 26 de enero de 1977 en El Palomar, provincia de Buenos Aires. Estaba llegando a la casa de Norma Burgos, su amiga, cuando miembros de la patota dirigida por el genocida Alfredo Astiz la hirieron a tiros, la encerraron en el baúl de un auto y se la llevaron. Los hechos fueron reconstruidos por vecinos y sobrevivientes, incluida Burgos, que por entonces era la compañera de Carlos Caride, dirigente de Montoneros. Los testimonios la ubicaron con vida en la ex ESMA, en donde habría permanecido unos diez días y luego en las filas de de-saparecidos que los torturadores de la última dictadura cívico-militar argentina subían a aviones para arrojarlos al mar o al Río de la Plata. Ragnar Hagelin buscó a su hija desde aquel mediodía. Fue a la comisaría de Morón y allí supo que el secuestro de su hija había sido obra de la Armada. Cuando los caminos se le cerraron, algunos días después, acudió a Suecia. El había nacido en Chile, pero tenía ciudadanía sueca, al igual que Dagmar. El caso llegó a la Justicia a través de un hábeas corpus presentado por Ragnar. En 1979, la Cámara Nacional de Apelaciones rechazó el recurso. En 1980, el entonces juez federal Luis Rabellini se declaró incompetente.

La mayoría de los datos fácticos de la desaparición de Dagmar integran aquella dura carta enviada a Videla por Falldin, que integra el intercambio diplomático que compartieron el reino sueco y la dictadura argentina entre 1977 y 1986, y que quedó registrado en dos expedientes archivados en la Dirección de Asuntos Jurídicos de la Cancillería. Esas dos carpetas, con decenas de órdenes, mensajes y pedidos –también judiciales– realizados y respondidos por funcionarios de los gobiernos, fueron desclasificadas y publicadas ayer en el sitio web en el que el ministerio dirigido por Héctor Timerman vuelca archivos relacionados con la actividad de la última dictadura.

“La embajada se permite recordar que las numerosas presentaciones realizadas con este asunto hasta la fecha no han recibido respuesta por parte argentina, excepto que la investigación continúa”, insistió en mayo de 1978 la Embajada de Suecia en Buenos Aires en una carta enviada a la Cancillería. Por si fallaba la memoria de los funcionarios locales, los suecos acompañaban el cordial reclamo con una minuta fechada de todos los encuentros, intercambios, reclamos y peticiones que diferentes funcionarios de ese país europeo habían emitido a las autoridades militares argentinas entre la fecha de desaparición de Hagelin y septiembre de 1977. El punteo incluyó encuentros personales con Videla.

La respuesta argentina no superaba aquello de “la investigación continúa”. Aunque alguna ofrecía virulencia entre líneas. En septiembre de 1977, por ejemplo, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores le respondieron a la Embajada de Suecia que Dagmar era argentina y que la información que seguía en ese texto era brindada por pura “cortesía”. Allí, el organismo de gabinete de facto también comentó que “el gobierno argentino está empeñado en la tarea de erradicar el terrorismo y la subversión”, que “los procedimientos antisubversivos son efectuados por fuerzas conjuntas perfectamente controladas... (que) llevan un registro oficial de aquellos detenidos por vinculaciones con la guerrilla y la subversión, así como también de aquellos casos de denuncias de desapariciones” y que tales registros “son claros, precisos y permanentemente actualizados, lo que da como resultado un conocimiento exacto de la situación de cada detención”. “En cuanto al caso de la señorita Hagelin, no existen constancias oficiales de que hubiera sido detenida por fuerzas de seguridad”, descartó por último ese comunicado. Las listas allí mencionadas, en tanto, nunca aparecieron.

El país europeo y el padre de Dagmar decidieron reconstruir los últimos días de la joven a través de los testimonios de sobrevivientes de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el terrorismo de Estado gobernante. Fue útil la declaración de la propia Norma Burgos, también de Martín Grass. Meses antes de que la dictadura se diluyera en la democracia que persiste desde entonces, el entonces ministro de Relaciones Exteriores sueco Lennard Bodstrom le escribió a su par argentino Juan Ramón Aguirre Lanari. Allí le contaba sobre la “decepción” de su gobierno frente a las evasivas argentinas, le informaba que las autoridades suecas habían continuado investigando, y que habían encontrado más testimonios de sobrevivientes de la ex ESMA, un “material” que “parece no dejar dudas sobre la participación de las Fuerzas Armadas argentinas en la desaparición de Dagmar y por ende del conocimiento que se tenía sobre ésta”. Por último advirtió que “la parte argentina no ha alegado que existieran fundamentos legales para tener prisionera en la Argentina a Dagmar o para entablarle juicio”, y que el gobierno sueco “supone que Dagmar está viva y que la Argentina hará todo lo que esté a su alcance para presentar un informe ampliamente clarificador de lo que le sucedió”.
Facsímiles pertenecientes a los dos expedientes desclasificados.
Fuente:Pagina12

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