8 de octubre de 2018

ESPECIAL BRASIL - 2º Parte.

Brasil quedó al borde del fascismo
7 octubre 2018
El candidato de ultraderecha se impuso en la primera vuelta con un impactante 46,7 por ciento de los votos, pero deberá enfrentar en ballotage a Fernando Haddad, del PT, que logró el 28,4. De cara a la segunda vuelta del 28 de octubre, el capitán Bolsonaro dio un discurso con tono militar y dijo que “sólo faltan tres semanas para la victoria final”.
Más de 49 millones de votos obtuvo el ultraderechista Jair Bolsonaro, que se impuso con un 46,18 por ciento las elecciones presidenciales celebradas hoy en Brasil. Con el 98 por ciento de las urnas escrutadas, Bolsonaro quedó al borde de una victoria en primera vuelta, para lo que necesitaba el 50 por ciento de los votos.
En segundo lugar, con 29,07 por ciento, quedó Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT) y escogido candidato en sustitución de Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue arrestado y proscripto para la elección.
Como Bolsonaro, el postulante xenófobo, misógino, homofóbico y apologista de la dictadura militar, no logra superar la barrera del 50 por ciento, definirá las elecciones en una segunda vuelta el próximo 28 de octubre frente a Haddad, quien aparece muy distanciado del tercero, el laborista Ciro Gomes, que se quedó con un 12,49 por ciento.
“No deja de ser una gran victoria”, dijo  Bolsonaro en una transmisión en vivo desde su casa, donde permanece en reposo tras se acuchillado el pasado 6 de septiembre, cuando fue acuchillado durante un acto político. El candidato conocido como “el Trump brasileño” pidió a sus seguidores que “continúen movilizados”, pues la “victoria final” será el próximo 28 de octubre.
“No teníamos grandes personalidades, no teníamos una gran estructura, somos un partido muy pequeño y estuve hospitalizado unos 30 días”, se victimizó. Y, por eso, consideró el de hoy como “un gran triunfo”, en referencia a los casi 50 millones de votos que le respaldaron, frente a los cerca de 30 millones (28,3 por ciento) que logró Haddad.
“Ganamos en casi todas las regiones del país y perdimos sólo en el nordeste”, declaró Bolsonaro, quien reconoció que esa zona del país es un fortín del Partido de los Trabajadores (PT), que postuló a Haddad tras la inhabilitación de Lula da Silva. Ahora, para Bolsonaro, la “misión” es que “ese pueblo trabajador del nordeste se libere de las mentiras del PT, que hace un verdadero terrorismo contra la gente más humilde de nuestro Brasil”.
“No queremos de vuelta a ese tipo de gente, que es lo peor que hay en la política. Hundieron al país en la más profunda crisis económica, moral y política y no podemos dar otra vez un paso a la izquierda”, manifestó en referencia al candidato por el PT, y agregó que Brasil “no puede seguir flirteando con el comunismo”.
También aseguró vía Twitter: “Hoy elegimos Senadores y Diputados que defienden nuestras banderas por todo el país. Día 28 sellaremos esa victoria en la segunda vuelta, incluso con todo el sistema trabajando en contra. ¡Gracias a todos por la confianza! ¡Falta poco para finalmente cambiar los rumbos de Brasil!”
Aun con la enorme diferencia en las elecciones de hoy, Bolsonaro alertó a sus seguidores de que “la segunda vuelta no será fácil”, y que continuará en campaña con “la verdad por encima de todo y con Dios como líder, siempre orando”. Pero sobre todo, declaró una absoluta confianza y pidió a quienes respaldaron en las urnas hoy sus propuestas que “continúen movilizados” porque “ahora sólo faltan tres semanas” para la “victoria final”.
Breno Altman: “Debatir la agenda económica es el camino para derrotar a Bolsonaro”
Fundador de Opera Mundi evalúa que la ausencia del candidato del PSL de los debates puede haber cambiado la dinámica de la campaña
Por Juca Guimarães7 de octubre de 2018
Las grandes cuestiones nacionales fueron los temas centrales de las campañas en los procesos electorales desde 1989. Sin embargo, esta tendencia se interrumpió en las elecciones de este año.
