Publicado el 15-11-2017
El médico Miguel Dastolfo declaró este miércoles en el juicio de la Subzona 14 II. Fue detenido ilegalmente tres días en el marco del desmantelamiento de un plan integral de salud. Baraldini, después, lo forzaba a atender a sus hijos y lo hacía ir a tomar café a la Jefatura con él.
El médico Miguel Antonio Dastolfo (73) contó este miércoles que en noviembre del ’75, cuando era jefe de pediatría del Molas, fue detenido ilegalmente durante tres días, en el marco del desmantelamiento por parte de las fuerzas represivas del plan integral de salud que se había gestado en la provincia. Ese servicio era resistido por el Colegio Médico por considerarlo "socialista", según rememoró.
Recordó que en noviembre de 1974 trabajaba en el hospital de Comodoro Rivadavia como jefe de pediatría y decidió “cambiar de aire” cuando apareció el llamado a concurso para el plan de salud de La Pampa. Se instaló en Santa Rosa en enero del año siguiente.
“Había un ambiente muy raro, a los que llegamos nos miraban muy torcido. No me sentía bien, pero nos convencíamos que iba a pasar. En marzo se empezó a poner medio fea la cosa con la prensa, tendían un manto de sospecha, que veníamos por plata, un diario llegó a decir que éramos practicantes…”, relató.
Después del concurso, lo nombraron jefe de Pediatría del Molas. “Cada vez atendíamos más gente, funcionaba las 24 horas todas las especialidades, se levantó el nivel del hospital. Pero el clima afuera estaba enrarecido, hasta que en agosto Regazzoli cambia el ministro y trae un interventor, el doctor Vivini. Lo primero que hizo fue descabezar la parte dirigencial del plan de salud”, indicó.
“En noviembre empezaron las detenciones, a descabezar la parte operativa. Las primeras detenciones fueron el 13. El día anterior en La Reforma había salido que iba a haber detenciones en salud y la universidad. Entonces un grupo de médicos lo fue a ver a Regazzoli, estaba de gira, Marín no estaba, se fueron a su casa, y les dijo que no se preocuparan, que no sabía nada, que iba a averiguar. A la hora volvieron pero Marín no apareció nunca, se borró completamente”, consignó.
“Esa madrugada empezaron las detenciones, a tres o cuatro de Salud y más personas. Entonces ahí fuimos a verlo a Marín en una comisión, seguía sin estar Regazzoli, y hablamos con él. Nos dijo que no sabía nada, que eran todas macanas, que nos vayamos tranquilos. En definitiva se lavó las manos”, confesó.
Una semana después, el 18, a la salida del hospital le cruzaron un coche y un vecino le avisó que el Ejército lo había ido a buscar a la casa. “Tenía la conciencia tranquila, y me fui con mi señora a mi casa, en los monoblocks. Tenía miedo porque tenía discos de Violeta Parra, de Quilapayun, libros de Cardenal, del Che, de Fidel Castro. Mi señora llevó todo ese material y lo quemó en una casa que habíamos alquilado”.
Al otro día se fue al hospital y a mediamañana se enteró que Regazzoli estaba en el primer piso porque su nuera había tenido familia. “Estaba muy alterado porque me habían ido a buscar. Entré a la habitación y lo agarré de la solapa. Me tranquilizaron… fuimos a una habitación aparte, y él no quería largar nada, que no sabía… al final, sabía todo. Y dijo que todavía faltaban dos. Uno era yo”.
A la tarde se presentó un agente de la Policía Federal en bicicleta con una citación para él y un cirujano. En la Federal apareció Baraldini. “Dijo que estábamos detenidos por disposición de la Subzona 14”, contó.
En un patrullero lo llevaron a la Colonia Penal. “No me vendaron ni golpearon o maltrataron físicamente”, aclaró.
Luego de tres días lo llamaron a una sala, le devolvieron la billetera y el reloj, y le dieron un papel del Ejército que indicaba que fue detenido por averiguación de antecedentes, firmado por el general Ramón Camps.
“En la puerta estaba Baraldini, me llevó a mi casa y me entregó el documento”, detalló.
A partir de allí siguió en el hospital pero comenzó a “moverse con temor”. “Uno se sentía solo, bajo un manto de sospecha”, dijo.
Al servicio de Baraldini
“A fin de diciembre Baraldini me llamó para que viera a una de sus hijas. Él vivía en el regimiento. Iba medio mal, de noche, y me acompañaba un soldado hasta la casa. Habré ido dos o tres veces. Siempre tenía que ir a atenderlas a la casa, aunque estuviera en mi casa y no en el hospital, me sentía como vigilado”, reveló.

