27 de abril de 2018

LA PAMPA - SUBZONA 14: el relato de una víctima abusada por el excomisario Fiorucci .

Subzona 14 II: el relato de una víctima abusada por el excomisario Fiorucci 
26-04-2018 
Durante la audiencia este jueves,  el tribunal dio lectura a la declaración de una víctima, ya fallecida, que fue torturada con picana eléctrica. Le apuntó al repesor Fiorucci. La habían secuestrado como sospechosa de un crimen que no cometió.
El Tribunal Oral Federal de Santa Rosa dio lectura este jueves, en otra audiencia del juicio de la Subzona 14 II, a una declaración de una víctima mujer, Olga Edith Juárez, que relató las torturas con golpes y picana eléctrica durante la última dictadura militar, y reveló los abusos sexuales a los que la sometió uno de los represores ya condenados en el primer juicio, el excomisario Roberto Fiorucci. Este represor sigue el juicio por video desde su casa, un privilegio concedido por los jueces por su delicado estado de salud (foto archivo).  
Este jueves se desarrolló una nueva jornada del juicio de la Subzona 14 II. También declaró un testigo relacionado con la torturas cometidas en la comisaría de Catriló en perjuicio de dos diputados provinciales que fueron secuestrados durante la dictadura, Roberto Gil y Hermes Acáttoli. Además, declararon más detenidos en forma ilegal por el grupo de tareas de la Subzona 14, cuyos miembros están imputados en el debate.
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Golpes y picana
Este jueves, el tribunal leyó la declaración de una víctima ya fallecida, Olga Edith Juárez, tal cual lo habían pedido la fiscalía y las querellas. La mujer declaró el 28 de febrero de 1984, cuando tenía 39 años de edad, y al poco tiempo murió.
En esa declaración, Juárez relató que fue detenida en Pico en abril de 1978. Un agente se bajó de un Ford Falcon y la hizo acercarse al auto. En el coche estaban Fiorucci y el oficial Roberto Escalada. Fiorucci le dijo que los tenía que acompañar. En la comisaría de General Pico fue esposada por la espalda y la trasladaron a Santa Rosa.
En el trayecto, según se desprende del testimonio, Fiorucci la interrogó sobre un crimen de Intendente Alvear, con tono acusatorio. La mujer le contestó  que no sabía nada, que no había matado a nadie. En la Brigada de Investigaciones de Santa Rosa la introdujeron a una celda con un colchón.
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Allí llegaron Fiorucci y Baraldini y el jefe dela Policía le advirtió: “Vos aquí te vas a morir”. También la acusó de darle muerte a la mujer de Alvear. Júarez contó que le preguntaron por Rubén Marín, sobre "qué poseía".
Según la declaración, a la una de la madrugada del día siguiente el agente Sosa le vendó los ojos y la llevó a una habitación. Tirada en el piso, boca arriba, la tomaron de los pies y las manos y la golpearon en el pecho. Vio botas de militares por debajo de las vendas. Otra vez le preguntaron insistentemente sobre la muerte de la mujer de Alvear.
En ese momento, denunció, como mantenía su negativa respecto a la participación del crimen, comenzaron a aplicarle picana eléctrica en los senos desnudos y le apretaron el cuello "como con una pinza". Luego de varios tormentos, se hizo la desmayada para que dejaran de torturarla. Escuchó que alguien le dijo a Reinhart que "no se  la llevara" a la picana porque pensaba que ella se hacía "la loca".
Dijo que la llevaron otra vez al calabozo. Y que esa misma noche pidió agua pero se la negaron. La revisó "un médico rubio, con entradas y labios gruesos, más bien gordito".
Contó que en sus senos tenía marcas "como de de quemaduras de cigarrillos". Después de diez días, el represor Carlos Reinhart le llevó la comida y le manoseó los senos. Después, ya estando alojada en la Primera, por la tarde la llevaban a una oficina, donde estaba Fiorucci, y este le decía que ocupaba "un lugar importante" en su "corazón". Juárez narró que el policía la manoseaba y le decía que quería tener relaciones sexuales con ella. Agregó que llegó  a besarla y abrazarla.
