27 de diciembre de 2018

Nuevas muestras de reconocimiento a la dignidad y ética de Osvaldo Bayer /El viernes despedida colectiva

Nuevas muestras de reconocimiento a la dignidad y ética de Osvaldo Bayer /El viernes despedida colectiva
Homenaje póstumo:
Viernes 18 hs. Homenaje a Osvaldo Bayer . Plaza Alberti de Arcos y Roosvelt, Ciudad de Buenos Aires.

Osvaldo

Por Oscar Castelnovo/APL)
A Osvaldo le gustaba reivindicar las belleza y libertad femeninas, incluida la sexual, cuando el feminismo no había irrumpido con la fuerza de los últimos años. Recuerdo un cuadro de Marlene Dietrich en “El Tugurio”, donde me contó que le llevaba flores dos veces al año en Alemania y del romance de Marlene y Greta Garbo. Lo narró efusivo, alegre de que hubiese sucedido: “¡Que dúo!”, exclamó con mirada pícara. También le pregunté si pensaba en su muerte. Me dijo -sereno – que la esperaba con serenidad. Tenía 82 años.
Acudí otras veces a “El Tugurio”, nombre que le puso a su casa de Belgrano, a hacerle una nota o a pedirle que venga a presentación de “Intensidades de mujer”, libro que realizamos con 19 chicas presas en Ezeiza. Ni lo dudó, estuvo en el Hotel Bauen con toda su solidaridad y se movió como pez en el agua entre aquellas mujeres que el Servicio Penitenciario Federal dejó asistir a la presentación de su producción literaria.
Varias veces fui con Osvaldo a ver a los presxs políticos, especialmente a los de La Tablada, allá por los años ’90, cuya libertad reclamó invariablemente. Después íbamos a un bar cercano. Era imposible estar con Bayer y no aprehender de su descomunal sabiduría: periodismo, política, la vida. De su amor por los mapuches, de su odio al genocida Roca. De su reivindicación de Severino Di Giovanni, quien murió fusilado y gritando “¡Viva la anarquía!”. De Kurt Wilckens, quien ajustició al teniente coronel Héctor Benigno Varela, asesino de obreros en La Patagonia. De Simón Radowitzky quien ajustició al coronel Falcón, otra matador de trabajadores.
De él aprendí que en las entrevistas que realizan los medios hegemónicos hay que hablar de lo que uno quiere y no de dejarse llevar como oveja pal’ corral. Me enseñó algunas “técnicas” que jamás olvidaré y, por caso, las retransmito a las madres cuyos hijxs fueron asesinados por el gatillo fácil.
Y entre todas las dimensiones admirables de Bayer, me subyugó la de polemista. Hizo trizas a Álvaro Abós cuando éste intelectual cuestionó la violencia insurgente de los ’70. También arrasó a Mempo Giardinelli quien le impugno a Osvaldo la idea de “Matar al tirano”. Y demolió a Ernesto Sábato, una y otra vez, impulsor de la “teoría de los dos demonios”. Pasó un tiempo y me extrañó que dejara de “pegarle” a Sábato, y cierto día le pregunté qué había pasado. “Ya está viejo, no puede defenderse”, me respondió, cuando Osvaldo andaba por los 82. Bayer partió ayer, es cierto, pero su ética que no conoce corrupciones sigue viva entre nosotros. Para siempre.
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Los/as familiares, amigos/as y expresos/as de La Tablada, queremos expresar nuestro profundo dolor por la muerte de Osvaldo Bayer. Abrazamos con el corazón a sus familiares, amigos y a los miles y miles de compañeros que hoy comienzan a extrañar su solidaridad inquebrantable y su compromiso incansable. Osvaldo estuvo desde un principio luchando por verdad y justicia en nuestra causa, y como con tantas otras, no se calló y fué de las primeras voces en acompañarnos. Querido Osvaldo nos regalaste el ejemplo de aquellos anarquistas comprometidos con los trabajadores y el pueblo todo para que los tengamos en el horizonte, hoy te sumás a ellos, siempre serás un ejemplo de revolucionario consecuente y de intelectual honesto. Hasta la victoria compañero.

Carta del hijo de Osvaldo Bayer
Resumen Latinoamericano, 26 diciembre 2018
Nuestro viejo
Hace semanas que Osvaldo tenía necesidad de partir. No aguantaba no estar haciendo nada, sentado en su casa en el Tugurio. Quería hacer sus valijas. Se despertaba, asegurando que tenía que salir a un congreso para debatir sobre derechos humanos, que lo esperaban en tal pueblo remoto de la Pampa para hablar del cambio de nombre de la calle principal que llamaban por el genocida de indios innombrable, o que lo convocaban de una escuelita en la Puna jujeña, por la que nunca había pasado nadie, pero el no podía faltar para hablar sobre los derechos de los pueblos originarios. Al mismo tiempo lo esperaban en la Universidad en Berlín y en la asamblea de un sindicato patagónico. Tenía que estar.
Preguntaba por su valija, si el pasaporte y el pasaje estaba a mano. Con Claudia, la gran compañera que cuidaba de él en estos últimos años, desarrollamos códigos para convencerlo que debía postergar el viaje. Hoy no aceptó dilaciones. Decidió partir. Como buen anarco y para joder a todos los que prendiamos las velas de un arbolito verde, eligió la fecha exacta.Lo constataron entre lágrimas las nietas en Hamburgo: el abuelo se fue jodiendo a la iglesia . En su ley.
Estoy convencido que sus prisas se debieron a la realidad del país. Había asegurado que iba a llegar “molestando”, como decía, hasta los 100 años, uno menos que su querida tía Griselda de Santa Fe. Le respetaba los años. Pero la realidad lo venció, ya no tenía explicaciones por lo que leía en los diarios y escuchaba en las calles.
Ahora estaba necesitado de conocer más verdades. Las terrenales las había denunciado. Andaba queriendo discutir con los que nunca pudo: siempre quiso debatir con Severino el tema de la violencia y el derecho de matar el tirano, él que era pacifista y sin embargo entendía lo que hizo; ; con Antonio Soto debatirá el deber de respetar las decisiones de las asambleas, aunque sea que eligieran la muerte; esperaba encontrarse con Simón Radowitzky y con ese personaje que lo fascinó como Kurt Gustav Wilckens, nacido a pocos kilometros de donde estoy escribiendo estas líneas urgentes; en la agenda, inelubdible, estaba la reunión con Arbolito, uno de los primeros justicieros de la república naciente. No tenía tiempo para esperar porque tiene que sentarse a tomar un cafe con su compañero Rodolfo, con su amigo Haroldo, con Paco. También quiere anotar la historias de la desaparición y asesinato de Klaus, porque la de Elisabeth ya la había descubierto y denunciado;
Pero sobre todo, esperaba poder juntarse con todos los anónimos que lucharon por creer en una justicia terrenal, por no haber claudicado, por no darse por vencidos. A esos anónimos que luchan todos los días. Sin aparecer en los diarios. A esos a los que el viejo siempre escuchó y les dio voz.
Viejo querido, gracias por todo lo que nos enseñaste, como hijos, como militantes, como ciudadanos, como seres humanos.
Un abrazo, como el último que nos dimos hace apenas una semana.
Envío:RL

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