Por Horacio Verbitsky
Hasta el brigadier Graffigna desmiente las acusaciones contra Horacio Verbitsky. Dos peritajes caligráficos completos avalan las desmentidas, a lo que se suman los testimonios de los protagonistas de todos los supuestos hechos difundidos por el Grupo Clarín. Las falacias del libro que anuncia Sudamericana, donde lo único real es la malicia.
GRAFFIGNA Y DOS PERITAJES CALIGRAFICOS DESMIENTEN CARGOS CONTRA VERBITSKY
Lo único real es la malicia
En un reportaje que publicó ayer el diario Buenos Aires Herald, el brigadier Rubens Graffigna negó que Horacio Verbitsky hubiera escrito sus discursos o los de sus predecesores en la Fuerza Aérea. Dos peritajes caligráficos aseveran que los manuscritos no son de puño y letra de Verbitsky. Seis testimonios desmienten que el comodoro Juan José Güiraldes lo haya refugiado cuando el golpe de 1976. Más falacias del libro que anuncia la editorial Sudamericana, donde lo único real es la malicia.
Por Horacio Verbitsky
La categórica manifestación del brigadier Rubens Omar Graffigna de que nunca tuvo relación alguna conmigo, que jamás escribí ninguno de sus discursos ni tuve relación alguna con sus antecesores en la Fuerza Aérea, confirma la absoluta falsedad de la acusación difamatoria en mi contra, divulgada con insistencia por los medios del Grupo Clarín, empeñados en la demolición de todo lo que consideren próximo al gobierno nacional, y cuya repetición la editorial Sudamericana anuncia en un próximo libro. Graffigna, de 89 años, quien está bajo arresto domiciliario respondió a la consulta de la periodista Luciana Bertoia, del diario Buenos Aires Herald, que tituló en su tapa: “Verbitsky no fue mi escritor fantasma. Estaba en desacuerdo con la Fuerza Aérea”. Estaba asombrado de que se lo vinculara conmigo, dijo que sus camaradas se burlan de esa afirmación, la descalifica como un disparate y la interpreta como un intento de perjudicarme. Esta refutación coincide con dos dictámenes caligráficos realizados por la perita pública Diana Alicia Trotta, según quien esos manuscritos no son de mi puño y letra (ver páginas siguientes).
El libro es una iniciativa del director de la casa editora Penguin Random House, Juan Ignacio Boido, quien sin producir un solo best seller nacional desde que lo contrataron, ha bajado sus estándares éticos. Como algunos autores de mejor nivel no se prestaron, recurrió al crítico de Gran Hermano Gabriel Isaías Levinas, GIL, un marchand de arte a quien la familia de León Ferrari acusa de no haber devuelto obras que le entregaron para ser exhibidas en Francia. Columnista de los infotainers Jorge Lanata y Alejandro Fantino, GIL acumuló un camión repleto de basura en mi contra desde una página comercial con un nombre equívoco que pretende confundirse con las Madres de Plaza de Mayo. Luciana Bertoia, de 29 años, graduada como periodista en TEA, licenciada en Ciencia Política con diploma de honor en la UBA, magister en Derechos Humanos y Democratización por la Universidad Nacional de San Martín y la Unión Europea, y doctoranda en Ciencias Sociales en la UBA hizo lo que omitieron GIL, el Grupo Clarín, Boido y los abogados de Penguin Random House: una mínima verificación del gravísimo cargo de colaborar con la Junta Militar, cuyos crímenes denuncié dentro y fuera del país desde 1976 y sin pausa hasta hoy. Bastaba con la consulta a Graffigna y con un peritaje caligráfico serio, contra un completo cuerpo de escritura mío, como hizo Diana Trotta, y no con pocas palabras escritas a la disparada en las dedicatorias de dos libros, que ni siquiera es seguro que hayan sido escritas por mí y que tampoco los muestran porque dicen que sus propietarios me temen.
Esta coalición entre mercenarios que nada tienen que perder, porque debido a su incompetencia profesional carecen de cualquier respetabilidad, medios que hasta llegaron a inventar cuentas bancarias inexistentes de Máximo Kirchner y Nilda Garré, y la mayor editora multinacional, que recluta jóvenes sin escrúpulos decididos a abrirse paso sobre la base del escándalo, da como resultado un catálogo de mentiras, que voy a refutar con datos duros. Lo único real de esa operación es la malicia de sus responsables.
Los acusadores
Además de atribuirme la redacción de esos discursos, el libro también sostiene que gracias a la protección del comodoro Juan José Güiraldes salvé mi vida cuando se produjo el golpe de Estado de 1976. Las tres fuentes citadas para afirmar que el 24 de marzo de ese año me refugió en su campo de San Antonio de Areco son el ex gobernador de Buenos Aires y candidato al mismo cargo Felipe Solá, el ingeniero aeronáutico Edgardo Carranza y Juan Güiraldes (h). Yo tengo seis que lo niegan.
Solá reconoció haber concedido una entrevista a un colaborador del Big Brother, “pero pretendía que se respetara mi testimonio, con lo bueno y lo malo”. Recuerda que “cuando con tal de atacar a Verbitsky, Levinas publicó que Güiraldes había sido un intelectual orgánico del Proceso, yo reaccioné indignado”. A raíz de eso, uno de los hijos del comodoro, Pedro Güiraldes, replicó que “sí había sido un intelectual orgánico y que él tenía los papeles que lo probaban, con lo cual yo creo que le hacía un enorme daño”. Pedro Güiraldes increpó a Solá: “¿Vos le dijiste a Levinas que papá lo había guarecido a Horacio Verbitsky en la estancia? Eso no es cierto, me parece muy difícil porque yo no me enteré”. Cuando GIL advirtió que esto desarmaba la operación, Pedro borró ese post del muro de Solá en Facebook. Pero la fábula reaparece en el libro atribuida ahora al hermano de Pedro, Juan Güiraldes, quien dice haberla escuchado de sus padres. Es el mismo Juan Güiraldes que en abril de 2014 le dijo a Hernán López Echagüe que “a mí no me consta que Horacio Verbitsky hubiera colaborado en la escritura de los discursos”. Solá agrega que ante mi rotunda desmentida y los testimonios que la avalan, dudó de la veracidad de lo que había escuchado y recordó que “ya de viejito, el Cadete decía que el mejor jinete que había visto en su vida era yo, lo cual obviamente es un absurdo”.
