21 de febrero de 2016

MÉXICO.

En el DF, en Ecatepec y en Chiapas el Papa no ahorró palabras: retó al poder político y a los obispos y pidió perdón a los indígenas por el maltrato recibido 
Resumen Latinoamericano /Agencias/ 15 febrero 2016.- 

En dos tiempos sucesivos, Francisco se dirigió en tono firme al poder mexicano y luego, en la Catedral de México, reprendió lisa y llanamente a una dirigencia católica embutida en sus juegos y conflictos internos.

El Papa Francisco demostró que sus cinco días de estancia en el país que lo aclamó por las calles cuando pisó suelo mexicano no serían un paseo folklórico sino un viaje con honda dimensión política.

En dos tiempos sucesivos, el pontífice se dirigió en tono firme al poder mexicano y luego, en uno de los templos más derechistas del continente, la Catedral de México, retó lisa y llanamente a una dirigencia católica embutida en sus jueguitos internos y los arduos conflictos entre sotanas.

Después de seis visitas papales, Francisco fue el primer Papa en ingresar al recinto del Palacio Nacional en un gesto que, para el portavoz del gobierno, Eduardo Sánchez, demuestra “las buenas relaciones y la concordia”.

Dentro del Palacio Nacional, bajo los simbólicos chispazos de los cuadros de uno de los artistas más críticos con la evangelización, Diego de Rivera, Francisco escuchó al presidente Peña Nieto admitir lo que el Papa había aportado:

“Reconocemos en usted a un líder sencillo y reformador que está llevando la Iglesia Católica a la gente”. Lejos de esas amabilidades y ante las más altas autoridades del país, Francisco bebió agua y dijo:

“Cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte”.

En esas frases estaban retratados todos los dramas de un país donde, según datos oficiales del mismo gobierno, existe una lista con 27.000 personas desaparecidas. La situación es tal que Amnistía Internacional estimó que México atraviesa una crisis de derechos humanos “de dimensión epidémica”.

El jefe de la Iglesia Católica continuó luego interpelando directamente a los representantes de los poderes reunidos en el Palacio:

“A los dirigentes de la vida social, cultural y política les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva”.

El Papa se dirigió después a la controvertida dirigencia eclesiástica de México, y no se ocultó en retóricas apaciguadoras.

Ya había algo espeso durante la mañana, en el curso del trayecto de Francisco en papamóvil con el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, sentado detrás con un gesto sombrío.

Rivera es una figura clásica de la corriente más conservadora que aún detenta cierto poder en las jerarquías católicas de América latina.

En los tiempos del papado de Juan Pablo II fue un hombre con enorme poder, pero esos años parecen haber ahora pasado y el arzobispo, que tiene a su cargo la arquidiócesis más grande del mundo, enfrenta el huracán renovador de la “Iglesia pobre para los pobres” con mucho desconcierto.

En un momento, a Rivera pareció faltarle la razón, o el más terrestre de los sentidos comunes. Fue un acérrimo defensor de Marcial Maciel, el fundador del estrepitoso movimiento Los Legionarios de Cristo.

Benedicto XVI había sacado el dossier negro de los Legionarios de las sombras donde Juan Pablo II lo había ocultado con un empeño desolador.

Ahora, Francisco vino a poner otros temas sobre el tapete con un lenguaje sin decorados, principalmente, la falta de acción y de compromisos justos con las víctimas de la violencia y la corrupción, además del encubrimiento o los silencios con los abusos de menores.

En la Catedral, el martillazo de Francisco sonó como una sentencia cuando dijo: “¡Ay de ustedes si se duermen en los laureles!”. Ay, ay, y eso no era más que el principio. El ramo de reproches, órdenes, críticas y bajada de línea fue un perfume abrasador.

Francisco expresó que el “pueblo mexicano tiene derecho” a que el mensaje de Cristo se encarne “en su Iglesia”, les exigió a los obispos a que se animen con sus miradas a “cruzarse con las miradas de los jóvenes” y recomendó que “no minusvaloren el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa”.

