10 de septiembre de 2015

NEUQUÉN - DIFUSIÓN.

Abierto y archivado 20/junio/2011  – este trabajo, fue publicado en PRIMERA EDICIÓN y distribuído por el S.E.C., integrante del MOVIMIENTO MERCANTIL del INTERIOR, en el ámbito de sus gremios adheridos en la Pcia. de Bs.As. en el AÑO 2003

AL S.E.C. CORRESPONDEN LOS DERECHOS DE AUTOR, LOS CUALES FUERON CEDIDOSPARA SER DESTINADOS A LA CREACIÓN DE LA BIBLIOTECA DEL GREMIO DE EMPLEADOS DE COMERCIO DE DAIREAUX, PCIA. DE BS. AS. ///  PARA LA SIGUIENTE EDICIÓN – a la que se le incorporarán trabajos escritos en el exilio y la militancia partidaria – ESTE ES MATERIAL En Ampliación, Corrección Final y Para Imprenta.


Antonio Angel Coria


Con la memoria siempre fresca,
construyamos nuestra Historia

Prosas en la militancia nacional y popular

   
De memoria, algunas explicaciones previas([1])

Por Antonio Angel Coria
La oportunidad del 30º Aniversario de existencia de la Asociación del Personal No Docente de la Universidad Nacional del Comahue, A.P.U.N.C., en su actividad celebratoria ha sumado el intento de bucear en los primeros días de vida del gremio y dejarlo escrito. Como siempre en estos casos, se buscaron personas, documentos internos del gremio, papelerío de índole diversa en poder de particulares o archivos oficiales y periodísticos y se escucharon no pocos protagonistas de distinto tipo transformados en las “voces que nos llegan del pasado”, en la memoria siempre fresca con qué construir la historia. Así partimos y así, para quienes no tenemos por salario el oficio de escribir, antes bien, nos acucia el oficio de vivir, llegamos hasta acá. Sin dudas que esto es muy poco, pero sin dudas respecto a los intereses del conjunto de los trabajadores no docentes, con modestia podemos decir “dimos el primer paso”, oficializamos nuestra acta de nacimiento. 
         Quienes han sido los primeros albañiles de esta construcción mancomunada con profesores y estudiantes – así fue en los comienzos – que hoy se llama Universidad Nacional del Comahue, tiene a los no docentes como firme pilar de su estructura. Sin dudas que podrán decir a los suyos y con orgullo, que pudieron; construyeron toda una vida, desde el trabajo, como auxiliares de la enseñanza, la investigación y la técnica, que ha trascendido más allá del plazo coyuntural en que transcurre nuestro paso por este mundo.

