El presidente en las sombras
Por Pablo Galan
25.02.2016
Por Pablo Galan
25.02.2016
Si se va Marcos, me cortan una pierna”. Con esa contundencia, el presidente Mauricio Macri dejó expuesta la importancia que tiene para él contar a su lado con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, de 38 años. Desde que desembarcó en 2005 en el Pro, tras un previo paso como legislador porteño en el Frepaso, Peña fue creciendo hasta convertirse en el hombre del Gobierno que más influye en las decisiones del Presidente, quien le guarda una confianza plena. “Marcos es el prototipo de dirigente político que le gusta a Mauricio”, asegura una fuente del Gobierno que conoce desde hace muchos años al jefe de Gabinete. “Es un tipo muy laburador y capaz, que siempre apuesta al diálogo y que por sobre todas las cosas va de frente”, completa. Ese capital es lo que le permite a Peña convertirse en el gran estratega comunicacional del Gobierno. Un aspecto que lo obsesiona, casi tanto como a su jefe político. Para Peña, las formas son casi tan importantes como los contenidos. Por eso cree fervientemente que el éxito del gobierno macrista estará en seguir mostrándose como la antítesis del kirchnerismo en cuanto a los modos de hacer política. Así, a diferencia de las habituales y extensas cadenas nacionales de Cristina Fernández, Peña está convencido de que Macri debe hablar lo justo y de manera expeditiva. La fiel muestra de esta mecánica quedó en evidencia esta semana, cuando en la conferencia de prensa en Casa Rosada, el Presidente apenas se encargó de introducir el tema en cuestión, la modernización del Estado, y dejó que lo desarrollaran el propio Peña y el ministro Andrés Ibarra, ante la queja de los periodistas acreditados, que guardaban la expectativa de interrogar a Macri. Si bien no es el autor de la frase, Peña comparte conceptualmente “la revolución de la alegría” que Macri pretende imprimirle a su gestión. Esto lleva a que el Gobierno esté obligado a dar buenas noticias y es precisamente el jefe de Gabinete el encargado de dosificar los anuncios esperanzadores. Claro que esto requiere de una gran coordinación y en algunas ocasiones esa función escasea y deja al Gabinete, y especialmente al propio Peña, en evidencia. Sucedió con la generosa promesa salarial del ministro de Educación Esteban Bullrich y la posterior protesta de los gobernadores de no poder hacer frente a esos aumentos. También con la promesa de subir el piso de Ganancias y de actualizar las escalas, que finalmente quedaron postergadas ante el fuerte impacto fiscal que generaría la iniciativa. “A veces da la impresión de que se hacen anuncios sin tener en cuenta todos los efectos que puede generar la medida y deja a los ministros dando pasos en falso”, asegura a Veintitrés un funcionario proveniente del ámbito privado y que empezó a tomar contacto con Peña desde la llegada a la Rosada. También tiene la autoría del jefe de Gabinete la estrategia de comunicar aquello que el electorado macrista quiere escuchar, sobre todo en tiempos en que el contrato social puede sufrir algún resquebrajamiento. Frases como las del Presidente del lunes 22, afirmando que no iba a permitir que “el Estado se convierta en un aguantadero de la política” llevan el sello de la factoría Peña. Obsesivo de las encuestas, Peña tomó nota de que desde la sociedad se percibe que la mayoría de las medidas tomadas solo beneficiaron a los grupos económicos, en tanto que para los sectores populares solo hay inflación, tarifazos y despidos. En ese contexto es que se decidió postergar por lo menos un mes el aumento de las tarifas de gas, prevista casi en continuado con las de electricidad, así como también el alza de los combustibles. A su vez, la idea de Peña y su equipo es que Macri haga anuncios de carácter social en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, como la ampliación de la Asignación Universal por Hijo a los monotributistas y la devolución del IVA en productos alimenticios para los beneficiarios de los programas sociales. “Esperemos que esta vez no hagan un anuncio y después tengamos que dar explicaciones”, señala con sorna la fuente que todavía tiene bajo prueba al jefe de ministros. Pero no siempre lo que dice Peña es lo que finalmente termina decidiendo Macri. “Marcos no estaba de acuerdo con abrir el Senado a sesiones ordinarias para tratar los pliegos para la Corte”, reconocen desde el entorno del joven ministro. El Presidente confió esta vez en el tándem Gabriela Michetti-Federico