3 de abril de 2015

A 33 AÑOS DE MALVINAS: NO MATARÁS, NO TORTURARÁS, NO ESTAQUEARÁS A TUS HERMANOS.

Miércoles 01 de abril de 2015
A 33 AÑOS DE MALVINAS 
No matarás, no torturarás, no estaquearás a tus hermanos 
​​(Por María Laura Riba, para momarandu.com).
Cuando se habla de la Guerra de Malvinas, parece que fue algo que sucedió hace mucho. Pero, pasaron 33 años y aún hay puntos oscuros. Momarandu.com dialogó con Orlando Pascua, ex combatiente y Coordinador Nacional de la Red Compromiso Social por Malvinas. entre otros temas sobre el reciente fallo de la Corte rechazando una demanda histórica.

El 19 de febrero pasado, años de lucha parecieron desmoronarse como las piezas de un dominó interminable. La Corte Suprema de Justicia de la Nación solo escribió unas pocas líneas para echar por tierra la batalla que se creía ganada, aquella que define claramente que los estaqueos, como tantas otras torturas que existieron en Malvinas, realizados a soldados, son delitos de lesa humanidad.

Soldados que no traicionaron sino que se vieron obligados a robar ovejas, por ejemplo, para poder comer. Comida que nunca llegó a sus manos, pese a la enorme cantidad que se mandó, pues el país entero estuvo en función de juntar comida y todo lo que pudiera ser útil allá en el sur, donde la escarcha siempre es aguja candente de hielo.

Como decía, el 19 de febrero la Corte Suprema escribió:
“Vistos los autos: "Recurso de hecho deducido por el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata en la causa Taranto, Jorge Eduardo s / causa n° 14.969, para decidir sobre su procedencia.

“Considerando: “Que el recurso extraordinario, cuya denegación origina esta queja, no se dirige contra una sentencia definitiva o equiparable (art. 14 de la ley 48).

“Por ello, se la desestima. Declárase perdido el depósito de fs. 2. Notifíquese y archívese”. Nada Más. Y firman Ricardo Luis Lorenzetti, Carlos Fayt, Elena I. Highton de Nolasco y
Juan Carlos Maqueda.

¿Pero qué pasó? ¿Por qué esta decisión? ¿Significa esto que los “estaqueos” no son considerados delitos de lesa humanidad? La palabra “archívese” suena muy fuerte. 

Entonces hay que buscar el art. 14 de la ley 48, para leer: “Una vez radicado un juicio ante los tribunales de provincia, será sentenciado y fenecido en la jurisdicción provincial, y solo podrá apelarse a la Corte Suprema de las sentencias definitivas pronunciadas por los tribunales superiores de la provincia en los casos siguientes…”, y pasa a enumerar. Por lo que se ve, todo parece ser que, en algún punto, se cometió un error técnico, ahora bien, ¿cuál? La Corte no lo aclara, y si es verdad que el lenguaje del fallo es el que debe ser entre abogados, para el resto de los mortales es, por lo menos, un lenguaje ambiguo.

Así las cosas, momarandu.com dialogó con Orlando Pascua, ex combatiente y Coordinador Nacional de la Red Compromiso Social por Malvinas.

Pero antes recordemos qué significa “estaquear” para la Real Academia Española: “Torturar a alguien amarrando sus extremidades con tiras de cuero entre cuatro estacas”. Y eso, a no dudarlo, ocurrió en Malvinas.

MOMARANDU.COM: ¿Qué pasó? ¿Cómo empezó todo? 
ORLANDO PASCUA: La causa judicial se inició en abril de 2007 sobre 23 testimonios de estaqueamientos que levantamos acá en la provincia. Eso lo delegamos al Juzgado Federal de Río Grande, Tierra del Fuego, en abril de 2007 bajo el concepto de soberanía, porque las Islas Malvinas forman parte de la provincia de Tierra del Fuego, por tanto, la jurisdicción judicial depende de Río Grande.

De esos primeros 23 testimonios, pasamos, actualmente a más de 120 testimonios de soldados conscriptos: hay 74 hechos delictivos denunciados y 80 militares acusados. En el Juzgado Federal de Río Grande se resolvió que son delitos de lesa humanidad; siguió el proceso y eso pasó a la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia, y ahí la Cámara es más contundente todavía.