Sobre las querellas intestinas que contaminan la Iglesia mexicana, el Papa sacó un estruendoso “¡si tienen que pelearse, peléense como hombres, a la cara!”. Pálidos se quedaron los obispos y representantes.

Y para no olvidar a nadie, el pontífice sugirió a los presentes que no escondan sus sotanas y se concentren con “singular delicadeza en los pueblos indígenas y sus fascinantes, y no pocas veces masacradas, culturas”.

Ante los obispos, Francisco dictó la cátedra de un programa que debe revitalizar a la Iglesia a partir de la misma calle, esa calle que le manifiesta una devoción y una lealtad fervorosa. Ambas son su mejor capital.

La cima de la curia lo detesta, el pueblo lo ama. Legitimidad popular contra complots en los cenáculos. Nada está perdido si se mueven los muros, decía Francisco en sus dos mensajes: ante el presidente señaló le porcentaje elevado de jóvenes que hay en México.

Ellos son el elemento del cambio: “Un pueblo con juventud es un pueblo capaz de renovarse, transformarse”, dijo el Papa. A los obispos les marcó el deber de “salir a la calle” porque en México “no se necesitan príncipes”.

El pontífice planteó su hoja de ruta no como un antagonismo entre sectores progresistas y conservadores sino como una suerte de reequilibrio entre hombres de Iglesia comprometidos con el pueblo y la honestidad, y otros con la corrupción, el encubrimiento y “el materialismo trivial”.

El mundo de la realidad paupérrima contra el mundo de la ficción opulenta. Francisco es el líder de una Iglesia que está en la calle, y no de esa que lo escuchó con urticaria en la Catedral Metropolitana.

Las cuentas pendientes de la dirigencia eclesiástica mexicana son abrumadoras, empezando por las del cardenal mexicano Norberto Rivera.

Las víctimas de los abusos sexuales lo siguen incriminando, aunque él diga que fue “absuelto” de sus errores.

Entre sus muchos pecados está el caso del cura Nicolás Aguilar. Rivera, cuando era obispo de Tehuacán, protegió al cura pederasta Nicolás Aguilar. Lo encubrió enviándolo Los Angeles, en California, donde Aguilar siguió violando inocentes.

En los años 80 y pese al volumen de las denuncias, el arzobispo primado de México se negó a oír a las víctimas. Francisco criticó en Ecatepec la “sociedad de pocos y para pocos”
El papa Francisco continuó con su actividad en México y encabezó una misa ante 300.000 personas en Ecatepec, el segundo distrito más poblado del país y uno de los que cuenta con los mayores niveles de marginación y violencia.

“Sabemos lo que significa ser seducidos por el dinero, la fama y el poder”, dijo el pontífice. En el primer domingo de Cuaresma, Francisco celebró misa al aire libre en un gran predio del Centro de Estudios de Ecatepec, el segundo distrito más poblado de México con 1,7 millones de habitantes.

Ecatepec está inmerso en la inseguridad cotidiana y ha sufrido numerosos asesinatos de mujeres. Sus habitantes sufren un calvario cotidiano de varias horas para trasladarse a trabajar a la capital.

Bajo un fuerte sol, que obligó a la gente a taparse la cabeza con lo que tuviera a mano, el papa llamó a recuperar la alegría y la esperanza y a sacarse “las ropas del cansancio, de la apatía, de la desconfianza”.

“Cuaresma: tiempo para ajustar los sentidos, abrir los ojos frente a tantas injusticias que atentan directamente contra el sueño y el proyecto de Dios”, dijo el pontífice, en la segunda jornada de su visita de cinco días a México.

Una gran imagen de la virgen de Guadalupe fue colocada en el escenario donde estaba el altar para la misa más multitudinaria de las que celebrará en México, circundado por cerros. El papa utilizó la vestimenta litúrgica morada propia del tiempo cuaresmal.

