“Que los delitos sexuales sean de lesa humanidad”
Stella Hernández, víctima de violaciones durante la última dictadura, declaró en el marco de la causa Feced III.
12 de septiembre de 2018
Rodrigo Arévalo
La periodista Stella Hernández declaró este miércoles en la causa Feced III y pidió que todos los casos de violencia sexual en los centros clandestinos de detención sean juzgados como delitos de lesa humanidad, tal como sucede en su caso, donde el acusado es el represor Mario “El Cura” Marcote.
Hernández, secretaria de Organización del Sindicato de Prensa de Rosario (SPR), es la tercera vez que declara. En 2010, nombró a Marcote en su declaración en la causa Díaz Bessone, pero el cargo quedó caratulado como un tormento más y no como un delito de lesa humanidad.
En 2011, las abogadas querellantes Gabriela Durruty y Jesica Pellegrini comenzaron una querella particular contra Marcote, que finalmente prosperó. Esta es la primera vez que se juzga un caso de violencia sexual como delito de lesa humanidad en los Tribunales Federales de Rosario.
“No hay grandes diferencias en las condenas, pero como manifestó el movimiento feminista, es una cuestión de llamar a las cosas por su nombre. Es darle una mirada de género”, dijo la abogada Durruty en diálogo con El Ciudadano.
La abogada querellante recordó que Hernández manifestó en su declaración que el hecho de ser mujer era “negativo” en el centro clandestino de detención del ex Servicio de Informaciones (SI), ya que estaba sometida a una violencia mayor que la que se ejercía en los hombres, y el jefe de las torturas consideraba que las mujeres tenían una tolerancia superior al dolor.
Hernández, quien además es secretaria de Comunicación de la CTA de los Trabajadores de Rosario, fue acompañada a los Tribunales por miembros del SPR y otros sindicatos, además de organizaciones de Derechos Humanos y movimientos feministas.
Con el pañuelo verde de la campaña por la legalización del aborto atado a su muñeca izquierda, Hernández llegó a los Tribunales y antes de ingresar a declarar agradeció “el aguante”. Además, dijo que todos estaban “haciendo fuerza para que haya justicia y para que los delitos sexuales sean considerados de lesa humanidad, porque eso son”.
“Es muy duro hacer el esfuerzo de recordar cuando uno intenta sobreponerse para poder seguir con la vida. Pero tomo el valor de hablar por las mujeres que ya no están y por las que aún no pueden hacerlo”, dijo Hernández en su declaración ante el tribunal, que le preguntó si iba a prometer o jurar por alguna de sus convicciones. Y ella respondió: “Juro por la lucha de las mujeres, las de ayer, las de hoy y las de siempre”.
Con precisión narró sus seis meses de detención desde el 11 de enero al 23 de junio de 1977, aportó muchísima información sobre los represores –apodos, nombres y apellidos, situaciones en las que intervinieron–, y las víctimas que conoció o de las que escuchó hablar y, una vez más, acusó a Marcote por violación mientras miraba la pantalla del televisor de la sala que reproducía su imagen, ya que se encuentra preso en Ezeiza.
Hernández militó en la Juventud Peronista desde los 16 años hasta los 19, momento en el que fue detenida. Trabajaba alfabetizando y dando apoyo escolar a los niños de distintas villas de la zona sur de la ciudad, entre ellas, Villa Magnasco. Al salir del cautiverio ingresó en la Facultad de Ciencia Política de la UNR, se recibió de licenciada en Comunicación Social, se desempeñó como periodista en los diarios Democracia y La Capital y jugó un rol de importancia en la Coalición por una Radiodifusión Democrática y en el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual.
Cuando se reabrieron los juicios de lesa humanidad en 2006, reaparecieron testimonios de mujeres que habían sufrido violaciones en los centros clandestinos de detención.
Algunas de esas denuncias, como la de Hernández, ya habían surgido en declaraciones ante la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) y en el Juicio a las Juntas Militares, en 1985, pero no habían sido consideradas como delitos autónomos.
Recién en 2010, se dictó el primer fallo que consideró a las violaciones como delitos de lesa humanidad, en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, que condenó a 11 años de prisión a Horacio Américo Barcos, un ex agente civil de Inteligencia, que falleció en 2012 mientras cumplía su condena en la cárcel de Las Flores de la capital provincial.
Barcos llegó a la causa acusado por el secuestro y torturas contra el profesor Alberto Tur (integrante de Ctera) y su esposa Amalia Ricotti, entre el 15 y el 31 de mayo de 1978.
