http://www.envio.org.ni/articulo/5506
Nicaragua
“Tengo la certeza de que derrotaremos esta
dictadura”
Julio López Campos, toda una vida en el
FSLN, combatiente en la ofensiva final contra la dictadura somocista,
responsable, entre otras tareas, del Departamento de Relaciones Internacionales
del gobierno revolucionario de los años 80, compartió reflexiones sobre los
desafíos de la insurrección no armada que hoy enfrenta a la dictadura
orteguista, en una charla con Envío que transcribimos.
Julio López Campos
A Daniel yo lo conocí desde joven. Yo
era el presidente del centro estudiantil del Instituto Ramírez Goyena y él era
el dirigente del colegio Maestro Gabriel. Entre otras cosas teníamos que
ponernos de acuerdo para organizar la conmemoración anual del asesinato de los
universitarios de León por la Guardia somocista, la masacre estudiantil del 23
de julio de 1959. La Guardia mató aquel día a cuatro estudiantes. A cuatro.
Luchábamos entonces contra un dictador que había matado a cuatro jóvenes… Y ese
mismo Daniel es hoy el responsable del asesinato de decenas de estudiantes y
ese mismo Daniel es ahora el dictador… Me cuesta entenderlo… Antes del 18 de
abril a los analistas políticos nos costaba convencer a la gente de que este
gobierno era una dictadura. Y nos costaba porque la gente tenía en su memoria
que una dictadura es la que te mata, la que te echa preso, la que bombardea las
ciudades. Teníamos que explicarle a la gente que eso sólo sucede al final,
cuando la dictadura ve en peligro su poder. Y les recordábamos que en los
primeros once años de la dictadura, entre 1937 y 1948, Somoza mató a un solo
estudiante, a Uriel Sotomayor.
Yo nunca había visto en Nicaragua una situación tan complicada como la que estamos viviendo hoy ante esta dictadura. Nunca. Y nunca había visto a mi país en un nivel de incertidumbre tan grande sobre su presente y sobre su futuro. Tampoco nunca había visto a Nicaragua sometida a una violencia tan criminal como la que Daniel nos está imponiendo. Esa criminalidad nunca había ocurrido, ni siquiera bajo la dictadura somocista. Tampoco nunca se me habría ocurrido a mí pensar que un gobierno con raíces en el sandinismo fuese capaz de mandar a matar a la gente desarmada como hoy lo hacen. Por tan solo protestar. De confrontaciones sabemos, de conflictos sabemos, de muerte sabemos, pero mandar a matar a la gente tan cobardemente y de maneras tan monstruosas, eso es inaceptable para quienes nos reclamamos del sandinismo. Es tan brutal la actual represión que ya nada tiene que ver ni con izquierda ni con derecha ni con centro, y nos coloca ante un desafío esencialmente ético, moral, que no podemos evadir y que debemos de enfrentar con la voluntad de hacer lo que haya que hacer para resistir y derrotar esta política del terror. Estos crímenes no tienen justificación ni perdón.
Yo nunca había visto en Nicaragua una situación tan complicada como la que estamos viviendo hoy ante esta dictadura. Nunca. Y nunca había visto a mi país en un nivel de incertidumbre tan grande sobre su presente y sobre su futuro. Tampoco nunca había visto a Nicaragua sometida a una violencia tan criminal como la que Daniel nos está imponiendo. Esa criminalidad nunca había ocurrido, ni siquiera bajo la dictadura somocista. Tampoco nunca se me habría ocurrido a mí pensar que un gobierno con raíces en el sandinismo fuese capaz de mandar a matar a la gente desarmada como hoy lo hacen. Por tan solo protestar. De confrontaciones sabemos, de conflictos sabemos, de muerte sabemos, pero mandar a matar a la gente tan cobardemente y de maneras tan monstruosas, eso es inaceptable para quienes nos reclamamos del sandinismo. Es tan brutal la actual represión que ya nada tiene que ver ni con izquierda ni con derecha ni con centro, y nos coloca ante un desafío esencialmente ético, moral, que no podemos evadir y que debemos de enfrentar con la voluntad de hacer lo que haya que hacer para resistir y derrotar esta política del terror. Estos crímenes no tienen justificación ni perdón.