Señala que las mismas prácticas que se realizaba en los centros clandestinos de detención durante la dictadura, se aplicaban con nuestros soldados de Malvinas. Y esa Cámara dejó bien claro que aunque hubiera sido un solo caso, es un delito contra la humanidad. Nosotros hemos logrado demostrar que en la mayoría de las unidades hubo algún caso de tortura, de estaqueamiento, muerte por hambre e incluso, hay un caso de asesinato de un soldado conscripto.

M.: La Corte hace referencia a la causa Taranto, Jorge Eduardo, causa n° 14.969, ¿Quién es Taranto? 
O.P.: Bueno, en las circunstancias que te comentaba, aparece un oficial que tiene cinco acusaciones, y es el oficial Jorge Eduardo Taranto. En un tiempo se dedicó a hacer periodismo en Radio 10, cuando era propiedad de Daniel Hadad…para que veas por dónde iba su pensamiento…también fue agente de la SIDE…bueno, su programa radial se llamaba “Malvinas, la verdadera historia”, y desde allí ya nos castigaba duramente. 

Entonces, ante estas acusaciones que pesan sobre él, decide apelar a la Cámara de Casación Penal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuyos tres miembros venían de la época de la dictadura militar. Esta Cámara no desconoce que hayan existido crímenes, pero dice que son crímenes comunes, por lo tanto, prescribieron. Eso fue hace dos años y medio atrás; es entonces cuando nosotros apelamos a la Corte Suprema, pasaron esos dos años y medio y la Corte desestima la causa; en solo tres renglones dice que acá no hay sentencia definitiva ni siquiera dice expresamente que estos no son delitos de lesa humanidad, pero se prende de lo que dice la Cámara de Casación, en consecuencia, tampoco para la Corte -aunque no lo haya escrito- estos son delitos de lesa humanidad.

M.: ¿Cuáles son los pasos a seguir? 
O.P.: Tenemos pensado recurrir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos; nos dicen que es la vía más rápida…igual se puede demorar dos, tres años; aquí “más rápido” significa menos años. A partir del 19 de febrero, fecha en que se expidió la Corte, tenemos seis meses para hacer la presentación. El único querellante es el Centro de Combatientes de La Plata, pero, fijate, ante la Corte se presentaron apoyando nuestra postura, H.I.J.O.S. y la AMIA, porque dentro de los torturados y estaqueados están los “cabecitas negras” de nuestra región, varios soldados del pueblo originario, pero también hay judíos, a quienes torturaron por el solo hecho de ser judíos.

M.: ¿Se tiene registro de los soldados judíos que fueron a Malvinas? 
O.P.: Habrán ido, más o menos, veinte soldados judíos. Los maltrataron de lo peor, al estilo de los campos de concentración nazi.

M.: Cuando se piensa en los estaqueamientos, en la tortura que padecieron los soldados argentinos de parte de sus propios jefes y se contextualiza a la guerra de Malvinas dentro de una dictadura, la pregunta surge sola, ¿de dónde salieron estos torturadores de Malvinas? 
O.P.: Lo que hizo Malvinas fue blanquear a todos los torturadores de la dictadura, porque no es casual que la mayoría de ellos que actuaba en los centros clandestinos de detención, haya ido a Malvinas…Astíz (Alfredo), Pernía (Antonio) que fue mi jefe de operación que actuaba en complicidad con Julio César Binotti, quien está preso por delitos de lesa humanidad, por causa de estaqueamiento de soldados chaqueños. El mismo gobernador de la isla, Benjamín Menéndez (Luciano) hoy está procesado; acá en Corrientes está Parada (Omar Edgardo) que era de la Brigada de Curuzú Cuatiá; Mabragaña (Juan), general de la Brigada de Paso de los Libres; Piaggio, jefe de Brigada de Mercedes, todos ellos están procesados por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. El que condujo el desembarco del 2 de abril, Contralmirante Busser, falleció el año pasado con arresto domiciliario. Casi todos los que encabezaron la guerra, salvo excepciones, por supuesto, estuvieron implicados en la última dictadura militar.

