Pronunciamiento del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
Duros contra Macri
Los sacerdotes repudiaron el desfalco a los jubilados y la militarización de la Patagonia. Defendieron el derecho de los pueblos indígenas a acceder a sus tierras ancestrales y acusaron al Gobierno por las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel .Advirtieron que en los dos casos se inventaron "relatos fantásticos, difamaciones y mentiras”.
El Grupo de Curas en la Opción por los Pobres repudió enfáticamente la escalada represiva desatada por el Gobierno en la Patagonia en defensa de “los intereses de los terratenientes por encima de los derechos de la población” y remarcó que dicha militarización es acompañada por una criminalización del pueblo mapuche, que lucha por sus tierras ancestrales. “Nos preocupan la acelerada disolución del Estado de Derecho, las garantías constitucionales y la instalación de un virtual ‘Estado Policial’”, sostuvieron los sacerdotes en una extensa carta, donde afirmaron que salir en defensa de “la vida ultrajada de Rafita, el desfalco de los abuelos y trabajadores previsto por este Gobierno” son también “cosas de Dios” de las que deben ocuparse.
El duro reclamo de los curas hizo foco en “la militarización de la Patagonia” que lleva adelante el gobierno de Macri para defender los intereses de los inversores extranjeros por encima de la población y “los derechos ancestrales de los pueblos indígenas”. Para los curas, las muertes de Santiago Maldonado, que estuvo 78 días desaparecido, y la de Rafael Nahuel, el joven de 21 años asesinado por la espalda en la represión del último sábado a la comunidad Lafken Winkul Mapu, en Villa Mascardi, responden al Estado policial instalado en el sur.
“La desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado, en circunstancias represivas ilegales de la Gendarmería, y el asesinato por la espalda de Rafael Nahuel, de quien no ha sido probada actitud violenta alguna ni manipulación de armas, deben ser juzgados y castigados según la ley”, sostuvieron los curas, que acusaron al Estado de en ambos casos “producir relatos fantásticos, difamaciones, mentiras” que hirieron “la dignidad y el buen nombre” del pueblo mapuche y la familia de Santiago.
El repudio de los sacerdotes también apuntó al “discurso autoritario y represivo” similar al usado en la dictadura militar, a la “intimidación” sobre los jueces y la Procuraduría y a la “violación de la división de poderes que este Gobierno ha impuesto como costumbre”.
“La dictadura cívico-militar usó la misma lógica para desaparecer personas. El Gobierno instala la hipótesis del enemigo interno, culpa de la violencia a grupos virtuales creados por el relato mediático y nos va llevando a un peligroso y perturbador límite entre la democracia y el caos autoritario, cuyo extremo puede llegar al terrorismo de Estado. Es el regreso del relato de la doctrina de la seguridad nacional”, condenaron los Curas de la Opción por los pobres.
También criticaron “la pérdida de derechos adquiridos” y “el saqueo el país y la exclusión de las mayorías” contempladas en las reformas laboral, previsional y tributaria que generan una “transferencia indiscriminada de riqueza a las elites del capital concentrado”. “Es lo que caracteriza a este gobierno depredador y para sostenerlo recurre a la represión como no habíamos visto en democracia, retrotrayéndonos a los peores momentos de nuestra historia”, afirmaron.
Los curas exhortaron a legisladores y dirigentes sindicales a “defender los derechos de los trabajadores y jubilados” y remarcaron que apoyan “de corazón” la lucha de los espacios sindicales y las asociaciones de trabajadores que se manifestaron ayer frente al Congreso para detener la “sangría de recursos y derechos”.
Por último, los curas se solidarizaron también con otras víctimas de “este gobierno irresponsable” como los 44 tripulantes del submarino ARA San Juan, los muertos en el incendio de Iron Mountain y Milagro Sala y "sus compañeros presos políticos". También respondieron las críticas del senador Miguel Ángel Pichetto, que había dicho que los curas “se tienen que ocupar de las cosas de dios”, sosteniendo que denunciar estas injusticias son también “cosa del dios” amigo de los pobres y los excluidos.