Cuando la dejaron libre, aseguró, Fiorucci le dio el dinero para que regresara a General Pico. Ya en su casa, después, Fiorucci la visitó y le dijo que la "quería mucho". Aclaró que durante su cautiverio, él la" "manoseaba", alcanzó a besarla y abrazarla, pero "nunca me violó".
En la declaración mencionó que una de las celadoras que la llevaba hasta la oficina del represor era Nilda Stork.
Respecto al caso de Juarez, cabe recordar que, según se reconstruyó en el libro “El Informe 14”,  fue secuestrada junto a Juan Carlos Hadad, que tenía 23 años,  acusados del el crimen de la esposa de él,  Lucy Ferrando, que se había cometido el 15 de noviembre del ‘77. La víctima había sido abusada y tenía un corte en el cuello.
El 16 de febrero de 1978 Hadad fue detenido en Caleufú por los oficiales Roberto Constantino y Roberto Fiorucci, del grupo de tareas de la Subzona 14, y trasladado a Santa Rosa, donde fue torturado con la pretensión de que confesara el crimen. A Juárez la secuestraron el 13 de abril y en las sesiones de tortura buscaban que confesara el crimen y una supuesta relación con Hadad.
Finalmente, el 12 de mayo Hadad y Juárez fueron liberados. Unos días antes la policía había detenido a un hombre por un robo en Larroudé. Era un peón rural que hacía poco había llegado de Alvear. Le encontraron un reloj que no pudo justificar. Terminó confesando que lo había robado después de violar y matar a la mujer de Alvear. Por eso los repesores liberaron a los dos inocentes que habían torturado.  
Las torturas en Catriló
Por otra parte, también este jueves declaró el policía Héctor Mario Jaimes, que cumplía funciones en Catriló durante la dictadura. Manifestó que estaba con el comisario Erro –ya fallecido- cuando, poco después del golpe de estado de marzo del ’76, desde Santa Rosa llegaron una noche Fiorucci, Aguilera, Reta, Guiñazú y López, el único que usaba su uniforme.
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Le dijeron al comisario que él se quedara atendiendo la radio y cerrara la puerta. Pero escuchó llegar un camión y luego alcanzó a ver pasar por el pasillo “dos sombras encapuchadas” hacia los calabozos. “Todo cerrado, no escuché nada”, aseguró.
Cuando salió al baño vio en el patio al camión amarillo de traslados de la Policía y charló con el chofer, Villegas. Durante el testimonio le mostraron una fotografía del expediente y reconoció a ese vehículo.
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Confirmó que normalmente dejaban constancia de los movimientos de detenidos. Pero esa noche le dieron la orden de que no registrara nada en el libro de guardia. Aseguró que no escuchó nada. “Después de dos horas sacaron a esas personas y no las volví a ver más”, recordó.
Según se comprobó en el juicio anterior, el 6 de abril de ese año fueron torturados en la comisaría los entonces diputados del Frejuli, Roberto Gil y Hermes Acáttoli.
Un testigo
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El policía retirado Héctor Manuel Kroll declaró porque estaba de guardia en la comisaría de Catriló cuando en el ’84 una comitiva de funcionarios encabezados por el entonces asesor legal de Gobierno, Juan Carlos Tierno y el comisario sumariante Osvaldo Beigel, fue a buscar documentación sobre los delitos de lesa humanidad cometidos allí durante la dictadura.
La mujer del “Beco”
La testigo María Cristina Coronel, exesposa de Ramón Inocencio “Beco” Rodríguez,  fue detenida durante un allanamiento ilegal el 26 de marzo del ’76 en su casa por militares y policías.  Mencionó a los represores Fiorucci y Gatica en el operativo.
