Publicado el 14-12-2017
Declaró por primera vez un testigo que fue picaneado sin vendas y conocía a los represores. Era el chofer de Covella. Los nombres de los torturadores que identificó.
Una víctima que testimonió por primera vez en los juicios a los represores pampeanos, Jorge Finiello, aseguró este jueves que fue torturado sin vendas en los ojos y pudo identificar a sus verdugos porque los conocía de la actividad diaria, ya que era chofer de Casa de Gobierno antes del golpe militar.
Finiello era empleado estatal, estuvo secuestrado durante dos meses y luego le hicieron firmar una confesión en un sumario para dejarlo cesante. El testimonio fue relevante porque es la primera vez que habla en un juicio y, además, porque dio nombres de los torturadores a los que pudo verles el rostro. Algunos de los imputados en este juicio eran vecinos de la misma cuadra, como Néstor Cenizo.

El testigo era chofer de la Provincia, del ministro de Obras Públicas Santiago Covella, y el 24 de marzo a las 5 de la mañana en la puerta de su casa lo subieron en un Falcon y lo dejaron en la Segunda. “Me recibieron a golpes, piñas y trompadas. Me llevaron a la Primera después de 25 días”, relató este jueves en el juicio.
En la Primera estuvo un mes y lo torturaron a cara descubierta, con picana en la boca y en los testículos. Dijo que perdió parte de la dentadura. En el medio de su declaración, se levantó de la silla y mostró a los jueces las marcas de las torturas en sus brazos.
Identificó a Aguilera, Yorio, Cenizo, “Miseria” López y Fiorucci como “autores de los tormentos”. Dijo que vio sus rostros en las sesiones de tortura con paso de electricidad en su cuerpo. “El que más pegaba en la Segunda era Gatica”, agregó.
El juez José Triputti puso especial interés en el testimonio, nuevo, y directo sobre las torturas. El testigo dijo que le aplicaron electricidad con picana y a través de un cable.
“Yo era peronista, y me decían que era guerrillero, montonero”, contó. “No tuve nada que decir de Covella, y si lo hubiera tenido, tampoco lo iba a decir”, apuntó.
Dijo que su madre trabajaba en la residencia. Y le preguntó al gobernador militar porque él no aparecía. "No se preocupe, debe andar con alguna negra por ahi", le respondió el militar Helvio Guozden, según declaró ante el tribunal.
Lo liberaron de noche y lo abandonaron en los piletones detrás del hospital, todo cortado en los brazos con una navaja y sucio. “Volví a mi casa solo y mi hermano me llevó al hospital. Me atendieron dos señores con estrella, médicos militares, y uno de ellos le dijo a la enfermera que me diera una cafiaspirina porque era un hijo de puta”, recordó.
Lo dejaron cesante en el año '78 como consecuencia de un sumario que firmó, aseguró, entre golpes y amenazas. Los abogados Jorge Ríos y Amado, dijo, llevaron adelante ese expediente.
Confió que habitualmente sufre desmayos, una secuela que le quedó de las torturas.
Confió que habitualmente sufre desmayos, una secuela que le quedó de las torturas.
"Le cambiaron la cabeza"
Este jueves también declaró Felipe Jesús Vergara (71), quién contó que a su padre, Marcelino, que era albañil y amigo del gobernador José Aquiles Regazzoli, lo fueron a detener a su casa en mayo del ‘76. La familia le llevaba comida a la Primera pero luego se enteró que no estaba allí y lo habían llevado a Acha. “Estuvo 14 días desaparecido, no sabíamos dónde estaba, no sabíamos qué hacer”, recordó.

“Le pregunté a (Maximiliano) Pérez Oneto, porque lo conocía, y me dijo que nunca lo había atendido. Pero mi papá me dijo que sí, que lo había atendido así nomás. Tuvo muchos tormentos, quedó con problemas en los testículos, perdió la audición en un oído, quedó muy mal sicológicamente. Después se dedicó a la bebida”, lamentó.