El tiempo más corto de campaña, la falta de profundización de las propuestas y del contenido de los programas de gobierno y la ausencia del candidato Jair Bolsonaro en los debates cambiaron la dinámica de la campaña. Y eso confundió al electorado.
La opinión es del periodista Breno Altman, fundador y director editorial de la Ópera Mundi, que fue entrevistado por Radio Brasil de Fato y analizó cómo el bolsonarismo, con su carácter neofascista, se comportó en la campaña.
De acuerdo con el periodista, el candidato del PSL se aprovechó de un sentimiento de desilusión de los votantes con el sistema político para asumir una falsa postura de antisistema y anticorrupción.
La maniobra de insistir en la tecla de la anticorrupción y del anti-PT también sirvió para desviar la atención hacia el programa bolsonarista y sus propuestas antipopulares. Por otro lado, este puede ser el punto fuerte a ser explotado contra el Bolsonaro en la disputa de la segunda vuelta.
“Fernando Haddad necesita forzar el debate para sacar de él esa construcción de que él es el antisistema. Él es el candidato más duro del” supersistema “. Hay que ir al centro de la discusión, y el centro de la discusión es la agenda económica y social “, apunta Altman.
Para el periodista, la lucha contra la corrupción fue una especie de estopismo creado para movilizar a la población, principalmente a partir de 2013, con apoyo de los medios, con el objetivo de formar un sentimiento antipetista. N
En ese sentido, “el odio al PT fue una operación de laboratorio”, que estalló con el golpe de 2016, orquestado por los medios y la burguesía contra el modelo de gobierno progresista de Dilma Rousseff. El subproducto de esta estrategia, que el bloque centro derecho imaginaba tener bajo control, fue el surgimiento de la ultra derecha que estaba fuera de su rayo de hegemonía.
“Las oligarquías creían que podrían controlar el Bolsonaro, pero no el PT, quien desató la radicalización la lucha de clases en Brasil fue la burguesía, y ahora ellos no saben qué hacer con ese monstruo que está ahí”, dijo Breno Altman.
Edición: Pedro Ribeiro Nogueira
Ciro Gómez, tercero en la elección, dijo que luchará “contra el fascismo” y apoyará la candidatura de Haddad
Resumen Latinoamericano, 7 octubre 2018
El candidato laborista Ciro Gomes, que quedó tercero en las elecciones presidenciales de hoy en Brasil, afirmó que continuará luchando contra el “fascismo”, pero no aclaró si apoyará al progresista Fernando Haddad en la segunda vuelta que se celebrará el 28 de octubre. “Continuaré luchando en defensa de la democracia y contra el fascismo”, subrayó el candidato tras conocer los resultados de las urnas, en las que obtuvo el 12,5 por ciento de los votos este domingo.
Gomes aseguró que en los próximos días definirá su apoyo para la segunda vuelta, pero adelantó que no respaldará la candidatura del ultraconservador Jair Bolsonaro, que se impuso en la primera vuelta con el 46,4 por ciento de votos, frente al 28,7 por ciento que obtuvo el sucesor del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva como candidato del Partido de los Trabajadores (PT).
“Él no, sin duda”, aseguró el abanderado del Partido Democrático Laboral (PDT) en referencia a un eventual e improbable apoyo a Bolsonaro, polémico por un historial de declaraciones machistas, racistas y homófobas.
Bolsonaro y Haddad se medirán en la segunda vuelta el próximo 28 de octubre, dado que ninguno de los candidatos obtuvo este domingo más del 50 por ciento de los votos.
El laborista, exministro de Lula y quien disputó con Haddad los votos de la izquierda en esta elección, afirmó que recibe con “angustia y preocupación” la división política del país, en medio de la polarización entre Bolsonaro y Haddad.
Nordeste garantiza a Fernando Haddad (PT) en la segunda vuelta contra Jair Bolsonaro
De los nueve estados de la región, Haddad ganó en ocho; Ciro Gomes (PDT) venció en Ceará
Por Leonardo Fernandez7 de octubre de 2018 
Jair Bolsonaro alcanzó el 46,33% de los votos válidos y Haddad, el 28,85%. Ciro Gomes (PDT) es el tercer puesto, con el 12,51% de los votos, seguido de Geraldo Alckmin (PSDB), con el 4,79%. Votos blancos llegaron a 2,67%, nulos 6,11% y la abstención quedó en el 20,33% entre los votantes aptos a votar.
