5 de septiembre de 2016

CÓRDOBA: "HOY, UN REGINO MADERS NO TRIUNFARÍA EN POLÍTICA".

05/09/2016 
“Hoy, un Regino Maders no triunfaría en política”
A 25 años del asesinato del dirigente radical, hablan sus hijos Javier y César. 
“Tuvimos que convencer a Córdoba de que fue un crimen político”, señalan.

Herederos. César y Javier Maders trabajan en Epec, como lo hizo su padre. La noche del asesinato, estaban dentro de la casa. (Sergio Cejas) La noche del asesinato, estaban dentro de la casa. (Sergio Cejas)
Por Sergio Carreras
Javier (39) y César (36) son los dos hijos del dirigente radical Regino Maders, asesinado en la noche del 6 de septiembre de 1991, hace 25 años, cuando ingresaba a su casa en barrio Residencial Vélez Sársfield, en el sur de la ciudad de Córdoba. Los dos disparos que acabaron con la vida de su padre marcaron también una de las más altas cimas de impunidad que sufrió la provincia y causaron uno los crímenes políticos más resonantes de la historia argentina reciente.

Los dos hermanos trabajan en la misma Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec), donde se desarrolló su padre. Y luego de la desilusión que significó para la familia la actitud de varios de los principales dirigentes del radicalismo, ambos se mantienen lejos de los partidos políticos y sólo militan gremialmente. Un hito histórico El apellido que cargan se convirtió, luego del asesinato, en sinónimo de perseverancia y de lucha, en reclamo de honestidad y justicia hacia el poder político.

– ¿Cómo ha sido ser hijo de Regino Maders durante estos 25 años? 
– Javier: En Córdoba hay un antes y un después a partir de la muerte de nuestro padre. Tuvimos un padre presente que fue modelo y ejemplo en cuanto a militancia, honestidad, docencia, trabajo y dedicación, en ser padre en sí. Esa imagen nos pegó muy fuerte, porque aunque éramos chicos, pudimos mamar eso, impregnarnos y verlo en la gente que lo conoció, en lo que nos contaban sus conocidos. Ser hijo de Regino Maders no es para nada fácil. Tuvimos épocas de mucha zozobra, mucha persecución, muchísimas amenazas. Llevar este apellido no es fácil, porque, sobre todo en aquella época, cerraba muchas más puertas que las que abría. Córdoba despertó con el caso Maders, porque estaba demasiada confiada del gobierno que tenía y el asesinato terminó por desnudar los antros de corrupción, de narcotráfico, de juego clandestino, la concesión de las usinas de Epec, que de otro modo no sé cómo se habría conocido.
–César: Esto trajo aparejado para nosotros un proceso de militancia interna en la familia, porque muchas cosas se decían en esa época sobre el entorno familiar y el móvil del crimen de mi viejo que dolían demasiado. Sabíamos que no eran ciertas y la familia comenzó a caminar sobre la hipótesis del crimen político. Y ahí se nos hizo incluso mucho más duro ser hijos de Regino Maders. La situación fue mucho más comprometida, y a su vez debíamos tener un grado de conciencia muy grande, porque sabíamos lo que cargábamos. Tuvimos que madurar de golpe. El asesinato unió más a la familia, pero dejó un vacío que no se llena más. Nos forjó la personalidad y lo que somos ahora; nos ayudó mucho a crecer durante un proceso en el cual todos los días se atacaba a la familia, no sólo a la imagen de mi papá, sino a la de mi mamá. Escuchar que decían que ella era culpable, que lo había mandado a matar, y ver que casi todos los días caía la Policía a buscarla para llevarla a atestiguar, fueron momentos muy duros, hasta que el proceso judicial llegó a los juicios. Negocio de impunidad

–¿Cómo vivieron el resultado de los dos juicios?
–J.: En el caso de la condena a (Oscar) Síntora por ser coautor material, uno sintió pena de que muchos que en la causa eran nombrados como partícipes en el asesinato de mi viejo hoy están en prisión por los juicios de lesa humanidad y no por el caso Maders. El otro juicio, contra (Luis) Medina Allende, si bien era mucho más difícil demostrar que fue instigador, creo que había pruebas importantes como para que esté hoy en la cárcel. Siempre hay compromisos entre los poderes Ejecutivo y Judicial, y se termina negociando la impunidad, el intercambio de favores. Lo que más valoran los corruptos es la impunidad, y cuando uno empieza a meterse no con delincuentes comunes o sicarios, sino contra personas importantes del poder, se hace muy difícil.