El ingeniero aeronáutico Carranza es autor de la pretendida novela Los Montoneros de su Majestad. Enconado contra los organismos de derechos humanos me recrimina allí “descabezar a las Fuerzas Armadas y enfrentar a la única institución que queda en pie en la Argentina: la Iglesia”. Luego de una cita del Antiguo Testamento menciona a diez justos “que entregaron su vida en la tarea de salvar a nuestro pueblo en las horas oscuras del horror”, entre ellos varios obispos y sacerdotes. Con indisimulado antisemitismo, agrega:
“No creo que Verbitsky encuentre diez entre los suyos”. Esta es la clase de basura a la que apesta GIL.
La realidad
Seis testimonios demuestran mi presencia y mi militancia en la Capital cuando según GIL estuve escondido en la estancia. A mi exposa y madre de uno de mis hijos, la directora teatral Laura Yusem, le consta que “Horacio durante toda esa primera etapa de la dictadura y específicamente el primer mes estaba en Buenos Aires porque yo lo veía, para que mi hijo se encontrara con su padre”. Mi mujer en aquel momento, la economista María Wagner, agrega: “¡Qué se va a ir al campo de Güiraldes, es ridículo, son fantasías para involucrarlo en algo que no corresponde! Estuvo todo el tiempo conmigo. Tendría que haber pasado por sobre mi cadáver, encerrarme en el baño o drogarme. Durante esos primeros meses tan difíciles, cuando caían todos los compañeros, él estuvo trabajando día y noche para sacar información afuera de lo que estaba pasando en el país. Tenía un contacto, tenía una red para eso”. Ese contacto es Teobaldo Altamiranda, hoy de 85 años y directivo de la asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos. La dictadura secuestró en 1977 a su hijo Rubén. Altamiranda formó parte de la resistencia peronista y fue correo secreto de Perón. Como navegante de Aerolíneas Argentinas, llevaba y traía mensajes a Puerta de Hierro. En junio de 1973 Perón pidió que integrara la tripulación del vuelo que lo trajo a la Argentina. Altamiranda colaboraba con Rodolfo Walsh, quien “me presentó a Horacio Verbitsky, que para mí era el Perro. El trabajo que realizaban Walsh y Verbitsky yo lo transportaba a Europa, me reunía con periodistas en España y daba a conocer el drama que estaba viviendo el pueblo argentino. En la semana del golpe, me reuní con Horacio y con la gran compañera de Rodolfo Walsh, Lilia Ferreyra, en un café, creo que era en la calle Venezuela, y ahí el Perro me empezó a pasar información de lo que estaba ocurriendo en el país”.
Otra de mis compañeras de entonces era Lila Pastoriza. Ambos colaborábamos con Walsh en la difusión de las violaciones a los derechos humanos. “Los días posteriores al golpe fueron de intercambio muy intenso de información, para ver qué tipo de canal les dábamos a las denuncias. Y también preparábamos algunos instrumentos de prensa clandestina que empezaron a circular un poco después. Es decir, tenemos una relación continua, nunca supe que se fuera de vacaciones a ningún lado, ni cosa por el estilo, ni que se recluyera en ninguna parte”.
Mi responsable directo era Gerardo Bocco, quien hoy es geógrafo de la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde allí me envió un video: “Fui compañero de militancia de Horacio, entre 1975 y 1978, cuando tuve que abandonar el país. Como responsable tuve que estar al tanto de su seguridad, como era práctica común en esa época. Durante las semanas que antecedieron y siguieron al golpe de marzo de 1976 establecimos controles diarios, tanto personales como telefónicos. De hecho, durante un tiempo, viví en su casa debido a cuestiones de seguridad. Cualquier otra versión, falta a la verdad y a la ética”.
Agrega la periodista Dora Salas: “Verbitsky era concuñado de Luis Guagnini que fue primero mi amigo y luego mi pareja. Nos veíamos todas las semanas con él y su pareja de entonces, María Wagner, desde antes del golpe de Estado, cuando se produjo y después, hasta el secuestro de Luis Guagnini y mío, el 21 de diciembre de 1977. Me consta por eso que Horacio nunca estuvo escondido en ninguna parte excepto en su propia casa, en la ciudad de Buenos Aires”. Que cada cual saque sus propias conclusiones sobre la exactitud y la calidad de estos testimonios directos, contra las versiones de segunda mano que acarrea GIL, de oídas y ni siquiera confirmadas por la fuente citada.
Cuarta mano
El libro también recoge versiones de cuarta mano. Dice que durante el exilio en México el periodista Eduardo Molina y Vedia le dijo al ex militante de las FAL Sergio Bufano que yo colaboraba con la Fuerza Aérea. Me reuní con Bufano, quien admitió haber contado ese presunto diálogo. Le pregunté si podía reconstruirlo con mayor precisión. Sólo atinó a agregar que la fuente de Molina y Vedia había sido Susana Viau. Como Molina y Vedia murió, me dirigí a su hermano Juan:
–¿Alguna vez hablaron de mí y le escuchaste decir algo que avale o deseche esa versión?
–Estoy seguro de la falsedad de tal afirmación. Te respetaba completamente.
Lila Pastoriza habitaba con Lilia Ferreyra el departamento contiguo al de Molina y Vedia en la Villa Olímpica de México. “Estábamos en relación cotidiana con Eduardo. Hablábamos muchísimo de la Argentina, de la militancia, de nuestros amigos comunes entre los cuales estaba Horacio. Jamás dijo que trabajara para los militares. Es imposible que si hubiera pensado eso no lo hubiera hablado con nosotras”.
El hijo de Eduardo, Ernesto Molina y Vedia, tampoco cree que su padre hubiera dicho tal cosa:
–Ese tipo de juicios sobre las personas era común en otros miembros de la colonia argentina, pero no en él. Cuando hemos hablado sobre aquellos años o comentado algún artículo tuyo, jamás le escuché nada por el estilo. No me resulta verosímil.
También coincide la periodista y lingüista Eva Grosser, esposa de Molina y Vedia hasta su muerte:–No me lo puedo a imaginar diciendo eso de vos. Siempre leíamos Página/12, tus artículos, simpatizaba con sus contenidos y propuestas. Nunca le escuché un comentario negativo sobre vos.