La región Nordeste fue la que más dio votos al candidato petista. De los nueve estados de la región, Fernando Haddad ganó en ocho, habiendo perdido solamente en el estado de Ceará, donde Ciro Gomes se mantuvo en el liderazgo. “El Nordeste ha sido la vanguardia de la política brasileña, porque puede salvar a Brasil de tener un fascista en la Presidencia de la República”, analiza el científico político Francisco Fonseca.
Según Sérgio Amadeu, sociólogo y profesor de la Universidad Federal del ABC (UFABC), no es una sorpresa que, ante la fuerte concentración de los medios de comunicación en manos de la elite esclavócrata, un candidato con rasgos fuertemente autoritarios gane fuerza en esas elecciones. “En la historia de la política brasileña, usted tiene un electorado extremadamente autoritario. “Hay que recordar que ese es el país que intentó matar a los negros y blanquear a la nación”, apuntó.
Para el jurista Pedro Serrano, nuevas formas de autoritarismo han ganado espacio en muchos países, con cierto ropaje democrático, lo que también ayuda a explicar el alto índice de votación del candidato de la extrema derecha. “Nosotros vivimos una nueva forma de autoritarismo en el siglo XXI. No son gobiernos y estados de excepción, sino de un autoritarismo líquido, disperso, y que implica medidas de excepción en la democracia”, dice Pedro Serrano.
De acuerdo con Fonseca, la polarización debe intensificarse en la segunda vuelta electoral por el perfil de los dos candidatos. “Esa elección coloca en lados opuestos barbarie y civilización. Bolsonaro es el candidato de los grandes empresarios, antipopular y que siempre ha votado contra los trabajadores”.
El periodista Paulo Moreira Leite criticó la ausencia del candidato del PSL en los debates electorales, y destacó la importancia de la segunda vuelta para la discusión de proyectos. “Vamos a ver si el Bolsonaro va a participar en algún debate en la segunda vuelta. Porque él es un candidato débil. No es una cuestión de concordar o no con las ideas de él, pero lo único que él articula bien son los propios prejuicios “.
Otro periodista, el fundador del sitio Opera Mundi, Breno Altman, afirmó que estará en manos de la candidatura petista, promover un debate programático, obligando a Bolsonaro a posicionarse. “Fernando Haddad necesita forzar el debate para sacar de él esa construcción de que es el antisistema. Él es el candidato más duro del ‘supersistema’. “Hay que ir al centro de la discusión, y el centro de la discusión es la agenda económica y social”, afirmó.
Edición: Daniel Giovanaz
“Brasil nos recuerda que toda lucha pasada es una lucha presente” afirma investigador Oscar Lloreda


08.10.2018 –

El investigador venezolano Oscar Lloreda advirtió este domingo que las elecciones presidenciales en Brasil no definen únicamente el próximo “gobierno, sino la propia existencia de lo político, entendido como un acto disensual que expone, visibiliza y posibilita las diferencias sin anularlas”.
Lloreda, quien actualmente coordina en Venezuela el Observatorio Geopolítico de América Latina y el Caribe, afirma que las coordenadas tradicionales de “izquierda-derecha” utilizadas tradicionalmente para comprender el juego político, serían “insuficientes” para analizar la actualidad brasileña y, en particular, la emergencia del candidato favorito según las encuestas, Jair Bolsonaro.
Siguiendo su argumento, Lloreda identifica una línea de continuidad entre Bolsonaro y Temer, quienes compartirían una “matriz colonial de relación con el otro, cuya resolución es la aniquilación, exclusión o subordinación de las diferencias”, lo cual se evidencia en un discurso “profundamenre discriminatorio y excluyente”. Explica que se trata de una “imposición violenta” del consenso que, en su opinión, “no pretende conservar sino restaurar”.
En ese sentido, “el de Bolsonaro, más que un movimiento conservador tradicional, es un movimiento retrógrado que busca reinstalar sistemas de pensamiento, instituciones y prácticas inexistentes e irreconocibles en el Brasil post-dictadura militar”, afirma.