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Le dijeron que habían encontrado una “granada” en la pieza de un hermano, a quien golpearon en la cabeza con un arma cuando llegó al domicilio.  A ella la empujaron contra una pared. A su esposo, su cuñada y su hermano los secuestraron. Ella estuvo detenida durante un fin de semana incomunicada en un calabozo, sin agua ni comida, en la Seccional Primera.
Un “capitán” le informó el lunes primero que se iba y luego le avisó “lo siento pero se va a tener que quedar”. La trasladaron esposada a la Unidad 13, donde permaneció cuatro meses y medio. Nunca la interrogaron ni la llevaron delante de un juez o un abogado. Quién era su esposo estuvo cinco años preso.
“Cuando salí me costó trabajar. Iba a pedir trabajo y me cerraban las puertas por esto. Cuando recuerdo no estoy bien, son cosas que quiero olvidar completamente. Si yo hubiera hecho algo, bueno sí, pero nunca hice nada”, recordó.
Golpes con guantes y corriente
Roberto Luis Torres volvía de un baile en Alta Italia, junto a Carlos García y otros tres amigos, cuando se detuvieron porque había una pelea y su compañero se bajó y les pidió los documentos como forma de frenar el conflicto. Luego siguieron su rumbo.
A la mañana siguiente la policía de Luiggi detuvo al grupo de amigos y lo trasladó en dos vehículos a la Seccional Primera de Santa Rosa, donde lo esposaron y lo dejaron en un calabozo individual incomunicado durante ocho días.
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“Nos trataron bastante mal, me llevaban a una sala, con los ojos vendados, me golpeaban con algún tipo de guante, en algún momentos golpes de corriente en el torso, y me hacían preguntas desde distintos puntos. Por el hecho y también por relaciones de amistad con otras personas y sobre otros hechos”, dijo.
Lo trasladaron a la Colonia Penal y también lo sacaron a declarar a un juzgado. Luego los llevaron a Pico, donde quedó libre.
Recordó que al regresar al pueblo sintió que los veían “como el foco guerrillero del pueblo”. “Me costó enfrentar a la gente que veía todos los días. Sabíamos que era un hecho insignificante, pero la gente lo ponía en duda”, confió.
Secuestrado por la denuncia de un militar
Luis Alberto Tomassini fue detenido ilegalmente en Algarrobo, acusado de robo de ganado, cuando tenía 18 años y manejaba un camión. El comisario de ese pueblo bonaerense le dijo que debía presentarse en La Adela. “Me empujaron y me esposaron y me dijeron que estaba detenido por la Policía de La Pampa, no me dijeron por qué”, rememoró.
Estuve 15 días en Río Colorado y lo trasladaron a Santa Rosa, donde permaneció 35 días más. “Decían que mis patrones faneaban animales que no eran de ellos, también estaban presos, pude ver a uno de ellos, que estaba golpeado. Me agarró terror porque pensé que me iban a buscar a mí”, dijo. Luego lo pasaron a General Acha, donde completó 83 días en total.
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Según supo, los denunció un militar jubilado, de apellido Tuneci, que tenía un campo, vecino a sus patrones, dos hermanos, los Prado. También estuvo detenido ilegalmente sus patrones y un encargado del campo que estaba desde hacía un mes. “No tenía pruebas de nada”, dijo. “Fue todo sicológico, me decían que si no hablaba nadie iba a saber de mí porque estábamos detenidos como subversivos”, recordó. Aunque aseguró que sus patrones le contaron que habían sido picaneados, desnudos, aplicándoles corriente eléctrica en la lengua y los testículos.
"Perdí la autoestima, me parecía que todo me iba a salir mal, que no iba a poder trabajar, hasta que después de dos meses me dieron trabajo en un transporte en Bahía Blanca. La única consecuencia que tuve fue tenía miedo de que me volviera a pasar lo mismo. Cuando uno no hace nada y lo tienen así... bueno, la noche se me complicaba un poco", resumió.
Fuente:ELdIariodelaPampa

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