“Era su especialidad”
Marcote era conocido como “El Cura” en los centros clandestinos de detención porque de su cuello colgaba un gran crucifijo. Hernández lo identificó en sus declaraciones como “un violador serial” y que la violencia sexual “era su especialidad”.
“No quiere decir que los otros no violaban, pero Stella deja en claro que Marcote lo hacía con frecuencia”, dijo a El Ciudadano la secretaria adjunta del SPR, Alicia Simeoni.
Causa demorada
La causa Feced III fue postergada tres veces y finalmente comenzó el 5 de abril pasado. Por esta causa se juzga a 13 policías. También iba a ser juzgado el cura Eugenio Zitelli, pero falleció en marzo pasado.
Zitelli fue capellán del Ejército e iba a ser el primer religioso juzgado en la provincia de Santa Fe por delitos de lesa humanidad durante la dictadura.
Además de Marcote, están imputados Carlos Ulpiano Altamirano, Eduardo Dugour, Julio Héctor Fermoselle, Héctor Oscar Gianola, Daniel González, Ramón Telmo Alcides Ibarra, José Rubén Lo Fiego, Lulio César Nast, Ovidio Marcelo Olazagoitía, José Carlos Antonio Scortechini, Ernesto Vallejo y Ramón Vergara.
La causa tiene 152 víctimas, entre ellas Hernández. Unos 50 testigos ya declararon en los Tribunales Federales desde el inicio del juicio. El tribunal está integrado por Lilia Carnero, Jorge Gallino y Osvaldo Facciano.
El día que Serrat llamó a Estella
Stella Hernández declaró en la causa Feced el mismo día que su ídolo musical Joan Manuel Serrat actuaba en Rosario. Ese día de 2010, envió una carta al representante del cantante catalán, recordando que sus canciones ayudaron a los detenidos a sobrevivir. Tras recibir y leer la carta, Serrat llamó a Hernández.
Según relató en ese momento el periodista de LT8 y Rosario 12 José Maggi, cuando Hernández escuchó el saludo “Hola, habla Juan Manuel Serrat”, sólo atinó a llorar.
“Mi nombre es Stella Hernández, soy de Rosario. El motivo por el que te escribo es para que le transmitas a Joan Manuel Serrat que el día en que cantó en mi ciudad, declaré en la causa por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura en la causa Feced. Y contarle que en mi declaración testimonial como ex presa política lo recordé. Fui secuestrada el 11 de enero de 1977, a los 19 años, en la cárcel clandestina donde estuve, cuando se podía –porque los guardias estaban en sus deleznables ocupaciones– cantaba sus canciones. Canté muchas, muchas veces “Para la libertad”. Era para un compañero muy torturado a quien lo afeitaba otro, porque tenía sus manos insensibles por los tormentos. Él se emocionaba con Miguel Hernández. Quiero decirle a Serrat que él también formó parte de nuestra inmensa capacidad y amor para sobrevivir, lo que nos permitió llegar hoy íntegras al reclamo de justicia”, decía textual la carta de Stella Hernández.
Hernández comentó a sus compañeros del Sindicato de Prensa de Rosario (SPR): “Serrat me dijo que estaba muy conmovido, que sabía que las canciones ayudan en muchas circunstancias difíciles, pero que era muy fuerte leerlo de una sobreviviente. Que me llamaba porque quería escuchar mi voz. Y yo ya no podía de la emoción de escuchar su voz. Un desborde de bondad de un grande que nos ayuda a todos a seguir en esta difícil pero reparadora instancia de Justicia”.
Fuente:ElCiudadano
Una sobreviviente de la dictadura acusó de abuso al "Cura" Marcote
La periodista Stella Hernández, dirigente del Sindicato de Prensa, declaró ayer contra el represor del Servicio de Informaciones.
Por Miguel Pisano
Jueves 13 de Septiembre de 2018
La periodista y dirigente del Sindicato de Prensa Rosario y de la CTA de los Trabajadores, Stella Hernández, declaró ayer durante como sobreviviente y víctima de abuso sexual contra el represor Mario el Cura Marcote, en el marco de la causa Feced III, que investiga los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado durante la dictadura cívico militar en Rosario, que se instruye en el Tribunal Federal Nº2 de nuestra ciudad.
"Es muy duro hacer el esfuerzo de recordar cuando una intenta sobreponerse para poder seguir con la vida. Tomo el valor de hablar por las mujeres que ya no están y por las que aún no pueden hacerlo", confió Hernández en el comienzo de su declaración.