Estos testimonios son mucho más consistentes que la sola palabra atribuida a dos muertos por Bufano, un hombre que ha dedicado demasiados años de su vida a deplorar la militancia revolucionaria de la que fue parte.
La ofensa del heroísmo
Con ese fin, Bufano dirige Lucha armada, una revista que financia el representante en la Argentina de una empresa israelí vendedora de equipamiento de inteligencia, comunicaciones y seguridad. Allí Bufano escribió que para “ofrecer una imagen heroica” de Paco Urondo, Montoneros dijo que en junio de 1976 se había batido junto a su mujer, su hijita y otra compañera, “pero ellos eran demasiados, esa tarde aciaga”. Sobre la base de una anotación privada de Rodolfo Walsh, Bufano sentencia que se acudió a la mentira para ocultar que Urondo “había tomado el cianuro apresuradamente, sin ofrecer resistencia hasta la muerte”. El suicidio, agrega, “no puede ser tolerado por la dirección montonera, que en su periódico oficial modifica los hechos”. Su conclusión además de tendenciosa es falsa. La autopsia, realizada el 17 de junio de 1976 por el médico forense Roberto Edmundo Bringuer, rebate que Paco se haya suicidado. Ante el tribunal mendocino que en 2011 condenó a sus asesinos, Bringuer explicó que el cianuro deja el cadáver muy rosado, como si hubiera tomado sol, y un fuerte olor a almendras en el jugo gástrico, cosa que no ocurrió en este caso. La versión de la pastilla que citó Walsh con los pocos imprecisos datos que tenía a su alcance en diciembre de 1976, provino de René Ahualli, La Turca, quien iba en el pequeño Renault 6 con Urondo, su compañera Alicia Raboy y la beba de ambos, Angelita Urondo Raboy. Luego de una persecución en la que agotaron las municiones de la pistola y el revólver que llevaban como únicas armas, Paco les dijo a sus acompañantes que acababa de tomar la pastilla y las instó a huir. La conclusión del juicio fue que mintió para que La Turca y Alicia trataran de escapar mientras él se ofrecía como blanco para sus perseguidores, que se dividieron: el policía Celustiano Lucero golpeó a Paco en la nuca con la culata de un fusil, que según la autopsia fue la única causa de su muerte; Ahualli ingresó en una vivienda y escapó por los fondos; Alicia no encontró una salida y fue secuestrada y desaparecida. Angelita fue recuperada de la Casa Cuna por su abuela Teresa Raboy y su tía Beatriz Urondo. Es hoy una extraordinaria escritora y busca noticias sobre el destino de su madre. En otro artículo, Bufano escribió que por una “repetida y extrema pulsión por matar” muchos militantes revolucionarios “olvidaron elementales bases éticas y morales”. Es comprensible que sienta como una ofensa actos de heroísmo como el de Paco Urondo y que en vez de reconocerlo lo agravie, como ahora lo hace también conmigo. Le dije que había cometido un acto irresponsable y, como era de prever en tan escurridizo personaje, se alzó de hombros y se fue sin responder.
El brigadier Graffigna por el mismo
Audio de una parte de la nota
Entrevista de audio
Por Horacio Verbitsky
La editorial Sudamericana fue fundada, entre otros, por Victoria Ocampo y Oliverio Girondo y engrandecida a partir de 1939 por el exiliado republicano catalán Antoni López Llausàs. Su nieta, Gloria López Llovet, continuó durante cuarenta años su trabajo de calidad y amor a los libros. El proceso global de fusiones liquidó esa tradición. Sudamericana fue adquirida por la mayor editora del mundo, la alemana Bertelsmann. En el agasajo de despedida que le ofrecieron, Gloria lamentó que el departamento de finanzas primara sobre los criterios editoriales, la vida útil de un libro se hubiera reducido a tres meses y la presión por títulos de gran venta instantánea degradara la calidad de las obras elegidas. Por la misma razón el director de Siglo XXI, Carlos Díaz, rechazó el ofrecimiento de reemplazar a Pablo Avelluto, quien hoy dirige el sistema de medios de la CABA. Ese fue el nicho que ocupó Boido y que explica el encargo de un libro ruin y mentiroso como el de GIL.
Por Horacio Verbitsky
Varios vivos hacen hablar a los muertos: GIL dice que Bufano dijo que Molina y Vedia dijo que Viau dijo. También le atribuye a Viau haberse referido a mí en su última columna, publicada en Clarín el 17 de marzo de 2013, donde sostuvo que “no fue la mano de Bergoglio la que escribió para que Orlando Ramón Agosti pusiera en funciones al brigadier Graffigna: hemos ganado la batalla de las armas, que ellas no se contaminen de la pestilencia que hemos venido a limpiar”. Según GIL, Güiraldes le dijo a Viau poco antes de su muerte en 2003 (es decir un cuarto de siglo después del presunto diálogo con Molina y Vedia en México) que recordaba mi “hermosa letra”, pero no le entregó el supuesto manuscrito, por lo que Susana no me nombró. Quien la semana siguiente me atribuyó esa frase, también en Clarín, fue alguien que nunca permitió que el chequeo de fuentes y documentos le arruinara un lindo escándalo. Curioso, igual que la marxista impenitente Viau, también el moralista Jorge Lanata presentó su columna “Caza de Brujas” como una represalia por mis artículos sobre Jorge Bergoglio y su rol en el secuestro de Orlando Yorio y Francisco Jalics.
Estas son afirmaciones textuales de Graffigna, que terminan con la patraña montada por Pedro Güiraldes, GIL, Lanata, el Grupo Clarín y la editorial Sudamericana. Están tomadas de la grabación que realizó la periodista Luciana Bertoia, del Buenos Aires Herald, quien tuvo la amabilidad de entregarme una copia:
- “¿Cómo va a ser verdad lo que dicen de Verbitsky? Yo fui Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y el señor era un periodista que estaba en otro sentido. Nada que ver, absolutamente”.
- “Cada uno tiene derecho a decir lo que quiere. Está en la gente, como usted que es una periodista inteligente, saber que no pueden estar juntos el mal con el bien. Son cuestiones antagónicas. Ellos estaban en los Montoneros y yo en el gobierno de las Fuerzas Armadas”.