02 de diciembre de 2017
Panorama político
Supermiércoles
Por Luis Bruschtein
El remolino de interrogantes que dejó el hundimiento del ARA San Juan funciona como metáfora del país. La Armada anunció que ya no se buscarán sobrevivientes y no hubo una declaración, un gesto mínimo presidencial hasta que en el Gobierno se dieron cuenta del malestar que produjo esa falta de sensibilidad. El mismo día del anuncio de la Armada, Mauricio Macri habló al asumir como presidente in pectore del G-20: “Nos sumamos a un diálogo global sin alzar la voz enojados” dijo, al tiempo que el derechista Financial Times se sorprendía por el autoritarismo reflejado en la decisión del gobierno argentino de impedir el ingreso al país a más de 60 representantes de ONG’s internacionales que normalmente participan en estas reuniones.
Una súpersemana con un supermiércoles. El Senado aprobó las reformas a pesar de la masiva marcha que expresó su repudio en la puerta del Congreso. Sin asumir, Cristina Kirchner había jurado como senadora pocos minutos antes. Los legisladores que la siguen, votaron en contra. Y pocos minutos después en Comodoro Py hubo profusión de perpetuas para los criminales del GT de la ESMA. Un supermiércoles en una supersemana donde pese a que siguen los juicios a los represores, el gobierno se cansó de usar los mismos argumentos que ellos para justificar el crimen de Rafael Nahuel. Una semana donde el gobierno desconoció una exigencia irrevocable de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, contraviniendo así lo establecido en la Constitución. Y Milagro Sala compareció en otro juicio absurdo y les gritó a los jueces que ya tenían la condena escrita por el gobernador Gerardo Morales, una verdad más grande que una casa.
La desaparición del ARA San Juan con sus 44 tripulantes a bordo proyecta la gran sombra de una tragedia que interpela al gobierno, deriva sobre recortes y ajustes, sobre las consideraciones de lo que se gasta y sobre su sensibilidad frente al drama de seres humanos. Como un cuerpo desaparecido, su hallazgo daría algunas respuestas. Pero no aparece, y la perspectiva de que eso suceda son mínimas.
Millones de jubilados aparecen como las víctimas de otro hundimiento social aprobado en un Senado con restos del naufragio del peronismo en las urnas y manos levantadas. Los senadores radicales, los del PRO y los peronistas que responden al senador Miguel Angel Pichetto levantaron la mano para empezar a hundir a los jubilados. Después Pichetto reconoció que les había tocado “la ingrata tarea”, manos levantadas para desfinanciar a los jubilados, sacarles impuestos a los ricos y recortarles consumo a los sectores medios y bajos.
En la puerta del Congreso, decenas de miles de trabajadores expresaban su indignación ese miércoles. No era una protesta resignada, ni serena. Había indignación, había enojo con los legisladores que votarían en el recinto. Cada una de las reformas, laboral, provisional, impositiva y fiscal implica un ajuste a sus bolsillos, un recorte a sus derechos, un deterioro en su futuro.
No estaba toda la CGT. Una parte optó por una vía más conciliadora. Pero los que convocaban, por lo menos en cuanto a su composición, expresaban a los mismos sectores que se opusieron a las reformas laborales del menemismo y la Alianza. Las CTA, la izquierda, los movimientos sociales y los gremios combativos que en su momento agrupó el MTA. Los unieron nuevamente las políticas neoliberales cuya esencia se define por una brusca transferencia de recursos de los trabajadores hacia los sectores concentrados de la economía. Otra vez la calle, las mismas identidades, los mismos problemas.
Para los que estaban en la calle y los que serán afectados por estas reformas, hubo un cambio con Macri, pero no fue para adelante, sino para atrás. Los escenarios parecen salidos de una máquina del tiempo, el vértigo de “esto ya lo vi” agrega un dramatismo sin tiempo, el de las calamidades que nunca quedan atrás y siempre vuelven. Este retorno vertiginoso al pasado resultó desconcertante por la efectividad inesperada del impacto cultural arrasador de la derecha sobre la sociedad. Antes del retroceso económico se produjo un brutal retroceso cultural que no se explica sólo por errores y limitaciones del kirchnerismo sino fundamentalmente por el intenso bombardeo mediático y la mesa inclinada de un sistema donde el mapa de medios concentrados y un poder judicial feudal, siempre favorecen a los poderosos. De lo que menos se trata en esa maquinaria cultural de la derecha es de la lucha contra la corrupción, el centro está puesto en el rechazo de cualquier política solidaria. La denuncia de la corrupción es una excusa, una palanca que deriva hacia la otra idea que busca destruir el fundamento de una sociedad solidaria, desprestigiar y difamar como mentirosas y demagógicas a las políticas de distribución del ingreso y ampliación de derechos.