Cuando le preguntaron si iba a jurar o prometer por alguna de sus convicciones, respondió: "Juro por la lucha de las mujeres, las de ayer, las de hoy y las de siempre".
Con precisión, Stella narró sus seis meses de detención (del 11 de enero hasta el 23 de junio de 1977), aportó muchísima información sobre los represores (apodos, nombres y apellidos, situaciones en las que intervinieron) y las víctimas que conoció o de las que oyó hablar y, una vez más, acusó al represor Mario Cura Marcote por violación, mientras miraba la pantalla del televisor de la sala que reproducía su imagen y la de el Ciego Rubén Lofiego, ambos presos en Ezeiza.
Hernández, quien entonces era una adolescente que militaba en la JP (Juventud Peronista), al momento de su detención trabajaba alfabetizando y dando apoyo escolar a los niños de villas de la zona sur, entre ellas Villa Magnano, y permaneció detenida desaparecida en el centro clandestino que funcionaba en el Servicio de Informaciones de la entonces Jefatura de Policía, en la esquina de San Lorenzo y Dorrego.
Tras salir del cautiverio estudió comunicación social, se desempeñó como periodista en los diarios Democracia y La Capital y jugó un rol de importancia en la Coalición por una Radiodifusión Democrática y en el organismo creado por la ley de servicios de comunicación audiovisual Nº 26.522: el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual, en representación de los trabajadores.
La secretaria de Organización del SPR y de Comunicación de la CTA declaró ayer por tercera vez y acusó nuevamente a Marcote de abuso sexual. Se trata del primer testimonio de una víctima de este tipo de agresión perpetrado en la dictadura, que será juzgado como crimen de lesa humanidad, es decir perpetrado por un agente estatal y con el apoyo y la impunidad del mismo Estado argentino.
"La audiencia de hoy tiene una importancia meridiana porque es la primera vez que se juzga la violencia sexual contra las mujeres como delito de lesa humanidad en esta jurisdicción y en la que el represor Mario Alfredo Marcote está imputado", declararon ayer fuentes del Sindicato de Prensa a La Capital.
"Durante dos horas la voz de la compañera se escuchó tan serena como firme a la hora de relatar la perversidad de policías, militares y civiles durante su cautiverio en el Servicio de Informaciones", abundó un vocero del gremio.
Fuente:LaCapital
13 de septiembre de 2018
Stella Hernández, dirigente del Sindicato de Prensa, declaró en Feced 3
El plus de castigo por ser mujeres
La sobreviviente del centro clandestino de detención SI dijo que Mario Marcote era el “violador serial” del lugar, recordó a compañeras desaparecidas y subrayó el carácter sistemático de las vejaciones sufridas, aunque no todas puedan declararlas.
Stella Hernández dijo que fue sororidad lo que ejercían con sus compañeras de cautiverio.
“Ser mujer en un centro clandestino de detención es un plus negativo: a todos los tormentos hay que sumarles el ataque y la violencia sexual, las violaciones, la desnudez ordenada. Había un ensañamiento particular con las mujeres”. Con el pañuelo verde atado a la muñeca, Stella Hernández, secretaria de Organización del Sindicato de Prensa de Rosario (SPR) y de Comunicación de la CTA de los Trabajadores Rosario, declaró ayer por tercera vez en un juicio de lesa humanidad. Esta vez, fue en el marco de la causa Feced III, donde además se juzga por primera vez la violencia sexual ejercida por represores durante la última dictadura militar. “Este pañuelo además de ser un símbolo es la síntesis de la lucha y resistencia de las mujeres en los sótanos, durante la dictadura militar”, dijo. La querellante acusó a Mario “el Cura” Marcote, como el “violador serial”, del Servicio de Informaciones (SI), quien abusó de ella la primera noche de su detención, que duró seis meses. Antes de iniciar su declaración dijo que lo hacía por la lucha de las mujeres de hoy, de ayer y de siempre: “La palabra sororidad, aplica muy bien, porque nos cuidábamos entre nosotras para sobrevivir”. Y también se refirió al presente: “Este gobierno fue elegido por democracia, pero cada vez tiene más prácticas parecidas a las de la dictadura”. La acompañaron militantes de derechos humanos, miembros del SPR y la ministra de la Corte Suprema de la provincia, María Angélica Gastaldi.