En su homilía pidió “desenmascarar” las tentaciones de la riqueza, la vanidad y el orgullo y advirtió que la riqueza conseguida adueñándose de los bienes de todos o en base del sudor del otro “es el pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento”.

El papa comenzó su jornada saludando a miles de personas que se habían reunido en Ciudad de México frente a la nunciatura apostólica desde primeras horas de la mañana. Después se trasladó en papamóvil hasta el campo militar Marte, desde donde salió en helicóptero a Ecatepec, situado unos 20 kilómetros del centro de la capital.

Ahí hizo también un recorrido extenso en papamóvil mientras miles de personas lo saludaban, y pasó junto a unos coloridos murales pintados en las paredes de un distrito donde predominan las casas de cemento gris y el polvo.

Francisco criticó en Ecatepec la “sociedad de pocos y para pocos” 
El papa Francisco se acercó a Ecatepec, uno de los municipios más pobres y violentos de México, para pedir un país “donde no haya necesidad de emigrar para soñar, de ser explotado para trabajar, de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos”.

Por si no hubiese quedado claro en sus discursos del sábado ante el poder político y eclesial, Jorge Mario Bergoglio redobló su denuncia contra la corrupción y “los traficantes de la muerte”. Ninguna agencia de viajes tiene a Ecatepec entre sus destinos.

No es fácil encontrar un vecino del cercano valle de México –más de 20 millones de habitantes—que haya visitado por gusto esta ciudad de 1,6 millones de habitantes perteneciente al Estado de México.

Aquí, durante solo una década, 2.318 mujeres jóvenes fueron asesinadas sin que el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, quien gobernó este Estado de 2005 a 2011, ni el cardenal Norberto Rivera, el oscuro líder de la Iglesia mexicana, hayan logrado prestar protección o consuelo a unas madres que, como Ludy Jiménez, viven atrapadas por el miedo.

“Yo sé cuando mis hijos salen”, dice, “pero no si van a volver. A diario hay asaltos en los transportes públicos. Con navajas, con pistolas. Intentar salir adelante, pero ni el Gobierno nos apoya ni nuestra Iglesia nos acompaña.

Somos gente pobre en un país tan rico. Estamos marcados por eso. La impotencia de tanta injusticia”. Dice Ludy Jiménez que decidió venir a la misa papal en Ecatepec –a pesar de la larga caminata y del frío extremo de la madrugada al relente– porque se sintió conmovida por las palabras que Bergoglio pronunció el sábado ante los obispos mexicanos.

“Les dijo exactamente a la cara lo que nosotros pensamos de ellos”, dice, “que salgan de las iglesias, que vengan a ayudarnos, porque durante todo este tiempo tan duro en que nuestras hijas desaparecían para luego encontrarlas a pedazos en el río de Los Remedios nos hemos sentido abandonadas, huérfanas de Iglesia”.

Muy cerca de ella, María del Carmen Rosas, le da la razón y agrega: “Él Papa ha venido a México para sacudir a la Iglesia, que estaba dormida. Y ha venido también a decirle al pueblo que se lance a la calle, que luche por sus derechos”.

Durante solo una década, 2.318 mujeres jóvenes fueron asesinadas en Ecatepec Es curioso. Durante la tarde del sábado, bastaba leer los mensajes de Twitter de algunos líderes políticos y religiosos mexicanos para comprobar que no se habían dado por aludidos ante las duras palabras del Papa contra la corrupción o la pasividad de la Iglesia.

En cambio, apenas unas horas después, en una explanada de Ecatepec ocupada por más de 300.000 personas, Ludy Jiménez y María del Carmen Rosa, sin estudios y sin trabajo, entendieron perfectamente a Francisco cuando definió la palabra corrupción.

“Es tener el pan a base del sudor del otro o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor, a amargura, a sufrimiento. Ese es el pan que, en una familia o en una sociedad corrupta, se le da de comer a los propios hijos”.