Su padre le contó que le gatillaban en la cabeza, simulacros de fusilamiento. “Era un hombre de carácter fuerte. Cuando salió, parecía que lo habían achacado, era como un cordero. Nos cambió la vida, ya no era él mismo”, dijo.
“El siempre nombraba a Constantino, al cabo Gualpas. Siempre lo tenían encapuchado, no sabía quiénes eran las otras personas”, contó.
“Nunca lo interrogaron ni le dijeron por qué lo habían detenido. Dijo que lo habían picaneado, le ponían la pistola en la cabeza. Nunca supo por qué estuvo ahí”, confió. “Le cambiaron la cabeza completamente, no sé qué tormentos sufrió para cambiar de esa forma. Siempre me lo pregunto”, cerró.
"Pochoclero" torturado
Además, el testigo Antonio Nolberto Ponce relató por segunda vez su caso. En el '76 lo levantaron de la calle en un Falcon, en el que estaban Reinhart y Gualpas, y dos policías más a los cuales no recordó.
En la cocina de la Primera le pegaron “Miseria” López y Gualpas. Lo subieron al primero piso, ya vendado. Lo pusieron en una camilla y le esposaron las manos por debajo. Le aplicaron picana. También le pusieron una bolsa sobre la cabeza. En un momento se corrió la venda, y vio a Reinhart, Aguilera, Gualpas y López. Le preguntaban por “Veco” Rodríguez.

Al otro día, a la mañana, lo torturaron nuevamente. En esa sesión, Reinhart “me pasaba el miembro sobre la cara, por la boca y se reía, fue tremendo”.
Lo alojaron en el pabellón de mujeres. Se tomó su propio orín, porque no le daban agua ni de comer. “Me hinché”, recordó, y dijo que el médico Pérez Oneto lo vio en la celda. En el parte del día anotó “sin novedad”, según pudo comprobar hace unos meses, cuando le mostraron esa prueba en la Secretaría de Derechos Humanos. “Se me cayó un ídolo, porque yo jamás lo involucré y no podía creer. Hasta que apareció ese papel y se me cayó un ídolo, me di cuenta de que hizo lo que quiso ahí adentro”, dijo.
Finalmente, lo trasladaron a las 13, donde estaban los funcionarios regazolistas Avelino Cisneros, Clemente Bedis, Ivalor Roma y tamibén “Veco” Rodríguez. Lo liberaron un 9 de julio. Por el miedo que tenía, se fue a vivir un tiempo a San Antonio de Areco. Dijo que durante dos meses tuvo detenciones reiteradas, una persecución que no entendía, hasta que regresó a Santa Rosa.
“Hasta el día de hoy no sé por qué me metieron preso. Nunca estuve en política, nunca me gustó. Yo era un simple pochoclero, Reinhart me tenía bronca, se ensañó conmigo porque yo estuve con una chica que salió con él”, dijo. Según contó, con el tiempo, recuperada a la democracia, en un baile agarró a trompadas a Reinhart en el baño del local.
Los acusados
Cabe recordar que solo uno de los acusados sigue en prisión, el expolicía Carlos Roberto Reinhart, aún purgando la condena del primer juicio a los represores pampeanos, en 2010. Desde hace poco más de un mes, el exjefe de la Policía durante la dictadura, Luis Baraldini, acusado por 214 casos de asociación ilícita, secuestros y torturas, fue beneficiado con la prisión domiciliaria.
Además, están imputados el exmilitar Néstor Omar Greppi -cumple prisión domiciliaria en Capital Federal por la condena anterior- y los expolicías Roberto Oscar Fiorucci -hay pendiente un pedido de quedar fuera del juicio por incapacidad física-, Néstor Bonifacio Cenizo, Antonio Oscar Yorio, Hugo Roberto Marenchino y Athos Reta -todos en libertad condicional-, y los policías Miguel Ángel Ochoa, Jorge Osvaldo Quinteros, Juan Domingo Gatica, Luis Horacio Lucero, Orlando Omar Pérez, Oscar Alberto López y el exmédico policial Máximo Alfredo Pérez Oneto.