Lloreda considera que se encuentra en riesgo tanto el ejercicio de lo político como la democracia y qué, por tal razón, “el correlato, la antítesis de Bolsonaro, no es sólo el Brasil de Lula, sino el Brasil que con tantas dificultades, avances y retrocesos, ha intentado construir un camino democrático al menos desde los años ochenta”.
Más allá del resultado de este domingo y el próximo balotaje, el debate para Lloreda está atravesado por el establecimiento de ciertos criterios que den cuenta del “fenómeno Bolsonaro, esto es, ofrecer una lectura adecuada del Brasil actual y de la población que le acompaña y le vota, incluso al poner en riesgo sus propios derechos”. Advierte la necesidad de realizar este análisis tomando en cuenta “el amplio y sobretodo diverso espacio político que se le opone” a Bolsonaro.
Su análisis de la política brasileña le hace pensar la “urgencia de articular una lucha política que trascienda el proyecto del PT y sus aliados” encaminada a fortalecer la “capacidad de acción, organización y movilización autónoma de los movimientos sociales y organizaciones de base, cuya actuación fue, en cierta medida, contenida, institucionalizada y subalternizada durante los gobiernos del PT”.
En ese sentido, señala la necesidad de un ejercicio de “democratización y dialogo entre las fuerzas que se oponen al proyecto Temer-Bolsonaro, liderado por el PT y Lula, pero con una base popular más amplia y movilizada a favor del retorno de la democracia en Brasil”.
Finalmente, Lloreda resalta que quizás  quienes han logrado explicar mejor esta situación han sido los movimientos y organizaciones feministas de Brasil con la campaña “#Elenão”, a través de la cual han “identificado y visibilizado con mayor claridad los gestos que desde el poder se manifiestan contra derechos arduamente disputados y alcanzados en las últimas décadas”.
Su idea final es tan contundente como programática: “No existe derecho sin lucha permanente”. Para el investigador, “los posicionamientos de Bolsonaro y sus allegados, demuestran que los derechos adquiridos son siempre contingentes, y que el principio de progresividad solo está vigente cuando beneficia al sistema-mundo hegemónico”. Por esta razón, Lloreda señala que esta es una de las “mayores enseñanzas de los tiempos que corren en el continente: sin organización y sin lucha, nada evita el retorno del pasado. Toda lucha pasada es una lucha presente”.
Los diferentes planes económicos de Haddad y Bolsonaro
Por André Moreira Cunha y Andrés Ferrari Haines /7 de octubre 2018
Uno propone al Estado como activador, el otro lo ve como el problema y propone un ajuste peor que el actual, con una fuerte quita de derechos laborales y una promesa clara de reprimir las protestas sociales.
En la víspera de estas elecciones, la economía brasileña sigue estancada. Luego de una de sus más fuertes recesiones de su historia, cuando cayó un diez por ciento entre fines de 2014 y mediados de 2016, y dejó una tasa de desempleo de más del doce por ciento, se espera que crezca poco más de uno por ciento este año, repitiendo el pobre desempeño de 2017. La situación fiscal es preocupante con un déficit nominal de 7,5 por ciento del PBI, y la deuda pública está en en 77 por ciento del PBI, en términos brutos. Así, los futuros presidente y gobernadores de los estados tendrán poco espacio para implementar políticas públicas. Positivo, sólo que la inflación parece estar controlada en alrededor del cuatro por ciento anual, y que el sector externo muestra un déficit en cuenta corriente del balance de pago del uno por ciento del PBI, combinado con un elevado monto de reservas internacionales.
Vistos aisladamente, sin embargo, estos datos macroeconómicos reflejan un cuadro difícil pero reversible en condiciones normales, si Brasil volviese a crecer. El gran problema es que el país dejó de funcionar de un modo normal. En el Congreso Nacional, las disputas partidarias parecen haber pulverizado la posibilidad de llegar a acuerdos que garanticen estabilidad en los mandatos. En un país que se ha polarizado como nunca,estos impactos se sienten en lass instituciones que deberían quedar al margen de estas disputas. El antiguo dicho popular “para los amigos, todo, para los enemigos la ley”, manifestándose en interpretaciones subjetivas de leyes y procesos judiciales, pareciera estar más vivo que nunca. Económicamente, esto impacta paralizando el funcionamiento del sector público e inhibe al privado en llevar adelante obras de infraestructura esenciales para el crecimiento.