En días de junio como hoy hace 39 años estábamos en las barricadas de la lucha contra Somoza en la ofensiva final del 79. En junio entramos a los barrios orientales de Managua. El plan era combatir con la Guardia por sólo tres días, tiempo que estimábamos suficiente para darle oxígeno a los principales frentes de guerra, y estuvimos quince días y ya nos faltaba de todo. No había comida y no teníamos lo que en aquella lucha era muy valioso: municiones. Sin embargo, pudimos resistir tanto tiempo porque la población estaba organizada y preparada para resistir. La gente organizada fue el factor clave, el factor crucial. Fue la participación popular organizada de la mayoría del pueblo la que hizo posible aquel esfuerzo. Fue la gente, no las armas.
Y cuando las barricadas ya estaban casi vacías y la gente desesperada, organizamos el repliegue de Managua hasta Masaya. Cuando lo decidimos lo asumimos como una derrota táctica necesaria. Poco después, el repliegue se convirtió en un éxito estratégico. Les cuento esto para decirles que si en algunos momentos de este esfuerzo que hacemos hoy contra esta dictadura nos vemos a la defensiva, eso no quiere decir que estamos derrotados. Quiere decir que tenemos que ingeniárnosla para pasar a una contraofensiva y multiplicar las capacidades organizativas de la gente.
En Nicaragua, hemos pasado muy pronto, repentinamente, a vernos confrontados ante un enorme desafío. Antes del 18 de abril lo que había en Nicaragua eran pequeñas movilizaciones por distintos problemas, resistencia territorial contra la minería, defensa del agua... Costaba muchísimo organizar a la gente. Y cualquier cosa que hacíamos era reprimida. Garroteada. Sólo hacía una tenaz resistencia el movimiento campesino que luchaba contra el canal. Antes de abril, el movimiento campesino ya se había insurreccionado, sosteniendo una lucha que durante estos últimos cuatro años nos contagió de esperanza. La resistencia no comenzó, no vino de donde pensábamos que podía venir. Vino de allá, de los campesinos, de la Nicaragua profunda, de gente que sintió amenazadas sus tierras y desafió al gobierno de Ortega.
Ellos fueron los primeros autoconvocados porque fueron construyendo de manera autónoma una fuerza que empezó luchando por todas las afectaciones que miraban les provocaría la antipatriótica ley canalera y poco a poco las fueron trascendiendo, acercándose progresivamente a reivindicaciones más nacionales. Ellos dieron el salto desde la defensa de sus tierras a la defensa de la soberanía. El movimiento campesino es el antecedente de lo que hoy vivimos. Nos dio liderazgos de alcance nacional como el de la dirigente campesina Francisca Ramírez. De esa esperanza nos alimentamos todos estos años y esa fuerza está presente hoy en esta insurrección no armada. Y está intacta. Y lo que más me gusta de esa fuerza es que tienen poca confianza en nosotros, en los de Managua, en los políticos, en los partidos.
Sin organización, sin el pueblo organizado no hay manera de que tengamos éxito. Y en eso todavía tenemos mucho que hacer para ponernos a la altura del valor demostrado por los campesinos durante años y por nuestra heroica juventud en estos últimos tiempos. Para organizarnos mejor es importante que sepamos las fortalezas de quien tenemos enfrente, porque mirando los ángulos más complejos del desafío sabremos responder mejor. Si hablo primero de las fortalezas de Daniel lo hago para que eso nos anime a luchar con más determinación y con más organización. Es para estar bien claros de las dificultades a superar y de los obstáculos a vencer.
La primera fortaleza que le veo al régimen actual es su experiencia política. Daniel Ortega tiene una experiencia política acumulada que no la tienen los que están sentados en la mesa del diálogo nacional a nombre la Alianza Cívica. Cuando pensamos en la interlocución que tenemos ante este poder tenemos que reconocer que en la mesa del diálogo estamos en una situación de debilidad. Ellos, una fuerza que acumula disciplina y mando único. Y de este lado una alianza reciente, alianza creada por las circunstancias, en formación y sin sólidas correas de conexión con el pueblo.