- “No hay absolutamente nada. Tal es así que yo no saqué nada. Yo me reí, era una cargada. Creo que Verbitsky hizo una nota desmintiéndolo, y era lógico que lo hiciera. Usted sabe que los periodistas sacan cualquier cosa. Y hay algunos que quieren desmentir y otros que se ríen cuando es una barbaridad, como en el caso mío. Por eso no dije ni media palabra”.
- “No lo conocí a Verbitsky ni tenía idea en ese momento de quién era. No tuvo ninguna relación con la Fuerza Aérea, por lo menos cuando yo fui comandante en jefe, hasta el 17 de diciembre de 1981. Y antes, menos todavía”.
- “Esto es para jorobarlo a Horacio Verbitsky. Es para decir, ¿cómo, Verbitsky estaba con el gobierno militar? Es más que nada para él. Pero me mencionan a mí. El hijo de Güiraldes, si será... bueno, para que te voy a decir. Querrá hacer propaganda política, salir en televisión, salió con Lanata, de aquí, de allá. Es para reírse”.
- “Yo tendría que estar de ministro acá en este momento si Verbitsky me escribió los discursos a mí. Yo no lo conozco a Verbitsky, ni él se hubiese atrevido a hacer discursos. Si hubiese hecho discursos para mí, yo no los podría haber leído. Mis discursos están todos escritos y publicados desde el año 1979 hasta 1981. Yo puedo escribir todo lo mío”.
- “Me han llamado y han venido algunos camaradas y me han cargado. Jefe, ¿cómo es eso? Yo me río y ellos se ríen. Verbitsky es un hombre que tiene su idea y actuó en una cuestión distinta a la nuestra”.
- “Si usted me pregunta por qué pusieron eso, no es para perjudicarme a mí. Con eso le digo todo. Tal es así que él lo desmintió y yo no dije ni media palabra”.
- “‘Quiere decir que yo era subversivo, que era terrorista. Cada uno conoce quien es uno y quien es otro. Para perjudicarme a mí eso es nada. Y si no es para mí será para perjudicar a otra persona. Usted que es inteligente se dará cuenta”.
DOS PERITAJES PRUEBAN LA FALSEDAD DE LA ACUSACION
“No es su puño y letra”
Un completo peritaje de mi escritura, comparada con la de los discursos de Graffigna, prueba la falsedad de la acusación del Grupo Clarín y la Editorial Sudamericana. La perito Diana Trotta concluye que no salieron de mi puño y letra los textos en los que el propio ex jefe aeronáutico niega mi intervención. También impugnó las conclusiones de los peritos de la editorial. Martín Gras desmiente los insultos y mentiras en mi contra que le atribuyeron.
Por Horacio Verbitsky

El peritaje de la Calígrafa Diana Trotta descarta que los manuscritos de discursos de Graffigna hayan sido escritos por Horacio Verbitsky.
Los manuscritos de un discurso del jefe de la Fuerza Aérea Rubens Omar Graffigna, que la editorial Sudamericana me atribuye en un libro recién impreso y cuya puesta en venta se anuncia para el 1º de septiembre, no salieron de mi puño y letra. Así lo dictaminó la calígrafa pública nacional Diana Alicia Trotta. El propio Graffigna negó haber tenido cualquier relación conmigo o que yo hubiera escrito alguno de los discursos que él o sus antecesores pronunciaron. El estudio incluyó el cotejo de esos textos (anticipados en la página Plaza de Mayo.com), con un extenso cuerpo de mi escritura, que debí realizar en presencia de la perito. Trotta está inscripta en el Tomo IV, Folio 179, del Colegio de Calígrafos de la Ciudad de Buenos Aires, y en el Tomo III, Folio 84, de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires.
Comenzó por dictarme una larga serie de palabras que escribí ante ella, con distintos marcadores de fibra que me suministró, a diferentes velocidades y posiciones, sentado y de pie. Luego cotejó esa escritura sin duda mía con los textos que según Pedro Güiraldes, Gabriel Isaías Levinas (GIL), distintos medios del Grupo Clarín y la Editorial Sudamericana me pertenecen. La categórica afirmación del ex miembro de la Junta Militar y el peritaje de la letra prueban la superchería montada en mi contra, una más de la larga serie que se ha naturalizado como forma de lucha política y que ha tenido como blanco preferido a la presidente CFK, su familia, ministros, colaboradores y simpatizantes.
Según GIL, por alguna inexplicada razón Pedro Güiraldes “sospechó” que esa letra fuera mía. Para salir de dudas cuentan que la hicieron comparar con “dos dedicatorias en libros” míos. Los peritos calígrafos públicos nacionales Fernando Gabriel Romay y Marcela Castelli les dijeron que provenían del mismo puño y letra. ¡Dos breves dedicatorias de libros, cuyos destinatarios no se identifican porque GIL dice que me temen! Es decir, ningún texto indubitable. Sobre esa base paupérrima Sudamericana decidió publicar una obra que no oculta su aviesa motivación: GIL creía que “su difusión iba a cambiar para siempre la visión que al menos el periodismo, los intelectuales y el ámbito de los derechos humanos tenían sobre el personaje”. En realidad ratifica la que predomina sobre él.
“A los fines del cotejo o examen gráfico comparativo se han tenido a la vista textos indubitados del señor Horacio Verbitsky obrantes en el Cuerpo de Escritura que le tomó la suscripta, donde se obtuvieron todas las muestras gráficas imprescindibles para realizar el estudio”, dice el dictamen firmado por Diana Alicia Trotta, egresada de la Universidad de Morón, con dos décadas de ejercicio profesional y durante diez años profesora de Práctica Técnico Legal, la principal materia de la carrera, que en segundo, tercero y cuarto año enseña a realizar peritajes. Agrega que realizó un “profundo estudio morfológico estructural de los grammas ofrecidos como incuestionables del señor Horacio Verbitsky, con el objeto de compenetrarse de las características gráficas inevitables, peculiaridades y automatismos del autor”. De este modo “se consustanció de los pequeños y grandes detalles morfológicos constructivos de los grafos insertos en las cuestionadas, los que se hallan bajo el influjo del impulso motor subconsciente que nadie puede disimular, ya que están influenciados por automatismos y modismos como lo son la inclinación de los ejes de escritura, los valores angulares, los grados curvimétricos, etc., propios de la psiquis de cada individuo. Con el conocimiento que surge como lógica consecuencia de los estudios realizados, y de acuerdo a las normas impuestas por la técnica pericial se adentró en el análisis comparativo cualitativo entre los grammas componentes de los dubiindubitables, observándose prima facie que entre ellos se visualizan desemejanzas de forma que permiten establecer la existencia de un disimilar origen escritural”. El informe pericial describe y analiza en 29 puntos las “desemejanzas morfológicas halladas y demostradas entre los elementos dubi-indubitables” y concluye que el texto atribuido “al señor Horacio Verbitsky no pertenece a su patrimonio escritural, es decir que no es de su puño y letra”. El peritaje incluye un anexo demostrativo, del que aquí se reproducen partes.
