El cambio de época ya comenzó
Pocos días después de las elecciones ya se están registrando en Argentina modificaciones en el clima social y cultural, que envían señales de alerta sobre intentos de avasallamiento de derechos conquistados, pero también signos esperanzadores de reacción social.
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Pintadas en el Espacio Memoria Mansión Seré -Foto Presidencia Argentina
El “cambio de época” que anunció Mauricio Macri el domingo 22 ya había comenzado el 25 de octubre, día de la primera vuelta de las presidenciales, cuando la diferencia de votos entre el candidato de Cambiemos y Daniel Scioli fue menor a la esperada. No es una simple alternancia política, como advirtió Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, sino que implica amplias mudanzas económicas, sociales y culturales. Que resulte electo quien manifestó públicamente, por ejemplo, que los derechos humanos son un curro en 2014, la homosexualidad una enfermedad en 2007 y que a las mujeres nos gusta que nos digan qué lindo culo tenés en 2014, amplió las posibilidades de que se ataquen los avances que se dieron en los últimos 12 años en materia de juicios y condenas a genocidas, creación de espacios de la memoria, identificación de nietos apropiados y cuerpos de desaparecidos; y aprobación de leyes como protección integral a las mujeres en 2009, matrimonio igualitario en 2010 e identidad de género en 2012.
Grupos de ultraderecha que se sienten expresados por la nueva alianza gobernante percibieron que el nuevo escenario político les ofrecía una oportunidad. En los últimos días antes de la segunda vuelta electoral se sucedió una serie de hechos preocupantes que apuntaron –no casualmente– a políticas que el kirchnerismo erigió como banderas y que se cuentan entre sus mejores logros en materia de derechos humanos, participación de los jóvenes en la política, matrimonio igualitario e identidad de género, y economía productiva.
El viernes 20, dos días antes del balotaje, el Espacio de Memoria Mansión Seré amaneció con una pintada que anunciaba: “El 22 se termina el curro”, en referencia a las declaraciones de Macri al diario La Nación el 8 de diciembre de 2014: “Conmigo se acaban los curros en derechos humanos”. Mansión Seré fue el primer centro clandestino de detención y torturas durante la última dictadura militar en ser recuperado en Argentina como Casa de la Memoria y la Vida en el año 2000. Apenas diez días antes de las pintadas había sido declarado “lugar histórico nacional” por la presidenta Cristina Fernández. Ese mismo día, la ex Escuela Mecánica de la Armada, hoy Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos, recibió al menos cuatro amenazas de bomba. El día anterior, en una entrevista en el canal América 24, el escritor Marcos Aguinis, que apoya a Cambiemos, había dicho que la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y la de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, eran “mujeres despreciables”. También que en la actualidad se vive “un clima de respiro”, como cuando asumió la última dictadura militar. Algo similar deben haber percibido Víctor Hermes Brusa, ex juez federal de Santa Fe condenado a 21 años de prisión por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, quien presentó un escrito solicitando ser fiscal de Cambiemos en el balotaje, y Cecilia Pando, titular de la Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de Argentina, conocida defensora de los represores, quien convocó a votar por Macri.
El lunes 23, a pocas horas de conocerse el nombre del presidente electo, La Nación publicó un editorial titulado “No más venganza” en el que exigía resolver con urgencia “el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad” y “cesar los actos de persecución” contra jueces acusados de delitos de lesa humanidad.
En los días previos al balotaje, y después, se multiplicaron las intimidaciones a militantes kirchneristas. El 11 de noviembre se repartió un volante en la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea) en Córdoba, con las fotos de 14 empleados y la leyenda: “Ya queda poco para que La Cámpora se vaya de Fadea”. Una semana después, los nombres de cinco estudiantes secundarios pertenecientes a La Cámpora aparecieron en un volante pegado en los baños y repartido en el patio de un colegio. El texto decía: “¡A ustedes los tendrían que echar del colegio por meter la política! Ustedes lavan las cabezas. Aguante el Cambio. Hay que matar a todos los vagos”. Córdoba es la provincia en la que Macri obtuvo el mayor porcentaje de votos del país (72 por ciento) y su capital está gobernada por un radical que fue reelecto por la alianza Cambiemos. Macri había convocado al “cordobazo del desarrollo”, apropiándose de la memoria de una de las luchas populares más importantes de esa provincia.