Otra fortaleza de Daniel es que él tiene de manera casi exclusiva el monopolio de la fuerza, el monopolio de las armas y el de la represión. Tiene de su lado, y ahora los tiene hasta el final, a la Policía Nacional. A la cúpula policial no le queda otra alternativa que ir con Daniel Ortega hasta el fin. Se han comprometido tanto con esta política de crímenes y de genocidio que no les queda otra alternativa. No veo por ahora posibilidades de fisuras grandes en ese cuerpo armado. Hay muchos policías que están desmoralizados porque sienten que no era para eso que entraron a la Policía. A ésos los están reprimiendo, encarcelando y, por eso, otros tienen enormes dificultades para dar el paso y cruzarse a luchar al lado del pueblo. Si la insurrección cívica se consolida, si todos los sectores sociales muestran más decisión, seguro que habrá mayor resquebrajamiento de la base del cuerpo policial.
Desde el punto de vista del uso de la fuerza, Daniel tiene hoy otra fortaleza importante. Le han permitido la creación de un ejército irregular para imponer el terror a la población en todo el país. La creación de esa fuerza irregular nos muestra la extrema gravedad en la que está Nicaragua. Es absolutamente inaceptable, y en ningún país del mundo lo permitirían, la creación de un ejército irregular para matar y reprimir a la gente. Aunque vale muy poco para este régimen, la Constitución de Nicaragua establece que sólo puede haber en el país dos cuerpos armados, el Ejército y la Policía. Y en este mes estamos viendo todos los días a un ejército de encapuchados que sale a las calles con armas de guerra y amenaza, mata, encarcela, destruye… Estamos viviendo un estado de sitio de facto y a toda hora. No hay garantías para nada, ni derechos para nadie. ¿A dónde vamos a ir a reclamar si esos encapuchados te detienen, te registran, te roban? ¿Quién nos va a defender si esa gente mata a tu hermano, a tu vecino? ¿Quién nos dirá por qué quemaron la casa, por qué mataron al niño? ¿A quién reclamarle nada? Y en los barrios en donde ha habido protestas la situación es de terror. Imaginemos en una callecita de esos barrios a doscientos de estos matones pateando las puertas, disparando al aire, capturando, matando…
Eso nunca, nunca, nunca había ocurrido en este país. Y esa política de terror está en manos de Daniel, que ha construido ese ejército irregular y ha logrado imponérnoslo a toda la sociedad, imponérselo a la Policía. ¡Y se lo impuso al Ejército! No hay ninguna justificación para que el Estado Mayor del Ejército vea circular en Managua y en otras ciudades esas caravanas de asesinos encapuchados con armas de guerra y no haga nada. Eso es absolutamente inaceptable.
Hasta ahora no hay nada que pueda detener esta estrategia de terror. Hasta ahora una de las fortalezas que tiene Daniel es ésa: que el Ejército no le ha puesto ningún freno. Ninguno. Lo ha dejado hacer. Y sabemos lo complejo que es armar en unos días un ejército irregular y conseguir que funcione en todo el país. Eso no se logra así nomás. Me atrevo a decir que si nosotros los nicaragüenses no logramos parar a ese ejército irregular que ha construido Daniel, que actúa como sicariato, un ejército en el que participan narcotraficantes, pandilleros, ex-miembros del Ejército y de la Policía, criminales sacados de la cárcel, todos ellos ejerciendo una violencia sin control, estaremos todos los ciudadanos nicaragüenses condenados a sufrir los peores avasallamientos de nuestra historia.
Recuerdo una ocasión a comienzos de los años 90, cuando Daniel ordenó una determinada acción… Al día siguiente de que esa acción se realizara, yo le pregunté: ¿Y por qué escogió a Fulanito de Tal para hacer eso? Y me dijo: “Es que para hacer determinadas acciones es necesario estar loco y sólo él podía hacer eso que le pedimos hacer”. Yo no tengo la menor duda de que quienes están al mando de ese ejército irregular son locos con mentalidad criminal, gente que disfruta con esa política criminal y que absolutamente nada tienen que ver con el sandinismo.