M.: ¿Tiene conocimiento de si existe en algún manual militar u escrito militar algo que establezca que en épocas de guerra es legal estaquear, tortura y matar?
O.P.: Quienes quieren desconocer estos hechos te dicen, “bueno, el estaqueamiento siempre existió en todas las guerras”; pero es que en estos casos, no existió nunca un hecho en contra de la disciplina o algún acto por cobardía de los soldados. La mayoría de los estaqueamientos fue por hacerse de comida, por matar una oveja para comer o agarrar un paquete de galletitas. Fue por hambre. En su fallo, la Corte no argumentó, no se dice nada de los estaqueamientos.

M.: ¿Cómo sigue esta pelea, además de tener previsto una presentación en la Corte Interamericana de Derechos Humanos? 
O.P.: Buscamos que toda nuestra lucha esté en todos los espacios institucionales; acá ya logramos el apoyo de la cámara de Diputados, Senadores, el Concejo Deliberante, las legislaturas de distintas partes de la provincia y lo que hay que destacar es que ese apoyo fue por unanimidad, y eso es importante.

M.: Desde afuera, el movimiento de los ex combatientes se ve muy fragmentado… 
O.P.: Es cierto, nosotros como sector social estamos muy fragmentados, hay distintas opiniones. Hay un sector que quedó muy cercano a lo militar y siguió muy relacionado. Algunos ex combatientes actúan como si estuvieran padeciendo el Síndrome de Estocolmo. Por ejemplo, hay un compañero del Chaco, que denunciamos su estaqueamiento; pero este muchacho no quería reconocer que fue estaqueado, hasta que un día dijo: “Bueno sí, pero está bien porque yo me porté mal y por eso me castigaron…”. También está la cuestión económica, porque a algunos les dieron una buena pensión entonces se callan…hay sectores que mercantilizaron la cuestión Malvinas, todo es plata, todo se mezcla. En definitiva, nosotros hicimos lo que pudimos hacer.

M.: Después de 33 años, ¿desde qué postura considera que hoy se debe hablar de Malvinas? 
O.P.: Hoy Malvinas se da en un espacio de una batalla cultural, una batalla por demostrar una historia completa de Malvinas. Sobre Malvinas hay tantas versiones como protagonistas tuvimos ahí; cada uno somos una isla de verdad. Hoy en Malvinas hay que plantearse el contexto de la soberanía no solo argentina sino como parte de Latinoamérica; está en el sentimiento de los pueblos latinoamericanos que es la gran causa de integración regional y hasta nivel mundial. Es una causa de diálogo y de paz. Varios sectores de la sociedad venimos planteando de esa manera, dentro de otros conceptos, de los recursos naturales de Malvinas, y cuando planteamos la paz, es plantear que hay una base militar de la OTAN -Organización del Tratado del Atlántico Norte- en Malvinas, plantear la importancia estratégica y geopolítica que tiene Malvinas…une el Atlántico y el Pacífico, la cercanía con la Antártida. Malvinas, en el debate, tiene que ser eso y está siendo eso. Nosotros fuimos protagonistas de una rica etapa de su historia, porque Malvinas viene ya desde la época de la colonia y antes de nosotros hubo otros combatientes.

El primer combatiente fue el gaucho Rivero, un gaucho entrerriano que batalló seis meses teniendo en alto la bandera argentina en Malvinas, con cuatro indios charrúas y cinco gauchos criollos. Existió la participación de la mujer ya desde la época de la colonia: las mujeres onas que iban de Tierra de Fuego a Malvinas, y ya en el mismo conflicto de Malvinas hubo siete mujeres, enfermeras, que atendían a todos nuestros compañeros heridos…son sujetos sociales que todavía quedan por reconocer y reivindicar, como son los hermanos de los pueblos originarios que sufrieron, muchas veces, vejámenes.