“Hubo un tiempo que tenía que ir a tomar un café con Baraldini a la Jefatura… era como una vigilancia tácita, no era nada escrito. Era como que a uno lo miraran todo el tiempo”, acotó. Y dijo que en esas oportunidades el jefe policial le dijo que se habían visto "empujados" por la sociedad a detenerlos y que habían sido denunciados en la "comunidad informativa" que funcionaba entre las fuerzas represivas por miembros del Colegio Médico.
“No me sentía cómodo, las tenía que atender porque él me eligió como su pediatra. Pero no me sentía cómodo”, contestó, cuando el fiscal le preguntó si estaba forzado a atender a las hijas.
Fichas en un despacho
Cuando era director asociado, en el ’78 lo cesantearon y comenzó a ejercer en forma privada. En el '83 asumió la función pública en Salud en el gobierno democrático. En un armario de su despacho encontró un librorato con fichas de la SIDE donde aparecían los nombres de algunos de los médicos secuestrados durante la dictadura. Retiró su ficha y algunos anónimos en los que lo denunciaban a él y a su familia. Dijo que le contó al ministro, "Chery" Almudevar, y nunca supo nada más. A los seis meses renunció.
Otra testigo
Ana Herrera terminó el año del operativo en el colegio sus estudios en Arauz. Estaba en clase con el profesor Julián Alvarez, que fue secuestrado. Dijo que el día posterior Baraldini estuvo, con sus botas de caña alta, en el acto de izamiento de la bandera en el secundario.

En su testimonio mencionó que a una compañera, Gloria Dalmás, le allanaron la casa pegada al domicilio de su suegro, Samuel Berton. Y dijo que la citaron dos veces a declarar en Santa Rosa. Como esa persona nunca declaró en los juicios, los querellantes solicitaron que sea convocada por el tribunal.
Los hijos de De Diego
Marta Graciela De Diego (64) recordó que su padre, Rodolfo De Diego, no hablaba con sus hijos de lo que le sucedió cuando fue secuestrado y torturado por la Subzona 14. Era peronista y director de Turismo, encargado de Parque Luro, antes del golpe. Murió en 1995.

“Cuando fuimos a verlo a la Primera estaba en un silencio total con nosotros. Lo vi muy triste. Ni nos hablaba. Cuando salió en libertad, nunca nos contó nada”, confió.
La hermana menor, Claudia De Diego, tenía ocho años cuando su padre fue detenido. Dijo que él era sumamente reservado y que se enteró de las torturas que sufrió recién en el juicio de 2010.
Contó una anécdota con el represor Fiorucci. Dijo que un día fue a su casa a ofrecer el servicio de una empresa de seguridad privada. Tomaron mate y él contó que era policía retirado.

“Estuve dos o tres meses pagando la seguridad para mis hijos. Después desaparecieron. Un día mi hermana trajo el diario y estaba la foto, lo reconocí, lo habían llevado a Ezeiza. Eso me quedó grabado, porqué él posiblemente haya tenido que ver y sabía quién era yo”, completó.
Declaró Marín por la Subzona 14 II: "Lo mío fue una nimiedad"
Publicado el 14-11-2017
El exgobernador declaró este miércoles en el juicio de la Subzona 14 II, acompañado en la sala por su esposa, su hijo Espartaco, y las dos hijas. También estuvo el actual vicegobernador Mariano Fernández.
El ex gobernador Rubén Hugo Marín dijo que su padecimiento durante la dictadura fue "una nimiedad" comparado con las víctimas que fueron secuestradas y torturadas y negó enfáticamente que se hubiera reunido con el represor Ramón Camps antes del golpe para colaborar en el armado de listas de los futuros detenidos, tal cual como sugieren algunos testigos de aquella época.
Marín declaró este miércoles en el juicio de la Subzona 14 II, acompañado en la sala por su esposa, su hijo Espartaco, y las dos hijas. También el vicegobernador Mariano Fernández. Las querellas, que habían pedido dejar sin efecto la declaración del exgobernador como víctima, porque consideran que hay dudas sobre su verdadero papel en la fase previa al golpe, no le hicieron preguntas. El fiscal Alejandro Cantaro y los jueces habían ratificado la citación el día anterior y ayer Marín testimonió durante más de una hora.
Una tanqueta frente al estudio
Marín era vicegobernador y recordó que estaba en Capital Federal el día previo al golpe militar y ya en los diarios anunciaban el golpe. Dijo que llamó al chofer de la legislatura para que lo fuera a buscar. “Llegó a la medianoche y también llegó al hotel (Carlos) Aragonés, Juan Carlos Suárez y un gremialista. Aragonés se quiso quedar. Al cruzar la General Paz ya estaba el Ejército controlando. Llegamos a las 8, nos paró el jefe de la banda del regimiento, cerca del hipódromo. Habló por teléfono y nos dejó seguir”, rememoró.

