Jueves, 20 de agosto de 2015
Recuperar y llorar a la madre que se perdió durante 33 años
Rosana Villegas
villegas.rosana@diariouno.net.ar
Restos. Eso que queda de lo que alguna vez fue. Ese cuerpo buscado durante 30 años, oculto minuciosamente por un aparato represor. Ansiado cuerpo para terminar de armar la propia historia. Una llamada confirmando el hallazgo de los huesos de Marta Taboada, la madre de Marta Dillon, fue el disparador de Aparecida (Editorial Sudamericana), una novela que la periodista –sin saberlo- había comenzado en su niñez y pudo terminar ahora.
“Esquirlas de una vida… huesos descarnados sin nada que sostener, ni un dolor que albergar. Como si me debieran un abrazo. Como si fueran míos. Los había buscado, los había esperado. Los quería”, así Dillon transmuta en imágenes aquel momento en que recibió la confirmación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) del hallazgo de los restos de su madre.
Marta Taboada había sido abogada, militante y madre de cuatro hijos –en verdad de 6, porque tuvo a mellizas que murieron tras el parto, según recuerda Dillon a la hora de repasar sus dolores de infancia-. Ella fue secuestrada por la dictadura y convertida en esa entelequia que los argentinos creamos en el diccionario: desaparecida. Así permaneció 33 años hasta el 2010 cuando integrantes del EAAF confirmó que eran suyos los restos que habían encontrado y que habría muerto entre el 30 de enero y el 3 de febrero de 1977 en un supuesto enfrentamiento en Ciudadela, provincia de Buenos Aires
Desde que ella desapareció, Marta Dillon la buscó de distintas maneras. A los 12 años accedió a la propuesta de sus amigas de disfrazarse de provinciana e ir a buscarla en las cárceles, pero nunca llegó a ningún penal. Recordó una y otra vez aquel testimonio de la causa en la que la nombraban y cada vez que surgía algún dato de personas que pudieron compartir la tortura con ella, Marta se acercaba a Antropólogos para sumar esa información.
“Ellos rescatan de las sombras algo concreto”, debió repetirse una y otra vez en la búsqueda como lo hace en la novela.
Aquella incertidumbre eterna, aquella falta de maternidad Dillon supo tamizarla, tal cual detalla en su libro- con otros hallazgos, cada vez que como militante de la agrupación HIJOS o como periodista asistió al reencuentro de algunos amigos con el cuerpo, devenido en huesos, de sus padres.
Sin embargo, cuando a ella le llegó la certeza de que su madre había aparecido, esta mujer de 49 años, que ya es abuela de Jade, el hijo de su primera hija Naná y que en el 2008 fue madre de Furio, el hijo que tuvo con su esposa, la cineasta Albertina Carri, no pudo impedir retrotraerse a su pregunta de los 10 años: ¿Cuándo vamos a poder ver a mamá?, casi como rompiendo la línea que el tiempo construyó desde aquel momento hasta el 2010: 33 años de desaparición.
Es que en el relato de Aparecida, se entremezclan la conciencia de la desaparición con la necesidad de que exista un cuerpo para poder llorar y enterrar.
Con la certeza entre ellos, una vez que recibieron el cuerpo de su madre, Marta Dillon y sus tres hermanos finalmente lograron reconstruir con sus recuerdos lo que cada uno guardaba de su mamá. Esa noche, en una ceremonia íntima, cada fragmento de Marta Taboada fue cobrando la forma de lo que fue ante aquellos niños. Ellos lograron lo que los antropólogos no habían podido: “como artesanos, unir lo sólido y lo ausente”.
Fuente:UnoMdza.

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