| Declararon cinco policías retirados y se acerca el cierre de las testimoniales. Céparo volvió a faltar a la audiencia. |
Ante los jueces Lilia Carnero, Roberto López Arango y Noemí Berros, pasaron más de 20 testigos en las tres primeras audiencias del debate oral. Además el tribunal se constituyó en el domicilio particular de la víctima, donde se recepcionó su declaración.
Por su parte, Atilio Céparo asistió y presenció la primera de las audiencias, pero desde este martes no concurre al debate. Ayer justificó que se sentía “indispuesto” y hoy reconoció que estaba en buen estado de salud pero se niega a asistir.
El policía retirado que complicó a Céparo
José Orlando Carrera, un policía retirado que en septiembre de 1976 era jefe del cuerpo de Guardia de Infantería, dependiente de la Dirección de Operaciones y Seguridad, una unidad “antidisturbios” -tal como describió el área-, admitió que personal de Inteligencia, “siempre vestido de civil, hacían procedimientos con detenidos políticos”. De inmediato se desligó: “Nosotros no teníamos nada que ver, ningún tipo de relación con presos políticos”.
Candioti le leyó parte de su declaración en instrucción, cuando el policía retirado reconoció que Céparo pertenecía a esa área donde había “un tipo de gente con la que no quería saber nada”. Pese a la lectura en voz alta de su testimonio, Carrera dio vueltas sin admitirlo. Eso le valió un llamado de atención del juez López Arango por las contradicciones. Finalmente, el testigo reconoció que el edificio de investigaciones ubicado en calle Laprida “estaba dividido por una pared y del otro lado trabajaba él -en referencia a Céparo-”. No obstante, insistió en que él no tenía nada que ver porque “dentro de Investigaciones había áreas no que tenían vinculación entre sí”.
Otro de los testigos que se desempeñó en la Jefatura de Policía y declaró hoy fue Gabriel Ramón Velázquez. No supo precisar qué función cumplía Céparo pero reconoció que había una oficina de investigaciones.
En la Comisaría Quinta
La víctima de esta causa estuvo alojada varios días en la Comisaría Quinta del barrio San Agustín. En septiembre de 1976, allí se desempeñaba Rafael Ramón Montiel, quien recordó que en el edificio se había acondicionado una habitación específica para mujeres porque “muchas” caían detenidas. Dijo que en su mayoría quedaban a disposición de la policía por “prostitución” u otros delitos. “No recuerdo a nadie por cuestiones políticas”, pronunció. “Como comisaría no nos interesaba ese tipo de delitos. Pero a todos los recibíamos por igual y los tratábamos con respeto. Yo podía presumir que eran detenidos políticos pero los papeles no decían los motivos”, agregó.
Asimismo reconoció que a muchos de los detenidos los llevaba a la Jefatura personal de investigaciones de la Policía y luego los devolvían a la comisaría. “En una oportunidad llegó una orden de detención para (Pedro) Sobko y lo detuvimos en la jurisdicción. Posteriormente fue muerto”, añadió.
Por otro lado, Atilio Ernesto Gutiérrez, ex policía de la Comisaría Quinta llegó a declarar propuesto por la defensa. No recordó presos políticos en ese lugar. “No tuvo ningún trato con Céparo pero después de que me llamaron a declarar averigüé quién era y supe que había trabajado en investigaciones”, admitió.
Amenazas
El ex subjefe de la Policía de la provincia, Jacinto José Escobar, contó este martes que hace tiempo presentó una denuncia por amenaza de muerte contra él y su familia en un juzgado de Gualeguaychú, la ciudad donde vive desde el ’78. El hombre recibió una llamada telefónica a su casa. “Una voz femenina me hizo una serie de consideraciones sobre lo que iba a declarar en la causa Céparo, pero lo cierto es que yo ni siquiera sabía porque todavía no me habían citado. Fue una amenaza. Me dijeron que me iban a ultimar a mí y a mi familia. Yo corté el teléfono y consulté con mi hijo que es abogado. Él me recomendó hacer la denuncia, pero todo quedó en la nada”, narró. También dijo que la voz no se identificó “pero hizo alusión a que era la hija de Céparo”.