El sentido de nuestras vidas

¿Qué no fue gratis? ¡Claro que no! ¿Qué hubo alegrías? ¡Claro que sí! De lo primero, habla una ausencia registrada en la lista que entre otros integran* Mónica Morán (Secretaría de Acción Social), Panchito Rabi (Imprenta Central), Juan Carlos Castillo (Secretaría de Extensión Universitaria), de cuya actividad como trabajadores no docentes, curiosamente, poco, muy poco, figura en las publicaciones oficiales de la Universidad Nacional del Comahue.
         Víctimas de los intereses que se opusieron al proyecto de justicia, independencia y progreso soñado por los argentinos para nuestra Nación y nuestro Pueblo, que frenó el golpe tiránico del 24 de marzo de 1976, estuvieron ellos entre los hacedores primeros de nuestra Universidad. En medio del bullicio de los tiempos iniciales de la universidad nacional en que las esperanzas se levantaban sobre pensamientos, discusiones, acción política, no había líneas divisorias entre lo gremial, lo juvenil, lo vecinalista o lo político. Junto a centenares de obreros y políticos que querían “romper las tranqueras o saltar los alambrados” de la opresión, entonces hasta los curas iban presos. La lista de desaparecidos y asesinados por la tiranía de Onganía, Levingston y Lanusse a esa altura de la historia, rondaba la, por ese entonces, inimaginable cifra de tres mil. Nadie dejaba de “estar en algo”. Claustros, gremialismo y política, para los universitarios, era un todo en ese inicio de la década en que se nacionaliza la Universidad de Neuquén, provincial hasta que el decreto-ley 19.117 del 15 de julio de 1971, emitido por el gobierno “de facto”, dispone la creación de la Universidad Nacional del Comahue.
         En ese crisol, empieza a modelarse la idea de organizar el gremio. Las primeras reuniones se hicieron en las desaparecidas instalaciones de la Facultad de Ingeniería, cuando funcionaba en Challacó por el año de 1972. Los no docentes de la Facultad de Agrarias y los de General Roca, en poco tiempo se habían convertido en socios de esta historia. Juntos, decidieron tomar contacto con sus pares del asentamiento central, en “las bardas”, pero allí, a las puertas del ingreso por Buenos Aires al 1400, se encontraron con una alarma: los capataces de la tiranía militar (ya era Lanusse el presidente de facto) les hicieron saber de los peligros que deberían atravesar si osaban armar “alguna cuestión gremial”.
         La Patria estaba cerrando un ciclo de su existencia. Aquel que el 16 de junio de 1955 iniciara con bombardeos a mansalva, continuara con fusilamientos de argentinos corajudos, con encarcelamientos y asesinatos de militantes populares, con clausuras de sindicatos y pisoteo de los derechos del trabajador, con prohibiciones a la política, con bastonazos a la inteligencia y con la más prolongada e injusta proscripción de las masas y su Líder que registraba nuestra historia. El retorno de Perón tras 17 años de exilio, el 17 de noviembre de 1972 y pechada por la fuerza del pueblo, abría otra vez las puertas de la esperanza en que los argentinos volverían a ser “artífices de su propio destino”. Todo esto que recorría el cuerpo nacional, latía intensamente en cada miembro de la comunidad universitaria del Comahue. La tiranía había sido derrotada. El resplandor del nuevo amanecer se agigantaba vibrando al unísono. La universidad nueva, no erraba como aconteció en otras horas claves de la Patria (1930/1945/1955) y figuraba partícipe activa del proceso transformador en marcha.

Sin parches ni remiendos: ¡al fondo de las cosas!