Pinedo, quienes le aseguraron que abrir la Cámara alta para tratar el tema era la mejor forma para aceitar los lazos con una importante porción del bloque de senadores del Frente para la Victoria. Esta vez, Peña perdió la pulseada con una de sus últimas rivales, Gabriela Michetti. Palomas vs. halcones, o gradualismo vs. shock En la división de tareas dentro del Gobierno, la de Peña es la de establecer la estrategia de gestión y la del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, la de llevar adelante los acuerdos políticos que viabilicen las iniciativas oficiales. Esta necesaria coordinación entre ambas funciones a veces entra en cortocircuito por históricos recelos entre ambos funcionarios. Ya desde los tiempos de campaña, Peña y Monzó dejaron en claro sus diferencias políticas, sobre todo en lo que tiene que ver con el armado político que llevaría al Pro al poder. Peña se arroga haber sido el artífice del triunfo a partir de su idea de “Pro-purismo” y no haber avanzado en una alianza con Sergio Massa. Desde el entorno del titular de la Cámara baja le responden que difícilmente Macri hubiera llegado a la Rosada sin los acuerdos políticos que Monzó tejió a lo largo del país con dirigentes del más variado pelaje. Ahora en la gestión esa desconfianza mutua genera pases de facturas cuando las cosas no salen como estaban previstas. La gente de Monzó no olvida el perjuicio que causó a los lazos que trabajosamente venían tejiendo con un sector del peronismo la idea inicial de nombrar a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz como nuevos miembros de la Corte, salteando la aprobación del Senado de la Nación. Desde la Jefatura de Gabinete se quejan de la poca efectividad de las negociaciones de Monzó y ponen como ejemplo más claro la reciente decisión del massismo, a través de su diputado Raúl Pérez, de no apoyar en la Comisión Bilateral de Trámite Legislativo el DNU que anuló el traspaso del 15 por ciento de los fondos coparticipables de la ANSeS a las provincias. “Si el DNU no pasa, nos hacen un terrible agujero en la ANSeS”, aseguran en el entorno de Peña. Ahora que la interna dentro del Gobierno se da entre los que se inclinan por llevar adelante un ajuste gradual y los que sostienen que hay que hacerlo de manera drástica, Peña se ubica claramente del lado de los primeros. Es, por lo tanto, el principal sostén político con el que cuenta el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, cuestionado por algunos integrantes del Gobierno por no dar señales claras en su política económica. Sin embargo, el economista debió soportar un tirón de orejas del jefe de Gabinete cuando caracterizó de “grasa militante” a los empleados públicos ligados al kirchnerismo. En las reuniones de Gabinete, Peña le insiste al resto de ministros y funcionarios que se comporten como ciudadanos comunes. Y busca a través del ejemplo que se cumpla con esa premisa. Por ejemplo, se hace cada vez más frecuente encontrarlo en el comedor de la Casa Rosada almorzando el mismo menú que el resto de los empleados. También hace un culto de la austeridad, y en un gobierno lleno de CEOs con frondosas cuentas bancarias, Peña aparece como el más “pobre” de los ministros, con un patrimonio que no supera los 500.000 pesos, de acuerdo a lo que consta en su declaración jurada. “Sos el verdadero cartonero Báez”, suele chicanearlo Macri. Con esas atribuciones, más su juventud y la confianza que le deposita el Presidente, Peña acumula poder en el actual Gobierno y construye su futuro político. Aunque aún sea muy prematuro hablar de eso…
Pro-relato en los medios
La buena onda que el Pro busca instalar en la sociedad requiere inevitablemente del acompañamiento de los medios de comunicación. Por eso, el jefe de Gabinete Marcos Peña es el encargado de aceitar la relación para que lo que sale publicado se parezca lo más posible a lo que el Gobierno busca comunicar. Y colocó como secretario de Comunicación a Jorge Grecco (en la foto, jurando). Así como una de las preocupaciones del Gobierno es mostrarse sensible a las necesidades de los más humildes, Peña cerró un acuerdo con Francisco Fascetto, director de Diario Popular, para que Mauricio Macri publicara una columna el domingo pasado. Allí, el Presidente manifietsa estar dedicado a combatir la inflación “para cuidar el bolsillo de los argentinos”. Del mismo modo, Peña viene llevando encuentros con periodistas como Luis Majul, Román Lejtman y Marcelo Longobardi, para que el relato Pro tenga lugar en los medios.
