Megacausa La Perla |Conmovedor testimonio del sobreviviente Víctor Pujadas
20 de Agosto 2'015
Tenía 11 años cuando secuestraron a sus padres y hermanos, luego masacrados. Junto a su sobrina María Eugenia, de dos años, se quedaron solos en la casa. La madre de la pequeña sobrevivió con graves secuelas. Declararon luego Ana María Lescano y George Rafael.
Por Katy García – PrensaRed
En la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal n°1 se receptaron los testimonios de tres testigos. El primero fue Víctor Pujadas, miembro de una familia diezmada por el terrorismo de Estado. En 1972, uno de sus hermanos, Mariano Pujadas, militante de Montoneros, fue fusilado en Trelew. El 14 de agosto de 1975, fueron asesinados sus padres José María Pujadas y Josefa Badell; su hermano, José María Pujadas (h) y su esposa Mirta Yolanda Bustos, progenitores de María Eugenia, y María José Pujadas.

Los jueces: Falcucci, Díaz Gavier, Quiroga Uriburu y Ochoa
El testigo, acompañado por el cónsul argentino en Barcelona, Marcelo José Irigoyen, declaró esta mañana por videoconferencia. “A eso de las 5 de la mañana, llegaron unos coches a la casa. Golpearon fuerte la ventana del dormitorio. Era algo normal, habíamos tenido muchas otras visitas de la policía”, relató, Víctor Pujadas. Tenía 11 años cuando irrumpió una patota armada y secuestró a la familia. “Después aparecieron todos muertos”, recordó.
Los secuestradores “Entraron tapándose con una manta y una linterna muy potente. Me despertaron y preguntaron cuántos años tenía. Hacían mucho ruido. Me sacan de la habitación. Sigo escuchando ruidos y gritos. Habían dejado a mi sobrina que tenía dos años”, evocó.
“Yo quedé encerrado en la casa y mi sobrina estaba arriba. La recogí y esperé que vinieran los trabajadores de la finca”, dijo entre sollozos. Cada vez que revivió aquel momento de desamparo, cuando se encontró solo con la pequeña, no pudo evitar el llanto.
“Estos son los hechos y a partir de ahí nos tuvimos que ir de Córdoba”, resumió. Más tranquilo, rememoró que “los allanamientos y procedimientos policiales eran normales” desde que su hermano Mariano fuera fusilado junto a 18 presos políticos que habían fugado del penal de Rawson.
“Iban con frecuencia, hasta el punto que mi padre fue a la Central de Policía para declarar que no formábamos parte de ninguna organización guerrillera o terrorista o como le quieran llamar”, afirmó. La finca estaba ubicada frente al Liceo Militar, camino a Jesús María, y cerca del predio La Agustina, del Club Instituto. “Quedó todo muy revuelto, había sangre en las paredes y rompieron un busto de mi hermano Mariano”, detalló. Las líneas telefónicas estaban cortadas y reinaba el desorden. A eso de las seis de la mañana empezaron a llegar los obreros y se inició la búsqueda.
“Mi cuñada, Mirta Bustos, quedó muy herida. Conseguimos que luego de varias operaciones viajara a España para que le hagan otra. Luego regresó a la Argentina. Quedó con muchas secuelas”, le contó al Tribunal. Y agregó: “Hablamos muy poco. Ella no estaba en condiciones de hablar ni yo de escuchar”, le respondió al Fiscal. María Eugenia, hija de Mirta, quedó al cuidado del abuelo materno. Víctor contó que pese a la distancia se comunican habitualmente.
Confirmó que con el tiempo pudo conocer que los allanamientos fueron realizados por un grupo de tareas formado por policías y militares nucleados en los Comandos Libertadores de América y que alguno se había auto inculpado. Sobre este punto, el abogado Claudio Orosz le pidió que se explaye. El testigo explicó que en varias publicaciones “Vergez declara que había participado de los asesinatos de mi familia” y que en un programa de televisión había admitido formar parte de ese grupo, manifestó.
Esa misma tarde un comunicado oficial daba cuenta de que se encontraron cuatro cuerpos sin vida camino a La Lagunilla en la ruta 36 que une la capital con Alta Gracia. Fueron encontrados maniatados, amordazados y ametrallados. Un peón rural que declaró en 2005 aseguró que aquella noche junto a sus hermanos y el dueño de una avícola rescataron a la única sobreviviente. Tenía 17 años.
Ana María Lescano: “Éramos objetos, perdimos la capacidad de ser sujetos”
La segunda en testimoniar fue la psicóloga Ana María Lescano, secuestrada el 22 de Junio de 1977 y trasladada al Campo de la Ribera. Volvió a su casa el 1° de julio junto a Marta Aguirre, secuestrada el mismo día. Aclaró que ninguna militaba.
“Alrededor de las 23, estaba en mi domicilio… estudiaba psicología. Mi compañera de facultad, Amalia Lidia Méndez, se había ido a tomar un café. Me quedé con un chico que hoy sería un amigovio. Estábamos viendo en esos televisores blanco y negro la película Jack el destripador”, afirmó, tratando de ordenar los recuerdos.
El Fiscal le preguntó si traían orden de detención. “Ninguna orden. Todo violencia, imposición, terror. Mucha violencia. Me pusieron una pistola en el cuello y me preguntaban por mi compañera que dónde estaba y qué estudiaba. Y después me bajaron por el ascensor”, respondió. La subieron a un auto junto a Coco Lezcano, Marta Aguirre, Jorge Vélez Moro, y a Gustavo Ardiles. “Era vox populi que llevaban gente a esos dos lugares La Perla y Campo La Ribera”, señaló.