–¿Creen que el Poder Judicial pudo hacer más de lo que hizo? 
–J.: Sí, totalmente. Un problema fue que dentro de la Policía de Córdoba todavía coexistía mucha mano de obra desocupada de la dictadura militar y policías retirados. Y si bien la Policía fue el brazo opresivo contra mi familia, que nos perseguía e intervenía los teléfonos, la Justicia fue también cómplice, sobre todo durante el primer año luego del crimen, porque no desentrañó esto ni empezó a trabajar desde el primer momento, viendo que este crimen no era una situación común.

–¿Piensan que hoy sería posible un crimen político como el de su padre? 
–C. : Creo que hoy sería muy difícil que otro Regino Maders llegara a la política y triunfara, más allá de que hay mucha gente honesta. Hoy es difícil que a los partidos políticos se les filtren este tipo de personas.
–J.: Hoy cuesta creer en la honestidad absoluta de una persona en la política; es muy difícil, como dice César, que pueda haber un Regino Maders. A un político así hoy no lo dejarían llegar. Hay una falta de renovación significativa, sobre todo en los partidos políticos más importantes. El radicalismo hasta hace unos años era casi inexistente, sobre todo por la falta de juventud para renovar la estructura del partido. Todavía, lamentablemente, estamos a merced de políticos de la época de la dictadura y de los servicios.

–¿Ven casos de impunidad similares a los de hace 25 años?
–J.: Sí, pasaron los casos de (el fotógrafo José Luis) Cabezas, de Kosteki y de Santillán, la desaparición de Julio López. Fueron crímenes políticos y el poder político se esforzó para que esos temas no salieran tanto a la luz. Igual creo que hubo cierta reconstrucción de nuestra sociedad; hemos ganado el reconocimiento del terrorismo de Estado como crimen de lesa humanidad e imprescriptible; se hicieron los juicios. Es importantísimo poder jactarnos de que pudimos obrar en consecuencia y los responsables estén en la cárcel y condenados a perpetua. Duelo en solitario

– ¿Hacen alguna crítica a las decisiones que tomó su padre? 
–J.: Creo que el caso de mi viejo empieza con mi viejo vivo. Es todo un proceso que él fue llevando hasta que fue asesinado y luego, sí, surge el caso Maders, que es lo que la gente más conoce. Pero ese duelo en solitario que él llevó adelante la mayoría de la gente lo desconocía. Esa situación solitaria en su trabajo en Epec, en la que fue aislado y perseguido laboralmente.
–C.: Luego de que lo matan, encuentran su agenda en su oficina de Epec. Ahí, escrito de su puño y letra decía: “Mis amigos me traicionaron”. Eso es algo que nos ha calado mucho y nos ha producido mucho dolor.
–J.: Y esa lucha en solitario en Epec, tratando de defender el patrimonio, hizo que tuviera una lucha en solitario en el partido en el cual militó toda la vida. Esas circunstancias no cesaron.

–¿Por qué Córdoba no debe olvidarse de Regino Maders? 
–J.: Porque fue un funcionario provincial honesto y defendió y dio su vida por el patrimonio de una empresa, y por los valores y principios que tuvo. Él sabía lo que iba a pasar, porque le dijo a su hermano Juan que había sido amenazado y que en cualquier momento los “gurkas” del radicalismo iban a venir por él. Y él igual siguió adelante. Nosotros pensábamos que el error de mi viejo fue haberse quedado solo, pero ahora me parece que te dejan solo; no es que vos te quedás solo. Igual, tal vez debió denunciar públicamente lo que tenía. Por ahí, fue demasiado orgánico. Si uno está aislado, debe denunciar públicamente las cosas; si no, después son los sobrevivientes los que tienen que pelear para demostrar por qué alguien como él fue asesinado.
Fuente:LaVoz

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