En Chiapas el Papa pide perdón a los indígenas por el maltrato a sus tierras y su cultura
Francisco pronunció un duro alegato contra “el dolor, el maltrato y la inequidad”
15 FEB 2016 


Francisco saluda a habitantes de San Cristóbal de las Casas. Eduardo Verdugo AP 
Lo que el Gobierno mexicano más temía se ha producido: el papa Francisco, cuyo liderazgo mundial trasciende al religioso, se plantó este lunes en la sierra de Chiapas y pronunció un duro alegato contra “el dolor, el maltrato y la inequidad” sufrida por los pueblos indígenas, que en México suman 11 millones de personas de un total de 50 en toda América Latina.

Jorge Mario Bergoglio pidió perdón a los indígenas y animó a que los gobernantes también lo hagan por “excluirlos, menospreciarlos y expulsarlos de sus tierras”.

El viaje del papa Francisco por los problemas nuevos y viejos de México sube cada día de decibelios. Ya su presencia en el Estado de Chiapas, donde un tercio de sus cuatro millones de habitantes sufre pobreza extrema y altos índices de analfabetismo, sitúa al Gobierno frente una de las grandes asignaturas pendientes del país: la prácticamente inexistente integración de los indígenas en la vida cultural, social y política del país.

Además, Bergoglio lo hizo sin medias tintas, incluyendo también al Vaticano y a la jerarquía mexicana de la Iglesia católica entre quienes se han equivocado en su relación con Chiapas y sus moradores.

La visita a la tumba del obispo indigenista Samuel Ruiz (1924-2011), cercano a la teología de la liberación y a quien el Gobierno y el Vaticano hicieron la vida imposible, se convirtió en la constatación más gráfica de un cambio de ruta.

El otro gesto fue autorizar de nuevo la ordenación de diáconos permanentes indígenas y la utilización en la liturgia de sus idiomas, algo que ya hacía el obispo Ruiz y por lo que recibió fuertes críticas de la Iglesia oficial.

Los pueblos indígenas han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones Pero el momento clave de la presencia del Papa en Chiapas se produjo en San Cristóbal de las Casas, durante la misa celebrada en español y en las lenguas indígenas.

Después de reconocer como legítimo el anhelo de los pueblos indígenas de vivir en libertad –“en una tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente”–, el Papa pronunció un alegato que, por su relevancia. merece la pena reproducir en su integridad.

“Muchas veces, de modo sistemático y estructural, los pueblos indígenas han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones.

Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡perdón! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita”.

Bergoglio ligó la protección de los inmigrantes con el cuidado a la naturaleza, tema central de su encíclica Laudato sì. Dijo que “el mundo de hoy” tiene mucho que aprender de la relación “armónica” de los indígenas con la naturaleza y animó de nuevo a los gobernantes a tomar ejemplo de una cultura que aún educa a sus jóvenes “con la sabiduría de sus ancianos”.

Tras las palabras de Bergoglio, el obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi leyó un emotivo mensaje suscrito por las comunidades indígenas:

“Aunque muchas personas nos desprecian, tú has querido visitarnos y nos has tomado en cuenta. Llévanos en tu corazón con nuestra cultura, con las injusticias que sufrimos, con el dolor de nuestros enfermos. Gracias por haber aprobado el uso en la liturgia de nuestros idiomas. Queremos hablarle a Dios en nuestra lengua”.

Las palabras no bastan Yatzil dice que se ha emocionado con las palabras del Papa, pero teme que todo se quedé ahí, en las palabras y en la emoción. “Aquí en San Cristóbal”, explica en voz baja entre la multitud que asiste a la misa, “estamos acostumbrados a las promesas que no se cumple.

Y el Papa puede hablar, pero ¿quién le va a hacer caso cuando regrese en el avión a Roma”. Es un sentimiento parecido al que algunos fieles expresaban el domingo en Ecatepec. La invisibilidad volverá a apoderarse de los más débiles.