Contó que le pidieron la llave de la casa y el revólver que le había proveído la Provincia. Llamó a Metileo a un amigo, Ibrahim Fuad Luca, para que llevara en un camión los muebles desde la casa que le había dado el estado.
“Esos primeros días me ponían una tanqueta frente al estudio en Pico. Había una sociedad del miedo y con razón, no entraba nadie al ver la tanqueta. Se cruzaban de vereda las personas para no saludarme”, dijo.
En octubre fue el dictador Rafael Videla a Pico a inaugurar un edificio de Corpico. Él se presentó en tribunales para dejar constancia de que estaba en ese lugar durante la visita oficial. Sin embargo, igual lo detuvieron. “Estábamos almorzando en mi casa y empujaron la puerta, saltó el pasador, eran dos policías que me llevaron a la comisaría”, recordó.
“En la comisaría encontré a dos gremialistas de Luz y Fuerza, Anibal Campos y Hugo Corrales, porque se había cortado la luz. A la tarde el comisario Campagno nos dijo que teníamos que ir a Santa Rosa. Vinimos en mi auto con ellos, un policía y yo. Ellos declararon y se volvieron y a mi me dejaron adentro”, confió.

“Estaba el comisario Dellacroce, dejé el reloj, los cordones. Dijo que dependía de la subzona 14 y él no tenía nada que ver. Le pedí que avisara a mi familia por el auto que estaba afuera. Me pasaron al calabozo, estaba Mata, del Partido Comunista. Alberto Efner, que era mozo en la legislatura, consiguió un colchón para el calabozo porque las camas eran de cemento. Al otro día me llevaron arriba y me tomaron declaración. Me encandilaban, no vi quién era. Me preguntaban por la panfleteada en Pico a Videla. Y quién había tirado los panfletos. Pero no sabía. Y de dónde había sacado cien o cincuenta dólares Juan Carlos Suárez, que trabajaba conmigo en la cámara”, detalló.
“A las 48 horas me llevaron a la Jefatura y me hicieron quedar en la vereda con las manos atrás, como 40 minutos, presumo que para que la gente que pasara me viera. Luego pasamos adentro, impresiones digitales, foto, hicieron el expediente. Y al otro día me fui”, completó.
“De nuevo en Pico, en el estudio, ya la tanqueta empezó a venir día por medio. Para esto ya había recibido un sábado a la mañana el despido del Banco Industrial, en virtud de un decreto por el cual daban facultad de echar a aquellos que podían significar un peligro. Recibí otra nota de los gremios intervenidos, yo era abogado de la UOM, el CEC, y la CGT, y también me despidieron”, apuntó.
Dos causas
Marín narró que un día un ordenanza del departamento de Trabajo le avisó que a la tarde lo iban a detener. Trajo a la familia a Santa Rosa y se volvió a Pico. Al otro día lo llamó el comisario Erro y le confesó que el fiscal Miguel Nardillo, Amarante y Baraldini se habían reunido pero el fiscal sugirió anular la detención para no convertirlo “en víctima”. “Mejor le hago un juicio”, le contaron que dijo el fiscal.
El exgobernador agregó que luego lo indagaron, el fiscal Nardillo y el juez Perani, por instigación al delito. Lo acusaban de haberle sugerido a una mujer que declare que era mayor -y no una menor- cuando estaba trabajando en un cabaré.
“Pasó al juzgado de Triputti, que estaba de turno, y me dijo que no iban a hacer política con él. Salí absuelto”, señaló, en explícito reconocimiento a uno de los jueces del tribunal.
“A partir de ahí viene el problema con (Oscar) Ortiz Zamora. Una noche viene una citación de la Subzona 14 que por orden de él me tenía que presentar para pedir antecedentes. Presenté un recurso de amparo ante otro juez, Horacio Constantino, a la una de la mañana, y a las tres me dijo que no me presentara”, narró.
En ese momento, recordó que hizo un planteo en el Colegio de Abogados porque “así no podía trabajar, todos los días tenía un problema”. El colegio pidió apoyo a la institución para impulsar un juicio político a Ortiz Zamora. "Se inició pero el STJ lo rechazó porque no lo inició un individuo. Lo inicié yo y me patrocinaron todos los abogados de Pico. Conclusión, se lo condena, se lo juzga. Quién lo mandaba no sé, pero sí sé que Perani y los fiscales Ortiz Zamora y Miguel Nardillo me apuntaban”, dijo.
“A partir de ahí se distendió la situación, empecé a recuperar clientes”, acotó.
“Lo mío no fue tanto”
“Lo mío tal vez fue una nimiedad ante lo que sufrieron otras personas. Comparándolo con lo que pasaron otros compañeros, lo mío fue una nimiedad. Tal vez lo mío no fue tanto, a excepción de haber pedido el trabajo, una situación incómoda para poder subsistir”, redondeó Marín sobre su caso.
-¿Quién era el jefe de policía? -le preguntaron.
-Baraldini. No lo ví. Si lo vi cruzar en Pico por el pasillo cuando me detuvieron. Lo había visto cuando acompañaba a Camps e iban a saludar a la legislatura. Personalmente nunca hablé con él. No sé quién me tomó el interrogatorio, había reflectores, no podía detectar.
-Baraldini. No lo ví. Si lo vi cruzar en Pico por el pasillo cuando me detuvieron. Lo había visto cuando acompañaba a Camps e iban a saludar a la legislatura. Personalmente nunca hablé con él. No sé quién me tomó el interrogatorio, había reflectores, no podía detectar.
-¿Ortiz Zamora le armó dos causas?
-Sí, el otro era un juicio laboral. Indudablemente el doctor (César) Ballarise hizo responsable de la situación. Salió absuelto en un juicio oral.
-Sí, el otro era un juicio laboral. Indudablemente el doctor (César) Ballarise hizo responsable de la situación. Salió absuelto en un juicio oral.
“No me reuní con Camps”
Por otra parte, Marín desmintió la supuesta reunión, semanas ante del golpe, en una quinta del CEC, con los militares Cobuta y Camps. “Nunca tuve una reunión. A Cobuta no lo conocí. A Camps sí, pero se había ido en noviembre o diciembre. No estaba”, aseveró.

