Publicado el 01-12-2017
En la tercera jornada de la semana del juicio de la subzona 14 II, un empleado estatal que fue secuestrado y torturado, Omar Roque Medina, contó que al militar Néstor Greppi "le tenían terror" en Casa de Gobierno.
Un empleado estatal que fue secuestrado y torturado durante la última dictadura, Omar Roque Medina (68), declaró este viernes en el juicio de la Subzona 14 II que en la Seccional Primera escuchó “gritos desgarradores” de detenidos secuestrados, que nadie que estuviera en el lugar podía dejar de percibir.
Medina era empleado en Servicios Generales, bajo las órdenes de Justo Ivalor Roma, que fue secuestrado el día del golpe militar. Desde su oficina se dio cuenta de que era observado por el capitán Néstor Greppi y en abril el oficial Oscar “Miseria” López lo citó en la Primera. Lo llevaron a la planta alta. “Me estaba esperando sentado, con las piernas sobre el escritorio y la pistola hacia un lado. Me dijo que quería saber las partes oscuras de Roma. Le dije que no le conocía más que el culo de parte oscura”, relató.
Lo esposaron y lo llevaron hasta un pasillo, debajo de una claraboya, donde se mojaba porque llovía. Permaneció dos o tres días parado en ese lugar. “No sé cómo aguanté tanto tiempo parado”, acotó.
Una noche lo encapucharon y lo sacaron por un camino de tierra, fuera de la ciudad. Lo subieron a un camión policial. Lo interrogaron sobre “los campos de Regazzoli y las vacas de Navaro (Nicolás, secretario general de la gobernación) y yo obviamente no sabía de qué me estaban hablando. Parecía que me iban a matar porque me estaba asfixiando. Después escuché una voz, la de (Néstor) Cenizo, que dijo ‘este no sabe nada’, y se terminó el interrogatorio ”, contó.
Al otro día, en la Primera, lo subieron al primer piso, donde estaba Cenizo, que le tomó una declaración y se la hizo firmar. “La noche anterior estuviste muy bien”, le dijo el represor.
“Apareció en esa salita el capitán Greppi y me preguntó que hacía ahí. Le dije que si no sabía él, qué iba a saber yo. En la Casa de Gobierno le tenían terror. Andaba todo el día espiando e inmiscuyéndose en todo. Se fue por otra puerta”, recordó.
“Apareció en esa salita el capitán Greppi y me preguntó que hacía ahí. Le dije que si no sabía él, qué iba a saber yo. En la Casa de Gobierno le tenían terror. Andaba todo el día espiando e inmiscuyéndose en todo. Se fue por otra puerta”, recordó.
Después de dos días más, el policía Guiñazú -concuñado de un hermano- le comunicó que se fuera. "Nunca supe por qué estuve detenido, si bien podía presumir que fue en función a mi militancia o a estar cerca de Roma o el gobernador, porque trabajábamos bastante mancomunadamente", contó.
Según relató, siguió trabajando e inclusive Greppi lo mandó a hacer un curso de radioaficionado a Capital Federal. "Nunca más tuve problemas", aseguró.
En la actualidad, sigue visitando a Roma, de 90 años, a quién considera un amigo. “Se pone a hablar y llora. Es tremendo lo que le pasó. Él vivió algo cien veces más (grave)”, confió.
Consultado por el fiscal, dijo que vio en la Primera a Avelino Cisneros, Clemente Bedis -de quién escuchó gritos "aterradores, que eran imposible de no escuchar en la Primera"- y a Hécto Zolecio, a quién llevaban algunos policías, maltrecho, a la rastra.
Consultado por el fiscal, dijo que vio en la Primera a Avelino Cisneros, Clemente Bedis -de quién escuchó gritos "aterradores, que eran imposible de no escuchar en la Primera"- y a Hécto Zolecio, a quién llevaban algunos policías, maltrecho, a la rastra.
Cenizo negó
El represor Cenizo pidió hablar brevemente luego del testimonio de Medina. Negó haberlo interrogado en el camión policial.
También haber recibido órdenes en alguna oportunidad de Greppi. “El testigo dice que yo lo interrogué en un camión. Mi tarea era administrativa, nunca lo interrogué, nunca participé de un interrogatorio con torturas”, dijo. “No lo atendí, a Greppi lo conocía pero nunca recibí órdenes de él”, cerró.