En este sentido se pronunció un centenar de representantes de pueblos indígenas y campesinos de 15 países de América Latina: “Las palabras no bastan”


Francisco honra al obispo ‘indio’ 
El Papa visita la tumba de Samuel Ruiz en Chiapas en tributo a la Iglesia plural 
15 FEB 2016 
El obispo Samuel Ruiz en una misa en 1999. 
FOTO: H. RODRÍGUEZ (REUTERS) / VÍDEO: ATLAS 
Francisco cumplió este lunes con su jornada de tributo e impulso al ala más plural de la Iglesia mexicana. Su visita a la catedral de San Cristóbal de las Casas (Chiapas), donde honró la tumba del obispo indigenista Samuel Ruiz, supone una restitución histórica del sector progresista del clero, laminado durante décadas por la conservadora jerarquía local en mancuerna con el Vaticano, y un aldabonazo de sello papal a la reactivación de la orientación pastoral sociopolítica.
Samuel Ruiz y el Subcomandante Marcos en 1995
La reivindicación de Ruiz es la reivindicación de la teología india, una rama indigenista de la teología de la liberación, y, por continuidad, de la izquierda católica de América Latina. La reivindicación de Ruiz reivindica a su vez a la izquierda católica de América Latina La de Samuel Ruiz (1924-2011) es la historia de una conversión.

Cuando fue nombrado con 34 años obispo de San Cristóbal, en 1960, era un prelado tradicional que en su primera carta pastoral advirtió de los males del comunismo. Pero corriendo la década (con los aires renovadores del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín del episcopado latinoamericano) y a medida que iba conociendo de primera mano el mundo indígena, su marginación y su valía, fue virando a izquierda.

En los setenta fue asentando su proyecto hasta proclamar en 1979 el compromiso explícito de su diócesis con la “opción por los pobres”, con el genuino añadido de fusionar la religión católica con la cosmovisión indígena. Samuel Ruiz y el subcomandante Marcos en Chiapas en 1996. Samuel Ruiz y el subcomandante Marcos en Chiapas en 1996. H. Rodríguez Reuters

“Fue el apóstol de la inculturación”, dice Alejandro Solalinde, el sacerdote defensor de los migrantes. Ruiz aprendió tzotzil, tzeltal, chol y tojolabal. Su capacidad para los idiomas se ha hecho mítica. Este sábado, un sacristán de la catedral de San Cristóbal aseguraba: “Yo lo vi hablar con un turista chino en chino mandarín”.

Y también se ha hecho mítica su empatía con los indígenas. “Yo lo vi llorando a solas al volver del funeral de la matanza de Acteal”, decía el mismo sacristán aludiendo al ataque paramilitar a una comunidad tzotzil.

Capaz de predicar en tzotzil y en tojolabal, recorrió a pie y a caballo toda trocha de lodo y puso a los indígenas al frente de su proyecto, ordenando a 341 diáconos casados (un grado previo al sacerdocio), formando a 15.000 catequistas y enlazando lo católico con lo prehispánico, sentando las bases de la teología india, “un modelo”, explica el académico dominico Carlos Mendoza, “más simbólico que discursivo, y que pone en diálogo el sentido de lo divino de los pueblos originarios con la Biblia”.

El obispo Ruiz se convirtió en Tatic (papá en tzoztil) Samuel. En Chiapas, el Estado más depauperado del país (1,6 de cuatro millones de habitantes en pobreza extrema, casi todos indígenas), el Papa tuvo la ocasión de desplegar su artillería progresista de la mano del recuerdo de una de las figuras a las que se guarda más respeto en México.

“Él fue muy tras de la gente indígena”, decía en San Cristóbal Juana Pérez, una mujer tzotzil que describía con ternura al obispo Samuel Ruiz: “Era un gordito que andaba con su gorrito. Sí. Así era el difunto”.


Protestan periodistas por el asesinato de Anabel Flores
Resumen Latinoamericano / Desinformémonos /11 febrero 2016.- 

Una protesta silenciosa congregó hoy a reporteros, camarógrafos y fotógrafos frente a la Representación del gobierno de Veracruz en la Ciudad de México, hasta donde llegaron con fotografías de los periodistas asesinados en esa entidad durante el gobierno de Javier Duarte.

