11 de noviembre de 2015

ROSARIO - DIFUSIÓN.

Este 11 de noviembre la Vigil cumple 56 años y nuevamente los podemos festejar en casa, luego de décadas de despojo consumado por la dictadura cívico-militar y mantenido por los gobiernos democráticos de la década del ’90, empeñados en mirar para otro lado, que es lo mismo que no mirar.
Estar y no haber estado no es casual. La realidad actual es el resultado de una lucha colectiva y de una política de Estado que se hizo eco de ella.
Por eso, frente a este momento crucial para nuestra democracia, no podemos mantenernos al margen. Vigil nunca lo hizo.
Celebramos los derechos conquistados. Celebramos que podamos elegir en las urnas y, sobre todo, que elegir sea más que un momento, siendo artífices de nuestros destinos al trabajar colectivamente por los ideales.Por eso no podemos permitirnos la desmemoria.
Porque antes ese trabajo colectivo costaba la libertad y hasta la vida. Bien debemos saberlo desde esta institución.
Por eso celebramos las políticas de memoria y justicia. Y porque frente a delitos de lesa humanidad cometidos por un Estado terrorista, no hay perdón ni reconciliación posible. Y en esto debemos ser contundentes, como institución señalizada como sitio de memoria y que ha de afrontar el año próximo un juicio por su ilegítima intervención y su desguace criminal. Nos preocupa que se trunque este camino, quedando impunes los responsables del saqueo y privada la Vigil de las reparaciones que corresponden y son de vital importancia en esta reconstrucción.
Celebramos que la política haya recuperado su centralidad como fuerza transformadora de vidas concretas y palpables. Que no se encuentre ya subordinada a los discursos técnicos y deshumanizados de muchos economistas.
Desde la institución nos preocupa la reinstalación de políticas neoliberales, aunque se disfracen con ideas abstractas como el “estar mejor y más felices”. Aunque nos inviten a unirnos, mientras desprecian a las clases populares.
Resistimos las cínicas políticas que plantean el trabajo como costo y la cultura y la educación como mercancía. Las del Estado como simple facilitador de negocios privados. Las que asfixian a los movimientos sociales, las experiencias mutualistas y cooperativas.
No desconocemos las deudas de la democracia. Las inequidades e injusticias. La terrible violencia institucional encarnada por fuerzas policiales herederas de la dictadura. Y en este punto somos claros: la solución de las problemáticas sociales no puede ser represiva. Necesitamos más y mejores políticas sociales que empoderen y dignifiquen.
Hay que seguir avanzando en la inclusión social. Y nos queda claro que éste no es un postulado del neoliberalismo. Eso nos queda claro. Ahí no queremos volver.​
Desde la institución nos comprometemos a seguir trabajando por la cultura y la educación popular y en la lucha por los derechos humanos.
LA COMISIÓN DIRECTIVA



No hay comentarios: