La Asamblea Extraordinaria de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se inició esta tarde en el predio de Ezeiza para definir el presidente por los próximos cuatro años a través del voto de 75 representantes de clubes y asociaciones del fútbol del interior. Marcelo Tinelli junto a Luis Segura con cara de preocupados durante la conferencia de prensa.
Luego del balotaje del 22 de noviembre y de la votación a presidente de la AFA del jueves 3 de diciembre, la cuestión a dirimir parecería ser si las elecciones políticas se futbolizaron o si las elecciones futbolísticas se politizaron.
Pero la cuestión de fondo pasa por dilucidar qué extraña convención lingüística hizo que la palabra “fraude”, antaño enarbolada como bastión de los grandes demócratas indignados (GDI), dejara de circular en el léxico corriente del argentino medio, pacientemente habituado a dejar entrar en su cabeza las palabras que desprenden con proverbial insistencia los medios hegemónicos.
Pero para que la mescolanza no genere falsas expectativas, mejor dividir las cosas. Mejor dicho, las elecciones. O, mucho mejor, los hechos post electorales.
Mandame un telegrama
Más allá del escaso margen por el cual el ingeniero Mauricio Macri venció al reciente licenciado en Marketing Daniel
Scioli (678.744 votos), la cantidad de telegramas equívocos que aparecieron en las redes sociales, incitados –paradoja del país– por el portal de Clarín que permite fijarse cómo salió la elección en la mesa de cada uno que quisiera saberlo, fue barrida, como noticia, debajo de la alfombra de la pacificación y el decoro sonriente nacional. Números que no coinciden o que no están, sumas absurdas, votos nulos que superan los emitidos, datos apuntados en los casilleros equivocados: todo el arsenal de la locura fue y es visto por miles y miles de internautas sin que los medios se dignen a consignar el desmadre. Y no se trata de uno, ni de diez, sino de casi un centenar (como los que ilustran estas páginas) circulando por ahí, de pantalla en pantalla.
Nadie sabe por dónde andarán los políticos y periodistas que terciaron en las tres elecciones emblemáticas (Salta, Santa Fe, Tucumán) en las cuales llevaron adelante todo el esplendor de la fraudulencia. Quizás los primeros estén muy tensionados ante las menciones o las ausencias de sus nombres en determinados gabinetes o, lisa y llanamente, renunciando luego de hecho el daño. Quizás los segundos estén muy entusiasmados aplaudiendo medidas que tendrán que lamentar en unos meses o buscando el amparo de las playas anticubanas de Miami donde huyeron también luego de hecho el daño.
Lo cierto es que no dicen nada de nada: la democracia triunfó porque ganaron. Que al fin de cuentas es lo único que importa.
La suma imposible
A simple vista, no era tan difícil: 75 personas debían votar entre dos candidatos para elegir uno. Ni siquiera eran parecidos los nombres (más allá de las notables diferencias de sus fisonomías): Tinelli o Segura. Pero, claro, se trataba de la elección a presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. El mítico sillón que había ocupado durante tres décadas y media el hombre que ostentaba el no menos mítico anillo “Todo pasa”: Julio Grondona. Entonces, como del rayo, cayó lo insólito: los 75 votantes habían emitido 76 votos. Y, encima, daba empate, 38 para Tinelli, 38 para Segura.
Papelitos pegados, círculo aúlico de siete personas taponando (como barrera en tiro libre, al fin de cuentas era el predio de la AFA) la imagen del santo copón donde habían ido a parar los sobres, la urna enorme y de madera lustrada donde habían ido a parar los votos y las dos pilitas de papelitos donde quedaron sepultados todos los sueños de
un fútbol más decente.
Atrás quedaban las tres décadas y media de elecciones grondonísticas donde los resultados eran conocidos con un año o un año y medio de anticipación: 35 sobre 35 en 1979, 30 sobre 30 en 1983, aclamación en 1987, 40 a 1 en 1991 cuando el árbitro Teodoro Nitti creyó que podía, 40 sobre 40 en 1995 y en 2003, 44 sobre 46 –2 en blanco– en 2007, 46 sobre 46 en 2011. Atrás quedaba el discurso democrático de Marcelo Tinelli y de Luis Segura. Y, aunque no se vio, la sociedad espectadora que miraba todo por las mismas cámaras de la AFA intuyó el fantasmal cartel que podría haber dicho, alla Matrix, “bienvenido, Cabezón, al mundo de lo real”.
Para complicar aún más las cosas, o como perfecto cierre que aúna las dos elecciones, el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, habló sobre la posibilidad de que Armando Pérez, titular de Belgrano de Córdoba, sea el hombre de una lista de unidad conse
nsuada entre tinellistas y seguristas: “Hablé con Macri y el nombre de Pérez surgió porque Belgrano es uno de los clubes que no le deben a la AFA”. No dijo que Córdoba fue el gran elector que posibilitó el triunfo del líder del PRO. No hacía falta.
Fuente:MiradasAlSur



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