La convocatoria a la manifestación fue convocada por la organización de periodistas Derecho a Informar, luego del asesinato, el martes pasado, de la periodista Anabel Flores Salazar, quien un día antes fue secuestrada por un grupo de hombres armados con vestimenta tipo militar.

Los fotógrafos dejaron en el piso sus cámaras fotográficas, en señal de protesta. Mientras que colegas del gremio pegaban las fotos de los periodistas asesinados en las rejas de la casa de gobierno. No hubo discursos ni consignas.

El silencio lo decía todo ante los ojos vigilantes del personal del gobierno de Veracruz. Con Anabel Flores suman 17 los periodistas asesinados durante la administración de Duarte, lo que convierte a Veracruz en el estado con el mayor número de periodistas a los que les han quitado la vida.

También se registraron protestas en Tuxtla Gutiérrez, Tijuana y Puebla.


Visita papal a México: El pueblo creyente de Simojovel, denuncia prostitución y narcotráfico 
por Flor Goche 13 febrero 2016. 

San Cristóbal de las Casas, Chiapas. El Estado mexicano apela al pueblo creyente. Por eso invita al Papa Francisco a México. Porque sabe de la influencia que la iglesia católica ejerce sobre un importante sector de la población. Sin embargo, con sus hechos, demuestra que ciertos grupos religiosos, particularmente los que denuncian su actuar u omisión, o ambas, no son de su interés.

En 2014, los 28 consejos parroquiales de Simojovel, en Chiapas, emprendieron el año de la familia.

En este contexto, realizaron visitas a los hogares en cada una de las localidades. “Mucho sufrimiento” de las familias y las comunidades, eso testificaron durante su recorrido. Sufrimiento derivado de problemáticas como el alcoholismo, los robos y la violencia, detalla Isidro Pérez, habitante del municipio.

No fue necesario indagar mucho para descubrir más: desde la prostitución de mujeres salvadoreñas y guatemaltecas que ocurre en las cantinas del lugar, hasta el ingreso ilegal de armamento y droga al municipio.

Cabe destacar, según refiere Isidro Pérez, que las propias autoridades están involucradas en los ilícitos.

Tal es el caso de Juan Gómez, el expresidente municipal por el Partido Revolucionario Institucional, quien en ejercicio de su encargo público fue sorprendido metiendo armamento a la comunidad, sin que recibiera castigo alguno.

En respuesta al conjunto de hallazgos, los catequistas decidieron no quedarse inmóviles. Así dio inicio la lucha del pueblo creyente de Simojovel.

Ésta se reforzaría a raíz del asesinato de una mujer de la comunidad, a plena luz del día, en la puerta de su casa.

Poco a poco los pobladores de Simojovel fueron trazando el rostro del agresor. Cuando acudían al ministerio público a denunciar los hechos, no eran atendidos. Los funcionarios se negaban a dejar constancia de los delitos.

Entonces, empezaron las peregrinaciones, que hasta el día de hoy suman seis. El objetivo: que sus demandas sean escuchadas y atendidas por los gobernantes. Las cinco primeras peregrinaciones se realizaron en el municipio.

La sexta, que duró tres días, del 23 al 26 de marzo de 2015, concluyó su andar a pie en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas.

Del diálogo con el gobierno local resultó el compromiso de cerrar las cantinas del lugar, además de investigar los hechos.

Pero las autoridades “no han hecho nada”, denuncia Isidro Pérez, quien también es parte del Consejo Parroquial de Simojovel.

Lo única acción oficial emprendida es el cierre de algunas cantinas, mismas que posteriormente son reabiertas en locales distintos, lo que, a decir de Isidro Pérez, resulta una burla.

