28 de marzo de 2016

RAFAELA-SANTA FE: HOMENAJE SILENCIOSO DE UN HIJO DE DESAPARECIDOS.

Un homenaje silencioso a sus padres 
26/03/2016
Mauro Gentinetti 
Los perdió cuando tenía 3 años. Creció junto a sus abuelos, en Esperanza. Ellos hicieron como un "blindaje" con él. Hoy tiene 3 hijos y prefiere ser "transparente". El jueves habló en el acto por los 40 años del golpe militar.

FOTO J. BARRERA TROD. Es hijo de desaparecidos. Vive en Rafaela.
Cada una de las historias de los 18 desaparecidos de Rafaela es singular y refleja lo que por aquellos años ocurría con la militancia política, sindical o estudiantil. Algunas son más conocidas que otras, o más emblemáticas para la ciudad.

Pero todas son testimonio de una época a la que Rafaela no fue ajena. Entre estas historias, hay dos que son diferentes. Se trata de Cecilia Marfortt y Jorge Trod, que además de tener un fuerte compromiso social y militar en la agrupación Montoneros, eran marido y mujer. Una relación que los mantuvo unidos hasta el día en que ambos fueron secuestrados, el 10 de enero de 1978. Pasaron 40 años del último golpe cívico militar.

En todo el país se repiten los actos en conmemoración del Día de la Memoria. Cientos de personas se reúnen en Rafaela y marchan por el centro rafaelino. Se paran frente a la Plaza 25 de Mayo. Un joven toma el micrófono, saca un papel y con mucha timidez lee el documento de la jornada. Ese hombre de remera blanca es Mariano Trod, hijo de Cecilia y Jorge.

Un hijo de desaparecidos que vive, trabaja y se pierde entre los adoquines de la ciudad. Y que mientras pronuncia esas palabras, rinde un homenaje silencioso a sus padres. Sin gritos ni arengas. Sólo poniendo la voz y el cuerpo en el momento que debía hacerlo. Mariano tiene 41 años.

Cuando tenía 3, sus padres desaparecieron. Tiene una hermana menor. Ella tenía menos de un año y estuvo con su madre hasta el último momento. Apareció en Zárate, provincia de Buenos Aires. Ultimo destino del matrimonio Trod, en su lucha por cumplir sus sueños. Unos años antes, se habían casado en Rafaela y, al poco tiempo, se fueron a vivir a Esperanza. Ahí nació Mariano.

Un día, sus abuelos maternos lo fueron a buscar para pasar unos días con ellos en Rafaela. Pero cuando lo llevaron de vuelta, sólo encontraron restos de sangre en la vereda y un gendarme que les recomendó se fueran de ese lugar.

Sus padres habían logrado escapar a la emboscada, pero desde entonces se verían obligados a vivir en la clandestinidad. Mariano nunca volvió a vivir en esa casa y se tuvo que quedar en casa de su abuela paterna, en Esperanza, donde pasaría toda su infancia. Ahora, hace 15 años que vive en Rafaela.

Trabaja en el Hogar de Menores Madres, donde es preceptor y convive con chicos alejados de sus padres. Con Cintya, su mujer, tiene 3 hijos. Integra el Espacio de la Memoria, conformada por familiares, allegados y amigos de desaparecidos y personas que sufrieron la dictadura.

Reconoce que su participación no es de las más activas. Pero desde hace unos años está presente en cada marcha, encuentro o conmemoración. El hecho de ser hijo de desaparecidos no lo incomoda. Por el contrario, habla con orgullo de sus padres. Pero tampoco lo siente como un privilegio. Mantiene un perfil bajo y de poca exposición.

"Esta noche después de la marcha me toca trabajar", dice sonriendo. Y cuando habla lo hace con sencillez.

¿Cuánto hace que sabés que sos hijo de desaparecidos? 
Mis abuelos hicieron conmigo como un blindaje. A mi abuela paterna, particularmente, le lastimaba mucho hablar del tema. Ella no sólo perdió a mi papá, sino también a mi mamá, que la quería mucho. Y también a otro hijo que también fue baleado. Un tío mío, Sergio Trod, que murió asesinado en Córdoba. No sé si les molestaba, pero era algo que no se hablaba mucho. Entonces la información empieza a venir cuando ya éramos grandes. Pero de chiquitos, no.

¿En algún momento lo sufriste? 
No. No sufrí mucho por eso. No me pasó de haber pasado malos momentos. Me pasaron otras cosas... Cosas más internas mías, que no sé si tienen que ver con la cuestión del desaparecido, la cuestión política. Me pasó más por otro lado. ¿Por ejemplo? Yo sufría mucho porque, a mí me criaron mis abuelos. Y yo los veía que ellos eran viejos… De chico vos temés por tus padres. Pero a mí me pasaba el doble, porque yo veía que eran viejitos. Y los papás de mis amigos eran todos jóvenes.

¿Estarán dentro de 4 o 5 años?
Después vivieron un montón, porque era un temor infundado. Pero a mí me pasó eso. Me trastocó la vida en otras cosas más pequeñas.

¿Y tus hijos? ¿Ellos saben que son nietos de desaparecidos? 
Sí, ellos saben todo. Ellos vienen con nosotros a las marchas, con sus carteles… Nos hacen preguntas… Nosotros no tratamos este tema como lo trataron mis abuelos. Nosotros con nuestros hijos lo tratamos como un tema súper transparente. Como algo que nos enorgullece. Y ellos así lo toman. Tratamos de que lo interpreten como una causa de orgullo.

Lo vivís así, como un motivo de orgullo 
Sí, totalmente. Me siento orgulloso de eso. En mi trabajo, con mis amigos, todos conocen que soy hijo de desaparecidos. No tengo una participación activa en las organizaciones, pero siempre trato de estar.

En cada acto, en cada marcha, en cada movilización. Por eso nunca me sentí solo. Siempre hay mucha gente que te acompaña y que te quiere.

¿Qué opinás de la marcha de este jueves?
Me emocionó ver la marcha. Sobre todo porque vi a un montón de gente que otras veces no había visto. Me da mucha alegría ver este tipo de acompañamiento. A la hora de ver qué se iba a decir en el acto, hubo muchas diferencias.

Cosas con las cuales algún grupo no estaba conforme. Yo en lo particular no estoy conforme con la situación política actual. Pero se llegó a un acuerdo porque la idea era que estuviéramos la mayor cantidad de gente posible. Y que haya tanta gente fue un poco un resultado de eso. Porque entendimos que tenemos que estar juntos. Y eso está buenísimo. 

¿Cuál es el reclamo actual que sentís más urgente? 
Siento que lo de Silvia (Suppo) es el reclamo más actual. Que después de todo lo que nos tocó vivir no nos puede quedar la incertidumbre de no saber lo que pasó. Es algo que tiene mucho significado para todos y no puede quedar así.
Fuente:LaOpinión

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