Por otro lado, Escobar contó que hubo en el marco de la fuerza “un curso Contra Subversivo” y agregó que era “el jefe de la Policía quien seleccionaba al personal que podía hacerlo”. “Yo no lo hice”, acotó.
Tras el relato de la denuncia por amenaza, el TOF determinó librar un oficio para pedir que las actuaciones sean remitidas por parte del Juzgado de Gualeguachú y que la investigación continúe en el fuero federal como un expediente conexo a la causa principal.
Hay un dato que Escobar no pudo pasar por alto en su testimonio de hoy. Dijo que era oriundo de Paraná pero en el ’78 se fue a vivir a Gualeguaychú. Fue luego de que desapareciera su sobrina (Lucía Julia) Perrier de Furrer, nacida en Paraná. Detenida-desaparecida el 4 de febrero de 1978 en Necochea, Buenos Aires, junto a su marido. Tenía 21 años.
Pidió perdón
La hija de Céparo, Francia Gala Inés Céparo, este miércoles pidió perdón porque no quiso hacer sentir intimidado a nadie. Así lo manifestó, entre lágrimas frente al TOF, porque uno de los testigos de la causa, Lionel López, declaró que la mujer lo llamó por teléfono varias veces cuando detuvieron al ex policía. Incluso ella se presentó en el domicilio particular del testigo pero éste nunca la atendió.
“Fue un momento de desesperación. Yo no tengo conocimiento de abogacía. Lo llamé dos o tres veces al señor pero nunca me pude comunicar. Después fui a su casa con mi bebé en el auto. Era por la desesperación que tuve, porque habían metido preso a mi papá un 18 de diciembre. No quise hacer nada. Yo rezo por todos. Nunca amenacé a nadie. No quería intimidar a nadie. Fue un arrebato, sólo quería saber qué pasaba”, explicó. Reconoció que también le mandó una carta documento al testigo para que ratifique o rectifique una supuesta denuncia por amenaza que López nunca hizo. “Fui mal asesorada”, se justificó.
Secuestro y tortura
La causa se inició a raíz de la denuncia que presentó una mujer que dijo haber sido secuestrada por tres policías provinciales -entre los que estaba Céparo- el 23 de septiembre de 1976, en horas de la mañana, en el Sanatorio La Entrerriana, donde ella trabajaba como enfermera, y la trasladaron en un automóvil Ford Falcon, primero a la Jefatura Central de Policía y luego a la Comisaría Quinta.
La participación de Céparo en la detención ilegal de la mujer fue reconocida por un hombre se encontraba en los pasillos del sanatorio y lo conocía porque ambos vivían en La Paz, según lo declaró en sede judicial.
De acuerdo con la acusación, la detención se realizó sin ningún motivo, tampoco se cumplieron las prescripciones legales, no fue dispuesta por un juez ni tampoco se comunicó del arresto de la mujer a ninguna autoridad.
Incluso, la mujer fue ilegalmente detenida al día siguiente de que una patota policial se llevara a una amiga de la casa en la que ambas vivían, en Paraná.
Según su testimonio, permaneció seis días en la sede policial del barrio San Agustín, hasta que Céparo se presentó nuevamente y pidió por ella para trasladarla otra vez a la jefatura ?lo reconoció por haber escuchado que se identificaba con su nombre en la guardia?, donde fue sometida a interrogatorios bajo torturas con picana eléctrica. En esa ocasión, estando acostada en una parrilla, alcanzó a ver a Céparo a través de un hilo de luz que había en la venda, cuando le ataba los pies al borde de la cama.
(Foto: El Diario)Fuente:AnalisisDigital
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