¿Qué había ocurrido? Una cuestión poco tratada y por ende poco difundida por los estudiosos de nuestro pasado reciente – digamos anterior a 1970 – son las luchas obreras de la época, que por lo general devenían políticas. En los tres lustros anteriores, salvo las definiciones que rodearon el acuerdo Perón-Frondizi en 1958 y las pautas programáticas de la U.C.R.I. que llevaron al ex radical a la presidencia de la República ese año, correspondió a las organizaciones obreras la elaboración de programas revolucionarios y la convocatoria frentista popular para enfrentar el modelo económico liberal, puesto en vigencia a la caída del Peronismo, el 16 de septiembre de 1955, que con tanta certera contundencia denunciara Arturo Jauretche en “El Plan Prebisch, retorno al coloniaje”([2]). Era común en el discurso obrero sostener que “no se pueden levantar banderas de remiendos al modelo; no se le pueden poner parches; hay que derrotarlo”. Los programas de La Falda (octubre de 1957); de Huerta Grande (1962); de la C.G.T. (20 de enero de 1965) y de la C.G.T. de los Argentinos (1º de Mayo de 1968) eran la línea que bajaba a las bases. Fundamentalmente en los dos últimos, se hacen especificaciones muy concretas del papel de la universidad y los universitarios, dentro de las que correspondían a la situación estructural del País, que provocan una creciente participación y suma de universitarios a la lucha política.
         De memoria, casi textual, después de casi treinta años, nos hemos encontrado con que no docentes de esta Universidad Nacional del Comahue, que a los veinte cursaban carreras universitarias, reproducen el mensaje de Raimundo Ongaro. Leído el Primero de Mayo de 1968 al pueblo argentino y bautizado entonces como el “Programa de la C.G.T. de los Argentinos” – que algunos atribuyen erróneamente a un texto periodístico de Rodolfo Walsh(*) – nos fue actualizado que “... un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y su país, es una contradicción andante; y el que, comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”. Abrazando semejante convocatoria gremial, los universitarios de Neuquén interrumpieron el letargo que caracterizaba la provincia a finales de los ’60. Conflictos obreros en El Chocón, en la desaparecida fábrica de pilas “Vidor” o la defensa del principio de que “la tierra es de quien la trabaja” (Constitución Nacional de 1949) en el caso de la Colonia “María Elvira” en las márgenes del Río Negro, jurisdicción de Cipolletti, encuentran eco en jóvenes estudiantes y militantes obreros y barriales que ya le habían “tomado el gustito” a las asambleas, a las movilizaciones, a mirarse en las calles cara a cara con el poder cuando se reclamaba lo justo (no dejaba de repicar el alarido “démosle la espalda” de Juan Carlos Castillo – trabajador no docente asesinado por los tiranos en 1976 – cuando llegaba a Neuquén el dictador Levingston) o había que defender elementales derechos constitucionales (titilaban en las retinas los mensajes por la libertad de los compañeros, como aquel famoso de “libertad a Jure” pintado en un tren de pasajeros hasta Plaza Constitución) en los días de la lucha por la nacionalización de nuestra Universidad.
         Es memoria, que los estudiantes universitarios del Comahue multitudinariamente se organizaban y congregaban en la L.E.N.,  Línea Estudiantil Nacional). La organización política de los gremios, vecinalistas y juveniles peronistas, en la Región integraban estructuras que respondían a la C.G.T.A (C.G.T de los Argentinos, que conducía Raimundo José Ongaro) y al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Voceros periodísticos de los mismos, eran el Periódico “C.G.T.” y “Cristianismo y Revolución” respectivamente. Definida la comunidad universitaria en su militancia política por el Peronismo, no resultó extraño que al asumir el gobierno de Cámpora el 25 de Mayo de 1973, la Reconstrucción Nacional en la U.N.C. encontrara que esos mismos actores – estudiantes, profesores y trabajadores no docentes – encararan la nueva empresa al amparo de la identidad política sin manifestar, por el lado de profesores y no docentes, ninguna objeción de tipo gremial. Todo era política. Y así comprobamos a lo largo de las horas de entrevistas grabadas; en lo que hallamos en los archivos periodísticos y aún de la propia Universidad, incluidos los del período del oscurantismo a los que accedimos, para elaborar esta Memoria.
         Queda, como dijimos al comienzo, “lazo por desenrollar”, que seguramente será la corrección y ampliación de la presente edición. No obstante, para quienes se sientan convocados a conocer otros datos de nuestra historia, la del aporte de los trabajadores no docentes en la construcción de la Universidad Nacional del Comahue, puede recurrirse a la publicación oficial de la U.N.C. titulada “Una historia de 25 años” (1997) o a un trabajo inédito aún, elaborado por José Echenique (h), en preparación como tesis para recibir su título de Profesor de Historia en nuestra Universidad.




[1] Introducción del autor, al libro “De Memoria”, de la Asociación del Personal No Docente de la Universidad Nacional del Comahue, A.P.U.N.C., en preparación, invierno de 2002, sobre historia del quehacer de los trabajadores de la U.N.C cuya edición dispuso el actual Secretario General del gremio, Compañero Oscar O. Bustamante.

* Junto al nombre del no docente, figura el lugar de trabajo que ocupaba.
[2] - De circulación clandestina, por las razones que allí mismo explica Jauretche, su primera edición se publicó en noviembre de 1955.
*  Sobre el tema, v. pág. 60 de esta obra. (OJO DISEÑO e IMPRENTA: CONTROLAR EN LA VERSIÓN FINAL DE DISEÑO)
Envío:Antonio Coria
IEPPES

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