Viernes, 12 de junio de 2015
Es verdad Ernesto: no hay palabras para calificar al terrorismo de EstadoErnesto Espeche. Dio su testimonio.
Autor: Gentileza juiciosmendoza.wordpress.com

Por Gustavo De Marinis
demarinis.gustavo@diariouno.net.ar
@Monodemarinis
A penas un día después de cumplirse el aniversario número 39 de la última vez que vio a su mamá, Carlos Ernesto Espeche dio su testimonio en el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad de Mendoza. Fue el lunes cuando el actual director de Radio Nacional Mendoza se sentó frente al Tribunal Oral Federal para contar su historia familiar. Una historia estremecedora, que durante casi dos horas quienes asistieron a la audiencia escucharon en silencio, muchos de ellos conmovidos, sorprendidos y emocionados por un relato construido desde el dolor, pero fortalecido por el compromiso de no bajar la guardia.Espeche es hijo de los doctores Carlos Rafael Espeche y Mercedes Vega, los que en los años ’70 resignaron cualquier posibilidad de llevar adelante una vida holgada para abrir una salita en el entonces humilde barrio Espejo lasherino, en el que atendían gratis a los pacientes. Por supuesto que está bien, entonces, que hoy el centro de salud de esa comunidad lleve el nombre del matrimonio de médicos.
Los dos profesionales militaban en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y por razones de seguridad, ante la persecución del aparato represor estatal consensuaron distanciarse. Él se fue a Buenos Aires y luego a Tucumán, donde lo asesinaron el 4 de abril de 1976. Estuvo desaparecido hasta noviembre del año pasado cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) identificó sus restos en una fosa común de un cementerio de esa provincia.
Ella fue secuestrada de su domicilio de calle Ituzaingó, de Ciudad, en presencia de sus dos hijos, de uno y dos años, el 7 de junio de 1976. Desde entonces está desaparecida.
Ernesto, que tenía 2 años y su hermano, Mariano, uno, cuando todo esto sucedió, contó cómo fue la niñez de los Espeche. Y escucharlo fue como escuchar las historias de los cientos de hijos de desaparecidos que tuvieron que ir a la escuela como bichos raros porque los llevaba y los buscaba una señora grande (la abuela) a la que le decían mamá y un señor joven (el tío) que oficiaba de papá.
“Mi viejo no nos enseñó a andar en bici y mi vieja no nos ayudó con la tarea, y cuando nos enfermamos, no nos atendieron. Todos esos momentos me los quitaron”, repasó Ernesto.
Ante la pregunta del fiscal Dante Vega acerca de qué significa haber dado, casi 40 años después, con los restos de su padre, Ernesto, reflexionó: “En principio siento bronca porque quienes hicieron esto saben dónde están los cuerpos y si hubiesen hablado, yo habría tomado contacto con ellos mucho antes. Hallarlo no fue alivio, ni dolor, ni heridas que se cierran. Es una posibilidad maravillosa: la de encontrarme con él, igual que encontrar un libro de poemas de mamá. Es como tocarlos a ellos. Pero no resuelve la ausencia. La aparición de un desaparecido es un acto de justicia, pero no trae alivio, ni paz, es una sensación que no tiene nombre, es lo que dejó el genocidio, y que no hay palabras para explicarlo, habría que inventar esas palabras. Aquellas causas que motivaron la lucha de mis padres aún siguen latentes y uno las abraza como forma de aferrarse a ellos”.
Eso que dejó el genocidio, que tan bien describió Ernesto, tiene autores. ¡Y pensar que con esos autores dice haber negociado el gremialista Luis Barrionuevo!
Fuente:DiarioUnoMdza.
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