En un informe separado, la profesora Trotta también impugnó el peritaje que GIL publicó en Plaza demayo.com, comparando los borradores del discurso de Graffigna y las dedicatorias de dos de mis libros. “La escritura del manuscrito difiere de la dedicatoria en su forma, tamaño, inclinación, dimensión y línea de base de escritura, por lo que no fueron realizadas por un mismo puño ejecutor y no pertenece al patrimonio escritural del señor Horacio Verbitsky”.
“Insultos y mentiras”
El libro de GIL afirma que Martín Gras es el autor de una carta al diario La República, de Montevideo, titulada “Un ex montonero denuncia a Verbitsky”. Esa carta contrasta al “gloriosamente desaparecido” Walsh conmigo y dice que redacté “nuestros reglamentos” en los que “hallábamos todo lo que necesitábamos saber (...) desde la fabricación de clavos miguelito hasta la forma de hacer explosivos caseros”. Agrega: “El Perro es un sobreviviviente, pero de los que no merece consideración alguna: es un verdadero traidor (...) que supo hacer la suya, con su afán enfermizo por figurar y llenarse los bolsillos”.
También me presenta como “censor de las conductas montoneras; como oficial de inteligencia, parte de su tarea consistía en señalar a los quebrados, compañeros que eran sometidos a juicio revolucionario y castigados, a veces con la muerte. También marcaba los objetivos: empresarios, milicos, políticos, enemigos a los que había que secuestrar, ejecutar o convencer”.
Gras niega su autoría. “En el año 1995 se publicó esa carta, en el momento en que estabas publicando El Vuelo, con las históricas confesiones del ex GT de la ESMA Adolfo Scilingo. En dicha carta que posteriormente algunos sitios web unieron a mi nombre, me asignaron la paternidad de esa colección de insultos y mentiras. A todos los efectos, quiero ser claro. Esta historia incluye una doble falsedad. Ni yo lo escribí ni representa en forma alguna mi opinión sobre vos. Sobre la primera falsedad (mi supuesta autoría): no sólo la niego en forma total y absoluta sino que me pongo a disposición de quien quiera analizar ese texto. La línea de vida de su personaje nada tiene que ver con mis azares personales, que son voluminosos, pero de ninguna manera los que ahí figuran. Sobre la segunda falsedad (mi supuesta opinión): hace más de cuarenta años que nos conocemos y construimos una relación de amistad que, como sólo podía ser posible en aquellos momentos de compromiso absoluto, se basaba antes que nada en un fuerte respeto ético y en una práctica compartida, presupuestos necesarios para desarrollar los afectos posteriores. La vida nos ha hecho cruzar en diversas oportunidades y en todas seguí viendo en vos las mismas prendas de insobornable conducta (que junto a una reconocida tozudez) constituye el perfil más notorio de una personalidad que siempre he conocido transitando con rigurosidad un único camino: junto al Pueblo, junto a la Patria. Más allá de ello, los nidos de víbora donde se redactaron y dieron a circulación esas mentiras canallescas tuvieron, en lo que a mí respecta, una sola virtud: me dieron la oportunidad de recordar algunos momentos de nuestra andadura en común. La sensibilidad con que me comunicaste la muerte en el parto de mi primer hijo. La generosidad con que me abriste las puertas de tu casa al retornar del exilio. El privilegio de poder compartir la amistad con Lilia Ferreyra, una de las personas más transparentes y nobles que he conocido. Espero que esta breve carta sirva, en pequeña medida, para ayudar a disipar las nubes de veneno de los que no tienen o conocen otra manera de atacarte. Espero también que sirva, ésta sí, como prueba de la inalterable combinación de respeto y afecto que tengo por tu persona”.
Mentir por mentir
Según el comentarista de Gran Hermano, el “paciente y casi obsesivo trabajo de Verbitsky para llevar a juicio a cientos de represores de la última dictadura militar ha dado frutos indudables” y atribuye a ese esfuerzo la suerte de “un alto porcentaje de quienes hoy están siendo procesados o quienes ya han sido condenados. Hoy podemos agregar que de algún modo también se cuidó de cuáles debían ser excluidos del escrutinio de la Justicia” y pone como ejemplo “su poco interés en encontrar miembros de la Aeronáutica involucrados con la represión”. En mi tarea como periodista me imputa una “amorosa benevolencia hacia la Fuerza Aérea”.
Según las estadísticas oficiales de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, hasta junio de 2015 se habían pronunciado 592 condenas en todo el país. De ellas sólo 12 fueron contra personal de la Fuerza Aérea, o el 2 por ciento del total. Que lo ínfimo de este porcentaje sea responsabilidad mía, cuando intervinieron fiscales, querellantes particulares, jueces, camaristas de apelación de todas las jurisdicciones, camaristas de casación federal y la Corte Suprema de Justicia es una pretensión cuyo absurdo se aprecia apenas enunciada. Tampoco es razonable adjudicarme a mí que en el juicio a las juntas militares el brigadier Orlando Ramón Agosti hubiera sido condenado sólo a cuatro años (cosa que critiqué) y Graffigna absuelto. La cobertura que hice del juicio a las juntas para la revista El Periodista incluyó notas sobre los campos de concentración que administró la Fuerza Aérea, en la Mansión Seré, el antiguo radar de la base aérea de Mar del Plata y el Comando de Agrupaciones de Marco Interno y refutó los argumentos de las defensas de los aviadores acusados.