Además, dentro de esas 123 tumbas NN que hay en Malvinas, que son compatriotas nuestros y que tienen una placa que dice: “Soldado solo conocido por Dios”; se ha hecho todo el trabajo con los familiares para la extracción de sangre para el ADN, una tarea que se revitalizaría con el Equipo Argentino de Antropología Forense y con la cobertura de la Cruz Roja Internacional…todo familiar tiene derecho a saber dónde está su hijo, su familiar, su hermano…también estamos trabajando en eso.

M.: ¿Pudo y puede rescatar algo positivo de aquella época de la cual fue uno de los protagonistas?
O.P.: En mi caso particular me transformó en militante por la vida.
Fuente:Momarandu








Malvinas
La verdad estaqueada

02/04/2015 
Un grupo de ex combatientes de Malvinas denunció a militares por torturar soldados durante la guerra. Pidieron que fueran sentenciados por crímenes de lesa humanidad. Hace unos días, la Corte Suprema rechazó el pedido en un fallo de sólo nueve líneas. El cronista y ex combatiente Roberto Herrscher analiza las implicancias de esa decisión, el estatus de los conscriptos y dice que esos delitos no deberían prescribir.

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La verdad estaqueada por Roberto Herrscher
Sí, soy un ex combatiente de la guerra de las Malvinas. Pero no, no es esa la razón por la que estoy indignado.

La Corte Suprema de nuestro país le da la espalda al grito de justicia de los veteranos de La Plata. Y en este pedido de justicia por las torturas cometidas contra soldados por sus jefes en Malvinas, aun los que no habían nacido en 1982 deberían sentir como propia la causa de esos chicos de los pozos de zorro en los montes alrededor de Puerto Argentino que, cuando llegaron las tropas británicas, ya estaban quebrados.

El caso que presentan, décadas después de la guerra, los integrantes de la más consecuente e independiente asociación de veteranos, el CECIM de La Plata, debe hacernos reflexionar sobre muchas cosas: es un caso que nos apela y nos pinta como sociedad.

Primero, los hechos. En abril de 1982, unos 10.000 soldados de las tres armas fuimos enviados a las Malvinas en una operación pésimamente preparada, en la que no teníamos ninguna chance contra un ejército del Primer Mundo.

Los británicos venían ejercitándose contra las inclemencias del frío en campos de entrenamiento en el norte de Noruega, y de pelear en sus guerras coloniales en los cinco continentes. Venían armados y vestidos para ganar la guerra.

Nosotros dábamos pena. En su excelente documental sobre Los héroes de Miramar, el cineasta Laureano Clavero da voz a hombres todavía aturdidos y avergonzados por haber ido a pelear sin tener la más mínima idea de qué hacer en combate. Uno de sus testimonios dice que muchos de sus compañeros jamás pisaron el cuartel: como eran clase 63, una o dos semanas después de entrar a “la colimba”, fueron enviados a Malvinas.

Los testimonios de sobrevivientes de la guerra, desde el pionero Los chicos de la guerra de Daniel Kon hasta Iluminados por el fuego de Edgardo Esteban abundan en historias de este tipo. Salvo honrosas excepciones, nuestros jefes trataban a su tropa como carne de cañón.

Yo nunca había tenido en mis manos un FAL. Cuando me dieron uno en Malvinas, me dijeron que no podía gastar munición en prácticas. Si hubiera tenido que enfrentar a un enemigo, lo hubiera hecho con un fusil con el que no había disparado nunca. Pero ni siquiera hubiera llegado a eso: mi FAL se encasquetó con el agua de mar y no funcionaba. Nunca nos enseñaron a cuidarlo para que pudiera salvarnos la vida.

Cuando doy conferencias y charlas sobre Malvinas, pongo un ejemplo que, creo, sirve para explicar ese combate tan desigual: en el monte Longdon, en plena noche, los marines británicos venían con anteojos de visión nocturna, con fusiles con miras infrarrojas. Los chicos de Corrientes y de Salta, además de la falta de preparación, además del hambre y el agotamiento por pasarse tres meses en un pozo inundado, no veían un carajo.

Era como pelear con una venda en los ojos. Así nos mandaron a Malvinas.

Pero la causa que la Corte Suprema despacha en nueve líneas no es sobre la terrible falta de preparación, de medios o de buena dirección de la guerra. Es otra cosa: son torturas, tratos humillantes y degradantes.