"Jamás en la vida vi una picana eléctrica", declaró el represor Yorio
Publicado el 14-12-2017
Los represores cambiaron la estrategia del anterior juicio e intentan rebatir a los testigos en el actual debate.Yorio confrontó a dos vícitmas y aseguró que no tiene "una sola denuncia de apremios" en toda su carrera, olvidando que ya fue condenado en 2010 a doce años de prisión por secuestros y torturas.
Los represores cambiaron la estrategia del anterior juicio e intentan rebatir a los testigos en el actual debate. El excomisario Oscar Yorio confrontó a dos víctimas y aseguró que no tiene "una sola denuncia de apremios" en toda su carrera, olvidando que ya fue condenado en 2010 a doce años de prisión por secuestros y torturas.
Este jueves en el juicio pidió la palabra y dijo que "jamás" observó una picana eléctrica ni interrogó a un detenido bajo apremios. Además, rechazó la acusación del chofer de Casa de Gobierno que lo ubicó entre sus torturadores. “Recién lo conocí hoy, jamás en mi vida lo había visto. No estuve en el momento ni en el lugar donde estuvo detenido, yo no hacía detenciones”, dijo.
Repitió que a partir del 24 de marzo quedó a las órdenes del jefe de la Policía de la dictadura, Luis Baraldini, como secretario, y no volvió a trabajar en la Primera. “No hacía interrogatorios”, insistió, como en otros momentos del juicio.
“Este señor es un mentiroso serial. Hay una picardía de algunas personas de tirar nombres, total es la palabra de uno contra otro. Como al imputado no se le cree, uno queda enganchado sin tener ninguna participación”, se quejó.
Yorio también protestó de la cobertura de los medios. "Siento bronca y dolor. No conozco la picana eléctrica, no la conozco. Jamás en la vida la vi. Ni interrogué a nadie fuera de lo normal. Jamás le toqué un pelo a nadie en 25 años de policía. No tengo una sola denuncia en toda mi carrera policial por apremios, me educaron en la cultura del respecto y la educación y así fui fiel a mis principios”, enfatizó.
Finalmente, le pidió a Baraldini que "aclare mi situación porque es la persona que más sabe los horarios que cumplía”.
Cenizo, el vecino
Por su parte, el represor Néstor Bonifacio Cenizo dijo que conocía al chofer por ser vecinos y que luego de sus detenciones, cuando manejó un taxi, lo llevó varias veces en el asiento delantero. “Nunca supe que estuvo detenido. Nunca me lo comentó en la infinidad de veces que lo llevé en taxi y me recordaba su amistad. No lo torturé ni cometí ningún tipo de apremios. Yo no intervine en nada que tuviera que ver con él”, declaró en indagatoria.
Reinhart dice que no participó
de “una vejación”
de “una vejación”
Otro represor, Carlos Roberto Reinhart, también intentó poner en duda el testimonio del chofer. “No estuvo detenido, no figura en la lista de presos”, dijo.
En segundo término, rechazó la acusación del testigo Antonio Ponce, que lo acusó de participar de sus torturas y de un ataque sexual. “Fue detenido el 7 de abril del 76, ingresó a la Primera a las 18.30 y estuvo hasta el 12 de mayo. No lo detuvieron por motivos políticos, se debió a un delito común y el comisario Guevara Nuñez lo investigó. Es un asiduo delincuente, a mi nunca me pegó ni me amenazó en un baile. Yo lo he detenido varias veces. Es un delincuente habitual, fue condenado en varias ocasiones”, trató de menoscabar a la vícitima.
“Jamás participe de una vejación como él dijo, menos en esas condiciones, si lo he detenido por ladrón consuetudinario”, insistió.
Fuente:ElDiariodelaPampa


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