“Era todas las noches la misma historia, picana, golpes y patadas”
Publicado el 01-12-2017
En silla de ruedas, Antonio Larrañaga volvió a contar el "calvario" que atravesó en manos de la Subzona 14 II.Dio varios nombres de los torturaodres durante una nueva audiencia del juicio.
Alberto Oscar Larrañaga (79) declaró en sillas de ruedas y prefirió no recordar con detalles las torturas que ya describió en el primer juicio, de 2010. Este viernes reconoció a Juan Domingo Gatica y Athos Reta como los dos represores que lo detuvieron cuando le cruzaron un auto en la calle. En la Primera lo torturaron con una bolsa de nylon en la cabeza, golpes y picana eléctrica en la planta alta de la Primera. Estuvo seis días detenido ahí y luego un mes y medio en la Colonia Penal. Dos días más en la U13, hasta que lo liberaron. “Pegale debajo de las costillas, no le vayas a quebrar una costilla”, escuchó. Los golpes le afectaron el páncreas, según le dijeron los médicos años después.
Los represores le dijeron que lo habían denunciado por supuestas “coimas” como gestor de pequeñas empresas constructoras que participaban de obras públicas. También detuvieron a algunos empresarios. “Querían comprometerlo al ministro (de Obras Públicas, Edén Primitivo) Cavallero”, acotó.
Reconoció a Fiorucci, Yorio y Reta “a él también le gustaba picanear”- entre sus torturadores. “Me picaneaban la boca, los costados. Era toda la noche la misma historia, picana, patadas, golpes, un día me agarraron de puching ball”, describió.
“Fiorucci me dijo que si no acusaba a alguien iba a picanear delante de mí a mi hijo de 14 años. Ahí aflojé, empecé a maquinar algunas novelas, y, como era a la única que conocía, acusé de haberme ayudado a la señora (Nery Greta Sanders) de Trucchi, del Tribunal de Cuentas”, confesó.

El médico Máximo Pérez Oneto lo revisó después de una sesión de picana y golpes junto al médico Fernández Rey- y advirtió a los torturadores: “tengan cuidado que tiene la presión por las nubes”.
Pérez Oneto, ofendido
Después de escuchar a Larrañaga, el médico policial e imputado Máximo Pérez Oneto, pidió declarar. Manifestó que fue médico “de él y toda su familia”. “Lo tengo en mis historias clínicas. Cuando me reintegré a mi consultorio, su hijo, Luis, ex intendente, se acercó a mi casa a desearme suerte y darme un abrazo y a ponerse a mis órdenes como bioquímico”, completó.

Por otra parte, Pérez Oneto se declaró ofendido por el testimonio de la médica Stella Truoll, del día jueves. “Atender siempre, curar a veces, consolar siempre”, aseguró, desafiante, es la forma de manejarse que tiene como profesional.
“Esta colega dijo dos o tres cosas que me han humillado y herido mucho. Por empezar, no consta en ningún lado un comentario mío en un medio periodístico. En segundo lugar, dice que quise obligarla, le insinué o le sugerí que firmara cosas. Yo he sido jefe de servicios de mi especialidad y jamás le dije a un médico que hiciera algo. Me apego al juramento hipocrático, soy respetuoso. Pienso que ha dicho falsedades, infamias para descalificarme, o para humillarme socialmente. Llama la atención que esta doctora cuando hizo la declaración anterior no mencionó eso. ¿Por qué hace esto ahora?”.
Fuente:ElDiariodelaPampa

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