Stella declaró por primera vez a fines de 2010, en la causa Feced I. En aquel entonces contó los abusos y pidió que los delitos sexuales fueran tomados por la justicia como figura autónoma en la batería de delitos. Casi ocho años después, se presentó ayer frente a los jueces Lilia Carnero, Eugenio Martínez y Anibal Pineda y con entereza relató los hechos de aquellos años, desde su detención, el 11 de enero de 1977, cuando tenía 19 años recién cumplidos y fue empujada al asiento trasero de un auto. En aquella oportunidad también fue detenido quien era su novio, Carlos Arroyo, y otros familiares que fueron liberados ese mismo día.
En su relato nombró a toda la patota. Dijo que algunos estuvieron durante la detención, otros en el traslado y la mayoría en el SI, que bajaban al sótano donde estaban las mujeres y en las salas de tortura. Tanto ella como la testigo anterior, Ana María Moro, hablaron de la perversión de los represores que “vivían ahí”. Stella describió que cuando llegaron los hicieron poner en hileras y los golpeaban, que durante el traslado iban “tirando tiros”. “Nos preguntaban cuál era nuestro nombre de guerra y yo decía que ninguno, hasta que dije que mi nombre era Stella”. Más adelante reveló que antes de ser liberada, en junio de ese año, se lo volvieron a preguntar y ella repitió “no tengo”, pero el “juez militar” le dijo que figuraba “Estela, con E”.
Cuando la encarcelaron “tenía 19 años”. “No conocía tanta crueldad. Hasta nos gatillaban en la cabeza”, dijo. También contó la atrocidad de su primera noche allí: “Me fue a buscar Marcote con Carlitos ‘el joven’ y pensé que me interrogarían. En una pieza, el Cura me hizo desnudar y me violó”, estremeció. También relató la falta de atención y que terminó tomando agua del inodoro cuando no daba más de la sed. Luego del abuso se le acercó Ricardo Chomicky, uno de los colaboradores. “Me preguntó si quería denunciar a Marcote con Guzmán Alfaro, el jefe y yo le dije que sí, de ingenua, cuando todos sabían que Marcote era el violador serial, pero dije que sí. Me llevaron a hablar con Guzmán Alfaro, me sacó la venda y me hizo contar, lo llamó al Ciego (por José Lo Fiego) y le dijo que llame al Cura, lo trajeron para que yo diga si era él y dije que sí. Me dijeron que lo iban a sancionar. Fue una parodia perversa”, lamentó.
La querellante agregó que las violaciones “no fueron denunciadas por todas las mujeres que las padecieron. Es difícil hacerlo. Por eso hablo por las que no pueden o están muertas. Los abusos no era excepcionales, sino que eran la regla”, aseguró.
Contó que en el sótano del SI cantaban canciones de Serrat. “Nos teníamos para nosotras, cantábamos cuando podíamos, porque todo podía ser para castigo”, rememoró. Un mes después de su secuestro, fue trasladada con otras detenidas a la Alcaidía.
Stella habló también de Marisol Pérez, que está desaparecida, y con quien compartió cautiverio en el sótano. La joven estaba desesperada para que su familia supiera dónde estaba su hijo Andrés, de un año. Ella se lo había dejado a un matrimonio amigo el mismo día de su secuestro. Cuando le dijeron que tenía que subir a ver al juez militar, Stella abrazó a Marisol y le dijo que tenía miedo, pero la compañera la tranquilizó y le dijo que no pasaría nada. “Este juez me interrogó sobre banalidades y me pasaba la picana por el cuerpo y la cara. Me preguntaba si sabía lo que era un telo”, dijo también para marcar los tormentos especiales contra las mujeres. Otro ejemplo fue cuando el oficial principal Carlos Altamirano, alias Caramelo, le preguntó tiempo después de la violación si le había venido la menstruación, para plantarle la duda sobre un posible embarazo. “Era sadismo”, dijo.
Cuando llamaron a Marisol, días después, para que subiera, Stella recordó que ella pidió que le vendaran los ojos. Luego le dijeron que su compañera sería trasladada y ella le preparó una bolsa con su vestido y los lentes. Antes de que Marisol se fuera, ella le dijo que no le iba a pasar nada. “Pero ella estaba convencida de que la matarían”, lamentó y le pidió a los represores, que miraban desde los monitores de Ezeiza, que dijeran dónde están sus restos. Stella también declaró que Lo Fiego “llevaba registro y decía que las mujeres aguantaban más con la picana”.
Fuente:Rosario12





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