Por eso el CECIM pedía que un grupo de oficiales y suboficiales fueran sentenciados por crímenes de lesa humanidad. Los oficiales y suboficiales acusados no se defendieron diciendo que las acusaciones no son ciertas. Dijeron, en cambio, que el delito había prescrito.

Los abogados del CECIM respondieron que no podían prescribir porque eran hechos de lesa humanidad, en la misma categoría y con la misma gravedad de las violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura.

Eso es lo que se jugaba en este juicio: si lo que se hizo con los conscriptos en Malvinas podía ser considerado como los crímenes de lesa humanidad de la dictadura.
Y otro elemento a tener en cuenta es a qué jurisdicción corresponden los hechos. Los desaparecidos, torturados y asesinados eran civiles. Aunque el crimen lo cometieran militares, esas acciones no entraban en el terreno de la jurisdicción militar. ¿Pero qué es un conscripto? ¿Es un civil obligado a pasar unos meses de uniforme, o es un militar como los de carrera?

Por eso, lo que también se discute aquí es qué éramos, qué queríamos y aceptábamos ser los colimbas que fuimos a Malvinas. Por esto también me parece que este caso habla de mucho más que de si unos viejos militares deben ir o no presos por la forma en que trataron a su tropa en las islas.

En su presentación ante la Corte, el procurador Luis Santiago González Warcalde defiende la posición de que son crímenes de lesa humanidad, y por lo tanto no deben prescribir.

“Las conductas imputadas en este proceso, a su vez, caen sin inconveniente en el concepto de tortura”, dice González Warcalde en su escrito a la Corte.

“Para limitarse solo al caso más frecuente: atar de pies y manos a un muchacho debilitado por el hambre y el frío, sujetando sus ataduras a estacas clavadas en el piso, dejarlo así acostado sobre el fango helado durante horas, inmovilizado y sin ninguna protección contra el clima inhóspito del Atlántico Sur, hasta que estuviera al borde de la muerte por enfriamiento, para así, con el pretexto de castigarlo, intimidar a él y al resto de la tropa es en sí una forma de maltrato incuestionablemente cruel, brutalmente inhumano e intencionadamente degradante; una de las formas de maltrato, en fin, para las que reservamos el término ‘tortura’”.

De estos hechos estamos hablando. Estas son las cosas que pasaban en Argentina durante la dictadura, y estas son las conductas que desde la época del Martín Fierro sucedían en el ejército, una institución poderosa, cerrada, impune.

Lo conté en mi libro Los viajes del Penélope y lo repito: yo tuve la suerte de que me tocaran unos oficiales y suboficiales de la Marina que me trataron con humanidad, con respeto. Como muchos otros, cuento entre mis riquezas no materiales (las únicas que tengo) la amistad y el cariño de los compañeros que tuve en esa pequeña goleta de madera, el
Penélope, donde viví lo más duro y dramático de la guerra.

Pero caer en manos de una institución a la que nuestro país otorga la defensa de la soberanía y el uso de las armas no puede ser una lotería. Todos los soldados de las tres armas en Malvinas debían haber sido tratados como fui tratado yo. Y no fue así.

En 2006, cuando fui a La Plata a conmemorar con los compañeros del CECIM el 25 aniversario de la guerra, me contaban ya que estaban pensando en presentar esta denuncia. Tenían dudas, sobre todo por si la ciudadanía entendería su lucha, su agravio. Ellos estaban denunciando a algunos oficiales que habían mostrado ante el enemigo una conducta deshonrosa pero también a otros que habían luchado con coraje, poniéndose a sí mismos en peligro. Algunos de los que cometieron torturas contra sus conscriptos después murieron en combate. ¿Se puede acusar a un héroe de la patria?

Sí, por supuesto. Nada justifica conductas como las que describe González Warcalde, como las que sufrieron y presenciaron muchos de los colimbas a quienes sus jefes obligaron a callar. No se defiende un país desde el desprecio por la vida, por la humanidad y la dignidad de sus habitantes. El hecho de que en una circunstancia bélica se usen civiles en una guerra no significa que estos hayan perdido sus derechos fundamentales.