Como consecuencia de su denuncia, el pueblo creyente de Simojovel ha sido objeto de hostigamiento y agresiones, entre las que destacan amenazas de muerte (vía telefónica y cara a cara) e intentos de emboscadas.

El blanco principal es el Padre Marcelo, quien preside el Consejo Parroquial. Isidro Pérez relata que la violencia ha sido tal que los pobladores han montado guardias en la parroquia de San Antonio de Padua, ubicada en la cabecera municipal, ante los intentos de los agresores de acceder al recinto sagrado para atentar contra el Padre Marcelo.

La cabeza del cura tiene precio: se ofrecen entre 150 mil y 1 millón de pesos por ella. El último atentado en contra del sacerdote ocurrió durante una fiesta de 15 años.

Personas desconocidas arrojaron una bomba en el lugar, misma que fortuna explotó en el portón de la casa y no cerca de los invitados, entre ellos, el Padre Marcelo.

El gobierno federal conoce de la problemática pero tampoco hace nada. Isidro Pérez cuenta que hace poco una funcionaria de este orden acudió al lugar para escucharlos, pero tan sólo tomó nota.

Las demandas del pueblo creyente se Simojovel son: no alcohol, no drogadicción, no narcotráfico, no prostitución, no violencia y no corrupción en su territorio. Isidro Pérez considera que las problemáticas que los aquejan, incluida la inacción de las autoridades para resolverlas, tiene el objetivo de confundir, desarticular y dividir a las comunidades de Simojovel.
fuente: Desinformémonos 


Francisco criticó en México la “sociedad de pocos y para pocos” 
El papa Francisco continuó hoy con su actividad en México y encabezó una misa ante 300.000 personas en Ecatepec, el segundo distrito más poblado del país y uno de los que cuenta con los mayores niveles de marginación y violencia.

“Sabemos lo que significa ser seducidos por el dinero, la fama y el poder”, dijo el pontífice. En el primer domingo de Cuaresma, Francisco celebró misa al aire libre en un gran predio del Centro de Estudios de Ecatepec, el segundo distrito más poblado de México con 1,7 millones de habitantes.

Ecatepec está inmerso en la inseguridad cotidiana y ha sufrido numerosos asesinatos de mujeres. Sus habitantes sufren un calvario cotidiano de varias horas para trasladarse a trabajar a la capital. Bajo un fuerte sol, que obligó a la gente a taparse la cabeza con lo que tuviera a mano, el papa llamó a recuperar la alegría y la esperanza y a sacarse “las ropas del cansancio, de la apatía, de la desconfianza”.

“Cuaresma: tiempo para ajustar los sentidos, abrir los ojos frente a tantas injusticias que atentan directamente contra el sueño y el proyecto de Dios”, dijo el pontífice, en la segunda jornada de su visita de cinco días a México.

Una gran imagen de la virgen de Guadalupe fue colocada en el escenario donde estaba el altar para la misa más multitudinaria de las que celebrará en México, circundado por cerros. El papa utilizó la vestimenta litúrgica morada propia del tiempo cuaresmal.

En su homilía pidió “desenmascarar” las tentaciones de la riqueza, la vanidad y el orgullo y advirtió que la riqueza conseguida adueñándose de los bienes de todos o en base del sudor del otro “es el pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento”.

El papa comenzó su jornada saludando a miles de personas que se habían reunido en Ciudad de México frente a la nunciatura apostólica desde primeras horas de la mañana. Después se trasladó en papamóvil hasta el campo militar Marte, desde donde salió en helicóptero a Ecatepec, situado unos 20 kilómetros del centro de la capital.

Ahí hizo también un recorrido extenso en papamóvil mientras miles de personas lo saludaban, y pasó junto a unos coloridos murales pintados en las paredes de un distrito donde predominan las casas de cemento gris y el polvo.

La agenda del jefe de la Iglesia católica contempla hoy una visita a un hospital de niños en Ciudad de México. Mañana viajará a San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez en Chiapas, para reunirse con indígenas.
Envío:ResumenLatinoamericano

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