Bajo mi presidencia, el CELS litigó contra personal aeronáutico en diversos procesos. En la causa Automotores Orletti, fuimos querellantes institucionales y en representación de víctimas, contra el vicecomodoro Néstor Horacio Guillamondegui. También intervinimos en la causa por el Centro Clandestino Virrey Cevallos, que la Fuerza Aérea mantuvo en 1977 y 1978. Por las privaciones ilegales de la libertad y tormentos ocurridos allí fueron procesados los agentes civiles de Inteligencia aeronáutica Julio y Jorge Luis Monteverde y está prófugo con orden de captura el segundo jefe de los Monteverde en Inteligencia, Jorge Alberto Espina. En esa causa el juez Daniel Rafecas también ordenó el procesamiento con arresto domiciliario de Graffigna. En 2002 y 2010 el CELS impugnó el ascenso de los vicecomodoros Salvador Francisco Ozán y Jesús Horacio Daniel Guasti, acusados por espionaje ilegal a periodistas y a organizaciones políticas y de género. Hay que retorcer demasiado los hechos para suponer que el encomio de propios y ajenos al desempeño de los pilotos de la Fuerza Aérea en la guerra de las Malvinas es una creación mía, pese a lo cual les dediqué críticas durísimas en el capítulo “Dios, Patria, Hogar” de mi libro de 1985
“La última batalla de la Tercera Guerra Mundial”. O para buscar motivaciones ocultas en un informe que mencioné en una nota cuando sus jefes de Estado Mayor se pusieron a disposición del presidente Raúl Alfonsín ante los alzamientos carapintada. De no ser imposible, la idea de que está a mi alcance producir la realidad sería lisonjera.
Emilio y Laura
El libro de GIL sostiene que Emilio Mignone no tenía aprecio por mí, que maniobré para apoderarme del CELS, que usé para eso “contactos y dinero” y que mi llegada incrementó los aportes de la Fundación Ford. Quien refuta esas falacias es la actual vicepresidente del CELS, Laura Conte, fundadora del organismo junto con su esposo, Augusto Conte, y con el matrimonio de Emilio Mignone y Chela Sosa, entre otros familiares de detenidos desaparecidos. “Emilio hablaba conmigo todas las semanas. Yo venía conociendo a Horacio a través de sus artículos, que empecé a leer porque Emilio los leía y muchas veces los comentábamos”. A la muerte de Mignone, “nos reunimos con el director ejecutivo Martín Abregú y le propusimos que integrara la Comisión Directiva. A nosotros nos parecía casi un regalo la posibilidad de hablar con él directamente y tentarlo. Que aceptara fue un motivo de mucho bienestar dentro del CELS, que sin Emilio ni Augusto pasaba un momento muy difícil”. Después de unos meses como vocal, la Comisión Directiva “votó por unanimidad ofrecerle la presidencia. Horacio tuvo una respuesta muy calma. Dijo que quería pensarlo bien porque si aceptaba no sería un figurón sino que iba a poner todo su empeño y su capacidad. Así se configuró el CELS de esta segunda etapa que nos dio el alivio de sentir que había un timón como el que había dejado Emilio”. Sobre la cuestión del dinero, Laura Conte dijo que “Verbitsky jamás se ocupó de la parte económica del CELS”. La Fundación Ford (que desde hace décadas no tiene relación alguna con la empresa automotriz, como sí ocurrió en su origen, ni vínculos con la Inteligencia estadounidense como en los primeros años de la Guerra Fría) comenzó a financiar al CELS en 1980, veinte años antes de mi ingreso. En los últimos presupuestos de la gestión de Mignone aportó el 61 por ciento de los recursos, mientras bajo mi conducción, en el período 2000-2014, esa parte se redujo al 33 por ciento, ya que se diversificaron las contribuciones de otras fuentes tanto nacionales como extranjeras.
El Papa es polaco
En 1979 el abogado francés François Cherome vino como enviado del presidente Valery Giscard D’Estaing y por la Asociación de Familiares de Franceses Desaparecidos. El director de la ESMA, almirante Benjamín Chamorro, le dijo que “hasta la Iglesia está corrompida e infiltrada por el comunismo. ¿No ha visto que el Papa es polaco?” Cherome lo contó con asombro en el juicio de 1985 a las juntas militares. Los autores del libro emulan a Chamorro. Dicen que participé en el traslado a Cuba del rescate pagado por los hermanos Born y que para ello me resultó útil mi entonces suegro, Alberto Wagner de Reyna, embajador peruano en Belgrado. Uno de sus nueve hijos, Antonio Wagner de Reyna, me envió una carta indignada, con la intención de “limpiar el honor de mi padre”. Explica que su traslado como embajador peruano de Colombia a Yugoslavia fue una sanción por haber apoyado en los comicios de 1974 al candidato conservador Alvaro Gómez Hurtado. El liberal Alfonso López Michelsen fue elegido y pidió que lo castigaran: “Lo degradaron pasando de la cuarta embajada más importante para el Perú, con 18 funcionarios bajo sus órdenes, a la número 58 con tan solo un tercer secretario a su servicio”. Alberto Wagner de Reyna “es considerado como uno de los exponentes más destacados de la filosofía católica latinoamericana: discípulo de Martín Heidegger antes de la guerra (difícil considerarlo de ‘izquierda’), miembro del Consejo Pontificio para la Cultura, consejero de Juan Pablo II, amigo personal del entonces Arzobispo de Buenos Aires, el actual papa Francisco. Cada vez que mi padre iba a Buenos Aires se reunía con Bergoglio para hacer juntos unos días de retiro. Los amigos y contactos de Alberto –en América como en Europa– siempre fueron de derecha, y lo asumía con orgullo. Se consideraba anticomunista y sus numerosas publicaciones muestran claramente sus opciones ideológicas y filosóficas. Dada su personalidad y educación –hijo de alemán de principios del siglo XX– nunca se hubiera prestado a ninguna operación fraudulenta”, protesta Antonio Wagner de Reyna.