Al Daniel Ortega que hoy vemos, el que
ha cruzado todas las rayas de la decencia humana, no es posible entenderlo sin
tener en cuenta su pacto con los liberales, el maridaje de once años con el
sector privado. Con los ricos de este país. Tampoco podríamos entender esas
fuerzas irregulares que él está usando para aterrorizarnos, para castigarnos,
si olvidamos algunas experiencias de los años 80, de los años 90, incluso
algunas de antes del triunfo de la Revolución. Nosotros somos responsables de
ese Daniel Ortega, el Frente Sandinista lo es, la Revolución lo es. Pero es
injusto que se diga que esto que vemos hoy es el Sandinismo, porque Daniel
Ortega es una deformación del sandinismo. No sería nunca lo que hoy es sin el
pacto con Arnoldo Alemán, sin el respaldo de los banqueros, sin los gringos,
que bendijeron el pacto, sin todos los que no quisieron mirar la corrupción. El
fenómeno de Daniel Ortega no se entiende sin la historia de caudillismo, de
prebendarismo, de patrimonialismo, que ha prevalecido en nuestra cultura
política. Y por eso el desafío no es nada más quitarlo a él, sino transformar
Nicaragua para que no se vuelvan a repetir estas cosas, para que nadie como
Daniel Ortega tenga la oportunidad de reaparecer.
Además de tener el monopolio de la
fuerza y de la represión, Daniel Ortega tiene dinero para financiar esta
política de muerte y terror. Recursos no le faltan y si le hacen falta puede
mandar a retirar dinero del Banco Central, como ya lo ha hecho, para cubrir los
gastos. Porque armar algo así cuesta. Esa ventaja tiene también, la financiera,
así como nosotros tenemos la desventaja de no tener recursos para organizar
mejor una política de resistencia desde los sectores populares.
Otra fortaleza que tiene él es que
tiene buenos argumentos de negociación ante la presión de los Estados Unidos.
Imaginémonos el diálogo de Daniel Ortega con representantes del gobierno
norteamericano, sabiendo que Daniel conoce muy bien la agenda de los gringos…
Él les hablaría así: “Si yo me voy, ¿qué va a pasar con el vacío de poder que
quedará en Nicaragua? ¿Quién les garantiza a ustedes que aquí va a haber
estabilidad? ¿Ustedes creen que ese muchacho, Juan Sebastián Chamorro, va a
garantizar estabilidad aquí? ¿O que el viejito Tünnermann se las va a
garantizar? Y ustedes saben que la estabilidad de Nicaragua no sólo nos
interesa a nosotros, ¡les interesa a ustedes! Porque si aquí se aumenta la
crisis y se aumenta el caos se arma un desmadre migratorio que nadie va a poder
parar. Y la capacidad de contaminación de una Nicaragua en caos sobre Honduras,
sobre Guatemala, donde ya la situación es complicada, va a ser muy grande… Y
ustedes saben muy bien que yo aquí he puesto un muro de contención a la migración.
Los panameños y los costarricenses dejaron entrar a los cubanos, pero yo los
paré a toditos en la frontera, de aquí no han pasado… Ustedes saben que en la
lucha contra el narcotráfico hemos cooperado con ustedes en todo lo que ha sido
posible… Claro que hay cosas que yo no puedo controlar porque no tenemos los
medios, pero de manera general ustedes han reconocido lo que nosotros hemos
hecho… Con el lavado de dinero igual, saben ustedes que cuando ha sido
necesario ustedes han contado con todo nuestro apoyo, aunque nuestras
instituciones financieras no tienen la capacidad para controlarlo todo, pero de
manera general nosotros les hemos cumplido… Acuérdense que con el apoyo de
ustedes hemos recibido el reconocimiento del BID, del Fondo Monetario y del Banco
Mundial por nuestras políticas en favor de la estabilidad macroeconómica… Aquí
permitimos que vengan sus tropas a hacer sus ejercicios y maniobras. Ustedes me
recriminan que yo soy amigo de Cuba. Obviamente que lo soy, porque desde muy
joven los cubanos me ayudaron, me refugiaron, nos dieron solidaridad, pero
nosotros nada tenemos que ver con el modelo de Cuba. Somos amigos de Cuba pero
hasta ahí nomás porque aquí tenemos una economía de mercado capitalista,
pluralismo, elecciones…” Y por ahí seguiría el diálogo.
Yo creo interpretar que los
gringos son sensibles a ese discurso y lo que apoyan y les interesa ante esta
crisis es el “aterrizaje suave”. Algo parecido deben sentir los empresarios del
COSEP: les da pánico pensar que pueda crearse un vacío de poder, una crisis en
la que no haya control, una situación de falta de “gobernanza”, como dicen
ellos. Saben los empresarios que durante once años Ortega les dio una total
estabilidad y garantía para sus intereses. Por tanto, el temor de Estados
Unidos y el de la empresa privada, esa coincidencia, es una fortaleza más que
Daniel tiene. Y es una debilidad nuestra no contar con un sector empresarial
con suficiente coraje y actitud patriótica.
Yo entiendo a los empresarios. Ellos
vienen de estar once años felices con Daniel Ortega, haciendo todo lo que
querían en el terreno económico. Ellos decidieron decenas de leyes económicas.
La libre empresa tenía todas las facilidades del mundo. En el tema tributario,
en los impuestos, Daniel fue más generoso con ellos que Trump con sus ricos.
Tenían también estabilidad, cero huelgas. Todos los años crecía la economía un
4, un 4.5% y la tasa de ganancia de los bancos era de las más altas de
Centroamérica. Llegaba la inversión extranjera, tenían todo tipo de privilegios
y ningún obstáculo de ninguna naturaleza para obtener más y más ganancias y
repatriarlas. En esas condiciones pasaron once años. Imaginarse una Nicaragua
distinta les causa incertidumbre, yo los entiendo. Y creo que tenemos que
ganarnos a un sector del empresariado, llamarlos a superar el miedo. Los
tenemos que convencer de apoyar la movilización popular. Porque creo que no
volveremos a ese pasado del modelo que algunos llamaron de “populismo
responsable”. No hay ninguna posibilidad. Lo que no sabemos con claridad hoy es
para dónde vamos. Y los más grandes empresarios, los que realmente deciden,
tampoco tienen claridad del futuro. En mi opinión, todavía no hemos sido
capaces de ponernos totalmente de acuerdo para tener una voz más unívoca que
tenga un mayor peso y se imponga sobre las incertidumbres del empresariado y
ante las pretensiones de Daniel.
¿Y cuáles son las pretensiones de
Daniel? Si ustedes observan lo que está sucediendo en el país después de más de
dos meses de resistencia, tenemos que tomar conciencia que, con esas
fortalezas, Daniel Ortega viene poquito a poco, poquito a poco, tratando de
reestructurar sus bases. Al comienzo no podía hacer nada. La gente del Frente
tenía que esconder su banderita y echársela a la bolsa para que no la
identificaran. Ellos nada tenían que ver con los crímenes de Daniel, pero se
sentían señalados. Eso es lo que reportaba toda la gente de los barrios.
Después, a lo primero a lo que le puso mente Daniel fue a crear ese ejército
irregular y criminal. Y como él sabe perfectamente bien que los empresarios son
unos grandes temerosos, ha organizado también de última hora la toma de
tierras: ¡Vayan, tómense esa finca, invádanla! Para que vean los empresarios lo
que se están perdiendo dejándolo a él y apoyando al pueblo… Poquito a poco
comienza Daniel a recomponer sus bases. Por eso, si nosotros no nos ponemos las
pilas y le permitimos que recomponga sus fuerzas, no las que tenía antes de
abril, porque ésas nunca las va a recuperar, pero si le permitimos que recupere
algunas, tendremos que enfrentar una situación más complicada. No debemos darle
tiempo. La solución debe ser ahora. Nunca olvidemos que las grandes
sublevaciones populares también pueden ser derrotadas.
Y finalmente, la otra fortaleza de
Daniel Ortega es que en la mesa del diálogo él no está negociando. Ahí sólo
dialoga, pero no negocia. Hasta ahora no ha habido una negociación real. Daniel
sigue ganando tiempo. En ese diálogo él tiene un control estricto de lo que ahí
pasa y cuenta con una disciplina total de la gente que ahí ha puesto. Del lado
suyo sí hay una verdadera coordinación, una voluntad única, propósitos bien
definidos, mientras que del lado nuestro no hemos logrado todavía toda la
voluntad de toda la gente para aquello de “todos contra la dictadura”. No lo hemos
logrado, porque se cruzan de por medio intereses pequeños y mezquinos de toda
naturaleza, intereses privados.
Veamos ahora algunas de nuestras
fortalezas. La primera y más importante, la que más me llama la atención en
todo lo que estamos viviendo desde abril, es la voluntad ampliamente
mayoritaria del pueblo de librar una lucha no violenta contra el más violento
de los regímenes que hemos conocido en Nicaragua. Y en esa voluntad se
encuentran, coinciden unánimemente, los pobladores de todo el país con el
movimiento campesino y con la juventud universitaria. Es una gran fortaleza la
capacidad de unir tantas voluntades.
Me sorprende la historia de nuestra
gente. Primero, hicieron una revolución armada. La primera revolución popular
armada triunfante que hubo en nuestro continente fue la revolución sandinista.
Y ahora, cuarenta años después, nuestra gente está decidida a obtener una nueva
victoria contra otra dictadura. Pero esta vez será una victoria sin armas. Eso
sólo lo hace un pueblo que tiene una capacidad maravillosa de encontrar sus
propios caminos y de concertarlos de una manera absolutamente fantástica.
Lo he dicho a todo el que me lo ha
preguntado: Tengo dificultades para entender cómo en Monimbó, por ejemplo, no
ha aparecido una sola bomba de contacto, que es un instrumento más ofensivo. Y
no porque no hayan los elementos para hacerlas, y ellos las saben hacer y las
saben usar. Hasta ahora tampoco han aparecido fusiles. Más asombroso todavía es
que allá en el campo, donde la gente tiene su 38, su 22, sus escopetas, tampoco
aparecen. El pueblo nicaragüense está decidido a luchar y ha decidido hasta
ahora que quiere obtener la victoria sin las armas. Esa determinación requiere
de mucha fortaleza. De una incalculable capacidad de sacrificio, que es la
fuerza superior de los pueblos. Creo que eso nos dice mucho del potencial de
victoria que tiene este pueblo sobre esta pareja que nos ha impuesto hasta
ahora su voluntad. No, no podrán contra este pueblo.
Otra fortaleza nuestra, que es
debilidad para él, es que Daniel perdió a la gente. Como me decía un campesino:
lo que pasó es que la gente “se le volteó”. Porque hasta abril mucha gente
estaba con ellos. Pero con las masacres de abril, con los crímenes, con lo que
comenzó todo esto, el 70% de apoyo se convirtió en 70% de rechazo.
Daniel ha perdido totalmente la opinión
pública. Perdió las calles. Perdió la hegemonía sobre el pueblo y el control de
las calles, lo que hace muy poco tiempo nos parecía totalmente imposible,
porque si protestábamos en cualquier esquina ya sabíamos lo que nos iba a
pasar. Y de repente, imparable, ¡medio millón de gente en las calles pidiendo
que se vayan! Perdieron para siempre el respaldo del pueblo.
Este pueblo tiene unas capacidades y
unas fortalezas que desconciertan. He estado conversando con personas que
tienen relación con los muchachos que están atrincherados en Managua en la UNAN
(Universidad Nacional Autónoma). No quieren salir, no quieren entregar sus
barricadas, están totalmente decididos a que, les pase lo que les pase, irán
hasta el final. Veamos también la gente que está en los tranques. Defender un
tranque armado en una carretera es una cosa, pero defender un tranque desarmado
contra gente que pretende asesinarte es otra. Para hacerlo, para mantenerse en
ese tranque, en esas trincheras, se necesita tener una voluntad férrea difícil
de explicar. Y eso me hace pensar que hay en nuestro pueblo una fortaleza que
nosotros intelectualmente no hemos logrado interpretar.
Viendo esas fortalezas del pueblo pienso que triunfaremos incluso sobre todas esas otras fortalezas que veo en Daniel, y pienso que será un triunfo sin hacer uso de otras modalidades que las de la lucha no violenta, que es el gran desafío que el pueblo se ha autoimpuesto.
Un pueblo que es capaz de hacer todo lo que hoy está haciendo nuestra gente para resistir sin armas a esta dictadura es un pueblo que definitivamente va a terminar derrotando a este régimen.
Ortega ya no tiene posibilidad de regresar atrás. Él está totalmente derrotado. El asunto es negociar correctamente su rendición, porque si no lo hacemos correctamente, el costo puede ser terriblemente elevado. Y también hay que decirlo con toda honestidad: si conocemos a nuestro pueblo, el riesgo potencial de un desliz hacia una guerra civil es uno de los peligros permanentes que tenemos y que debemos evitar a toda costa.
Viendo esas fortalezas del pueblo pienso que triunfaremos incluso sobre todas esas otras fortalezas que veo en Daniel, y pienso que será un triunfo sin hacer uso de otras modalidades que las de la lucha no violenta, que es el gran desafío que el pueblo se ha autoimpuesto.
Un pueblo que es capaz de hacer todo lo que hoy está haciendo nuestra gente para resistir sin armas a esta dictadura es un pueblo que definitivamente va a terminar derrotando a este régimen.
Ortega ya no tiene posibilidad de regresar atrás. Él está totalmente derrotado. El asunto es negociar correctamente su rendición, porque si no lo hacemos correctamente, el costo puede ser terriblemente elevado. Y también hay que decirlo con toda honestidad: si conocemos a nuestro pueblo, el riesgo potencial de un desliz hacia una guerra civil es uno de los peligros permanentes que tenemos y que debemos evitar a toda costa.
Veamos ahora fortalezas y debilidades
en el plano internacional, un terreno en el que trabajé por mucho tiempo. Hay
que decir que durante todos estos once años el régimen de Daniel Ortega logró
encubrirse muy bien. Nadie podía imaginar que en Nicaragua teníamos un régimen
autoritario y corrupto, mucho menos que se estaba gestando un régimen criminal.
Durante más de una década hubo ignorancia total de lo que aquí ocurría y quienes
más lo ignoraban eran los amigos de la izquierda. Encuestas internacionales
afirmaban que Nicaragua era uno de los países más felices del planeta y que el
gobierno nicaragüense tenía el más amplio respaldo. Y muchísima gente afuera,
amiga de Nicaragua, amiga del sandinismo, amiga de la Revolución, se alegraba
de lo bien que iban las cosas en Nicaragua. Hoy, a la hora de enfrentarnos a
esta nueva realidad, hay muchísima gente fuera que no cree lo que está pasando
en Nicaragua. La verdad es que a nosotros también nos cuesta. Alguna gente no
cree, aferrada a la nostalgia de lo que fue para ellos aquella Revolución,
incluida entre esa gente el secretario general de la OEA…
Para explicar lo que estamos viviendo
tenemos nosotros una debilidad: el éxito con que este régimen navegó durante
años con “vela de pendejo”: nadie lo volvía a ver, nadie se preocupaba por lo
que pasaba aquí… Yo lo observo en las comunicaciones con la gente que nos
quiere, que quiere a Nicaragua, que estima este país. Cuesta un mundo persuadirlos
de que este gobierno es una banda de asesinos. No resulta fácil para mucha
gente entender, y entenderlo de repente, que éste es un régimen corrupto,
criminal. Entenderlo, apoyarnos, denunciarlo, no es fácil porque apenas están
tomando conciencia en este momento. Por eso, no es cierto que ya tengamos a
todo el mundo contra estos criminales. No podemos decir que hemos logrado
realmente atraer todas las fuerzas internacionales que necesitamos, aunque ya
hemos logrado atraer bastantes y eso es ya una fortaleza. Pero para alinear a
los astros internacionales en la dirección correcta debemos hacer muchos más
esfuerzos.
¿Qué puede presionar a Daniel Ortega? Por su experiencia, lo que él respeta únicamente es la correlación de fuerzas. Y no la que se puede expresar en una mesa de diálogo y de negociación. Él sólo es capaz de respetar la fuerza de las masas en movilización. A él le tiene sin cuidado que cuatro o cinco señores le digan “Te tenés que ir”. Por eso, si nosotros no somos capaces de rearticular las correlaciones de fuerzas que se demostraron en las jornadas de abril y mayo, difícilmente él va a negociar. Lo que necesitamos es más movilización en las calles, más tranques, mas barricadas, mas organización barrial, comunitaria, un paro indefinido… Más acumulación de fuerzas para quebrar la política del terror que él nos ha impuesto. Si no logramos ponerle una contraofensiva que le ponga un alto, que revierta esa correlación aparentemente desfavorable para nosotros, basada en el terror, la situación se nos va a volver más complicada. No olvidemos, lo repito, que grandes sublevaciones de la historia han sido también derrotadas.
¿Qué puede presionar a Daniel Ortega? Por su experiencia, lo que él respeta únicamente es la correlación de fuerzas. Y no la que se puede expresar en una mesa de diálogo y de negociación. Él sólo es capaz de respetar la fuerza de las masas en movilización. A él le tiene sin cuidado que cuatro o cinco señores le digan “Te tenés que ir”. Por eso, si nosotros no somos capaces de rearticular las correlaciones de fuerzas que se demostraron en las jornadas de abril y mayo, difícilmente él va a negociar. Lo que necesitamos es más movilización en las calles, más tranques, mas barricadas, mas organización barrial, comunitaria, un paro indefinido… Más acumulación de fuerzas para quebrar la política del terror que él nos ha impuesto. Si no logramos ponerle una contraofensiva que le ponga un alto, que revierta esa correlación aparentemente desfavorable para nosotros, basada en el terror, la situación se nos va a volver más complicada. No olvidemos, lo repito, que grandes sublevaciones de la historia han sido también derrotadas.
Desde los primeros momentos de
abril el pueblo dijo con gran sabiduría las dos cosas que había que hacer: ¡Que
se pare la represión y que se vaya este cabrón! Lo dijo así de sencillo, con
gran sabiduría. El pueblo lo olfateó desde el comienzo y de manera unánime: Que
se vayan ya y que se pare esto. El resto de problemas lo podemos arreglar
después.
Eso, del lado nuestro. Del otro lado, tengamos en cuenta que Daniel Ortega cree que él puede revertir la situación en la que lo hemos colocado. Él así lo cree. Y lo que para mí es más increíble es el énfasis criminal de las opciones que ha tomado para revertirla. Estamos acostumbrados a confrontaciones y a luchas de todo tipo, pero este nivel de criminalidad supera las cosas más terribles que hemos conocido en nuestra historia.
Él va a agotar todos los medios del terror para ver si puede revertir la situación y negociar en condiciones más favorables. Veo esa intencionalidad en la política terrorista que ha desatado. Por eso creo que lo primero que tenemos que hacer es ponernos de acuerdo para parar, para detener esa fuerza represiva, y no sólo por razones éticas, humanitarias, sino para modificar la correlación de fuerzas. Eso es crucial.
Eso, del lado nuestro. Del otro lado, tengamos en cuenta que Daniel Ortega cree que él puede revertir la situación en la que lo hemos colocado. Él así lo cree. Y lo que para mí es más increíble es el énfasis criminal de las opciones que ha tomado para revertirla. Estamos acostumbrados a confrontaciones y a luchas de todo tipo, pero este nivel de criminalidad supera las cosas más terribles que hemos conocido en nuestra historia.
Él va a agotar todos los medios del terror para ver si puede revertir la situación y negociar en condiciones más favorables. Veo esa intencionalidad en la política terrorista que ha desatado. Por eso creo que lo primero que tenemos que hacer es ponernos de acuerdo para parar, para detener esa fuerza represiva, y no sólo por razones éticas, humanitarias, sino para modificar la correlación de fuerzas. Eso es crucial.
El óptimo que debemos alcanzar es el
“todos contra la dictadura”. Es urgentísimo crear una gran unidad que nos lleve
a fortalecer las luchas abajo. Para sentarse a negociar arriba no se necesitan
grandes masas, pero para cambiar correlaciones de fuerzas y alcanzar cambios
profundos que requiere el país sí las necesitamos y las necesitamos luchando,
movilizándose, cada vez más organizadas.
Y para concluir, quiero decirles que
tengo la seguridad de que Ortega está terminado. Tengo la certeza de que es
imposible que nos arrebaten la victoria. Lo que sueño es que nos resulte menos
costoso. Tengo la seguridad de que nunca más podrá haber orteguismo en
Nicaragua y veo muy precarias las posibilidades de que pueda haber un Frente
Sandinista Orteguista en el futuro, aunque sí quiero pensar que los
nicaragüenses seremos capaces de recuperar lo mejor de nuestra herencia, a
Carlos Fonseca, y a la cabeza de ese legado estará Sandino, con todos los
valores de aquel hombre que luchaba por la justicia y que merecía “no sólo ser
oído sino creído” porque no reclamaba para él “ni un palmo de tierra para su
sepultura”.

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