OPERATIVO INDEPENDENCIA
La trágica historia de la familia Cantos volvió a la sala del Tribunal
Se abordó el caso de Daniel Cantos; su hermano y dos de sus primos están desaparecidos
PERSEGUIDOS. Anabel y Luis fueron víctimas en “Arsenales II- Jefatura II”. la gaceta / foto de jorge olmos sgrosso (ARCHIVO)
“Don Cantos, si se quiere llevar el cuerpo de su hijo, cállese”. María Julia Cantos Carrascosa recordó esa frase, una de las que marcó a su familia. La mujer relató en el juicio por la megacausa Operativo Independencia el calvario que vivió desde niña, cuando se produjeron los primeros allanamientos en su casa de Santiago del Estero, dijo, encabezados por el represor Antonio Musa Azar. Su hermano Daniel Cantos Carrascosa, un militante del PRT de 19 años, es una de las 271 víctimas del caso.
Otro de sus hermanos, Luis (22 años), y sus primos Anabel (20 años) y Germán (21 años) permanecen desaparecidos. Estos tres últimos fueron víctimas en otros juicios por delitos de lesa humanidad que se realizaron en el Tribunal Oral Federal (TOF) local porque fueron recluidos y vistos por última vez en el centro de detención y exterminio que funcionó en el Arsenal Miguel de Azcuénaga.
En los 70’ la familia Cantos era conocida en su provincia por su militancia y por sus dotes artísticas (Roberto Cantos, del Dúo Coplanacu es hermano de Germán), y fueron perseguidos.
“Una vida dura”
María Julia adjudicó la primera frase de esta nota a un juez federal tucumano -no dio el nombre- a quien su padre Antonio Cantos planteó sus dudas sobre la versión oficial sobre la muerte de Daniel.
El joven había llegado a Tucumán en el 75 escapando desde Santiago del Estero. Julia comentó que no sabían dónde vivía, pero que se comunicaba periódicamente y que, incluso, se había visto con su padre el Parque 9 de Julio. Con el tiempo, supieron de su militancia y reconstruyeron parte de lo sucedido.
A fines de septiembre, una persona que no se identificó le comunicó a la familia por teléfono que Daniel había sido secuestrado. La familia emprendió infructuosas gestiones y la búsqueda.
A principios de octubre, por radio, los Cantos se enteraron de que el joven había muerto junto a otras tres personas en un supuesto enfrentamiento con las fuerzas de seguridad en Yerba Buena. El comunicado oficial daba cuenta de que en un auto iban el 6 de octubre Cantos Carrascosa, Hugo Macchi, Abel Herrera y Adán Leiva. Los otros tres jóvenes habían sido secuestrados en la misma época y también son víctimas de la megacausa. El 10 de ese mes convocaron a las familias para reconocer los cuerpos. “Mi padre creía que la morgue era como la de las películas. Lo contó muchísimos años después. Era un galpón, había 22 o 24 cuerpos golpeados, sucios y con heridas de bala. Reconoció a Daniel, lo limpió. Había llevado una sábana para envolverlo”, se quebró al recordar la imagen descripta. Añadió que su padre fue luego al sitio donde se habría producido el supuesto tiroteo y habló con vecinos, quienes le dijeron que no había sucedido ningún episodio similar. Cantos manifestó esto al juez. “No hubo enfrentamiento, fueron fusilados. Tenían signos de tortura”, enfatizó la mujer. “Aprendimos a sobrevivir con lo que se podía decir o hacer. Fue una vida dura. El impacto y el dolor son para siempre. El de mi hermano fue el primer episodio del derrotero de la familia, que aún sigue presente en nuestras vidas”, lamentó Julia.
Un mes después de reconocerlo, enterraron a la víctima y en el cementerio hubo un fuerte operativo. “Ni en ese momento nos dejaron en paz”, rechazó.
Aseguró que hace pocos años, un ex conscripto se acercó a la Asociación por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Santiago-la organización representada por los abogados Inés Lugones y Álvaro Orieta -es querellante en la causa- y les aseguró que estuvo en el operativo en el que fue detenido. Explicó que Daniel intentó escapar y que, como lo conocía le gritó su apodo, “Huevo”, para que se detuviera y que éste lo hizo. Le habrían disparado entonces en la pierna.
El periodista Oscar Bader, quien fue compañero de colegio de Daniel y que pertenecía a la misma organización (lo supo tiempo después), contó que en junio del 75 se cruzó con él en la calle. “Estaba perdido, había perdido el contacto con mucha gente. Se sentía perseguido y la noche anterior había dormido en un zaguán. Estaba solo y desabrigado. Hacía frío. Es impensable pensar que tuviese la posibilidad de enfrentarse con alguien”, reflexionó.
Fuente:LaGaceta

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