Mirtha y el no a Peña
Por diferentes circunstancias, Mirtha Legrand y Elisa Carrió se han convertido en grandes aliadas de Mauricio Macri. Sin embargo, en los últimos días ambas salieron a criticar públicamente algunos aspectos de su gobierno. En el caso de la diva de los almuerzos, apuntó directamente contra Marcos Peña. “Me parece que maneja demasiado las cosas. Me gusta, pero me parece que por ahí se equivoca. Me parece que son muy técnicos y no tan políticos”, aseguró. En tanto que Elisa Carrió metió el dedo en la llaga del Indec y tras reunirse con Graciela Bavacqua, desplazada de la dirección técnica del instituto, aseguró que le pedirá a Macri que la restituya en el cargo. La diputada de la Coalición Cívica fue más allá y pidió la salida del titular del organismo, Jorge Todesca.
Malestar en la UCR ¿Sanz prepara el regreso?
Ernesto Sanz sorprendió en diciembre cuando rechazó ser el ministro de Justicia de Mauricio Macri luego de haber sido una de las patas del armado de Cambiemos como presidente de la Unión Cívica Radical (UCR). Estaba claro que más allá de la explicación formal de su retiro por cuestiones personales, no estaba satisfecha su expectativa: ser uno de los miembros de la Corte Suprema de Justicia. La decisión del tribunal de quitarle una porción de recursos a la Nación al restituirles a las provincias el 15% que se le retenía para la ANSeS, molestó al entonces presidente electo que respondió nombrando dos miembros en comisión para cubrir las vacantes. Y sepultó el sueño de Sanz. Ahora el radicalismo cree que se abre un hueco para jugar fuerte como influenciadores de la política general del Gobierno, la aspiración que tenía el trío que negoció el acuerdo con el macrismo: Federico Storani, Facundo Suárez Lastra y Walter Ceballos. En ese contexto, en el radicalismo evalúan si es posible que Sanz decida dejar la reclusión en Mendoza y comenzar a mostrarse como la alternativa para un recambio en la Jefatura de Gabinete. En el Gabinete de Macri, cuatro funcionarios de primera línea son radicales: los ministros Ricardo Buryaille (Agroindustria), Oscar Aguad (Comunicación) y Julio Martínez (Defensa) y José Cano, a cargo del Plan Belgrano. Puertas adentro del radicalismo, sólo reconocen como propio a Martínez, quien tiene un ministerio “sin planes ni presupuesto”, según afirman. “Aguad es más de Macri que radical; Buryaille es de las organizaciones del agro, y Cano tiene un programa que todavía no empezó”, lamentan. Por eso, empezaron a discutir alternativas para tener participación política en la gestión, más allá de los cargos. La puja va a empezar en el Congreso a través de los presidentes de los bloques, el diputado Mario Negri y el senador Luis Naidenoff, y la primera medida que tienen en la mira para rechazar es la eliminación de las retenciones a las mineras. También advierten que “no van a pasar alegremente los DNU”. Con la UCR, al menos, parece que al Pro se le acabó “la revolución de la alegría”.
Opinión
Los aliados meten presión
Por Gabriela Granata
Si Mauricio Macri se sentía presionado por el frente económico, gremial y social en sus primeros dos meses de gestión, en las últimas horas sumó como factor extra la interna en su fuerza Cambiemos. Los economistas ortodoxos que por ahora juegan en segundo plano empezaron a filtrar el malestar con la gestión de Alfonso Prat-Gay en el Ministerio de Hacienda sugiriendo que si pasa mitad de año y dólar e inflación siguen su camino ascendente, se debe cambiar a las palomas gradualistas por halcones. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, compite con el referente más dialoguista del ala política, Emilio Monzó, hombre fuerte de Diputados. Y los partidos aliados del Pro aportan los primeros dolores de cabeza. Elisa Carrió cuestionó el desplazamiento de Graciela Bevacqua y sugirió que Macri debería echar a Jorge Todesca, el jefe del organismo. Cerca de Carrió afirman que no hubo llamados con reprimendas a Lilita por parte de Macri, pero confirmaron que se reunirán en las próximas horas para resolver diferencias. Ya estaba avisado Mauricio Macri del daño que puede hacer el malestar de Carrió. El radicalismo, en tanto, cree que está subrepresentado políticamente en el Gobierno y espera el inicio de las sesiones ordinarias el 1 de marzo para marcar la cancha. El oficialismo puede contar a su favor el proceso de descomposición del Frente para la Victoria y la recomposición del Partido Justicialista, que dio el miércoles su primer paso. Un escenario que desafía la capacidad real que tendrá la gestión para alcanzar acuerdos políticos.
Fuente:Veintitres

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