Los dos candidatos que parecen que definirán el pleito electoral manifiestan visiones y soluciones para la economía diametralmente opuestas. Por un lado, el diputado nacional Jair Bolsonaro, ex capitán del ejército, expresa la insatisfacción popular con “todo eso que está ahí”. Asesorado por un financista ultraliberal, su programa de gobierno y sus declaraciones no dejan dudas: se trata de achicar drásticamente al Estado reduciendo su prestación de servicios públicos -en especial educación, salud y jubilaciones, áreas de rentabilidad potencial para el sector privado-, una masiva privatización de empresas estatales y reducción de costos para el sector privado. También en su agenda está la flexibilización laboral y el recorte de derechos del trabajo (aguinaldo, vacaciones), contener aumentos salariales y una reforma tributaria. En suma, sería la radicalización y profundización de las reformas promercado de los 90 que fueron retomadas por el actual gobierno Temer a partir de 2016.
Por otro lado, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), apunta a retornar las políticas de inclusión social de la época de Lula y de inversiones públicas. Considera que los problemas fiscales sólo se resolverán con nuevo crecimiento, a partir de estímulos a la demanda privada y del gasto público, financiada por los bancos públicos y el uso parcial de reservas internacionales. Además, pretende una nueva matriz tributaria que alcance a los segmentos más ricos y eliminar el “techo de gastos” implementado por Temer. Reformas estratégicas en las jubilaciones y leyes laborales demandadas por el sector privado, especialmente el mercado financiero, posiblemente se implementarían en forma atenuada y preservándose los derechos consagrados en la Constitución de 1988.
Detrás de estas agendas económicas se encuentran dos visiones de Brasil: Una sugiere que el Estado es la fuente de problemas como la corrupción y falta de crecimiento; la otra entiende que los problemas estructurales de pobreza, desigualdad y falta de dinamismo del sector privado sólo pueden ser resueltos a través de la actuación activa del Estado. De otra forma, también definen el interrogante histórico de Brasil sobre si será uno de los países con peor distribución de riqueza en el mundo, o si avanzará en convertirse en una sociedad con consumo de masa.
Ambos candidatos, caso triunfen, también abren interrogantes sobre si serían viables. Haddad puede sufrir un rápido desgaste si no consigue el retorno de los “buenos tiempos”, sobre todo ante un marco internacional desfavorable, un Congreso hostil y una sociedad dividida. Bolsonaro sugiere una trayectoria y retórica poco democrática y tendrá que enfrentar resistencias a la eliminación de derechos sociales y alteraciones tributarias. Además, aun lográndolo, tendría que lidiar con los efectos del crecimiento explosivo de pobreza y desigualdad.
Las medidas económicas de Bolsonaro parecen ser rechazadas por la mayor parte de la sociedad, ya que el gobierno Temer las viene adoptando no sin fuerte oposición y no han generado crecimiento. Sin embargo, no parece afectar su fuerza electoral. Por otro lado, el PT, pese a estar identificado con la protección de los derechos sociales y de los más pobres, sufre rechazo en todas las clases sociales. Esta paradoja podría explicarse por medio de encuestas de opinión, como una reciente de Datafolha, que reflejan que las personas parecen estar decidiendo su voto en base a una emoción –sobre todo, rabia, miedo y frustración– fuertemente impactada por redes sociales que difunden verdades, mentiras e dudosas interpretaciones. Bajo este contexto, el debate económico racional queda al margen de las discusiones políticas, y el debate de problemas reales ya no se debaten en torno a beneficios y costos de diferentes alternativas.
* Profesores de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil.