La reivindicación del republicanismo y la independencia de la justicia también es otra excusa que no respetan, como lo demostró Milagro Sala al hablar el jueves en el juicio absurdo por la causa de las bombachas. Cuando entró a la sala denunció a los jueces: la condena ya está decidida en la gobernación. “Peleen ustedes por sus derechos, los periodistas, tengan independencia, no se dejen llevar por Gerardo Morales, que no va a estar gobernando toda la vida, tengan dignidad, defiendan al país, a ustedes los periodistas los usan para que hablen mal de mí, dos años diciendo a los jujeños que soy la peor basura de Jujuy” dijo. Eso fue el jueves, el martes había llegado el exhorto de la CIDH para que devuelvan a Milagro a su domicilio. Pese a que los pactos internacionales, como el que administra la CIDH, están reconocidos en la Constitución, el gobierno argentino y el jujeño lo ignoran olímpicamente, lo cual es un fuerte retroceso también en los derechos humanos.
Milagro se solidarizó con los trabajadores que rechazaron la reforma laboral y gritó “¡Basta de matar a los hermanos mapuches, peleen por sus tierras!” Puso la mira fuera del tribunal, le dio a ese cuadro espesor y volumen. Ella es coya del norte y mira hacia el sur, donde los mapuches son desalojados de las tierras que reclaman y baleados. Los dos escenarios de represión más brutal en el país, donde la ideología de esa represión se respalda en discriminación y xenofobia, tienen en el foco a pueblos originarios. Es un fenómeno que dice por un lado que esa problemática había sido invisibilizada hasta ahora. Pero también acusa al otro extremo del conflicto, a un gobierno que pone en juego el viejo arsenal del supremacismo blanco que arrastra todos los prejuicios que se construyeron para el genocidio étnico impulsado por la oligarquía en el siglo XIX.
También es un cambio para atrás, muy atrás, rebuscar esos viejos prejuicios y ponerlos a rodar nuevamente y con el gran arsenal mediático convertirlos en hegemónicos en una sociedad que parecía haberlos superado. Hay periodistas que justifican y hay intelectuales que escriben libros para sostener la legitimidad republicana de la represión contra los pueblos que reclaman tierras ancestrales pese a que la Reforma Constitucional de 1994 les reconoció esos derechos. Como la autopsia de Santiago Maldonado determinó que se había ahogado y que su cuerpo había permanecido en el agua durante al menos 50 días, los intelectuales de la derecha salieron a acusar a la familia Maldonado, a los organismos de derechos humanos y a los periodistas sensibles a esos reclamos, de usar políticamente la muerte de Santiago Maldonado. Y al poco tiempo de que el gobierno se justificara con esos resultados de la autopsia, se produjo el asesinato de Rafael Nahuel, en la misma zona, y en el contexto del mismo conflicto y con los represores desplegando el mismo nivel de violencia. La autopsia de Santiago Maldonado no explica el asesinato de Nahuel, como quieren estos intelectuales y periodistas de la derecha. Pero, en cambio, el crimen de Nahuel ilumina todos los rincones que la autopsia de Maldonado dejó a oscuras. Son muertes que no se hubieran producido si el gobierno no desplegara tanta violencia para reprimir los reclamos sociales.
Los argumentos que usó el gobierno para justificar el crimen de Nahuel fueron muy parecidos a los que en otras épocas se usaron para justificar golpes militares: una guerrilla que ningún poblador de la zona conoce, ni siquiera Juan José Chaparro, el obispo de Bariloche; de la que no se ha mostrado ni un documento y menos las armas, y que no ha producido ninguna baja en las fuerzas de seguridad, mientras que el accionar de éstas ya ha producido dos muertes. El macrismo asegura que responde en forma violenta a una agresión violenta que no puede ni le interesa demostrar. Esa construcción cultural apela al miedo y la inseguridad, a la envidia y el egoísmo y se levanta sobre una fuerte carga emotiva, con lo que bloquea por ahora cualquier reflexión que les permita ver la corrupción histórica y la ausencia de republicanismo en los grupos económicos que sostienen a Cambiemos.
Fuente:Pagina12 

No hay comentarios:
Publicar un comentario