“Uno no es ingenuo, no sé por qué esa intencionalidad. Yo era vicegobernador, pero el que firmó el pase de la Policía a la órbita del Ejército fue el gobernador. Se aprobó ese decreto por unanimidad en Diputados y el único que no votó fui yo”, contrastó Marín. “Se olvidaron de decir quién firmó el gobierno y que la legislatura lo aprobó por unanimidad”, insistió.
Si bien reconoció que “muchos habían sido detenidos en el ’75 con el gobierno constitucional”, el dirigente del PJ remarcó que “habían sacado la competencia de las autoridades que tenían que juzgar, las fuerzas policiales hacían lo que querían”.
En ese sentido, dijo que “cuando pasó la jurisdicción de la policía a la competencia familiar, lo único que faltaba era la fecha del golpe. Yo no tenía relación con la policía, dependía del Ejecutivo”, reafirmó.
"El Ejército sabía lo que hacían todos los ciudadanos. Lo sabían perfectamente, porque el golpe estuvo preparado, no lo hicieron de un día para el otro. Camps no se fue de casualidad el año anterior a Buenos Aires, sabían lo que iban a hacer", deslizó. “No había semana o mes que no pasara por los bloques, a la CGT, a la Cámara de Comercio. El hacía esas relaciones porque ya estaba involucrado en el golpe que venía”, indicó.
El abogado defensor Pedro Mercado le preguntó si sabía la suerte que corrieron Regazzoli y sus funcionarios. “Algunos pagaron. Estuvieron presos, fueron golpeados. Al gobernador creo que le dieron detención domiciliaria. A la hija la detuvieron, la menoscabaron según sus expresiones. Con el golpe cada uno se fue a su casa para ver cómo contenía a su familia. A cinco o seis, o diez, funcionarios los detuvieron, Covella, Zolecio, Roma, también los diputados Gil y Acatoli”, detalló.
Sobre la despedida a Camps, contó: “Le hicieron una cena, me parece, en la residencia del gobernador”. Pero aclaró: “Yo no estaba, mi relación con el Ejecutivo no era lo mejor que uno hubiese querido. Tal vez por culpa mía. El justicialismo estaba dividido internamente, era cierto. En La Pampa había tres sectores, el Comando de Organización, los militantes de izquierda, la CGT que buscaba el camino del medio y el gobernador que trataba de recomponer. Era compleja la situación, todos habremos tenido algún tipo de responsabilidad”, asumió.
El sumario policial
Por otro lado, Marín reivindicó el sumario a los policías represores que llevaron adelante Juan Carlos Tierno y Timoteo Trohuill: “En el 83, a los diez días se dictó un decreto para investigar las violaciones a los derechos humanos en La Pampa. Creíamos que los pampeanos tenían que saber. Acá hubo sedición, se bajó un gobierno constitucional, y ese es el origen de las violaciones a los derechos humanos”. “Pudimos sumar de a poco los testimonios porque había miedo”, recordó.
Además, Marín señaló que también se reincorporó a prescindidos en el estado. “Sé que no reparaba el daño de la tortura, pero sí hubo un mensaje de que eso no era parte de la convivencia de nuestra sociedad”, acotó.
Cuando terminó el mandato y fue al Senado, Marín recordó que “se avaló las indemnizaciones para todos los detenidos”. “No fue demagogia, el pueblo tenía necesidad de saber o que había pasado”.

Fuente:ElDiariodelaPampa


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