Es terrible lo que denuncian los del regimiento de La Plata, y lo que callan muchos otros, porque siguen viviendo con el miedo a la autoridad en el cuerpo. El estaqueo, como ejemplo y como símbolo de las torturas en Malvinas, no solo afectaba a cada joven que lo sufría.

No solo daba la lección cruel de que había que soportar cualquier cosa que mandara el jefe, que es la peor lección para un país que quiere construir una democracia. También iba en contra del esfuerzo de guerra: ¿cómo podían pelear contra el enemigo los soldados que habían pasado por semejante calvario a manos de sus jefes?

Pasaron treinta y tres años de estos hechos. Los chicos del CECIM, como yo mismo, tenemos todos más de 50 años. Vivimos más del doble de lo que teníamos de vida cuando nos mandaron a Malvinas. Y todavía nos duele, todavía nos subleva y todavía no encontramos respuesta para estos crímenes.

¿Por qué? Tal vez Malvinas siempre fue lo que se vio en el momento de la transición a la democracia: el último, el peor, el más significativo crimen de una dictadura atroz. Nosotros vimos cómo trataban a su propia tropa. Después nos enteramos de cómo habían tratado a sus enemigos de la guerrilla, a sus adversarios políticos, a los jóvenes combatientes o idealistas que cayeron en sus manos en los campos de concentración. Pero todo estaba en esos desolados montes malvineros: ¿cómo iban a tratar a sus enemigos si así trataban a su propia tropa?

Era lógico que un ejército en busca de una guerra por una causa nacional para redimirse y salir de su crisis política y económica, llegara a esto: a repetir con sus propios soldados las torturas que infringía en sus víctimas en la guerra sucia.

El alegato que el gran ensayista León Rozitchner publicó en pleno combate, Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia, denunciaba la mentira de que los militares habían abrazado la causa nacional. Pero Rozitchner fue demasiado suave incluso en su denuncia. ¿Guerra limpia? Ahora sabemos que tampoco Malvinas fue una guerra limpia.
Y ahora viene el mazazo de la lacónica patada que la Corte Suprema da al pedido de justicia de unos ex combatientes que quieren que el Estado, en democracia, les diga que lo que sufrieron no era parte del sufrimiento común de una guerra, ni siquiera de lo que un soldado está obligado a sufrir en una guerra. Que lo que algunos jefes hicieron con algunos de sus subordinados es una canallada, un crimen cuyas consecuencias todavía sufren sus víctimas, y que por lo tanto no debe prescribir.

Ahora sabemos mucho más sobre qué pasó en Malvinas. Ahora tenemos más razones para considerarla una vergüenza nacional, porque la enorme mayoría de los ciudadanos (con la valiente protesta de unos poquísimos luchadores por los derechos humanos, como las Madres de Plaza de Mayo, y unos pocos intelectuales, como Rozitcher) aplaudieron a la misma Junta asesina el día que tomaron las islas.

¿Quién se preocupó realmente por nosotros, los chicos de la guerra, además de nuestras familias heroicas?

La guerra no terminó. Para los veteranos las guerras nunca terminan.

¿Quiénes somos los que estuvimos en Malvinas? ¿Qué nos merecíamos allá y qué nos merecemos hoy? ¿Por qué se suicidaron en estos años casi tantos veteranos como los 649 que murieron durante la guerra? ¿Por qué el 58 por ciento de los ex soldados sufre de depresión y que tres de cada 10 reconoce haber tenido pensamientos suicidas, como indicó en 2012 un estudio oficial? ¿Por qué Malvinas sigue siendo una herida abierta en este país?

Treinta y tres años de preguntas sin respuesta. Hoy nuestros hijos tienen la edad que teníamos nosotros cuando fuimos a la guerra. Por ellos, por todos los jóvenes argentinos que ojalá nunca conozcan lo que era ser joven en la dictadura, es que tenemos que seguir peleando, preguntado, exigiendo como los compañeros del CECIM La Plata.

El dolor nunca prescribe.

Fuente: Revista Anfibia
Fuente:ChacoDíaporDía

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