Nace un monstruo
Por Atilio A. Boron, Resumen Latinoamericano, 7 octubre 2018
En una taberna maloliente de los barrios bajos del Munich de la primera posguerra un cabo desmovilizado del ejército imperial austriaco –fracasado como pintor y retratista- trataba de ganarse la vida apostando con los borrachos del local a que no lograban acertarle sus escupitajos desde una distancia de tres metros. Si los esquivaba, ganaba; cuando no, debía pagar. Entre una y otra tentativa vociferaba tremendos insultos antisemitas, maldecía a bolcheviques y espartaquistas y prometía erradicar de la faz de la tierra a gitanos, homosexuales y judíos. Todo en medio de la gritería descontrolada de la clientela allí reunida, pasada de alcohol, y que repetía con sorna sus dichos mientras le arrojaban los restos de cerveza de sus copas y le tiraban monedas entre insultos y carcajadas. Años después, Adolfo Hitler, pues de él estábamos hablando, se convertiría, con esas mismas arengas, en el líder “del pueblo más culto de Europa”, según más de una vez lo asegurara Friedrich Engels. Quien en esos momentos -años 1920, 21, 23- era motivo del cruel sarcasmo entre los parroquianos de la taberna resucitaría como una especie de semidiós para las grandes masas de su país y la encarnación misma del espíritu nacional alemán.
Salvando las distancias algo parecido está ocurriendo con Jair Bolsonaro, quien encabeza cómodamente las encuestas de la primera vuelta de la elección presidencial de Brasil. Sus exabruptos reaccionarios, sexistas, homofóbicos, fascistas y su apología de la tenebrosa dictadura militar brasileña del 1964 y sus torturas provocaban generalizada repulsa en la sociedad. En el mejor de los casos lo consideraban tan sólo un bufón, un hazmerreír nostálgico de los tiempos del régimen que se abatió sobre el Brasil entre 1964 y 1985. Por eso, durante dos años su intención de voto nunca superó el 15 o 18 por ciento. Las encuestas de las últimas dos semanas, sin embargo, muestran un espectacular crecimiento de su candidatura. La más reciente le asigna un 39 por ciento de intención de voto. Sabemos que hoy las encuestas de opinión pública tienen enormes márgenes de error; también que pueden ser operaciones mediáticas de la burguesía brasileña dispuesta a instalar en Brasilia a cualquiera que impida el “retorno del populismo petista” al poder. Pero también sabemos, como lo afirma una nota reciente de Marcelo Zero, en Brasil, que la CIA y sus aliados locales han desatado una apabullante avalancha de “fake news” y noticias difamatorias de los candidatos de la alianza petista que encontró un terreno fértil en las favelas y barriadas populares de las grandes ciudades de ese país. (“Tem dedo da CIA nas eleicoes do Brasil”, en www.brasil247.com)
Esos sectores fueron sacados de la pobreza extrema y empoderados por la gestión de Lula y Dilma. Pero no fueron educados políticamente ni se favoreció su organización territorial o de clase. Quedaron como masas en disponibilidad, como dirían los sociólogos de los años sesenta. Quienes sí los están organizando y concientizando son las iglesias evangélicas con quienes se ha aliado Bolsonaro, promoviendo un discurso conservador duro, hipercrítico del “desorden” causado por la izquierda en Brasil con sus políticas de inclusión social, de género, de respeto a la diversidad, a los LGBTI y su “mano blanda” con la delincuencia, su obsesión por los derechos humanos “sólo para los criminales.” Uno de sus recursos para atraer a los favelados a la causa de la derecha radical es mandar supuestos encuestadores para preguntarles si les gustaría que a su hijo José le cambiaran de nombre y le llamaran María, para exacerbar la homofobia. La respuesta es unánimemente negativa, e indignada. La prédica del ex capitán sintoniza nítidamente con ese conservadorismo popular hábilmente estimulado por la reacción. En ese clima ideológico sus escandalosos y violentos disparates, como los de Hitler, decantan como un razonable sentido común popular y podrían catapultar a un monstruo como Bolsonaro al Palacio del Planalto que, como dato adicional habría que recordar que le prometió a Donald Trump autorizar la instalación de una base militar de EEUU en Alcántara, en el estratégico promontorio del Nordeste brasileño que es el punto más cercano entre las Américas y África, cosa a la que se negaron los gobiernos petistas. Si llegase a triunfar sería el comienzo de una horrible pesadilla, no sólo para el Brasil sino para toda América Latina.
Envío:ResumenLatinomaericano

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