Contó que cuando la interrogaban lloró y que una mujer le dijo “que si era inocente no tenía por qué hacerlo”. Añadió que una sola vez las sacaron al patio a tomar sol, que siempre estuvo vendada, que allí se enteró que había otras chicas estudiantes de psicología. Una del Cerro de las Rosas y otra de Corral de Bustos, y que comían pan y mate cocido. No pudo ubicar a nadie. Solo vio “borceguíes y pantalones verdes” (…) “Éramos objetos, perdimos la capacidad de ser sujetos, y el derecho a todo”, sentenció.
- ¿Pudo reconstruir algo, quiénes estuvieron?-indagó la fiscal
-No. Viví esos días de terror, pero costaba tomar conciencia sobre esa situación. Uno me decía que me baje la venda y no lo hice porque pensaba que podían matarme. Era ingenua.- respondió.
-Era instinto de supervivencia- agregó la fiscal
La abogada Patricia Chalup le preguntó sobre la descripción que hizo ante la Conadep en 1984. En esa oportunidad declaró que la persona que le sacó la foto era la misma que la interrogó. Que “era bajo, robusto, pelo rojizo, y que otro tenía una tonada porteña”. Recordó que así fue. Y acotó que, vendadas, firmaron un papel, con datos personales y familiares sobre cuestiones económicas y laborales. “Recuerdo el ruido de los ficheros metálicos”, dijo, como si los escuchara.
Tras ofrecer otros datos expresó: “Quiero decir que -bebe agua-, una vez, cruzando una plaza, me encontré con (Adolfo) Pérez Esquivel y le pedí que me escribiera algo. Y es lo mismo que el Papa dice hoy. Paz y bien, esa es mi reflexión”, expresó.
George Rafael: “Había que matar el tiempo antes que el tiempo lo mate a uno”
El último en declarar fue el abogado Rafael. Narró que unos amigos que partieron al exilio “me encargaron el cobro de unos juicios sucesorios y les hice una transferencia de dinero a México”. Entre ellos, Gustavo Roca, Lucio Garzón Maceda, a los hermanos Arias y Carlos Altamira a quien asesinaron un día antes de partir. Al tiempo fue citado por la Cuarta Brigada para preguntarle sobre ese dinero. “Yo ya se lo había dado a la madre ( de Arias) que viajó un día antes”, afirmó.
Fue secuestrado el 8 de agosto del 1978. “Me llevaron dos personas vestidas de militares. Creo que eran de la aviación y de la policía de la provincia”. Contó que lo detuvo un grupo y lo subieron a un Falcon, sin orden escrita. “Me iban a interrogar en la UP1. Me encerraron en una celda y a eso de las siete de la noche me fueron a buscar y me llevaron en auto, unos 15 a 20 minutos. Atravesamos dos lomadas, me pegaron un culatazo y me sacaron una muela y un diente y me ataron con los brazos atrás, con alambre”, detalló.
Entre Malagueño y La Perla
Estuvo secuestrado en Malagueño y de ahí era llevado a La Perla donde era interrogado bajo tortura sobre sus vinculaciones con los exiliados que luego supo eran Montoneros. Permaneció entre 15 y 29 días con la misma ropa y vendado.
Lo interrogaban dos hombres. Uno hacía de bueno y otro de malo. “Más hijo de puta es el que te hablaba bien”, señaló. Luego recordó que mientras estuvo detenido hablaba con los gendarmes y que una vez le pidió a uno que hablara a su casa porque cumplía 15 años su hija.
Confesó que la desesperación ante la amenaza de muerte inminente cuando le decían “pronto vas a ver crecer la margaritas desde abajo”. Fue ahí que se dio cuenta que si seguía alternando pensamientos entre la muerte, la cárcel, y la recuperación de la libertad “me iba hacer pedazos mentalmente”. Y recordó una novela cuya trama estaba centrada en jugador de ajedrez que para pasar el tiempo repasaba las partidas. Él lo hizo con películas. “Se me pasaron los dolores”, evocó. “Había que matar el tiempo antes que el tiempo lo mate a uno”, dijo, en tono reflexivo.
Se alegró cuando lo llevaran a la UP1. Ahí estaría tranquilo. Pero no. “Si te llamaban temprano es un traslado y si era por la tarde podías quedar en libertad. Al margen, una vez por semana, entraban a divertirse y pegarnos”, se acordó. Estuvo preso casi un año. Hasta que un día le dijeron que prepare el mono y le dieron la libertad junto a Pesce y Marín.
Juicio en 1980
No estuvo a disposición del PEN. Pero en los pliegues del sistema burocrático encontró un papel donde se hacen cargo de que estuvo detenido. En 1980, en plena dictadura, realizó una demanda ante la justicia provincial que no prosperó. Luego lo hizo ante la justicia federal, en 1984. Lo ganó en primera instancia. “Hablé con el doctor Haro. Económicamente fue muy mezquino para lo que uno ha sufrido”, señaló.
La secretaria del estudio jurídico, Norma Ponce, también fue secuestrada. La interrogaban sobre las vinculaciones del abogado. Entre los presos vio a Cecilio Salguero y al ex intendente de Deán Funes. Su hermano le dijo que se había enterado que lo habían detenido “porque creían que era judío”. Aclaró que el nombre original es árabe pero fue anotado mal.
Imagen ilustrativa Fotos de familia y Telam
Fuente:www.prensared.org.ar
Envío:Agnddhh
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