“Mi posición en los medios”
Por Horacio Verbitsky
En diciembre del año pasado GIL me solicitó una entrevista. A la luz de las experiencias pasadas, cuando me negué a comprarle un informe que me ofreció sobre el departamento que un ministro de Menem le habría puesto a una señorita, le respondí que me enviara sus preguntas por correo electrónico. Contestó amenazante, con un ataque de importancia: “Es probable que el libro que estamos haciendo se convierta con el tiempo en la biografía de Horacio Verbitsky. Considerando la difusión que tendrá gracias a mi posición en los medios no es arriesgado pensarlo y me parece que aprovechar esta oportunidad para garantizar que tu versión de muchas de las cosas que van a ser narradas, esté presente y que el lector tenga una visión más justa de la historia reciente que te involucra es importante”. Como le insistí que manejo el 90 por ciento de mis comunicaciones por mail, aceptó enviar su cuestionario, “tratando de reproducir un reportaje tradicional. Esto es pregunta, respuesta, nueva pregunta o repregunta”. Se comprometió a “no cambiar una sola coma”, cosa que como era de prever no cumplió, y luego de un primer intercambio se ofendió y anunció que continuaría sin mi aporte.
Por Horacio Verbitsky
Otra de las estrellas invitadas del libro es el periodista estadounidense Martin Edwin Andersen, quien cita a varios muertos como fuentes negativas sobre distintos momentos de mi vida. Lo que falta es la biografía de Andersen. En 2008, ya se había desenmascarado como director de Comunicaciones Estratégicas y profesor de Seguridad Nacional en el Centro de Estudios Hemisféricos de la Defensa, dependiente del Pentágono, una de las instituciones que reemplazaron con fachada civil a la famosa Escuela de las Américas. En la fotografía, tomada en ese año, mi detractor posa con quien en ese momento era el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, responsable de horrendos crímenes masivos durante su denominada “Guerra contra el Terrorismo”.
Por Horacio Verbitsky
Según GIL, Pedro Güiraldes encontró entre los papeles de su padre las memorias del Instituto de Historia Aeronáutica Jorge Newbery, “selladas y estampilladas con matasellos del correo de la época”. Allí se afirma que entre 1978 y 1982 fui contratado para escribir un trabajo titulado “La Aeronáutica Argentina, ayer, hoy y mañana”. Que se sepa, las estampillas y los sellos no prueban la autenticidad de lo que alguien afirma. Como le conté a Hernán López Echagüe, ayudé al comodoro Güiraldes a ordenar sus viejos folletos en defensa de la línea aérea de bandera en el libro El poder aéreo de los argentinos, que sólo trata de rutas aerocomerciales y aviones y no tiene nada que ver con la dictadura. El propio Güiraldes le preguntó por escrito a Julio Ramos por qué a partir de nuestra relación me acusaban a mí de colaborar con la Aeronáutica y no a él de montonero. A pedido de Güiraldes también preparé el bosquejo de una biografía de Jorge Newbery, un pionero civil del vuelo en globo y aviones, que murió hace 101 años, y ese material no satisfizo al instituto que lleva su nombre. No puedo saber si alguien cobró algún dinero usando mi nombre, por un libro que no existe, según un contrato que no firmé, y Pedro Güiraldes no explica por qué las actas del Instituto que mencionan esos pagos aparecieron en el archivo de su padre
LOS YERNOS Y LA MUJER DE WALSH REFUTAN CARGOS CONTRA VERBITSKY
El mimeógrafo de PinedoPor Horacio Verbitsky
Rodolfo Walsh con su mujer, Lilia Ferreyra: “El único perro que quiso El Capitán fue El Perro”.
Jorge Pinedo y Andrés Alsina, quienes fueron compañeros de las dos hijas de Walsh, y su esposa Lilia Ferreyra refutan cargos contra Horacio Verbitsky.
El libro repasa en forma superficial la historia de ANCLA, Cadena Informativa y los Cuadernos de la Soberanía, que “buscaron explotar las líneas de fisura entre las Fuerzas Armadas y distintos sectores del gobierno azuzando, por ejemplo, el disgusto de los nacionalistas hacia el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz y su plan liberal”. Dice que los Cuadernos de la Soberanía “escritos por Verbitsky y dirigidos a oficiales jóvenes, con nombre y apellido, a quienes se los hacían llegar a sus propios domicilios con la finalidad de que los comentaran e hicieran circular entre sus pares, surgieron como específica tarea de Contrainteligencia para dividir a las Fuerzas Armadas”.
Y fantasea, con la peor intención: “Verbitsky había perfeccionado, al lado de Güiraldes, el arte de explotar las líneas de falla intramilitares”. Agrega que esos materiales “se imprimían en un hectógrafo a alcohol que Verbitsky guardaba en un placard. Después consiguió un mimeógrafo en el que llegaron a imprimirse los Cuadernos que él redactaba y Patricia Walsh y dos militantes montoneros se encargaban de imprimir y distribuir. Hasta que un día de 1977 Verbitsky le dijo al pequeño grupo: nos echaron”. Luego transcribe la respuesta que yo le envié a su pregunta sobre mi alejamiento de Montoneros. “Me separaron de la organización debido a las críticas al militarismo exacerbado, que constan en uno de los documentos que se difundieron junto con los de Walsh porque él tenía una copia en la casa que cayó, junto con los suyos. A fines de 1977 René Haidar me comunicó mi separación del Partido (como había pasado a llamarse) por falta de confianza en la conducción”. GIL agrega que continué escribiendo los cables de ANCLA, pero que a principios de 1978 dejé de concurrir a las citas con Patricia Walsh, “quien debió hacerse cargo del mimeógrafo, pertenencia que se volvió muy peligrosa cuando empezaron las razzias” y del que se deshizo apurada”. Según esta versión ficcional cuando varios años después Patricia me preguntó “por qué no había concurrido a las citas pactadas y la había dejado ‘de garpe’ con el mimeógrafo”, le dije que había tenido que exiliarme. GIL se pregunta “¿Cómo pudo dejar asustada e indefensa a la hija de ‘su amigo’ Rodolfo Walsh, Patricia, en medio de los rastrillajes donde pudo perder la vida sin siquiera alertarla, mintiéndole años después al decirle que se había ido del país?”.
