29 de diciembre de 2017

DE ARCHIVO. REVISTA LOS 70. EDICIÓN EN 1977.

2CV: Proletario y Combativo
El Citroën 2CV en los 70 fue, sin dudas, un compañero más. En esta nota el ingenioso recuerdo de Orlando Rígoli sobre el liviano armatoste que a más de 80 km por hora saltaba como una mula salvaje.
2CV. Proletario y combativo.Por aquellos años pasaban cosas importantes. Las viejas y queridas utopías estaban cerca de hacerse realidad. La Habana era un faro que irradiaba su luz hacia toda Latinoamé, en el 63 el viejo Palacios ganaba la senaduría por la Capital y el grito de guerra de los jóvenes que habían posibilitado el triunfo era "en Cuba los barbudos y aquí los bigotudos". En el 67 la muerte del Che nos pegó en la línea de flotación y un año después el mayo francés renovó las ilusiones. Salvador Allende perdía por 12.000 votos las elecciones en Chile y los Beatles habían puesto la música patas para arriba. En aquella Argentina había por entonces siete fábricas de automotores; Ford, que colocó en el mercado el auto que se transformaría años después en el símbolo de la dictadura -al tristemente célebre Falcon- , Chevrolet, Kaiser, NSU, De Carlo, Auto Unión y Fiat, que por entonces no venía con los Macri incorporados. Pero estaba faltando algo. Esos años de cambio y sacudones reclamaban un coche para el grebanaje, para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, un aparato de cuatro ruedas que se identificara con la Indoamérica sumergida. Y ese artefacto llegó finalmente a mis manos y a la de tantos como yo.
Pergeñado en el tablero de Le Corbusier -nadie supo nunca si esto fue cierto- con techo de lona, asientos que semejaban hamacas, puertas que abrían al revés, una suspensión cabeceadora que hacía suponer que se estaba arriba de un zaino, un sistema de apertura de ventanillas que ponía a prueba la fortaleza del codo izquierdo cada vez que se caía (cosa que sucedía al cabo de algunos meses de uso), un motorcito que que sonaba como si fuera a desparramarse a cada instante y un tanque de 20 litros con el que se podía andar veinte días. Había nacido el 2 CV de Citroen, el Quasimodo de los autos. Había que tener cuidado de llevarse el que no correspondía, ya que todos eran iguales de feos y hasta estaban pintados del mismo color, un azul que no era ni francia, ni cielo. El 2CV era de aliento largo, de galope corto y tan fiel como una china cuartelera, pero algunos preceptos debían seguirse al pie de la letra: en primer lugar no debía quedarse sin batería. Si ello sucedía, hacerlo arrancar no era tarea fácil ya que su embrague centrífugo obligaba a empujarlo... pero a 40 kilómetros por hora. Segundo: adelantarse a quien nos precedía en la ruta era una aventura fascinante que requería tantos cálculos como los que anteceden al lanzamiento de una cápsula espacial. Si se iba por la ruta 2 a la altura de Chascomús y se tenía adelante un robusto Mercedes con acoplado era necesario asegurarse de que la mono contraria estaba libre hasta Dolores. Esto en condiciones ideales, porque si soplaba viento de frente el sobrepeso hacía aparecer el ascenso al Himalaya como un divertimento de fin de semana. Pero a despecho de ello y de las miradas socarronas de los que circulaban en coches convencionales, los integrantes de la cofradía citronera nos sentíamos orgullosos del engendro. La imaginería popular le agregaba a sus muchas virtudes, bolazos dignos de Don Verídico: "Un primo mío se quedó sin nafta en Cutral - Có y llegó hasta Viedma echándole garnacha", decía uno e inmediatamente el retruque, "Eso no es nada -agregaba un segundo- mi cuñado rompió la trasera izquierda ni bien salió de Córdoba, le ató con alambre una rueda de triciclo y de costeleta llegó a Cruz de Caña".
Fantasía y realidad entremezcladas. Pero cuando en el 69, en pleno Cordobazo, me enteré de que los muchachos de la UTA que respondían al Negro Atilio López, entraron con ademanes poco versallescos a la agencia Tecnos -concesionaria Citroen en Córdoba- y se llevaron todos los 2CV para utilizarlos como apoyo, sentí que los Jaguar del Africa Korps y los Sherman de Patton eran unas verdaderas batatas. Querido 2CV, te ganaste tu lugarcito en los 70 y este recuerdo de alguien que hizo de vos uso y abuso.
Orlando Rígoli

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