En Mar del Plata, el intendente electo el 25 de octubre, Carlos Arroyo, de Cambiemos, había sido repudiado por la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina porque en su oficina como director de escuela tenía emblemas nazis. Hubo también en esa ciudad cinco ataques de grupos neonazis –producto de los cuales dos jóvenes gays están en grave estado–, amenazas de muerte a activistas, ataques a murales de las Madres de Plaza de Mayo y del Encuentro de Mujeres, pintadas racistas en la fachada de la Casa de Residentes Bolivianos… “La situación se está desmadrando, el contexto político que se ha vivido en las últimas semanas los ha envalentonado y sienten que pueden actuar así”, dijo el director de Derechos Humanos de la comuna de General Pueyrredón –a la que pertenece Mar del Plata–, José Luis Zerillo.
En otro plano, después de la primera vuelta electoral, y más aun esta semana, los fabricantes e importadores, grupos clave en la formación de precios, también comenzaron “el cambio”. Ante los anuncios de devaluación, generalizaron los aumentos en harina, carnes e insumos para alimentos industrializados, cambiaron las condiciones de comercialización de productos masivos y redujeron el abastecimiento de insumos. Intentan ubicarse así en mejores posiciones frente a la redistribución de ingresos que la devaluación implica. En los supermercados se respetan los acuerdos de los Precios Cuidados, pero llegan a tener importantes faltantes. Además, se restringieron las entregas de algunas mercaderías. Los proveedores aducen que “no hay stock”, o satisfacen sólo una parte de la cantidad pedida.
No obstante, entre la primera y la segunda vuelta se produjo otro cambio imprevisto y con una orientación distinta. Ante la escasez de directivas de la dirigencia del Frente para la Victoria después del triunfo con sabor a derrota del 25 de octubre, militantes de diferentes sectores se movilizaron para hacer campaña “boca a boca”. La llamaron “la campaña del pueblo” que “crece desde el pie”, en alusión a la canción de Alfredo Zitarrosa. Este activismo militante y espontáneo sumó no sólo a las organizaciones kirchneristas sino también a sectores preocupados por el entonces eventual triunfo de Macri. Si bien no es posible mensurar el impacto real que tuvo en las urnas, generó solidaridades, reconocimientos y confianza en la autoorganización.
Además, las 12 millones de personas que votaron a Macri no lo hicieron por los mismos motivos. Parte de los sectores medios y populares que lo eligieron reconoce las mejoras en sus condiciones de vida producidas en los últimos 15 años y tienen conciencia de sus derechos, que el Estado –independientemente del gobernante– debe garantizar. Esto ya lo había obligado al candidato de Cambiemos a asegurar en julio, durante la campaña, que le daría continuidad a la asignación universal por hijo, aun cuando tres años antes, al anunciarse su creación, la había criticado. Cabe suponer que estos sectores le recordarán su promesa.
Un signo alentador fue la rápida y clara reacción social, y de sus propios trabajadores, contra el editorial de La Nación del 25 de noviembre que pedía por los represores
El rechazo fue tan extendido que el propio diario se vio obligado a publicar una nota titulada “Fuertes repercusiones por un editorial de La Nación”, aunque no se rectificó. El presidente electo, ese mismo día, en su primera conferencia de prensa en su nuevo rol, se pronunció a favor de la continuidad de los juicios por crímenes de lesa humanidad. Al día siguiente el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, ratificó que “no hay marcha atrás” con estos juicios porque “son política de Estado”, lo que demostró que hay conquistas que será difícil revertir porque fueron apropiadas por la mayoría de la sociedad argentina.
Fuente:Brecha

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