Los yernos
El psicoanalista Jorge Pinedo, quien por entonces estaba casado con Patricia, con quien tiene un hijo, y el periodista uruguayo Andrés Alsina, quien vivió varios años con Vicky Walsh, la hija mayor de Rodolfo, desechan esta versión farsesca. Pinedo afirma que él compró el mimeógrafo para imprimir los Cuadernos y los cables de ANCLA. “Estábamos viviendo todos de esa forma atroz, en la clandestinidad, pero desarrollamos esa tarea hasta que nos fue posible. Verbitsky jamás dijo que se iría del país ni planteó tal posibilidad. En determinado momento cerca del año 1979/1980, me deshice de ese histórico mimeógrafo donándolo a una parroquia de Boulogne”.
En otro pasaje del texto de GIL, Patricia Walsh “niega que su padre haya considerado a Verbitsky un amigo”. Vuelve a refutarla Pinedo, para quien fue “un raro privilegio conocer a Rodolfo Walsh en la intimidad, verlo en malla en el Tigre y conocer a sus amigos. Uno de los elegidos de su amistad no solamente profesional sino también personal era justamente Horacio, con quien mantenía una relación que podría llamar entrañable”. Andrés Alsina estuvo exiliado en Suecia y hoy vive en Uruguay. Allí grabó estos recuerdos: “La amistad de Walsh y Horacio era muy fuerte. Se basaba en coincidencias políticas, pero también en una concepción ética de la vida y de la profesión. Conocí esa amistad cuando armaron juntos el periódico de la CGT de los Argentinos. Yo llevaba el balde con la mezcla y aprendí un montón con él y con Horacio. Luego en el armado al unísono del diario Noticias y en el intercambio conmigo que estaba preparando el diario del ERP. Me consta, por esa cosa de la militancia, que también en la clandestinidad esos dos Nº 10 escribían a cuatro manos. Y después, con Alfonsín, la figura de Rodolfo tomó un merecido vuelo, como ejemplo a seguir. Pero fue en base a la obra de Horacio de publicar y propagandear la tarea de Walsh que eso fue posible. Esos son amigos”. También recordó que “Horacio era parte callada de todo eso, no hablaba, gruñía y escribía, pero en su oficina trabajan Lilia, la mujer de Rodolfo, y creo que una hija de Patricia, por solidaridad del Perro. Son tipos que fueron hermanos”.
Lilia
El 25 de marzo de 2013, en el aniversario del asesinato de Rodolfo, Lilia Ferreyra, la mujer y compañera de Rodolfo Walsh en los últimos diez años de su vida, contó en un reportaje que le realizó Lila Pastoriza en Página/12, que uno de los escritos internos a la conducción de Montoneros, –Observaciones sobre el documento del Consejo del 11/11/1976– “no había sido escrito por Rodolfo sino por Horacio Verbitsky”. Agrega que “Rodolfo y Horacio conformaban una suerte de tándem en cuanto al compromiso político en proyectos periodísticos como el Semanario CGT y Noticias, es decir que había ya una línea respecto de contenidos y de escritura que facilitaba confundirlos”. Lila Pastoriza acota que también se atribuye a Walsh “otro documento redactado por Horacio Verbitsky”, titulado “ESMA Historia de la guerra sucia en la Argentina”, que fue “difundido clandestinamente en octubre de 1976 con información valiosísima aportada en buena medida por el soldado conscripto Sergio Tarnopolsky y el ex guardiamarina Mario Galli, ambos asesinados”.
Lilia responde que por pudor incluí sin firmarlos ese trabajo y mi ensayo sobre San Martín en el libro que publiqué en 1985, Rodolfo Walsh y la prensa clandestina. “Así se va construyendo esta confusión. Creo que es necesario definir claramente la autoría de textos que han sido y son de importancia para el conocimiento y profundización de lo que significaron los años 70 en nuestros países”.
En noviembre de 2010, cuando cumplí medio siglo como periodista, Lilia escribió una semblanza para el suplemento “Mondo cane” que publicó Página/12, titulada “El Perro y el Capitán”. Allí dijo que “El único perro que quiso Rodolfo Walsh, a quien sus íntimos amigos y compañeros llamaban El Capitán, fue el Perro. Le puso el ojo a mediados de la década del ’60, cuando Horacio tenía poco más de veinte años y ya sabía todo lo que hay que saber del oficio de periodista. ‘No sólo sabe; sabe cómo poner en acto lo que sabe’, dijo Rodolfo y no dudó en convocarlo para encarar, junto con Rogelio García Lupo, su compinche desde los años juveniles, el desafío de hacer el Semanario de la CGT de los Argentinos que lideraba Raimundo Ongaro. Así fue que lo conocí, una tarde de aquel lejano marzo del ’68, cuando Horacio entró a nuestro departamento con su perrito Miguel en brazos. No necesitó que el Capi alargara la justificación política del proyecto y a los pocos minutos ya estaba organizando la salida del semanario, mientras Rodolfo sonreía casi aliviado y yo le daba jugo de naranja a su bebé. Unidos por la tarea militante en el Semanario, en el Peronismo de Base, en Montoneros y en Noticias, compartieron los tumultuosos años ’70 en los que se fue entretejiendo una amistad muy especial cimentada en el rigor de los análisis críticos, en filosas discusiones pero sobre todo en la convicción de necesitarse mutuamente más allá de la diferencia de edades y temperamentos. En marzo del ’77, pocas semanas antes de su secuestro, en una de las tantas noches en que hablábamos del riesgo de caer en manos de comandos militares, Rodolfo me dijo casi como un mandato y un legado que si a él lo llegaban a desaparecer, lo primero que yo debía hacer era llamarlo a Horacio. Sabía que el Perro iba a continuar con los trabajos que quedaran inconclusos y con el ejercicio de una concepción del oficio del periodista enraizado en el compromiso político con su época. Pero también para dejarme bajo su cuidado y protección. Los años transcurridos desde entonces dan testimonio de la lúcida certeza del Capitán sobre el porvenir de su ausencia. Porque fue con Horacio con quien hicimos innumerables copias de la Carta a la Junta en el mimeógrafo que tenía escondido en el placard de su casa, y fue Horacio quien retomó ANCLA en junio del ’77 y preservó los despachos de la Agencia Clandestina. Y fue Horacio quien potenció con sus notas y su libro sobre la prensa clandestina la memoria de Rodolfo en los primeros años de la democracia. El legado del Capitán fue para mí la llave de una entrañable amistad que se forjó en esos tiempos difíciles hasta hacerse incondicional... con algún ladrido feroz de vez en cuando”.
Fuente:Pagina12





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