Publicado el 20-12-2017
En las dos últimas audiencias del año, declara este miércoles un exdiputado provincial secuestrado y torturado y los hijos de dos víctimas ya fallecidas.
El exjefe de la Policía de La Pampa Luis Enrique Baraldini, se descompensó, con un pico de presión, y fue trasladado en ambulancia a un centro sanitario, este miércoles, cuando promediaba la audiencia en el Tribunal Oral Federal.
El acusado de asociación ilícita y de 214 secuestros y torturas de víctimas durante la última dictadura provincial, declararía en indagatoria, por segunda vez, en la audiencia de mañana, en el juicio de la Subzona 14 II, que le sigue junto a otros represores pampeanos. Será la última audiencia del año del debate. En tanto hoy declararán cuatro víctimas, el exdiputado provincial Erberto Cuevas, Germán Zolecio (hijo de Héctor Zolecio), y Marta y Norberto Flores (hijos de Julián Flores). Mañana, luego de la indagatoria de Baraldini, prestarán su testimonio Mabel Ochoa Forfet y Mario Lórigo, dos siloistas que fueron detenidos ilegalmente.
Un diputado detenido
Hoy declaró el exdiputado provincial Erberto Cuevas (86), un dirigente demócrata cristiano que integraba la bancada del FreJuLi y que fue secuestrado el 29 de marzo del ’76. Lo detuvieron cuando retiraba elementos de la Cámara de Diputados, de la oficina que había ocupado hasta unos días antes. Había puesto su auto cerca de la ventana para cargar los objetos, cuando tres militares le pusieron una Itaka en la espalda. Estuvo encarcelado 15 días en la Primera, donde no le aplicaron tormentos, y después unos meses en la U4.
Este miércoles recordó que alguno de los represores fueron compañeros de secundario y su esposa y su hermana eran policías. “Esto fue algo que no esperaba porque conocía a todos los involucrados en esta cuestión”, dijo. También mencionó que los policías eran "buenos".
Contó que después de cargar sus elementos en la legislatura “se me apareció en la sala un subteniente, un sargento y un soldado, preguntando quién era Cuevas, y me detuvieron con una Itaka en la espalda”. Relató que lo llevaron caminando a Casa de Gobierno, donde lo dejaron esposado y luego de una hora lo llevaron en patrullero hasta la Primera. Dijo que el represor Omar Aguilera lo había observado con prismáticos desde la Primera, avisó que estaba “robando” cosas, y luego fue quién lo trasladó con la pistola sobre su regazo.
Le pegaron una patada cuando lo metieron al calabozo, pero luego no fue maltratado, según aclaró. En el calabozo se desmayó porque se le subió la presión. “Vino el médico (Juan Héctor) Picho Savioli y me llevaron arriba. Me acostó sobre un sofá y me dio un medicamento, me tranquilizaron y volví. Savioli le dijo a los policías que me dejaran dormir en el despacho esa noche, pero cuando se fue me sacaron al calabozo”.
Nunca lo interrogaron. Luego lo trasladaron a la Colonia Penal. Lo llevaron a tribunales –dónde le hicieron una causa por los elementos que había sacado- y lo liberaron. “Me tuve que ir porque no podía trabajar acá, estuve en Paraguay cinco años”, relató. Aseguró que cuando salió una empresa lo contrató para hacer un estudio de suelos pero Baraldini lo hizo echar cuando se enteró que estaba allí. También el capitán Greppi le gritó en una oficina que “no lo quería ver por ahí”. “No le podían dar un laburo a un guerrillero”, ironizó.
El testimonio de Cuevas estuvo plagado de imprecisiones, evasivas y olvidos. Inclusive uno de los abogados querellantes, Juan Resia, pidió que se lo acuse de falso testimonio. Sin embargo, el fiscal Alejandro Cantaro no coincidió y justificó la desmemoria en el paso de los años y la avanzada edad del testigo.
Tres víctimas
En segundo término declarará este miércoles Germán Zolecio, uno de los hijos de Héctor Zolecio, una de las víctimas que más sufrió las torturas y que terminó internado en el hospital. Fue secuestrado en abril, permaneció un mes detenido y llegó a pedir que lo mataran durante los tormentos aplicados en el Tiro Federal. Era director de Ceremonial y Seguridad del gobernador José Aquiles Regazzoli. En el primer juicio, Germán recordó que su padre -había fallecido poco antes- había señalado a Oscar Yorio y Roberto Fiorucci como sus verdugos.
Finalmente, durante esa audiencia, prestarán testimonio Norberto Flores y Marta Flores, familiares de Julián Flores, que fue torturado con golpes y picana por el grupo de tareas de la Subzona 14. En el primer juicio leyeron un escrito que pertenecía a su padre, fallecido en 1996, donde daba los nombres de los torturadores: Constantino, Aguilera, Fiorucci, Guevara Núñez, Gauna, Reta, Escalada, Ochoa (los hermanos), Smith, Oficial Giménez y Reinhart. Flores era jefe del Registro de la Propiedad Automotor de la Provincia y, a su vez, un conocido militante peronista en La Pampa. Según su hijo, las secuelas que le dejó la tortura a su padre fueron una costilla rota y los testículos “secos” por la picana. Contaron que los represores lo ataron al paragolpe de un auto y lo pasearon alrededor de la Primera. Lo “interrogaban” sobre los campos y las vacas de Regazzoli.
Segunda oportunidad
Después de haber escuchado el desfile de testigos desde hace un par de meses, muchos de los que lo incriminaron directamente en los secuestros y torturas, Baraldini utilizará mañana por segunda oportunidad su derecho a declarar en indagatoria. Ya había declarado el pasado 14 de septiembre.
Ese día, durante más de una hora intentó despegarse de las imputaciones y sostuvo que “ningún detenido, absolutamente, hizo una denuncia ante un juez” durante los cuatro años que fue jefe de la Policía durante la última dictadura militar. “La Policía vigilaba y cuidaba a los pampeanos, estoy orgulloso de ellos”, reivindicó a sus compañeros de causa. “No hubo ni un desaparecido, ni un atentado explosivo, ni un contrabando de bebés como había en otras provincias. La Pampa era una provincia tranquila”, dijo.
Fuente:ElDiariodelaPampa
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